Cubanálisis El Think-Tank

           General Rafael del Pino, Estados Unidos

 

                                                       

La aguja acostada

 

Estábamos casi en la antesala de la invasión de Bahía de Cochinos. Quedábamos solo ocho pilotos de combate y necesitábamos desesperadamente agregar algunos más.

 

Organizamos un curso acelerado con tres aviones de entrenamiento AT-6 para preparar a un grupo de ocho candidatos, todos provenientes del Ejercito Rebelde.

 

Cuando comenzaron a volar solos, requerían una atención especial, pues les enseñábamos a despegar, aterrizar, y los procedimientos normales de operación, pero dada la urgencia no había tiempo para dedicar a la navegación, la aerodinámica y otras materias esenciales a los aviadores.

 

Uno de aquellos prospectos, el capitán Arturo Lince, debía entrar en la fase de reconocer los alrededores de la base aérea de San Antonio y las regiones más cercanas en dirección a occidente. Le habíamos indicado lo que debía hacer de volar por toda la costa sur hasta el puerto de La Coloma en Pinar del Rió, girar hacia el norte, pasar sobre la capital provincial hacer contacto radial y de ahí poner rumbo de regreso a la base. Nada complicado. Tenía toda la costa sur para guiarse y la carretera central en caso que tuviera dudas en el regreso.

 

Todavía nadie se ha podido explicar que fue lo que hizo Lince, que al llamar por radio donde tenia que reportar en Pinar del Rió le responde la torre de control de Cienfuegos.

 

Lince, molesto, sobrevuela el aeropuerto, vuelve a llamar al control de Pinar del Rió y recibe la misma respuesta: que está sobre Cienfuegos.

 

-¡Óigame lo que le voy a decir, usted está hablando con el Capitán Arturo Lince, combatiente de la Sierra Maestra… déjese de frescuras y choteos!

 

-Usted podrá ser muy capitán y muy combatiente de la Sierra, pero yo le digo que lo estoy viendo, y usted está sobrevolando el aeropuerto de Cienfuegos.

 

Esta historia verdadera acompañó a Lince de por vida.

 

Fuimos grandes amigos, y durante algunos años fue mi subordinado en Holguín, desempeñándose como un excelente Jefe del Estado Mayor de la base aérea.

 

Gracias a la insistencia de los asesores soviéticos llegó a volar el MIG-15, pero sabía que los aviones no estaban hechos para él. El gobierno cubano lo situó donde era mas útil, al frente de la Isla de la Juventud, como su delegado provincial.

 

He recordado esta historia después de escuchar el discurso de Raúl Castro en la clausura del último periodo de sesiones de la Asamblea Nacional. Y me ha venido a la mente porque el actual presidente de Cuba fue otro de la generación histórica que soñó con hacerse piloto.

 

Comenzó su instrucción de vuelo en una pequeña avioneta Aeronca de dos plazas, en la Base Aérea de Ciudad Libertad. Su instructor, el Capitán René Travieso Plá, ex-piloto de la Fuerza Aérea de Batista, que había conspirado contra su dictadura junto a Carreras, Prendes, Moriñas y los otros aviadores que cayeron presos después del 5 de Septiembre de 1957, en un movimiento conspirativo que fue conocido como Los Puros

 

Raúl Castro no duró mucho en su empeño de dominar los cielos. Después de algunas semanas desistió de continuar el entrenamiento, y su lugar lo ocupó otro soñador del espacio aéreo, el Comandante Che Guevara, que por lo menos sí llegó a volar solo, aunque después se le prohibió que lo hiciera.

 

Del discurso de Raúl:

 

“No han faltado las exhortaciones bien y mal intencionadas para que apresuremos el paso y nos pretendan imponer la secuencia y alcance de las medidas a adoptar, como si se tratara de algo insignificante y no del destino de la Revolución y la Patria.

 

A quienes consideran urgente que haya cambios en la política migratoria les llamo a no olvidar las circunstancias excepcionales en que vive Cuba bajo el cerco que entraña la política injerencista y subversiva del Gobierno de Estados Unidos, siempre a la caza de cualquier oportunidad para conseguir sus conocidos propósitos”.

 

Lo primero que me vino a la mente fue la historia del Capitán Lince, y pensé:

 

Si Raúl Castro hubiera soleado el Aeronca como dirige hoy el país. Se le hubiera acabado la gasolina sobre Cienfuegos, pensando que estaba sobre Pinar del Río. Y esa aguja recostada en el tope inferior del indicador del combustible es la peor noticia.

 

En la aviación y en la vida misma hay que darse cuenta cuando se acaba el combustible, cuando ya no queda tiempo para actuar, y en qué decisiones se puede perder el pelo, y no la cabeza.