Cubanálisis El Think-Tank

                                   General Rafael del Pino, Estados Unidos

 

                                                       

¿EJÉRCITOS PARA QUE?

 

Cualquier militar profesional que desee evaluar las mejores variantes de organización militar para defender su país debe comenzar por determinar exactamente las posibilidades del presunto enemigo, sus propias posibilidades para confrontarlo y la situación geográfica donde supuestamente tendrán lugar los enfrentamientos.

 

Pero antes que todo, saber cuales son las situaciones políticas que pueden conducir a la guerra. No es necesario conocerse todos los tratados sobre la materia escritos por Karl von Clausewitz ni las teorías de Sun Tzu o la filosofía de Maquiavelo. Aunque todos coincidan de una forma u otra en que: “la guerra es la continuación de la lucha política por otros medios”.

 

Simplemente, poner los pies en la tierra y saber de quién hay que defenderse, qué es lo que debe defenderse, y cuál es la mejor y más racional forma de hacerlo. En base a ello será el tipo y organización de fuerzas armadas que posea cada país.

 

Por ejemplo, si  el objetivo del régimen actual cubano es el de defenderse de su propio pueblo, y tener la posibilidad de continuar su lucha política por medios coercitivos para mantener el poder, entonces las estructuras que poseen en la actualidad sus fuerzas armadas y de seguridad juegan indudablemente el papel que desean.

 

Si, por el contrario, se pretende lograr capacidad suficiente para rechazar una agresión exterior de fuerzas armadas tecnológica y numéricamente superiores, entonces se hace necesario evaluar muchos otros factores que influirán en la toma de decisiones.

 

En primer lugar, hay que comenzar por la particularidad geográfica de cada nación. El escenario será totalmente diferente si se trata de un país con fronteras terrestres o una isla como Cuba, donde no existe ninguna posibilidad de conflictos fronterizos que puedan ser utilizados como cobertura para objetivos políticos, como en el caso actual de la crisis Venezuela-Colombia.

 

Una experiencia muy reciente la tenemos actualmente en Ucrania, donde el gobierno ruso, apoyándose en la situación geográfica existente, se ha anexado territorios de su vecino, y además equipa, arma y apoya con personal militar ruso a los separatistas del Este ucraniano, logrando sus objetivos políticos por medios violentos.

 

 En países fronterizos de América Latina se experimentaron situaciones que, aunque no incluyeron anexiones territoriales, si posibilitaron victorias políticas, como por ejemplo contra la dictadura militar sandinista en Nicaragua, que se vio obligada a efectuar elecciones democráticas, perdiendo el poder.

 

Fueron factores determinantes el apoyo recibido por la “Contra” nicaragüense por parte de El Salvador, país fronterizo, y la ayuda financiera por parte de Estados Unidos. Esta ayuda provino de aquel famoso escándalo conocido como “Irangate” donde la administración de Ronald Reagan autorizó una venta clandestina de armas a Irán por 47 millones de dólares, que fueron destinados al financiamiento de la Contra nicaragüense.

 

Pero regresemos al teatro de operaciones que nos ocupa, o sea, la condición geográfica de Cuba como archipiélago aislado.

 

¿Qué interés y posibilidades tendrían sus vecinos más próximos al este, oeste y al sur del archipiélago para desencadenar una agresión? Sería descabellado pensar que a Haití, Jamaica o a México pueda ni remotamente pasarle por la mente. Descartado esto, la única posibilidad sería el vecino del norte.

 

Y, ¿qué interés pudiera tener Estados Unidos en agredir a Cuba, o en ocuparla? ¿Les movería acaso algún gesto filantrópico de echarse arriba once millones y medio de bocas a alimentar? ¿De comenzar a reconstruir un país devastado por las locuras y caprichos de una camarilla gobernante que se ha encargado, durante más de medio siglo, de destruir toda la infraestructura económica y hundir ese país en la más espantosa miseria?  ¿Apoderarse de inexistentes yacimientos de uranio, petróleo o piedras preciosas?

 

¿Para qué se necesitan en Cuba tres ejércitos?

 

Si sabemos que a los Estados Unidos ni locos de remate les interesaría hacerse cargo de Cuba, y si a todas luces no existe ningún móvil que pueda incentivar una agresión, ¿para que se necesitan en la isla tres ejércitos?

 

Instituciones que, aunque hayan sido reducidas en personal, continúan siendo un bagaje oneroso para un pequeño país que no puede y no tiene por qué soportar esa carga.

 

¿Para que continuar llamando a filas a los jóvenes para que se incorporen a un servicio militar obligatorio al que no quieren pertenecer? Está probado que las más eficientes y exitosas fuerzas armadas del mundo son totalmente profesionales.

 

En la actualidad los rápidos avances tecnológicos en el mundo han creado una verdadera revolución en las doctrinas militares. La Red Global de Información ha dado un salto increíble en el desarrollo de las comunicaciones, la recolección, análisis y distribución de información. Los nuevos sistemas desarrollados permiten ya a los jefes en una plataforma ejecutar electrónicamente acciones ofensivas y defensivas empleando los sensores de datos de una segunda plataforma, y utilizar el armamento desde una tercera. Esto ha originado que una gran cantidad de principios militares hayan tenido que ser revisados para poder mantenerse a la par de los vertiginosos cambios en la doctrina militar, en la tecnología y en las nuevas posibilidades.

 

Trataré de evitar explicaciones profesionales algo complicadas de entender para personas que no dominan la actividad militar:

 

En las nuevas doctrinas militares el alcance y la precisión de los armamentos avanzados, la capacidad de los sensores de gran alcance, el empleo de los sistemas espaciales, de los vehículos no tripulados, y la probada utilidad de tácticas no destructivas, como los ataques electrónicos y operaciones de información y engaño, han dejado a los conceptos de masividad de armamento cada vez más obsoletos. Por lo que la rápida evolución de las fuerzas de combate y la tecnología, combinada con unidades más pequeñas, hace que los planificadores militares no piensen ya en términos de volumen de fuerzas, sino en términos de efectos a lograr.

 

La guerra contemporánea

 

Vayamos al terreno para una explicación práctica:

 

Digamos que el  jefe de un Puesto de Mando encargado de la vigilancia espacial en el área de Yemen recibe la información de una caravana de cinco vehículos transitando a toda velocidad por una carretera en territorio controlado por terroristas.

 

Se procede a un seguimiento espacial continuo hasta que la caravana se detiene para hacer sus necesidades fisiológicas. Al salir de los vehículos, los sistemas de reconocimiento facial detectan que en el tercer vehículo viaja “Abdul”, un peligroso jefe del ISIS.

 

Inmediatamente esta información es dirigida al Puesto de Mando X en Arizona, que automáticamente se lo pasa a la consola de la teniente Mary Lou, que tiene a su cargo la dirección de uno de los “drones” que constantemente vigilan el área, durante las 24 horas del día, los siete días de la semana.

 

La teniente ya tiene el tercer vehículo en modo “Captura”, es decir, que para donde quiera que se mueva el objetivo el drone lo estará siguiendo automáticamente, sin posibilidades de escapar de esta vigilancia.

 

El jefe del Puesto de Mando en Dakota del Norte, a miles de kilómetros de Arizona, y a más de 10,000 de Yemen, considera apropiada la destrucción de ese objetivo. Entonces aprieta un botón, y el vehículo no tripulado se encarga de enviar a “Abdul” y sus acompañantes a disfrutar de las 11,000 vírgenes y los ríos de miel y leche que Mahoma le ofrece a sus mártires de la guerra santa.

 

Este ejemplo nos muestra que esos tres ejércitos que posee Cuba actualmente, con sus centenares de tanques, piezas de artillería, vehículos blindados, e incontables medios logísticos, están congelados en concepciones militares del siglo pasado, anteriores al surgimiento y desarrollo de la sociedad de la electrónica y las comunicaciones globales.

 

Mantenerlos en disposición combativa solamente muestra que la doctrina militar del régimen cubano está concebida en realidad, única y exclusivamente, para preservar su poder atemorizando a su propio pueblo, y no para defender el territorio nacional.

                                                           

Las misiones que esos tres mastodónticos ejércitos tienen en la actualidad pueden ser cumplidas con mucha mayor efectividad por tres regimientos aerotransportados con las nuevas tecnologías, uno por cada región. Los vehículos blindados más ligeros, como los anfibios, pasarían a una Guardia Nacional que se establezca en el país para situaciones de desastres naturales y evacuación de ciudadanos. Y el resto de los tarecos deberían ser vendidos al país a quien pudieran interesarle, o fundirse para aprovechar sus metales en actividades más útiles para el país.

 

Los ejércitos cubanos y las calamidades naturales

 

En las condiciones actuales, si un huracán azotara la región occidental de Cuba, los Ejércitos Oriental y Central no tienen posibilidades de asistir al Occidental en las labores de recate y salvamento, y ni ese propio Ejército Occidental, con las inundaciones y destrucciones de puentes que se producirían, podría hacer mucho con sus centenares de tanques y vehículos blindados.

 

Quedó demostrado con los huracanes Ike y Gustav entre agosto y septiembre del 2008, cuando con categoría de huracán número tres (vientos de entre 178-209 Km/h, ó 111-130 millas/h) penetraron fuertemente por la región occidental de Cuba, afectando todo ese territorio y dejando un saldo de 500,000 viviendas y otras estructuras con derrumbe total o parcial, sin que el Ejercito Occidental haya podido socorrer a las víctimas.

 

Creo que además del vehículo coercitivo que representa el militarismo cubano para atemorizar al pueblo, existe una razón mucho más poderosa.

 

Ha quedado demostrada a través del propio proceder del régimen castrista en los últimos meses de negociaciones que concluyeron con el acuerdo de establecimiento de relaciones diplomáticas entre Cuba y Estados Unidos.

 

En su larga historia de venderse al mejor postor y “tumbarle” dinero a los mentecatos, el castrismo no ha tenido escrúpulos de ningún tipo. La creciente tendencia de ambiciones geopolíticas del gobierno ruso ha abierto una ventana de esperanza al eterno parasito.

 

Venezuela se hunde, pero ahí podría estar otra vez el salvavidas de Volodia.

 

No importa que en Rusia no existan ni vestigios del comunismo -en definitiva nunca fuimos ni comunistas ni socialistas, infiere el castrismo.

 

Lo que le importa a La Habana es que la confrontación de Occidente con Rusia a causa de la política anexionista de Moscú en Europa le dé un segundo aire de apoyo, para poder exigir y poner condiciones a los despistados vecinos del norte.

 

Ahora bien, no obstante ser Rusia la segunda potencia nuclear del planeta, no es ni la sombra de lo que fue la URSS. Su economía está en picada, actualmente en recesión, no solo por las aventuras anexionistas y las sanciones de occidente, sino también por la caída de los precios del petróleo. Ahora, el chovinismo de gran nación los lleva a embarcarse también en el conflicto del Medio Oriente.

 

Si el castrismo piensa que volverá con diferente collar a la luna de miel con el oso Misha, está viviendo en otra galaxia, y continuará acercándose más al precipicio que auguró el propio Raúl Castro.

 

Si el general-presidente quiere seguir dando pasos en ese camino hasta que caigan al vacío, es su disyuntiva; pero que no embarque en su suicidio a unas fuerzas armadas donde más del 98 por ciento de la oficialidad nació después del triunfo de la Revolución,  y no tiene ninguna responsabilidad con la destrucción de nuestro país por una dictadura feroz que continúa aferrándose al poder después de 56 años.