Cubanálisis El Think-Tank

                                   General Rafael del Pino, Estados Unidos

 

                                                       

¿ARMAS PARA QUE? (II Parte)

 

Como hice en el artículo anterior prefiero utilizar los planteamientos de los principales líderes del régimen cubano para analizar los desvaríos, las incongruencias y los disparates del desgobierno castrista en el ámbito militar. Errores garrafales, que sumado a la incompetencia e inviabilidad del sistema político y económico implantado han contribuido sobremanera a la quiebra económica de nuestro país y a la enajenación de la sociedad cubana.

 

Hoy quiero solamente analizar dos aspectos importantes: la pérdida de valores dentro de las FAR como parte de la descompuesta sociedad cubana y la influencia del voluntarismo de Fidel Castro en la implosión de la desaparecida URSS. No me cabe la menor duda de que las barbaridades cometidas en las concepciones para la defensa del país fueron un factor de mucho peso en la implosión de la extinta metrópoli Soviética. Difícilmente cualquier país hubiera podido resistir el ininterrumpido drenaje de recursos económicos que sufrió el imperio al que estábamos sometidos por las locuras del Comandante en Jefe Fidel Castro.

 

Comencemos el análisis viendo lo que en su momento dijo el actual presidente cuando era Ministro de las FAR:

 

“En nuestra doctrina las tropas terrestres son las fuerzas decisivas, ya que los combates, una vez desembarcado el enemigo, se librarían sobre nuestro suelo, hombre frente a hombre, a tiro de fusil. Y en esas condiciones la superioridad moral de los hombres que defienden su patria es infinitamente superior a la del odiado invasor”.

Raúl Castro, 23 de abril de 1993

 

Suena muy bonita esta apreciación subjetiva del entonces Ministro de la FAR. Pero dejemos a un lado la retórica barata y analicemos las realidades objetivas.

 

Me remonto a Marzo de 1987: Nosotros manteníamos muy buenas relaciones de cooperación con las tropas especiales del MININT. En más de una ocasión la amistad con el Coronel Tony la Guardia nos sacó de apuros en momentos que no podíamos resolver situaciones con nuestros propios medios.

 

Un ejemplo de ello ocurrió cuando el Teniente Coronel José Febles se precipitó al mar en un MiG-23MF durante unas maniobras en el campo de tiro de Playa Colorada, cerca de Batabanó. Necesitábamos rescatar la caja negra (en realidad de color naranja) para poder determinar exactamente qué había ocasionado el accidente.

 

Le dije a Tony que necesitábamos la ayuda de sus buzos, que formaban parte de las primeras corporaciones militares, y que se dedicaban a buscar tesoros. Al día siguiente de mi solicitud teníamos en nuestras manos la famosa caja, logrando descifrar todo lo que pasó. La cooperación entre nosotros era mutua.

 

Cuando las tropas especiales necesitaban entrenar a sus paracaidistas nosotros les  proporcionábamos los aviones de transporte necesarios. En fin, que teníamos una cooperación muy estrecha.

 

A principios de 1987 nos preocupaba la protección nocturna de nuestros aviones de combate en las bases aéreas, que eran custodiados por los soldados del servicio militar general (obligatorio). Se habían recibido demasiadas quejas sobre la baja calidad de estos soldados en el desempeño de sus funciones.

 

Para comprobar en la práctica si tenían fundamentos estas quejas le expuse a Tony que deseábamos hacer una comprobación sorpresiva a los medios de guardia, y le solicitamos que analizara la posibilidad de que el personal de Tropas Especiales nos ayudara en ese sentido, planificando una infiltración nocturna en las aéreas donde teníamos los refugios de los aviones y que a partir del anochecer eran custodiados por los soldados del SMG.

 

A Tony le encantó la idea y pusimos manos a la obra; además, les servía a ellos como entrenamiento. Una semana después, un grupo reducido de miembros de las Tropas Especiales penetró en la base y, como algunos esperábamos, desarmaron sin mucho esfuerzo a aquellos muchachos que cumplían su servicio de guardia.

 

Concluida la comprobación Tony me llama por teléfono y me comunica que había salido más o menos como yo creía, pero que deseaba hablar personalmente conmigo para explicarme algo grave que sucedió durante la comprobación. Le pregunté alarmado si a alguien se le había escapado algún disparo y me respondió que no, que no tenía nada que ver con eso, pero que era algo mucho más grave. Me dirigí de inmediato a ver a Tony, que comenzó a explicarme cómo a cada soldado del SMG se le aproximaban dos comandos sigilosamente, y mientras uno desde atrás le ponía un cuchillo (de práctica) en la parte anterior del cuello, el otro de frente le arrebataba el fusil.

 

- Bueno, y eso qué tiene de grave, le pregunté.

 

- No, eso no tiene nada de grave, lo grave fue lo que dijeron esos muchachos -respondió y continuó hablando. Te vas a caer para atrás. Como pensaban que eran yanquis, por la vestimenta de Tropas Especiales, la mayoría pidieron que no los mataran, que ellos hacía rato nos estaban esperando.

 

- No entiendo - le dije.

 

- General, uno de ellos hasta exclamó exaltado: ¡Coño, por fin llegaron!

 

Aquello fue la debacle. El jefe de la Base Aérea, Coronel Arnaldo Torres Biart, fue destituido, el instructor político fue a parar a un plan agrícola, y a los oficiales de Contrainteligencia y sus chivatos los desaparecieron del mapa.

 

Por eso me asombra tanto la desconexión con la realidad del entonces Ministro de las FAR, cuando seis años después, el 23 de abril de 1993, afirma: “Y en esas condiciones la superioridad moral de los hombres que defienden su patria es infinitamente superior a la del odiado invasor”.

 

Pero lo que sucedió realmente aquella noche había sido explicado muy claro anteriormente por el propio Fidel Castro:

 

“No hay hombres cobardes ni hombres valientes, no hay pueblos cobardes o pueblos valientes, no hay soldados cobardes o soldados valientes. El valor depende de la motivación que el hombre tiene, que el soldado tiene. Cuando el soldado defiende su patria, cuando defiende una causa justa, es muy valiente. Cuando el soldado se ve obligado a defender una mala causa, a cometer un crimen o acto de agresión, a la larga se desmoraliza y no es valiente”.

 

27 de marzo de 1977.

 

Gracias Fidel, no por la inconmensurable destrucción económica, social y moral que le has causado a Cuba. Gracias por dejarle claro al heredero del poder que las malas causas son indefendibles.

 

Analicemos ahora el importante aporte del Comandante en Jefe a la implosión de la desaparecida URSS.

 

Para no extendernos mucho, citaremos solo un ejemplo de tantos que me tocó vivir. Ocurrió unos meses antes del episodio de San Antonio de los Baños que narré inicialmente.

 

De acuerdo al plan quinquenal que había sido firmado con los soviéticos, debíamos comenzar a recibir a principios de 1987 un Regimiento de aviones de combate MiG-29. Estamos hablando de 36 aviones. Cada uno de ellos al costo de 30 millones de dólares. O sea, que este envío “solidario” de nuestros hermanos soviéticos le costaba a la cuna del “proletariado” $1,080 millones de dólares. Sin contar los costos de todos los equipos de aseguramiento, piezas de repuesto, entrenamiento de pilotos y técnicos, etc. etc.

 

Afortunadamente para la extinta URSS, había asumido las riendas del Estado Mikhail Sergeyevich Gorbachev y comenzaba la perestroika a poner orden en el manicomio soviético. Todo hacía indicar que la tijera de la perestroika comenzaba a cortar por el más lejano de los parásitos. Y aunque muy condescendientes, quizás para mitigar en parte el exabrupto que esperaban de quien conocían bien, nos dejan saber que de los 36 aviones programados solo se entregarían cuatro. El berrinche en la Plaza de la Revolución de la Habana fue tan grande que dicen algunos conocedores que hasta la momia de Lenin se estremeció en su Mausoleo del Kremlin.

 

Moscú trata de apaciguar la perreta del Comandante y comunican que los 32 aviones MiG-29 restantes que no iban a ser despachados serían sustituidos por SU-25 de ataque a tierra. Este avión es un armatoste construido por los rusos para competir con el famoso A-10 Thunderbolt, que se hizo famoso en las guerras de Irak destruyendo centenares de tanques y equipos blindados. (Foto Derecha: Sukhoi 25, URSS).

                                                                                                                                                            

Como sucedía con la tecnología soviética de la época, los motores del SU-25 consumían tanto combustible que para cumplir misiones con todo su armamento el radio de acción de combate no llegaba a 100 kilómetros. Además, mientras el A-10 poseía dos motores que le daba una gran vitalidad el SU-25 era monomotor. (Foto Izquierda: A 10,Thunderbolt, EEUU).

 

Al frente de la DAAFAR se encontraba el General de División Julio Casas, que era muy receptivo, y a diferencia de muchos jefes, prefería tomar decisiones colegiadas antes que el ordeno y mando. Como de costumbre reunió a sus sustitutos para que le diéramos nuestra opinión sobre el cambio de planes en la entrega de aviones. Casi unánimemente los que dominábamos la aviación le respondimos que era preferible recibir solo los cuatro Mig-29. Meternos en el SU-25, además de que era un mastodonte que no llegaba ni a la esquina, significaba una nueva tecnología, un fabricante diferente a la línea que siempre mantuvimos de los MiGs, y que por consiguiente nos provocaría muchos dolores de cabeza al tener que designar diferentes almacenes, piezas de repuesto, entrenamiento de pilotos y técnicos, equipos logísticos etc., no siendo racional su incorporación al parque de aviones que poseíamos, considerando las limitadas posibilidades de dicha aeronave. Para nosotros estaba clara la intención de los soviéticos: el costo de un SU-25 era 10 millones de dólares, mientras el de un MiG-29 era 30 millones.

 

Llegué a ser tan ingenuo, que para apoyar la tesis de la mayoría que coincidíamos en que era mejor recibir solo los cuatro MiGs-29, expongo que además de evitarnos un problema con la línea de aviones Suhoi le ahorraríamos a los soviéticos 320 millones de dólares, que era el valor de los 32 aparatos.

 

Dos días después el General Julio Casas nos cita de nuevo para transmitirnos la decisión final del Alto Mando.

 

- Compañeros: el ministro de las FAR entiende perfectamente la preocupación de ustedes con la incorporación de los SU-25, por lo tanto no se traerán a Cuba. Sin embargo sí los vamos a aceptar

 

Todo el mundo se quedó perplejo. Nadie podía descifrar el “NO pero SÍ”, hasta que el General prosiguió con su exposición.

 

- Se le dirá a los soviéticos que nos sitúen los aviones en Angola, y allí se utilizaran para ataques a tierra. Habrá dificultades en la explotación de estos aparatos, pero debemos aceptar todo lo que nos den los soviets, cuésteles lo que les cueste.

 

Concluida la reunión, el general me toma por el brazo y me dice en voz baja:

 

- No cojas lucha, tú no eres economista, eres piloto. Deja eso del ahorro a los que se encargan de firmar los contratos.

 

Sin embargo, por el gesto que hizo me di cuenta que sabía que era una locura.

 

Tres meses después, rompo definitivamente con el régimen. Todavía no se había concretado la entrega de los aviones. Sé que no llegaron nunca a entregarse los SU-25 a los cubanos en Angola. Los angolanos sí recibieron Sukhois, pero no puedo afirmar que hayan sido los mismos aparatos negociados con la parte soviética.

 

El derroche de recursos militares y de todo tipo por parte del régimen cubano no tiene precedentes en toda la América Latina. Ningún agente de la CIA, ni ningún plan de sus principales cerebros, hubiera podido jamás influir con tanto peso en la implosión de la Unión Soviética como logró hacerlo Fidel Castro.

 

Quien sabe si cuando la biología termine por imponerse nos enteramos, por documentos de inteligencia desclasificados, que el Comandante fue el héroe anónimo que libró al planeta del comunismo.

 

En este mundo ya nada se puede dudar.

 

P/D: Le pido disculpas a los lectores que poseen mi último libro “LOS AÑOS DE LA GUERRA” si vuelvo a tocar algunas de las anécdotas que aparecen en él. Recuerden que la oficialidad de las FAR no tiene acceso a estos testimonios, y las posibilidades de proporcionárselos que nos brinda el espacio cibernético no deben desaprovecharse. Gracias.