Cubanálisis El Think-Tank 

ARTÍCULO ESPECIAL EN EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

 

CUBA: UNA VISIÓN DESDE EL PRESENTE HACIA EL FUTURO. Apuntes.

 

María I. Faguaga Iglesias, Historiadora y Antropóloga, Cuba

 

1.- Desde 1989, tras la caída del Muro de Berlín, el proceso de reunificación de la en su momento artificialmente escindida Alemania -división que no obstante su inicial arbitrariedad política, llegó a cuajar en adulterados frutos que trascienden hasta el presente-, el desmantelamiento de la leninistamente colonialista ex-URSS, y el final de aquello que nos decían era el “campo socialista”, numerosas y diversas miradas se tornaron hacia Cuba y su autodeclarado gobierno socialistas de corte marxista-leninista, pretendidamente comunista.

 

Desde entonces, muchos análisis se han realizado dentro y fuera de sus fronteras -especialmente fuera- sobre la situación cubana y las posibilidades de supervivencia o no del régimen, sobre las posibilidades de accionar independiente de la población, y sobre las capacidades y posibilidades de incidencia política de la oposición interna. Análisis a los que se añadiría la caracterización de lo que se ha dado en denominar “transición hacia una Cuba libre” o “hacia la era post-Castro”, y los intentos de validación de ese post-castrismo.

 

2.- Quizás, una de las debilidades de muchos de esos análisis radique en concentrar la responsabilidad histórica y moral de la caótica situación del presente cubano, en los desenfrenos, perversiones y degeneraciones de todo tipo efectuados por los gobernantes hermanos Castro Ruz, en éstos. Esa es la proyección que, indirectamente, e incluso no siendo interés de los analistas, libera al castrosocialismo de muy bien pensados y/o empleados recursos encontrados, a su favor, es decir, del uso por ellos de deformaciones existentes en la sociedad cubana mucho antes de la llegada de ambos bufonescos y maquiavélicos gallegos al poder.

 

3.- Deformaciones estructurales presentes secularmente, procreadoras de deformaciones en las subjetividades individuales y colectivas, que han formado parte consustancial de los imaginarios de la nación y sobre la nación.

 

Una mezcla fatal de deformación de la estructura económica colonial, que instituyera la nación sobre el desarrollo monopólico productor, con mano de obra siempre simbólicamente pagada y unos derechos civiles siempre fácilmente coartables, con una nacionalidad que se fundara viendo casi con “naturalidad” el caudillismo y la violencia sobre los cuales surgió, facilitarían a los gobernantes Castro Ruz el empleo a su favor de la atrofiada estructura objetiva y de los traumas subjetivos que ésta generaría. Ello les facilitaría la exacerbación del estado policiaco y militarista, desatar el terror, y, a la par, utilizar en su beneficio la de-construcción y anulación de la sociedad civil, la coartación y manipulación de la intelectualidad, la des-estructuración del sindicalismo y la sujeción de la mano de obra en condiciones de semiesclavitud.

 

4.- Cualquier proyecto de democratización futura del país, de des-estructuración del opresivo andamiaje que hoy conforma a la sociedad y al Estado en Cuba, cualquier proyección de una subjetividad y de un imaginario que vaya dando cabida a la pluralidad fundadora de la nacionalidad y que se plantee la vivencia de la cubanidad sobre la base del pluralismo, tendría que considerar oportunamente esos elementos básicos tantas veces desechados o descalificados.

 

No podría tratarse, únicamente, de democratizar. Ningún proyecto puede asentar un nombre ni una definición girando en torno a una abstracción o a un capricho. Por consiguiente, se trata de ir buscando las fórmulas viables para, en la situación real y fácilmente constatable de la caotizada estructura vigente en Cuba, en la debilidad de su tejido social, y en la confusión y no pocas veces aberración que se manifiesta en sus imaginarios, poder llegar a concertar las fuerzas vivas de la nación, posibles dinámicas de faenar en la reestructuración de todo el andamiaje institucional, y hacer posible el tránsito de unas desanimadas fuerzas productivas, semiesclavizadas y/o convertidas en zombi, hacia una estructura en la cual sin que lo fundamental sea su denominación, primen la estimulación del fortalecimiento del tejido social, el dinamismo positivo de las fuerzas de producción y la construcción de un andamiaje institucional efectivo.

 

Nada de lo cual sería posible de conseguir con la reedición ideológica y funcional del castrismo en la era post-Castro, lo cual los gobernantes evidentemente proyectan para nuestro futuro y ya se dedican a su preparación.

 

5.- La economía cubana no inició su crisis con el declive y fin del “campo socialista”. Esta es la mentira insaciablemente repetida a fin de intentar que la convirtamos en verdad.

 

La economía cubana de los últimos 52 años siempre estuvo en crisis, para lo cual le sobraron elementos favorables, propiciadores, estimuladores y aceleradores. El principal no sería el imperialismo estadounidense sino la más abarcadora desorganización y la carencia de un elemental sentido y visión del funcionamiento económico, aparejado al voluntarismo y a la utilización de cualquier recurso en aras de la egoísta consecución del verdadero interés de los gobernantes hermanos: hacerse con el poder, controlarlo monopólicamente, y no cederlo.

 

Ignorancia, arrogancia, inmoderación derrochadora y carencia de todo tipo de perspectiva histórica, así como una absurda y desmesurada perspectiva de la geopolítica, también se han manifestado a favor de la constante crisis económica cubana.

 

Todo ello ha sido posible, en primer lugar, porque el gobierno castrosocialista no pensó la economía en beneficio del desarrollo social. Su mixturada ignorancia, arrogancia y enfermizas ansias de poder, absoluto y eternizable, colocarían la economía, la cultura, la sociedad civil, la institucionalización toda, en beneficio de su poder. Desde esa lógica, una estructura opresiva precisaba de una economía siempre atrofiada que no creara más que momentáneas y adulteradas ilusiones de progreso, pues en la mentalidad colonialista -por supuesto que con una lógica diferenciada de la capitalista- se sojuzga y oprime a partir de las incertidumbres que suscitan la pobreza, las carencias, y no desde la ansiedad que genera el deseo de poseer un mayor nivel de consumo, que se sabe existente y se cree siempre alcanzable.

 

Es importante tener a la población con carencias materiales para tenerla cotidianamente ocupada, subjetivamente debilitada y moralmente quebrantada. Es ese el quid del sistema de dominación castrista, a lo cual temprana y oportunamente añadiría el desequilibrio y temor ocasionados en la población ante supuestos o reales peligros de intervenciones extranjeras, sabotajes, etc., lo cual le permitiría apretar las clavijas de su sistema de dominación a través de unos aberrantes y totalizadores controles sobre el individuo, anulándole en su accionar ciudadano, deshaciéndole, o no permitiéndole emerger como sujeto social. 

 

No obstante afirmarse y pretender mostrarse lo contrario, las fuerzas productivas han sido constantemente desestimuladas para el progreso, atrofiadas por la artificialidad antifuncional de un mercado de decorado, que no actuaría en beneficio del desarrollo sino del estancamiento y, llegado a un punto, en aras del retroceso. Si en algo prácticamente no caben dudas, es en que la sociedad cubana sobrevivía artificialmente y con el agregado nada despreciable de las impuestas ojerizas, de espaldas al mundo, manipulándose constante y oportunamente -para los objetivos gubernamentales- nuestros defectos de “pueblo nuevo”.

 

6.- Si bien el proceso de de-culturación -de aplicación consciente o inconsciente por las estructuras de poder, en todos los tiempos- es un instrumento de explotación económica, rápidamente deviene en primordial y muy efectivo instrumento de control político, cuya repercusión es más valiosa en el transcurso de sucesivas generaciones a ese instrumento expuestas. Las escuelas de élites creadas por los jesuitas en las Américas, como sus émulas castristas, se han manifestado contextualmente como piezas del complejo engranaje de-culturador, cuyo objetivo ha sido el adiestramiento de individuos según los códigos y cosmovisiones de los colonizadores circunstanciales.

 

El fomento planificado de la incomunicación de los cubanos, plagándoles de sospechas, fomentando la intriga y la desconfianza, incitando a la calumnia, la descalificación y el descrédito, exacerbándole un atrofiado “patriotismo” y un pervertido sentido de la lealtad, aunados a los estrictos controles migratorios, la institucionalización de los llamados “expedientes” de los cuales ninguno escapamos, y la normalización de la intromisión en la vida privada, la obligatoriedad a al menos fingir apoyo y participación en el proyecto político impuesto, todo ello, y más, son elementos que han actuado coherentemente en función de transformarnos la Isla en cárcel y a cada uno de los cubanos y cubanas, nacidos antes o después del ’59, con responsabilidad o no con la entronización del proyecto castrista, en prisioneros y carceleros a la par, en esclavos y esclavistas, todos y todas víctimas y victimarios.

 

Este sistema, macabramente pensado y estructurado, e insidiosamente aplicado, ha sido garante de la sostenibilidad, seguridad y reproducción del régimen castrosocialista. Y, en igual dirección, han funcionado la constante estimulación y alimentación de esperanzas (siempre incumplidas), de los crecientes resentimientos y temores, las planificadas carencias materiales de todo tipo, siendo más sensibles las de alimentos y medicinas, transporte y viviendas, y la desintegración de la familia y de cualquier tipo de red de apoyos extraoficiales sin que se nos propiciara una verdadera red de apoyo oficial.

 

Paralelamente, el sistema, también pensadamente, ha actuado como el padre “benefactor” que proporciona instrucción (confundida con educación, que en realidad ha destruido), atención sanitaria y espectáculo, a unos ciudadanos a los que no permite actuar como tal sino que les considera y (mal)trata como a hijos malcriados, perezosos y “desagradecidos”.

 

En igual sentido, es decir, como garante del sistema carcelario ampliado como institución nacional -en el cual quedamos atrapados seamos o no conscientes-, ha actuado la desinformación y la manipulación de la historiografía, entre otras piezas componentes de la maquinaria estructural en la cual quedamos un día atrapados y en la cual permanecemos reprimidos y oprimidos en medio de la parálisis nacional de las que deberían, podrían y querrían expresarse como células dinámicamente positivas en el tejido social nacional. 

 

7.- En semejante situación de desequilibrio -de creación interna, no importada aún si en aspectos imitada, no inducida por ningún país extranjero ni por fuerzas opositoras internas-, la concertación de fuerzas e incluso la incubación y nacimiento de éstas, mucho más su maduración, no es imposible pero sí en extremo difícil. Las condiciones han sido pensadas y creadas para la anulación de cualquier intento individual de respuesta a la situación creada, de pensamiento independiente y de actuación espontánea; las condiciones han sido dispuestas para la prácticamente imposible articulación de individualidades, para anular toda probabilidad del nacimiento de fuerzas activas y pujantes, batalladoras, capaces de llevar al ruedo contendiente a los detentadores del poder establecido.

 

De ahí el desconcierto de éstos cuando, pasado el tiempo de la zombización a la que tantos se aprestaran más o menos voluntariamente, desconcertados los zombis voluntarios y ratificados en sus posiciones aquellos que nunca se posesionaran como parte de la patética escenificación vernácula, comienza la conjunción de circunstancias y voluntades, aún si inicialmente de muy pocos, para asumir el elevado y costoso reto y riesgo del desafío al régimen establecido, una vez que éste, malsana pero ignorantemente, ha creído y confiado en su invulnerabilidad. 

 

Al desconcierto primero sigue el incremento de la violencia al amparo de la soberbia y de sus controles casi omnímodos. Al incremento desmedido de la violencia continúa la aceleración de descomposición del régimen, más débil mientras mayor violencia desata, más débil y más desacreditado mientras mayor violencia considere que tiene que desatar. Más apabullados, enajenados y desorientados, mientras más violento y desacreditado su accionar, mientras más a la intemperie quede su verdadera esencia.

 

8.- Contrario a la tesis de que la división clasista desapareció en la Cuba de los gobernantes Castro Ruz, para reaparecer con la crisis de todo tipo acaecida a partir de 1989, ha de mirarse hacia la forzosa y traumática desaparición de la burguesía anterior a 1959, únicamente para ser sustituida por la burguesía creada y por tanto afín y leal a los nuevos gobernantes que le dieron origen.

 

Lo acontecido a partir de 1989 fue la diversificación de las clases sociales y la visibilización de la burguesía castrosocialista, como la apetencia de muchos cubanos de ostentar los privilegios y nivel de vida de aquella aún si tuvieran que emplear otros métodos. Lo que sí aconteció desde entonces ha sido el incremento pasmoso del deterioro del nivel de vida de muchos cubanos que, sin contar con vías para el acceso a la imprescindible divisa, y con salarios y pensiones siempre magras pero ahora realmente míseras, han ido incrementando el amplio sector que malvive en condiciones de pobreza, muchas veces extrema. Pero pobres siempre hubo en años anteriores, sólo que esa pobreza ni era tan visible, ni se quería ver.

 

Lo acontecido a partir de 1989 es que la polarización económica que se ha venido suscitando se ha manifestado más crudamente, también, como expresión de asimetría etno-racial, en un país en el cual el gobierno había decretado y asegurado públicamente, hacia dentro y hacia fuera de sus fronteras, el fin de la discriminación racial y, por tanto, de las desigualdades en la distribución de las riquezas por motivo de raza, lo cual había sido una farsa.

 

Lo acontecido a partir de 1989 es la cada vez mayor nitidez expresada en la marginación con la cual el proyecto nacional castrosocialista intenta el sometimiento de la población negra en general y de la población afrocubana en particular.

 

Lo acontecido a partir de 1989 es la visibilidad cada vez mayor de la estructuración jerarquizadora, clasista, racista y opresora de la sociedad cubana, estructura impuesta por un gobierno que continúa autodenominándose “revolucionario”, discursivamente enfático de que es esencialmente “de los humildes, por los humildes y para los humildes”, que desde sus inicios ha sido “naturalmente” homofóbico y ha arremetido contra la independencia de creación artística e intelectual, que se ha ido oponiendo cada vez con mayor saña a las nuevas generaciones, y que se ha manifestado consuetudinaria y radicalmente en contra de toda pluralidad. Un gobierno colonialista que, lejos de contribuir a la solución de los problemas nacionales, los ha profundizado e incrementando; que lejos de contribuir a sanar los traumas de la nación en formación que encontrara, los ha profundizado hasta convertirlos en taras; de un gobierno que se ha valido, para su control de toda la sociedad, precisamente de los problemas y de los traumas.

 

9.- Si hoy, en la Cuba del siglo XXI, tenemos un conflicto que puede ser esencialmente tipificado como nacional, es, precisamente, porque se ha llegado y rebasado el tope de un gobierno profundamente antinacional, colonialista, que llegado el momento de debacle y final de las economías que artificialmente le sostenían, imposibilitado de reconstruir económicamente un país en ruinas, cuya economía se aplicó metódica, concienzuda y rápidamente a destruir, con una población hambreada y malviviente a partir de la extendida corrupción y de la ayuda individual llegada desde el exterior, demostrada ante la sociedad sobre la cual se erigió su incompetencia en todos los ámbitos, con generaciones agotadas por los constantes y casi siempre fracasados esfuerzos y descreídas por sucesivas promesas incumplidas, asfixiada por la rigidez y magnitud de los controles, ahora se coloca claramente en la posición del colonialista castigador, desatando la violencia y aliándose en su categórica traición a la nación con poderes a los que convirtiera en enemigos, como la jerarquía de la Iglesia católico-romana, e intentándolo con jerarcas de las restantes religiones presentes en el abigarrado y cada vez más extenso panorama cultural/religioso isleño. Intento desesperado de recuperar una legitimidad hace mucho tiempo perdida, a la espera de tiempo para prolongar su cosmovisión en el futuro de la Isla, y, mientras, intentar traspasar sus poderes monárquicamente, a la par de extraer todas las riquezas que les sea posible.

 

Es este un conflicto nacional de lucha por el poder, pero no debería perderse de perspectiva que es un conflicto nacional de lucha de clases, y que es un conflicto nacional de orden etno-racial. Todo ello se mixtura en una nación cuyo natural desenvolvimiento se vio fracturado con la recolonización del país ocurrida en 1959, a manos de los hermanos Castro Ruz; en una nación trunca, a la que no se le ha permitido proseguir con su legítima conformación; es decir, todo esto en una nación que no ha llegado verdaderamente a ser el constructo etno-racial, sociopolítico, cosmovisivo, que por la pluralidad de sus orígenes ha debido ser. Todo ello en una nación a la cual los gobernantes castrosocialistas fracturaron y paralizaron en su imprescindible, natural y legítimo proceso de post-colonización.

 

10.- No retomar el camino de fortalecimiento y articulación de sus fuerzas vivas, de robustecimiento de su tan debilitado tejido social, le conduciría a la acentuación de sus fracturas, transformándole irremediablemente en “una nación imposible”.[1]

 

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[1] Calvo, Leonardo.