Cubanálisis El Think-Tank

ARTÍCULO ESPECIAL EN EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

De ideología a religión

 

Manuel Aguilera, Diario Las Américas

 

Las trayectorias de Hugo Chávez y de Fidel Castro tienen muchas cosas en común. Pero ahora que la enfermedad acabó con la vida del primero como antes apartó de la primera línea del poder al segundo es oportuno recordar sus inconsistencias ideológicas y su oportunismo en aras de la perpetuación en el liderazgo de sus naciones.

 

Ambos renegaron del comunismo y la religión para acabar al final de sus días abrazados a estos dos conceptos tan contrapuestos. Parece que cuando empezaron a ver la muerte a la vuelta de la esquina se acordaron de las enseñanzas cristianas y sintieron la necesidad de abrazar la fe. Un gesto de humanidad en dos personalidades que han dado muestras a la largo de sus vidas que la humildad y los buenos sentimientos no estaban entre sus prioridades. Decía Carlos Marx que “la religión es el opio del pueblo” y es verdad que para calmar el dolor de la enfermedad y la fatalidad de la muerte este opio tiene buenas propiedades.

 

Las convicciones de Castro y Chávez han sido como un chicle que se estira y se encoge a la propia conveniencia con el único objeto de ganar tiempo en la poltrona. A ambos les fue bien y solo la enfermedad se puso en su camino. Si Fidel negó su condición de comunista para aglutinar fuerzas y derrocar a Batista, Chávez le calificó de dictador en una famosa entrevista con el anchor de Univisión Jorge Ramos, meses antes de ganar las elecciones. Entonces tocaba quitarse la etiqueta de “ogro golpista” y para eso mintió en tres ocasiones. Aseguró al periodista mexicano que sólo estaría 5 años en el poder, que  nunca atacaría a los medios privados de comunicación y que sí, que lo de Cuba era una dictadura.  Visto con perspectiva estoy seguro que el autodenominado bolivariano se hubiera disfrazado de lo que hiciera falta para mantenerse en el carnaval del poder.

 

Fidel nunca le guardó rencor y aceptó de muy buen grado su amor petrolero para Cuba. Tampoco Chávez le recordó nunca al barbudo que se hubiera solidarizado con Carlos Andrés Pérez y no con él en su intentona golpista de 1992. Son sólo tres párrafos pero merece la pena recordarlos para entender el valor de la palabra entre estos gobernantes:

 

“Estimado Carlos Andrés: Desde horas tempranas del día de hoy cuando conocimos las primeras informaciones del pronunciamiento militar que se está desarrollando, nos ha embargado una profunda preocupación que empezó a disiparse al conocer de tus comparecencias por la radio y la televisión y las noticias de que la situación comienza a estar bajo control.

 

En este momento amargo y crítico, recordamos con gratitud todo lo que has contribuido al desarrollo de las relaciones bilaterales entre nuestros países y tu sostenida posición de comprensión y respeto hacia Cuba.

 

Confío en que las dificultades sean superadas totalmente y se preserve el orden constitucional, así como tu liderazgo al frente de los destinos de la hermana República de Venezuela”.

 

Convicciones y coherencia, ¿para qué? Carlos Andrés Pérez murió en el exilio en Miami como tantas otras víctimas de Fidel Castro: Curiosamente el sur de la Florida se está convirtiendo también en el refugio de los perseguidos del chavismo, en otro paralelismo entre los dos gobernantes.

 

Si primero fueron los valores democráticos y el nacionalismo, después el comunismo, al final de sus días hablamos de chavismo y castrismo como si se tratara de una ideología, un programa, una forma de hacer política. Pero no hay tales ideas, solo improvisaciones y ficción. La ficción de crear un enemigo imaginario que sea aceptado como tal por sus incondicionales. El embargo, el imperialismo, los espías malvados que inoculan enfermedades. Entramos en el terreno de lo mágico, lo increíble, algo que solo se puede asumir desde la fe. Y es ahí donde el chavismo, muerto su profeta, se ha convertido en religión.

 

La imagen de Maduro y el resto de la guardia pretoriana rezando, sus referencias al líder como alguien divino, sus “poderes sobrenaturales” que le han llevado a mantener reuniones de 5 horas con sus ministros en el lecho de la muerte, sus lloros ante la Virgen en la última campaña electoral…

 

Huérfano de ideas y convicciones claras, la única conexión del chavismo con sus bases más humildes es el sentimiento religioso. Este va a ser el hilo conductor de la campaña de Nicolás Maduro para convertirse en presidente. El comandante va estar presente en fotografía, video, sonido… “Chávez no ha muerto”, gritarán. Se construirán mentiras sobre las mentiras, se certificarán milagros. Maduro será –como el Papa con Dios- el representante de Chávez en la Tierra.

 

Y así intentará ganar las elecciones. No tienen ideología, no tienen propuesta política, carecen de cuadros preparados, no tienen proyecto del país. Pero tienen el poder y tienen un dios, un retrato omnipresente que estará colgado en lugares preferentes en escuelas, juzgados, edificios públicos…

 

El ciudadano Hugo Chávez Frías ha fallecido pero el “dios Chávez” acaba de nacer y tristemente va a seguir presente en Venezuela y en América Latina. Son muchos los que le necesitan y no van a dejar escapar la oportunidad de mantenerlo vivo a costa de lo que sea.