Cubanálisis El Think-Tank

                                   General Rafael del Pino, Estados Unidos

 

                                                       

ENTRE LA ESPADA Y LA PARED

 

Rusia y Ucrania están abiertamente en guerra. Casi 3,000 personas han muerto en el conflicto; miles más pueden morir aún. Las potencias occidentales -Estados Unidos, Europa, la OTAN- se han quedado sin opciones y lo más preocupante es que  no pueden hacer nada. Putin ha dejado a Occidente  con dos opciones extremas: o arman a Ucrania, o presionan a Kiev para que se rinda.

 

Es una elección difícil, Putin no es racional. Cualquier líder racional hubiera vacilado ante el costo de las sanciones occidentales. La economía rusa está siendo duramente golpeada por la crisis crediticia, la fuga de capitales, la inflación en espiral y la recesión incipiente. Esto a la larga perjudicará la creciente popularidad de Putin. El chovinismo dura poco en la mesa de los pobres. Pero nada de esto ha disuadido al otrora oficial del KGB.

 

Ucrania no puede ganar esta guerra. Putin ha dejado claro que el Ejército ruso aniquilará las fuerzas ucranianas si intentan liberar a Donetsk y Lugansk. El destartalado ejército  de Ucrania no puede derrotar a las tropas de élite rusas equipadas con la mejor tecnología.

 

Occidente necesita ser honesto con Ucrania y definirse si le suministra la tecnología militar que necesita para defenderse o decirles que se rindan.

 

El país se está destruyendo. La economía está por el suelo. Los militares no sobrevivirán una ofensiva rusa. Los ucranianos están tomando refugio en el nacionalismo romántico y la preparación para la guerra de guerrillas. Los costos van en aumento -seguir luchando costará miles de vidas- y los sueños liberales de la revolución se están ahogando en la furia patriotera y la histeria de la guerra.

 

Unos meses más sin ayuda occidental significativa y Ucrania perderá el núcleo de combate de su ejército y, por supuesto, su enamoramiento con Occidente. Esto traerá aparejado un sentimiento de traición muy peligroso, que no les permitirá a los liberales pro-occidentales de Ucrania sobrevivir a la reacción violenta. Los extremistas de extrema derecha ahora en la cerca se darán banquete con los ataúdes que se envían de vuelta desde el frente. Ucrania se convertirá en una zona devastada por el conflicto: una Siria europea, o una Bosnia horriblemente ampliada.

 

Occidente no puede dejar que esto ocurra. Si se cree que Ucrania podrá un día convertirse en un miembro de la Unión Europea y la OTAN, entonces se debe estar preparado para armarlos. Después de haber vuelto a encender los mejores momentos de la Guerra Fría, no cabe otra alternativa que enfrentar las consecuencias de silenciar los tambores de la guerra en Europa.

 

Esta lógica demanda que sean enviados asesores militares occidentales a Kiev,  dar apoyo de inteligencia con información actualizada de los satélites a los ucranianos.  Enviarles el armamento que necesiten, tanques, aviones no tripulados y equipos médicos. Incluso  estar dispuestos a desplegar tropas de la OTAN si los tanques rusos penetran en la profundidad operativa en el Este ucraniano. Sin duda, este camino implica enormes riesgos. Rusia lanzará todo su poderío en Ucrania.

 

Pero si no se está dispuesto a tomar estos riesgos, entonces no existe otra alternativa que decirles a los ucranianos que se rindan para evitarles una carnicería.

 

Se podrían salvar miles de vidas de esta manera, pero sería una aplastante derrota para Occidente. Rusia se habría puesto nuevamente la casaca imperial y Occidente aceptaría de hecho que Rusia puede invadir o anexar cualquiera de estos territorios a su antojo.

 

Rusia habría triunfado sobre el orden mundial impuesto por Occidente después que la Unión Soviética perdió la Guerra Fría significando la destrucción de la disuasión geopolítica estadounidense. Enemigos de Estados Unidos, desde China hasta Irán, verían esto como una invitación a establecer sus propias esferas de influencia.

 

Rusia no se detendrá ahí. Putin quiere socavar la OTAN, y la debilidad manifiesta de Occidente lo estimula a recorrer las millas extras para sus propósitos geopolíticos. Sería simplemente una cuestión de tiempo antes de que Moscú, explotando la presencia de comunidades rusas asentadas en los países bálticos, fabrique nuevos incidentes como si no existiera la OTAN.

 

No hay manera fácil para salir de esta crisis. Pero Occidente debe ser honesto con Kiev  si no está dispuesto a librar una nueva guerra fría con Rusia por defender la independencia ucraniana.

 

No puede dejarse que miles de ucranianos mueran por la indiferencia e inacción de Occidente. Pero si se abandona a Ucrania para que se rinda, se debe aceptar entonces que se trata de una entrega también de la OTAN, de Europa, de la democracia liberal y del liderazgo global estadounidense.

 

Están simplemente entre la espada y la pared.