Cubanálisis El Think-Tank

ARTÍCULO ORIGINAL PARA EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

 

                                                           por Juan F. Benemelis

 

 

LA REPÚBLICA Y EL SOCIALISMO ( II )

Notas comparativas

Ni colonia... Ni neo-colonia

 

Cuba constituía y constituye un país de la periferia de los grandes circuitos comerciales y tecnológicos del universo (tanto antes como en la actualidad), y donde el desarrollo capitalista iniciaba su madurez y expansión. La República de Cuba era una economía de grandes contrastes, con aspectos tanto positivos como negativos, pero que enrumbaba hacia una solución estructural. Las dificultades del país, sin embargo, no resultaban de tal grado que impidiesen la solución de necesidades económicas vitales y primarias, así como niveles de producción y consumo satisfactorios para el asentamiento de su población.

 

En Cuba, el logro de la disponibilidad permanente de alimentos durante la República significó la garantía de una mayor estabilidad política y por ello enfrentó un salto espectacular. El recurso fundamental, la base económica, los parámetros sociales y la estructura del poder político ya no se movían en torno a la tierra. Por eso, con la solución del problema agrícola se remodeló toda la estructura social en las primeras décadas del siglo XX.

 

Por una parte era una economía agraria, de  explotación cañera extensiva, subordinada a un producto exportable, dependiente del sistema de cuotas del mercado norteamericano. Esta deformación estaba marcada por la diferencia de desarrollo entre la ciudad y el campo,  la ociosidad de parte de su suelo cultivable, y el desempleo temporal rural. El grueso de su industria constructora era artesanal, ostentaba un parque de transporte obsoleto, puertos sin mecanizar y carente de suficientes técnicos e investigadores.

 

La agricultura no azucarera que hasta la Segunda Guerra Mundial se explotaba de forma tradicional, es objeto de actividad por empresarios nacionales, como el arroz, el henequén, el tomate, la papa, el ganado. Le introducen en diversos tipos de cultivos nuevas técnicas, equipos modernos, y se amplían las unidades productivas aumentando la productividad.

 

Paralelamente a la expansión de las riquezas no azucareras (tabaco, café, fibras, ganadería, frutas y vegetales), se reproduce un enérgico esfuerzo de modernización tecnológica en la vieja industria azucarera. Además, gran parte de lo capitales formados en los años cincuenta se consagrarían a la producción arrocera, al punto que en 1957 los técnicos de las Naciones Unidas (FAO) reconocieron que el desarrollo arrocero de Cuba había sido uno de los más rápidos y espectaculares. Cuba se vio así disfrutando del nivel de ingreso y patrón de vida más elevado de cualquier país tropical. La base productora de ese grado de crecimiento surgió antes de 1925, al superarse las primitivas fases agrícolas e industriales de la producción azucarera (Díaz, J. Cuba: Geopolítica y pensamiento económico, pp. 53-54).

 

La economía cubana mantuvo durante la primera mitad el siglo XX un crecimiento sostenido, comparado con el resto del continente latinoamericano. Pero, las “vacas gordas” eran resultado de tendencias alcistas en los precios del azúcar, que en lo general se mostraban nerviosamente oscilantes. La industria se concentrará fundamentalmente en el occidente del país, marcando un desarrollo desigual con las provincias orientales. El grueso de su manufactura textil y petroquímica no dispondrá de materias primas nacionales. En el orden social resulta innegable la marginalidad de su población negra y mulata

 

En la parte positiva podemos indicar lo siguiente. A pesar de la extensiva propiedad en la caña y el ganado, ambas resultaban altamente rentables, que le permitía un ingreso anual promedio, un per cápita en varios renglones excelente, logros sociales altos para su época, y un elevado volumen de importación de alimentos. Cuba presentaba la mayor concentración de capital inversionista norteamericano de toda Hispanoamérica que se encauzaba hacia la tierra, la banca, el comercio y ciertas industrias.

 

La población rural no era una masa homogénea, y se halla dividida en varias capas y clases, con intereses conflictivos que luchaban por el control de los recursos, por el poder y el status existente en el marco de la sociedad. El problema de una brecha casual o consciente entre la élite política y la masa de la población rural era crítica; en términos sociológicos la distancia social entre la partidocracia y su homónimo rural no está simplemente creado por diferencias de educación, ocupación, ingresos, etcétera, sino por una creciente conciencia de clase en el seno de tal élite, acentuada por factores estructurales que la favorecen, tratando la población rural como marginada y manipulable.

 

El sector azucarero era el más importante de la producción agroindustrial cubana a lo largo de estos siglos. Durante el comienzo del siglo pasado se importaron los primeros trapiches horizontales de hierro y se introducen los llamados "trenes franceses". En la década de 1840 se inicia en Cuba la Revolución Técnica en la producción azucarera, manifestándose en la aplicación de procesos físicos y químicos en la actividad industrial. En 1902 comienza la entrada del capital inversionista norteamericano en la industria azucarera, y que alcanzó en 1927 los 800 millones de dólares.

 

El grupo elitista mostraría una cierta tendencia a fortificarse a través de la alianza con la burocracia local. El aparato político dominante, las élites burocráticas urbanas, los intelectuales y los militares en Cuba se hallaban en abierta disposición para conceder participación a los grupos de la amplia clase media de la pirámide social; por eso pudo ser vehículo del desarrollo en la posguerra.

El aceleramiento del desarro­llo técnico‑económico escenificado en la posguerra marca la recuperación del terreno perdido en favor de una diversificación en los ordenes productiv­os y comerciales. Los altos precios del azúcar en el mercado internacional posibilitaron que en sus últimas décadas se iniciara un desarrollo industrial y una diversificación agro-minera.

Anterior a 1959, la agricultura era la actividad económica predominante empleando el 40 % de la fuerza laboral, generando el 35 % del ingreso nacional y el 90 % de las divisas. Desde la Segunda Guerra Mundial, la producción agrícola no cañera crecía al ritmo del 3.7 % anual, superior al demográfico (2.3%). El 7 % de las tierras cultivables suministraba el 75 % de los alimentos de consumo (Illán, 1964, 37), un índice elevado para su época. Aunque el 50 % de la población residía en predios agrícolas (Burnhill, 1985, 7), para 1953, el sector que dependía de la agricultura sólo totalizaba el 30 %, y su producción ya no era de subsistencia, sino comercial, confirmando que la economía cubana dejaba de ser agrícola.

 

A diferencia de América Latina, el crédito privado resultaba el factor dominante en el seno de la economía rural, y el recurso de la tierra no era limitado, y no existía una presión demográfica conducente a la fragmentación y concentración de la propiedad. La explotación rural se hacía mediante una elevada concentración de la propiedad, con la ganadería extensiva de grandes fundos y los monocultivos de cana de azúcar, con bajo nivel técnico. La agricultura cañera empleaba medio millón de personas y era responsable del 25 % del ingreso nacional y el 75 % del comercio. Los grandes fundos azucareros, ganaderos y arroceros se hallaban concentrados en las provincias de Oriente y Camagüey, en contraste con el resto de las producciones de tabaco, café, viandas y vegetales, cítricos y maíz, bajo explotación minifundiaria. Con alguna que otra variante, este cuadro no ha variado en las últimas décadas por lo que aun quedan sin resolver los problemas básicos de la agricultura.

El latifundio no creció bajo la geofagia sobre el pequeño productor; fue resultado de desbrozar tierras estatales u ociosas, en zonas despoblada­s, como fue el caso de las provincias de Oriente y Camagüey. La agricultura pre‑revolucionaria no puede analizarse solo a partir del desbalance en las dimensiones de la propiedad. Si bien es cierto que en el censo de 1946 el 1.4 % de los propietarios controlaba el 47 % de la tierra, la propiedad rural resultaba un sistema complejo donde la gran propiedad se hallaba extensamente balcanizada en diversas formas de explotación parcelada, bajo colonato y subarrendamientos, donde se superponían propietarios y rentistas: administradores, arrendatarios, subarrendatarios, cooperación en cultivos, ganado en piso, colonos. El 90 % de los campos de caña propiedad de los ingenios azucareros estaban arrendaban a colonos que contrataba a jornaler­os y maquinarias para las siembras y cosechas. Por otro lado, la depende­ncia económica al azúcar iba en descenso continuado.

La principal riqueza natural de Cuba era y es su fértil suelo; en comparación con el promedio de tierra cultivada en el mundo, calculada en un 10 %, Cuba, con el 17 % de tierra cultivada estaba situada entre las primeras del mundo. La acusación de un país lleno de latifundios está lejos de la verdad. Los censos arrojaban que el tamaño promedio de todas las fincas era de 56.7 hectáreas, inferior a la de México 82 hectáreas,  y Venezuela con 335 hectáreas. A juzgar por la FAO, Cuba era uno de los países con menos concentración en el mundo de tierras con un promedio de 36.1% (Seigle Ferrer, Carlos. 7 Diálogos. Cuba: pasado y presente; p. 58-59).

 

Desde la Segunda Guerra Mundial, la producción agrícola no cañera crecía al ritmo del 3.7 % anual, superior al crecimiento demográfico (2.3 %) posibilitando suministrar el 75 % del consumo doméstico alimenticio (Illán, 1964, 37). Por otro lado, la depende­ncia económica al azúcar iba en descenso continuado. Cuba apuntala el monocultivo azucarero con los acuerdos soviéticos de 1963, el modelo de financiación presupuestada, y el abandono de los intentos guevaristas de industrialización. 

 

En Cuba existía una ganadería extensiva, especializada en carne (cebú) adaptado al trópico y en leche (Holstein), que daba respuesta al consumo de la población. Durante la república, la industria ganadera estuvo sujeta a la situación doméstica y las fluctuaciones del comercio exterior. Los dos últimos censos de Cuba republicana indican que esta industria había comenzado a recobrarse y expandirse en 1946, y que tal ritmo se incremento en los años cincuenta, con la importación de miles de ejemplares de raza para carne (Holstein, Jersey, Brown Swiss) y productos lácteos (Brahmán y Santa Gertrudis). 

 

En 1958, la producción de carne excedió las 180,000 toneladas métricas que requería el consumo, logrando exportar 3,800 cabezas de ganado. De tal forma, a fines de la década de los cincuenta, Cuba pasó de importador de carne fresca o curada a exportador hacia los Estados Unidos. En ese año, la ganadería se hallaba en pleno estadio expansivo, al punto que se efectuaba un gigantesco crecimiento inversionista alrededor del "King Ranch" de Texas y de los intereses del grupo Rockefeller, con vistas a desarrollar la exportación de carne congelada. Estas inversiones quedaron truncadas en 1959.

 

Este marcado progreso en la industria ganadera se reflejó en la producción de leche fresca, especialmente en las zonas de Bayamo, Sancti Spiritus y La Habana; así como el incremento de la producción de derivados lácteos como quesos, leche condensada, helados. Posterior a 1959, Cuba no lograría garantizar los planes de alimentación, crecimiento y conservación de la masa ganadera, así como el resto de las producciones agropecuarias indispensabl­es.

 

Según la CEPAL, en 1958 Cuba contaba con 19,700 tractores, 1 x 117 hectáreas, mucho más que la Unión Soviética (1 x 153), que Argentina (1 x 320), que México (1 x 373), que Venezuela (1 x 431). Solamente estaban por encima los Estados Unidos (1 x 42) y Uruguay (1 x 70) (Seigle Ferrer, Carlos. 7 Diálogos. Cuba: pasado y presente; p. 60). Según reportó Antonio Núñez Jiménez en su Geografía de Cuba, editada por el Instituto Nacional de Reforma Agraria, en 1958 ya producía  casi todo el frijol negro y maíz que consumía, productos que importaba antes de la Segunda Guerra Mundial.

 

En 1958, por cada 100 habitantes había 96 reses; en 1980 por cada 100 habitantes había 60 reses; en la actualidad no llegan a 30 reses por cada 100 habitantes. El peso promedio del ganado en pie ha descendido en un 28 %, comparado con 1958 elevándose en consecuencia el sacrificio anual para el consumo, política que atentó contra el crecimiento de la masa animal.

 

En 1955, la producción de leche se estimo en 800,000 toneladas métricas, un tercio de la cual se destino para la industria de derivados lácteos. El gran cambio en la situación avícola del país tuvo lugar entre 1949‑1959, cuando se establecieron granjas avícolas equipadas para 60,000 animales por granja. Las grandes granjas se establecieron después y puede decirse que de 1955 a 1959 la producción de carne de pollo se triplicó, lográndose la autosuficiencia. En 1958 la producción de huevos se elevó a 315 millones. 

 

En ese año se llegó a poseer 8 millones de cabeza de ganado, de los cuales 940,000 eran vacas lecheras, y hubo una producción anual de más de 479 millones de libras de carne (Seigle Ferrer, Carlos. 7 Diálogos. Cuba: pasado y presente; p. 61). Cuba era el segundo país consumidor de carne en la América Latina (con un sacrificio en 1958 de 221.4 toneladas métricas). El primer consumidor de pescado fresco después de los Estados Unidos de Norteamérica.

 

El sector poblacional que dependía de la agricultura sólo totalizaba el 30 % con una producción eminentemente comercial, confirmando que su economía no era de subsistencia. La imagen que el régimen ha dado en el orden internacional, de país tercermundista en ascendente espiral y elevando constantemente el consumo de la población, se contradice ante cualquier estudio de sus índices de producción alimenticia. Los niveles de consumo alimenticio de la población cubana figuraban entre los más elevados del continente americano, para 1958.

 

                   INGRESO DOMESTICO DEL AZUCAR (%) (Illán, 1964, 17)

                                                       AÑO       (%)

                                           1951      32.7

                                           1952      32.1

                                           1953      23.2

                                           1954      24.2

                                           1955      22.6

                                           1956      21.8

                                           1957      28.1

                                           1958      23.0

 

El ingreso promedio de los campesinos pequeños y medios (hasta 93.8 hectáreas) era de $840 dólares anuales promedio; elevado comparado con el resto del continente latinoamericano. Los campesinos pequeños simultaneaban su producción privada de subsistencia con el jornal temporal en las zafras del café, tabaco y cana de azúcar, lo que elevaba sus ingresos anuales. El número de estos jornaleros ascendía a 480,000 con un salario anual promedio de $550 pesos. El gran cambio en la situación avícola del país tuvo lugar entre 1949‑1959, cuando se establecieron granjas avícolas equipadas para 60,000 animales por granja. Las grandes granjas se establecieron después y puede decirse que de 1955 a 1959 la producción de carne de pollo se triplicó, lográndose la autosuficiencia.

 

En 1955, la producción de leche se estimó en 800,000 toneladas métricas, un tercio de la cual se destino para la industria de derivados lácteos. En 1958, la producción de carne excedió las 180,000 toneladas métricas que requería el consumo, logrando exportar 3,800 cabezas de ganado. De tal forma, a fines de la década de los cincuenta, Cuba pasó de importador de carne fresca o curada a exportador hacia los Estados Unidos. Este marcado progreso en la industria ganadera se reflejó en la producción de leche fresca, especialmente en las zonas de Bayamo, Sancti Spiritus y La Habana; así como el incremento de la producción de derivados lácteos como quesos, leche condensada, helados.

 

En 1951, una misión del Banco Interamericano de Reconstrucción y Desarrollo expreso sobre la agricultura cubana: "la impresión general de los miembros de la misión, de observaciones a través de toda Cuba, es que los niveles de vida de los campesinos, trabajadores agrícolas, trabajadores industriales, oficinistas y otros es mucho más alto que los de sus grupos similares en otros países tropicales y que la mayor parte de los países de América Latina" (Polemic Press, 1996, 7). Mucho más que hambre de tierra, el campesino luchaba por resolver el dilema del empleo temporal, pues el número de jornaleros superaba al de tenentes de tierras. A esta demanda nacional se unía la diversificación del agro, objetivo que estaba en vías de solución.

 

La diversificación

 

Tras la Segunda Guerra Mundial se inicia un veloz proceso re-inversionista que amplía la base económica; si bien será una industrialización desorganizada en la minería, en el arroz, empacadoras y manufacturas, ella será muy rentable y provocará la mejora de la infraestructura de comunicaciones y viales. La industria se concentrará fundamentalmente en el occidente del país, pero el grueso (textil, petroquímica); aunque ocupaba el primer lugar en América Latina en consumo energético per cápita no dispondría de materias primas nacionales o de fuentes energéticas. Ello contrastaría con el déficit de viviendas y la insuficiencia de servicios sociales rurales.

 

A fines de 1947 Cuba se hallaba entre los países ricos, y situado en el segundo lugar en América Latina detrás de Argentina. Las reservas monetarias crecieron de $163,200,000 dólares en 1940 a $932,200,000 dólares en 1947, ocupando el dólar norteamericano un lugar predominante (Díaz, J. Cuba: Geopolítica y pensamiento económico, pp. 195).

 

Se establecen leyes de estimulación industrial, se crean nuevos sistemas de financiamientos y de concesión crediticia. Se acelera el desarrollo en las industrias del cemento, cabillas, tuberías, pintura, equipos de carga, cervecerías, tabaco, cartón, papel, textiles, envases, conservas, la minería, la construcción y las industrias químicas. Las agencias publicitarias logran niveles de vanguardia en su esfera. El transporte se remoza, los bancos nacionales se expanden y se proyectan sobre toda la vida económica de la nación (Díaz, J. Cuba: Geopolítica y pensamiento económico, pp. 350-351).

 

En el orden comercial además de las Cámaras de Comercio municipales, que eran autónomas, existían poderosas organizaciones como los detallistas, los carniceros los almacenistas, los exportadores. En el caso de los productores agrícolas figuraban las asociaciones de Colonos Azucareros, de Cosecheros de Tabaco, de Caficultores, de Arroceros, de Cosecheros de Frutas y Vegetales, de  Ganaderos y otros muchos (Díaz, J. Cuba: Geopolítica y pensamiento económico, pp. 352).

 

Un equipo de expertos del Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento, encabezado por el renombrado economista Francis Adams Truslow realizó una extensa investigación de la economía cubana, dando lugar a un informe (Misión Truslow) en el cual se recoge el estado de desarrollo del país. El Banco Nacional y el Consejo Nacional de Economía comienzan a elaborar estadísticas de alto nivel y series periódicas de gran especialización, que lo ponen a tono con las más modernas corrientes económicas y estadísticas del universo.

 

La creación del Banco Nacional significó una mayor actividad en la economía interna. La balanza comercial de posguerra resultará positiva aunque la de servicios se comportara negativa­mente. Los gastos en el exterior superaban los ingresos debido al turismo, aunque estos saldos negativos de la balanza por cuentas corrientes se compensaban con las entradas de capital y el ahorro extranjero. Así, la situación financiera se mantenía saludable, al punto de que las reservas de divisas en 1959 sumaban 372 millones de dólares. La distribución del ingreso nacional era bastante equitativa, al punto que el 63% lo componía el salario obrero. 

 

La industria azucarera presentaba ya una baja participación en la conformación del ingreso nacional, al punto que según la Misión Truslow, marcó sólo el 13 % en 1953. En el ingreso per cápita, el Statistical Abstract de Estados Unidos ubica a Cuba en 1958, en el tercer lugar continental, solo detrás de Argentina y Uruguay. En 1957 el cubano consumía anualmente 180 libras de carne; 124 libras de arroz; 30 libras de frijoles; 65 litros de leche. A pesar de que en 1959 Cuba consumía más acero per cápita que México o Brasil, y estaba en el lugar trece en el mundo en densidad de vías férreas por kilómetros cuadrados (17,470 kilómetros), el 72 % de los mismos (12,645 kilómetros) pertenecía a la industria azucarera.

 

La re-distribución del ingreso nacional era bastante equitativa, al punto que el 63 % lo componía el salario obrero. Cuba se encontraba entre las primeras tres naciones del Hemisferio Occidental en su comercio per cápita. La red comercial con 65,000 establecimientos y un volumen de $2,500 millones de dólares anuales, cubría todo el país.

 

El boom inversionista de la década cincuenta ascendió a $700 millones de dólares para el sector industrial; una cifra estimable incluso para el presente, y único en  América Latina. Se crearían  221 nuevas fabricas: empacadoras de alimentos, plantas metalúrgicas y acerías, de cerámica, cemento, canteras y piedras, de pieles y derivados, conglomerados químicos, caucheros, industrias mineras de níquel, petroquímicas, de amoníaco, sulfo-metales, textiles, procesadoras de aceite comestible, etcétera.

 

Entre los estímulos industriales destacó la explotación minera y petrolera. En 1958 Cuba contaba con 38,384 centros industriales, 42,893 fincas agrícolas y ganaderas, 74,391 centros comerciales y 23,932 oficinas de servicios profesionales y sociales. De un total de 179,600 unidades productivas, aproximadamente 20.000 eran empresas grandes y medianas. Con 2,340 industrias que producían una variedad de 10 000 artículos valorados en $1,000 millones anuales, la capitalización industrial e inmobiliaria del país se elevaba a $12,000 millones de dólares, con lo que se estaba quebrando la dependencia azucarera; el 86 % del capital total existente en la Isla estaba en manos cubanas.

 

La población de Cuba había aumentado de 4.778,000 habitantes en 1943 a 5.829,000 en 1953, un crecimiento del 22 % en una década. En 1953, las importaciones tuvieron un equivalente de $82.78 por cápita y las exportaciones $91.45 per cápita (Díaz, J. Cuba: Geopolítica y pensamiento económico, pp. 246). De un ingreso per cápita de $105 en 1903 pasa $356 en 1958, ocupando el tercer lugar en la América Latina. Acorde con el Fondo Monetario Internacional, los ingresos del país en la década de 1950, en millones de pesos eran las siguientes:

 

1953      1954      1955      1956      1957      1958

1,842     1,541     1,899     2, 076    2,397     2,267

(Seigle Ferrer, Carlos. 7 Diálogos. Cuba: pasado y presente; p. 37). 

 

El presupuesto en 1957 era de $400,000,000 para una población de 6,500,000 habitantes, que la colocaba como el país de per-cápita presupuestal más alto de la América Latina. Con el sexto ingreso nacional bruto en la América Latina, de $2,200 millones de dólares en la década cincuenta, y un ingreso per cápita de $520 dólares anuales, similar al de Italia en la época. Asimismo, la distribución del ingreso nacional era bastante equitativa, al punto que el 63% eran salarios. El consumo per cápita de acero, de 34 kilogramos superaba al de México y Brasil; y tenía el primer lugar en América Latina en consumo energético per cápita con 11.8 megavatios horas anuales y el lugar trece en el mundo en densidad de vías férreas por kilómetros cuadrados.

 

Cuba no era una colonia económica yanqui, ni siquiera una neo-colonia;  a medida que se adentra en el siglo XX las inversiones usamericanas disminuyen drásticamente, tanto en volumen como en su relación con la totalidad de la economía, sobre todo en la agricultura (cañera en especial) al punto que de  $1.300 millones en 1925 se reduce a $500 millones en 1940.  El porcentaje del azúcar cubano en la economía norteamericana desciende en flecha del 52 % en 1929 al 24 % cinco años después.

 

En su trabajo The Lesson the United State can learn from Cuba, Serafín G. Menocal comenta que el hecho relevante consistía que en sólo 19 años, la más importante industria de Cuba pasaba rápidamente a manos de los cubanos. De acuerdo con la Revista del Banco Nacional de 1959, para 1958 el país contaba con 156 compañías de seguros, 76 de las cuales 76 eran propiedad de cubanos (Seigle Ferrer, Carlos. 7 Diálogos. Cuba: pasado y presente; p. 34). La banca presentó también la misma tendencia.

 

Por ciento de depósito totales en     1939                     1959              

En Bancos Cubanos ......................    16.8 %                 64.3 %

En Bancos Extranjeros...................    83.2 %                 35.7 % 

 

Cuba contaba con 270 estaciones radio-trasmisoras para 950,000 receptores, lo que representaba el segundo lugar de la América Latina con un promedio de 1 radio por cada 5 habitantes. Asimismo existían 23 plantas de televisión con 365,000 receptores, que la ubicaba en el primer lugar en la América Latina en número de televisores, con un promedio de 1 aparato por cada 18 habitantes.

 

En el importante rubro del transporte, la Isla disponía de 1 automóvil por cada 40 habitantes, un teléfono por cada 38 habitantes y 1 vivienda por cada 2.9 habitantes. Asimismo, con 58 periódicos diarios y 147 revistas tenía el segundo lugar en volumen, en América Latina, y primero per cápita.

 

La Clase Media y el Despegue

 

La balanza comercial de posguerra resultaba positiva aunque la de servicios se comportó negativa­mente. Los gastos en el exterior superaban los ingresos debido al turismo, aunque estos saldos negativos de la balanza por cuentas corrientes se compensaban con las entradas de capital y el ahorro extranjero. Así, la situación financiera se mantuvo saludable, al punto que las reservas de divisas en 1959 ascendieron a $372 millones oro.

 

Es definitivo que desde 1933 se acelera la dinámica por cristalizar una cultura y política autónoma que perfile la aún no lograda identidad nacional. La generación que madura y sale a la palestra política tras la posguerra, presenta características diferentes. Es un período vacío en el orden de la creación intelectual, cuyas contadas figuras acuden a lo apolítico. La vanguardia política de los partidos del momento, por tanto, cuajaría en medio de la violencia que preña tal época, envuelta en un sentimiento de subestimación al producto intelectual. 

 

Durante la época republicana el sector agro-industrial no puede delinear una maquinaria cultural, política, financiera y comercial que desviase los rumbos fuera del círculo vicioso creado por la conjugación mono-producción con el mono-mercado. La clase media urbana estaba desconectada de la plutocracia azucarera y pugnaba por la diversificación económica y la ampliación del mercado interno, pero no contaba con un ideario que resolviera el cuadro de la nación cubana.

 

Asimismo, se diversificaba su estructura social, en la cual su clase media acusaba una alta composición comparada con los países Latino Americanos (Data for the Study of the Middle Class in Latin America. Department of Cultural Affairs, Pan American Union, 1950-1951). Esta clase media no había logrado cristalizar un partido político y sólo el intento del grupo del ABC en la década de 1930, tenía el propósito de representar sus intereses. La legislación social y económica de la Constitución de 1940, la había favorecido, logrando la colegiación de los profesionales, como los colonos, los detallistas, etcétera. A su auge contribuyó el desarrollo económico, el progreso de la educación, particularmente técnica, el aumento de las pequeñas industrias y el crecimiento de la burocracia oficial.

 

Con la ley de Coordinación Azucarera se fue creando una clase media rural entre los ganaderos, los colonos azucareros, los cosecheros de tabaco, de café y de arroz, y otros sectores de la exportación agrícola. Asimismo se integraba por una vasta capa comercial, parte del sector obrero-manufacturero con altos salarios y un amplio sector del incipiente capitalismo cubano. Según los censos, la “clase media” de profesionales, artesanos, pequeños y medianos comerciantes, agentes auxiliares del comercio, colonos, gerentes y altos empleados, administradores, propietarios, etcétera, representaba en 1958 un 33 % de la población activa (Díaz, J. Cuba: Geopolítica y pensamiento económico, pp. 403-404).

 

La clase media amplió la mentalidad pluralista de modificar la estructura económica y aliviar la dependencia de un solo producto y de un solo mercado, que se afincaba cada vez más en el pensamiento económico. La legislación sobre “permanencia “introdujo una verdadera reforma agraria, y la estructura industrial se fortalecía a pasos acelerados. Con una legislación laboral de vanguardia, el movimiento sindical consolidaba conquistas en el campo socio-laboral.

 

La década cincuenta consolida la más extensa clase media consumidora, al sur del río Bravo, en términos proporcionales, con capas asalariadas ostentando altos ingresos, esta clase media se hallaba escindida en dos vertientes: colonos rurales y profesional­es urbanos. Si bien se hallaba muy por encima de sus homólogas en casi todo el continente latinoamericano, en nivel de vida, consumo y profesionalización, mostró a lo largo del siglo sus debilidades, su inexperiencia política, su incultura y la falta de una opción viable a la situación nacional. Su espina doctrinal era un liberal­ismo de corte radical y sospechosamente nacional­-socialista. Si juzgamos las revoluciones cubanas por sus participantes, sin dudas la clase media fue el motor fundamental, que galvanizó los grupos con objetivos meramente políticos.

 

A resultas del vacío de un amplio sector industrial, prolifera entonces la pequeña industria familiar en los básicos sectores de servicios y consumo, especialmente en el interior del país; ello se beneficia con la excelente red distribuidora minoritaria y de pequeños comercios. Las asociaciones nacionales de industriales y ganaderos se proyectan en este marco, en busca de una estabilización institucional que proteja sus intereses ante las consignas tradicionales de "sin azúcar no hay país". El mandato de la “clientela Auténtica” (no se le puede llamar partido) respondió a esta tendencia creando instituciones que ampliasen el sector no azucarero. Pero, como apuntara el informe redactado por la Misión Truslow, el nivel de vida dependía de la industria.

     

A la mitad del siglo ya madura un pensamiento económico, y se reconoce la necesidad de atraer capital extranjero para invertir en proyectos seleccionados, y de canalizar el ahorro nacional hacia vías más productivas. Cuba había avanzado extraordinariamente en el aspecto económico hasta 1958, y ya había entrado definitivamente en la etapa del despegue. El desarrollo económico hubiera sido mayor de no producirse el golpe de Estado de 1952. La tasa de inversión bruta del capital superó desde 1954, el 14% del producto bruto, llegando en 1957 al 17.9 %, mientras que la formación interna neta del capital en todos los sectores llegó a un máximo del 14.8% del ingreso nacional interno, cifras que superan los límites del despegue (Díaz, J. Cuba: Geopolítica y pensamiento económico, pp. 426-427).

 

Así se consolidaban las precondiciones para una fase de “despegue” hacia etapas de elevado crecimiento económico.  Se favorecen distintas formas de regulación y control de los servicios públicos, de nuevas orientaciones financieras conducentes a la expansión de la oferta monetaria y del crédito, en forma paralela al crecimiento de la población y del comercio. Se determina el control de la industria azucarera y la diversificación agrícola e industrial de acuerdo con un programa económico, y si bien se redistribuye el ingreso a través de reformas agrarias y tributarias, se sostiene que la movilidad plena y la competencia libre eran las precondiciones necesarias para el crecimiento económico (Díaz, J. Cuba: Geopolítica y pensamiento económico, pp. 371-373).

 

El sistema bancario aumentó sus depósitos, amplió sus préstamos y cubrió la Isla de sucursales, dinamizando las actividades financieras y la explotación de nuevas riquezas agro-industriales. El sistema de aranceles fue modernizado. Se desarrollaron los servicios hospitalarios y de educación; amplió la red de carreteras, continuando planes de obras públicas iniciadas por los gobiernos auténticos de Grau San Martín y Prío Socarrás.

 

Ateniéndonos a informes del Statistical Abstract of the United States, en 1958, Cuba gozaba del más bajo coeficiente de mortalidad infantil de la América Latina  y el tercero en el mundo (con 1.8 por cada mil habitantes); disponía de 1 médico por cada 980 habitantes, de nuevo en el segundo lugar en América Latina;

 

El periodista cubano, José Domingo Cabús, ripostando la mentira, en la obra Jean-Paul Sartre: Sartre, Castro y el Azúcar, recuerda que el Censo efectuado en 1957 por el Consejo Nacional de Economía, con el concurso de técnicos internacionales, reveló que en todo el territorio cubano solo existían 11,500 cortesanas, lo cual en una población femenina de 2’843,874 representaba un mero 4 % de cada diez mil (Seigle, p. 64).

 

Cuba disponía de 570 bibliotecas, promediando 88 bibliotecas por cada millón de habitantes. En 1958 Cuba tenía un estudiante universitario por cada 273 habitantes y sus universidades contaban con un 40% de matrículas gratis para alumnos de escasos recursos (Seigle, p. 50). En ese año era, según la UNESCO, el país del continente con mayor proporción de estudiantes femeninos, el 45%, en relación con los matriculados, superando a Estados Unidos 32,8 %; Argentina 30.3 %; Chile 29.8 %; México 27 % (Seigle, p. 53).

 

Acorde con informes del Departamento de Comercio de los Estados Unidos de Norteamérica, en su publicación Inversiones en Cuba en 1956, se estimaba que: “Los ingresos nacionales de Cuba han alcanzado niveles que hacen del pueblo cubano uno de los de más alto standard de vida en Latino América” (Seigle, p. 40). Por su parte, la Misión Truslow del International Bank for Reconstruction and Development admitió en su Reporte sobre Cuba, de 1951, que: “La impresión general de los miembros de esta misión por observación directa y viajes a través de toda Cuba, es que la forma de vida de los campesinos, agricultores, trabajadores industriales, mercantiles y otros, son más altos que los que corresponden  a iguales grupos  en otros países tropicales” (Seigle, p. 40).

 

Asimismo, el profesor Rostow concluyó que ya en los años finales de la década de 1950 Cuba había iniciado la etapa del despegue hacia la de madurez económica de las sociedades desarrolladas (Seigle, p. 42). Norman A. Bailey  en su reporte Latín América in World politics, consideraba que “Cuba en 1956, era un próspero y educado país, que sólo por unos conceptos estrechísimos  pudiera llamarse subdesarrollada. El estándar de vida ha  ido subiendo con rapidez y por los últimos años del 50, era más alto que el de Japón  y al mismo nivel que el de Italia” (Seigle, p. 41).

 

Según el economista Illán, el pueblo cubano se hallaba dentro del 33 % de la población mundial que integraban los países de altos y medios ingresos, y no en el 67 % de la población de los que vivían sólo con el 15% del ingreso nacional (Idem). Boris Goldenberg en su libro The Cuban Revolution  and Latin American menciona que: “en relación con su población, Cuba era más altamente capitalizada que los otros países de la América Latina. Tanto Henry C. Wallich en su texto Monetary Problems of an Export Economy: Cuban Experiences 1914- 1947, y William Anderson en un trabajo en Foreign Agriculture, calcularon que la economía cubana era de más alto porcentaje que la de los otros países latinoamericanos (Idem).

 

Teodoro Draper en su libro Castrismo: Teoría y Práctica, cita las afirmaciones de los profesores y economistas afamados Harry T. Oshima, del Instituto de Investigaciones sobre la alimentación, de la Universidad de Stanford, California, y de Pedro C. M. Teichert, profesor de la Universidad de Gainesville en la Florida, los cuales enunciaron que no era aplicable a la Cuba pre-comunista el calificativo de país subdesarrollado.

 

Es cierto que la falta de combustibles, colocaba a la Isla en un plano de total dependencia del crudo de Venezuela transportado por buques tanques norteamericanos. Desde 1953 a 1958, el incremento de aumento de la población fue del 1.9 %, por debajo de la mayoría de los países de América Latina. Al ser inferior su población agrícola respecto a muchos de estos países, y al disponer de un per cápita superior en exportaciones, en ingreso nacional y en capitalización, estaba en mejores condiciones económicas para el salto al desarrollo.

 

En un siglo el país ha experimentado diversos cambios en sus status político y económico: fue una colonia política y económica de España; en dos ocasiones estuvo bajo la intervención militar de los Estados Unidos; finalmente su sistema de libre empresa quedó subvertido por el comunismo soviético. Las fases de transición de estos períodos están delimitadas por cambios abruptos en la estructura política y económica de la Isla. Cuando el país iniciaba la denominada etapa de despegue, tuvo lugar un estado de evidente regresión como resultado de la instauración del socialismo.

 

La Revolución de 1959-60 no hizo otra cosa  que cambiar la zona de dependencia de Estados Unidos al circuito del bloque soviético. Cuando en 1959 imagina que la mentalidad azucarera era sólo la expresión ideológica de una minoría monopólica - y no lo resultante de un largo proceso histórico y de profundas constataciones económicas- el vuelco que se imprime a su política económica significó un salto en el vacío en el cual perdió, súbitamente, la mayoría de los beneficios que le fueron otorgando los factores geopolíticos.