Cubanálisis El Think-Tank

ARTÍCULO ESPECIAL EN EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

Cuba en venta: “La Habana es ahora el gran pastel, y todos quieren un pedazo”

 

Desarrolladores de propiedades hacen fila para abalanzarse mientras Cuba abre sus puertas al mundo. Propuestas para el viejo puerto de La Habana son descritas como “Las Vegas se encuentra con Miami en el Caribe”. ¿Podrá la ciudad superar la tormenta comercial que tiene enfrente?

 

Oliver Wainwright, The Guardian

 

En el centro de La Habana, en el Parque Fe del Valle, al final de una calle llena de las escenas habituales de colas para la panadería y desgastados vehículos de 1950 andando entre montones de escombros, se encuentra una visión de una Cuba muy distinta. Cada banco, pared, basurero y cantero en esta plaza arbolada, está ocupado por cuerpos encorvados sobre computadoras portátiles y reunidos alrededor de smartphones, mientras que otros deslizan sus dedos por sus tabletas y gesticulan a sus pantallas.

 

Tres generaciones de una misma familia se amontonan alrededor de un teléfono, los niños luchan para ver quién va a usar los audífonos mientras que la abuela alza a un bebé para la cámara, para que familiares en Miami, que no han visto durante años, puedan inspeccionar al nuevo integrante de la familia. Cerca de allí, dos hermanos recorren Facebook para chequear las últimas consultas que han recibido para su negocio de alojamiento y desayuno, balanceando su laptop sobre un escritorio improvisado de cajas, mientras que un grupo de chicas adolescentes descargan música y practican movimientos de baile bajo un árbol.

 

Esta vívida escena, que parece una feria improvisada de tecnología de segunda mano, es el resultado de un nuevo fenómeno en Cuba: puntos de acceso o hotspots de Wi-Fi. En un país donde el Internet todavía está prohibido en hogares y revisar el email por una hora en un café puede costar casi el salario de una semana, la llegada de cinco zonas de Wi-Fi en La Habana ha sido poco menos que revolucionaria.

 

En una caminata nocturna se observa a la gente ascendiendo por La Rampa desde la orilla del mar hacia el barrio del Vedado, y montones de rostros fantasmales, iluminados sólo por el brillo de las pantallas. Estas rápidamente crecientes ambientes con Internet al aire libre también han dado lugar a una nueva economía informal. Revendedores de Wi-Fi vagan por las calles como vendedores de drogas, ofreciendo las tarjetas prepagadas de $2.00 de la compañía estatal de telecomunicaciones, pero vendiéndolas a $3.00 cada una, murmurando “¿tarjetas?” en lugar del habitual “¿hashish?”, “¿chicas?”. Quioscos y pequeños bares -empresas privadas que hubiesen estado prohibidas hace cinco años- han florecido para fomentar los pequeños grupos callejeros donde la gente se reúne para ver los últimos avances de Hollywood en YouTube.

 

“Estamos viendo toda una nueva calidad del espacio público”, dice Miguel Antonio Padrón Lotti, un profesor cubano de planificación urbana, quien trabajó en el Instituto Nacional de Planificación Física del país durante 45 años. “Los cubanos siempre han socializado en las calles, pero ahora podemos interactuar más ampliamente con el mundo al mismo tiempo.”

 

El mundo más amplio está llegando aquí en aluviones cada vez más grandes, y no sólo a través de internet. En las calles adoquinadas de La Habana Vieja, el hermoso y restaurado casco antiguo, puede ser difícil moverse entre los grupos de visitantes con paquetes turísticos. Siguen a sus guías que agitan sus banderas para que no se pierdan entre plazas llenas de pequeños cafés, arrastran los pies desde el Museo del Chocolate hasta estatuas de los antepasados y puestos de Victorinox y Diesel y tiendas boutique alojadas en majestuosas mansiones antiguas, donde se venden relojes hechos a mano por $ 12,000.

 

No hace mucho, todo esto se desmoronaba. Esta improbable transformación es la labor de la Oficina del Historiador de la Ciudad, un vasto departamento estatal de arquitectos y planificadores dirigido por Eusebio Leal Spengler desde 1981. Teniendo en sus manos increíble poder, nunca antes visto en un historiador de la arquitectura, equivalente al de un alcalde, ha ganado elogios de la UNESCO y de órganos de patrimonio mundial por lo que ha logrado aquí en los últimos 30 años, en contra de todas las probabilidades.

 

A principios de 1990, Leal persuadió a Fidel Castro de establecer una empresa estatal de turismo, Habaguanex: una compañía encargada del desarrollo de hoteles, restaurantes y tiendas. Significativamente, reinvertiría las ganancias en la restauración de edificios y calles abandonadas de La Habana, así como también organizar proyectos sociales e instalaciones comunitarias. Era un modelo sagaz de tácticas capitalistas desplegado para fines socialistas, que vio a la oficina de Leal canalizar más de quinientos millones de dólares para el casco antiguo. Actualmente la compañía controla un imperio creciente de 20 hoteles, 40 restaurantes y 50 bares y cafeterías, así como decenas de boutiques de alta gama.

 

Pero fuera del circuito turístico de las cuatro plazas principales y las rutas peatonales cuidadosamente pavimentadas que serpentean entre ellos, dos tercios del casco antiguo permanecen en un peligroso estado. La revolución de Castro fue fundamentalmente anti-urbana, centrándose en la reestructuración de la economía rural a expensas de la capital colonial, y las consecuencias son claramente visibles. Mire un poco más allá de las fachadas recién pulidas de los edificios y encontrará todavía familias que han vivido varias generaciones en una habitación de esos edificios que amenazan con derrumbarse sobre ellos en cualquier momento.

 

Aunque la mitad de las ganancias de Habaguanex están dirigidas a iniciativas sociales -incluyendo clínicas, escuelas, bibliotecas y hogares de ancianos- las renovaciones han tenido un precio, ampliando las divisiones entre beneficiados y miserables. Muchos de los antiguos residentes de estos grandes edificios históricos han sido alojados nuevamente lejos del centro, en los detestados suburbios en las afueras de Alamar y Habana del Este, más allá de la bahía hacia el este. Más habitantes serán desplazados mientras la presión para dar cabida a visitantes extranjeros sigue aumentando.

 

Un propietario de un café del barrio, que vivía en un edificio histórico en el casco antiguo junto con otras 20 familias, ahora tiene que viajar dos horas al día para llegar al trabajo, ya que su antigua casa fue renovada. Pero tiene sentimientos encontrados acerca de las consecuencias. “Los turistas pueden estar empujándonos más lejos”, dice, “pero también están trayendo el dinero que desesperadamente necesita la ciudad y el edificio estaba a punto de caer de todos modos”.

 

Siendo parte de la creciente industria de los restaurantes, se beneficia recibiendo pagos en la moneda que los extranjeros tienen que utilizar en la isla -el peso convertible o CUC- el cual, equiparado al dólar estadounidense, es 25 veces más valioso que la moneda local, el peso cubano (CUP). Es un abismo que efectivamente ha creado dos clases de ciudadanos en esta supuesta tierra de iguales: los que tienen acceso a divisas fuertes, y los que no. “La vida es mejor si se trabaja para los turistas”, es como lo ve un conductor de bicitaxi, mientras dos estadounidenses luchan por salir de su cabina de fibra de vidrio, añadiendo una generosa propina a la tarifa que ya está sobrevalorada desde un principio.

 

Más de 3 millones de turistas visitaron Cuba el año pasado, estimulados por un fuerte incremento en el número de visitantes de Estados Unidos, que ha aumentado en casi un 40% desde que Obama marcó el comienzo de un deshielo en las relaciones diplomáticas a finales de 2014. Los ciudadanos americanos en la actualidad tienen oficialmente prohibido viajar aquí simplemente por turismo, pero las categorías autorizadas para  viajar a “apoyar al pueblo cubano” y por “actividades de persona a persona” son lo suficientemente vagas como para permitir prosperar a los operadores turísticos. El gigante americano de cruceros, Carnival, ya está planeando llevar cruceros con “temas culturales” desde mayo, por lo que sería la primera compañía de cruceros en visitar Cuba desde el embargo comercial de 1960. Según el FMI, con el fin del embargo se podría ver tanto como 10 millones de turistas estadounidenses al año - un diluvio para el que los fracturados y desmoronados huesos de La Habana no se encuentran preparados.

 

“La infraestructura no ha alcanzado el nivel para hacerle frente a esos números”, dice Belmont Freeman, un arquitecto cubano-americano que reside en New York y ha hecho frecuentes viajes a La Habana en los últimos 15 años. “La ciudad está deplorablemente desatendida para hoteles, e incluso si se construyeran más, los servicios no podrían abastecerlos. El sistema básico de acueductos no ha sido reconstruido desde la década de 1920 - todavía pierde alrededor del 50% en derrames.

 

Sin embargo, esto no parece ser un obstáculo en el camino de los promotores de hoteles de lujo, que tienen sus miras puestas en oportunidades en toda la ciudad. En el lado este del Parque Central, apenas visible a través de una nube de polvo de construcción de vías cercanas, destaca la fachada señorial del edificio Manzana de Gómez, una mole clásica que ocupa toda una manzana de la ciudad, construido como el primer centro comercial de Cuba en 1910. Ahora, totalmente sin artificios, se sostiene como un misterioso cascarón sin ventanas, a la espera de ser reemplazado por un opulento Hotel Kempinski de cinco estrellas con planes de abrir a finales de este año.

 

A la vuelta de la esquina, el Hotel Packard está siendo restaurado y expandido de manera similar por el arquitecto español Rafael Moneo para Iberostar. Más al norte, cerca del centro turístico de playa de Varadero, la promotora inmobiliaria británica London & Regional ha revelado sus planes para La Carbonera Club, una urbanización de lujo de $500 millones con 1,000 residencias con diseños Conran construidas alrededor de un campo de golf de 18 hoyos. Aprovechando el reciente relajamiento en las regulaciones, esto permitirá por primera vez a extranjeros tener propiedades en la isla frente al mar. Cadenas estadounidenses como Marriott y Hilton no pueden hacer nada más que babearse a tan sólo 100 millas a través del Estrecho de Florida, a la espera del levantamiento del embargo.

 

“Le doy dos años, como máximo”, dice Freeman. “Va a ser el interés empresarial de EEUU lo que finalmente va a presionar al Congreso a levantar el embargo - todos están enloqueciendo por estar excluidos de este mercado”. Arquitectos y promotores americanos ya están en la lucha por ser los primeros en la fila, listos para saltar sobre las oportunidades de inversión cuando cese el embargo. Frank Gehry navegó a La Habana en diciembre, a bordo de un yate aerodinámico que diseñó para sí mismo, con la finalidad de “ofrecer su pericia a Cuba”, según un comunicado del gobierno.

 

“Ustedes saben que Cuba está en el centro de atención de muchas personas”, dijo Gehry a la multitud reunida. “Y en el futuro inmediato atraerá a muchos inversionistas - en particular a los del sector turístico. Pero estoy seguro que ustedes sabrán manejar  cuidadosamente esos proyectos “.

 

Jorge Pérez, un cubano-americano y magnate inmobiliario, con sede en Miami, realizó una visita a La Habana en ocasión de la bienal de arte el año pasado. “Me encantaría que me dejaran ser el que desarrolle todo esto”, dijo al diario de Miami El Nuevo Herald a su regreso. “Creo que podría cambiar la Habana en 10 ó 20 años. Si ellos abrieran las cosas y pudiera construir un condominio de lujo en el Vedado, lo vendería en dos horas aquí en Miami”.

 

Este es el tipo de perspectiva que preocupa a Miguel Padrón, quien no está seguro de que La Habana esté lista para hacer frente a lo que los promotores propongan para ella. “Vamos a tener muchas divas y divos que llegarán con sus excelentes pinturas”, dice. “Pero como sociedad necesitamos desesperadamente mejorar nuestra capacidad de debatir y discutir estos planes. El desafío es cómo capturar el potencial del mercado de manera correcta, aprender a negociar con los inversionistas extranjeros. La Habana es ahora el gran pastel - y todos quieren un pedazo”.

 

Todos los ojos se centran en la propia bahía de La Habana, que una vez fue la fuente de la inmensa riqueza de la ciudad y ahora es el lugar de donde los inversores esperan extraer una recompensa mayor aún. Con la apertura de un nuevo puerto de $900 millones en Mariel, a 30 millas al oeste de La Habana -construido con la ayuda de Brasil- el puerto viejo representa ahora la próxima gran oportunidad de desarrollo: un revoltijo de ruinas y almacenes abandonados junto con destrozados fragmentos de fábricas.

 

“El puerto es el embrión de la ciudad”, dice José Antonio Choy López, un arquitecto cubano miembro del consejo de UNAICC, Unión Nacional de Arquitectos e Ingenieros de la Construcción de Cuba, organismo encargado de la evaluación de los planes para el puerto. Como uno de los mejores puertos naturales de las Américas, protegido por impresionantes fortificaciones en el siglo 16, era donde los galeones españoles se reunían, repletos de riquezas saqueadas del Nuevo Mundo, antes de navegar de nuevo a Europa en convoyes protegidos. Enormes cantidades de oro y plata, además de alpacas de los Andes, esmeraldas de Colombia y caoba de Guatemala, fueron negociados aquí, trayendo consigo ganancias que originaron los edificios, casi palacios, de La Habana. “Fue una encrucijada cultural, la razón para el carácter cosmopolita de la ciudad”, dice Choy. “Y su reconstrucción es ahora el proyecto más importante que enfrenta Cuba en este siglo.”

 

Para un proyecto tan importante, muy poco se conoce realmente acerca de los planes. No es que el sentido del misterio sea inusual. En Cuba las cosas rara vez son anunciadas hasta que realmente suceden. “Ellos nunca publican objetivos aquí”, dice un diplomático extranjero, “porque por lo general nunca los cumplen”.

 

Choy introduce propuestas para convertir el puerto en un centro de “cultura y recreación”: la innecesaria planta eléctrica de Tallapiedra podría convertirse en una galería de arte, en el estilo de Tate Modern de Londres, mientras la refinería de petróleo Ñico López, al otro lado de la bahía, donde una chimenea todavía expulsa espeso humo negro 24 horas al día, podría ser convertida en una nueva ciudad de ciencia y tecnología. Se habla de transformar una línea de ferrocarril elevada en un “parque lineal”, como la High Line de New York, así como también hay planes para un nuevo gran centro de transporte junto a la antigua estación de ferrocarriles.

 

Realizado con acierto podría tener una calidad similar a proyectos de revitalización tales como el Muelle de los Pescadores de San Francisco o la V & A Waterfront de Ciudad del Cabo; los elegantes almacenes con marcos de acero reutilizados con una intervención mínima. Uno de estos almacenes ya ha renacido como mercado de artesanías, mientras otro recientemente reabrió como restaurante y cervecería.

 

Sin embargo, el futuro de este tipo de empresas, posterior al embargo, podría ser precario, dada la compleja historia de la propiedad de tierra aquí. Una empresa de transporte de Estados Unidos tiene una reclamación de $850,000 en un tramo de un kilómetro de la línea de costa, incluyendo el edificio de la cervecería, que dice que se les quitó a ellos después de la revolución. Lo mismo ocurre con muchos de estos edificios en toda la ciudad y más allá, debido a que el valor de los reclamos de Estados Unidos por bienes confiscados es de un total de casi $8 mil millones, incluyendo desde hace mucho tiempo los grandes reclamos de Exxon, Texaco y Coca-Cola. A pesar de las negociaciones diplomáticas, el tema de las compensaciones aún no ha sido resuelto.

 

Tampoco hay garantía de que las próximas etapas de la remodelación del puerto sean tan sencillas como las renovaciones de los almacenes terminadas hasta el momento. La Habana podría encontrarse con una catapulta que la lleve de tener muy poco dinero a tener demasiado y muy rápido, con todas las consecuencias habituales. Un conocedor de las interioridades describe las propuestas de algunos promotores extranjeros para el puerto como: “Las Vegas se encuentra con Miami en el Caribe”.

 

Freeman es más optimista. La Habana se salvará de los peores efectos de la especulación comercial, piensa, por una combinación de la glacial burocracia cubana y un feliz accidente. “Nada ocurrirá muy rápidamente, por la sencilla razón de que se necesita un mínimo de tiempo para por lo menos hacer algo”, dice. “Otros países han intentado desarrollar proyectos en Cuba durante décadas y han sido bloqueados desde el principio por los controles escleróticos del país sobre todo aspecto de la actividad económica”. El puerto también estará protegido del “Síndrome de Venecia”, es decir, que grandes barcos o cruceros encojan o hagan ver como enana a la ciudad por sus imponentes rostros apilados en cabinas, dice, porque los barcos simplemente no hallarán profundidad para entrar. Un túnel se encuentra a lo largo del fondo de la bahía desde la década de 1950, un gran tubo de concreto que hace que resulte poco profunda para que puedan pasar.

 

Al otro extremo de la escala de los grandes planes frente al mar, hay señales en toda la ciudad de un nuevo desarrollo inmobiliario. Los andamios cubren la mayor parte de La Habana Vieja, pero ya no solo rotulan los trabajos del Historiador de la Ciudad. Cambios recientes en las leyes de propiedad, que han permitido a los cubanos comprar y vender sus casas por primera vez en años, a la par con una flexibilización de las normas estadounidenses de cuánto dinero puede enviar un cubanoamericano a su familia en Cuba, han dado lugar a una microindustria de bienes raíces independiente y actualizada. Familias con acceso a divisas extranjeras están reconstruyendo edificios caídos a pedazos y alquilándolos para vacaciones (posible a través de Airbnb desde el año pasado) o vendiéndolos - creando una próspera nueva clase en el proceso.

 

Es un cambio en la legislación que las empresas extranjeras se han apresurado a aprovechar. Actualmente, Choy está dando los toques finales a la renovación de un edificio frente al mar, en estrecha colaboración con Cuba Real Tours - una de un número creciente de compañías que desarrollan boutiques de moda en la ciudad.

 

Se han topado con la principal dificultad de cualquiera que intente construir en Cuba: la escasez de materiales. La cristalería no se produce en la isla todavía, por lo que cada ventana debe ser importada - y el límite aduanero de cuatro ventanas o dos puertas por persona implica que estas remodelaciones a pequeña escala frecuentemente conllevan a conseguir amigos y familiares que puedan ayudar.

 

Pero por supuesto que estos obstáculos no han limitado a los aspirantes a promotores, o el nivel de calidad que pueden lograr con un poco de ingenio cubano. Freeman cuenta sobre un “alucinante” día que pasó con un bisoño agente inmobiliario de La Habana recorriendo asombrosas casas de la década de los 50 que han sido espléndidamente reconstruidas y que ahora se ofrecen por cantidades de hasta $800,000.

 

En otros lugares hay penthouses a precios de más de US $2 millones, aunque realmente nadie sepa cuál sería su verdadero valor: no hay puntos de referencia ni tampoco sector hipotecario. En vez de eso, las personas se reúnen al final del Paseo del Prado y se paran allí con carteles escritos a mano colgados del cuello, mostrando desteñidas fotos de apartamentos en venta y comparando precios en manoseadas libretas. Esta es una de las tantas extrañas escenas que se pueden observar en La Habana del micro-capitalismo funcionando - que evidentemente no será micro durante mucho más tiempo.

 

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Traducción del inglés por Redacción Runrunes, Venezuela

Correcciones a la traducción y edición de estilo en español a partir del original en inglés para esta edición de Cubanálisis-El Think-Tank: Eugenio Yáñez