Cubanálisis El Think-Tank

ARTÍCULO ORIGINAL PARA EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

 

 

 

                                                       Juan F. Benemelis

 

 

EL DIFERENDO ÁRABE ISRAELÍ: DESDE 1948 HASTA HOY

Parte III: La Guerra de los Seis Días (1967)

 

A consecuencia de la crisis de Suez y para garantizar el armisticio, se había establecido un contingente de las Naciones Unidas en la zona fronteriza entre Egipto e Israel. Pero, la inestabilidad del área se mantuvo ya que los acuerdos de paz no se habían traducido en convenios políticos y diplomáticos que satisficieran a israelitas y árabes por igual.

 

Bajo el poder unipersonal de Gamal Abdel Nasser, Egipto había logrado recuperarse de la derrota militar de 1956, transformándose en el faro del mundo árabe. Nasser aprovechó su posición de contrapeso en la coyuntura internacional de la Guerra Fría para reconstruir su aparato militar con ayuda de la Unión Soviética. Ello provocó la irritación de Occidente. Para 1967, las fuerzas militares conjuntas de Egipto, Siria, Jordania e Iraq se sentían capaces para aniquilar al estado judío, restablecer la nación palestina y limpiar la humillación de 1956. Los números parecían así corroborarlo. Egipto solo igualaba en tanques a los israelíes y la aviación de los países árabes duplicaba los 700 aviones de combate de Israel.

Hay historiadores que persisten en la tesis de un Israel agresor por haber iniciado “la guerra de conquista contra sus débiles vecinos árabes”. Pero los militares israelitas sabían que la economía de su país no podía soportar una movilización militar mucho más allá de una semana. Por eso, ante la vasta superioridad sirio-egipcia en hombres y equipos, su única opción militar era atacar primero.

Ante los incidentes fronterizos entre Israel, Jordania y Siria en 1967, Egipto y Siria firman un pacto de defensa mutua. A continuación, el presidente israelí, Leví Eskhol y su jefe de Estado Mayor, Yitzhak Rabín, declaran que su país está preparado para una confrontación. Por su parte, en mayo, los soviéticos aseguran oficialmente su posición inquebrantable al lado de los árabes en caso de estallar un conflicto bélico con Israel.

Egipto y Siria realizaron los primeros movimientos confiados en su vasto arsenal y la información de inteligencia disponible sobre Israel. El ejército egipcio había sido profusamente rearmado con pertrechos suministrados por los soviéticos y había sido sometido a un intenso entrenamiento. Se esperaba además que, con el apoyo de Siria y Jordania, pudiera obtener la victoria en una confrontación con Israel. Los soviéticos habían reclutado a Sami Shahraf el jefe de la inteligencia egipcia y uno de los funcionarios más cercanos a Nasser. Sin embargo, en abril de 1967, la KGB informó a la dirigencia soviética de que tanto Egipto como Siria requerían de una mayor asistencia militar soviética si se quería que derrotaran a Israel. Este reporte fue ignorado pues, a medida que las tensiones entre Egipto e Israel crecían, los reportes a Nasser provenientes de Shahraf, su jefe de la inteligencia, reflejaban el optimismo del centro moscovita.

La presencia de las tropas de las Naciones Unidas en las fronteras con Israel concede a Nasser la impunidad necesaria, sin represalias israelíes, para que sus fuerzas de desplacen a posiciones claves en todo el Sinaí. El 16 de ese mes, el presidente Nasser ordena la movilización general de su ejército, el cual comienza de inmediato la dislocación de 7 divisiones (80,000 soldados), dos de ellas blindadas (800 tanques), a lo largo de los 187 kilómetros de frontera con Israel. Por otro lado, contingentes palestinos en la región de Gaza comandados por Ahmed Al-Shukairy, toman posición de combate. Mientras, los mandos militares sirios sostienen consultas con los jefes del ejército de Iraq para coordinar las operaciones conjuntas contra Israel. Todos los países miembros de la Liga Árabe anuncian su decisión de combatir unidos contra Tel-Aviv.

Los soviéticos mantenían permanentemente cerca de la costa israelí sus buques espías Caucasus, el Crimea y el Yuri Gagarin, que estaba conectado a sus satélites de espionaje.  Estos navíos estaban equipados para monitorear todos los mensajes radiales y telefónicos, e interferir los sistemas de comunicación militar. Los soviéticos pasaban toda la información que podían obtener por estos medios a los egipcios, sirios y otros estados árabes. 

El Mossad –asistido por Estados Unidos en información de inteligencia, equipos sofisticados y computadoras de criptoanálisis- tenía informaciones de que Moscú había convencido a Nasser de que Tel Aviv se preparaba para lanzar un ataque total sorpresivo con el objeto de precipitar el conflicto. El Estado Mayor preparó de inmediato la dislocación de su ejército en el Sinaí y las tácticas a seguir en el futuro campo de batalla. El 13 de mayo, el embajador soviético en Egipto advirtió al presidente Nasser de un supuesto ataque inminente de Israel sobre Siria. En Damasco, los soviéticos proveían información de las concentraciones blindadas israelíes frente al Golán. Egipto movilizó su ejército y su jefe de EM Mohamed Fawzi voló a Siria para coordinar un plan de acción conjunto.

Luego de cumplido este requisito, Nasser establece un ultimátum a la ONU para que desmantele de inmediato a sus "cascos azules". El 19 de mayo, el secretario general de la ONU, el birmano U'Thant, quien no se esconde para mostrar sus sentimientos anti-israelitas, accede a la advertencia egipcia y decreta el retiro de los contingentes de paz. El día 22 de mayo, las fuerzas egipcias bloquean el Golfo de Áqaba, cortando la salida al Mar Rojo de Israel por el estrecho de Tiran. Esta movida del presidente Nasser tiene como objetivo provocar a Israel para que inicie la guerra y quede como el agresor.

El 24 de mayo, tropas iraquíes llegan a Jordania para reforzar las fuerzas del rey Hussein, concentradas sobre las fronteras israelíes. El rey jordano se dirige a El Cairo y concierta con el presidente Nasser, su viejo enemigo, un comando conjunto que será presidido por el general egipcio Mohammed Fawzy. De inmediato, el canciller israelí Abba Eban declara que Israel está resuelto a romper el bloqueo árabe del golfo de Áqaba. El general Moshé Dayán, héroe de la campaña de 1956, es llamado del retiro para ocupar la cartera de defensa: la suerte está echada.

El presidente Nasser, en una amenaza dirigida a Estados Unidos, anuncia la posibilidad de cerrar la navegación internacional por el Canal de Suez. Asimismo, los países árabes productores de petróleo (Egipto, Argelia, Libia, Arabia Saudita, y los emiratos de Kuwait, Abu-Dhabi, Qatar y Bahréin) manifiestan que interrumpirán el suministro de petróleo a todo estado que apoye a Israel. Mientras, el presidente francés Charles De Gaulle mostraba una circunspecta neutralidad frente a la crisis del Medio Oriente, el presidente norteamericano Lyndon Johnson se oponía con vehemencia a la acción de El Cairo y enviaba al enorme portaaviones Intrepid y al destructor Dyess hacia el Mar Rojo. Por su parte, el Kremlin reaccionaba declarando que cualquier intervención de Occidente tropezaría con la resistencia de la Unión Soviética. Un numeroso contingente de naves de guerra soviéticas se adentró en el Mar Rojo. A medida que el anillo de hierro y fuego acumulado por los árabes se cerraba en torno a Israel, la conmoción se esparcía por todo el planeta: los musulmanes estaban a punto de lanzar una "guerra santa" que amenazaba envolver a las grandes potencias nucleares.

Nasser estaba confiado en que Israel no prestaba la debida importancia a la acumulación de medios bélicos que los egipcios realizaban en el Sinaí y los sirios, en Golán. Además, había recibido la garantía norteamericana, a través del embajador soviético en el Cairo, de que Israel no estaba en disposición de atacar a Egipto por estos movimientos de tropas. La guerra comenzó realmente el 16 de mayo cuando el presidente Nasser ordenó la salida de las fuerzas de emergencia de la ONU apostadas en el Canal de Suez. De inmediato 100,000 soldados egipcios y 900 tanques irrumpieron en el Sinaí mientras que, por el lado sirio, se emplazaban en las alturas de Golán 300 tanques con 6 brigadas de infantería. El 22 de mayo, el presidente Nasser imponía el bloqueo en el estrecho de Tirán, la única salida israelí al Mar Rojo, un derecho que se le había concedido por los poderes marítimos del planeta.

El ministro del exterior israelí Abba Eban trató de convencer al presidente estadounidense Lyndon Johnson de que los árabes estaban listos para atacar Israel. Pero los norteamericanos dudaron durante varios días hasta que el secretario de Defensa Robert McNamara y el director de la CIA Richard Helms se percataron de la grave situación.  Estados Unidos transmitió su apoyo a Israel -dado el caso de propinar éste un golpe preventivo contra Egipto y Siria- y su compromiso de refrenar a la Unión Soviética.

Con la puesta de Sol del 5 de junio de 1967, las pantallas del radar israelí indicaron la aproximación de aviones egipcios y de unidades blindadas que avanzaban hacia la frontera de Israel. Las IDF ya estaban preparadas. Al mando del Comandante General Yitzhak Rabín, habían sido movilizadas a partir del 20 de mayo para hacer frente a los masivos Ejércitos árabes que cubrían las fronteras.

 

Se desata la Guerra

La tercera guerra árabe-israelí comenzó a las 8 de la mañana del día 5 de junio. A esa hora, formaciones aéreas de combate israelíes -formadas por caza-bombarderos supersónicos Mystére y Mirage-3 de fabricación francesa- se adentraron inadvertidamente en el mar Mediterráneo. En un ataque sorpresivo y perfectamente cronometrado, burlarán los radares enemigos en vuelo rasante para caer sobre los aeropuertos enemigos en la profunda retaguardia árabe. A pesar del elevado estado de alerta, los árabes fueron tomados desapercibidos sobre las pistas de unos 25 aeródromos, entre ellos Abu-Suweir, El-Arish, Bir-Gafgafa, El-Shahtt, Ras-Sudr, Abu-Rudeis, El-Tor, y Ras Umm-Sidd. De forma inexplicable, todos los aviones se mantenían en tierra y sin camuflar. De los mismos, fueron destruidos 416 aparatos egipcios -la casi totalidad de su fuerza aérea- y 393 aeronaves sirias. De las pocas de estas que se hallaban en pleno vuelo, fueron derribados 23. Jordania perdió completamente su fuerza aérea.

También, fueron demolidas las fábricas de armamentos y de aviones en Helwan, construidas en Egipto por los alemanes, así como todos los sistemas de cohetes tierra-aire de la región. Los mandos israelíes poseían una detallada información de inteligencia sobre los aeródromos árabes, incluyendo la dislocación de los aeroplanos en los mismos. En sólo tres horas, bajo la conducción del general Mordechai Hod, las precisas incursiones aéreas israelíes aniquilaron eficazmente la aviación de la coalición árabe.  Israel perdería sólo 19 aviones, algunos de cuyos pilotos fueron hechos prisioneros. Esta brillante operación proporcionó a Israel la total superioridad en el aire, decidiendo el curso de la guerra. En lo adelante, los cazabombarderos israelitas realizarían prácticas de tiro con los tanques y las unidades de los ejércitos árabes con total impunidad. En estos momentos, tres divisiones israelíes -integradas por brigadas blindadas y contingentes de infantería- realizarán una penetración profunda y demoledora en el Sinaí, mientras su artillería abría un fuego infernal sobre el frente de Jordania.

Los mandos militares, tanto de Occidente como de la Unión Soviética, quedarían completamente estupefactos.

A la misma hora que las Fuerzas Aéreas de Israel destrozaban el poderío bélico árabe, el general Moshé Dayán articula la campaña en tres sectores: el Mando Sur de Israel, a las órdenes del general de brigada Yeyahu Gavish, avanzó con sus tropas sobre los ejércitos egipcios del Sinaí. Esta fuerza, que se enfrentaba a 7 divisiones egipcias, incluidos unos 1,000 tanques, estaba compuesta por tres cuerpos divisionarios a las órdenes del general de brigada Israel Tal, en el sector Norte. El más fuerte ataque de la lucha corrió a cargo de la brigada "S", la cual aprovechó la rotura del frente hacia el norte para cercar las fuerzas árabes emplazadas en la franja de Gaza, acometer con ímpetu las bien defendidas posiciones de Sheich Zuwayd y El Jiradi para alcanzar El Arish en la noche del 5 de junio, avanzando por los terraplenes que conducen al Canal de Suez.

El grupo blindado del general de brigada Abraham Yoffe progresó por una zona desértica y se adentró hasta un punto situado al Norte de la línea Nizanah-Abu Ageila, en la retaguardia de las posiciones defensivas egipcias. En la mañana del 6 de junio, estas fuerzas se hallaban fuertemente atrincheradas en la zona de Bir Lahfan, en la que dominaban la carretera de Abu Ageila-Bir Lahfan, también en la retaguardia de las fuerzas egipcias. Por el sur, las fuerzas israelitas comandadas por el general de brigada Ariel Sharón efectuaban una operación a la descubierta en plena noche hacia el reducto de El-Kuntilia con vistas a rebasar Áqaba, atacar las principales posiciones egipcias de Umm Kataf y tomar el cruce de Abu Ageila para finalizar en Shahrm El-Sheik.

Luego de haber quebrado la primera línea defensiva egipcia en el primer día de combate, la acometida israelí cobra impulso. Por una parte, una brigada de paracaidistas transportada en helicópteros, era desembarcada cerca de los emplazamientos de las baterías egipcias de Umm Kataf y Abu Ageila, y las destruía. Por otra parte, las fuerzas de Israel, tras haber roto el frente en Khan Yunis, se desplegaron hacia el Norte para luchar contra las fuerzas palestinas y egipcias de la franja de Gaza.

 

Tras la captura de Deir al-Balah, fuerzas de infantería y paracaidistas, tras dura batalla cuerpo a cuerpo con los comandos palestinos, capturaron la colina de Alí Muntar que dominaba la ciudad de Gaza, eliminándose este escollo en la retaguardia del avance israelí. Al igual que la operación aérea, la campaña terrestre del primer día también fue ejecutada de manera impresionante por el ejército israelí que propinó a los egipcios bajas importantes y se hizo de numerosos prisioneros y vastas cantidades de armamento.

La tensión internacional se acrecienta a medida que el conflicto se generaliza y que en las capitales árabes se eleva el tono anti-occidental. Jordania llega al punto de acusar a los Estados Unidos de secundar con su fuerza aérea mediterránea los ataques aéreos israelitas. Un grupo de estados árabes (Egipto, Siria, Argelia, Yemen e Iraq) rompe relaciones diplomáticas con Washington. Egipto clausura la navegación por el Canal de Suez y los países árabes productores de petróleo decretan una suspensión temporal de los envíos de este combustible.

La VI Flota norteamericana se halla en estado de alerta y sus dos colosales portaaviones, el América y el Saratoga, se acercan al teatro de operaciones, con sus 160 cazabombarderos Phantom provistos de armas nucleares. Con vistas a detener a tiempo la catástrofe árabe en ciernes, el 6 de junio, el premier soviético Alexei Kosyguin propone a los norteamericanos discutir una fórmula para lograr el cese al fuego, que es aprobada por el Consejo de Seguridad de la ONU.

En la mañana del 5 de junio, el Gobierno de Israel envió un telegrama en el que advertía al rey Hussein que Israel no tenía la menor intención hostil hacia Jordania y que, siempre que reinara la tranquilidad en la frontera jordano-israelí, su país no sufriría ningún daño. Sin embargo, el rey Hussein no estaba enterado de la terrible derrota sufrida por la aviación egipcia aquella misma mañana pues había recibido información falsa del mariscal Akim Amer, comandante jefe de las Fuerzas Armadas Egipcias. Basándose en esta información, aquella mañana, el rey Hussein decidió hacer honor a su pacto con el presidente Nasser, y sus fuerzas establecieron una nutrida barrera de fuego a lo largo de las líneas de armisticio, bombardeando poblados y ciudades israelíes, incluso las afueras de Tel-Aviv.

 

Años más tarde Hussein describía cómo el mariscal Amer le informaba que la ofensiva aérea israelí continuaba; sin embargo, el mensaje fue enviado 40 minutos después de empezar los ataques y añadía que los egipcios habían destruido el 75 % de la aviación judía. La misma comunicación informaba que los bombarderos egipcios habían contraatacado mediante un aplastante asalto a las bases de Israel. Amer aseguraba que las fuerzas de tierra egipcias habían penetrado en territorio de Israel por el Neguev. Estos informes contribuyeron en gran medida a sembrar la confusión y a deformar la apreciación de los aliados árabes de Egipto sobre la situación. En tales momentos, cuando los radares jordanos indicaban que aviones volaban desde Egipto a Israel, no se tenía duda de los partes egipcios. Sin embargo, eran bombarderos israelíes que regresaban a sus bases judías después de cumplir su misión en Egipto.

 

Los efectos más intensos del bombardeo jordano se dejaron sentir en Jerusalén, donde los obuses causaron grandes bajas. En respuesta al golpe artillero jordano, la brigada israelí Jerusalén contraatacó y expulsó a la Legión Árabe de sus posiciones. Así, conquistó cierto número de reductos, entre los que se incluía el poblado de Sur Bahir en la carretera de Belén. Mientras tanto, una brigada blindada de reserva irrumpió en las líneas jordanas al Norte del pasillo de Jerusalén, para tomar los puntos fortificados de Sheij Abdal-Aziz y Maaleh ha-HamiShahd. Otro grupo de fuerzas rompió la línea en Beit Iksa. Estas tropas se desplegaron a continuación sobre terrenos elevados al Norte del pasillo de Jerusalén y ocuparon las líneas jordanas de Biddu y Nabi Samwil para después alcanzar la carretera principal que se extendía desde el Norte a Jerusalén, en Tell al-Fur, al Sur de Ramallah. A mediodía del 5 de junio, los aviones de Israel, tras haber regresado de Egipto, bombardearon dos aeródromos jordanos en Ammán y Mafraq.

 

En la noche del 5 al 6 de junio, una brigada de infantería atacó el enclave de Latrun, conquistando el pueblo y el puesto de policía. Luego, avanzó hacia las colinas de Judea, al Oeste, y a lo largo de la carretera de Beit Horon, con el propósito de enlazar con la brigada blindada en las puertas de Ramallah. El Mando Central, a las órdenes del general de brigada Uzi Narkiss, quedó así circunscrito a Jerusalén y desarrolló su ataque hacia el Sur de la ciudad. Al mismo tiempo, con una brigada acorazada seguida de una brigada de infantería de marina, el Mando Central tomó las cotas dominantes que se alzaban al norte del pasillo y, acto seguido, continuó avanzando hacia el este para cortar el enlace de las fuerzas jordanas con base en Jerusalén con las situadas más al Norte, en Samaria. En esta etapa, en la noche del 5-6 de junio, una brigada de paracaidistas de reserva, al mando del coronel Mordechai Gur, se unió al Mando Central y se lanzó contra las posiciones jordanas sumamente fortificadas que protegían el noreste de Jerusalén.

 

La brigada israelita sufrió muchas bajas antes de conseguir romper la línea del frente. Esto permitió que los paracaidistas tomasen los distritos conocidos como Sheij Jarrah y la colonia americana, así como la zona del Museo Rockefeller y restablecer el enlace directo con el enclave israelí del monte Scopus, que había permanecido aislado de Israel por las fuerzas jordanas durante los últimos 20 años.

 

Al día siguiente, 6 de junio, a las doce y cuarto de la noche, el general egipcio Riad, a quien había designado el rey Hussein para mandar sus tropas, ordenó que las fuerzas jordanas de la Ribera occidental entrasen en combate. El Mando Norte de Israel, a las órdenes del general de brigada David Eleazar, participó en la batalla contra la Legión Árabe, atacando desde el norte con una brigada blindada apoyada por infantería. Irrumpió en territorio ocupado por Jordania en la ribera occidental a lo largo de dos ejes de avance en el área general de Jenin. En esta zona se libró una lucha entre blindados, reforzadas las fuerzas jordanas acorazadas con los contingentes de la zona del valle del Jordán. Finalmente, un contraataque israelí aplastó toda oposición jordana. Tras 24 horas de lucha, las fuerzas israelíes del Mando Central y Norte convergían desde el sur, oeste y norte de la ribera occidental frente a una dura oposición jordana.

 

El segundo día contempló a las fuerzas del general Israel Tal en el sector norte del frente del Sinaí desplegándose desde El Arish, mientras una columna continuaba su avance a lo largo de la carretera de la costa en dirección Oeste hacia el Canal de Suez y otra avanzaba hacia el Sur tras librar duros combates de tanques para tomar el aeródromo de El Arish, atacando las posiciones egipcias de Bir Lahfan, encontrándose con las fuerzas del general Abraham Yoffe.

 

La fuerza élite de choque del general Tal prosiguió hacia el oeste, por la carretera principal a Suez, mientras que la de Yoffe se movía hacia el sur. Las tropas de Ariel Sharón siguieron operando en el área de Umm-Kataf-Abu Ageila, y hacia el sur con dirección a El Kusseima. Al mismo tiempo, una brigada de infantería de reserva, reforzada por blindados y paracaidistas, atacó la ciudad de Gaza que fue ocupada tras una lucha encarnizada; así la franja de Gaza ya estaba en manos de los israelíes. Mientras tanto, se libraba una feroz batalla al este de Jerusalén. Al norte de la ciudad, la brigada acorazada de reserva continuaría su avance hasta despejar el área que se extendía entre Jerusalén y la ciudad de Ramallah, cruce vital de carreteras para el desarrollo de operaciones en la ribera occidental de Jordania.

 

Todo el sinuoso terreno situado al norte del pasillo de Jerusalén se hallaba también en manos de las fuerzas israelíes, gracias a ello prosiguieron su avance hacia el norte. Ramallah se rindió. Por otro lado, las fuerzas del Mando Norte continuaban presionando hacia el sur en dirección al centro de la ribera occidental. Una columna de infantería atacó desde el oeste, conquistó Kalkiliya y alcanzó El Azzun. Finalmente, los tanques tomaron Jenin a mediodía del 6 de junio y la brigada que tomó la ciudad prosiguió su marcha hacia el sur para sostener duros combates en el cruce de carreteras de Qabatiya.

 

Otras tropas israelíes alcanzaron la carretera de Tubas-Nablus y se enfrentaron con los blindados jordanos. A medianoche, las fuerzas israelíes renovaron su ataque, ocupando Tubas y avanzando hacia el puente de Damiya, en el río Jordán. Así, quedó bloqueada la zona norte de la ribera occidental para recibir posibles refuerzos procedentes de Jordania oriental.

 

El 7 de junio, miércoles, iba a ser uno de los días más memorables en la historia de las armas judías. Aquella mañana se dictaron las órdenes oportunas para conquistar la Ciudad Vieja de Jerusalén. Para entonces se hallaba ya rodeada por las tropas israelíes, que ocupaban todas las alturas que dominaban la histórica ciudad. Se eligió como punto de ruptura la Puerta del León, conocida también con el nombre de Puerta de San Esteban. Allí se entablaron duros combates. Las fuerzas de Israel habían evitado atacar los Santos Lugares.

 

Sin embargo, los árabes utilizaron la mezquita de El Aksa como puesto de tiro y toda la zona perteneciente al Monte del Templo como lugar de amunicionamiento, haciendo caso omiso a las protestas que en tal sentido hicieron el gobernador jordano de Jerusalén y las autoridades religiosas musulmanas. La zona quedó liberada rápidamente con mínimos daños en los Santos Lugares y, a las diez y cuarto de la mañana, se izó la bandera de Israel sobre el Monte del Templo y el Muro de las Lamentaciones. Se ponía fin a la división de Jerusalén que, una vez más, estaba en manos judías. Probablemente, Jerusalén hubiera caído sin lucha como resultado de un simple asedio. Pero, siempre, existía la posibilidad de que surgiera alguna resolución del Consejo de Seguridad que hubiese "congelado" la situación estando la ciudad todavía dividida.

 

Las fuerzas blindadas que habían tomado Ramallah continuaron su avance hacia Jericó. Mientras tanto, la columna que progresaba en su marcha desde Nablus enlazó con las que llegaban desde Ramallah para, a continuación, desplegarse en dirección al río Jordán. Al mismo tiempo, la brigada Jerusalén siguió su marcha hacia el Sur, tomando Belén y Hebrón, que se rindieron sin disparar un sólo tiro. Asimismo, volvieron a ocupar Kfar Etzión, el grupo de colonias judías que había caído anta la Legión Árabe en 1948. Toda la ribera occidental se hallaba en manos judías.

 

En el sur, las fuerzas navales que navegaban por el golfo de Akaba tomaron Shahrm el-Sheij y abrieron los estrechos de Tirán. Una vez más, la libre navegación quedaba restablecida a través de los estrechos que conectaban Israel con el mar. Mientras tanto, la carrera a través de las arenas del Sinaí llegaba casi a su fin. Tres divisiones de Israel avanzaban para intentar aislar a las fuerzas blindadas egipcias en el centro del Sinaí e impedir así que pudieran retirarse hacia el Canal de Suez. Las fuerzas del general Tal tomaron la base militar egipcia de Bir Gafgafa, donde resistieron el último y fuerte contraataque egipcio.

En el centro, las columnas motorizadas israelíes se abalanzaban por las dunas móviles y cauces secos del interior de la península de Sinaí apoyadas por los cazabombarderos -que iban destrozando las caravanas de aprovisionamiento enemigas- para chocar contra la segunda línea defensiva egipcia. Las tropas de Yoffe conquistaron Bir Hassneh y se lanzaron hacia el Paso de Mitla con objeto de bloquearlo ante la retirada de las fuerzas acorazadas de Egipto. El paso montañoso de Mitla era defendido con todos los medios por los egipcios, al constituir la única vía de escape de las unidades que se batían en retirada. Así se montó una enorme trampa para estas. Las defensas egipcias en la zona de El Kusseima, Abu Ageila y Kuntilla se derrumbaron ante el arrollador avance de las fuerzas de Ariel Sharón hacia Nakhl.

En el cuarto día de lucha, las fuerzas del general Tal llegaron a Kántara, en el Norte, e Ismailía, en el centro, se unieron a lo largo de la orilla del Canal de Suez con parte de las tropas de Yoffe, avanzando en dos puntas de lanza hacia la ciudad de Suez y en dirección al Lago Amargo.  Mientras, otra parte de sus tropas partía hacia el Sur hacia Ras Sudat, en el golfo de Suez. Las fuerzas de Israel se desplegaron en abanico hacia el Sur, a lo largo del golfo de Suez, en dirección a Abu Zenima, donde se fusionaron con los paracaidistas que se habían lanzado sobre Shahrm el-Sheij y proseguían su marcha hacia el Norte.

Los desesperados intentos egipcios para romper el frente quedaron anulados por el ataque de las fuerzas acorazadas y, sobre todo, a causa de las operaciones magistrales llevadas a cabo por las fuerzas aéreas judías. Los egipcios lanzaron todos sus tanques y el resto de sus aviones contra el paso de Mitla para buscar una salida, mientras los israelíes forzaron el avance por El-Kántara. Con ello, el Paso de Mitla se convirtió en un inmenso cementerio militar egipcio.

A toda marcha, los carros blindados israelíes buscaron atrapar en una tenaza a las unidades egipcias para forzarlas a una lucha frontal de tanques. Las columnas mecanizadas israelíes llegaron a Bir-Gafgafa, impidiendo la retirada a los restos de las unidades árabes que fluían hacia el Canal de Suez. Otras unidades cerraron el acceso al sur con la conquista de Farqr, en Mitla. Una brigada blindada corta el repliegue de las fuerzas árabes hacia el este al tomar Nakhl. Al mando egipcio no le quedó más remedio que presentar batalla total para tratar de romper el cerco en el sur o impedir en el norte el avance enemigo a lo largo de los tres ejes de Ismailía, Jirdi y Mitla.

Los combates que enfrentaron el 8 de junio a un millar de carros blindados de ambos bandos duraron toda la jornada. Esta fue una batalla de tanques superior a la de El Alamein durante la Segunda Guerra Mundial. Tras aniquilar dos divisiones blindadas (entre ellas, la famosa cuarta división egipcia equipada con T 55, los tanques soviéticos más modernos), destruir 700 tanques y cuatro divisiones de infantería egipcia, varias baterías de cohetes tierra-aire Sam-2, y hacer prisioneros a 6 generales, los ejércitos del general Yeshaiahu Gavish llegaban a 16 kilómetros del Canal, tomando todo el Sinaí. La bandera de Israel fue izada en todo el Canal de Suez y las fuerzas egipcias, que sólo cuatro días antes habían amenazado con destruir a Israel, se encontraban en bochornosa retirada.

Cuando el Consejo de Seguridad de la ONU, tras cuatro días de reuniones, adoptó finalmente una resolución de alto el fuego, Israel fue la primera en aceptarlo, siempre sobre una base de reciprocidad. Pronto lo hizo también Jordania. En un principio, Egipto lo rechazó pero al cabo de 24 horas, el 8 de junio, la derrota era de tal magnitud y tan fulminante que Nasser, presionado por los soviéticos, aceptó con premura el cese al fuego. Egipto se hallaba al borde de un colapso militar y, sin duda alguna, no había nada que impidiera a las fuerzas israelíes cruzar el Canal y continuar hacia El Cairo.

 

Al día siguiente, el presidente Nasser, en una evidente maniobra para evitar una crisis política interna, presenta su renuncia. Luego, la retiraría "por voluntad del pueblo", haciendo cargar al mariscal Hakim Amer con la responsabilidad de la derrota. Los medios de difusión árabes generalizaron el criterio de que la guerra fue producto de una “conspiración de los super-poderes para derrotar a Nasser y permitir la expansión territorial de Israel, acorde con el slogan sionista de “un Israel del Nilo al Éufrates”. Nasser dijo más tarde que se carecía de defensas en el lado oeste del Canal de Suez, donde ni un sólo soldado se hallaba entre los ejércitos israelíes y la capital. Estaba totalmente abierta la carretera de El Cairo y la situación egipcia era como la de los ingleses en Dunkerque.

 

El frente sirio: el final

 

El Líbano, aunque se unió al clamor general que exigía la guerra, no había tomado parte activa en la lucha durante los días precedentes. Por otra parte, Siria, el más inmediato instigador de la acción bélica y su más decidido defensor, había bombardeado sin tregua los poblados de la frontera, intentado, sin resultado, la captura del kibutz Dan.

 

Con excepción de los ataques realizados contra sus Fuerzas Aéreas y aeródromos, Siria no había sufrido los efectos de la lucha armada. El 9 de junio existía la posibilidad de que el país árabe que había promovido la guerra fuera el único que la terminara sin ser derrotado. Esto hubiese tenido un fatal resultado: dejar a las colonias judías del valle aún más vulnerables que antes. Cuando Siria rechazó el alto el fuego, el gobierno de Israel decidió aprovechar la oportunidad. Las íntimas relaciones que existían entre Moscú y Damasco parecían presagiar, en cierto modo, el riesgo de una intervención directa de Moscú. Sin embargo, la mayoría creía que, si se conseguían rápidos resultados, tal intervención sería físicamente imposible y, tras los hechos consumados, la presión de los Estados Unidos contendría a la Unión Soviética.

El frente con Siria, hasta el momento, se mantenía en tensa calma. Frente a las legiones de Tel-Aviv se levantaba la inexpugnable fortificación siria de las alturas de Golán. Los sirios buscaban una brecha para lanzar sus blindados sobre los israelíes atrincherados en sus defensas. Al forzar Siria las acciones el día 7, las unidades israelíes rechazan el ataque en forma demoledora. El día 8, se pone en marcha la tercera fase de las operaciones dirigidas por el general Moshé Dayán: la guerra relámpago. El 9 de junio el general Aarón Yariv desencadenó la ofensiva contra Siria. Así, en esa mañana de viernes, las fuerzas de Israel, libres ya de otros frentes y tras haber destruido la aviación siria, asaltaron las posiciones artilleras sirias. A mediodía, las fuerzas aéreas atacaron al Ejército sirio en los Altos del Golán. A lo largo de toda la línea los sirios gozaban de enormes ventajas tácticas y topográficas. Estos se hallaban en la cima de una colina rocosa, cuya conquista era difícil en cualquier circunstancia y fortificada durante años a un coste enorme. Por otra parte, era vidente que, tras cuatro días de lucha, era imposible un ataque por sorpresa.

Como principal punto de ruptura se eligió el sector norte del frente sirio, en la zona de Tel Azaziyat, el lugar más septentrional del sistema sirio de fortificaciones. Una brigada de infantería y otra acorazada de reserva se encargaron de la parte más peligrosa del ataque. La infantería tuvo que avanzar combatiendo de una a otra posición, casi siempre cuerpo a cuerpo. El choque más fuerte tuvo lugar en Tel Fakhr. Las bajas fueron numerosas por ambos bandos. Las fuerzas blindadas, finalmente, alcanzaron su objetivo con los dos únicos tanques intactos de todo un batallón.

 

El 10 de junio, las unidades israelíes avanzan con dificultad por las abruptas estribaciones fronterizas mientras sus blindados capturan varias posiciones estratégicas. Una columna de blindados avanzó y tomó Banias, mientras que el grupo que había roto el frente progresaba con suma rapidez hacia Mansura y Kuneitra, otra columna a las órdenes del general de brigada Elad Peled, que, con anterioridad, había operado en la Ribera occidental, atacó en la zona de Tawfiq. Desde helicópteros, se lanzaron los paracaidistas sobre las líneas enemigas en la profundidad del territorio sirio. Otra unidad acorazada avanzó a través de Darbashiya y, a las dos y media de la tarde del sábado, día 10 de junio, 24 horas después de haberse iniciado la batalla, la ciudad de Kuneitra caía en manos de las Fuerzas de Defensa de Israel. En tales momentos, estas ya se hallaban sólidamente establecidas en los Altos del Golán.

 

Los sirios, oyendo desde Damasco las descargas de la artillería israelí,  aceptaron al fin el alto el fuego ordenado por las Naciones Unidas, que se estableció de inmediato a todo lo largo de las líneas alcanzadas por las fuerzas de vanguardia. Precisamente entonces, las fuerzas del norte, al mando del general David Eleazar (Dadoo), ya en la carretera de Damasco, suspendieron las operaciones. El peligro que entrañaban los bombardeos sirios contra los poblados de Israel había sido eliminado.

Si el primer día de la guerra tuvo lugar el asalto aéreo más fulminante y preciso que registran los anales militares, en el Sinaí se asistía a la campaña de tanques más extraordinaria de la historia ejecutada por los israelíes, que hizo palidecer a las de los generales hitlerianos Erwin Rommel y Heinz von Guderian. En cuatro días de guerra, una fuerza israelí de tres divisiones había destruido una coalición de ejércitos muy superior en una de las más brillantes campañas militares del siglo XX.

La concentración de fuerzas del ejército israelí en los puntos precisos, la rapidez de movimientos y la estrategia de atacar sin tregua resultó el factor decisivo. El segundo factor fue la táctica inusitada de penetración en profundidad, que persiguió vulnerar de un golpe la capacidad combativa del enemigo. Asimismo, el ejército israelí demostró una excelente planificación logística de combustible, municiones y piezas, concediendo una gran flexibilidad a sus fuerzas. Los mandos israelíes demostraron un dominio profundo de la estrategia militar, en especial del factor sorpresa, ante unos ejércitos árabes que pecaban de una gran lentitud en sus maniobras y con estructuras de mando demasiado rígidas.

La Guerra de los Seis Días demostró la obsolencia del armamento soviético de los árabes con respecto al equipamiento occidental de los israelíes. En menos de seis días, Israel sufrió 777 muertos y 2,586 heridos, muchos de ellos oficiales, y 17 prisioneros, en su mayoría pilotos que más tarde fueron canjeados. Ello era insignificante en comparación al costo que debieron pagar los ejércitos árabes, quienes sufrieron unas 15,000 bajas, 6,000 prisioneros y un gran número de desaparecidos. Además, perdieron más de 400 aviones, 60 de éstos en el aire, y les capturaron unos 800 tanques, algunos destruidos. Las pérdidas materiales árabes durante la Guerra de los Seis Días ascendieron a más de 1,000 millones de dólares, valor que se correspondía con el 70 % del dispositivo militar de los tres ejércitos árabes.

Pese a la ulterior ruptura diplomática de los soviéticos con Israel, su posición durante el conflicto -mucho menos militante que la demostrada en la crisis de Suez de 1956- y su inactividad militar deterioraron la imagen de la Unión Soviética como aliado pro-árabe.

Las unidades blindadas israelíes pudieron haber tomado con facilidad El Cairo arrollando todo lo que se le antepusiera hasta el Atlántico. Por el este, hubieran podido sobrepasar Damasco y despejar todo lo que se le antepusiera hasta el Éufrates. Prácticamente, Israel pudo asolar todo el mundo árabe. Sin embargo, el liderazgo israelí pensó que, al “limpiar” las fronteras, establecer nuevas zonas de protección y derrotar de manera tan decisiva a los ejércitos de todos los estados del frente, aseguraba la paz y el futuro de toda una generación. Hacia el fin de la guerra, Israel había tomado más del triple del área de su territorio anterior, pasando de 8.000 a 26.000 millas cuadradas. La victoria le permitió unificar Jerusalén y extender su poder sobre el Sinaí, las Alturas de Golán, la Franja de Gaza y la Cisjordania.

La unidad, cohesión, disciplina y decisión del pueblo de Israel provocó una explosión sin precedentes de identificación y simpatía de los judíos del mundo entero así como el apoyo de muchos gentiles en todo el mundo.

Las reacciones en Occidente fueron diversas. El presidente francés Charles de Gaulle dictó un embargo de armas a Israel y canceló la orden de entrega de 50 aviones Mirage-III ya abonados, acusándole de haber iniciado la guerra. El Consejo de Seguridad, en la sesión de noviembre de 1967, aprobó la resolución 242 -redactada por los ingleses- que establecía la devolución de los territorios ocupados por Israel y el reconocimiento de este por parte de los países árabes vecinos. Por su parte, el presidente Johnson dio a conocer su opinión de lo que debía hacerse luego para terminar el conflicto: “Ciertamente, las tropas deben retirarse; pero debe haber también derechos reconocidos de vida nacional, progreso en la solución del problema de los refugiados, libertad del tránsito marítimo legal, limitación de la carrera armamentista y respeto por la independencia política y la integridad territorial”.

 

Los líderes de Israel tenían plena confianza en negociar un acuerdo de paz con sus vecinos que implicara algún arreglo territorial. Casi inmediatamente después de la guerra, los líderes de Israel expresaron su voluntad de negociar una devolución de al menos algunos de los territorios. Israel subsecuentemente devolvió la totalidad del Sinaí a Egipto; el territorio reclamado por Jordania fue devuelto al reino hachemita, y casi la totalidad de la Franja de Gaza y más del 40 por ciento de la Cisjordania fueron entregados a los palestinos para establecer la Autoridad Palestina.

 

Hasta la fecha, aproximadamente el 93 % de los territorios ganados en la guerra defensiva han sido entregados por Israel a sus vecinos árabes en el curso de negociaciones. Esto demuestra la disposición de Israel de negociar tierra por paz.

 

 

 

(continuará)