Cubanálisis El Think-Tank

ARTÍCULO ORIGINAL PARA EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

 

                                                                              Por Juan F. Benemelis, Miami

 

CUBA Y EL PETRÓLEO: UNA CONSIDERACIÓN GEO-ESTRATÉGICA

 

¿Qué y quiénes decidirán el futuro de Cuba, por cuales paralelas correrá la suerte del país? Sin dudas que debemos echar una ojeada al mundo contemporáneo e incorporar algunas piezas que normalmente no se tienen en cuenta y que a la postre se impondrán por encima de los candidatos o grupos que emerjan triunfantes en la Isla. A Cuba la asedian dos grandes poderes, precisamente los poderes que serán hegemónicos en este siglo que nace, China y Estados Unidos. China, que ha estado, muy en silencio activa en la Isla, las reservas de petróleo y Estados Unidos son las fichas más importantes a mediano plazo en la transición.

 

El sino de Cuba se mantiene… el de estar siempre diputada por los grandes poderes hegemónicos del momento. En su caso, por Estados Unidos, por su cercanía geográfica y el peso de los cubanos en Estados Unidos. En el caso de China el vínculo que durante cuarenta años la Isla ha mantenido con ese país, algo que no puede desestimarse, y los intereses estratégicos de China en este Hemisferio, para lo cual Cuba es un gran portaaviones, algo que los soviéticos descubrieron en su momento. Pero, tanto para China como para Estados Unidos el factor de las probadas ingentes reservas de petróleo y gas natural que posee la Isla, la convierten en un objetivo.

    

Durante el siglo XX y, especialmente, tras la Segunda Guerra Mundial la política internacional, la proyección estratégica de los grandes poderes, y el re-alineamiento de las otrora potencias europeas en meros apéndices de la bipolaridad, se debió a la combinación de dos factores: el arma nuclear y el petróleo. A medida que se fue desarrollando el arma nuclear, de meras bombas lanzadas por bombarderos estratosféricos, a ojivas nucleares de cohetes de corto, mediano y largo alcance, luego a cohetes intercontinentales y finalmente a cohetes con cabezas nucleares múltiples, la política de Estados Unidos y la URSS se fue transformando acorde con tales avances tecnológicos de armamentos.

 

Asimismo, el control y supervisión de las fuentes petroleras del planeta se adicionó, y entre ambos factores determinaron las prioridades estratégicas de ambos, la importancia para la seguridad nacional de ambos de tal o cual país o región. Por eso, para entender la política mundial se necesita disponer del conocimiento de los arsenales de armas nucleares y su proliferación y de un mapa de los yacimientos de petróleo y gas natural, así como de los oleoductos y gasoductos correspondientes.

 

La producción petrolera estadounidense a largo plazo tiende a descender y la comparecencia de China y la India como grandes consumidores ha tensado las prioridades estratégicas sobre las fuentes foráneas. Hasta bien entrados los noventa la única alternativa residía en los incrementos de la producción del crudo del Medio Oriente, considerada cardinal para la seguridad mundial. Pero los riesgos de esta dependencia excesiva, agravada por el factor político del fundamentalismo islámico, así como la comparecencia de las inmensas reservas del Cáucaso y del Asia Central han planteado nuevas disyuntivas. Las áreas de yacimientos sustanciales fuera del golfo se hallan en tres zonas claves: la región andina en Sudamérica (Colombia y Venezuela), la costa occidental de África (Angola, Guinea Ecuatorial, Malí y Nigeria) y la cuenca del Mar Caspio (Azerbaiján y Kazajastán).

 

La importancia de la zona reside en que EE UU considera que el crudo y el gas de las reservas del Golfo de México pueden balancear el liderazgo que tienen los países de la OPEP en la fijación de los precios del crudo. Estas nuevas reservas energéticas se convertirán en el nudo de transporte una de las más grandes reservas de gas natural del planeta.

 

El punto nodal reside en qué consorcio controlará cual región geográfica y en cooperación con cual dictador, ya que el vacío social que siguió al colapso del imperio comunista fue gradualmente, y de forma imperceptible, llenado por imperios corporativos no tradicionales. Asimismo, quien controle el Golfo de México, el Caspio y el Asia Central determina un polo de poder que contrapesa al del golfo Pérsico, al abrirse una nueva fuente de recursos energéticos al mercado mundial. Por eso, el centro de gravedad de la producción mundial de crudo se está moviendo, de los antiguos campos petroleros del norte global, notablemente en Estados Unidos, Canadá, México y Europa, a los campos menos desarrollados del sur global, especialmente en África, América Latina, Medio Oriente y la cuenca del Caspio.

 

En 1989, Cuba consumió 13 millones de toneladas de petróleo, de las cuales unos 7 millones se utilizaron en la generación de corriente eléctrica. En el 2001, el consumo de petróleo de Cuba fue de 5.5 millones de toneladas. Desde que Repsol descubrió reservas de 6 mil millones de barriles, un mar de petróleo, el sector energético internacional no quiere esperar al levantamiento del embargo, así como a medidas de Washington, para entrar en la liza. El dilema de si el país entroniza economía de mercado con mono-partidismo (modelo chino) o economía de mercado con pluralismo democrático, no es de interés de las petroleras.

  

El Servicio Geológico de los EE.UU. (USGS, ha estimado un promedio de 4.6 billones (1) de barriles de petróleo potencial, un promedio de 9.8 trillones (2) de pies cúbicos de gas natural potencial (8.6 trillones de pies cúbicos de gas disuelto asociado y 1.2 trillones de pies cúbicos de gas no asociado) y un promedio de 0.9 billones de barriles de líquidos de gas natural potencial en la Cuenca del Norte de Cuba.

 

Con más de 1 trillón de dólares entre gas y petróleo, a los precios actuales muchos analistas del petróleo han considerado que el mercado natural para el suministro de Cuba es Houston. Para Mike Martínez, de la compañía de ingeniería petrolera Bay-Inelectra de Corpus Christi, Texas, frente a la crisis petrolera del Medio Oriente, Cuba es una alternativa para las necesidades energéticas de Estados Unidos.

 

El descubrimiento y explotación de los yacimientos petroleros en el Golfo de México por Cuba, introduce uno de los dos principales elementos estratégicos de la política exterior mundial y puede variar todo el cuadro concebido hasta el momento de la sucesión o transición. Cuba perdió significado estratégico para Washington a partir de la disolución del bloque soviético, debido a que su impronta subversiva no se hallaba bajo la sombrilla nuclear de una gran potencia. Abandonada a su suerte política por los poderes internacionales, La Habana quedó a merced de los embates provenientes de la disidencia interna y del exilio.

 

El petróleo puede llevar a que Cuba, de un territorio ignorado políticamente por Washington pase a ser uno de las zonas de mayor atención. Ello introduce variables manejadas fuera del alcance económico y político de los opositores de Castro y de las fuerzas favorables a la transición a la democracia y una economía de mercado, tanto en la calle como en la nomenclatura de intramuros. Es prácticamente imposible para cualquier administración en Estados Unidos superponer consideraciones éticas, filosóficas o morales por encima de sus intereses nacionales y estratégicos. El dilema entre petróleo y oposición jamás se plantearía por quienes asumen la implementación de una política petrolera hacia Cuba.

 

En el caso de Cuba, el problema del elevado costo de extracción del petróleo se compensa con el bajo costo del transporte hacía el mercado norteamericano por su cercanía, uno de los quebraderos de cabeza de las transnacionales petroleras. Por eso, aunque no se convierta en uno de los grandes productores mundiales, de seguro los inversores extranjeros acudirán masivamente. Está el caso del régimen dictatorial de Azerbaiján con el cual se produjo una espectacular entrada de capital extranjero con el llamado “contrato del Siglo” para la explotación de sus campos petrolíferos por SOCAR, la British Petroleum y la Statoil de Noruega.

 

De producirse el boom con Castro en el poder, Cuba puede sufrir el llamado síndrome holandés a raíz del descubrimiento de recursos naturales; una "economía petrolera" similar a la de los países de la OPEP, un “emirato del Caribe” cuyo modelo básico descansa sólo en el sector de los hidrocarburos adquiriendo créditos ingentes a cambio de producción futura, hecho que puede hipotecar su futuro. Ello no desdice que el país sufra una transformación favorable de su estructura productiva, sobre todo la asociada a todo lo relativo con los hidrocarburos. En el destino político de la Isla será determinante el destino geográfico de las ventas del petróleo y su asociación o no a la OPEP.

 

Como resultado de su estado financiero, a Cuba no lo queda más remedio que firmar contratos en los que las transnacionales petroleras asuman todos los costos de prospección y de explotación inicial, a cambio de una ingente apropiación inicial de los beneficios para amortizarse de los costos de inversiones. Ello implica que el país tardará en beneficiarse de tales ingresos, sobre todo si su participación en ellos no es alta. Es cierto que en estos contratos se establecen los bonos, los porcentajes del beneficio del petróleo, y los “royalties” que siempre oscilan entre el 15 y el 25% de la producción. Otro de los ingresos directos es el impuesto sobre los beneficios los cuales se fijan de antemano y muy pocas veces se admite en contratos su incremento, al menos por una buena cantidad de años. No le quedará más remedio que copiar la política de los países petroleros del mundo subdesarrollado, en los cuales el incremento de la renta se deriva de los futuros ingresos de la venta del petróleo.

 

La perspectiva de que este petróleo nuevo se destine al mercado norteamericano implica la desaparición de los impuestos vinculados de los productos refinados derivados. Si bien una política nacional de diversificación de los derivados del petróleo puede inyectar desarrollo de la industria ligera y química en Cuba, esta industria es de capital intensivo y no absorbe una gran cantidad de mano de obra. La ventaja de Cuba por sobre el resto de los productores de la cuenca México-venezolana, del Medio Oriente, del Cáucaso y del Asia Central es su enorme caudal de mano de obra calificada, algo que exige esta producción.

 

En consecuencia, la renuncia a una gestión de la política fiscal que favorezca el trasvase de recursos desde el sector energético emergente y en expansión hacia las otras actividades de la economía –evidentemente, bajo parámetros de competitividad a medio plazo— probablemente agrave los efectos perjudiciales del síndrome holandés, encareciendo sensiblemente los costes de la transición.

 

 

 

 

 

                                                                                                                                                                                                       ben-2-1106