Cubanálisis El Think-Tank

ARTÍCULO ORIGINAL PARA EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

 

                                                            Juan F. Benemelis

 

 

Castro: condottieri africano

 

No obstante haber resultado exitosos en las contiendas africanas, los cubanos mostraron gran incapacidad para arrostrar la contrainsurgencia; tanto ellos como los soviéticos consideraban que la mejor táctica era la sobresaturación de hombres y equipos. La ocupación militar de Fidel Castro probó su eficacia táctica ofensiva y a la vez su debilidad defensiva ante UNITA, a medida que ésta se consolidaba.

 

Así, Castro se atascó en el tremedal africano: en Angola y Etiopía enfrentó una enérgica e inesperada resistencia perfilada en conflictos que no podrían desenredarse mediante la activación de su Afrika Korps.

 

El ejército del MPLA levantado por los cubanos resultó ser, además, una masa heterogénea de soviéticos, cubanos, alemanes orienta­les, y mercenarios portugueses, que si bien disponía de superioridad en volumen de fuego y modernidad de armamentos, era incapaz de desplegar la movilidad necesaria para liquidar la oposición del líder de UNITA, Jonas Savimbi.  

 

El mando cubano encaró la terrible realidad de una guerra librada en la vastedad e irregularidad orográfica, en medio de las lluvias tropicales y de las junglas, con escasas vías de comunicaciones. Todo ello hizo que sus columnas mecanizadas pudiesen ser bloqueadas fácilmente por emboscadas y minas (1).

 

A la par que fueron robusteciendo el frente sur en Angola, a partir de 1978 los cubanos llevaron a cabo una remodelación en la ordenación orgánica de la FAPLA. Se establecieron cuatro frentes militares: norte, sur, este y oeste.

 

Los aparatos de protección e inteligencia cubanos, conjuntamente con sus contrapartes soviéticos y germano-orientales, instruyeron y formaron a los cuadros del servicio secreto angolano: el MINSE y la DISA. El oficial de la KGB Vadim Ivanovich Cherny actuaba como el consejero de la DISA en asuntos de seguridad. Los asesores cubanos se encargaban de los interrogatorios (2).

 

A fines de 1976, ya casi olvidado y subestimado por Luanda, Jonas Savimbi emerge con 70 hombres para componer la estructura de UNITA.  En octubre y noviembre de 1977, Savimbi se entrevista con varios presidentes africanos, con vistas a recaudar fondos para revitalizar su capacidad militar.

 

A partir de 1978, los cubanos y la FAPLA comenzarán una serie anual de expediciones bélicas contra la UNITA. Castro vuelve a reforzar su Afrika Korps, que llegará a contar con 28,000 hombres apoyados por tropas especiales de Alemania Oriental.

En marzo de 1978, los generales cubanos al mando de Raúl Menéndez Tomasse­vich, al frente de un contingente de 5,000 soldado­s, auxiliados con batallones de la FAPLA y amparados por helicópteros y unidades aéreas de MIGs, desencadenan las hostilidades sobre UNITA en Bié, Huambo y Cuando-Cubango. No obstante, el avance se desvanece en el territorio controlado por Savimbi.

El presidente angolano, Agostinho Neto, advierte que tanto el control soviético como la escisión dentro del MPLA, así como la oposición de UNITA, solo podrán eliminarse mediante la conciliación con Savimbi.

 

Con ese fin Neto plantea un parlamento con el líder rebelde en Dakar, capital de Senegal para el mes de septiembre de 1978. Pero la inteligencia cubana detectará tales intentos y pasará la información a los soviéticos: de tal manera, la iniciativa de Neto queda truncada con su sorpresiva muerte en Moscú.

 

Hacia fines de año, el viceministro primero de defensa soviético, Sergei Sokholov, llega a Angola y el GRU soviético se hace cargo de la inteligen­Çcia militar del país. Asimismo, alrededor de 12 generales soviéticos, comandados por G. Petrovsky y Víctor Kirsanov, se arrogan el mando del ámbito angolano (3).

 

En los primeros meses de 1980, la UNITA de Savimbi montará un contraata­que ante los batallones de la FPLA, que ante la difícil situación alimentaria buscaban recuperar las zonas agrícolas de Huambo, Bié, Benguela, y Moxico.

 

Los soviéticos incrementan notablemente su misión luego de una estancia del nuevo presidente angolano José Eduardo Dos Santos en Moscú, en 1980. Castro ordena el embarque de más conscriptos. A su vez, Berlín Oriental eleva el número de sus tropas de seguridad, y remite su curtido regimien­to paracaidis­ta Félix Dzherzhinsky.

 

También hacia fines de 1980, comparecieron milicias élites norcoreanas en la comarca septentrional, especialmente en Bela Vista, Zala y Nambuangon­go, y en la zona sur, alrededor del centro de entrenamiento de SWAPO en Quibala.

 

Para septiembre de 1980 Savimbi logró capturar espectacularmente el poblado de Maringa, llenando de consternación a sus enemigos y atrayendo hacia su lucha todos los ojos del continente. Al entrar el nuevo año, su agresividad se intensifica de tal manera que 1981 se considera el año en que la UNITA arrebata la iniciativa, imponiendo el curso de las futuras campañas militares.

 

En 1981, los cubanos ponen su hombro en la ofensiva lanzada contra Savimbi en las provincias centrales de Angola. En mayo, en una batalla campal ocurrida en las márgenes del río Lomba, UNITA detuvo la primera de una prolongada sucesión de arremetidas anuales preparadas por los cubanos.

 

Otra columna motorizada cubano-MPLA queda estancada al norte de Rito, posibilitando que UNITA lanzara un violento contraataque hacia el territorio de Moxico en los últimos meses del año. El fiasco de esta maniobra trajo violentas confrontaciones entre el generalato cubano y sus subalternos angolanos.

 

El presidente Dos Santos no mantenía una posición inflexible con respecto a la búsqueda de una normalización de la contienda de todo el Cono Sur: buscaba a todo trance evitar un conflicto frontal a gran escala, pues temía perder la batalla militar con Pretoria. Además, estaba sujeto a enérgicos apremios de parte de un gran número de presidentes africanos que insistían en un diálogo con África del Sur. 

 

Su carta de negociación era la retirada de las tropas cubanas, pero eso significaba enfrentarse a Castro, que no mostraba propensión de abandonar el país.

 

En 1982, Dos Santos se trasladó a la isla de Cabo Verde para iniciar una ronda de charlas con sus colegas africanos. Allí se discutió con el presidente senegalés Abdou Diouf un posible entendimiento con Savimbi.

 

El gambito angolano estuvo apoyado por Estados Unidos, quien recibirá oficialmente a Savimbi y propiciará una entrevista secreta en México en diciembre de ese año entre su secretario de estado Alexander Haig (foto) y el cubano Carlos Rafael Rodríguez, a cargo de las relaciones internacionales de Cuba.   

 

La Habana se hallaba desconcertada e irritada por los vaivenes diplomáticos del MPLA; en su conversación con Haig, los cubanos  analizaron su presencia en todo el sur africano, y su otorgamiento de santuarios y recursos desde Angola para las acciones de la SWAPO en Namibia.

 

El dilema se reducía a cuatro puntos fundamentales: la salida de las tropas cubanas, la independencia de Namibia, el cese de la ayuda sudafricana a la UNITA, y el reconocimiento de la misma en Angola. Pero Castro seguía en sus trece, sin mostrar algún resquicio para el desmantelamiento de sus tropas. 

 

Este frenesí de conciliábulos causó crisis dentro del MPLA entre los marxistas ortodoxos que sostenían una liquidación militar de Savimbi y aquellos que reconocían la necesidad de alcanzar un arreglo con el jefe de UNITA.

 

Los soviéticos llamaron urgentemente a Lucio Lara, secretario del MPLA, su hombre en Luanda. Simultáneamente, el premier soviético Nikolai Tijonov declaraba públicamente que los acuerdos con Savimbi o Sudáfrica resultarían riesgosos.

 

Entre tanto, el canciller cubano Isidoro Malmierca hacía una visita en Luanda al mandatario Dos Santos (foto), portando un mensaje de Fidel Castro en el que éste rechazaba cualquier pacto que contemplase una salida simultánea de las tropas cubanas con las sudafricanas. El presidente Dos Santos tuvo que retraerse de forma humillante.

 

Castro incrementará su personal militar a 35,000 soldados, y lanzará en julio de 1982 un poderoso asalto contra las huestes de Savimbi, sobre todo al sur de Cuito Cuanavale. En lo adelante, la contienda se transformó en una guerra de movimientos regulares donde los cubanos retornarán al campo de batalla.

 

En ese año de 1982, las FAPLA y los cubanos enfrentaron una serie de derrotas a manos de UNITA. El MPLA tuvo que evacuar Kangumbe tras cinco meses de cerco, y pierde seguidamente Gago Coutinho, Sessa, Kassamba y Lutembo.

 

A mediados de año tiene lugar la exitosa contraofensiva de UNITA en Calulo, a 200 kilómetros de Luanda. Para agosto UNITA había extendido sus áreas de incursiones a las fértiles planicies centrales, el famoso granero angolano, luego de sostener un número significativo de encuentros violentos con batallones cubanos y del MPLA.

 

Para septiembre 5,000 soldados cubanos y 12,000 de las FAPLA provistos de una impresionante maquinaria blindada y aérea, ponen en peligro las líneas delanteras de Savimbi. No es hasta noviembre que UNITA restablece el equilibrio mediante una precipitada contra-evolución sobre la marcha contra Lumbala, y Cuanza Sul.

 

Los países de la "Línea del Frente", aliados de los soviéticos y de los cubanos, hacen saber al MPLA que los antillanos deberán retirarse, ante el temor de provocar una reacción masiva de Pretoria en todos los territorios fronterizos.

 

El 8 de diciembre, una nutrida comisión del MPLA acude a un conciliábulo con los sudafricanos en la Isla de Sal, al cual estuvieron ajenos el Kremlin y La Habana. La reacción de Savimbi por un lado, y de cubanos y soviéticos por el otro, fue de desdeño total a estas transacciones, rechazo al que se sumaron los elementos pro‑soviéticos del MPLA: había estallado la crisis.

 

Lucio Lara y Pedro Tonha, los angolanos que más se inclinaban a la URSS y a Cuba, se encaminaron prestamente a La Habana para quejarse de la situación. Al mismo tiempo, el entonces ministro de defensa cubano, Raúl Castro, salió rápidamente hacia Moscú para sostener  una conferencia con su homólogo soviético, mariscal Dimitri Ustinov (foto), y de esta forma torpedear los arreglos de Isla de Sal e imponer la solución militar como la única factible.

 

Desde La Habana y el Kremlin había bajado la orientación de acabar con Savimbi de una vez y por todas.

 

Se preparaba un enfrentamiento militar de envergadura. Así, entrará un vasto arsenal de tanques, artillería, cohetes y helicópteros y el comando operacional se elevará a 37,000 cubanos.

 

En el verano, los batallones cubanos y de las FAPLA aventuraron una contraofensiva que logra desalojar a UNITA de las cercanías de Luanda, aunque no pueden recuperar el control de las provincias centrales o de la frontera con Zaire.

 

En julio UNITA ataca exitosamente en varias zonas, arrollando a fines de ese mes las posiciones del MPLA y de los cubanos en Sautar.

 

Ya para agosto tendrá lugar la confrontación de Cangamba, que marcó un punto de ascenso para UNITA. Pese al apoyo aéreo que los cubanos brindaron desde Luena, la ciudad se perdió en la batalla más grande que se llevase a cabo desde 1976.

 

En Cangamba, las fuerzas de UNITA lograron aniquilar a la 16 Brigada Motorizada de la FAPLA, propinando importantes bajas entre los propios cubanos. El mando antillano pudo extraer a duras penas a un centenar de sus soldados, mientras otro centenar perecía en el cerco (4).

 

Esta ofensiva y toma de Cangamba cambiaron definitivamente todo el curso de la guerra.

 

La derrota de Cangamba llenó de pánico al gobierno de Dos Santos, que esta vez envía a Lucio Lara y Pedro Tonha a la URSS, para ver cómo se detenía el empuje de UNITA.   

 

(continuará)

 

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1) Tito Chinjungui, interview by Stornoway Production Inc., Jamba, 1986.

2) Dakayessungo, Eugenio Jorge; entrevista para la Stornoway Productions Inc., Jamba,  

    1986

3) Peter Vanneman and W. Martin James III.  Soviet Foreign Policy in Southern Africa

    (Problems and Prospects), Pretoria, 1982, 45

4) Rafael del Pino (brigadier general), interview on Radio Marti, VDA, USIA,

    Washington, 22 June 1987.