Cubanálisis  El Think-Tank

         ARTÍCULO ORIGINAL EN EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

 

                    Juan F. Benemelis

 

 

 

 

                                                       

 

 

NETANYAHU versus OBAMA

 

La historia de las luchas por el control de Oriente Medio se inicia entre finales del siglo XIX y comienzos del XX, y junto a las rivalidades entre las potencias europeas van a actuar otras fuerzas que alegan derechos históricos y con aspiraciones nacionalistas en favor de su establecimiento y consolidación institucional en la región.

Nacionalismo árabe y sionismo, ambos estimulados y en gran parte manejados por los intereses europeos, tendrán una evolución agitada y llegarán a un radical enfrentamiento, cuyo desarrollo global, junto a la acción de otros factores, llena la historia de Oriente Medio desde la Primera Guerra Mundial hasta hoy. 

A pesar de las constantes declaraciones de la Casa Blanca y del presidente Barack Obama, de una política de respaldo total a Israel, las relaciones entre ambos países, sin embargo, no han estado a la altura de los vínculos históricos. Todo ello es problemático y tiene nerviosas a muchas cancillerías, puesto que en el Medio Oriente el diferendo árabe-israelí es hoy mucho más explosivo y complejo que en décadas anteriores.

 

El elemento de “detente” que hasta recién había protegido la existencia del Estado de Israel, se halla en una nebulosa, debido a la percepción de sus adversarios de que si Israel despliega una acción militar no contaría con el apoyo norteamericano.

 

El otro elemento de la ecuación es Estados Unidos, el cual, pese a plantear reiteradamente que la alternativa militar se halla en la mesa, no modifica el consenso general de que la actual administración del Potomac no está muy dispuesta a comprometerse militarmente contra Irán. Si Washington ha mostrado su ira bélica a Teherán ha sido muy bajo cuerdas.

 

La Secretaria de Estado, Hillary Clinton, en una reciente conferencia de prensa en Túnez, prácticamente aclaró que la actual política hacia Israel se basa en las promesas que se hicieron durante la campaña electoral. Los principales asesores del presidente, en cuestiones del Medio Oriente, son precisamente individuos de la “coterie” izquierdizante, que tienen una visión diferente a la de Jerusalén en cuanto al Estado y la identidad judía.

 

A su vez, el Secretario de Defensa, León Panetta se ha referido de manera provocativa a la política militar israelí, apuntando que se halla aislada en la arena diplomática. Las constantes declaraciones de Panetta no han sido tomadas con aprecio por parte de las autoridades israelíes. Y, claro, recibieron los aplausos en el mundo islámico, en especial del premier turco Recep Tayyip Erdogan.

 

El presidente Obama, en una entrevista en enero de este año, se refirió al presidente turco Erdogán como uno de los cinco líderes mundiales con los cuales había desarrollado una relación de confianza íntima. Lo negativo para los israelíes es que la declaración se produjo luego de que el gobierno turco sancionara la penetración de una flotilla de barcos en aguas jurisdiccionales israelíes para romper el bloqueo naval sobre la Gaza de Hamás.

 

Panetta también ha criticado abiertamente al ministro de defensa israelí, Ehud Barak, al punto de plantear su objeción a un golpe militar contra el programa nuclear iraní. Según Panetta, un golpe militar israelí contra Irán tendría consecuencias económicas globales sin precedentes, por una escalada en el precio del petróleo.

 

Es por ello, por hacer públicos sus desacuerdos con Israel, que la comunidad judía norteamericana no está segura del respaldo irrestricto del actual presidente a la política tradicional, a pesar de sus declaraciones de que su administración ha cumplido más con el Estado de Israel que las anteriores en materia de seguridad. En reciente conferencia, el presidente Obama se ha acreditado de haber aislado diplomáticamente a la República Islámica y de haberle impuesto un embargo petrolero que, según él, tiene en crisis a Irán.

 

El presidente Obama, en sus tres años de administración, ha demandado de Israel concesiones unilaterales en el proceso de paz. En especial su confrontación pública en Naciones Unidas, en Turquía y en Egipto, sobre demandas improcedentes, respecto al congelamiento de los asentamientos. Así, el presidente Obama ha contribuido a una imagen de un Israel no cooperativo.  

 

Lo cierto es que, en las negociaciones, fueron los palestinos quienes interrumpieron el proceso de paz, para buscar el reconocimiento a su Estado en la ONU. El presidente Obama ha criticado la construcción del Muro que separa a Israel con sus vecinos del Banco Occidental, y ha presionado a los israelíes para continuar las negociaciones con los palestinos, en base a las fronteras de 1967.

 

La Casa Blanca ha torpedeado los esfuerzos del Senador Robert Menéndez para sancionar al Banco Central de Irán. El Senador Menéndez no ha sido el único demócrata que ha protestado en contra de la actual política hacia Israel y cómo la misma ha envalentonado a sus enemigos. También los senadores Joe Lieberman, Charles Schumer y Harry Reid, y el representante Steny Hoyer lo han hecho. Ya a principios del año 2010 un grupo de 38 senadores demócratas firmaron una carta de protesta a la Secretaria Clinton, luego de la posición ambivalente, tanto privada como pública, ante Israel.

 

Se conoce, también, que la carta de presión de Obama sobre Netanyahu es la negativa de permitir que la aviación israelí se reabastezca en sus bases militares del Medio Oriente, de lanzarse a una campaña aérea contra Irán.

 

Para nadie es un secreto que los encuentros Netanyahu-Obama han sido tormentosos, debido a las demandas que el premier israelí ha planteado de la necesidad de un golpe militar para que se detenga el programa nuclear iraní. Los comentarios recíprocos anti-israelíes del presidente francés Nicolás Zarkozy y del presidente Obama también mellaron la credibilidad para un golpe militar conjunto Washington-Jerusalén.

 

El Jefe del Estado Mayor Conjunto, general Martin Dempsey, agregó que un golpe militar israelí desestabilizaría toda la región. Mientras, el director de la Agencia Nacional de Inteligencia, James Clapper, testificó que los iraníes aún no se habían decidido a producir la bomba atómica. Y esta ambivalencia es lo que tiene nerviosos a los israelíes, puesto que los iraníes se niegan a que se inspeccione su programa nuclear en la localidad de Ferdow.

 

Washington, hasta ahora, se ha mostrado más preocupado en detener una acción militar israelí que en interrumpir el programa nuclear iraní; de ahí que la retórica dura de la Casa Blanca se considere como una estrategia para impedir que Netanyahu ordene el choque militar.

 

Para la opinión pública israelí, el presidente Obama es más un pro-palestino que un pro-israelí. Asimismo, el presidente Obama elude una mayor fricción con Irán, con la consecuente elevación de los precios petroleros, en medio de su campaña de reelección presidencial, y pese a sus declaraciones internacionales y promesas a Netanyahu, es evidente que no va a ir más allá de lo que ha hecho hasta el momento. Pero también es indudable que en las siguientes semanas las presiones del lobby pro-israelí sobre Washington se incrementarán para que se establezca una fecha tope.

 

El senador republicano Mitch McConnel, de Kentucky, ha expresado que presentará una legislación solicitando la acción militar norteamericana contra Irán si éste a comienza producir armas nucleares. Los candidatos republicanos Mitt Romney, Rick Santorum y Newt Gingrich han criticado fuertemente la política iraní del presidente Obama. Romney le ha acusado de fallar en lograr la reducción del peligro nuclear iraní, agregando que un Obama reelecto significa un Irán con armas nucleares.

 

En la actual coyuntura, Israel se encuentra en su punto de mayor aislamiento internacional y un gran debate nacional, y no cuenta con la absoluta certeza de una aprobación norteamericana a tal escenario de doble golpe. Un otrora aliado silencioso, como Turquía, lo ha reiterado.

 

La convicción norteamericana es que un ataque militar israelí es menos efectivo y tendría consecuencias impredecibles que un ataque militar norteamericano. Pero, para Netanyahu y los líderes israelíes el punto central es si su seguridad nacional está en realidad protegida por Estados Unidos.

 

Los cálculos militares israelíes sobre el programa nuclear iraní es que ya éste se halla cerca de la “zona de inmunidad”, después de la cual ya sería invulnerable a un golpe no nuclear de Israel. La última reunión Netanyahu-Obama ha desatado innumerables especulaciones sobre la inminencia de un asalto aéreo israelí a Irán.

 

Luego de la entrevista, Netanyahu expresó su deseo de que la comunidad internacional reconociese el verdadero peligro que presentan las ambiciones nucleares iraníes, y consideró que mantener la independencia de actuar era vital para Israel. Por su parte, Obama expresó que creía que aún había tiempo para la diplomacia, y citó que las sanciones comenzaban a tener efecto en el verano, pues el embargo petrolero europeo comenzaría en julio, y los países asiáticos tendrían que reducir sus compras petroleras a Irán.

 

Para muchos, el encuentro de ambos gobernantes puso en el punto uno de la agenda internacional el caso de Irán. En una entrevista, el ex director general del gabinete del primer ministro israelí, Eyal Gavia, ha dicho que esta es la última vez que ambos presidentes se verían cara a cara previa a una decisión militar sobre Irán, y funcionarios de ambos países siguen reconociendo que las diferencias entre ambos presidentes se mantienen sobre la “línea roja” de peligro nuclear iraní.

 

Los expertos nucleares de la ONU ya han manifestado su preocupación de que Teherán se encuentra de lleno en la producción de armas nucleares. En la reunión de la Agencia de Energía Atómica que tuvo lugar en Viena, el director general, Yukiya Amano, planteó su grave preocupación de que Teherán estuviese ya ensayando pruebas en un complejo militar al sur de Teherán.

 

El dilema radica en que el ejército israelí no cuenta con extensas reservas bélicas para una campaña larga, como se demostró en las guerras de los 1960 y 1970, en las cuales tuvo que ser abastecido con urgencia y en plena ofensiva por Estados Unidos.

 

Por un lado se halla la decisión de Teherán de proveerse de armamento nuclear, algo que ya no pueden negar. Un Irán atómico es una ecuación que los israelitas no tienen intención de permitir, no sólo por el peligro de la proliferación en manos de organizaciones terroristas, pues en ello les va la existencia de su propio Estado y Nación. Teherán no ha ocultado sus intenciones de hacer realidad la expulsión de los israelitas al mar.

 

Por otra parte, en las recientes elecciones parlamentarias iraníes tuvo lugar un resultado favorable de candidatos alineados alrededor del Líder Supremo, el Ayatolá Alí Khamenei, rival de la facción fundamentalista del presidente Mahmoud Ahmadinejad. Pero aún no está claro el balance de fuerzas entre ambos dentro del gobierno, puesto que el Ayatolá puede sobreseír al parlamento, y retiene la última palabra en todas las decisiones importantes de Estado. Pero el parlamento iraní no tiene el poder para intervenir en aquellos aspectos de Seguridad Nacional, como las negociaciones con Occidente sobre el programa nuclear.

 

La segunda pieza es Siria, la cual cuenta con armas químicas, muchas de ellas provenientes del Iraq de Saddam Hussein, y con la capacidad para golpear con cohetes al territorio israelí. La actual dirigencia Siria se ha comportado de manera frontal ante Israel, desde el primer día que Bashir Asad asumió el poder. Su respaldo a los grupos terroristas, su torpedeo a un acuerdo negociado entre Israel y los palestinos, y su actual descrédito internacional producto de la represión a mansalva contra su propio pueblo, le han transformado en una fiera herida cuya única opción de legitimidad sería la guerra santa contra los “infieles”: claro está, contra Israel.

 

La combinación de dos frentes bélicos pone en máxima tensión la capacidad del ejército israelí. Una acción preventiva para neutralizar el desarrollo armamentista nuclear de Irán (golpe aéreo masivo y comandos aerotransportados) tiene el dilema de la reacción coheteril química de Siria. Israel tendría que afrontar por tierra y aire al enorme ejército sirio, a la vez que golpee a Irán.

 

Si la acción aéreo-comando contra Teherán tiene múltiples problemas logísticos por lo lejano del teatro de operaciones y por la imposibilidad de reabastecerse en países fronterizos, el tener que lanzarse con un rodillo moto-mecanizado contra Siria, a su vez, implica ingentes problemas logísticos e internacionales.

 

De quedarse solo Israel, y tener que actuar en dos frentes lejanos, amén de frenar a Hamas y HizbAlláh dentro de su radio fronterizo, y con una gran debilidad logística, no se puede descartar que utilicen su potencial de armas nucleares contra Siria e Irán para sobrevivir.

 

Quedaría por ver si Estados Unidos actuaría militarmente ante un escenario de vida o muerte para Israel, y para evitar que se desajuste todo el Medio Oriente.

 

Los criterios al respecto se hallan divididos. Lo que sí es cierto en tal escenario es que estaremos ante el desarrollo de una complejidad y opciones desconocidas.