Cubanálisis El Think-Tank

ARTÍCULO ORIGINAL PARA EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

 

                                                           por Juan F. Benemelis

 

 

LA GEOESTRATEGIA MUNDIAL - 6

 

LA DOCTRINA BREZHNEV

 

El fracaso de Jruschov llevó a su sucesor, Leonid Brezhnev, hacia la vertiente militar, presionado por la coalición del ejército, Shelepin  y Piotr Shelest, que se habían impuesto en el Kremlin, y que desde una posición de fuerza buscaban dictar la rendición a "la burguesía". El equipo pos-Jruschov, que asumió la conducción del imperio soviético estableció una política de expansión y supremacía militar contra el Occidente capitalista, convencidos de que era imposible superar al capitalismo en el terreno económico y tecnológico.

 

El aborto de la Crisis de los Cohetes, el diferendo con Pekín, el conflicto norteamericano en Indochina, el choque árabe israelí y el caso cubano marcarían líneas tangenciales moscovitas en los sesenta. La descolonización afroasiática y su transformación posterior en un poder planetario favorecieron la tesis del desplome capitalista, pero está vez de la periferia al centro. La caída de Khruschev, precipitada por el grupo de los "duros" con Suslov a la cabeza, se produce en medio de la lucha entre China, por un lado y en menor grado Cuba y la URSS, por el control de los movimientos de liberación del Tercer Mundo.            

 

La unidad política del mundo occidental se había resquebrajado afectando incluso a la OTAN, debido a las posiciones del presidente francés Charles de Gaulle y del canciller germano-occidental Willy Brandt. El futuro era prometedor en términos estratégicos a los soviéticos, ante una Europa envuelta en pugnas y Estados Unidos empantanado en el sudeste asiático.

 

LA CLAUDICACIÓN DE LEONID

 

Brezhnev claudica definitivamente ante los "duros" Grechko, Nikolai Ogarkov, Mijail Suslov, Boris Ponomarev, es decir la alianza entre el complejo industrial militar y los ideólogos, y llega incluso a considerar el uso de las fuerzas nucleares contra China, desestimándose los pasos encaminados a la reforma económica interna. Por otra parte, el ascenso de los halcones en el Kremlin hace que Cuba adquiera a los ojos de estos mayor importancia militar, ahora que se desarrolla el poderío naval soviético, una estrategia geomilitar por sobre la anterior ideológico política; el uso de los movimientos de liberación nacional además de los partidos marxistas. 

 

En el grupo de los "duros" militan los que dirigen el complejo industrial militar y aunque hay gradaciones en sus posiciones, los posestalinistas son los guardianes de los ideales de la lucha de clases sin cuartel, la instauración mundial del comunismo y la violencia como instrumento de cambio en el Tercer Mundo. Los militares  buscaban maximizar los niveles de violencia e inestabilidad aprovechando conflictos locales.

 

Por otra parte, los cohetes intercontinentales soviéticos con ojivas nucleares se incrementaron a un millar para 1970, con una fuerza paralela en submarinos. Asimismo, la precisión de la cohetería soviética se iría incrementando así como el número de cabezas nucleares que cada uno acarrearía.

 

Sin embargo, el sistema soviético no se las pudo arreglar para pasar a un nuevo estadio de acumulación intensiva; fracasó en la nueva revolución industrial (dirigida por las computadoras) con la que terminó el Siglo XX. Las razones de este fracaso son complejas y nos obligan a colocar en el centro de nuestro análisis el giro no democrático del poder soviético, que fue al final incapaz de interiorizar la urgencia fundamental de progreso hacia el socialismo demandada por las condiciones que enfrentaba. Progresar hacia el socialismo, representado por la intensificación de exactamente esa democratización de la economía y de la sociedad que fuera capaz de trascender las condiciones definidas y limitadas por los marcos del capitalismo histórico. El Socialismo será democrático o no podrá existir: esta es la lección de esta primera experiencia de romper con el capitalismo.

 

LA PRIMAVERA DE PRAGA

 

Después de intensas luchas internas donde la facción anti-reforma checa trató de movilizar al ejército y que incluso obligaron al jefe soviético, Leonid Brezhnev, a visitar Praga en diciembre de 1967, Alexander Dubcek sucedió al estalinista Antonin Novotni. Los intelectuales, particularmente en la Unión de Escritores Checoslovacos, que habían sido reprimidos duramente por el régimen de Novotni, apoyaron de inmediato a Dubcek, y unidos a los estudiantes de Praga efectuaron fuertes manifestaciones de protestas antiestalinistas. A las pocas semanas de su ascenso al gobierno, ya los cambios introducidos por Dubcek eran notorios.

 

La Unión de Escritores eligió nuevos jefes liberales y publicó una revista en cuyo primer número instaba a la celebración de elecciones libres, una oposición activa en la Asamblea Nacional y una política exterior neutral entre los dos poderes nucleares. Jóvenes tecnócratas se esforzaron por instrumentar las reformas económicas que Novotni y sus partidarios habían estancado.

 

La tensión se hizo insoportable para Moscú y los "duros" del comunismo checo, sobre todo cuando las reformas de Dubcek empezaron a debatir el suicidio o muerte del presidente-filósofo checo Thomas G. Masaryk, en 1948. Los soviéticos, alarmados, enviaron tropas a Checoslovaquia ante el cuestionamiento de su comunismo ortodoxo. A Dubcek lo reemplazaron por un elemento leal a Moscú, Gustav Husak, luego lo enviaron por corto tiempo como embajador a Turquía y finalmente terminó en un oscuro puesto administrativo relacionado con tareas de reforestación en Bratislava.

 

El fracaso de la Primavera de Praga se dio por razones históricas; los sucesos de Praga provocaron una crisis de poder en la Unión Soviética, Hungría, Alemania Oriental y Polonia. A partir de tal evento, la generación que tomó el poder en la Unión Soviética empezó a comprender que el sistema tenía un limite de crecimiento y de ahí en adelante se estancaba y en consecuencia retrocedía en relación con los progresos del mundo capitalista.

 

Como consecuencia directa, las fuerzas armadas cobran mayor significación en la URSS debido a la necesidad de mantener el control sobre Europa Oriental, construir un frente militar respecto a China, alcanzar la paridad estratégica con Estados Unidos y asomarse militarmente al Tercer Mundo. Los soviéticos, además, habían iniciado un cometido militar mayor en el Medio Oriente, después de la Guerra de los Seis Días, en 1967, rearmando y reorganizando al maltrecho ejército egipcio de Nasser, que marca el inicio de una línea más efectiva en el orden militar y más comprometida con el Tercer Mundo. Hasta el punto de asumir la operación de los sistemas antiaéreos coheteriles y la tripulación de los aviones de combate en los ejércitos egipcio y sirio.

 

EL CONFLICTO CON CHINA

 

Por su parte, el conflicto chino-soviético no envolvería ninguna discrepancia ideológica de consideración; el centro del dilema radicaba en el grado de autonomía que debía gozar un país comunista del centro moscovita. Aunque, en el Tercer Mundo, la disputa chino soviética fue percibida como un encontronazo de intereses entre dos poderes con aspiraciones imperiales.

 

La posición china y sus campañas internas como la de "las cien flores" sin dudas impulsaron los vientos de desestalinización en Europa Oriental. La negativa pequinesa de someterse a la Unión Soviética, como el resto de los países socialistas, y su interés en desarrollar armamentos nucleares, precipitaron la confrontación, tanto dentro de China como en el campo socialista, incluso dentro de Cuba. 

 

En su acre diferendo con los soviéticos, los comunistas chinos sostenían el criterio de que las fronteras con su vecino ideológico, y también con la India, debían modificarse pues eran el resultado injusto de la expansión imperial zarista del Siglo XIX. Ya para octubre de 1964, los chinos habían hecho detonar su primera bomba termonuclear. En 1965, Pekín se hallaba perturbado ante la posibilidad de que los Estados Unidos hiciesen uso del arma atómica en Vietnam, durante su violenta escalada militar, así como de un golpe nuclear preventivo contra sus instalaciones nucleares. 

 

Pero si asombroso resultó el desarrollo nuclear soviético mucho más lo sería el de China comunista, que pese a su infraestructura tecno-fabril mediocre y a su aislamiento de los polos industriales del planeta, para 1967 se aparejaba al potencial militar nuclear de Francia y Gran Bretaña. Para ese año, China completaba su explosión termonuclear experimental número 30, pero esta vez de tres megatones, disponiendo de varios centenares de ojivas nucleares emplazadas en plataformas terrestres y submarinas, así como un número discreto de bombarderos y cohetes de medio alcance.

 

Después de la invasión soviética a Checoslovaquia, la dirigencia pequinesa se mostraría intransigente ante todas las presiones del Kremlin, decidida a no recibir el trato de satélite tan común al resto de los países del bloque soviético. En 1969, a lo largo de todo el corredor fronterizo entre la Unión Soviética y China, en especial en las riberas del río Ussuri, tuvieron lugar diversas confrontaciones convencionales entre ambos gigantes comunistas, llegando al grado crítico de considerarse el uso de bombas atómicas tácticas por parte de los soviéticos, opción que llevó a la alarma de la administración norteamericana de Richard Nixon.

 

Ante las consultas que realizaba Moscú con los miembros del Pacto de Varsovia, el dueto Richard Nixon-Henri Kissinger expresó que no toleraría un ataque nuclear soviético contra las instalaciones atómicas chinas. La posibilidad de un duelo nuclear se disolvió en la entrevista que sostuvieron en el aeropuerto de Pekín los líderes en pugna, Kosygin y Chou-En-Lai.

 

Los comunistas chinos nunca montaron una verdadera proyección expansionista y sólo se circunscribieron en los contenciosos fronterizos con el Tíbet, Corea, Vietnam, la Unión Soviética y la India; desde finales de la década del sesenta, los chinos se envolvieron en una política exterior cándida y, a diferencia de los soviéticos y norteamericanos, la posesión de la bomba atómica no significó para ellos el status de gran potencia.

 

LA DETENTE

 

Presionados por el veloz y masivo armamentismo soviético, los norteamericanos acariciarían la idea de montar un sistema defensivo anticoheteril que desató una gran controversia internacional durante la administración de Richard Nixon, quien era un ferviente cultivador de la diplomacia atómica y en varias ocasiones durante su carrera política como vicepresidente y presidente fue partícipe de discusiones donde se ponderó el uso del arma nuclear, consideró seriamente el uso de armas atómicas tácticas contra la India en 1971, durante la confrontación entre ese país y Pakistán. El propio Nixon y su secretario de Estado Henry Kissiner desplazaron un poderoso grupo naval hacia la bahía de Bengala para tender una sombrilla protectora al Pakistán pro-occidental. Esta decisión precipitó a la India hacia la carrera atómica.

 

Así, se llegaría a las negociaciones por la limitación de tales sistemas con el tratado antibalístico de 1972, los acuerdos SALT-1, entre ambas potencias atómicas. Los acuerdos SALT-1 dejaban el territorio de ambos países abiertos a los cohetes estratégicos del rival: la segura destrucción mutua, pues, en realidad no consideraba medidas contra los cohetes con ojivas múltiples, los MIRV, que concedían una gran ventaja al atacante.

 

En SALT-1 los diplomáticos soviéticos procuraron proteger el derecho a emplazar los nuevos sistemas coheteriles que en ese momento estaban desarrollando, los SS-19, que fueron puestos en funcionamiento en 1975. Pero los acuerdos SALT-1 serían violados también con la modernización de las cabezas múltiples MIRV, que fueron llevadas de 360 a 2,160 ojivas, aunque ello en realidad no alteraría el balance estratégico.

 

Llevado al reduccionismo de la "realpolitik", la estrategia soviética para derrumbar al capitalismo occidental busco influir y entrenar los "movimientos antioccidentales" del Tercer Mundo, para privarlo de recursos y posiciones vitales; aupar el ascenso de los partidos comunistas occidentales, los movimientos pacifistas y la neutralización de las organizaciones sindicales y profesionales. Para fines de la década de los sesenta, la armada soviética disponía de puntos de recalaje en Conakry, Guinea; Pointe Noire, Congo Brazzaville; Adén, Yemén del Sur; en Hodeida, Yemén del Norte; en Mers-El-Kebir, Egipto; y en Cienfuegos, Nuevitas y Mariel, Cuba.

 

En 1970, en Teherán, en una conferencia secreta de los embajadores norteamericanos del Cercano y Medio Oriente, con los subsecretarios de Estado y la CIA, se acordó que Irán llenase el vacío que causó el desmantelamiento de las fuerzas británicas del Golfo Árabe, que Arabia Saudita se concentrara en la problemática peninsular y afrontara el peligro de un régimen marxista en Yemen del Sur, y se buscase la neutralización de Irak.

 

 Irán ocupó las islas situadas en el Estrecho de Ormuz y las de Kuria-Muria frente a Muscat, construyendo bases militares y apuntalando al ejército del sultán Qabús en contra de la insurrección lanzada por los cubanos y sur-yemenitas en la provincia del Dhofar. En junio de 1971, se desarrolló un incidente en el estrecho de Bab El Mandeb cuando lanchas guerrilleras palestinas atacaron a barcos petroleros iraníes con destino a Israel; era lógico para Tel Aviv que nada lograba teniendo en sus manos el Golfo de Akaba si la otra extremidad de la ruta acuática se hallaba bajo la amenaza de cubanos, yemenitas y palestinos; ello hizo que Tel Aviv se decidiera a custodiar este acceso del Mar Rojo, colocando una fuerza móvil en la isla etíope de Haleb, a cambio de asistir a Haile Selassie en su lucha contra los musulmanes eritreos.

 

La paridad nuclear con Estados Unidos lograda por los soviéticos fue el factor principal para que se aceptase la realidad del mundo de posguerra a que aspiraba el Kremlin. En 1971, el canciller Willy Brandt aceptó, mediante un tratado con los soviéticos, las fronteras establecidas en Europa central por la Segunda Guerra Mundial, incluyendo la franja de Oder-Neisse entre Polonia y Alemania. Los años anteriores al acuerdo Bonn-Moscú, fue un período donde los soviéticos habían realizado masivos emplazamientos de sistemas coheteriles intercontinentales, y el propio acuerdo con Brandt llevaría de la mano al tratado SALT-1 de 1972. Todo ello contradijo a los que pensaban que todo el sistema de valores nacionalistas germanos y su idea de una misión para el pueblo alemán habían colapsado.

 

Lejos de lo que el grueso de la humanidad piensa, en varias ocasiones en las últimas décadas su final ha estado al borde de producirse por la irresponsabilidad de los políticos que rigen los destinos de casi todas las naciones contemporáneas. Después de la comparecencia de la bomba atómica y la termonuclear, pasan más de una docena los momentos en que se ha barajado con seriedad por alguna de las potencias nucleares el uso de esta arma de aniquilación masiva.           

 

Entran en este catálogo la tensión en el norte de Irán en 1946 entre la Unión Soviética y los Estados Unidos donde Washington amenazó embozadamente con lanzar la superbomba si Stalin no retiraba sus ejércitos; la batalla de Dien-Bien-Phu en 1954, cuando Francia solicitó de Estados Unidos el uso de la bomba atómica contra los vietnamitas; tres veces durante la guerra de Corea, en 1950, 1952 y 1953 donde se concibió atacar con bombas nucleares a China; la crisis de Suez en 1956, momento en que los soviéticos amenazaron con utilizar la superbomba; dos veces en el estrecho de Formosa, en 1954 y 1958; la de los cohetes soviéticos en Cuba en 1962; la guerra chino-soviética en Asia en 1968, ocasión en que el Kremlin expresó su disposición de rematar los ejércitos de Mao con bombas tácticas nucleares.

 

Asimismo, durante la guerra de Vietnam, el mando militar norteamericano presentó en varias ocasiones la opción atómica; en la confrontación indo-paquistaní de 1971, cuando Estados Unidos valoró arrojar bombas atómicas contra la India; en la guerra árabe-israelí del Yom Kippur en 1973, que motivó la amenaza de guerra atómica por parte del Kremlin y la puesta en tensión del Comando Aéreo Estratégico norteamericano; y en la tensión Moscú-Washington en 1982, donde los soviéticos pusieron en alerta total sus fuerzas atómicas. El agente de la KGB soviética, Oleg Gordievsky, destacado en Londres, que "soplaba" al M16 británico en los años iniciales de la década del 80, expresó a Londres que el Kremlin esperaba un ataque nuclear de Reagan en cualquier momento, y sobre todo en los meses finales de 1983.

 

Sin dudas, los dos instantes de mayor riesgo nuclear fueron la Crisis de los Cohetes, en Cuba, en 1962, y los últimos momentos de la guerra árabe-israelí del Yom Kippur, en 1973.

 

La década del setenta ha sido acaso el período más crítico de este siglo y donde, comparativamente se produjo un estancamiento tecnológico y científico, de reflujo en el esfuerzo que tanto Estados Unidos como la Unión Soviética realizaron respecto a los planes espaciales.

 

Para comienzos de los años setenta, el rígido sistema de planificación que había evadido la reforma jruschoviana, se hallaba al borde del colapso; pero un nuevo elemento pudo suplir la esclerosis económica: la masiva infusión de los petrodólares, al moverse los precios del crudo en un 500 % y destaparse los enormes yacimientos de Siberia. Para 1973, la Unión Soviética no sólo se afirmaba como el primer productor de petróleo del mundo por encima de Estados Unidos y Arabia Saudita, sino que comenzó a disputarle a Washington su hegemonía en el Medio Oriente, tras la guerra del Yon Kippur. 

 

La crisis del petróleo, además, mostró de manera efectiva cómo el uso de materias primas vitales al Occidente podía ser utilizado por Moscú como un arma política. La estrategia soviética para derrumbar al capitalismo Occidental, privándola de recursos, materias primas y posiciones geográficas vitales se hizo instaurando en el poder, por la fuerza, regímenes comunistas, generalizando el terrorismo y la violencia. Se penetraron organizaciones políticas y sociales del Occidente y se controlaron los "movimientos de liberación" del Tercer Mundo, y mediante el robo de tecnología occidental se buscó "sofisticar" la maquinaria de guerra soviética.

 

El hecho fue que en 1972, los soviéticos insistieron en una incorrecta definición de la detente. Para ellos la detente era entre determinados estados y no tenía nada que ver con lo que ellos hicieran en el Tercer Mundo. Muchos políticos del Occidente consideraban que era un hecho de la política y la historia el que se aceptase a los soviéticos como imperio, y que se le permitiese controlar un número de estados "clientes", siempre y cuando no buscaran minar los cimientos de la civilización occidental capitalista.

 

Pero, la estrategia soviética era enterrar al capitalismo por medio de las armas, la subversión y la propaganda, ya que no podían hacerlo por la economía. En el caso de Europa, Moscú buscaría desmembrar la Comunidad Económica Europea, sacar a los Estados Unidos de la OTAN, y evitar que Europa se transformase en el tercer poder militar a niveles de super potencia. ¿Y, qué hicieron los soviéticos? pues superar en tanques y cohetes a los europeos y mantenerlos en un constante terror.

 

Por otro lado, el Kremlin buscó avanzar en el control de islas, canales, estrechos y territorios claves que posibilitasen su activa presencia en el sudeste asiático, el Medio Oriente, el Océano Indico, el Atlántico, el Canal de Suez, el Canal de Panamá, las cuencas petrolíferas del Golfo Árabe,  México y Venezuela, los recursos minero industriales del cono sur africano y del sub continente indio.

 

Las fuerzas armadas cobran significación en la Unión Soviética debido a la necesidad de mantener el control sobre Europa Oriental, construir un frente militar respecto a China, alcanzar la paridad estratégica con Estados Unidos, y al lado de ella, la proyección militar en el Tercer Mundo. Así, se realiza un esfuerzo en el orden militar; se penetran organizaciones políticas y sociales del Occidente y se controlan los "movimientos de liberación" del Tercer Mundo. Mediante la transferencia tecnológica de Occidente se busca "sofisticar" la maquinaria de guerra soviética. 

 

La detente resultaría una estrategia conservadora, que se desarmó con la faena soviética en el Tercer Mundo, en especial en Vietnam, Angola, Etiopía y Afganistán. La unidad política del mundo occidental se había resquebrajado afectando incluso a la OTAN, debido a las posiciones del presidente francés Charles de Gaulle y del canciller germano occidental Willy Brandt. El futuro era prometedor en términos estratégicos a los soviéticos, ante una Europa envuelta en pugnas y Estados Unidos empantanado en el sudeste asiático.

 

LAS TENDENCIAS DEL KREMLIN

 

Tres grandes tendencias dominaron el escenario del Kremlin hasta Gorbachov, correspondiendo a los esquemas tradicionales del marxismo oficial: reformadores, conservadores y autoritarios. La nueva proyección global fue propulsada por una alianza entre los jóvenes turcos del ejército (Ogarkov, Petrov, Grechko) y los "internacionalistas" del Partido (Suslov, Menchka, Ponomarev), así como la inteligencia militar (el GRU) y personalidades como Brezhnev; en contraposición a los criterios reformistas y "evolucionistas" de Kosygin, Podgorny, Gromiko, Yuri Andropov y Gafurov.   

 

Mientras las agencias de inteligencia occidentales subestimaban los planes armamentistas de los comunistas, el grupo de Brezhnev se propuso como objetivo superar al Occidente en los sistemas de armamentos estratégicos, construyendo mayores cantidades de cohetes intercontinentales (ICBM) de mayor poder destructivo que el "Minuteman" norteamericano cuya sola área de ventaja se hallaría en la precisión de sus cohetes.

 

Si bien los letales submarinos portacohetes de la serie Echo eran inferiores a los Poseidón norteamericanos su número superaba tal desventaja. Se buscaría armar una flota naval con los portaaviones tipo Kiev de 8 rampas coheteriles; los transportes de helicópteros Moskva y Leningrado, equipados electrónicamente; y los destructores de la serie Krivak con cohetes SS-N 10; y los letales submarinos porta cohetes Echo II.

 

Los soviéticos lograron la construcción de cohetes con ojivas nucleares de mayor poder destructivo que el Occidente. Se mejoraría la defensa civil y la defensa aérea; y los esfuerzos por una defensa anticoheteril, antes y después de SALT-1 superaron a los de Estados Unidos.

 

Era evidente que el plan soviético no consistía en lograr la paridad militar con los Estados Unidos, sino en obtener los mejores medios coheteriles ofensivos y en construir una defensa que limitase el poder destructivo atómico norteamericano.

 

Los estrategas occidentales perfilaron de inmediato al Océano Indico y al Golfo Árabe como un futuro foco de conflictos debido a los problemas del petróleo y a la presencia soviética en Yemen del Sur y Somalia; a ello se uniría la importancia de otras materias primas cardinales del área como el algodón hindú, el estaño y el caucho de Malasia e Indonesia, el cobre, el oro y los diamantes de África y la entrada y salida del Mar Rojo. Para los países industrializados del occidente, grandes consumidores de la materia prima del área, resultaba vital garantizar la libertad de navegación índica y controlar sus rutas navieras y aéreas. Así, el petróleo, los estados del Golfo e Israel serían las paralelas por donde se movería toda la política y la estrategia militar del occidente.

 

A pesar de la nueva orientación estratégica estadounidense en Asia, la OTAN se precipitó a desarrollar una política de presencia física en el Índico. Inglaterra conservaba el sistema Skynet que comprendía Singapur, Bahrein, Gan y Chipre, con bases en una serie de islotes estratégicos con centro en Las Maldivas, Mauricio, Vacoas, Simonstown en Africa del Sur y las zonas de seguridad de Irán y Arabia Saudita; a esto se unía la formación naval norteamericana de la Séptima Flota. 

 

Ante la creciente actividad naval soviética en Tanzania, Etiopía, Somalia, Mauricio, Ceilán, India y Pakistán, en octubre de 1973, el Secretario de Defensa norteamericano, Schlesinger, decretó que en el futuro la armada de su país estableciera un patrón regular de visitas al Océano Índico. En 1974, Estados Unidos con el beneplácito de Irán y Pakistán comenzó a transformar la isla de Diego García, en el Archipiélago de Chagos como un observatorio admirable en el centro del Océano Indico y una gigantesca base naval, aérea, nuclear y de comunicaciones, desde donde se controla todo el océano. Asimismo, Estados Unidos desarrolló el programa balístico nuclear para submarinos llamado ULMS para emplazarlo en el índico.

 

A comienzos de 1976, cuando el ascenso de Jimmy Carter a la Casa Blanca, la Unión Soviética había logrado una clara superioridad estratégica que se transfiguraría en dramáticas ventajas internacionales para Moscú y reales pérdidas para el Occidente. A todas luces, el mando militar soviético parecía inclinado a considerar la peligrosa idea, como en ocasiones había apuntado el general LeMay, de que un primer golpe atómico supermasivo con sus ICBM, dejaría a los Estados Unidos prácticamente incapacitado para responder.

 

El desconocimiento de la ideología marxista por parte de los dirigentes occidentales llevó a la incomprensión de la raíz y naturaleza no sólo del sistema soviético, sino de sus métodos de actuación y objetivos. La ideología marxista, al atribuirse el monopolio y la universalidad del conocimiento de los resortes del poder y los cambios sociales, llevaba directamente a una estrategia donde el blanco no resultaba sobrepasar técnica y económicamente al mundo occidental, sino superarla mediante la voluntad e iniciativa política y militar.

 

El gran logro de la política soviética fue que, tras 70 años, su diseño de expansión ideopolítica primero y geoestratégico después, no era admitido por gran parte de la "intelligentzia" Occidental, deslumbrada por la fascinación teórica proveniente de la doctrina oficial de un imperio en ascenso expansivo. Costaría trabajo admitir la existencia de un esquema imperial soviético; como consecuencia, los medios de comunicación y los políticos de mentalidad provinciana, el subproducto de la "intelligentzia", no atinaban a encontrar el "hilo de Ariadna" en los acontecimientos que estallaban ante sus ojos.

 

El petróleo y gas siberiano, que significaron $200 billones en 15 años (el 60 por ciento de sus ingresos en moneda dura) posibilitó al Kremlin romper la detente, proyectarse hacia Asia, África y América Latina; sostener su guerra de 10 años en Afganistán, costear el estacionamiento del cuerpo expedicionario cubano en Angola y Etiopía, así como la invasión vietnamita a Cambodia.

 

Los acuerdos de Helsinki, la expansión de su cohetería y su flota transoceánica, el control del sudeste asiático, la adquisición de Afganistán y puntos fuertes en África así como la implantación de su esfera de influencia de la Cuenca del Caribe (Cuba, Nicaragua) fueron elementos del cambio de rumbo de la maquinaria moscovita hacia horizontes extraeuropeos, pasando del ideologismo del COMINTERM a la concepción global extraeuropea.

 

Dentro de ese avance, la guerra de recursos era una invariable marxista ya desde los bolcheviques, quienes consideraban la descomposición del sistema colonial y del orden económico internacional (capitalista), como los inicios del derrumbe occidental. Con la detente los soviéticos esperaban liquidar la doctrina Hallstein, defendida por Konrad Adenauer respecto a Alemania, y crear un espacio en Europa Central que facilitase el desmantelamiento del rodillo militar norteamericano de Europa.

 

Mientras se logra canalizar la detente, obra de Andrei Gromiko y Brezhnev, la alianza de los militares e internacionalistas presionan en favor de la llamada doctrina Brezhnev que concede a la Unión Soviética la posibilidad de intervenir militarmente en conflictos locales, fuera de la esfera soviética europea, bajo la sombrilla de la detente. La Unión Soviética había transformado su táctica de confrontación directa con el Occidente por la de los conflictos de baja intensidad, los cuales por lo general no mostraban claramente la cara del enemigo. 

 

Dentro del cuadro de las superpotencias la Unión Soviética libró un duelo por la captura política o militar de posiciones neurálgicas en el globo, buscando crear estados clientes afines para así disminuir la influencia norteamericana. Suslov y Grechko fueron los voceros para el uso de ejércitos y fuerzas no soviéticas (Cuba, Vietnam, Corea del Norte, Alemania Oriental, Yemen del Sur) en la consecución de una estrategia global que evadiera los riesgos de la confrontación directa con el Occidente.

 

El bloque soviético, en especial la Unión Soviética a través de sus emisiones en árabe, trataría de convencer a los países medio orientales de la efectividad del arma del petróleo contra el Occidente. La crisis del petróleo mostró de manera efectiva como el uso de materias primas vitales al Occidente podía ser utilizado como un arma política. Brezhnev violó los acuerdos SALT-1 consagrados con Occidente al expresar que "las aventuras estilo Angola no se repetirían, pero fue seguida por la masiva intervención en Etiopía; ello sugiere, no duplicidad sino una variación de fuerzas políticas dentro del politburó, basado en las percepciones alteradas por los eventos que tenían lugar"

 

LA OSTPOLITIK

 

Fue la Ostpolitik de Willy Brandt la que allanó el camino para la Conferencia de Seguridad y Cooperación en Helsinki, en 1973. A cambio de la aceptación de las fronteras europeas de posguerra, los poderes occidentales demandaron la adición de un grupo de cláusulas al Acta Final que garantizaban ciertos derechos humanos. Se ha argumentado que tales acuerdos legitimaron la ocupación soviética sobre la Europa del Este pero, en la práctica, las cláusulas sobre los derechos humanos y la creación de un proceso de supervisión de los mismos, concedieron oportunidades sin precedentes al Occidente para cuestionar la política interna de la Unión Soviética, y de los países comunistas en la Europa del Este.

 

El período que concluyó en 1975 se caracterizó por el violento desarrollo militar soviético que entronizó la alarma en todo el Occidente. El Kremlin pensó que había alterado a su favor el balance de fuerzas militares y nucleares del planeta. Sus pasos siguientes se encaminaron a la construcción de defensas anti-cohetes, punto que se congeló en las negociaciones en Helsinki, para que el balance nuclear continuase siendo efectivo. El hecho fue que en 1972, los soviéticos insistieron en una incorrecta definición de detente.

 

Para cuando el petróleo y la energía hidroeléctrica devinieron importantes, el patrón del poder político fue remodelado nuevamente. El petróleo enfatizó el poderío norteamericano, aunque no hizo de Venezuela, México o de Arabia Saudita potencias mundiales. La tecnología reorganizó el balance internacional entre los estados, y concentró el poder y desarrollo en un grupo selecto de ellos.

 

 Los colosales ingresos de su petróleo fueron despilfarrados, y su creciente comercio de armas en el Tercer Mundo respondía a un diseño imperial de dos elementos fundamentales: el control militar y la hegemonía política de los marxistas. En un intento por consolidar su posición alrededor del mundo, los soviéticos enviaron gigantescas acerías a la India, modernos cazas bombarderos a Siria, tanques y helicópteros al Irak, técnicos a Etiopía y Angola. Pero, el imperio soviético no descansó en la hegemonía tecnológica o financiera de la metrópoli sobre sus estados clientes. Los enormes préstamos a países tercermundistas se hacían a nombre del "internacionalismo proletario", en una época donde el capitalismo mundial parecía en franco retroceso, Estados Unidos lamía sus heridas de Vietnam y Europa se hundía en la crisis energética.

 

Si la élite de Brezhnev creyó que las provisiones sobre los derechos humanos permanecerían como letra muerta, como sucedió con la declaración de Yalta, pronto se convenció de lo contrario. Incluso dentro de la Unión Soviética y en Polonia se formaron grupos de observadores para monitorear los abusos en materia de derechos humanos. La iniciativa más notoria fue la que germinó en Checoslovaquia: Carta-77, la cual conforme al espíritu de las oposiciones surgidas en los 70´s, no invocaba la acción política, ni se conformaba en organización, sino que simplemente invitaba a incorporarse a aquellos interesados en los derechos humanos.

 

La autosuficiencia e ilusión de fortaleza del bloque soviético se reflejó en sus ideólogos, que pregonaron cómo la corriente de la historia se movía en su dirección, y tildando la crisis energética como un fenómeno propio del capitalismo. La dirigencia soviética esperaba obtener y recibir una amplia recompensa política internacional debido a su poderío militar. Pero el triunfalismo soviético estaba preñado de graves errores; en vez de modernizar su arcaica capacidad industrial instalada, comenzaron a depender de estas inyecciones foráneas, realizando entre otras, colosales compras de granos del Occidente, que se cuadruplicaron de 1970 a 1983.

 

De no haber tropezado con los yacimientos siberianos a principios de los 1970, y con un mercado que pagaba a precio de oro el hidrocarburo, la disolución de la Unión Soviética, la liberación de la Europa Oriental, la caída de los estalinismos tercermundistas, incluso, el final de la carrera armamentista y hasta la misma perestroika hubiesen tenido lugar dos décadas antes.

 

La "cantonización" de Líbano y la incapacidad norteamericana de hacer avanzar el proceso de paz en esa área inundada de petróleo se sumó a la declinación de la demanda de hidrocarburos a inicios de la década 1980, que culminó en el dramático colapso de precios de 1986, que casi termina con la OPEC, e hizo remota la probabilidad de que el Golfo Persa fuera capaz de engendrar una crisis entre los superpoderes. Los países productores del área vieron reducirse dramáticamente sus ingresos.

 

La geopolítica petrolera dictó además que Irán continuara siendo importante para el Occidente, generalizando la consideración de excluir a la Unión Soviética del Golfo Persa. Bajo la dirección del almirante Frank Kelso, tres portaaviones (América, Saratoga y Coral Sea) con sus destructores de apoyo, y una nube de cazabombarderos y submarinos del tipo Los Ángeles, se ensamblaran en el Mediterráneo central, y en abril de 1986, los cazas F-111 ubicados en Inglaterra lanzaron un ataque directo contra Libia. Así, una materia prima, como los hidrocarburos, se transformó en crítica para la seguridad nacional de los estados nacionales, debido al incremento de su consumo.

 

Es cierto que la administración del presidente norteamericano Jimmy Carter no era proclive a la carrera armamentista, negándose a la modernización de las fuerzas armadas, defendiendo la permanencia de los submarinos Poseidón, rechazando la construcción de los bombarderos B-1 y la bomba de neutrones; pero, ante los hechos, se vio en la necesidad de responder a este descomunal programa armamentista soviético y puso en las mesas de proyecto el cohete móvil M-X con diez ojivas nucleares, para reemplazar a los ya obsoletos Titán-II y a los Minuteman, ubicados en vulnerables silos fijos. Pero la construcción de los M-X se dilataría y sólo un centenar de ellos lograba ser emplazado para 1988.

 

No obstante, Estados Unidos nunca se halló en una situación totalmente inferior con respecto a la Unión Soviética, puesto que los variados y masivos sistemas emplazados por ambos bandos hacía del desbalance sólo un tema de estadística, al punto que la presencia de submarinos soviéticos con cohetes atómicos en Cuba, en la costa atlántica norteamericana, en la década de los 80, no provocaba gran excitación en los medios de poder de la Casa Blanca.

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