Cubanálisis El Think-Tank

ARTÍCULO ORIGINAL PARA EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

 

                                                           Juan F. Benemelis, Miami

 

 

El Corán y el Profeta

 

¿Qué es Dios para el Islam? ¿Cuál es la dificultad teórica y lo inevitable del monoteísmo puro, absolutamente trascendente? ¿Qué se ha escrito en El Corán y cómo se ha interpretado?

 

¿De dónde se deriva la unión indisoluble de la religión, la sociedad y la política con la consiguiente sumisión a Dios, no sólo mediante la adhesión personal a la fe sino con la instauración del orden político diseñado en la Sharia?

 

¿Cuáles son las fuentes del derecho islámico? ¿Por qué existe ese ingrediente bélico islámico contra las otras religiones? ¿Cómo clasifica el Islam a los otros humanos desde el punto de vista moral?

 

¿Cómo se origina la ambigüedad de su moralidad? ¿Puede inventarse una nueva sociedad civil aferrándose a valores arcaicos, como la islámica? ¿Qué cosa se debe entender cuando se habla de multi-culturalidad? ¿En qué ámbitos, sobre cuáles bases y con cuáles premisas se podrá, eventualmente, construir una sociedad religiosamente común a todos?

 

El Islam es un dogma omni-comprensivo de religión, de sociedad y de Estado. Su compleja estructura como se conoce actualmente, se desarrolló con los califatos, luego de la desaparición física de su profeta. Es la configuración monoteísta más nueva y de crecimiento más rápido con 1.300 millones de fieles, más de un quinto de la población mundial, en 55 estados que van de África a Indonesia. En Europa viven unos 21 millones de musulmanes y en Estados Unidos unos 10 millones, amén de las oleadas que se desplazan constantemente hacia los países desarrollados. En la península balcánica, Albania es predominantemente musulmana, al igual que las provincias de Bosnia y Kosovo.

 

En su origen, las tribus de la Arabia sólo pudieron unirse tras superar la tradicional desunión confederativa que provocó la extensión del gran comercio caravanero y la nueva visión religiosa islámica. Fue así que por medio de un sencillo monoteísmo narrado por un libro sagrado, El Corán, revelado en árabe, hizo desaparecer la anterior dicotomía entre religión y lealtad tribal.

 

Los libros sagrados revelados por Dios han sido la Torá, el Evangelio y el Corán. Según la leyenda, Abul Asim Mohammed (castellanizado como Mahoma) recibió, vía el ángel Gabriel (Yibril), la palabra de Dios (Alá) en forma de versos reunidos (suratas) que luego se publicaron bajo el título de El Corán. En su propio villorrio, La Meca, el auto-titulado Profeta que había estudiado el judaísmo con judíos y el cristianismo con cristianos, predicó un monoteísmo absoluto y caritativo, tomado de la Biblia y del Nuevo Testamento. Se adoran los libros sagrados, entre ellos la Ley de Moisés, los Salmos a David, el Evangelio a Jesús y el Corán a Mahoma. La paradoja sería que el propio Mahoma, luego de armar su religión desde los dogmas judeo-cristianos, condenó a todos los que “pusieron al lado de Alá otra divinidad” (Corán 50, 25-26).

 

En el Islam existe la creencia en el destino, la sumisión de toda la creación a Dios y el día del juicio final. Para los musulmanes no hay otro Dios fuera de Alá, cuya voluntad y predestinación es absoluta. Los Ángeles que describe el Corán son seres inaccesibles a los sentidos, sin existencia corporal y son conocidos sólo por Dios (Alá). Estos ángeles, así como los jinn, son capaces de acciones buenas o malas. Al igual que el cristiano, el musulmán cree en la resurrección y en el juicio final.

 

Los profetas reconocidos por los islámicos, por supuesto, han recibido la revelación divina y han sido enviados, desde Adán, Noé, Abraham, Moisés, Jesús hasta el último de ellos: Mahoma, el profeta final y supremo. Según Mahoma, la Biblia fue alterada por judíos y cristianos y de ahí sus discrepancias. Así, para los musulmanes, tanto el judaísmo como el cristianismo quedarían como variantes imperfectas de su propia religión.

 

La historia de Mahoma no puede mostrarse como ejemplo de santidad. Su carácter vengativo, inmoralidad y crueldad no lo acreditan como poseedor de valores morales y éticos para ser un “mensajero” de Dios. Según sus primeros cronistas, como Al Waqidi, Ibn Ishaq y Al Tabari, el “Profeta” disponía de varias mujeres, entre esposas, criadas y esclavas, destacando sus relaciones sexuales con Aisha, niña de nueve años. Mahoma destacaba por su despiadado proceder con sus enemigos; santificó el bandidaje caravanero y el tráfico de esclavos, procedió a la quema de plantaciones y destrucción de pozos de agua, acumuló enormes riquezas. Se conoce que luego de someter a las tribus Banú Mutaliq, Qoreish y Nadir, Mahoma ordenó degollar a los esposos, padres y parientes de tres bellas jóvenes (Yawairiya, Rayhana y Safiya) a las cuales violó la misma noche de la captura.

 

En el curso de su ministerio, del 610 al 632, el "Profeta" sufrió muchas vicisitudes en la extensión del credo, encarando diversidad de problemas. Como norma, al enfrentar algunas dificultades recibía una revelación donde Alá le instruía en cómo habérselas con esa situación particular. La revelación en cuestión era incorporada al Corán, deviniendo, de hecho, en ley islámica. Con estas armas, Mahoma triunfó en su objetivo de purificar la antigua religión árabe de Abraham; incorporó el peregrinaje al santuario de la Meca, convirtiendo a Ramadán en mes de festividad y estableciendo la yihad o guerra santa, para generalizar el poder de su teocracia. En el diseño de sus culturas, Moisés y Jesús no fueron tan dominantes como Mahoma. La divinidad de Jesús, por ejemplo, resulta para los musulmanes una contradicción con el monoteísmo cristiano, mientras la de Mahoma no es sólo el parangón de la vida terrestre sino que resulta el vínculo con Alá.

 

La palabra Islam significa simplemente "sumisión” conducta que es un principio proclamado en todas las reglamentaciones musulmanas que han legislado sobre el status personal; representa las convicciones básicas de casi toda la población musulmana. El Islam exige con más rigor que los otros monoteísmos el cumplimiento con su liturgia sin embargo ello no implica que estemos ante una creencia enfebrecida por el intimismo religioso, al estilo de las órdenes monacales; se trata más de un empirismo temporal que una devoción mística.

 

El devoto islámico debe cumplir los famosos “cinco pilares” que son: el diezmo, las oraciones diarias hacia la Meca, las obras de caridad, el ayuno en el mes del Ramadán, y el peregrinaje a la Meca donde se halla la piedra sagrada, un meteorito enorme. Para ciertos sectores islámicos la yihad constituye el sexto pilar. El fiel se define por el acatamiento de estos cánones sistémicos y no por su razonamiento escolástico; y no sólo desconoce más El Corán, que el cristiano el Nuevo Testamento o el judío el Torá.El musulmán está obligado a cumplir la oración ritual cinco veces al día, luego de cumplir con el requisito de las abluciones. La oración colectiva del viernes tiene un carácter comunitario. Todas ellas deben hacerse en dirección a la Kaaba, el primer templo edificado por Abraham e Ismael sobre la faz de la tierra.

 

Los árabes, antes de Mahoma, eran habituales consumidores de bebidas alcohólicas, como loaban los poetas pre-islámicos, hasta que la completa prohibición de intoxicantes fue anunciada por el "mensajero de Alá" en Medina. El practicante supuestamente debe ser ascético por naturaleza, que deriva satisfacciones de hechos simples y cotidianos, que otros juzgan esenciales. El devoto no podrá distinguir entre lo que puede comerse o no, sino entre lo que está prohibido comer y lo que puede ingerirse. Asimismo, la carne de cerdo fue vedada, como la de comer animales estrangulados, ya que debían desangrarse cortándole el cuello. El ayuno consiste en abstenerse de comer, beber, fumar y realizar todo acto sexual, a lo largo de los treinta días del mes de Ramadán (el noveno del calendario islámico), desde el alba a la puesta del sol. La limosna tiene un carácter obligatorio. Acorde con la sharia al homicida y al apóstata se le aplican la pena de muerte; al ladrón, se le amputa la mano derecha, y a los adúlteros se someten a la flagelación.

 

El Islam del Corán y del ejercicio personal de Mahoma, según se contiene en los hadices (la biografía y los dichos del Profeta), es una religión de discriminación, de contradicciones y de fe ciega, que forzó su expansión mediante el exterminio de los no-creyentes y de sus disidentes. El Islam nace como proyecto sociopolítico y militar, sin una comunidad ideal y sin clerecía o instituciones legitimadoras: "En el Islam, el cuerpo de especialistas religiosos tiene bastante autonomía, según las regiones, según los líderes que han tenido históricamente, según sus problemas y cómo se han resuelto y según los conflictos internos” (Szvalb, Dossier 16). La comunidad islámica, conocida como “la casa del Islam” ha estado en guerra intermitente entre sí desde el siglo VII. En ella, la conducta (dictaminada por la providencia) es más importante que la espiritualidad (el sacerdocio), por eso tiene sentido que las atribuciones más altas sean las del campo jurídico y no la sacerdotal.

 

El libro sagrado mahometano, El Corán, es un simple trabajo homogéneo que recopila las revelaciones y palabras transmitidas por Alá a su mensajero Mahoma, en un período de veintidós años, a diferencia de la Biblia, que es un texto clasificado de fe o moral. Al estar considerado como la palabra literal de Alá, mucho de su contenido no requiere la guía de Dios, por eso los musulmanes se ofenden por el término mahometanismo, porque la sumisión es a Dios, no al Profeta; sin embargo el mahometanismo, como adjetivo, describe precisamente a la civilización islámica tal como existe hoy día.

 

Los ulemas –los doctos- son los preservadores de la ortodoxia islámica, pero no son clérigos sino juristas del credo; y esto es lo que singulariza al Islam sunnita, la inexistencia de un corpus eclesiástico representativo, de un Vaticano. Los ulemas ven la alfabetización como una tentación de las masas a la verdad de Alá. Los ulemas acomodan sus interpretaciones doctrinales a los intereses del Estado de turno.

 

Según el egipcio Samir Khalil Samir (islamólogo, jesuita y profesor de Historia de la Cultura Árabe e Islamología en la Universidad de Saint Joseph de Beirut, además de un profundo conocedor de la historia y la cultura musulmanas), en su libro Cien preguntas sobre el Islam, si el Corán ha descendido de la mano de Alá, entonces no existe posibilidad alguna de interpretarlo crítica o históricamente, ni siquiera en lo que se refiere a aquellos aspectos vinculados de una manera evidente a los usos y costumbres de un marco histórico y cultural particular. La unicidad de Dios (Al-lah): Ser eterno, trascendental y omnipresente, tal como lo afirma el Corán en la célebre azora 112: "Di, oh Mohammed: Él es Dios, es Único, es Eterno, jamás engendró ni fue engendrado y no tiene a nadie por igual (incomparable)". sus "más bellos nombres", en número de noventa y nueve, han sido revelados en el mismo Corán, tales como el Omnipotente, Omnipresente, Omnisciente, Creador, Clemente, Misericordioso, que oye, que ve, que juzga, que resucita.

 

A fines del primer siglo islámico, sus lingüistas desestimaron muchas versiones primarias de El Corán, puesto que el mismo Profeta no tuvo tiempo de concluirlo. Al ser su texto el resultado de muchas manos, perdiéndose en el camino pasajes importantes y suprimiéndose otros, se heredaría una transcripción llena de ambigüedades y oscuridades que reflejaría el contexto de su siglo de nacimiento y desarrollo, el VII. Sólo algunos escolásticos decididos, como el egipcio Nasser Abuzeid, acusado de apostasía, cruzaron la barrera para analizar de forma crítica la génesis y el contenido del Corán y de todo el corpus islámico.

Por eso, El Corán es un fárrago de inexactitudes científicas, extravíos históricos, pifias matemáticas y sofismas deontológicos que nunca podrían ocurrírsele a un Dios, a no ser que fuese el más ignorante del universo. El Corán puede condenar y justificar las mismas cosas y encontrar respuestas diferentes para el mismo problema. Entre sus contradicciones más notorias, el Corán contiene exhortaciones al pacifismo y a la guerra. El Corán destina a los incrédulos al infierno (5:10) y los califica de inmundos e impuros (9:28). Igualmente considera imbéciles a las mujeres y les niega que testimonien en corte judicial a menos que sea acompañado del testimonio de un hombre (Q; 2:282). El Corán es un libro inhumano que no convida al respeto de los Derechos Humanos, que enseña el odio e instiga a matar humanos, y que debe estar en la misma categoría que Mein Kampf, por lo cual es necesario prohibir la manifestación islamista al igual que se hace y por las mismas razones, con la exaltación del nazismo.

En el siglo IX, doscientos años después de la muerte del Profeta, se conformó la tendencia de los motacilitas, un grupo de teólogos disidentes de la ortodoxia que negaban la existencia eterna del Corán y de que fuese obra de la palabra de Ala, y no de los hombres. Después de una batalla teológica que duró tres siglos, la facción islámica ortodoxa emergió triunfante contra los motacilitas.

Ante los pensadores e intelectuales (Avicena, Averroes, Al-Farabi, Al-Kindi) que exploraban en fuentes ajenas al Islam y que introdujeron un medioevo luminoso, los teólogos dogmáticos de la época clausuraron cualquier opción de reforma o adaptación a las nuevas condiciones, y como metáfora iniciaron la quema de los libros “impíos”, precisamente en momentos que el Occidente se abría a ese pensamiento renovador. Ya en el siglo XIII esta religión se atrofia y la antorcha de la civilización pasa al cristianismo. Y, por más de cinco siglos, y pese a las advertencias del filósofo magrebí Ibn Jaldún, el musulmán permanecerá en gran parte ignorante del extraordinario desarrollo que se escenificaba el norte de su universo.

 

Si bien pensadores eminentes de su civilización, y no precisamente ortodoxos, como Avicena (Ibn Sinna) e Ibn Jaldún no tuvieron que comparecer a un tribunal de inquisición, entonces ¿qué ha pasado en realidad? ¿Por qué el Islam es un cuerpo de valores e imperativos morales, que invade el pensamiento, el discurso y el comportamiento del fiel?

 

Acaso la respuesta reside en que no hay un Islam no coránico, como no existe, además, un magisterio o un cuerpo consultivo competente para definirlo a su propio mundo; y esta es una de las principales dificultades para lograr un “diálogo” con el Islam, como reconoció recientemente el papa Benedicto XVI (Josef Ratzinger), ya que unos posibles acuerdos con una escuela de pensamiento islámico, no necesariamente son admitidos por otras. Este desconcierto y caos deontológico, desprovisto de un pode supremo y directrices rectoras de su doctrina, hace que sus reglas primarias sean confusas y carentes de seguridad jurídica. Al no estar sujeto El Corán a examen por parte de los fieles, se explica la pobreza ideológica de su radicalismo.

 

La lucha entre las distintas tendencias de la religión islámica es un aspecto complejo y difícil para la comprensión occidental, porque sus marcos de referencias no son los manejados en nuestra cultura, al igual que los nombres, la historia, las doctrinas. Pero estas diferencias intrínsecas del islamismo, que se reflejan en sus diversas corrientes políticas actuales, es lo que va a decidir el futuro de toda su civilización.

Catorce siglos de historia han permitido islamizar prestigiosas culturas en el mundo afroasiático y en los tiempos actuales existe una sólida diáspora musulmana en Europa y América. Por un lado, el Islam indo-paquistaní que se remonta a los primeros tiempos su comparecencia, acepta un modelo pluralista de sociedad política, mientras el iraní representa una interpretación particular de su tradición que se expresa en forma de chiísmo místico; y por su parte, el turco, heredero del Imperio Otomano es nacionalista y laicista. De la misma forma, el africano procede de sucesivas islamizaciones y representa una simbiosis entre la tradición del continente y la usanza musulmana. Por tal razón, la casi totalidad de los países islámicos que obtendrían la independencia política reconocieron y reforzaron la religión, al reconocer sus derechos como credo nacional e introduciendo en su sistema jurídico la concepción de la política pública islámica.

El mundo islámico es parte de la cultura occidental por un factor histórico y geográfico (Sicilia, España, los Balcanes), por la herencia "abrahámica", por el monoteísmo, incomprensible sin Platón y Aristóteles. Pero a la vez, entre Occidente y el mundo islámico existe una diferencia insalvable, un abismo de cultura y de historia, de violencia, de enemistad, una ideología de confrontación de un lado contra el otro: las cruzadas, los crueles turcos, el colonialismo, el apoyo a Israel, la animosidad anti-europea.

 

El descubrimiento de América por Europa implicó su inmediato predominio, sobre todo al adquirir ingentes cantidades de oro y plata y nuevos territorios, hechos que precipitaron los avances tecnológicos. La pregunta obligada resulta ¿por qué los musulmanes no descubrieron América cuando controlaban la costa atlántica y poseían los conocimientos náuticos y cartográficos necesarios? A diferencia de los barcos musulmanes construidos para el comercio costero Mediterráneo e Índico, los europeos disponían de naves más rápidas, mejor artilladas y capaces de cruzar el Atlántico.

 

Uno de los gérmenes de la modernidad europea, del ascenso económico vertiginoso fue el cambio que tuvo lugar con respecto a la mujer a partir del Renacimiento. Ya en el mundo cristiano se había generalizado la monogamia y la mujer tenía acceso a la vida social y en ciertos renglones a la educación básica. Asimismo, en las cortes europeas ellas desempeñaban un papel mucho más relevante mientras en el mundo islámico las madres e hijas de los monarcas y nobles, casi siempre concubinas anónimas de los harenes, eran totalmente desconocidas. Y, como ya en su momento subrayaron los autores turcos, las mujeres no sólo son la mitad de la población, sino que son también las madres de la otra mitad. Bajo su cuidado, los niños europeos crecían con una mujer más educada que las islámicas y ello insuflaba una visión más amplia del horizonte existencial.

 

La civilización islámica se estancó en el siglo XI y entró en una crisis terminal en el siguiente, donde se repetía en un marco estéril, no creativo, y debió concluir su vida histórica y su cultura en los siglos XIV o XV (al igual que Bizancio, los kanatos mongoles, el sacro imperio romano-germano). Desde el siglo XII en adelante, las victorias de sus conquistadores (persas, turcos, tártaros, kurdos), no generan un Renacimiento, un Iluminismo, ni fecundan el maquinismo o la revolución científica que se fecundaron en Europa.

 

En el siglo XVI la mayoría del espacio islámico fue conquistado por los turcos otomanos y reducido a pequeñas satrapías; para ese momento, los árabes como actores históricos cesaron de existir para reaparecer después de la Primera Guerra Mundial, cuando se desplomó el imperio otomano. Probablemente, la primera gran alarma y sentimiento de incomprensión y confusión en el mundo islámico ocurrieron en 1798, cuando el general Napoleón Bonaparte derrotó con facilidad al ejército mameluco egipcio.

Fue el nuevo soplo insuflado por los turcos otomanos lo que brindó al Islam una prolongación como expresión geográfica. Es señalado que los árabes guardan silencio sepulcral a los cuatro siglos en que estuvieron dominados totalmente por los turcos, y solo demonizan a Europa. El espacio árabe, económicamente, ya ha quedado detrás del África Ecuatorial y sus habitantes lo reconocen, pero en vez de confrontar a sus gobiernos practican su exorcismo con la cuestión Palestina y la negación del Estado de Israel. De no hacerlo así tendrían que mirar hacia su interior y reconocer el abismal fracaso económico de su civilización.

En el Islam actual existe un proceso de degeneración ante la modernidad y la globalización que acentúa la diferencia entre Occidente y el resto del mundo, y que justifica la necesidad de la “guerra santa”. Esta tribulación entre su esplendoroso Medioevo y su descalabro actual en términos de estabilidad política, de desarrollo económico, de derechos humanos, de salud y alfabetización le llevó a asumir la última posición, medirse en términos de valentía militar. En medio de sus traumas los musulmanes comenzaron a preguntarse ¿Qué desgracias habían sucedido en el Islam? ¿Qué se había hecho equivocadamente? ¿Por qué razón Alá los había abandonado?