Cubanálisis El Think-Tank

             ARTÍCULO ORIGINAL PARA EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

 

 

     Dr. Darsi Ferrer, Estados Unidos

  

 

 

                               

                                                                                                                                                            

 

La Medicina en Cuba, antes y después de 1959

 

Uno de los pilares al que echa garra el gobierno cubano para justificar sus llamadas conquistas sociales, en su más de medio siglo de permanencia en el poder, es el Sistema de Salud Pública. Este ha contado con ciertos avances sociales, como es el de la cobertura de salud universal, pero sobre todo, cuenta con un eficiente aparato de propaganda que vende con bastante éxito el mito de “Cuba potencia médica”.

 

Antecedentes

 

La historia recuerda que finalizada la guerra de independencia, en 1898, la isla se encontraba devastada, prácticamente desprovista de instituciones de Salud y la población padecía una elevada incidencia de enfermedades infecciosas. Eran frecuentes las muertes a consecuencia de la hambruna, por disentería y a causa de enfermedades  contagiosas como la tuberculosis, la malaria, la fiebre tifoidea y la fiebre amarilla, entre otras patologías. Esa situación de insalubridad llevo a la administración norteamericana durante el periodo de ocupación, 1898-1902, a poner en práctica importantes acciones en materia de salud pública, como lo fueron la creación de instituciones médicas, las campanas de higienización en las ciudades  y la lucha contra las enfermedades infecciosas.

 

Con el nacimiento de la República, a partir de 1902, prestigiosos galenos bajo la dirección del Dr. Carlos J. Finlay continuaron los esfuerzos por mejorar las condiciones de salubridad en la isla. En poco tiempo los resultados se hicieron notables; disminuyó la mortalidad por tétano infantil, se erradicó la fiebre amarilla y se creó en 1909, la Secretaria de Sanidad y Beneficencia, que resulto ser el primer Ministerio de Salud Pública del mundo.

 

En los años siguientes se fue consolidando el desarrollo de la Medicina, apoyado en tres sistemas: el sistema nacional de salud estatal, el sistema privado y las clínicas mutualistas o de asociados. Este hecho conllevo a que los índices de salud de la nación fueran reconocidos como de avanzada, y que los profesionales e instituciones médicas y la escuela de medicina cubana tuvieran una alta calidad y disfrutaran de reconocido prestigio internacional. Por esos años la atención de salud paso a ser reconocida como un derecho de las personas.

 

Aportes

 

Entre los aportes de relevancia mundial que los galenos cubanos aportaron lograron durante la primera mitad del siglo XX destacan:

 

-El descubrimiento del agente transmisor de la fiebre amarilla y sus medidas preventivas, por el Dr. Carlos J Finlay, que además formuló la teoría metaxénica del contagio de enfermedades infecciosas, que sentó las bases para el desarrollo de la arbovirología y la artropodología médica.

 

-La introducción de la vacunación en Cuba por el Dr. Tomás Romay, para lo que, como ejemplo, inoculó primeramente a sus hijos.

 

-Los inventos o modificaciones de más de 28 instrumentos destinados a la exploración o cirugía renal por el Dr. Joaquín Albarrán, además de otros importantes descubrimientos de su autoría relacionados con el aparato urinario.

 

-El Dr. Agustín W. Castellanos fue propuesto para el premio Nobel de Medicina por descubrir la angiocardiografía, procedimiento que facilitó el posterior desarrollo de la cirugía cardiovascular.

 

-El invento de la micro reacción por el Dr. Alejandro Chediack para el diagnóstico de la Sífilis mediante una gota de sangre, que fue rápidamente aceptado por la Organización Mundial de la Salud (OMS).

 

Podríamos seguir mencionando otros avances en el campo de la medicina, pero nos excederíamos en los límites del presente trabajo.

 

Sin embargo, no todo fue positivo en el Sistema de Salud Pública de la etapa pre-revolucionaria. La inadecuada distribución geográfica de sus servicios creó notables diferencias entre la cobertura médica en las ciudades y las marcadas insuficiencias que existieron en las zonas rurales. También, entre otros problemas, tuvo una incidencia negativa el alto nivel de corrupción que caló en las estructuras del sistema.

 

No obstante, las deficiencias de la salud pública buscaban compensarse con los servicios que ofrecía el Sistema Mutualista o Cooperativo, cuyas instituciones sanitarias surgidas en tiempos de la Colonia, y conocidas como Quintas o Clínicas, se convirtieron en las precursoras de los HMO de EEUU. Esta modalidad contaba por los años cincuenta con aproximadamente millón y medio de asociados, y brindaban una excelente atención profesional en condiciones de confort e higiene apropiadas.

 

Los asociados del servicio mutualista o cooperativo, por una mensualidad módica de 2 pesos en su mayoría y un máximo de 10 en las clínicas mas caras, tenían garantizado su derecho a consultas con todo tipo de especialistas, el uso de laboratorios y toda clase de exámenes médicos, además de acceso a medicamentos, cirugías, ingresos con habitación para el enfermo y su familiar, incluyendo tres comidas y meriendas diarias para ambos, y adicionalmente podían disfrutar de actividades recreativas y culturales en los centros pertenecientes a esas instituciones.

 

La Revolución

 

El triunfo del proceso revolucionario, en 1959, provocó profundas transformaciones en todas las esferas de la vida nacional. El rumbo socialista se labró mediante la adopción de medidas de carácter popular, como fue en la esfera de la salud la implementación del Sistema Médico Rural. Los beneficios sociales se basaron en la estatización de propiedades y la confiscación de bienes, hasta llegar a la enajenación de las propiedades individuales de toda la sociedad.

 

A consecuencia de esa situación se produjo un éxodo masivo, con el que emigró un importante número de dueños de estas unidades asistenciales, accionistas de instituciones mutualistas o cooperativas, propietarios de laboratorios farmacéuticos y droguerías, y muchos otros profesionales de la salud. Por su parte, el gobierno decretó la Ley No. 959, el 1 de agosto de 1961, que estipuló la rectoría, por parte del Ministerio de Salud Pública, de todas las actividades relacionadas con la medicina en el país.

 

La consolidación del Sistema Nacional de Salud era ya una realidad en 1970. Para esa fecha el gobierno revolucionario había logrado someter a su control y dominio todas las actividades de asistencia médica, asistencia social, al igual que las de producción, distribución y comercialización de medicamentos y equipos médicos, quedando de esta forma eliminadas todas las modalidades de servicios médicos privados e independientes, incluyendo las empresas extranjeras, los empresarios nacionales, la Iglesia, prohibiéndose incluso las tradicionales organizaciones o sociedades independientes de profesionales del gremio, como sucedió en el caso del Colegio Médico Nacional, disuelto por mandato oficial el 30 de abril de 1966.

 

El influjo Soviético

 

Los enormes subsidios procedentes de la desaparecida Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), permitieron que durante las décadas del 70’ y 80’ se extendieran los servicios de la salud estatal hasta brindarle cobertura gratuita a toda la población. También se posibilitó la modernización y ampliación de la red de instituciones médicas, la implementación de planes masivos de formación de profesionales de la salud, la adquisición de tecnologías y equipos modernos, la creación de institutos de investigación, y la puesta en práctica de importantes programas de salud enfocados en la prevención, diagnóstico, tratamiento, rehabilitación y control de enfermedades.

 

De esa época constituyen beneficios el mejoramiento de indicadores tales como: la erradicación de los casos de poliomielitis, la significativa disminución de la mortalidad por patologías infecciosas y parasitarias, y la reducción del número de muertes por tuberculosis. También se cuentan como logros el incremento del parto institucional, la reducción mantenida de la mortalidad materno-infantil y el incremento de la esperanza de vida.

 

Tras la caída del bloque socialista, en los años 90, desapareció la llegada de los cuantiosos recursos enviados desde la URSS, lo que desató una profunda crisis nacional. En la esfera de la Salud el desabastecimiento causo un marcado declive en los servicios, se abandonaron o restringieron muchos de los programas existentes, y la población sufrió los efectos de un marcado retroceso en indicadores claves, como el bajo peso al nacer, la mortalidad materna, el aumento de la desnutrición, la incidencia de enfermedades infecciosas, y se evidenciaron las graves limitaciones estructurales propias del diseño de la llamada medicina revolucionaria.

 

El deterioro inicial

 

En la actualidad el gobierno y sus apologistas se aferran a la manipulación de la realidad de la medicina cubana. Sostienen el mito de avances que ya no existen, mientras que el cuidado de salud de la población resulta en un calamitoso desastre, a consecuencia del deplorable estado de las instituciones y el continuo deterioro en los servicios asistenciales.

 

Como todas las demás esferas de la vida nacional absorbidas por el Estado, el Sistema de Salud Pública funciona de acuerdo a los intereses políticos del gobierno. Esta razón transformó su sentido científico y humanista, y estableció una concepción impersonal que dispone a médicos y pacientes en función del gobierno. Tal sumisión al Estado ha creado mecanismos que generan niveles insostenibles de burocracia, corrupción e ineficiencia.

 

A la crónica carestía de recursos materiales de los últimos años se le suman otros factores que contribuyen de modo determinante con el descalabro de la Medicina. De modo general, los profesionales del sector están desmotivados, ya que trabajan por salarios que no les proporcionan un poder adquisitivo real, y que ni siquiera les garantiza cubrir las necesidades más elementales; tómese como referencia que un médico especialista percibe un salario mensual de unos 23 dólares, según el cambio oficial de 24 pesos por dólar.

 

Las pésimas condiciones de trabajo también condicionan un generalizado índice de frustración entre los profesionales, que se ve reforzado por la supresión de las libertades y la creatividad personal. Ejemplo de ello es la reciente carta enviada al gobernante Raúl Castro por los galenos del servicio de cirugía del Hospital Calixto García, quienes describen un cuadro alarmante de la sanidad, responsabilizan al gobierno de sus causas y reclaman soluciones urgentes para poder brindar a la población servicios médicos adecuados.

 

No menos perjudicial resulta la sustitución de los selectivos planes de estudios que regían la formación médica y de los demás trabajadores del sector antes de 1959, con los programas masivos y emergentes en muchas especialidades, que no toman en consideración la capacidad de los aspirantes ni su vocación profesional, así como el rigor y preparación de los profesores, lo que da lugar a una sensible disminución en la calidad de los egresados.

 

Son aún mayores las deficiencias en el campo profesional al no contar los cubanos con posibilidad de acceso al Internet en plena era de la informática, unido al déficit de literatura profesional actualizada y a la prohibición de participar en eventos académicos internacionales.

 

El descontento de la población cubana con el sistema de salud queda por demás justificado, por el estado ruinoso de las instituciones donde reciben asistencia médica, en su mayoría faltos de higiene, y carentes de recursos de toda índole. La alimentación de los pacientes admitidos en los hospitales debe ser provista por sus familias, junto con los implementos de limpieza para poder atenuar la suciedad de esos recintos, además de la ropa de cama, las piyamas, los recipientes para almacenar el agua, incluso en no pocas ocasiones deben resolver “por la izquierda” los medios de diagnostico y medicamentos necesarios para su tratamiento, sin olvidar por supuesto, los regalos por debajo de la mesa para los profesionales a cargo de la atención médica de estos pacientes.

 

En la Isla es cada vez más significativo el número de enfermos que no encuentran solución a sus padecimientos y que dependen de poder ser ayudados por sus familiares del exilio, mediante el envío de medicinas, equipos, aditamentos médicos y dinero.

 

Punto aparte merece el manejo oficial de las estadísticas, las que son de dominio exclusivo del gobierno, sin que esté permitida su supervisión por especialistas u otras entidades independientes. Esto hace que los resultados estadísticos del país no sean confiables, pues tienden a ser manipulados en beneficio de mantener una imagen positiva del gobierno, o simplemente se oculta determinada información profesional siendo  clasificada como secreto de Estado.

 

Por solo citar unos ejemplos tenemos que:

 

-Son inaccesibles las cifras de suicidios y abortos.

 

- Se obliga a los médicos a clasificar como virosis inespecíficas a los pacientes con dengue u otras enfermedades infecciosas para disminuir artificialmente el número de diagnósticos de esas patologías.

 

-El regocijo de la baja incidencia de VIH-SIDA en el país oculta que en los últimos años el diagnostico de nuevos casos en etapa tardía o fase SIDA demuestra un evidente sub-registro en las cifras oficiales.

 

-Los valores de hemoglobina aceptados como normales son inferiores a los establecidos por la OMS.

 

-Las referencias a la baja mortalidad infantil durante el primer año de vida, por debajo de cinco por cada mil nacidos vivos, omiten que este indicador se logra con el apoyo de una indiscriminada política de abortos, que se calcula en más de 4 millones en este último medio siglo. Ante todo embarazo de riesgo a los galenos se les obliga a estimular la opción del aborto, y entre los factores de riesgo establecidos oficialmente están el hecho de que la progenitora viva en condiciones de miseria o padezca de alguna perturbación mental.

 

- Muchas enfermas mentales después de parir son esterilizadas sin su consentimiento o el de sus familias.

 

Estos procederes ilegales, al igual que la impunidad en los casos de daños por iatrogenias o mala praxis médica, se amparan en que la legislación vigente no reconoce el derecho a la indemnización de los afectados por los servicios del sistema de salud.

 

La ignominia

 

Aunque Cuba es uno de los países con mayor cantidad de médicos per cápita, alrededor de 76 mil en total, un significativo porciento de consultas y servicios médicos no funcionan por falta de personal, como resultado de la exportación masiva de profesionales y recursos médicos, enviados para las llamadas misiones internacionalistas.

 

Actualmente cerca de 36 mil galenos y otros profesionales del ramo laboran en más de 60 países de América Latina y África, en detrimento de los cuidados de salud de los nacionales.

 

La razón de esa depredación del Sistema de Salud no es humanitaria, sino política y económica. Téngase en cuenta que por la cooperación médica en el exterior, anualmente ingresan a las arcas del Estado entre unos 6 o 7 mil millones de dólares, lo que convierte esta modalidad en la principal entrada de divisas del país.

 

Los ilusos que aun creen la fantasía de que Cuba es una potencia médica no se engañan del todo. En la isla funciona un subsistema de salud diferenciado que oferta servicios médicos de buena calidad en instalaciones bien condicionadas y dotadas de profesionales capacitados, además de recursos médicos de todo tipo. La peculiaridad es que sus servicios son exclusivos para la atención médica de extranjeros y de los altos dirigentes de la élite gubernamental. El resto de la población tiene prohibido el acceso a esos centros, como ocurre en el Hospital Cira García, en Las Praderas, en el Centro de Investigaciones Medico-Quirúrgicas (CIMEQ), el Centro de Restauración Neurológica (CIREN), la Clínica Kohly, los mejores pisos del Hospital Ameijeiras, del Hospital Frank País, entre otros.

 

La realidad actual

 

En el ámbito de la salud resulta innegable la involución de Cuba como balance de estos últimos 53 años. La fallida estructura socioeconómica del modelo político centralizado mantiene enferma a la sociedad por los efectos traumáticos del estrés sostenido, y a consecuencia de las precarias condiciones de vida de la población.

 

El pueblo subsiste en medio de un cúmulo desesperante de necesidades vitales sin esperanzas de mejoría, razón que influye en la prevalencia de elevados índices de suicidio, violencia, alcoholismo, tabaquismo, patologías psiquiátricas, etc. Otra fuente de enfermedades es la crítica carencia nutricional que, en 1991, desató una grave epidemia de neuropatía, la que llegó a contabilizar 30 mil contagiados dos años después. De igual manera, la disminución en la talla de las generaciones recientes de cubanos, es el resultado directo del déficit crónico de alimentos.

 

Por otra parte el azote de epidemias de enfermedades infecciosas en la isla es favorecido por las caóticas condiciones higiénicas y ambientales, donde los vertederos de desechos sólidos y líquidos son parte del ornato publico e incrementan los vectores transmisores de esas enfermedades. Adicionalmente, otro importante factor en la propagación de enfermedades es la falta de agua potable, que se suministra de modo irregular, es de pésima calidad debido al tratamiento inadecuado, y frecuentemente se encuentra contaminada con albañales por el deterioro progresivo de las redes de distribución.

 

Fue Cuba, en 1981, el primer país en las Américas que sufrió una epidemia de dengue hemorrágico, con más de 11 mil afectados. Posteriormente se han reportado otras graves epidemias de este tipo en 1997, 2001 y 2006, sin contar que todos los años se desatan brotes epidémicos de esta enfermedad por casos importados o endémicos. Similar significación presenta la incidencia de brotes de hepatitis, conjuntivitis hemorrágicas, tuberculosis, varicela, leptospirosis, meningitis, otras virosis y enfermedades diarreicas.

 

Hace unos meses reapareció el cólera, luego de más de 100 años de haber sido erradicado. Los primeros casos de la epidemia se reportaron en Granma, en el oriente del país, y posteriormente han sido diagnosticados casos en otras provincias.

Como es habitual, el gobierno manipula la información y hace todo lo que esté a su alcance para ocultar la realidad sobre esos eventos lamentables, pues prioriza sus dos mayores intereses al respecto: que se sostenga el mito de sus logros en materia de salud y que no se afecte la entrada de turistas al país. Lo demás lo van paliando a base de represión y del control de la información que se divulga a través de los medios de comunicación, que, por supuesto, son propiedad del estado.

 

Para terminar, vale la pena hacer mención al hecho de que cuando Fidel Castro enfermó, los errores en el tratamiento aplicado por su escogido equipo médico, ocasionaron un empeoramiento de su cuadro clínico, y hubo que salir en busca de los servicios profesionales de un galeno español. Algo parecido sucedió con Hugo Chávez, pues se filtro en la opinión pública que el tratamiento recibido contra el cáncer que lo aqueja de por parte del equipo médico que lo atendió en la Habana, no fue el adecuado.

 

Si personajes como éstos, que disfrutan de todos los privilegios existentes en la isla, han tenido estas experiencias, ¿que se puede esperar para el cubano de a pie? Basta recordar la injustificable muerte causada por el desamparo y los malos tratos de decenas de enfermos psiquiátricos en el Hospital Psiquíatrico de la Habana, conocido como Mazorra, a finales de diciembre de 2009, lo que constituye una vergonzosa situación nunca antes vista en la isla.

 

Se puede concluir entonces, que el esplendor de la medicina cubana se ha evaporado al compás de la destrucción nacional, y como resultado de la inoperancia y disfuncionalidad del vigente modelo totalitario.

 

Ponencia presentada en el Panel "LA SALUD EN CUBA: MITOS Y REALIDADES", en el Instituto de Estudios Cubanos y Cubanoamericanos, Universidad de Miami, Noviembre 19, 2012