Cubanálisis El Think-Tank

                                   General Rafael del Pino, Estados Unidos

 

                                                       

Devorados por Saturno

 

Desde el día 20 de Octubre de 1983, como resultado de la crisis que venía produciéndose a partir del  12 del propio mes, cuando fue destituido el Primer Ministro Maurice Bishop, el Comandante en Jefe Fidel Castro había ordenado pasar a completa disposición combativa a las Fuerzas Armadas cubanas, dado el inminente peligro de enfrentamiento militar con Estados Unidos. En las reuniones del Estado Mayor salió a relucir la posibilidad de evacuación de los constructores cubanos de Granada ante la inminencia de una posible invasión por parte de Estados Unidos.

 

C:\Users\Papi\Desktop\VietnamHeroico-XXX.jpgLa solución más práctica y objetiva se la escuche al Contralmirante Aldo Santamaría: “Nada difícil, simplemente metemos a los constructores en el Vietnam Heroico lo sacamos a mas de 12 millas de la costa y esperamos a ver qué pasa”.

 

 

(Motonave Vietnam Heroico, que estuvo anclada en la Bahía de Saint George durante la crisis de Granada y disponía de capacidad para evacuar a todos los cubanos de la isla antes de producirse la invasión norteamericana.)

 

 

Incuestionablemente, al día siguiente, por órdenes de Fidel Castro, la motonave Vietnam Heroico zarpaba de Saint George vacía, y se colocaba a doce millas de la costa de Granada.

 

A mí se me preguntó las posibilidades de evacuación por aire, a lo que respondí que con nuestros aviones de transporte AN-26 podíamos evacuar al personal cubano en medio día, aterrizando en la propia pista de Punta Salinas, que ya estaba prácticamente terminada. No era necesario utilizar el viejo aeropuerto Pearl en el extremo noreste de la isla.

 

Como bien dijo Fidel Castro en su conferencia de prensa a periodistas extranjeros, los norteamericanos la utilizaron con docenas de vuelos ¿por qué no íbamos a poder hacer nosotros lo mismo? Aunque la mejor variante era, indudablemente, la idea del Contralmirante Aldo Santamaría.

 

La justificación de los gobernantes cubanos de que no deseaban inmiscuirse en los asuntos internos de los granadinos es una justificación infantil para ocultar su falta de previsión e indolencia ante el peligro inminente. Después del asesinato de Bishop ya todo estaba perdido, y es ahí donde Fidel Castro se percata de la gran responsabilidad que tenía sobre sus hombros al haber permitido que eso ocurriera, y trata entonces de revertir su culpabilidad utilizando su usual modus operandi de “convertir los reveses en victoria”. Y para ello no vacila en sacrificar la vida de los centenares de infelices trabajadores y convertir el enfrentamiento con Estados Unidos en una masacre de obreros de la construcción que abriera un abismo insalvable con el país del norte.

 

Muy revelador es lo que también dice Fidel Castro a los periodistas extranjeros  y que deja entrever que sus verdaderas intenciones eran crear el martirologio después de no haber sabido preservar la vida de Bishop: “No había pretexto para atacarnos. Nosotros estábamos en nuestros puestos de trabajo. ¿Qué podía ganar Estados Unidos internacionalmente atacando a los trabajadores cubanos que estaban allí para ayudar a un pequeño país, un país del Tercer Mundo? ¿Qué podían ganar con esto? Eso solo podría convertir a un pequeño país en mártires, de hecho puede convertir a una pequeña nación y a los trabajadores cubanos en mártires por la libertad y defensa de los países del Tercer Mundo”.

 

Otro reportero de la revista Times le pregunta a Fidel Castro en la conferencia de prensa: “Usted dice que tenía comunicación indirecta con los trabajadores cubanos en Granada. ¿Cuándo fue que perdió comunicación con ellos hoy?”

 

Fidel Castro le responde: “Una cosa muy extraña sucedió. Teníamos comunicación telefónica con nuestros representantes en la embajada casi todo el tiempo. Por momentos teníamos comunicación con el jefe del personal militar. Sin embargo cuando comenzó la pelea, ellos destruyeron los medios de comunicaciones y entonces tuvimos que utilizar otras vías de comunicaciones, con la embajada, con el buque mercante cubano que está ahora en Granada y a través de otras vías con el fin de mantener medios convencionales de comunicación.

 

Algunas veces la embajada puede comunicarse con la jefatura del personal. Esta es la forma como recibimos varios reportes. De esta forma por ejemplo, supimos por el jefe del personal cubano que las tropas norteamericanas después de varias horas de combate enviaron a un trabajador que había sido arrestado para explicar que ellos no querían ningún problema con los cubanos.

 

A cerca de setecientos hombres (745 en total incluyendo personal diplomático y sus hijos), con solo armamento ligero de infantería, sin posibilidad alguna de maniobrar, sin fortificaciones adecuadas, y solamente con tres cargadores y trescientos cartuchos per cápita, se les exigía que se enfrentaran a un ejército poderoso que indudablemente barrería con todos. Lo que muy pocas personas conocen, pues ha sido ocultado por el régimen cubano en su control absoluto de la información, es que el gobierno norteamericano había alertado al gobierno cubano con tiempo suficiente para que pudiera evacuar a su personal en la isla.

 

Traducción al español de la nota diplomática del gobierno norteamericano a Fidel Castro: “El personal cubano estacionado en Granada no son el objetivo de las acciones de las tropas norteamericanas allí. Los Estados Unidos están listos para cooperar con las autoridades cubanas en la evacuación de su personal hacia Cuba. Los Estados Unidos están consientes de que el personal cubano armado no tienen ni el armamento ni las reservas de municiones requeridas para una acción prolongada. Por lo que mantener una posición beligerante solamente provocará una perdida sin sentido de vidas humanas. Los Estados Unidos no desean presentar la retirada del personal cubano armado como una rendición. Finalmente, lamenta los choques armados entre hombres de ambos países y considera que ello ha ocurrido debido a la confusión y accidentes provocados por el hecho de que los cubanos estaban cerca de los sitios operacionales de las tropas multinacionales.”

 

Ya desde el Sábado 22 de Octubre en horas de la tarde Fidel Castro le había enviado a los representantes cubanos en Granada el siguiente mensaje: “Yo considero que organizar la inmediata evacuación de nuestro personal en momentos que las fuerzas de Estados Unidos están acercándose sería altamente desmoralizador y deshonorable para nuestro país ante los ojos de la opinión pública mundial”.

 

Esto ocurre dos días antes de que enviara al Coronel Tortoló en un AN-26 militar, pintado como avión civil de Cubana de Aviación, y tripulado por el Teniente Coronel Jesús Mateo como capitán, y el Teniente Coronel Rafael Gil, ayudante de la secretaria del ministro Raúl Castro, como copiloto, ambos vestidos de civil con uniforme de Cubana de Aviación. En la reunión sostenida con Tortoló antes de partir, Fidel Castro le reitera la orden de combatir y resistir hasta el último hombre.

 

¿Podría caber la posibilidad de que Fidel Castro ignorara que de encontrar fuerte resistencia por parte de los cubanos en Punta Salinas los norteamericanos no barrieran con ellos empleando la aviación de asalto del portaviones Independence y los C-130 Gunship Spectre? Es de dudar. Probablemente esta fuera la razón por la cual estaba tan seguro de que así seria y redacta el bochornoso comunicado oficial informando al pueblo cubano que los últimos cuatro cubanos se habían inmolados abrazados a la bandera cubana. Comunicado oficial que todos sabemos escribe siempre de su puño y letra Fidel Castro.

 

La falta de previsión de la dirigencia del gobierno cubano en prevenir el derrocamiento y asesinato de Bishop seria de esta forma opacada por el martirologio de centenares de trabajadores cubanos y su bochornoso revés político sería “convertido en victoria”.

 

Meses después de aquellos acontecimientos, durante un vuelo hacia Angola en que coincidí con el General Abrantes, viajando juntos en el mismo avión, le pregunté cómo fue posible que la inteligencia nuestra hubiera resultado tan ineficiente en proteger a Bishop; a lo que me respondió con una sonrisa socarrona: “¡Pregúntale a tu Ministro, que lo quiso dirigir todo!”.

 

La furia de Fidel y Raúl Castro contra todos los militares estacionados en Granada fue brutal. Fueron degradados y expulsados de las Fuerzas Armadas, sin excepción,  incluyendo los Tenientes Coroneles Jesús Mateo y Rafael Gil, para quienes su única misión había sido transportar por avión a Tortoló hacia Granada.

 

Con el Coronel Pedro Tortoló Comas el ensañamiento fue mucho peor. Degradado a soldado raso, fue enviado a Angola para que expiara sus culpas en el purgatorio que ya se había establecido en el lejano país africano para los oficiales, ministros y dirigentes caídos en desgracia. Pero la verdadera muerte sufrida por Tortoló fue tener que vivir con el estigma de la cobardía en una de las sociedades más machistas del planeta, comparable solo a las islámicas. Y lo que fuera peor, convertirse en  las burlas y chistes más lacerantes, que matan espiritualmente.

 

Tiempo después, escuchamos el discurso del Ministro de las FAR, General de Ejercito Raúl Castro, diciendo que “Tortolo debió pegarse un tiro antes de rendirse”. No sé si otros de los que allí estaban, pensaron igual que yo. Por lo menos a mí lo primero que me vino a la mente fue: “Tú sí te rendiste, cabrón, después del asalto al Moncada, estando ya en las montañas, donde podían haber continuado la lucha. Y te rendiste a los mismos esbirros que habían asesinado a todos los asaltantes heridos”.

 

La última vez que vi a Tortoló me lo encontré por casualidad a la salida de los almacenes logísticos de las FAR en Loma Blanca, al este de la ciudad de La Habana, donde yo había ido a buscar un juego de gomas de repuesto para mi automóvil. Su rostro estaba pálido como la cera; todavía no le había tocado recibir el veredicto de los Castro, pero ya predecía su final. Le pregunté que le tenía allí tan pensativo y afligido. No era para menos. La mujer encargada de darle el recibo por el último juego de neumáticos que quedaban utilizó una de esas bromas que circulaban por doquier: “Que suerte tiene usted Coronel, este era el último juego de gomas que quedaba, ¡Usted siempre se salva!”

 

Supe de él después que había sido enviado a Angola. Ya era un muerto en vida. Saturno había devorado a otro de sus hijos. En este caso, ensañándose en un verdadero héroe, por haber evitado una innecesaria masacre de cubanos.