Cubanálisis El Think-Tank

ARTÍCULO ORIGINAL PARA EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

 

                                                          Juan F. Benemelis

 

 

La mesa de comer, la vara de medir

 

Si consideramos la libreta de abastecimientos, el mercado negro, el mercado paralelo, las importaciones oficiales de alimentos y la parte de las remesas destinadas a la adquisición de comida, los niveles de consumo de la población de la Isla en los últimos años pueden elevarse en términos de dinero a cantidades por encima de los 4,000 millones de dólares anuales.

 

Hasta ahora, el monto de las ayudas extendidas o prometidas a Cuba, incluida la de Estados Unidos, anunciadas oficialmente, acaso rondan los 40 millones de dólares, es decir, el 1% del consumo, que de materializarse sólo alcanzaría para un pequeño poblado en los remates de cualquier provincia. Y esto es válido también para las instituciones norteamericanas que desconocen la capacidad de consumo de la población cubana, y la conceptúan de tercermundista.

 

El régimen se movió con presteza en los días pre y post ciclónicos, evitando el caos todo  lo posible, evacuando a la población masivamente, e iniciando de inmediato la siguiente fase. Pero todo eso es posible en cualquier sociedad militarizada de arriba a abajo, y por tanto no es una hazaña de los generales de cuarteles.

 

El régimen está encarando la crisis de los huracanes con una combinación de las reservas militares, las civiles, un porcentaje de la producción normal, algunos contenedores de ayuda humanitaria llegados del exterior, y productos almacenados del comercio interior. Una combinación precaria e insuficiente y con tiempo de paciencia limitada.

 

El país produce menos de 400,000 toneladas mensuales de viandas y vegetales (que resultan insuficientes), y la actual producción se redujo en el último mes a 80,000 toneladas, lo que se ha visto reflejado en los mercados agropecuarios estatales, unos 15,000 en todo el país, de los cuáles sólo 164 se hallan funcionando. Una verdadera recuperación necesita mucho más que triunfalismo. Véanse los datos siguientes:

 

Por otro lado, la entrega de tierra ociosa va muy lenta y no se ha desarrollado una fuerte campaña entre los desocupados, los albergados, y los residentes de los barrios marginales de las ciudades, es decir, las áreas más pobres y desposeídas de la Isla, y que tienen color.

 

Los discursos, noticias y consejos triunfalistas de la élite, como la declaración de José Ramón Machado Ventura de que la recuperación “marcha bien”, podrían dar a entender que ya se halla en camino, o que se han negociado o existen esperanzas de concretarse, acuerdos para recibir ayuda masiva que permita afrontar las necesidades de alimentación, hasta que el aparato productivo agro-pecuario pueda comenzar a responder, aunque sea parcialmente, tiempo que se estima en un año más o menos.

 

Se sabe que de aquí a fin de año el país puede disponer de unos 400 millones de dólares para compras de alimentos, ¿por qué no se han iniciado los trámites para estas compras, a qué se está esperando? ¿O es que se han iniciado y también son secreto de Estado?

 

¿Cómo se van a reponer las 320,000 toneladas mensuales de viandas y vegetales faltantes si el aparato agropecuario recién comienza a darse cuenta de las pérdidas, si la entrega de tierras ociosas va a un ritmo flemático, si la siembra de ciclos cortos cubre solamente una mínima parte de las necesidades, y todavía no se ha anunciado ninguna ayuda masiva de alimentos?

 

Entonces, eso es todo. Poca ayuda, poca producción, y un absoluto silencio sobre el futuro inmediato. Se desconoce a qué acuerdos se puede haber llegado con los rusos, cuál es la ayuda que materialmente ha brindado y entregado o prometido Hugo Chávez,  no se explica por qué los vietnamitas y los chinos ofrecieron tan poco, porque todo está siendo  manejado de manera ridícula como si se tratasen “secretos de Estado”.

 

Se habla de métodos de dirección diferentes entre Fidel y Raúl Castro, de estilos organizativos contradictorios, etcétera. Pero eso no explica ni justifica la ambigüedad. Filosofía y estilo diferentes de ejercer el poder, ¿pero para ejercerlo cómo?

 

Siempre, legal o ilegalmente, persuasiva o represivamente, a lo largo de la historia todos los modelos de gobierno, el democrático, el monárquico, el dictatorial de derecha, el de dictadura del proletariado, el socialista democrático, el faraónico, cualquiera… todos proclaman con voz engolada que hablan a nombre de, y “representan” al pueblo, y que son sus interlocutores.

 

Entonces, el régimen de La Habana muestra una gran insensibilidad al no plantearle a la población cuál es la verdadera situación, el nivel de la crisis, la realidad, fuese positiva o negativa. Los pueblos no son unidades militares, ni tampoco las provincias son brigadas moto-mecanizadas.

 

El estilo de dirección militar implica un mando subordinado que cumplirá sin chistar, y baja en el escalón de mando hasta un soldado-receptor autómata, pero Candelario Pérez, vecino del barrio de Chicharrones, en Santiago de Cuba, no es un soldadito de plomo, y tiene todo el derecho de ser informado, por el Estado en el que vive, y la nación a la cual pertenece, sobre cuál es la intención de los gobernantes respecto a la alimentación, a la vivienda y a todos los demás problemas pendientes.

 

A Candelario Pérez no le interesa el drama político y el duelo verbal entre las élites, la   gobernante en La Habana, la asentada en Miami y la posesionada en Washington. No le interesa que mientras que en Miami-Washington están apostando al big-bang, pero La Habana esté apostando a la permanencia eterna en el poder.

 

No le interesa saber, preguntar o entender si en sus reflexiones Fidel Castro está asumiendo funciones que son prerrogativas del presidente de los Consejos de Estado y de Ministros; ni tampoco el forcejeo por demostrar quién tiene la razón entre Washington y La Habana, quién es la víctima o el desalmado. Eso a Candelario no le resuelve ni le resolverá nunca esa cajita de fósforos tan necesaria ahora, la libra de arroz y huevos, o el tanque de agua para poder bañarse en este momento.

 

Candelario toca la flauta china en la conga de los Hoyos, su hijo mayor está preso por una acusación surgida por una venta de unas libras de carne de puerco, pero como es negro… El retiro no le alcanza para comprar lo poquito que él, su mujer y su suegra ya viejita necesitan para pasar el mes, y ahora, encima de todo eso, el desastre de los huracanes, acompañado por un silencio militar desde La Habana.

 

Este es el drama del grueso de la población cubana actual. Lo grave para cada uno de los cientos de miles de Candelarios no es lo que le sucedió a su vivienda, ni que está en un albergue, que estuvieron casi un mes sin luz, que se perdió la leche en polvo… lo más grave no es la increíble necesidad… lo material, su vara para medir la eficiencia del régimen que es la mesa de comer…

 

No, lo más grave es lo espiritual, la incertidumbre, el desconocimiento, tener siempre que depender de un gobierno auto-elegido y hereditario, que se considera ungido por los dioses de la historia, y por lo cual se da el lujo de no tener que dar explicaciones.