Cubanálisis El Think-Tank

ARTÍCULO ORIGINAL PARA EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

                                                                                   Eugenio Yáñez y Antonio Arencibia

                                                                                                                                                            

 

La Cumbre de las Américas, Obama, Chávez y los hermanos Castro

 

(nota de cubanálisis-el think-tank: Con posterioridad a la publicación original de este análisis surgieron nuevos e interesantes desarrollos en La Habana y Washington durante la visita de los congresistas norteamericanos, que no deben ser pasados por alto. Respetando el análisis original, Cubanálisis-El Think-Tank ha añadido diferentes párrafos en la parte final del trabajo para actualizarlo en la medida que han evolucionado los acontecimientos, con las nuevas informaciones surgidas el lunes 6 y el martes 7 de abril. Todos los añadidos posteriores al trabajo originalmente publicados aparecen en color azul.)

 

 

Del 17 al 19 de abril se celebrará en Puerto España, la capital de Trinidad y Tobago, la Quinta Cumbre de las Américas, mecanismo regional creado por la OEA, donde se reúnen Estados Unidos, Canadá y los países de América Latina y el Caribe, con la única excepción de Cuba. Según la prensa de la pequeña isla caribeña, la organización de esta Cumbre ha costado varias veces más dinero que la de la recién finalizada cumbre del G-20 en Londres.

 

Sobre la historia de estas Cumbres y la valoración del régimen cubano sobre las mismas, acaba de decir Fidel Castro:

 

Esas cumbres tienen su historia y por cierto bastante tenebrosa. La primera se realizó en Miami, capital de la contrarrevolución, el bloqueo y la guerra sucia contra Cuba. Esa cumbre se efectuó durante los días 9, 10 y 11 de diciembre de 1994. Fue convocada por Bill Clinton, electo presidente de Estados Unidos en noviembre de 1992.

 

La URSS se había derrumbado y nuestro país estaba en pleno período especial. Se descontaba la caída del socialismo en nuestra patria como ocurrió en Europa Oriental primero y después en la propia Unión Soviética.

 

Los contrarrevolucionarios preparaban sus maletas para regresar victoriosos a Cuba. Bush padre había perdido las elecciones, como consecuencia sobre todo de la aventura guerrerista en Irak. Clinton se preparaba para la era post-Cuba revolucionaria en América Latina. El Consenso de Washington tenía plena vigencia. 

 

En esta ocasión, curiosamente, y debido a un grupo de circunstancias y escenarios específicos, la ausencia de Cuba es un tema latente que de una forma u otra aflorará, tanto en las plenarias como en los contactos bilaterales que se llevan a cabo durante este tipo de encuentros.

 

Como regla general, los resultados específicos de estas cumbres no son espectaculares, y con tantos intereses diferentes tratando de mover las sardinas hacia sus propias brasas, es más la retórica y la foto oficial de la reunión que lo que verdaderamente se obtiene.

 

Prueba de ello son las cumbres iberoamericanas, donde todos recuerdan que, en la última, el Rey Juan Carlos de España mandó a callar al impertinente Hugo Chávez, pero muy pocos pueden decir, sin pensar demasiado, cuales fueron los temas centrales de aquella reunión en Santiago de Chile.

 

Las cumbres iberoamericanas excluyen la participación de Estados Unidos y Canadá, porque España y Portugal se vincularon con la organización de las mismas pretendiendo recuperar espacios perdidos en Latinoamérica, y desde la primera cumbre en Guadalajara, en 1991, el entonces saludable Fidel Castro presionó fuertemente para mantenerlos excluidos.

 

En el caso de las Cumbres de las Américas, Estados Unidos es el asociado principal, y en vez de verse como un participante más es automáticamente visto como “la contraparte” de los gobiernos de América Latina y el Caribe.

 

Más que una reunión entre iguales, en la práctica estas Cumbres se ven como la oportunidad de los países latinoamericanos y caribeños de plantear al poderoso vecino demandas y requerimientos para mejorar las relaciones y contribuir al desarrollo de sus naciones.

 

Después de ocho años de una relación disfuncional de la administración Bush con América Latina y el Caribe, causada por el desinterés norteamericano en los temas de la región, con el ascenso a la presidencia de Estados Unidos de Barack Obama y las  promesas de mejorar sensiblemente estas relaciones, las expectativas se dispararon de manera significativa.

 

Aunque para esta Cumbre se esperan resultados más alentadores, ya el vicepresidente Joe Biden dijo claramente a los mandatarios centroamericanos que, en medio de la crisis económica mundial, las ayudas financieras de Estados Unidos a los países del hemisferio dependerán de la evolución de la economía norteamericana.

 

Sin embargo, el término “América Latina y el Caribe” reúne bajo ese concepto a más de treinta naciones de culturas disímiles y posiciones políticas encontradas, desde países como Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica y los caribeños, que buscan definir y asentar una relación constructiva y mutuamente aceptable y conveniente con Estados Unidos, hasta los más belicosos de la izquierda demente e irresponsable, más interesados en el fracaso “del imperio” y en imponer sus propias agendas “antiimperialistas” que en resolver problemas mutuos o los de sus propios países.

 

El presidente boliviano Evo Morales, para no perder su costumbre de hablar insensateces, declaró en Brasil en el mes de diciembre que Estados Unidos debía ser expulsado de la OEA al mismo tiempo que se admitía nuevamente a Cuba en esa organización. El muy  poco prestigioso presidente nicaragüense Daniel Ortega no asistió a la reunión de mandatarios centroamericanos con el vicepresidente norteamericano Joe Biden en San José de Costa Rica, y para demostrar como subestima al “imperio” envió a la misma a un vice-canciller. El hondureño Manuel Zelaya tampoco quiso estar presente, aunque delegó en su vicepresidente.

Dardos envenenados de Castro y Chávez

Los enfrentamientos en la región entre los gobiernos radicales y los moderados se han evidenciado con motivo de la Cumbre de Líderes Progresistas celebrada en Viña del Mar, Chile, a fines de marzo.

 

La presidenta Bachelet fue anfitriona de los primeros ministros Gordon Brown, de Gran Bretaña y Jens Stoltenberg de Noruega, del vicepresidente Joe Biden de Estados Unidos y del jefe de gobierno español Rodríguez Zapatero, así como de los mandatarios de Brasil, Argentina y Uruguay. No se trataba de una reunión excepcional, sino la séptima de ese tipo desde que se iniciaron en el año 2000, y a la que han asistido regularmente los gobernantes chilenos y brasileños. 

 

Entonces Fidel Castro, sin mencionar la conferencia, lanza un dardo contra Biden por sus declaraciones en Chile donde descartaba el levantamiento del embargo al régimen, como si tal decisión estuviese en manos de la Casa Blanca y no fuera Ley del Congreso de Estados Unidos.

 

Las frases irónicas de Castro al respecto sobre la religiosidad del vice-presidente norteamericano, dieron la pauta a Hugo Chávez para un ataque a fondo contra Michele Bachelet: desde Qatar, donde iba a comenzar la segunda cumbre de Países Árabes y de América del Sur, el venezolano criticó a la presidenta chilena por haber convocado a la reunión con “![d]os representantes de los imperios!”. Llegó además a plantear que “eso pone en peligro la unidad suramericana”.

 

La práctica de ese terrorismo ideológico y su contubernio con Ahmadinejad y el genocida sudanés Omar al Bashir, a quien invitó a visitar Venezuela, han convertido a Hugo Chávez, - como bien dice Américo Martín -, en un leproso político. A él, y a su anciano mentor, no le preocupan “la importancia del juicio y el criterio”, como le replicara la presidenta Bachelet.

 

Pocos días antes, y de forma sorprendente, Castro atacó furibundo un cable de la agencia española EFE, y de ahí saltó a culpar a la “minipotencia española” de ayudar “al corrupto, tambaleante y genocida imperio yanqui”. Solo se explica por falta de coordinación con el Comandante que Chávez no incluyera una crítica a Zapatero, representante en la reunión de Viña del Mar “del viejo imperio español en muletas” que describiera Castro.  

 

Al preguntarse retóricamente “¿Con qué moral voy a ir yo a una cumbre en la que estén Estados Unidos y Canadá, pero no Cuba?”, Chávez profiere una velada amenaza de sabotear la reunión si no se cumplen sus deseos. Pero asistirá, porque no puede resistir estar lejos de las candilejas políticas, y va a asumir el papel de “defensor principal” de la causa castrista.

 

La estrella del show, ante la obligada ausencia de Fidel Castro, será Hugo Chávez, quien  ya advirtió que “nos estamos preparando para esa cumbre. La artillería nuestra se está preparando. Creo que los cañones se van a oír aquí, porque (Trinidad) está ahí mismito”.

 

Con el poder de sus petrodólares, convocó a una cumbre del ALBA en Caracas, organización a la que pertenecen Cuba, Bolivia, Nicaragua, Dominica, Honduras y Venezuela, para el día anterior a la Cumbre trinitaria (donde habría que ver si Raúl Castro participa o no). En ese día recibirá además a los presidentes de Uruguay y Paraguay para su mini-cumbre particular. Con su inefable estilo, ya el teniente coronel bolivariano dijo: “Y después a lo mejor nos vamos todos juntos nadando a Trinidad”.

 

Aunque Estados Unidos ha declarado reiteradamente que el tema fundamental de la Cumbre será la crisis económica mundial, y se pretende analizar otros temas como la energía, el narcotráfico y el tráfico de personas, el tema de Cuba estará presente, sin dudas, en la reunión de Puerto España, y los mandatarios latinoamericanos y caribeños pretenden discutirlo de alguna manera con el presidente Obama.

 

Aunque el primer ministro trinitario y anfitrión de la Cumbre, Patrick Meanning, declaró que “hay un conjunto de ideas sobre cual sería la mejor manera de manejar la cuestión de Cuba”, la posición pública de Estados Unidos sobre el asunto en cuestión puede conocerse en la publicación digital trinidadexpress.com, que recoge declaraciones del embajador de EEUU en Trinidad-Tobago y asesor especial de la Casa Blanca para la Cumbre, Jeffrey Davidson, señalando que “no creemos que Cuba es un tema de discusión en esta Cumbre”.

 

Ampliando sus declaraciones, el embajador señaló que “la política de Estados Unidos sobre Cuba es que esperamos que el pueblo cubano sea capaz algún día de compartir la misma clase de democracia que tiene el pueblo de Trinidad[-Tobago]”.

 

Y volvió sobre el primer punto recalcando: “Creo que sería muy desafortunado que el tema de Cuba se convirtiera en el punto principal de esta cumbre y restara atención de otras cosas importantes de las que hemos mencionado, energía, pobreza, delincuencia”.

 

Al preguntársele sobre las declaraciones de Hugo Chávez de que Cuba debería estar presente en la Cumbre, el embajador respondió: “No creemos que Cuba deba estar en la Cumbre, porque la Cumbre es para la comunidad de jefes de Estado democráticamente electos. No creo que nadie en Trinidad argüiría que Raúl Castro fue electo democráticamente”.

 

Sin embargo, mientras el bloque de la sensatez, bajo el liderazgo del presidente brasileño Lula da Silva, trata de buscar diversas soluciones negociadas y de consenso, las intenciones de Hugo Chávez, son de “poner mala” la cumbre con el apoyo de los presidentes Correa, Morales y Ortega. Ha estado esquivando continuamente una reunión bilateral de coordinación con el primer ministro trinitario, y con su conocido estilo de guapo de barrio pretende imponer realidades que no podrían ser automáticamente aceptadas por muchos de los participantes.

 

Ya expresó claramente sus intenciones al decir: “Vendrá el señor Obama. Veremos con qué viene. Ahí se irán definiendo cosas como el bloqueo a Cuba”, agregando, con la clara intención de ampliar la base de respaldo a esta posición, que el bloqueo es también “una agresión a los pueblos de América Latina y del Caribe porque aplican la ley  de la extraterritorialidad, que a nosotros ni nos va ni nos viene, pero nos tienen amenazados porque Venezuela comercia con Cuba y dicen que está prohibido”.

 

Haciéndole de voz acompañante en el coro, el nicaragüense Daniel Ortega, (quien estuvo de visita en Cuba hasta el sábado, y discutió con Fidel Castro el borrador de la Declaración Final) en cuanto Chávez habló enseguida declaró que: “Lógicamente (en la cumbre) no puede obviarse un tema: la ausencia de Cuba, el gran ausente” […] “Pienso que es un tema que debe plantearse allí con la debida claridad para que termine el bloqueo y las sanciones contra Cuba”. Los dos le hacen el juego a las erróneas percepciones de Fidel Castro, como si una reunión de países pudiese poner fin a la Ley Helms Burton.

 

Señaló además Ortega que su Gobierno también está interesado en que la OEA suspenda las sanciones impuestas a Cuba desde 1962. Y esto después que Raúl Castro declaró claramente en Brasil, durante su visita de diciembre del pasado año, que el régimen cubano no tiene el más mínimo interés en regresar a la OEA en ninguna circunstancia.

 

La posición del régimen cubano

 

Con todas esas posiciones definidas y anunciadas por todos los bandos, la incógnita real para la Cumbre está en La Habana, porque hay que descifrar el enfoque que asumirá el gobierno cubano con relación a los acontecimientos que se desarrollarán en Trinidad-Tobago.

 

Fidel Castro ha condenado de antemano los resultados de la Cumbre y ya se prepara para los escándalos posteriores que se desatarán cuando no logre lo que pretende: que el régimen sea admitido de inmediato en la Cumbre de las Américas. En la reflexión publicada el domingo 5 de abril se refiere al proyecto de declaración final, y señala:

 

La OEA dicta pautas como secretaria permanente de la Cumbre de las Américas: es el papel que le asignó Bush. Contiene 100 párrafos, parece que la institución gusta de los números redondos para dorar la píldora y darle más fuerza al documento. Un epígrafe por cada una de las 100 mejores poesías de la hermosa lengua.

 

Había por cierto gran número de conceptos inadmisibles. Será una prueba de fuego para los pueblos del Caribe y América Latina. ¿Es acaso un retroceso? ¿Bloqueo y además exclusión después de 50 años de resistencia?

 

¿Quién cargará con esas responsabilidades? ¿Quiénes exigen ahora nuestra exclusión? ¿Acaso no se comprende que los tiempos de los acuerdos excluyentes contra nuestro pueblo han quedado muy atrás? Habrá importantes reservas en esa declaración suscrita por jefes de Estado para que se comprenda que, a pesar de las modificaciones alcanzadas en duras discusiones, existen ideas que son para ellos inaceptables.

 

Cuba siempre mostró su disposición en las nuevas circunstancias a ofrecer el máximo de cooperación a las actividades diplomáticas de los países de América Latina y el Caribe. Lo conocen bien quienes deben conocerlo pero no se nos puede pedir guardar silencio ante concesiones innecesarias e inadmisibles.

 

¡Hasta las piedras hablarán!

 

Mientras el convaleciente Fidel Castro apoya y estimula, sin dudas, la posición de Hugo Chávez y los demás “duros” de Latinoamérica, y estaría encantado con el fracaso de la Cumbre, el gobierno de Raúl Castro tiene que guiarse por pautas más sensatas y pragmáticas, pues no puede lanzar por la borda todas las ventajas que ha logrado en estos últimos tiempos con la aceptación de Cuba en el concierto latinoamericano, y el desfile de mandatarios de América Latina y el Caribe, de visita en La Habana dando legitimidad al régimen.

 

Por otra parte, sabe que la administración del presidente Obama, ya desde las propias declaraciones de campaña hasta las palabras de Biden en Costa Rica, y por múltiples presiones del establishement estadounidense, está interesada en un cambio de enfoque en la política hacia Cuba, aunque tal cambio no tiene el alcance ilimitado e incondicional que pretenden los hermanos Castro, Chávez y sus aliados.

 

Barack Obama entiende que la posibilidad de una sensible mejoría en las relaciones con América Latina y el Caribe pasa por un nuevo enfoque de la política hacia Cuba, que aunque no será determinado de ninguna manera por las presiones de los mandatarios del continente, ni mucho menos del régimen cubano, deberá dar determinada respuesta a las inquietudes y reclamos puestos sobre la mesa y que saldrán a flote en Trinidad-Tobago.

 

Glenda Morean-Phillip, embajadora de Trinidad-Tobago en Washington, dijo hace pocos días a The Miami Herald: “Un tema que se espera surja, especialmente por su presidente [se refiere a Obama], es Cuba, porque ese tema está en la mente de todos” […] “Los latinos, en gran medida, están a favor de admitir a Cuba en las organizaciones hemisféricas. Pienso que hay mucha simpatía y apoyo”.

 

Aunque la embajadora señaló que no está claro todavía si Obama utilizará la Cumbre para anunciar cambios importantes en la política hacia Cuba, considera que de todas maneras tendrá que “decir algo”.

 

El primer ministro trinitario, Patrick Manning, quien recientemente se operó de cáncer en Cuba y sigue tratamiento bajo instrucciones de los especialistas médicos cubanos (aparentemente con resultados alentadores), se reunió con Raúl Castro en La Habana y lo invitó a visitar su país “en el momento que considere oportuno”. Aunque esta invitación por si sola no significa que el general estará presente en Trinidad-Tobago durante la Cumbre, deja abierta tal posibilidad.  

 

Si a esto se suman las presiones del grupo de Hugo Chávez, la delegación norteamericana y el grupo de gobernantes que abogan por una posición más moderada y consensual tendrán que maniobrar para que no se produzca una crisis en la cumbre en torno al tema cubano.

 

Para resolver la cuestión se pudiera acordar admitir la presencia de una delegación del gobierno cubano en la siguiente Cumbre de las Américas, quizás con un carácter de “país observador”. Aunque este arreglo no daría plena satisfacción a nadie, y alimentaría enfrentamientos futuros, significaría una puerta abierta al compromiso con La Habana solicitado por muchos países de la región y, además, se ganaría tiempo mientras la biología va resolviendo el problema de la Sucesión en la Isla.

 

Otra opción que puede estar en el tapete fue la mencionada a The Wall Street Journal por un “un funcionario de alto rango del Gobierno de EE.UU. bajo el anonimato”: “Obama tiene previsto levantar las restricciones de viajes y remesas a Cuba para los estadounidenses con familia en la isla, en lo que podría ser un primer gesto de acercamiento hacia el régimen cubano”.

 

Aunque el anónimo funcionario resaltó que tal medida no “es inminente”, el influyente diario señala que hacerlo ahora “podría disipar las presiones sobre Estados Unidos en el encuentro”.


De hacerlo así, Obama llegaría a Puerto España a conversar con sus pares latinoamericanos y caribeños (y también con los canadienses, partidarios de la eliminación del embargo), con el anuncio de una medida muy concreta como primer paso para un cambio en la política hacia Cuba. Esto además daría cumplimiento a una promesa muy específica de su campaña presidencial, cuando declaró en mayo del 2008 en Miami: “De inmediato, autorizaré las remesas y los viajes familiares ilimitados a la Isla”. Ya muchos votantes cubanoamericanos se preguntan el significado de la frase “de inmediato”.

 

Como también parece evidente, siempre según el funcionario anónimo citado por The Wall Street Journal, “Obama no piensa hacer un llamamiento para levantar el embargo contra Cuba, que requeriría una acción legislativa, ni contempla un acercamiento diplomático específico”.

 

Con esas realidades sobre la mesa, le sería más fácil y cómodo a los norteamericanos resistir las presiones para el “levantamiento total del bloqueo”, posición ya anunciada claramente que asumirán los “duros” encabezados por Hugo Chávez, que pretenden su eliminación incondicional, para regalarle una contundente victoria política a Fidel Castro y al delirante “antiimperialismo” que caracteriza a buena parte de Latinoamérica.

 

Simultáneamente, el establishement estadounidense, influenciado por los intereses de los estados agrícolas y las petroleras, hace saber mediante sus voceros que “Estados Unidos está perdiendo dinero y oportunidades” al mantener el embargo contra el régimen. Los grandes intereses económicos aspiran a su flexibilización para irrumpir en la Isla amparados en una nueva política hacia Cuba hecha a su medida.

 

Castro se cuida de Obama   

 

La llegada a la Casa Blanca del primer presidente negro de Estados Unidos tomó al planeta por sorpresa, pero muy especialmente desbarató la mentira sistemática del castrismo sobre la democracia norteamericana. Castro está bien informado de las osadas decisiones de Obama en espinosos asuntos y espera acciones presidenciales inteligentes sobre el tema cubano.

 

Como parte de su preparación para enfrentar los retos que se avecinan Castro publicó el 4 de abril “La canción de Obama”, donde deja claro su escepticismo hacia cualquier decisión del presidente de Estados Unidos:

 

Sin duda es mucho mejor que Bush y McCain, pero su pensamiento no se ajusta a los problemas reales del mundo actual. El imperio es mucho más poderoso que él y sus buenas intenciones.

 

Tratando de curarse en salud, Fidel Castro dice ahora, el domingo 5 de abril:

"No es necesario enfatizar lo que siempre Cuba ha dicho: no tememos dialogar con Estados Unidos. No necesitamos tampoco la confrontación para existir, como piensan algunos tontos; existimos precisamente porque creemos en nuestras ideas y nunca hemos temido dialogar con el adversario. Es la única forma de procurar la amistad y la paz entre los pueblos”.

“Algunos tontos” son ya demasiados tontos. El régimen debe demostrar si realmente está interesado en conversar, o quiere aferrarse a la Guerra Fría que hace mucho terminó. La bola está en el lado cubano: insultos y desprecios no cambian las realidades. Esta no es la administración Bush aferrada al inmovilismo para complacer a los "duros" de Miami, con Carlos Gutiérrez y Mel Martínez repitiendo lo de siempre, sino un enfoque diferente.

 

No va a ser fácil al viejo dictador desentenderse de cualquier gesto que facilite el contacto entre familias y la ayuda económica. Por eso no puede pasar por alto la visita a Cuba de la presidenta del Caucus Negro de la Cámara de Representantes del Congreso norteamericano, acompañada por una delegación de otros cinco congresistas demócratas afro-americanos y uno de origen japonés.

 

La congresista californiana Bárbara Lee, líder del grupo visitante, acaba de declarar en La Habana que, hasta ese momento, la visita era “muy productiva” y que  “no traemos propuestas concretas. Estamos aquí para entablar conversaciones sobre las relaciones entre Cuba y EEUU. Personalmente creo que es el momento de hablar con Cuba”. Preguntada por la posibilidad, respondió: “Nos encantaría entrevistarnos con el presidente Raúl Castro y estamos esperando a que eso se determine”.

 

Finalmente, se reunieron con Raúl Castro el lunes en la noche, durante cuatro horas y media. El periódico "Granma" señaló desde La Habana al amanecer del martes: “En el amplio intercambio de criterios se abordaron diversos temas, con énfasis en la posible futura evolución de las relaciones bilaterales y los vínculos económicos, luego de la llegada al poder de una nueva Administración norteamericana".

 

Abundando escasamente en la información, "Granma" dice: “Raúl ratificó la posición cubana, expuesta de forma diáfana en varias intervenciones públicas y coincidente con los principios mantenidos de manera invariable por nuestro país durante 50 años: la disposición a dialogar sobre cualquier asunto, teniendo como únicas premisas la igualdad soberana de los Estados y el absoluto respeto a la independencia nacional y al derecho inalienable de cada pueblo a la autodeterminación”.

 

Al respecto, Raúl ratificó la posición cubana, expuesta de forma diáfana en varias intervenciones públicas y coincidente con los principios mantenidos de manera invariable por nuestro país durante 50 años: la disposición a dialogar sobre cualquier asunto, teniendo como únicas premisas la igualdad soberana de los Estados y el absoluto respeto a la independencia nacional y al derecho inalienable de cada pueblo a la autodeterminación”.

 

La señal es clarísima, casi todos los visitantes son del partido y de la raza del presidente de los Estados Unidos y, sin dudas, uno de los propósitos de la visita es tantear las reacciones del régimen ante el inminente anuncio de autorización de viajes y remesas familiares sin límites a los cubano-americanos, tal como prometiera Obama durante su campaña electoral.

 

Por su parte, en el Congreso de mayoría demócrata –árbitro final en el tema del embargo- se está llevando a cabo, con bastante apoyo bipartidista, un fuerte movimiento para levantar las prohibiciones de viajes a Cuba de los ciudadanos norteamericanos. De convertirse en ley, la subsecuente invasión de turistas no significaría la aurora de la democracia para los cubanos, ni mucho menos, pero requeriría medidas extraordinarias de control por parte del régimen.

 

Como ya se ha visto claramente, a pesar de las ilusiones infundadas de algunos, esta administración no está dispuesta a impulsar la eliminación del embargo a cambio de nada. Barack Obama no puede gastar ante el Congreso y la nación el capital político, que todavía le abunda, ante una dictadura que no cede un ápice en el control totalitario de la población, y que pretende todo sin dar nada a cambio. En la enésima reflexión del lunes 6 en la tarde, Fidel Castro pone en boca de uno de los congresistas, sin identificarlo, lo siguiente: “El Presidente no puede ir más allá de la liberación de los viajes y las remesas a los cubanoamericanos pues declarar el levantamiento del bloqueo o la normalización total de las relaciones bilaterales significaría la imposibilidad de reelegirse.” (Si el congresista dijo “bloqueo” o embargo no hay manera de saberlo ahora mismo).

 

Sorpresivamente, el martes, casi antes de terminar la visita, el convaleciente Fidel Castro recibió a Barbra Lee y otros dos congresistas, según confirmó la Oficina de Intereses de EEUU en La Habana. Cuenta REUTERS que, al llegar a Washington una de las participantes, Laura Richardson, señaló en una conferencia de prensa refiriéndose al encuentro: “Mientras se aproximaba, nos miró directamente a los ojos, bastante al corriente de lo que estaba ocurriendo, y nos dijo: ¿Cómo podemos ayudar al presidente Obama?”

 

Ya dijo en la reflexión del martes en la tarde (está escribiendo diariamente) que la reunión duró 1 hora y 45 minutos y fue “un magnífico encuentro”. El congresista Rush, presente en el encuentro, quien, siempre según Fidel Castro, “conoce personalmente a Obama por haberlo tratado de cerca durante años, en ocasiones incluso como adversario, expresando un alto y sincero concepto de él; lo califica de persona honesta y buena que desea ayudar al pueblo norteamericano”, dijo una frase lapidaria, según cita el convaleciente: “Obama puede mejorar las relaciones con Cuba, pero Cuba debe ayudar a Obama.” Sin dudas, ya las cartas están sobre la mesa.

 

Los congresistas demócratas tenían la tarea de facilitar el trabajo al mandatario, que no quiere tener que gobernar mediante Órdenes Ejecutivas. Como dijo Bárbara Lee, “hay algunas que pueden cambiarse con una firma del presidente nada más y hay otras cosas que van a llevar mucho más tiempo y mucha discusión”. Aunque las conversaciones “no fueron detalladas”, se intercambiaron criterios sobre “qué se puede hacer a corto plazo para normalizar las relaciones”.

 

La coordinación de medidas favorables por parte del poder Ejecutivo y el Legislativo en el caso de Cuba significan una ofensiva inesperada para el régimen, y no son en ningún caso el resultado de un “triunfo” del castrismo.

 

Por ello, los Castro están obligados a concertar una respuesta adecuada. Hablando en términos de beisbol, la pelota, muy bien lanzada por un joven, popular y convincente mandatario norteamericano, está dirigida a la altura del pecho del régimen. 

 

O le tiran, o se ponchan.