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ARTÍCULO ESPECIAL EN EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

Congreso del PCC entre la indiferencia y los reproches del cubano de a pie

 

Iván García Quintero, La Habana, en Diario Las Américas 

 

A siete días de inaugurarse la máxima reunión de los comunistas cubanos, son pocos los habaneros que le prestan atención al evento.

 

Yordanka y dos amigas matan el tiempo fumando cigarrillos negros con filtros, comiendo rositas de maíz y coqueteando sin discreción con los chicos que pasan frente a la entrada del preuniversitario de La Víbora, a unos 15 minutos en auto del centro de La Habana. Con sus uniformes de sayas-shorts azules, están sentadas en la escalinata de la escuela. Son las dos de la tarde de un día brillante y caluroso de abril.

 

Cuando usted les pregunta qué esperan del VII Congreso del Partido Comunista, a celebrarse dentro de una semana, te miran como a un marciano recién llegado a tierra.

 

"¿Qué congreso? -pregunta Danay-. Es que todos los días en Cuba hay una reunión. Son tantas, que ya aburren". "¿Y qué cosas van hablar ahí que a nosotras nos importe? Esos congresos sólo le interesan a la gente que pertenece al partido. Yo ya no soy ni pionera", comenta Eliana. Y en el grupo estalla una risotada.

 

"En el próximo congreso del partido, les digo, se va a debatir sobre los lineamientos implementados en el congreso anterior, también un plan hasta el año 2030 que, de una forma u otra, afectará o beneficiará la vida de los cubanos".

 

"Para esa fecha, si Dios quiere, no estaré en Cuba", responde Yordanka.

 

"Ese teque es para viejos, como mi abuelo, que ven por la televisión la mesa redonda. Los jóvenes estamos para otra onda", agrega Danay.

 

A siete días de inaugurarse la máxima reunión de los comunistas cubanos, son pocos los habaneros que le prestan atención al evento. Debates, muy pocos, por no decir ninguno, entre los cubanos que desayunan sólo café. A los adolescentes y jóvenes en edades comprendidas entre 13 y 18 años, les resbala la magna cita comunista.

 

Mirela, alumna de octavo grado en la secundaria Eugenio María de Hostos, recuerda que escuchó algo sobre el tema en un matutino escolar.

 

"La directora dijo que ese congreso es muy importante. Pero no recuerdo por qué es importante. A mí ni pito ni flauta, en mi casa nadie habla sobre ese tema", acota.

 

A Daniel, estudiante universitario, tampoco le interesa el congreso, pero está mejor informado:

 

"¿Qué han resuelto los seis anteriores? Nada. En un blog leí que los temas a debatir no se han discutido con los militantes del partido ni con la población. En Cuba, el partido, la prensa y las instituciones políticas se han convertido en puro formalismo".

 

Nivaldo, chofer de un taxi colectivo que a diario hace viajes desde La Palma al Vedado, sonríe cuando se le preguntan los beneficios que podría traer el próximo congreso a los cubanos. "Ninguno. O muy pocos. ¿Van a bajar los precios del agro y las tiendas por divisas? ¿Construirán más casas? ¿Mejorarán los salarios, el transporte y el abasto de agua? Lo dudo", afirma.

 

La mayoría de las personas consultadas se muestran indiferentes a la celebración del VII Congreso. Quizás el mayor interés sea conocer si Raúl Castro renunciará al cargo de Primer Secretario del Partido Comunista.

 

"Eso daría una pista sobre si de verdad se va a retirar en 2018, pues el octavo congreso se realizaría en 2021. Y, para esa fecha, si Raúl está vivo y cumple con su palabra, ya estaría jubilado", razona Bernardo, bodeguero.

 

Carlos, sociólogo, considera que la amplia apatía de los cubanos hacia la política tiene una lógica cartesiana.

 

"Son casi 60 años con una narrativa de ciencia ficción. Desde aquellos discursos de Fidel asegurando que tendríamos más leche y carne que Holanda, hasta prometer un nivel de vida superior a Nueva York. Demasiadas mentiras, fantasías y fanfarronadas. La otra cara de la moneda es que cada día la vida es más cara, hay más burocratismo y corrupción y las instituciones funcionan peor. La gente está cansada de todo eso", comenta.

 

La economía de comando y el voluntarismo de la autocracia de los hermanos Castro no encuentran el rumbo. Incluso las tímidas reformas económicas siguen estando incompletas y se cumplen a medias o no se cumplen.

 

El Gobierno reconoce que sólo el 21% de los 313 lineamientos de la economía se han cumplido. Nadie, o pocos, saben cuál es el derrotero que toma Cuba.

 

En teoría, es una sociedad regida por el marxismo con una economía planificada. Pero en la práctica, el Estado es más voraz que el peor de los capitalistas. Y, encima, ineficiente. La isla importa más de $2.000 millones en alimentos, mientras una amplia extensión de tierras se desbordan de marabú y miles de vacas mueren de hambre y sed.

 

La naranja y la papa se han convertido en alimentos de lujo. La carne de res, pescados y camarones también son inalcanzables para la mayoría. La economía clandestina es más eficiente que la real. Los negocios privados funcionan mejor que los servicios estatales. Muy pocos en La Habana conocen el nombre del primer secretario en su municipio. Ni siquiera el nombre de la primera secretaria en la provincia.

 

Habaneros como Héctor, militante del Partido Comunista, critican los procedimientos y el secretismo en la preparación del VII Congreso.

 

"Muchos militantes de base no estamos de acuerdo con la manera en que el Gobierno lo ha preparado. Se ha discutido el documento sólo con los 1.000 delegados que asistirán al cónclave. El resto de la población y los militantes no contamos para el Gobierno. Cada día, el Gobierno se distancia más de la gente", señaló.

 

Probablemente, el VII Congreso se siga con más atención en Washington que en Cuba. Ben Rhodes, asesor del presidente Obama y uno de los arquitectos de la nueva política hacia la isla, aseguró a cuatro periodistas independientes, el 22 de marzo, "que la Casa Blanca le daría un seguimiento especial al Congreso".

 

A pesar de que la cita comunista pudiera ser el principio del fin de un régimen gobernado por el apellido Castro, los cubanos de a pie no esperan grandes cosas de sus discusiones y acuerdos.

 

Puede que el futuro sea más castrismo, pero sin Castro.