Cubanálisis El Think-Tank

ARTÍCULO ESPECIAL EN EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

 Canales traseros:

el exiliado que se entrevistó con Castro y luego despachó con el FBI

 

Rolando Cartaya, Martínoticias

 

El relato del informante -nunca identificado en el texto- es el foco de un memorándum entre Robert Pastor y Zbygniew Brzezinski, altos asesores del entonces presidente Jimmy Carter. Para algunos exiliados, sin embargo, los datos ofrecidos bastan para conocer su identidad.

 

A través de la turbulenta historia de las relaciones Estados Unidos-Cuba, de 1959 en adelante los dos gobiernos conversaron periódicamente en secreto. De los ejemplos más notorios están la entrevista Alexander Haig-Carlos Rafael Rodríguez en México, en diciembre de 1981; las conversaciones Peter Tarnoff-Ricardo Alarcón, en Canadá, durante la crisis de los balseros de 1994; las negociaciones desde mediados de 2013 entre Ben Rhodes y Alejandro Castro Espín, en Canadá y El Vaticano, que condujeron al deshielo.

 

En muchos casos esas charlas fueron precedidas por mensajes portados por una variedad de emisarios. Por ejemplo, el escritor colombiano Gabriel García Márquez entregó un mensaje de Fidel Castro al presidente Bill Clinton en agosto del 94 que conduciría a la solución del éxodo marítimo y a un acuerdo migratorio.

 

En ciertos casos los mensajeros fueron autodesignados. Martí Noticias reseñó recientemente la historia de la periodista de la cadena ABC Lisa Howard, quien se convirtió en amante de Castro y se esforzó por conectar a su amado y temperamental dictador con la administración de Lyndon B. Johnson.

 

Una de estas historias de puerta trasera llamó la atención de cubanos y cubanoamericanos después que en 2016 decenas de documentos sobre la política exterior estadounidense hacia México, Cuba y el Caribe en el período 1977-1980 fueran desclasificados por la Oficina del Historiador del Departamento de Estado.

 

Se trata de un intrigante memorándum enviado a principios de 1980 por Robert Pastor, una de las personas más allegadas al presidente Jimmy Carter, y entonces miembro del Consejo de Seguridad Nacional, al Asesor de Seguridad Nacional, Zbigniew Brzezinski.

 

El foco del memo es la información declarada a la Oficina Federal de Investigaciones (FBI) por un exiliado cubano, antiguo amigo de Fidel Castro, acerca de un encuentro de cuatro horas que sostuvieron ambos en La Habana el 10 de noviembre de 1979, según la fuente, a solicitud del gobernante.

 

“No veo por qué no podríamos usarlo”

 

Esto ocurría con el trasfondo de las elecciones primarias estadounidenses en 1979 y los intentos de Carter por normalizar las relaciones con Cuba, que condujeron a la apertura de respectivas Oficinas de Intereses, los indultos con exilio de más de 3.000 presos políticos cubanos, y los llamados “vuelos de la comunidad”.

 

El prurito normalizador con La Habana del presidente estadounidense se vio frenado especialmente por la intervención cubana en África, y en menor medida por la ayuda de La Habana a los sandinistas en Nicaragua y la detección por la inteligencia estadounidense de una brigada de combate soviética en Cuba. Castro, por otra parte, recién había asumido la presidencia del Movimiento de los No Alineados en una Cumbre celebrada en La Habana.

 

“He encontrado el informe bastante útil y razonablemente informativo”, le escribe Pastor a Brzezinski. “Está claro que Castro y Padrón [el coronel del Ministerio del Interior José Luis Padrón, portavoz de Castro en conversaciones de esa época con la administración Carter y otros interlocutores extranjeros] tienen interés en usar a la comunidad cubanoamericana para informarse acerca de EEUU y de cómo piensan actualmente la administración y otros candidatos presidenciales”.

 

Y agrega: “La ‘fuente’ parece saber escuchar y reportar razonablemente bien, aunque también parece tener problemas de ‘ego’ bastante similares a los de Benes (…) He preguntado al FBI si podría revelar su identidad para tratar de determinar con mis propias fuentes su credibilidad (…) No veo por qué no podríamos usarlo de la misma manera que Castro, para hacer preguntas y extraer información”.

 

"Benes" parece ser el abogado y banquero judío-cubano Bernardo Benes, figura descollante en el diálogo entre “la comunidad cubana en el exterior” y el gobierno de Fidel Castro a fines de los años 70.

 

El funcionario del FBI que recibió el resumen sobre la conversación con Castro, seis días después de que tuviera lugar, dice que el informante “había estado previamente en contacto con el Buró”.

 

Alfombra roja

 

A lo largo de su reporte sobre el viaje de tres días a Cuba, la fuente deja constancia de su recibimiento con trato de “alfombra roja”: hospedaje en una de las casas de protocolo reservadas para altos dignatarios y un Mercedes-Benz nuevo con chofer a su disposición.

 

Quien informa establece asimismo su acceso fácil y hasta íntimo a altos funcionarios del gobierno, el estamento militar y el partido comunista, como el mencionado Padrón; el presidente de Havanatur (y organizador de los viajes de cubanos emigrados a la isla) Carlos Alfonso (un seudónimo del chileno Max Marambio); el entonces jefe de la escolta de Castro, y luego ministro del Interior, General José Abrantes; el coronel del MININT y agente internacional Tony de La Guardia; el viceministro de Cultura y director del instituto de cine (ICAIC) Alfredo Guevara; y el entonces organizador (y luego Segundo Secretario) del PCC, José Ramón Machado Ventura.

 

Al tercer día de la visita tuvo lugar la entrevista con Castro, aparentemente en el Palacio de la Revolución, adonde el informante asegura le llevó conduciendo su propio auto el General Abrantes.

 

Otra filípica de Fidel

 

Rememorar la diversidad de temas tratados con el locuaz gobernante cubano requería buena retentiva: Según el informante estos fueron:

 

● Las elecciones presidenciales en EEUU, incluyendo las primarias demócratas dominadas por el presidente Carter y Ted Kennedy, y la posibilidad de que un republicano llegara a la Casa Blanca en noviembre de 1980.

 

● La brigada de combate soviética, que Castro aseguró se encontraba en el país desde la crisis de los misiles de 1962, bajo "total control" del gobierno cubano.

 

● El levantamiento del embargo estadounidense, para lo que Castro estimó que Brzezinski era un obstáculo.

 

● La invasión de Shaba en Zaire por rebeldes basados en Angola. Castro negó en mayo de 1978 que los que invadieron esa provincia rica en minerales del sur de Zaire hubiesen sido entrenados por Cuba, y dijo que le había avisado del asunto al presidente Carter.

 

● La firma del tratado Carter-Torrijos para el traspaso del control del canal de Panamá al gobierno istmeño. Castro aseguró que había instado a Omar Torrijos a firmarlo sin exigir que el texto fuera revisado.

 

● El apoyo de Cuba a los sandinistas en Nicaragua. Castro dijo haber ejercido una influencia moderadora sobre la junta sandinista.

 

● La energía nuclear. Castro evaluó que era la “única solución a los problemas energéticos del mundo” y confirmó que estaba construyendo una central electronuclear en Cuba (Juraguá).

 

● Las tropas cubanas en Angola. Castro dijo que las mantendría mientras se lo pidiera el gobierno de Luanda, porque los angolanos no podían funcionar, “ni siquiera manejar un autobús”, sin ayuda cubana.

 

● El programa de indultos (con exilio) de presos políticos. Castro dijo que las excarcelaciones se concluyeron sin que hubiera una respuesta del gobierno estadounidense, y que los reos restantes serían cartas a jugar en futuras negociaciones con EE.UU.

 

La fuente también refirió a su entrevistador del FBI que, aunque nunca le dijeron para qué quería verlo el gobernante cubano, él creía que otros, particularmente el banquero... (omitido en el original ¿Benes?) habían fracasado en establecer un diálogo significativo por mediación de terceros entre Cuba y los Estados Unidos, mientras que él era uno de los pocos que conocía y comprendía a Castro, y no podía ser manipulado ni engañado por este, algo que Fidel sabía.

 

Consideraba por tanto que él podía explicar e interpretar más adecuadamente la sustancia y los matices de lo que Castro dijera, sus puntos de vista y sus políticas.

 

Igualmente, el informante ofreció datos sobre la salud del gobernante, entonces de 53 años: “Se ve físicamente bien aunque su piel luce inusualmente pálida, a pesar de que acostumbra trotar y nadar”.

 

¿Quién informó al FBI?

 

Si para el asesor de Carter, Robert Pastor, la identidad de la fuente del FBI podía ser un enigma, ciertos exiliados cubanos consideran suficientes los datos adjuntados por el entrevistador del FBI:

 

“Estudiante en la Universidad de La Habana (UH) 1948-1955, íntima amistad con Castro en la UH y después, revolucionario activo de 1948 a 1961 contra los gobiernos de Prío y Batista”.

 

“Se casa en 1955 y va de luna de miel a México… (no desclasificado). Luego del regreso de Castro a Cuba (en el yate Granma) en 1956, se suma al Segundo Frente Nacional del Escambray bajo la dirección de Eloy Gutiérrez Menoyo. Apoya a Castro tras su llegada al poder, pero en septiembre de 1960 es expulsado por denunciar la presencia de comunistas en el gobierno, algo que también había hecho saber en 1958 a la Embajada de EEUU. Vuelve a Cuba con el grupo clandestino de Menoyo y, ante un inminente arresto, huye por mar a Cayo Hueso, Estados Unidos, con Menoyo y otras 17 personas, el 26 de enero de 1961”.

 

Un compañero de viaje

 

Uno de los 13 luchadores clandestinos que hicieron ese viaje (él nos dice que los otros seis eran pescadores) fue Roger Redondo. Su nombre aparece en un reporte emitido por policías del entonces condado Dade meses después, tras irrumpir en una casa del noroeste de la ciudad en busca de una pistola ilegal que según les habían informado poseía el comandante del Segundo Frente.

 

Después de leer el memorándum desclasificado de Pastor a Brzezinski, Redondo envió a Martí Noticias este comentario por correo electrónico:

 

“A pesar de no poner el nombre, hicieron una foto tan clara de la persona, y (hay) tantos datos innecesarios, que se nota que quisieron que fuera fácil identificarlo. Solo podía ser Max Lesnik”.

 

Redondo asegura que Lesnik aprovechó su luna de miel en México para entrevistarse con Castro, que se había exiliado en ese país después de ser amnistiado de su condena por el asalto en 1953 a los cuarteles de Santiago de Cuba y Bayamo.

 

En un video difundido en las redes sociales, Lesnik, fundador de la revista Réplica y de la Alianza Martiana aparece criticando, en Miami, al “Miami revuelto y brutal”, “lo peor de Cuba”, “esa chusma”, y proclamando: “Yo soy Fidel”.

 

Por otra parte, en una larga entrevista que concedió Lesnik al conocido periodista procastrista Salim Lamrani pueden corroborarse muchos de los datos sobre la fuente incluidos en el reporte del FBI. También en esa entrevista menciona a Roger Redondo como “mi amigo”.

 

Luego describe un viaje a Cuba similar al que hizo en noviembre de 1979, incluyendo un encuentro con Castro, pero que habría realizado en 1978, después que Benes, el “fracasado”, le transmitiera que su excompañero de la Universidad de La Habana quería verlo.

 

Entre los documentos desclasificados por la Oficina del Historiador del Departamento de Estado no hay ninguno sobre aquella visita.

 

Aunque Pastor y Brzezinski obviamente acaban de enterarse de la existencia de "la fuente" por lo que refiere el entrevistador del FBI, desconocen quién es, y es entonces que barajan la posibilidad de usarlo, Lesnik aseguró en una entrevista telefónica con Ariane González de Radio Martí que había ido a entrevistarse con Castro "autorizado por el gobierno de Estados Unidos".

 

También dijo que él aparece "en distintas ocasiones" en el libro "Back Channel to Cuba".

 

Los historiadores estadounidenses Peter Kornbluh y William LeoGrande confirman en su famoso recuento de las relaciones secretas entre Washington y La Habana un papel posterior de Lesnik como intermediario de Castro, a través de su amigo común Alfredo Guevara, para intentar una negociación con la administración Clinton de la Crisis de los Balseros, desatada por el gobernante cubano en el verano de 1994.

 

En el verano de 1994 Castro usó una larga cadena de comunicaciones telefónicas, de la que formó parte Lesnik, para sugerirle a Bill Clinton su mediador favorito: Jimmy Carter.

 

Es solo entonces y en tres párrafos dedicados a esa complicada mensajería que Kornbluh y LeoGrande mencionan a Lesnik en su libro sobre los canales traseros EEUU-Cuba. Aparentemente, los intentos -como el que ilustra el memo Pastor-Brzezinski de 1979- no cuentan.

 

(Con la colaboración de Ariane González)