Cubanálisis El Think-Tank

                                   General Rafael del Pino, Estados Unidos

 

                                                       

La hora de la verdad

Hace seis años traté este tema viendo venir la tragedia que se avecinaba a los hermanos venezolanos. Hoy quiero volver a tocarlo porque en octubre de este año Venezuela se salva o se hunde. Como verán, las observaciones están basadas en las experiencias propias vividas al lado de Fidel Castro como uno de sus generales.

 

Lo hago guiado por mi amor a Venezuela y a los venezolanos, a los cuales me uní en el alzamiento contra la dictadura de Marcos Pérez Jiménez siendo un adolescente de 19 años.

 

Me motivó escribir aquel trabajo anterior cuando leí la noticia de que Fidel Castro presidía la ceremonia de graduación de una promoción de militares venezolanos de la Escuela Superior del Ejército “Libertador Simón Bolívar”, que lo habían elegido como padrino de graduación. “Para Cuba es un gran honor, un verdadero privilegio, la decisión de ustedes de realizar este acto en nuestro país”, afirmó durante la ceremonia, celebrada en la sede del Consejo de Estado, en La Habana, según informó el diario oficial Granma.

Luego le entregó la Medalla Fraternidad Combativa y el título que los acreditaba como oficiales a los 74 militares. Además, obsequió al general Eduardo Antonio Centeno Mena, director de la institución castrense, una réplica del “Granma”, gesto retribuido con un submarino en miniatura de la Armada venezolana y dos bastones de mando.

Todo este trajín de la oficialidad venezolana visitando Cuba, los buques de guerra en visitas amistosas, los grupos de pilotos “intercambiando experiencias”, y lo que falta por ver, es solo una repetición de una vieja película de los años 70, un re-run como le dirían en Hollywood. Cambian sólo nombres de generales y de navíos. En aquella oportunidad fue el Buque Escuela de la Armada chilena “Esmeralda” en esta oportunidad es el “Goajira” T-63.

Probablemente los guiones del show cambien poco.

Micrófonos por doquier en las habitaciones que se hospedan, para saber qué hablan entre sí, visitas a instituciones militares vitrina, pioneritos dándoles vivas y poniéndole pañoletas, cantándole himnos de seremos como el Che y, por supuesto, no faltarán las noches de Tropicana, con sus mulatas de fuego y los ríos de ron para que suelten las lenguas.

¿Exagero?

Bueno, déjenme comenzar con el grupo que visitó Cuba encabezado por el General chileno Anaya Castro en 1972. Más de cuarenta altos oficiales enviados por Salvador Allende para nosotros poder lavarles el cerebro en Cuba.

La flor y nata del anticomunismo de las Fuerzas Armadas chilenas llegó en aquel avión.

Entre ellos nada menos que el Coronel Roberto Souper, el famoso jefe del regimiento de tanques de Santiago de Chile que se lanzó contra La Moneda el 29 de junio de 1973. protagonizando lo que se conoció como “El Tancazo”, tres meses antes de que Pinochet se decidiera cortar por lo sano.

¿No dicen que una imagen vale mil palabras?

Pues veamos esta interesante foto.



De izquierda a derecha el General Arnaldo Ochoa, jefe del Ejercito Occidental (fusilado por Fidel Castro en 1989), el General Senén Casas, Fidel Castro, el autor de este artículo, General Rafael del Pino, el General chileno Anaya Castro, y Víctor Dreke, jefe de la Dirección Política del MINFAR en aquella época. Ahora fíjense bien en el rostro de otro oficial entre Castro y yo. Ese, es el famoso Coronel Roberto Souper, el hombre del “Tancazo”. Pero, ¿qué hacia este alto oficial chileno en medio de estas importantes maniobras del ejército cubano en el extremo occidental de la isla de Cuba?

Simplemente, enviado por Allende para ser “salvado” por nosotros. Habíamos preparado unas maniobras sin precedentes, al costo de varios millones de dólares, para impresionar a los militares chilenos.

 Solo la pérdida del MIG-21PFM tripulado por el Capitán Evelio Bravo Martín se llevó un millón y medio de billetes verdes.

¿Valía la pena el desbordante derroche de estas maniobras y la presencia constante de Fidel Castro como anfitrión en una delegación militar que no tenía ningún nivel de visita de Estado? ¿Sirvió de algo la conversación de más de cuatro horas que Roberto Souper tuvo que aguantarle al máximo líder toda una madrugada destapando ni se sabe cuántas botellas de vino?

Quedó claro después que el Coronel Souper fue quien trajinó al comandante en aquella ocasión, prometiéndole apoyar a Allende para después hacer todo lo contrario, lanzándose a los pocos meses con su regimiento de tanques sobre el Palacio de la Moneda.

Recuerdo que el corretaje fue tremendo en Cuba. A revisar las grabaciones ocultas que se hicieron de todos estos oficiales en sus habitaciones del antiguo hotel Habana Hilton, a llamar a las mulatas de Tropicana que tiraron sus bailecitos con los agraciados, a revisar los informes rendidos por los oficiales cubanos encargados de adoctrinar a la oficialidad chilena. Y por último la inquisición:

¡Que me los traigan, que quiero hablar con todos ellos!

Pobre general López Cuba, encargado de atender directamente a Roberto Souper. Le cayó arriba un bombardeo más grande que el que le cayó en los combates de Bahía de Cochinos.

¡Comemierda, ¿como no te diste cuenta lo que tenía en mente ese hijo de puta?!, tronó la voz de Fidel Castro en el salón de reuniones del cuarto piso del MINFAR.

Los adoctrinadores estábamos todos con el rabo entre las patas.

Por suerte para mí, los Coroneles Jaime Stay y Jorge Vargas, que me tocó atender aquellos días, no participaron en el Tancazo. Meses después, cuando le entraron a bombazos a La Moneda, ya se sabía que todo estaba perdido en Chile y la reacción fue menos violenta contra nosotros.

Los primeros años de esa década del 70 fueron de una febril actividad por parte de Castro en su propósito de penetrar ideológicamente al estamento militar latinoamericano.

Con los militares peruanos se siguió un patrón similar que con los chilenos. A los que nos tocó tomar parte en la ejecución de sus planes lo mismo se nos veía llevando en un vuelo especial al General Leónidas Rodríguez a Panamá, para entrevistarse con Torrijos, que acompañando al Primer Ministro General Mercado Jarrín a una velada en Tropicana, o montándome en un avión MIG-21 de dos plazas para llevar de paseo al General Cesar Enrico Praeli, Jefe de la Fuerza Aérea Peruana y más tarde Jefe del Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas Peruanas.

Vuelo demostrativo al general peruano Cesar Enrico Praeli



Después del revés sufrido en Chile, y más tarde el golpe de perder sus esperanzas con Perú al verse traicionado por el General Morales Bermúdez, quien entrega el poder a los civiles en contra de sus consejos, Castro continua su febril actividad de levantar un bastión en tierra firme del continente. Los Sandinistas le dan esa oportunidad, y Nicaragua se convierte en punto central de la guerra fría en el continente, hasta que el rechazo del pueblo nicaragüense a la desastrosa política colectivista de los Sandinistas dio al traste con el régimen de los hermanos Ortega.

He tratado de sintetizar lo mayor posible para no hacer este trabajo tan extenso que los haga perder el interés de una cuestión tan sensible e importante como entender la necesidad que siempre han tenido los gobernantes cubanos de mantener bajo su tutela a países y personajes que le financien sus reiterados fracasos económicos, políticos y sociales.

Lo hago en aras de dedicar el centro del análisis a la obsesión casi enfermiza que desde el propio año 1959 desarrolló Fidel Castro por Venezuela.

¿Casualidad? En su mente no hay espacio a la casualidad. La casualidad es un lujo que no es aceptable para el gobernante cubano. Solo la planificación meticulosa, fría y calculadora puede dar la victoria, y ¡ay de quien ose salirse de ella!

En los casos de Chile, Perú, Panamá, Nicaragua o Granada existía el precedente de consenso por parte de los gobernantes de esos países para la intervención y presencia cubana en sus asuntos internos, pero las invasiones llevadas a cabo contra Venezuela por parte de aguerridos e importantes Generales cubanos como Arnaldo Ochoa, Raúl Menéndez Tomassevich, Ulises Rosales del Toro, y hasta el guardaespaldas personal de Fidel Castro Antonio Briones Montoto, muerto en combate en el desembarco por Machurucuto el 8 de Mayo de 1967, apuntaban a que Venezuela era la plaza por excelencia para llevar a cabo el plan continental de conquista.
Ni siguiera la aventura del Che en Bolivia pudo contar con ningún general cubano del calibre y la talla de los Ochoa, Tomasevich o Rosales.

¿Razones? Múltiples. El episodio de Bolivia fue una de esas oportunidades que le encantan al Comandante para matar dos pájaros de un tiro. Su primer propósito, crear un objetivo diversionista. Esta es una estrategia muy usada en el arte militar donde se trata de confundir al enemigo haciéndole creer que esa es la dirección principal por donde vienen los tiros. En la primera guerra del golfo el jefe de la coalición de tropas aliadas, general Norman Schwarzkopf, simuló todo un desembarco anfibio por las costas de Kuwait para confundir a las tropas de Saddam Hussein, mientras el grueso de las fuerzas irrumpían desde la frontera de Arabia Saudita y cortaban al ejercito iraquí en dos, desguazándolos mas tarde.

El segundo objetivo del episodio de Bolivia fue, por supuesto, deshacerse del otro caudillo iluminado. No hay cabida bajo un mismo techo para dos caudillos iluminados. Mucho menos en un proyecto continental tan bien planeado por Fidel Castro. Por lo tanto, el caudillo que pretendió convertir a cada cubano en un hombre nuevo, en una especie de San Francisco de Asís de la Revolución, debía ser sacrificado. Alfil por peón para allanar el camino al jaque.

Pero volvamos a Venezuela. ¿Por qué precisamente Venezuela? ¿Por qué no, digamos, Brasil, donde existían selvas majestuosas excelentes para desarrollar las teorías del foco guerrillero? ¿Por qué no Guyana? ¿Por qué no Costa Rica, Guatemala, Belice o hasta el propio México, que están tan cerca de las costas cubanas? Estoy hablando de invasión de la flor y nata de generales cubanos, no de los focos guerrilleros que proliferaron en otros países como Colombia, donde solo se apoyó con entrenamiento y armas.

Sencillamente por la misma razón que fue Angola el único país africano que tuvo que soportar un ejército de ocupación de más de 50,000 cubanos durante 15 años. Las aventurillas del Congo, de Guinea, de Argelia, de Yemen, eran como Bolivia, simplemente acciones diversionistas. A mí me llamó mucho la atención una reunión que sostuvimos el General Colomé Ibarra y yo con Samora Machel en Maputo, a solicitud del presidente mozambiqueño a principios de 1978.

Samora Machel había solicitado a Fidel Castro la presencia de tropas cubanas en su territorio para defenderse de una posible agresión de África del Sur. Por aquellos días el gobierno racista de Rodesia, hoy Zimbabwe, había ejecutado innumerables acciones de ataque a campamentos del ZANU en territorio de Mozambique, y Samora pedía a gritos ayuda, incluyendo pilotos para que volaran varios escuadrones de MIG que los soviéticos le habían suministrado.

Hasta que despegamos de la Habana en el vuelo de Aeroflot yo pensé que se trataba de una visita seria, pero ya en el propio vuelo Colomé se encargó de hacerme comprender que era una visita para cubrir las formas. Que Samora Machel viera que el Comandante atendía sus preocupaciones, pero que en realidad no se concretaría nada.

Dije inicialmente que me llamó la atención esta reunión con el presidente de Mozambique y su Estado Mayor porque en realidad si la misión nuestra en África, según Fidel Castro, era proteger a los africanos de las agresiones de los racistas surafricanos, Mozambique estaba siendo atacado constantemente por los rodesianos, poseía una frontera totalmente vulnerable con Sudáfrica, e indudablemente estaban mucho más indefensos que Angola.

¿Por que Angola sí y Mozambique no? Por lo mismo que Venezuela sí y Brasil no. Por un solo denominador común que lleva el nombre de petróleo.

Quizás alguien pueda preguntar, bueno, ¿y Etiopía qué?

Etiopía fue una de las grandes “palas” de la guerra en África. Digo pala porque hasta unos meses antes del enfrentamiento las tropas somalíes eran asesoradas por los cubanos, encabezados por el Coronel Librado Reina Beritán, jefe de la Misión Militar cubana en Somalia. Sabíamos perfectamente la composición de sus unidades, las posibilidades combativas, sus puntos débiles, sus reservas de proyectiles, los defectos de sus jefes: en fin, no tenían la más remota posibilidad de aguantar nuestro arrolladora maquinaria militar suministrada por los soviéticos, y nos daban en bandeja de plata la oportunidad de dejar boquiabiertos a todo el Tercer Mundo.

El conflicto etíope-somalí era una bronca ancestral entre ambos países, que no tenía nada que ver con nosotros. Pero nos hacía falta un gran show. Un espectáculo que al mismo tiempo que embarcara a los soviéticos en la aventura africana le demostrara a ese complejo mundo africano la invencibilidad de la maquinaria bélica cubana. Todo se preparó tras bambalinas, y el show se dio de acuerdo al guión. Hasta los soviéticos se tragaron la píldora y, como siempre, la prensa sensacionalista occidental sacó de proporciones la breve campaña del Ogaden. Al igual que Herbert Mattews en la Sierra Maestra 20 años antes, esa prensa servía nuevamente para allanar el camino a la idea estratégica de Fidel Castro.

Necesariamente tenemos que referirnos a varios de estos episodios paralelos, porque ellos nos ayudan a atar cabos que de alguna manera se nos pueden quedar sueltos. Ya sabemos que los objetivos de Venezuela y Angola tienen un denominador común que es el petróleo. Pero, ¿no tenía Castro todo el petróleo que quisiera por parte de los soviéticos?

 

No exactamente. A partir de la Crisis de los Mísiles Nucleares de 1962, en que Krushov pacta con Kennedy ignorando totalmente a Fidel Castro, las relaciones con el gobierno soviético comenzaron a deteriorarse a un ritmo muy rápido, llegando a su punto más bajo precisamente cuando el Comandante traza su estrategia de invadir Venezuela y apoyar a todos los movimientos guerrilleros que allí luchaban por el poder.

 

¿Coincidencia? Hemos visto que la coincidencia y la casualidad no existen en el diccionario de Fidel Castro. Para esa fecha, las presiones de los soviéticos por controlar todo en Cuba llegaron al punto que la aviación de combate completa tuvo que ser paralizada con una medida muy simple. Los neumáticos de repuesto de los MIG dejaron de entrar, y los aviones sin neumáticos no vuelan.

 

Por su parte, el Che, en su función también de caudillo iluminado, lanza en Argelia la teoría de los dos imperialismos, echándole más leña al fuego de las ya deterioradas relaciones con el Kremlin. Los embarques de petróleo comenzaron a atrasarse, las piezas de repuesto para la tecnología soviética también empezaron a escasear.

 

Y para mayor desgracia, los reveses sufridos por los cubanos que invadieron Venezuela eran cada vez mayores. Las rencillas y antagonismos con los nacionales venezolanos que mostraban independencia de criterios se hicieron más agudos, y todo parecía que se hundía, hasta que una coyuntura mundial le proporciona a Fidel Castro la toalla salvadora. Las tropas soviéticas invaden Checoslovaquia en 1968, y el apoyo irrestricto de Fidel Castro a aquel crimen tan horrendo le volvió a ganar la confianza del Kremlin.

 

El apoyo a la invasión de Checoslovaquia proporciona un breve respiro para poder cicatrizar las heridas de la derrota en Venezuela. No hubo que esperar mucho los militares portugueses de la Revolución de los claveles en 1974 abren nuevamente la oportunidad dorada.

 

Al año siguiente nuestras tropas estaban protegiendo los yacimientos de petróleo de Cabinda, e irónicamente nuestro ejército “comunista” garantizando la seguridad de todas las compañías “imperialistas” y sus empleados radicados en el enclave. No fue ninguna casualidad que los primeros y más aguerridos contingentes de militares cubanos llegaran a Cabinda a través de Punta Negra, en el Congo, antes de los contingentes que rechazaron los ataques de Luanda. La capital podía perderse. Lo que no podía perderse era Cabinda.

 

Durante la invasión y ocupación de Angola por más de 14 años no fue necesario el empleo abierto de ese petróleo. El suministro soviético estaba garantizado y Angola quedaba como un "sidepocketing" como le dicen algunos gringos a cualquier reserva de emergencia. Los cubanos le llamamos "por si las moscas".

 

Castro desde muy temprano aprendió algo muy importante, y es que sólo con la subvención total de un proyecto social, ya sea por una potencia mundial que asuma esa responsabilidad, como ocurrió con la extinta URSS, o por los recursos financieros que emanan de la riqueza natural más importante del planeta, es posible quebrar la voluntad de las personas y convertir a pueblos enteros en parásitos del Estado.

 

No fue sólo la famosa frase de "Condenadme, no importa, la Historia me absolverá", la otra lección aprendida por Castro copiando la frase de Adolfo Hitler en el proceso de Munich en Noviembre de 1923: "Los jueces de este Estado pueden tranquilamente condenarnos por nuestro proceder. La historia, como diosa de una verdad superior y de un derecho mejor, ella, sin embargo, alguna vez, sonriente, romperá en pedazos esta sentencia para absolvernos a todos de culpa y expiación".

 

Y no es tampoco extraña coincidencia que el Putsh de Munich en 1923, el Moncada de 1953 y el intento de golpe de estado de Venezuela el 4 de febrero de 1992 sean tan similares.

 

Por el Mein Kampf Castro aprendió también que el fascismo puede llegar al poder por las urnas y mantenerse a base de chovinismo. Todo lo que se necesita es recursos suficientes para apretar la tuerca de forma tal que la rosca no violente los niveles de supervivencia ni proporcione demasiado espacio para que se acumulen pensamientos empresariales malsanos, que puedan dar cabida a ideas independientes del poder totalitario.

 

Venezuela es el terreno perfecto para el experimento. Por una parte 100,000 barriles de petróleo diarios a 103, dólares el barril como cerró en el mercado en el día de hoy representan cerca de diez millones y medio de dólares que cada mañana entran a las arcas del gobierno cubano para sostener la madriguera del proyecto. Eso es suficiente para darle un poco de energía eléctrica a la población cubana, venderle algunas ollas de presión y, de paso, permitirle comprar un poco de chocolate en polvo.

 

Garantizado el puesto de mando y control en la mayor de las Antillas, se puede entonces continuar por el camino de la “Liberación” del continente.

 
Pero, ¿no se decía que no puede haber dos caudillos iluminados bajo un mismo techo?

 

Y ¿quién ha dicho que aquí hay dos caudillos iluminados? Hay solo uno. El señor presidente de Venezuela es un aprendiz que hace todo lo que puede por parecerse a su maestro. Ojalá pueda dedicar unos minutos a leer estas cortas memorias y a reflexionar hasta que abismo está conduciendo a su país.

 

Quizás la enfermedad de Fidel Castro, que lo ha convertido en un guiñapo humano, y ahora también la enfermedad de Chávez logren salvar al pueblo venezolano.

 

Pero continuemos con la estrategia de “Liberación” del continente. Por lo pronto, ya se tienen los petrodólares que garantizan prescindir de esa clase empresarial que tiende a ser tan “atravesada” de los grandes proyectos. Ya se puede ir equiparando a todos los venezolanos a un nivel aceptable de miseria, donde puedan comer, vestirse, curarlos, y por supuesto muy pronto brindarles también el entierro gratis, como en Cuba. Ah, pero nada de esto se puede hacer sin disponer de una buena cantidad de esos petrodólares para crear un estamento militar y burocrático que aplaste cualquier “incomprensible inconformidad con tan altruista idea”.

 

Aquí entró a jugar su importante papel el verdadero caudillo iluminado.

 

-“Hugo, mándamelos por grupos de las diferentes ramas de la FAN, yo me encargo de pasarlos por el filtro y después decirte quién es buen candidato y quién no. Quién se merece tu beneplácito y a quién tienes que darle una patada por el trasero. Yo tengo buena experiencia en estos trajines, y puedes tener la completa seguridad que esta vez no me va a ocurrir lo que me pasó con el Coronel Roberto Souper.

 

Ah, y de paso ve desapareciendo todos esos archivos con los nombres de los militares venezolanos que cayeron por enfrentarse a nuestros heroicos internacionalistas. Con Ochoa y Tomasevich no hay que preocuparse pues los tengo tres varas bajo tierra, pero el diablo son las cosas, y no vaya a ser que mi ex ministro del azúcar, el General Ulises Rosales del Toro, tenga que hacerles una visita de ayuda a la industria azucarera y algunos de los familiares de esos muertos se pongan pesados. No te confíes, que la lista no es corta. Desde los primeros caídos como el Subteniente Abelardo Estrada Vale hasta los Capitanes Ernesto Báez Gonzáles y Jesús Eduardo Ávila Paoli hay unas cuantas docenas de oficiales, sin contar los soldados que cayeron frente a nuestros gloriosos internacionalistas.

 

Pero para ir al seguro manda a alguna de mi gente que te cuida para que desaparezca el Cuadro de Honor levantado entre un roble y un samán en el patio de ejercicios de la Academia Militar de Venezuela, donde aparecen los nombres de toda esa gente. Apúrate Hugo, que cambiar la historia no es fácil y toma tiempo”.

 

Señor presidente de Venezuela: tire una mirada a esos cerros que rodean a Caracas y piense por un momento lo que usted podría hacer por esos infelices con los casi diez millones y medio de dólares que usted pone diariamente en las arcas del gobierno cubano. Aunque ya no pueda recuperar jamás esas exorbitantes cifras, rectificar es de sabios, y el pueblo de Venezuela se merece un destino mejor.

 

Señor Presidente de Venezuela: le recomiendo también cuando tenga una oportunidad que le pregunte al Presidente de Angola, José Eduardo Dos Santos, lo que significa un ejército extranjero ocupando prácticamente el país, sin poder decidir cuándo decirles que se vayan. Averigüe como comenzó aquella pesadilla con algunos instructores cubanos, algunas graduaciones de angolanos como la que se hizo con oficiales venezolanos.

 

Todo empieza como algo simbólico, como algo muy sano, como una “ayuda fraternal internacionalista”, y se termina con regimientos blindados rugiendo por autopistas y carreteras. Agostinho Neto cruzó esa línea maldita que separa el camino empedrado de las buenas intenciones con el infierno. Cuando quiso dar marcha atrás murió inexplicablemente en un salón de operaciones de Moscú.

 

Veo que a usted ya prácticamente se le hace imposible el retroceso con la enfermedad que tiene. Pero si decide rectificar no cometa el mismo error de Agostinho Neto; viaje a Houston y atiéndase en la Clínica de los Hermanos Mayo, antes de viajar otra vez al CIMEQ. Nadie sabe cuando se podrá escuchar el parte oficial cubano “Hicimos todo lo posible por salvar al émulo de Simón Bolívar”.

 

Y si el ego le ha prendido demasiado fuerte, no se preocupe; el parte oficial cubano dirá que usted solicitó que le trajeran una bandera venezolana para abrazarse a ella antes de lanzar el ultimo aliento.

 

No le hablo en broma señor Presidente, en el gobierno cubano hay expertos en esos finales de película. ¿No recuerda aquel parte oficial brindado por los medios radiales y escritos de Cuba, de que los últimos cuatro cubanos se habían inmolado abrazados a la bandera cubana en Granada, cuando la invasión yanqui?


Cuando leía la noticia de los agasajos de Fidel Castro a los oficiales venezolanos graduados me vino necesariamente a la mente la noche en que despidió también en el Palacio Presidencial a los oficiales chilenos. Cada uno de ellos obtuvo también su réplica del yate Granma, pero fue más lejos y a cada uno se le obsequió con un fusil AK-47 dedicado con una placa de oro grabada en la culata con el nombre y la firma de Fidel Castro. Sabemos que Allende se suicidó con uno similar que le regaló Fidel Castro. Sería interesante saber si el Coronel Roberto Souper llevaba el suyo el día del Tancazo.