Cubanálisis El Think-Tank

ARTÍCULO ESPECIAL EN EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

 

 China: ¿el Socialismo de Mercado, fase de transición al Capitalismo?

 

Ricardo Chirinos Bossio (*)

 

Administra el imperio no participando en ninguna actividad.

Entre más tabúes y prohibiciones haya en el mundo,

Más pobre será la gente.

Entre más prominentes sean las leyes y las órdenes,

Más ladrones habrá.

Entonces, el sabio [gobernante] dice:

Yo no tomo ninguna acción y la gente por sí misma se transforma.

Yo no me involucro en ninguna actividad y la gente por sí misma se hace próspera.

 

                                                                                                                       Lao Tzu

 

 

Uno de los temas que aún no ha sido abordado críticamente en este proceso de cambios -y que tarde o temprano, será un fenómeno con el que tendrán que enfrentarse las llamadas fuerzas revolucionarias de nuestro país-, es el que tiene que ver con la forma económica que ha de asumir la sociedad durante el período de transición que seguirá al derrocamiento del capitalismo. Muchos llaman a este período de transición Socialismo. Y aunque los fundadores del Materialismo Histórico (Marx y Engels) no desarrollaron una teoría sistemática sobre el tipo de organización económica que habría de asumirse durante esta etapa, la discusión de esta problemática se hace impostergable, puesto que la misma determinará el triunfo o no de la revolución socialista en nuestro país.

 

 

Ciertamente, la experiencia histórica muestra claramente que la supervivencia de las categorías monetarias y de mercado parece ser un hecho inevitable en el período de transición del capitalismo al socialismo. Sin embargo, esta supervivencia es peligrosa pues trae consigo una serie de consecuencias económicas y sociales que entran en contradicción con los imperativos de una sociedad que está construyendo el socialismo. Esto se debe a que la supervivencia de la economía monetaria y de mercado permite el mantenimiento de las antiguas formas de alienación (división social del trabajo, explotación de la fuerza del trabajo, apropiación de la plusvalía, etc.) originando, a su vez, nuevas formas de alienación. Como por ejemplo, la burocratización del estado y la sociedad, la persistencia y resurgimiento del deseo hacia el enriquecimiento privado, entre otras.

 

Para algunos, la supervivencia de estas categorías es el resultado de la necesidad de desarrollar al máximo (aun a riesgo de reforzar instancias burguesas aún presente en la sociedad) unas endebles fuerzas productivas, para que, una vez desarrolladas, produzcan abundancia y luego desencadenar una lucha contra el egoísmo individual. Este parece ser el enfoque asumido por los “socialistas” chinos con su famoso “socialismo de mercado”. Es decir, en lugar de concentrarse en un proceso de creación de nuevas relaciones de producción y nuevas normas de distribución, los líderes del partido comunista chino, con Deng Xiaoping a la cabeza, decidieron –después de la revolución cultural- centrar sus esfuerzos en el desarrollo de las fuerzas productivas mediante la implementación de una “economía mercantil planificada”.

 

Sin embargo, la historia ha demostrado que no existe razón alguna para pensar que el desarrollo de las fuerzas productivas derivará automáticamente en la desaparición del egoísmo individual, por el contrario, pareciera más razonable suponer que el hecho de centrar la gestión económica durante un largo período de tiempo (los chinos sostienen que se encuentran en la fase primaria del socialismo y permanecerá en ella hasta finales del siglo XXI) en consignas como “enriquecerse es glorioso”, creará pautas de comportamiento social completamente alienadas. De hecho, la experiencia económica y social de la antigua URSS y los países del “Bloque de Este”; así parecen confirmarlo.

 

Ahora bien, sabemos que la existencia de relaciones mercantiles será inevitable en este período de transición. Sabemos también el riesgo que ellas representan. Este es el punto que es necesario evaluar, ¿Puede construirse el socialismo usando la economía capitalista y sus métodos de explotación? ¿En la construcción del socialismo en China ha resultado mejor el llamado “socialismo de mercado” o el socialismo que se construía hasta 1976? ¿Qué es lo determinante para esta construcción, el aspecto económico o el aspecto político?

 

Una breve descripción de estos 60 años de construcción del socialismo en China puede que nos proporcione, algunas claves al respecto:

 

Es un hecho conocido, que después de la revolución de 1949, y pasados unos primeros años en que se imitó bastantes a los soviéticos, los comunistas chinos empezaron a experimentar sus propias “vías” en la construcción del socialismo. Muchas de las opciones que tomaron constituyeron críticas en “estado práctico” a las posiciones tomadas por Stalin en la Unión Soviética. Si bien es cierto, que Stalin participaba de la idea (generalizada incluso entre los propios comunistas de Europa) de que las clases explotadas desaparecerían al desaparecer la propiedad privada en el plano jurídico. Mao evitó caer en ese error. Para él la pervivencia de la burguesía (y no sólo de la antigua), de sus prácticas, su ideología y sus representantes políticos, era el reflejo natural de la existencia de rasgos capitalistas en el terreno de la producción (y por lo tanto de la superestructura) lo cual justificaba la necesidad de una “Revolución Cultural”.

 

Por supuesto que Stalin desencadenó violentas y sangrientas campañas políticas de depuración, pero concibiendo las “desviaciones” más como una enfermedad que como las concebía Mao: el reflejo de la existencia de relaciones de producción capitalistas, “en decadencia sí, pero no aniquiladas aun”. De aquí que para Mao Zedong las derivaciones políticas sólo tuvieran sentido como un aspecto más de un trabajo de “eliminación progresiva” de las relaciones de producción capitalista y sus inevitables secuelas ideológicas. En un discurso ante el Congreso Nacional del Partido Comunista Chino dijo: “En nuestro país, subsistirá por un largo tiempo la ideología burguesa y pequeño burguesa, la ideología anti-marxista. Se ha establecido en lo fundamental el sistema socialista, hemos obtenido la victoria básica en la transformación de la propiedad de los medios de producción, pero todavía no hemos logrado la victoria completa en los frentes políticos o ideológicos. En el terreno ideológico, todavía no se ha resuelto en definitiva la cuestión de quién vencerá: el proletariado o la burguesía. Aún debemos sostener una lucha prolongada contra la ideología burguesa y pequeño burguesa. Es erróneo ignorar esto y abandonar la lucha ideológica. Todas las ideas erróneas, todas las hierbas venenosas y todos los monstruos y demonios deben ser sometidos a crítica. En ninguna circunstancia podemos tolerar que cundan libremente. Sin embargo, la crítica debe ser plenamente razonada, analítica y convincente, y no burda, burocrática, metafísica o dogmática”.

 

Más tarde diría sobre las relaciones de producción de tipo capitalista aún vigentes: “Pero nuestro sistema socialista acaba de instaurarse, aún no está cabalmente establecido ni consolidado por completo. En las empresas industriales y comerciales de tipo mixto, estatal-privado, los capitalistas reciben aún un dividendo fijo, es decir, aún existe la explotación en cuanto a la propiedad se refiere, las empresas de este tipo aún no tienen un carácter completamente socialista”.

 

Sin duda, el tema de las relaciones entre las fuerzas productivas y las relaciones de producción y del papel de la lucha de clases en la transformación de éstas últimas, fue el problema de fondo en el que se encontraron enfrentados los socialistas chinos con los socialistas rusos. Si bien es cierto que los primeros estaban conscientes que la subsistencia de categorías económicas de tipo capitalista eran inevitables por algún tiempo bajo el socialismo; no es menos cierto, que siempre tuvieron en cuenta el peligro real que estas categorías representaban para el sistema. En este sentido, el argumento fundamental en que se basaban a la hora de hacer sus críticas a los socialistas rusos, era que todas aquellas medidas encaminadas a fortalecer la acción del mercado sólo contribuían a fortalecer al capitalismo y no al socialismo.

 

Según ellos, lo que sucedería en los Estados que constituían el “bloque de Europa Oriental” era que, ante las dificultades originadas por el centralismo burocrático y administrativo, en vez de ser superadas por medio de una revolución cultural, se había preferido acentuar el papel del mercado y del beneficio material, eligiendo a través de esta vía una vuelta segura al capitalismo. Jean Baby, amparándose en esta tesis hecha por los chinos, decía refiriéndose a la acentuación que los soviéticos le estaban dando al papel del mercado y los beneficios del mismo: “No era menos inevitable que en el transcurso de esta evolución la búsqueda de los intereses materiales inmediatos, tanto en los campesinos como en los obreros y en los intelectuales fuera imponiéndose a la primacía de los socialistas por el desinterés, la solidaridad y el ardor por el trabajo. Lejos de oponerse a esta tendencia, los dirigentes soviéticos no cesaron, durante todo este período de enaltecer los méritos del interés material y, finalmente, de poner en primer plano la búsqueda del beneficio como motor del desarrollo económico. Esto es lo que los chinos llaman la vía capitalista y no se le puede dar otro nombre, pues entre el capitalismo y el socialismo no hay tercer camino. Los que retroceden ante las exigencias de la edificación socialista acaban, después de una evolución más o menos larga, por volver al capitalismo, con todos sus horrores, aun si las formas externas están modificadas”.

 

Para Mao, lo que caracterizaba la etapa de transición al socialismo era la transformación en propiedad de Estado de los principales medios de producción. Pero, esta estatización, según él, no era todavía una socialización, tal como la habían descrito Marx Y Engels, en la que ya no existían intercambios de mercancía ni circulación de dinero. Para Mao, si existía algo, que podía caracterizar realmente al socialismo, no era la existencia o no de relaciones mercantiles, es decir, el aspecto económico, sino el aspecto político, es decir, la existencia de la dominación de la Dictadura del Proletariado. En este sentido, afirmaba Mao: “¿En qué momento se puede decir que ha concluido la construcción del socialismo? Hemos formulado dos criterios. 1.- El logro de la construcción del socialismo se manifiesta por la aplicación general del sistema socialista de la propiedad de todo el pueblo. 2.- Cuando el sistema de la propiedad de todo el pueblo haya reemplazado al sistema de la propiedad colectiva de las comunas populares”. Más adelante dice: “¿Cuál es el significado del sistema general de la propiedad de todo el pueblo? Este sistema significa: 1.- que los medios de producción de la sociedad pertenezcan a todo el pueblo. 2.- que los productos de la sociedad pertenezcan a todo el pueblo. ¿Cuál es la naturaleza de la comunidad popular? Esta es la unidad de base de la estructura social china que reúne a obreros, campesinos, soldados, intelectuales y comerciantes. La comuna popular es la mejor forma de organización para la realización de los dos pasos: El paso del socialismo de hoy al sistema general de la propiedad de todo el pueblo al comunismo, después de estos dos pasos, la comuna popular constituirá la estructura de base de la sociedad comunista”.

 

Como puede apreciarse, Mao pensaba que mientras perdurasen las categorías económicas de tipo capitalista, continuará inevitablemente la lucha de clases. El hecho de que se siga la vía socialista o la capitalista, será el resultado de esta lucha. Si el Partido, sostenía, mantiene una práctica social proletaria, las relaciones mercantiles desaparecerán poco a poco, las relaciones socialistas dominarán a las mercantiles y, se producirá una regulación social de la economía.

 

Sin embargo, si el Partido pierde su ideología proletaria, sino se produce un dominio de las relaciones planificadas sobre las mercantiles, las unidades económicas se harán cada vez más autónomas y la planificación se convertirá en un simple simulacro. En estas condiciones, sostenía Mao, la propiedad de Estado estará controlada por una nueva clase burguesa. Siendo, por lo tanto, el desarrollo o retroceso de éstas formas mercantiles la que determinará la consolidación de la burguesía o del proletariado.

 

Paradójicamente, fue esta argumentación la que llevó a los chinos a sostener que tanto en la Unión Soviética, como en los demás países de su bloque, el dominio de una nueva clase burguesa había sido instaurado y, que por lo tanto, la fase de transición hacia el socialismo había acabado en un simple reestablecimiento del capitalismo.

 

Hoy, la caída de la URSS, del “Bloque socialista del Este” y el famoso “milagro” chino pareciera darle la razón a Mao. En el caso de China, se ha puesto en marcha la superexplotación capitalista de una mano de obra superbarata, formada por cientos de millones de campesinos pobres que han huido de la miseria rural para caer en una semiesclavitud capitalista urbana, al servicio de los burócratas, los nuevos empresarios y el imperialismo, especialmente el yanqui.

 

La burocracia del PC chino ha impuesto este tremendo retroceso en nombre del “socialismo a la china” y con enormes carteles de Mao, Marx y Lenin en sus desfiles. Un país con una economía capitalista bajo el control absoluto de un partido que dícese llamar “comunista” y que se autoproclama marxista. ¡Semejante contradicción!

 

Creemos, que en una economía de transición, donde prevalezca la democracia socialista, ha de ser la clase obrera –en libre asociación- la que determine el rumbo que ha de tomarse y las prioridades que deben asumirse. Sólo de esta manera, será posible la eliminación de la diversas formas de alienación de los trabajadores (no puede concebirse el socialismo fuera de esta meta). Por lo que, difícilmente, bajo la dirección de una burocracia omnipresente y la despótica e invisible mano del mercado -cada vez más predominante-, sea posible alcanzarla. En este sentido, no creemos, que el despotismo burocrático y la anarquía del mercado puedan ser consideradas una alternativa revolucionaria en este período de transición. Pues, el socialismo que aspiramos, como bien la afirma Castoriadis, “No es ni el crecimiento económico, ni el consumo máximo, ni el aumento de un tiempo libre (vacío) en cuanto tales; sino la restauración, o mejor dicho, la instauración por primera vez en la historia de la dominación del hombre y la mujer sobre sus actividades y, por tanto, de su principal actividad: el trabajo. Se refiere a la transformación de todos los aspectos de la vida y en particular a la vida diaria, la primera de los asuntos importantes”.

 

 

(*) Docente universitario, Venezuela