Cubanálisis El Think-Tank

ARTÍCULO ORIGINAL PARA EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

 

                                                          Juan F. Benemelis

 

 

LA GEOESTRATEGIA MUNDIAL

 

LA ALARMA DE EUROPA

 

La alarma europea estribó en la posible integración de los recursos financieros del Cercano Oriente a la economía de los Estados Unidos, transformándose en su mercado principal y centro de las inversiones de petrodólares. Siria consolidó en ese momento su control del Líbano y recibió una jugosa compensación por su alianza al Occidente en contra de Hussein, además de ser aceptado con mayor consideración entre los países moderados petroleros del área. Pero Irán, cuyos sueños de expansión fundamentalistas fueron cortados en seco por Hussein en la sangrienta guerra de 8 años, mantuvo una sorprendente neutralidad al principio, y un rumorado alineamiento a la coalición anti-Irak al final, beneficiándose de la situación petrolera, al poder elevar sus exportaciones. Los iraníes, necesitados de reconstruir su economía, presionaron exitosamente por la concesión de créditos y tecnología del Occidente.

 

Arabia Saudita disponía de una estimable fortuna de $100 billones en inversiones exteriores. Los Emiratos del Golfo, con sólo 10 millones de habitantes amasaban depósitos por $460 billones en los bancos occidentales, en contraste con el resto de los 190 millones de habitantes que poblaban el resto del mundo árabe cuyos países acumulaban una deuda exterior de $200 billones. Turquía se destacaría por resultar un puente entre el mundo islámico y la Europa cristiana, y pese a recibir $450 millones anuales por el oleoducto de Irak, se alineó sin titubeos a la coalición, implementó el bloqueo y permitió el uso de sus bases a la aviación norteamericana. Turquía fue compensada financieramente por esta postura y además su membresía en la OTAN, que se venía cuestionando, fue consolidada.

 

LAS RESERVAS ENERGÉTICAS EUROASIÁTICAS

 

Para entender la política en el Cáucaso y Asia Central se necesitar disponer de un mapa en la mano para entender la existencia de una feroz competencia de civilizaciones entre los pueblos turco e iraní por las futuras rutas comerciales petroleras procedentes del Asia Central. El Caspio y las áreas aledañas son, por lo demás, una zona de enorme importancia geo-económica, tanto por los yacimientos de petróleo y gas natural que albergan, como por los oleoductos y gasoductos correspondientes.

 

Las reservas de gas y de petróleo del Mar Caspio y de las repúblicas centroasiáticas de Kirguizistán, Kazajstán, Uzbekistán, Tayikistán y Turkmenistán, todas ellas colindantes con Afganistán, son reconocidas como la tercera más importantes del planeta, con niveles que ascienden a 270 mil millones de barriles y es considerada como la alternativa a las del Golfo Pérsico. La región cuenta, además, con yacimientos de gas estimados en 236 millones metros cúbicos. Estas fuentes de energía, las menos explotadas del mundo, se extienden hacia el este desde Bakú, la ciudad petrolera del mar Caspio. El India Times estima que sólo los yacimientos del Caspio son el equivalente a las reservas de Arabia Saudita (India Times, 20 de octubre de 2001) (Con arreglo a las nuevas normas de medición de las reservas, Canadá es el segundo país con mayores reservas de petróleo, cuando se tienen en cuenta las arenas petrolíferas de Alberta, cuya explotación se consideraba anteriormente excesivamente costosa).

 

Los principales campos petroleros de la región están en Kazajstán y Azerbaiján. Los acuerdos entre las empresas petroleras y los gobiernos del Cáucaso permitían trazar una ruta mucho más directa del petróleo del Caspio hacia los países centrales, cruzando Azerbaiján y Georgia en camino al Mediterráneo. Por su parte, el ejército de Georgia estuvo recibiendo entrenamiento especial de expertos norteamericanos, fortaleciendo la capacidad de este país para defender el trayecto final del oleoducto que una al Mar Caspio con el Mar del Norte y el Mediterráneo.

 

A fines de 1997 Azerbaiján celebró la apertura de sus campos petrolíferos del Mar Caspio. La iniciativa fue resultado de un contrato entre el gobierno azerí y un consorcio de 12 empresas con una participación estadounidense del 40%. Opuesta a Rusia se desarrolla una alianza de Turquía con Azerbaiján y con Israel. Las principales compañías petroleras occidentales están representadas en Azerbaiján. El boom petrolero en Azerbaiján poco ha hecho a favor de su desarrollo, excepto la construcción de algunas mezquitas y estaciones de gasolina a lo largo de la ruta del oleoducto. La nueva “ruta de la seda” es el nuevo vector del poder que conectará a Europa con el Lejano Oriente a través de oleoductos de petróleo y gas, ferrocarriles y rutas automotoras, de Budapest a Bucarest, a Estambul, Ankara, Supsa, Tbilisi hasta Bakú; de Bakú a Turkmenbashi y Ashagabat en Turkmenistán, y finalmente a Kazajstán, China y Japón.

 

En Kazajstán se ubican tres grandes campos petrolíferos (Tenguiz, Karazhanbas y Dunga) y altas reservas de gas codiciadas por la British Gas y la AGIP. Bakú es el cruce del comercio energético internacional. Es el encuentro de Europa con el Asia interior. El oleoducto Bakú-Supsa concede una forma segura de exportar el petróleo del Asia Central a través de Georgia y Azerbaiján a Occidente sin tener que pasar por Rusia vía el Mar Negro y el Bósforo. En Bakú los soldados de Alejandro, el Magno, descubrieron por vez primera el gas metano que salía de las arenas, y los templos zoroastra con sus “llamas eternas”, que eran escapes de gas metano encendidos.

 

Los yacimientos de Kashagan concentran depósitos superiores en volumen al petróleo del sector británico del Mar del Norte. Los recursos de gas natural y de petróleo del Mar Caspio convierten a Uzbekistán en uno de los principales protagonistas del renacer estratégico de Asia Central, en cuyo tablero Uzbekistán intenta estar respaldado por Turquía y Estados Unidos.

  

LA GEOPOLÍTICA

 

A lo largo del siglo XIX, los imperios ruso y británico lucharon por el control de Afganistán y del Asia Central y que se dio en llamar "la gran cacería". Hoy, el petróleo es la presa de la "nueva gran caza" de la región del Caspio y del valle del Ferganá y el problema del transporte por óleo-gasoductos es lo que desde 1998 viene litigándose por las transnacionales del petróleo. Estas reservas petroleras no tienen salida al mar. El Caspio es un mar interior y casi todos los vecinos del área no se sienten confiados en la transportación a través de Rusia. Para su explotación, se necesitan enormes oleoductos y gasoductos que recorran cientos de kilómetros de montañas y desiertos. El punto nodal reside en qué consorcio controlará cual región geográfica y en cooperación con cual dictador, ya que el vacío social que siguió al colapso del imperio comunista fue gradualmente, y de forma imperceptible, llenado por imperios corporativos no tradicionales. Es conocido que quien controle los oleoductos controla el petróleo. Por eso existe una intensa disputa para determinar quién construirá los nuevos oleoductos y por donde cruzarán.

 

Asimismo, quien controle la región del Caspio determina un polo de poder que contrapesa al del Golfo Pérsico, al abrirse una nueva fuente de recursos energéticos al mercado mundial. Si los oleoductos se dirigen hacia el norte, a Europa, a través de Rusia, ésta recuperará el control del Caspio. Si los oleoductos se dirigen al oeste, de Bakú (Azerbaiján) al puerto mediterráneo de Ceiján, a través de Turquía, Estados Unidos controlará el petróleo y a los que lo necesiten. Los nuevos oleoductos de las reservas energéticas del Mar Caspio se convertirán en el nudo de transporte de las más grandes reservas de gas natural del planeta. Cuando el petróleo del Caspio comience a fluir hacia Europa, a través del Mar Negro, el perfil internacional de Rumania crecerá. A medida que el poder petrolero se mueva hacia el norte de la Península Árabe, hacia el Caspio,  se incrementará el poder político de la vecina Turquía.

 

La otra ruta de oleoducto, más directa y barata para el petróleo del Caspio era por el sur, a través de Irán. Los negociantes petroleros sabían que la burocracia iraní era menos corrupta, más eficiente y más fácil de lidiar que la de las ex repúblicas soviéticas. Se estaba esperando por la normalización de las relaciones de Irán con Estados Unidos. Pero el sur resultó una hipótesis imposible, ya que a nadie se le ocurriría hacer pasar los recursos vía Irán, en ese caso, la región del Cáucaso sería una extensión terrestre del Golfo Pérsico, no una región petrolera competitiva separada. Como alternativa se ha diseñado el trayecto de un ramal hacia el sur, que parte de Turkmenistán y Kazajstán hasta el Océano Indico, cruzando Afganistán y Pakistán, con otro ramal hasta China, a través de la India.

 

Otros proyectos considerados por compañías occidentales tienen que ver con la ejecución de los proyectos del gas en Azerbaiján y el apoyo a la exportación de gas natural azerbaijano a través del territorio de Georgia hacia los mercados internacionales, además del gasoducto transcaspio que se extenderá sobre el fondo del Mar Caspio para la exportación de gas turkmeno a Occidente.

 

Los inversionistas occidentales han inyectado miles de millones de dólares, con el objeto de extraer petróleo, pero aun no han recuperado la inversión. La falta de seguridad jurídica que revelan los gobiernos de las ex republicas islámicas de la Unión Soviética, frenan la llegada de capitales y estanca los proyectos.

 

EL MEDIO ORIENTE

 

El petróleo es lo que hace que el Medio Oriente sea relevante desde el punto de vista geopolítico. Las dos terceras partes del petróleo mundial (unos 690.000 millones de barriles de reservas probadas) se encuentran en la inestable región del Golfo Pérsico: Arabia Saudita se sitúa al frente de las mayores reservas de petróleo del mundo, seguida de Irán, Irak y Kuwait. Como consecuencia, la región ha sido una de las principales prioridades de la política exterior estadounidense durante el último medio siglo.

 

Aunque EEUU ha mantenido su presencia militar en el Golfo Pérsico desde el final de la Segunda Guerra Mundial, no llegó a ser directamente responsable de la defensa de toda la región y de los intereses occidentales en la zona hasta la Administración Nixon. Antes de 1971, la responsabilidad de la seguridad en la región recaía en el Reino Unido, mientras que EEUU no desempeñaba más que un papel de apoyo. Sin embargo, en 1968 el primer ministro británico Harold Wilson anunció que había decidido retirar sus tropas del Golfo Pérsico antes de finales de 1971. Esta decisión abrió las puertas a la futura intervención de EEUU en la región.

 

Desde entonces, se ha producido una progresiva expansión de la importancia del Golfo Pérsico para la política exterior estadounidense. En su Discurso sobre el Estado de la Unión de enero de 1980, el presidente Jimmy Carter anunció que el suministro seguro de petróleo desde el Golfo Pérsico constituía “un interés vital para los EEUU de América”. En lo que se denominaría la Doctrina Carter, afirmó que Washington usaría “todos los medios necesarios, incluida la fuerza militar” para proteger dichos intereses de fuerzas externas (en particular de la Unión Soviética, que invadió Afganistán en diciembre de 1979). Posteriormente, Carter incrementó la presencia naval de EEUU en el Golfo Pérsico y el Océano Índico.

 

La Doctrina Carter fue ampliada por el presidente Ronald Reagan para incluir la estabilidad interna de los países de la región del Golfo Pérsico. Durante la guerra entre Irán e Irak, por ejemplo, EEUU garantizó la estabilidad de Kuwait asignando un nuevo pabellón a sus buques petroleros y enviando más de 30 buques de combate y apoyo al Golfo Pérsico con el fin de que escoltaran a los petroleros con nuevo pabellón por el Estrecho de Ormuz. La Doctrina Carter fue utilizada posteriormente por el presidente Bush padre para justificar la Guerra del Golfo de 1990-1991. También sirvió de base, en gran medida, para que el presidente Bush hijo tomara la decisión de invadir Irak en 2003, frustrando el intento de Sadam Hussein de dominar el Golfo Pérsico.

 

Hoy en día, al igual que en el pasado, uno de los principales factores determinantes de la política estadounidense en el Oriente Medio es asegurar el libre suministro de petróleo a los mercados internacionales, con el fin de evitar la interrupción del suministro a las economías de EEUU y de sus principales socios comerciales. El principio operativo de esta política es impedir que Oriente Medio esté dominado por poderes que sean hostiles a EEUU y sus aliados. En la práctica, esto implica mantener la estabilidad en una delicada situación de equilibrio de poderes en la región, manteniendo la independencia de los países del Golfo Pérsico y conteniendo la amenaza del fundamentalismo islámico. Este objetivo de la política estadounidense se ha mantenido invariable durante cinco administraciones presidenciales estadounidenses y está en el origen de la actual crisis con Irán.

 

Las ambiciones a largo plazo de la Gran Persia poco tienen que ver con el Islam y sí mucho con la posición regional histórica como super-poder regional. Irán se halla en una feroz competencia con Turquía por el petróleo y las rutas de transportación. Mientras Turquía ha buscado sacar ventajas de la explosión petrolera del Asia Central proponiendo caminos y oleoductos orientados en dirección oeste-oeste, es decir del Asia Central —a través del Cáucaso— hacia Anatolia y el Mediterráneo, Irán por su parte vislumbraría un corredor petrolero norte-sur, con un ferrocarril y una super-carretera desde Asjabad, la capital de Turkmenistán, hacia la ciudad iraní sureña de Meshed, y de ahí a través del desierto hasta el Golfo Persa. Otra ruta norte-sur programada por Irán sale de las costas del Mar Caspio hasta los bordes de Irán con Azerbaiján.

 

Son los inestables y violentos conflictos en el Cáucaso (el de Armenia con Azerbaiján, el de Rusia en Chechenia, y Georgia) los que laboran en contra de Turquía y a favor de los intereses iraníes. Si Turquía puede establecer un oleoducto a través de las comarcas de su enemigo histórico, Armenia, y si la norteña Azerbaiján —con sus reservas petroleras vírgenes— se transforma en un imán económico para los millones de turcos-azeríes de Irán, ello afectará el futuro iraní y el comercio regional, en mayor medida, que el conflicto árabe-israelí o el de los musulmanes en los Balcanes. Irán piensa que tiene la ventaja de ser el puente petrolero del Asia Central hacia Europa y Estados Unidos, considerando que Turquía afronta el total rechazo de los armenios.

 

La geopolítica del petróleo llevó a la República Islámica de Irán a firmar un acuerdo con Turkmenistán, nación que suministrará gas natural al noroeste iraní a través de un oleoducto de 287 kilómetros, cuyo costo estimado sería de 160 millones de dólares. Un proyecto que ha sido torpedeado por Washington.

 

Los turcos están proveyendo a Azerbaiján con todo, incluso cemento, y prácticamente han acaparado Bakú conjuntamente con las petroleras occidentales. Turquía tiene una estrategia a largo plazo en Azerbaiján. Los oficiales turcos entrenan a parte del ejército azerbaijano. Dado un período de tiempo para la exploración en aguas profundas, ambos oleoductos (a través de Turquía y de Irán) serían construidos probablemente, y Bakú sería el punto de origen de ambos. Estados Unidos fue a la guerra contra Irak en 1991 por 2 millones de barriles diarios producidos por Kuwait. El Caspio puede producir sin graves problemas unos 4 millones de barriles diarios de petróleo de alta calidad con bajo contenido sulfúrico.

 

Toda esta situación remeda lo que aconteció inmediatamente después de la Primera Guerra Mundial, donde Armenia luchaba contra Azerbaiján, y cuando esta tenía un acuerdo militar con Georgia, mientras Rusia y Occidente competían por el petróleo del Cáucaso. La diferencia es que en aquella época, Occidente luchaba contra Turquía, mientras que hoy día Turquía es aliado de Occidente.

 

EEUU, al igual que cada vez más países, cree que Irán está utilizando su programa civil de energía nuclear como una tapadera para construir armas nucleares. Si Irán llegara a tener armas nucleares, se modificaría el equilibrio de poderes en la región y, dada su posición central en Oriente Medio, Teherán estaría en una posición privilegiada para interrumpir el acceso a través de una zona vital desde el punto de vista estratégico como es el Golfo Pérsico. Alrededor del 40% del petróleo vendido en todo el mundo pasa por el Estrecho de Ormuz.

 

Con esta idea en mente, en su Discurso sobre el Estado de la Unión de 2006, Bush reiteró su oposición a que Irán tuviera armas nucleares. Así, afirmó que “el Gobierno iraní está desafiando al mundo con sus ambiciones nucleares, y las naciones del mundo no deben permitir que el régimen iraní consiga este tipo de armas. EEUU continuará intentando unir al mundo para hacer frente a estas amenazas”.

 

De hecho, la “Estrategia de Seguridad Nacional de los EEUU de América” revisada de marzo de 2006 identifica a Irán como el mayor reto al que habrá de hacer frente EEUU en el futuro. Según el informe, “es posible que no tengamos que hacer frente a ningún reto mayor procedente de un único país que el que supone Irán”. Añade que “continuaremos adoptando todas las medidas necesarias para proteger nuestra seguridad nacional y económica contra las consecuencias adversas de su mala conducta”. Advierte que las actuales gestiones diplomáticas internacionales destinadas a poner freno al programa de enriquecimiento nuclear de Teherán “deben tener éxito para poder evitar el enfrentamiento”.

 

Mientras tanto, algunos de los países clave implicados en este esfuerzo diplomático, incluidos China y Rusia, se ven condicionados por sus alianzas energéticas con Irán. Por ejemplo, en octubre de 2004, China firmó un acuerdo con Irán sobre gas y petróleo por un valor de 70.000 millones de dólares que vincula a ambos países en una relación de 30 años. Asimismo, en julio de 2002, Rusia declaró que tiene previsto suministrar a Irán cinco reactores nucleares durante la próxima década conforme a un acuerdo valorado en 10.000 millones de dólares. En este contexto, ¿es realmente posible evitar la intervención militar estadounidense en Irán?

 

RUSIA Y EL PETRÓLEO

 

Rusia tiene las mayores reservas de gas de todo el mundo y es el segundo país en exportaciones de petróleo del mundo tras Arabia Saudita. La excesiva dependencia estadounidense del petróleo de Arabia Saudita y otros países inestables del Golfo Pérsico ha contribuido a la aparición de una nueva relación en materia energética entre Estados Unidos y Rusia. Sin embargo, la cooperación bilateral energética se ha ido desarrollando con lentitud. De hecho, la mayor parte del petróleo ruso se exporta a Europa. Rusia ni siquiera se encuentra entre los quince principales proveedores de petróleo a Norteamérica. Por otro lado, el primer envío de gas natural licuado a Estados Unidos tuvo lugar en septiembre de 2005.

 

Ambos países también han encabezado un llamamiento al incremento de la producción de energía nuclear para conseguir un suministro energético más seguro a nivel internacional. Tras una reunión de los ministros de Energía de los países del G8 en Moscú, en mayo de 2006, Estados Unidos y Rusia propugnaron un “renacimiento sustancial” de la industria de la energía atómica mundial. El plan energético de Moscú incluye el incremento de la energía atómica nacional en un 25%. No obstante, esta cooperación más estrecha se ha visto obstaculizada por la preocupación de Washington en relación con los acuerdos de Moscú con Irán y la propuesta de acuerdo para suministrar uranio enriquecido a dicho país.

 

Las inmensas riquezas energéticas del Asia Central y del Cáucaso son consideradas por Rusia como parte de su seguridad nacional. Por eso, si Estados Unidos construye oleoductos hacia el sur, a través de Afganistán a Pakistán, Rusia pierde el control de las Repúblicas de Asia Central y Estados Unidos aumenta el poder sobre los países que lo usen, especialmente Pakistán e India. Por ello, esta es una competencia que tiene a otro querellante, los rusos, quienes buscan torpedear los planes turco-iraníes de acarrear el petróleo asiático al Mediterráneo a través de la meseta de Anatolia, o la idea de Irán de transbordarlo al Golfo Persico. Los rusos quieren sustituir a ambos con un diseño propio: el de un oleoducto a través del Mar Negro hasta los estrechos del Bósforo.

 

El póquer geoestratégico domina este espectáculo petrolero. Es justamente el afán de impedir el fortalecimiento de las posiciones de Rusia en el Cáucaso Norte lo que mueve a Washington a utilizar sus resortes políticos y económicos para lograr que Moscú mantenga una diplomacia de negociaciones. Pero Rusia sigue aspirando al pedestal de gran potencia, algo que no agrada a Europa y Estados Unidos. Entre las principales desavenencias entre Rusia y Estados Unidos se halla, en lo fundamental, la situación con Georgia, el petróleo del mar Caspio y las bases militares rusas en el Cáucaso y Moldova.

 

Al mismo tiempo, la Casa Blanca teme que el presidente ruso Vladimir Putin esté intentando volver a convertir a Rusia en una gran potencia haciendo uso de los ingresos procedentes del gas y el petróleo. Así, dichos ingresos, cada vez mayores, han permitido a Putin consolidar la autoridad del Kremlin, imponerse a los centros de poder que compiten con él y reafirmar el control sobre las antiguas repúblicas soviéticas. El Kremlin también se ha hecho con el control de los recursos energéticos por medio de empresas estatales, como Rosneft, la compañía petrolífera estatal, y Gazprom, el monopolio de gas estatal.

 

En un discurso pronunciado en Vilnius (Lituania) el 4 de mayo, el vicepresidente norteamericano, Dick Cheney, advirtió al Kremlin de que no debía utilizar el suministro de gas y petróleo como un arma política. Cheney afirmó que “no existen intereses legítimos cuando el gas y el petróleo se convierten en armas de intimidación o chantaje, ya sea a través de la manipulación del abastecimiento o de los intentos de monopolizar el transporte”. Sus comentarios han generado un intenso debate en Europa acerca de la seguridad del suministro de energía procedente de Rusia.

 

A comienzos de 2006, el monopolio de gas ruso Gazprom interrumpió temporalmente su suministro a Ucrania debido a una disputa sobre el precio, una decisión que fue duramente criticada por la Casa Blanca. Las previsiones indican que para el año 2025 Rusia suministrará el 70% del gas natural de Europa Occidental. Puesto que la vulnerabilidad de Europa va en aumento, algunos analistas temen que Rusia pueda usar su suministro energético como un arma para imponer sus prioridades geopolíticas, incluida la quiebra de la solidaridad en el seno de la OTAN.

 

Sin embargo, las acusaciones mutuas entre Washington y Moscú podrían complicar aún más los esfuerzos por controlar la seguridad energética, que fue el principal tema tratado en la Cumbre del G8 en San Petersburgo (Rusia) en julio de 2006. Asimismo, debilitan el intento de Estados Unidos de conseguir el respaldo de Rusia a una resolución firme en la ONU con respecto al programa nuclear de Irán. Washington está intentando convencer a Moscú de que olvide sus objeciones a una resolución en la que se imponga a Teherán un plazo para paralizar las actividades nucleares sensibles o se enfrente a las posibles sanciones.

 

Sin embargo, Moscú otorga una gran importancia al mantenimiento de su acuerdo con Teherán para finalizar la construcción de una central nuclear en Bushehr, ya que, en efecto, Irán ha salvado el sector de la energía nuclear de Rusia. La industria rusa tuvo que hacer frente a un futuro incierto después de la pérdida de clientes tras la caída del comunismo y el acuerdo con Irán da trabajo a decenas de miles de empresas rusas.

 

En octubre de 2003, Estados Unidos persuadió a Rusia para que aplazara la entrega de las barras de combustible a Bushehr, lo cual ha ralentizado el programa iraní y la inauguración del reactor valorado en 800 millones de dólares se pospuso. Mientras tanto, Rusia e Irán continúan adelante con sus largas negociaciones sobre la construcción de tres a cinco instalaciones adicionales por un coste de 3.200 millones de dólares.

 

Entre tanto, la apertura del oleoducto Bakú-Tiflis-Ceyhan (BTC) en octubre de 2005, que llevará el petróleo del Caspio a los mercados mundiales, constituyó un importante éxito de la política exterior estadounidense. El oleoducto va desde los pozos petrolíferos submarinos de Azerbaiyán hasta el puerto mediterráneo de Ceyhan en Turquía, a través de Georgia, evitando pasar por Rusia, que domina todas las rutas hacia los mercados occidentales del petróleo desde el Caspio y Asia Central. Estadaos Unidos lideró el proyecto como un medio para fortalecer la independencia de las antiguas repúblicas soviéticas frente a Moscú.

 

Rusia lucha denodadamente por asegurarse que la única ruta para exportar los recursos energéticos euroasiáticos pase por su territorio  buscando consolidar su control sobre el petróleo de Azerbaiján al punto de haber promovido el golpe de estado en junio de 1993 contra el presidente Abulfaz Elcibey, un evidente pro-turco, el cual fue sustituido por el ex jefe de la KGB y del Politburó de Brezhnev, el general Heidar Aliyev, un evidente pro-ruso (Cohen, Ariel).

 

En 1995, la Azerbaiján International Oil Consortium (AIOC) anunció que sus 80,000 barriles de crudo diario se trasladarían a través de dos ramales; por el norte hacia el puerto de Novorosisk, atravesando Chechenia, y por el oeste al puerto georgiano de Supsa, decisión apoyada por la administración norteamericana de Bill Clinton y evidentemente lesionando los intereses de la compañía petrolera rusa Lukoi, la cual tiene firmado con Azerbaiján un acuerdo por $6,000 millones. Rusia respondió concediendo apoyo al “señor de la guerra” Suret Husseinov, un allegado del ministro de Defensa Pavel Grachev, mientras el presidente Aliyev era objeto de varios atentados. Además, el Kremlin alentó el separatismo étnico de las minorías lesguienas en el norte y talishas en el sur. El conflicto del Karabaj, centro del proyectado oleoducto del Caspio a Turquía, se movía por las mismas coordenadas petroleras y aquí Rusia jugó con ambos bandos, apoyando a los azeríes y alentando a los armenios.

 

GEORGIA: PIEZA CLAVE

 

Rusia ha hecho todo lo posible por evitar que Georgia, pieza clave de este “gran juego” se acerque a Occidente. Georgia es la ruta de oleoducto más conveniente para el petróleo azerí y para los yacimientos petrolíferos de Tengiz, en Kazajistán, pero es una ruta que pasa por territorio chechenio. Al ser uno de los países del Cáucaso y Asia Central más avanzados, ejerce atractivo a Occidente, y sus dirigentes siempre han conducido una política anti-rusa.

 

Rusia logró que Eduard Shevardnadze se impusiera sobre su rival Zviad Gamsajurdia y luego le obligó a que ingresase en la Comunidad de Estados Independientes (CEI). El separatismo de Abjazia, noroeste de Georgia, fue apoyado por Rusia, buscando entorpecer las negociaciones del gobierno de Tbilisi con los turcos y Occidente, para las vías de transporte de gas y petróleo. Al dominar la franja costera de Abjazia en el mar Negro, Moscú protegía sus puertos de Novorosisk y Tuapse y se asomaba a los puertos georgianos petrolíferos de Poti, Supsa y Batum. La relación de los rusos con los abjazios se deterioró cuando estos últimos permitieron que los chechenios operasen desde su territorio.

 

El presidente Shevardnadze se alineó a Moscú para abortar la construcción del oleoducto azerí por sobre su territorio. Así, fue obligado a aceptar en 1995, cuatro bases militares rusas que vigilaban las rutas de salida del petróleo vía el mar Negro. Pero, bajo presión de la OTAN, Rusia y Georgia firmaron un acuerdo por el cual Moscú retiraba sus ejércitos de Moldavia y sus bases militares de Vaziani y Gudauta de Georgia, y en pago, el Congreso estadounidense incrementaba la ayuda financiera a Georgia para “asegurar la integración político-militar en la OTAN y en las estructuras occidentales lo más pronto posible” (Nichols, Jan.27, 2000).

 

Se estima que Georgia genere más de 500 millones de dólares anuales por estos derechos de tránsito y por tal razón Tbilisi firmó la Declaración de Ankara que favorecía el oleoducto Bakú-Ceiján y otros oleoductos transcaspianos menores, con los cuales Washington desplazaba a Moscú e inclinaba a Georgia hacia Occidente. Estas veleidades de Shevardnadze con Occidente derivaron en un atentado a su vida en agosto de 1995, a todas luces perpetrado por su jefe de seguridad personal Igor Georgadze, un hombre de Moscú.

 

No es coincidente que los movimientos separatistas en el Cáucaso estallasen en cada momento que Moscú exploraba vías de transportes petroleros alternativos a la de Chechenia. Así, la mano del Kremlin fue evidente en el movimiento separatista de Karachai–Cherkessia en 1999, sobre todo al disponer los cherkeses de una influyente diáspora instalada en Turquía. Rusia manejaba al Daguestán como otra alternativa al transporte petrolero, ante la interrupción de la ruta por Chechenia. Pero al verse invadido ese territorio por fuerzas chechenias al mando de Chamil Basaev y del jordano wajabita Khabib Abdar Rahman Khattab, en agosto de 1999, y establecerse un “Estado islámico”, se añadía el elemento religioso que tanto horroriza a Moscú, quien al ver desvanecerse la opción del Daguestán, denunció a Washington de apoyar este fundamentalismo islámico para debilitar su poder.

 

Armenia, un punto estratégico para el transporte de gas y petróleo del Cáucaso, era un aliado de Rusia por el apoyo que ésta brindó a la secesión del Karabag. Pero, la movida del presidente Robert Kocharian, al comprometer a su país junto al Azerbaiján, Georgia, Turquía, Rusia y Estados Unidos en el pacto de seguridad de la Transcaucasia, que obliga al retiro de las tropas rusas en Armenia, debilitaría su tradicional alianza con el Kremlin y la ubicaría en el campo opuesto.

 

LA BATALLA POR CHECHENIA

 

Chechenia es otro lugar donde se ha batallado para mantener la hegemonía rusa en el transporte del crudo. El paso del oleoducto por territorio ruso permite a este país mantener el control sobre el transporte de energía, sus precios, lo que utiliza como mecanismo de control político. La guerra en Chechenia se ha venido desarrollando por siglos; pero, a su vez, es una guerra nueva, en cuya dimensión económico-estratégica aparece como factor determinante el petróleo y el gas y el control sobre las vías de transporte tanto de los mismos. Las primeras perforaciones de petróleo comenzaron en 1887, con refinerías de capitales anglo-franceses y la Dutch Shell.

 

Para 1890 se construyen los primeros oleoductos y gasoductos y líneas férreas. Para principios de siglo XX, el petróleo del Cáucaso comenzaba a ser visto por las potencias mundiales como un botín internacional. Previo a la Primera Guerra Mundial, el total invertido ascendía a 214 millones de dólares, de los cuales 130 millones eran de capitales extranjeros. Los soviéticos construyeron el sistema de oleoductos más largo del mundo, desde Tobolsk, Siberia occidental, pasando por el Caspio, el mar Negro, Ucrania y el Báltico hasta los países de la Europa Oriental.

 

La producción chechenia en 1915 representaba el 18% de la producción total de Rusia. En 1932 se elevó al 33% de la producción nacional. Algunos especialistas estiman que el nivel de reservas en Chechenia–Ingushetia llega a 60 millones de toneladas. Sin embargo, la importancia que reviste Grozny está dada por ser el pasillo del gran oleoducto que conecta el puerto de Bakú, en Azerbaiján, con Novorosisk, en el Mar Negro que comercializa directamente con los mercados occidentales. De esta manera, la importancia estratégica de Chechenia, estriba en poseer un gran complejo petroquímico y ser un corredor regional para el transporte del gas y petróleo proveniente de la cuenca del mar Caspio.

 

Detrás de Chechenia se halla la desesperación de Rusia por participar en lo que a todas luces será el gran negocio del siglo XXI: el reparto de las inmensas cuencas petrolíferas del Mar Caspio, estimadas en más de 25 billones de barriles, debajo del mar Caspio y de las ex repúblicas soviéticas de Kazajistán, Azerbaiján, Turkmenistán y Uzbekistán, que son similares a las de Kuwait y mayores que las de Alaska y del Mar del Norte juntas. Estas reservas petrolíferas serán cruciales durante todo el siglo XXI. Las pugnas por el control de estas reservas y sus rutas de comercialización constituyen, actualmente, una de las cuestiones más importantes para las grandes potencias mundiales. Tanto Azerbaiján, Turkmenistán, Kazajstán, Irán y Rusia tienen fronteras sobre el Mar Caspio y las reservas de hidrocarburo deberán repartirse en proporción a esas costas. El dilema ruso es que posee sólo el 13% de las costas. Además de ser de extracción difícil, Moscú no dispone aún de la tecnología para desarrollar las reservas de petróleo y gas en las profundidades del Mar Caspio.

 

Por Chechenia cruzan los oleoductos que traen el crudo de la Siberia, para salir al Mar Negro. Este petróleo ha sido objeto de un reparto entre dirigentes chechenios y miembros de la nomenclatura rusa que vendían los recursos naturales para su beneficio personal. Y, el régimen que se había instaurado en Grozni beneficiaba las operaciones ilegales que engalanaron a la transición rusa, vendiendo este petróleo en los mercados exteriores. El desaparecido presidente Yojar Dudaiev transformó a Chechenia en una zona libre para las actividades ilegales, la falsificación de dinero, el contrabando y la reventa de petróleo entre el Oriente Medio, Turquía y el Asia Central, y a Grozni en una especie de Chicago de los años veinte (Remnick, 1998: 272). Chechenia cuenta con yacimientos petrolíferos que resultan claves para la vida económica de la república rebelde. Los clanes chechenios, mayoritariamente de religión musulmana, se hallan conectados a la mafia, e involucrados en el mercado negro del petróleo, armas y drogas.

 

Rusia necesita una Chechenia pacificada y pro-rusa para mantener su dominio sobre las rutas de salida de los ricos yacimientos del mar Caspio, en especial el oleoducto Bakú-Novorosisk. Según el  periodista armenio, Vicken Cheterian declaraba durante una conferencia de los “amigos” de Le Monde Diplomatique, que cada general ruso tenía su pozo de petróleo y acorde con el escritor Paul Klebnikov, los altos funcionarios rusos y los miembros de los servicios de seguridad durante el mandato de Yeltsin, que trabajaban para las bandas chechenias de Moscú, mantenían relaciones con el gobierno del presidente Yojar Dudaiev, permitiéndole apropiarse de petróleo ruso sin costo alguno (Klebnikov, 2000).

 

Luego de difíciles negociaciones con los rebeldes chechenios, en septiembre de 1997 se logró un acuerdo que permitía transportar el petróleo azerí a través de la república separatista a cambio de una suma de dólares en concepto de “derechos de tránsito”. Pero el mantenimiento y la seguridad del oleoducto ha sido un verdadero dolor de cabeza ante las acciones armadas contra el oleoducto, elemento que llevó al proyecto de construir otro oleoducto por Daguestán, y cuyo fracaso desencadenó la segunda guerra chechenia.

 

Seguidamente, Rusia fundó la Caspian Pipeline Consortium (CPC) junto con los gobiernos de Kazajistán y Omán, para construir un gigantesco oleoducto de 1,600 kilómetros para comunicar los campos petrolíferos de Tengiz a Novorosisk en el mar Negro, en una inversión que arrojaría la colosal suma de 28 millones de toneladas de crudo anuales. Este descomunal proyecto necesita la pacificación y el dominio ruso del Cáucaso, lo que constituye actualmente lo que Nora Sainz Gsell denominó como el “nudo gordiano” de la diplomacia rusa (Sainz, Nº 71,2001).

 

La ejecución del proyecto denominado Tengiz-Novorosisk quedó a merced del desenlace del proyecto que Washington apoyara hasta el 2004, cuando se esperaba que la producción alcanzara un millón de barriles diarios, según los cálculos que diera a conocer Bill Richardson, el por entonces secretario de Energía estadounidense durante el gobierno de Bill Clinton. La falta de control del funcionamiento del oleoducto y la constante pérdida de petróleo bombeado por el mismo obligó a que Moscú suspendiera el funcionamiento del oleoducto que corre a través del territorio chechenio.