Cubanálisis El Think-Tank

ARTÍCULO ESPECIAL EN EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

Cuba: la experiencia del 11 de abril

 

No obstante las estrategias de Castro, las FAN todavía existen, pese a sus nefastos designios

 

J. F. Iribarren, El Universal

 

La arquitectura política cubana o, mejor, su estilo político, no es precisamente el resultado de la tradición hispana en la materia. Nuestros consagrados golpistas nunca otearon más allá de las tácticas elementales para deponer a un adversario o para sostenerse en el poder mediante la fuerza bruta. A ese grupo pertenecía Hugo Rafael Chávez Frías. Quizás, uno de los más hábiles, incluyendo a los gendarmes conosureños, pudo ser Juan Vicente Gómez, por su zamarro y fino recelo de venir cuando los otros iban.

 

Pero el caso cubano escapa sin duda a los cánones de nuestra tradición golpista de la región. Eso nos da pie para decir que la sentencia de Maduro hace unos días, según la cual "el imperio" y sus aliados criollos no habían aprendido la experiencia del 11A de 2002, nos resulta exactamente al revés: fue La Habana, con esa aceitada pero vieja maquinaria europea, viniendo cuando otros apenas iban, la que sí asimiló, y muy bien, dicha experiencia.

 

Los reproches por el 11A

 

El movimiento que depuso a Chávez aquel 11 de abril fue sin duda uno de los mayores reproches que se hizo Castro en su dilatada carrera como mandante latinoamericano. ¿Cómo fue posible esa caída del pródigo venezolano? Esta fue, sin duda, la pregunta reiterada en esos días. Para ellos, hubo un atraso en echar las bases de la arquitectura política asimilada en los primeros años de la revolución cubana de la proverbial mano soviética.

 

Entonces, desde el 2002, se inició la recuperación del tiempo perdido, vistos los acontecimientos acelerados en Caracas, y se comenzó a montar, no la táctica primaria dictatorial de Hispanoamérica, sino la estrategia sesuda a lo soviético o a lo ruso. Y hacemos la distinción entre ruso y soviético, porque todavía no estamos claros en ello, si comunista o ruso, pues el estilo político que culminó en octubre de 1917, se replicó con algunas variantes en Alemania, Italia y España, con el nazismo, fascismo y falangismo, sin que pudiese decirse que hubo una emulación, entre ellos, de los procedimientos soviéticos. Eso nos podría decir que se trató y se trata de una conducta política muy peculiar europea o, si no nos equivocamos, de regímenes con base ideológica totalitaria que, pese a sus diferencias de fondo, siempre condujeron y conducen a lo mismo, como lo vemos hoy en Venezuela.

 

Lo cierto es que, desde hace casi 3 lustros, tenemos montada una estrategia eficaz, foránea, en nuestra política interna. Tiene como base primaria al empalagoso socialismo, al pobrecismo e ignorantismo que lo acompaña. Y, luego, como segunda base, a la indetenible crisis de hambre e insubordinación popular que ello trae. Para ese evento, para esa crisis, tienen 15 años preparándose. ¿Cómo?

 

Las mandíbulas de la tenaza

 

Las bandas armadas, además de los uniformados oficiales, no estaban concebidas para reprimir a la clase media, que es la misma de abajo con unos reales más, sino para impedir o detener, llegada la crisis, una avalancha popular clara que, en otros tiempos, como en pocos países, se ha exhibido entre nosotros con factura masiva. Y el trabajo ha sido eficaz. No ha habido aún el pronunciamiento contundente del pueblo pobre debido a temores de violencia selectiva y precisa.

 

Estos elementos, típicos del comunismo, nazismo, fascismo y falangismo, han sido solo una mandíbula de la tenaza. La otra mandíbula es el factor fundamental: la preocupación de Castro por las FAN. Este fue un punto repetido hasta la terquedad, seguramente, por el jefe cubano. En todas las revoluciones comunistas, incluso antes, desde los mencheviques georgianos, hasta hoy día, la eliminación de los ejércitos tradicionales, sostenedores del "viejo" régimen, era y es un desiderátum impostergable. Y he allí el ejemplo del 11 de abril. Por eso es que, desde el 2002, se inició una política definida, de tratamiento especial de las FAN, entre diversas y draconianas medidas, con las noveles milicias. ¿El resultado? Ya lo tenemos.

 

El desenlace obligado

 

La segura crisis que ocurriría, para La Habana, y para los expertos economistas, trae, lo busquen o no, el desenlace violento. Eso no es nuevo o improvisado. El régimen no existiría, no solo por lo que dijo Capriles respecto a las instituciones secuestradas, sino por las tenazas ahogadoras sobre el pueblo en su base llana, por un lado, y en las FAN, por el otro. Los estallidos sociales traen necesariamente un pronunciamiento de estas, fatal para todo gobierno, y eso lo saben. De allí su insistencia anunciando el golpe. Y no están equivocados. Muchas han sido y son las razones para ese estallido y sus consecuencias lógicas, predecibles aunque indeseables.

 

El punto es, no obstante las estrategias de Castro desde el 2002, que las FAN todavía existen, pese a sus nefastos designios. Dirán ¡qué duro son los venezolanos!, ingenuos creyentes -unos pocos- de un florido comunismo, como alguien lo ha llamado ahora, que ni los cubanos ni nadie cree hoy en ello.