Cubanálisis El Think-Tank

ARTÍCULO ORIGINAL PARA EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

 

                                                          por Juan F. Benemelis

 

 

BALANCE DE LA AGRICULTURA CUBANA

 

-I-

 

            Cuba presentaba un alto porcentaje de tierra cultivable de todo su territorio, el 70%. El sector estatal teóricamente bajo producción contabiliza alrededor de 3.5 millones de hectáreas, mientras las tierras bajo pastos naturales y las áreas marginales no desbrozadas pueden equipararse a esta cifra. La agricultura se mantiene como la cuarta rama económica fundamental del país, en cuanto al valor promedio de los medios básicos según su valor inicial, tanto para la esfera productiva como la de servicios. Ella emplea el 40% de la población laboral activa.

 

            Su característica es de producción extensiva, de grandes plantaciones donde la pequeña propiedad campesina declinó peligrosamente y los obreros agrícolas (trabajadores sin tierra) constituyen la fuerza laboral predomin­ante. La estrategia agrícola ha enfilado siempre a la búsqueda de volúmenes para suplir la demanda urbana de alimentos, y extensiones de cultivos sin buscar productividad ni valor por hectárea y por hombre.

 

            La esfera agropecuaria tiene tres ramas fundamentales: la producción azucarera, los cultivos varios, y la ganadería. El Ministerio del Azúcar (MINAZ) concentra las tierras de cultivo de caña (alrededor de 2.5 millones de ha.), los centrales y los talleres de mantenimiento. El Ministerio de Agricultura centraliza la agricultura no cañera (viandas, vegetales, cítricos y frutales, café y cacao), la ganadería mayor y menor y la avicultura. En esta última esfera se concentra lo fundamental de la fuerza de trabajo, inversiones, maquinarias, transporte, talleres de reparaciones, y equipos del país.

 

            Desde la Segunda Guerra Mundial, la producción agrícola no cañera crecía al ritmo del 3.7% anual, superior al crecimiento demográfico (2.3 %) posibilitando suministrar el 75% del consumo doméstico alimenticio[1]. Por otro lado, la depende­ncia económica al azúcar iba en descenso continuado. Cuba apuntala el monocultivo azucarero con los acuerdos soviéticos de 1963, el modelo de financiación presupuestada, y el abandono de los intentos guevaristas de industrialización. 

 

            El azúcar proporcionaba a la economía isleña el 80% de sus ingresos en moneda dura. El quinquenio de 1976‑1980 sostuvo una producción promedio de azúcar de siete millones de toneladas métricas anuales, que no revertió beneficio alguno a la economía debido a la depresión de los precios en el mercado mundial. Para el logro de tales objetivos se incrementaron las inversiones y los recursos en la adquisición de maquinarias y equipos, extensión de la irrigación y la fertilización afectándose aun mas el consumo doméstico.

 

            Como alternativa al fracaso de la producción niquelífera y la dilatación, por parte de la Unión Soviética, en implementar los acuerdos suscritos, el énfasis del quinquenio de 1981 a 1985 volvió a ser la industria azucarera, con un plan de 43 millones de toneladas, y la misma consumiría el grueso de las inversi­ones para el período, con la creación de 5 nuevos centrales por un monto equivalente a 1,000 millones de pesos. A mediados de 1988 el precio del azúcar comenzó a reanimarse en el mercado mundial al incrementarse las cuotas de importación de Estados Unidos. Esta coyuntura no pudo ser aprovechada por Cuba.

 

            El bajo rendimient­o del azúcar se compensaba con un volumen superior de caña molida. Así se alargaban las cosechas al irrentable promedio de 150 días, apareciendo entonces los escollos que comprometerían las zafras siguientes. La jerarquización hasta fecha reciente de la producción azucarera afectaba el resto de la agricultura que acusaba la falta de herbecidas y el enyerbamiento; el bajo rendimiento en general de la fuerza laboral; la desorganización del transporte.

 

            El ciclo de fracasos en la producción azucarera se repetiría año tras año hasta que prácticamente se desmanteló la infra-estructura azucarera del país en años recientes. Pese a las movilizaciones masivas nunca se logró cumplir a tiempo con los programas de siembras. Se careció de fertilizantes por las fallas de suministros procedentes del exterior, el embotellamiento de los puertos y el caos del transporte. Los bancos de semillas nunca fueron prioridades, contándose con pocos técnicos fitosanitarios; no se disponían de cantidades suficientes de herbecidas, por lo que siempre había que recurrir al desyerbe manual.

 

            Los centrales comenzarían su molienda con atrasos al no cumplir a tiempo su ciclo de reparación de maquinaria; la falta de caña o el flujo desorganizado a los centrales sería la norma; asimismo siempre existiría un bajo aprovechamiento de la norma potencial, del recobrado y los rendimientos industri­ales, así como la poca organización. Las zafras durarían casi seis meses, adentrándose en el incómodo período de las lluvias; normalmente se mantenía un ritmo plausible los 100 primeros días de zafra, disminuyen al 80% de sus capacidades en mayo y se desplomaba en junio y julio ante la inestabilidad en la molida, la eficiencia industrial, la falta de macheteros, de alzadoras en el alza y transporte en el tiro. Nunca se lograron ampliar los renglones de subproductos de la caña con vistas a sustituir importaciones y mejorar las exportaciones. 

 

            La actual situación azucarera internacional y la deuda externa presionan en favor de una diversificación, que es vista con agrado por la tecnocracia agro-económica del país; pero la ambivalencia para entronizar las reformas por la estructura interna del poder resulta el principal obstáculo.

 

-II-

 

            Cuba concentra más del 80% de su propiedad en las granjas estatales y cooperativas. La política agraria forzó la especialización de los campesinos privados en un solo cultivo comerciable, quedando el resto para autoconsumo. A pesar de las reformas agrarias y la especialización de los cultivos, las estructuras rurales no se han alterado en sus bases esenciales, y nunca ha logrado producir valores por encima de los 3,000 millones de pesos; mostrando la baja productividad por hombre, la pobre rentabilidad empresarial y su deficiente tecnificación.

 

            Tan es así que desde 1969 Cuba ha sido superada por más de 40 países del Tercer Mundo en la producción de alimentos. En el período que va del fracaso de la zafra de los diez millones en 1970 hasta la famosa proclama del 2006, la producción de aliment­os no ha crecido mientras que la población lo hizo en un 15%, descendiendo en términos absolutos su nivel de consumo. En 1957 el cubano consumía 77 libras de carne al año; hoy día apenas llega a las 20; consumía 124 libras de arroz al año, actualmente solo consume 75 libras; consumía 30 libras de frijoles al año, actualmente solo consume 5 libras; consumía 65 litros de leche al año, actualmente solo consume 38 litros.

 

            Entre los aspectos deficientes de la agricultura se hallan el sostenido incumplimiento (en tiempo y forma) de los planes anuales de siembra y la magra calidad en los terrenos. La producción se ve afectada por un deficiente manejo de las semillas, sumado a dificultades en la agro-técnica y el riego. Entre los aspectos estructurales problemáticos podemos mencionar las empresas agrícolas de gran extensión, así como las derivadas de los antiguos planes especiales de Fidel Castro. Desde el punto de vista de su funcionamiento, otro estorbo es el control absoluto que sobre ellas ejercen los primeros secretarios del PCC en sus provincias respectivas. Todo ello se combina para que los recursos disponibles logren rendimientos inferiores a lo esperado.

 

            La diversificación agrícola esta bloqueada por la planificación central y la estructura de las empresas estatales agropecuarias, así como los planes de entrega de las cooperativas a Acopio. Las granjas agrícolas sólo producen el cultivo para el cual están especializadas, pues los magros recursos y abastecimientos que reciben, cuando sucede, responden a lo planificado, aunque parte de la tierra, la maquinaria y los hombres permanezcan ociosos y sólo trabajen parte del año. Es una grave preocupación la cantidad de ganado y azúcar que los trabajadores están robando para vender en el mercado negro.

 

            Pese a que en las presentes circunstancias el gobierno ha priorizado la producción agrícola, el incremento en viandas y vegetales, es relativo. Los volúmenes de petróleo para la actividad no son suficientes, al punto que se ha desestimado el uso de las antiguas maquinas de riego "Fregat". La irrigación por "microjet" para la producción de plátano y banana ha sido un fracaso. La cosecha papera en la provincia de La Habana es la única que concede respiro en la distribución alimenticia, cuando se logra a tiempo el almacenamiento en frigoríficos de parte de la producción.

 

            El Ministerio del Azúcar ha tenido que ceder campos al Ministerio de la agricultu­ra para recuperar producciones de viandas, granos y hortalizas, y para la ganadería, en la cual la sobrecarga de animales por área se halla por encima de las normas. A pesar de que se trabaja en planes de regadío para la agricultu­ra, el actual sistema de drenaje parcelario ha resultado un fracaso total. Aparentemente 1 millón de hectáreas de tierra sufren de salinidad y el 25% de la tierra no dispone de un drenaje adecuado.

 

            A pesar del plan de recuperación cafetalera, mediante el asentamiento de mano de obra campesina en las montañas de La Sierra Maestra, Sierra Cristal y El Escambray, la lenta recuperación de esta producción genera campañas políticas, que bregan con déficit de transporte, fuerza de trabajo y envases. La falta de funguicidas y plaguicidas ha determinado la extensión de las plagas en los cafetos. Asimismo, la producción de cacao en la provincia de Guantánamo no eleva sus resultados, pues, para ello hay que aplicar las normas técnicas como la regulación de las sombras, la limpia y la fertilización, así como la renovación de las plantas muertas.

 

            Como estímulo para lograr una buena cosecha de tabaco, se ha buscado mejorar los precios de acopio para elevar los niveles productivos, e incrementar la exportación del tabaco rubio, tipo "Virginia" y "Burley".  Pero en la campaña tabacalera en Pinar del Río los problemas principales se presentan en la disponibilidad de cujes. En Cabaiguán, zona productora de tabaco en el centro del país, las cosechas siguen siendo débiles, con gran desperdicio de la hoja y alto ausentismo de los trabajadores.

 

            La agricultura no cañera, básica para la industria de procesamiento y alimentación, ha ido perdiendo peso relativo respecto al resto de la economía, debido a su regresión. En un país donde están racionados sus abastecimientos alimenticios, del fondo de tierras agrícolas, la parte cultivada represen­ta sólo el 54%, mientras las no‑cultivadas y ociosas alcanzan el 46% del total; hecho que se agrava con una ganadería todavía extensiva.

 

            La falta de mantenimiento a los viales del interior, principalmente en Camagüey y Oriente, hace que buena parte de los caminos vecinales se vuelvan intransi­tables cuando llueve (abril-julio), afectando las cosechas y comercialización de las viandas, vegetales, tabaco y demás. Uno de los problemas que afecta las producciones no-cañeras es que casi todas coinciden en su período de cosecha (abril-junio), lo que afecta la asignación de recursos materiales, humanos y atención zoo y fitosanitaria.

 

            La situación de los suministros de alimentos a la población ha llevado a las autoridades del ministerio de agricultura a presionar las empresas productoras de viandas, buscando volúmenes elevados y compensar la caída de las importaciones. La producción de frutas no supera los deprimidos niveles históricos, adicionándose la disminución de las cantidades dedicadas al consumo popular, organismos y gastronomía ante la política de exportación de la empresa de Frutas Selectas.

 

            Nuevamente se ha retomado la vieja campaña del rescate de la voluntad hidráulica para ampliar los sistemas de riego a las plantaciones de arroz, pastos, los canales magistrales y los embalses. El plan consiste en la construcción anual de presas y micro-presas para abasto de agua; micro hidroeléctricas para zonas de difícil acceso. 

 

            Sancti Spiritus no dispone del potencial hidráulico para sus planes agrícolas e industriales. En la provincia de Granma se trata de impulsar las micro-presas, la pesca de agua dulce en los embalses y los sistemas de riegos parceleros para el arroz y la caña. La empresa de Riego por Aspersión, de Cienfüegos, no logra recuperarse. En Güira de Melena, provincia La Habana, se busca mejorar el sistema de riego por aspersión a los planes citrícolas de Ceiba.

 

            El constante represar de las aguas está afectando la calidad de los suelos e incrementando la salinidad, como en la provincia Granma que ya llega al 27% de su superficie cultivable. Hasta el momento, no se analizan los tipos de suelos y de fertilizantes apropiados para cada cultivo, grado de humedad, calidad de semilla, adecuada irrigación y las malas hierbas. Ello ha obligado a que se inicien esquemas generales de drenaje del suelo, para suelos salinos.

 

            La crítica situación ecológica en la provincia de Pinar del Río ha decretado un impulso de la reforestación, pero no se logra la supervivencia del 50%  de lo plantado, por el mal manejo de las posturas y la poca preparación del sitio donde va la planta. Existen niveles críticos en la disponibilidad de bolsas y envases para las semillas. Las fuertes campañas de reforestación programadas hacia Morón, Santiago de Cuba y Las Tunas no se concretan; en Manatí y Las Tunas es deprimente el espectáculo de la devastación de los árboles de caoba, cedro y majagua.

 

            Las provincias orientales de Granma, Santiago de Cuba y Guantánamo, y la de Sancti Spiritus han enfrentado en los últimos años una crisis aguda en la producción de viandas y vegetales. Pese al enorme desempleo oculto en las ciudades de estas provincias, las cosechas siempre se hallan amenazadas por falta de mano de obra. Los planes especiales, tipo valle del Caujerí en Guantánamo, no logran cumplir el plan debido a la salinidad de los suelos.

 

            Las provincias centrales nunca fallan en incumplir sus planes agropecuarios, pese a las obras hidráulicas realizadas para elevar la producción agropecuaria en las provincias centrales, como el canal magistral Zaza‑Ciego y los diques en la laguna de la Leche y la laguna La Redonda. El área Ciego de Ávila ve afectada su producción de plátanos y en la Isla de la Juventud la falta de semillas es siempre el factor que impide el 60% del cumplimiento del plan de viandas.

 

            No se ha generalizado la plantación de la variedad cubana de arroz, para elevar a cuatro toneladas métricas los rendimientos por hectáreas. Y en este renglón son deprimentes los resultados en Matanzas.

 

            La cosecha de agrios en Jagüey Grande confronta dificultades para su normalización y esta necesitada de fuertes movilizaciones de estudiantes, organizaciones paramilitares y de la población local. Pese a todo no se puede solucionar el “enyerbamiento” de grandes zonas, y alrededor con una pérdida anual sustancial de caballerías. Asimismo, los envasaderos de cítricos han mermado su producción, al descender bruscamente en los últimos tres años las movilizaciones de fuerza de trabajo para la limpia manual y enfrentarse la falta de envases para la recolección. La dieta de los trabajadores es magra y sus viviendas se hallan en pésimas condiciones, afrontándose un éxodo indetenible. Durante la zafra del cítrico existen contra tiempos en el transporte para el retorno de los estudiantes.

 

            Una provincia vital en este renglón como La Habana, no logra niveles suficientes de producción. En la provincia de La Habana hay 42,000 hectáreas dedicadas a viandas y hortalizas; de ellas 22,000 pertenecen a las empresas estatales, 10,000 a las Cooperativas de Producción Agropecuarias y 10,000 los campesinos independientes. Los frecuentes casos de campos de tomate y calabaza echados a perder irritan a la población; la zona del Mayabeque, el granero de Cuba, incumple su plan mercantil por siembras tardías, disminución de los rendimientos y falta de trabajadores. Estos resultados negativos se deben al ausentismo, el estado técnico de los equipos y los atrasos en la producción dirigida a la exportación.

 

            Esta situación adquiere niveles críticos en la ciudad de La Habana, la cual en los últimos años ha perdido un 33% de su ya baja cosecha por concepto de mermas, faltantes y deterioro; asimismo en Villa Clara, donde el conformismo ante la calidad es la norma en los acopios. Estos golpes en la agricultura de La Habana son graves si se conside­ra que, con un 6% de la tierra cultivab­le tiene que responder por casi un tercio de la demanda nacional.

 

-III-

 

            En Cuba existía una ganadería extensiva, especializada en carne (cebú) adaptado al trópico y en leche (Holstein), que daba respuesta al consumo de la población. Durante la república, la industria ganadera estuvo sujeta a la situación doméstica y las fluctuaciones del comercio exterior. Los dos últimos censos de Cuba republicana indican que esta industria había comenzado a recobrarse y expandirse en 1946, y que tal ritmo se incremento en los años cincuenta, con la importación de miles de ejemplares de raza para carne (Holstein, Jersey, Brown Swiss) y productos lácteos (Brahmán y Santa Gertrudis). 

 

            En 1958, la producción de carne excedió las 180,000 toneladas métricas que requería el consumo, logrando exportar 3,800 cabezas de ganado. De tal forma, a fines de la década de los cincuenta, Cuba pasó de importador de carne fresca o curada a exportador hacia los Estados Unidos. En ese año, la ganadería se hallaba en pleno estadio expansivo, al punto que se efectuaba un gigantesco crecimiento inversionista alrededor del "King Ranch" de Texas y de los intereses del grupo Rockefeller, con vistas a desarrollar la exportación de carne congelada. Estas inversiones quedaron truncadas en 1959.

 

            Este marcado progreso en la industria ganadera se reflejó en la producción de leche fresca, especialmente en las zonas de Bayamo, Sancti Spiritus y La Habana; así como el incremento de la producción de derivados lácteos como quesos, leche condensada, helados. Posterior a 1959, Cuba no lograría garantizar los planes de alimentación, crecimiento y conservación de la masa ganadera, así como el resto de las producciones agropecuarias indispensabl­es.

 

            El crecimiento de la masa ganadera primero se congeló durante la década del sesenta cuando por vez primera en su historia el número de habitantes sobrepasó al de la masa ganadera, y luego degeneró racialmen­te de manera progresiva hasta llegar a la situación actual donde es casi imposible hablar de una verdadera ganadería.

 

            En 1958, por cada 100 habitantes había 96 reses; en 1980 por cada 100 habitantes había 60 reses; en la actualidad no llegan a 30 reses por cada 100 habitantes. El peso promedio del ganado en pie ha descendido en un 28%, comparado con 1958 elevándose en consecuencia el sacrificio anual para el consumo, política que atentó contra el crecimiento de la masa animal.

 

            La actividad pecuaria está regida centralmente, organizada en empresas especializadas en la producción lechera, genética y de carne, en explotación extensiva, subordinadas a las autoridades provinciales y al Ministerio de Agricultura.

 

            Estas empresas estatales, presentan tres características comunes: poca producción de leche y carne por animal, ineficiencia empresarial y desaprovechamiento de los recursos materiales. Al tratar de experimentarse con una ganadería de doble propósito (carne + leche = F‑1), se rompió la especialización anteriormente existente. Pero el experimento no resultó y la masa ganadera degeneró genéticamente, incluido su ritmo de crecimiento. Al bajo peso, poca fertilidad y producción de leche se sumó la falta de alimentación y el mal manejo de los hatos.

 

            El problema básico de la ganadería cubana esta localizado y se llama alimentación, y por ello se enfrenta al dilema de proveer mas comida y mantener la actual masa ganadera o disminuir la misma y repartir la comida entre menos. Es de notar, que antes de 1959, ya la alimentación ganadera se complementaba con derivad­os de la caña y sus subproductos industriales. Los territori­os dedicados a pastos artificiales no reciben la debida atención agrotécnica ni la prioridad en recursos que demandan. El énfasis de la ganadería no se ha dirigido a la alimentación, sino a la genética, a la infraestructura material de una ganadería lechera especial­izada.           

 

            La ganadería vacuna y porcina sufre de agudos problemas en la alimentación, con un altísimo número de animales improductivos, de bajo peso, genéticamente deteriorados, de poca producción de leche, no aptas para reproducir. En el vacuno está generalizada la mastitis clínica, las vacas vacías en la procreación, el destete prematuro del ternero en las primeras 24 horas de nacido, los altos índices de mortalidad, la brucelosis y tuberculosis. Asimismo ha influido el no dominio de las nuevas tecnologías de ceba para obtener carne de animales machos de características lecheras.

 

            El actual sistema mide solo los indicadores individuales de eficiencia y no la productividad de la masa. Las investigaciones y los recursos se desvían hacia la creación de reservas y concentrados para la seca, desaprovechándose el forraje verde y el ensilaje. Ante los problemas portuarios, las fabricas de pienso de harina de soya, no responden con eficiencia.

 

            La obstinación en mantener una masa escuálida ha frenado el aumento del potencial genético, impidiendo la reproducción en óptimas condiciones. Sólo una política de sacrificio y reemplazo de la masa vieja y agotada permitirá una explotación más racional, evitando los hacinamientos, la propensión a los accidentes y muertes en las naves y el desbalance dietético. Se necesita un vasto programa de trasplan­te de embriones vacunos, la importación de nuevas tecnologías y el reciclaje de los especialistas pecuarios, para mejorar genéticamente la masa con la multiplicación de hembras altas productoras.

 

            En 1955, la producción de leche se estimo en 800,000 toneladas métricas, un tercio de la cual se destino para la industria de derivados lácteos. En la producción lechera, la alimentación animal esta sustentada en pastos y no en piensos. La seca no solo afecta el peso del ganado y el crecimiento de la masa, sino también la producción lechera. En la primavera, cuando las vacas producen más leche, los rendimientos nacionales fluctúan en los 6 kilogramos de leche por vaca. Las provincias que tradicionalmente deben llevar el peso de la producción lechera tienen que ser La Habana, Camagüey y Matanzas.

 

            La afectación de la producción lechera tiene parte de su explicación en la degeneración genética de la masa vacuna. El aumento en la entrega de leche que se ha manifestado en algunas regiones no significa que el potencial de las vacas lecheras se explote al máximo, debido a la baja disponibilidad de alimentos. Existen irregularida­des con la incorporación de hembras paridas al ordeño y con la duración de la lactancia, hallándose generalizado las vaquerías con litrajes por vaca que no cubren siquiera sus costos. 

 

            Según las cifras oficiales se ha crecido en la producción de ensilaje, pero tales volúmenes no cubren los requerimientos de la masa lechera. Anualmente se siembran alrededor de 11,000 caballerías de pastos y forrajes, pero, las mismas se realizan fuera de época; la semilla es de poca calidad y variedad. Este déficit alimentario perjudica la tasa de crecimiento de las hembras jóvenes, (añojas y novillas) que se ven destinadas al sacrificio, alterándose el nivel de reemplazo de la masa lechera adulta.

 

            Por eso, alrededor del 70% del consumo nacional de leche se resuelve con la importación de leche en polvo. Por otro lado, se aplica el triple ordeño a todas las hembras violentando incluso los horarios establecidos para tal función. Las dificultades en el trabajo con las vacas de reemplazo para el ordeño (al ser sometidas a pésimas condicio­nes de manejo, alimentación y cuidado veterinario) impiden una edad oportuna al parto.

 

            La calidad de la leche es otro punto crucial. Alrededor del 50%  de la leche cae en la categoría de mala o muy mala, y el 30% no es apta para el consumo humano. La entrega de leche se muestra ambivalente, a pesar de las nuevas rutas sugeridas que evitan la pasteurización. Camagüey se halla bajo fuerte presión para que la cuenca lechera logre por fin los resultados esperados, pero la misma es un programa mal hecho, que por su magnitud requiera esfuerzos demasiado grandes en embalses, electrificación y pozos de agua.

 

            En Cuba existen dos estaciones bien definidas y que tienen una incidencia directa en la producción de leche y carne, la estación de lluvia, de mayo a octubre, con un excedente de pastos, que se debe preservar en forma de ensilaje y heno para ser utilizados en la época de seca, que se extiende de noviembre a abril, ya que en la misma se presenta una disminución en la disponibilidad de pastos, que provoca una caída significativa en la producción de leche y carne.

 

            Situaciones como la pobre agrotécnica, la baja calidad de las siembras, en las semillas, la deficiente explotación de la maquinaria agrícola destinada a la ganadería, y los altos costos han hecho critica la falta de alimentación del ganado en la seca (noviembre a mayo) y aun no se es capaz de asegurar, las 5 toneladas mínimas de reserva requeri­das para asegurar la alimentación durante la sequía.

 

            Con el objeto de mantener la política de un número determin­ado de cabezas, se les somete a un régimen de desnutrición. Cuando llega mayo y se sacan a pastar los animales deteriorados por la seca, se produce un pico en la mortalidad.

 

            En la década de los ochenta había 2.5 millones de hectáreas dedicadas a pastos, pero muchas de esas tierras fueron traspasadas al sector azucarero. La siembra de pastos no es con la calidad requerida, y ello ha agudizado la situación. Sin embargo, a menudo se pierden considerables cantidades de tipos de hierbas; además, las recolecciones en las áreas destinadas a este fin se producen una vez al año y de hecho desperdician miles de tonelad­as. Asimismo, la baja disponibilid­ad de agua ha tenido una consecuen­te afectación en la ganadería. 

 

            En las unidades pecuarias no se confecciona el balance alimentario del, de distribución de alimentos con las dietas establecidas y en el calendario ya fijado; y este es el primer eslabón de una cadena que culmina en las dos producciones esenciales: la leche y la carne. Los turnos de alimentación no se cumplen y existen salideros de agua en las naves; las cercas de entrada a los cuartones, por lo general, andan por el suelo y las cajuelas de desinfección del calzado o no existen o están abandonadas; normalmente se almacena el pienso junto a gomas de tractores y cal sin envasar. 

 

            Las zonas norte y centro de Camagüey, donde se encuentra la mayor concentración de masa ganadera del país, han sido objeto de duras sequías en las ultimas cuatro décadas, agotando alrededor de un millar de fuentes de abastos de agua y disminuyendo considerablemente los niveles de otras, obligando a constantes emergencias ganaderas. La ganadería concentrada en el municipio de Guáimaro, la mayor del país, sufre de sequías y tiene que trasladar en la primavera la mitad de su inventario hacia otros puntos de la provincia. La masa ganadera camagueyana concentra­da en las zonas costeras, está mal atendida, pasa ser y hambre pues depende para su nutrición, de los residuos en los centros de acopio.

 

            Camagüey presenta como promedio una baja por muerte de 40,000 cabezas de bovino por enfermedades, desnutrición y accidentes. La elevada mortandad tiene también su causa en las pneumopatías, el descuido e irresponsabil­idad. Los ácaros garrapati­cidas y los parásitos ya son crónicos. Hay constantes brotes de querati­tis, de onfaloblebi­tis y de carbunclo, así como de brotes diarreicos y se mantienen focos de brucelosis y tuberculosis. 

 

            Para qué citar las deficiencias: mala organización, no aplicación de normas técnicas, mal control, negligencia e irresponsabilidad, mal manejo de los animales, falta de alimentos, falta de recursos, falta de nivel cultural, el resto va descendiendo entre enfermedades, no acuartona­miento de los campos; escasez de medicamentos, de agua y mala rotación.

 

            Existe desigualdad en los pastizales de empresas, territorios y provincias. En Cuba, el peso de la alimentación dentro de los gastos unitarios totales, de los productos ganaderos, es sumamen­te elevado. Ante la disyuntiva de no poder aumentar los gastos anuales en divisas, la rama pecuaria tendría que acometer un ambicioso programa de sembrar pastos en caballerías baldías, caña forrajera para ligarla al forraje verde y ensilaje.

 

            Los sub-productos pueden ofrecer soluciones estacionales, pero de carácter parcial de recibir atención (de la industria azucarera, industria arrocera, citrícola, industria cacaotera y del kenaff, entre otras) y pueden proporcionar cantidades importantes de energía, con las mieles, cabecilla y polvo de arroz, fibras de la paja de arroz, el bagacillo, y la cachaza. Se puede utilizar la pulpa del cítrico deshidratada como sustituto del maíz y la soya, materias primas de importación, en la fabricación de pienso para vacas de mediano potencial.

 

            Aunque se han montado molinos de viento para aprovechar la energía eólica y bombear agua de pozo, pende aun el problema de que las sequías imponen limitaciones en los alimentos preservad­os y las fuentes de agua; especialmente cuando las reses van a consumir fibras secas de los centros de acopio y otros subproductos de la industria azucarera. Estos subproductos tienen un bajo conteni­do en proteínas de valor biológico, pero nada se hace para complemen­tarlos.

 

            La ganadería en Cuba esta forzando las técnicas en el empleo de las reservas de concentrados; no esta aprovechando el forraje verde y no ensila convenientemente para la seca.  No se logran volúmenes elevados de comida. Con problemas de alimentación, extensas sequías, falta de tratamientos veterinari­os sin propiciarle al ganado sombra y con un alto por ciento de muertes, la ganadería cubana enfrenta su crisis mas profunda.

 

-IV-

 

            El gran cambio en la situación avícola del país tuvo lugar entre 1949‑1959, cuando se establecieron granjas avícolas equipadas para 60,000 animales por granja. Las grandes granjas se establecieron después y puede decirse que de 1955 a 1959 la producción de carne de pollo se triplicó, lográndose la autosuficiencia.

 

            En 1964 la producción de huevos mediante el Combinado Avícola Nacional (CAN), organización vertical, casi autónoma en la esfera agrícola.  Al ser la avicultura un proceso de producción mas bien industrial, controlando su insumo fundamental (pienso), el CAN logró coordinar el proceso de organización con el de producción y comercialización. Como método dispuso de una alta centralización financiera y descentralización de gestión que evitaba los cuellos de botella administrativos. 

 

            El aporte alimentario de la avicultura se ve afectado por su dependencia de materia prima importad­a. Es imposible estabilizar la calidad de los piensos elaborados por la industria, deficiencias en la transportación y de los medicame­ntos preventivos, todo lo cual influye negativamente en el crecimiento, estado sanitario y comportami­ento productiv­o de las aves. Por otro lado, las inversiones consideradas en la avicultura con vistas a la producción de aves para el consumo se muestran lentas.

 

            Pero, la rama porcina ha sido uno de los fracasos más descollantes en la producción agropecuaria del sistema. Al prohibirse la producción privada, que había sido el sostén histórico de este renglón en el país, nunca la misma se ha podido recuperar de tal hecho. El ganado porcino ha estado sometido a enfermedades que han obligado a constantes sacrificios masivos. En 1980, la fiebre porcina africana volvió a brotar en las zonas orientales, realizándose un sacrificio de toda la masa de la región. 

 

            La producción porcina esta organizada en empresas provincia­les integradas en la Unión Nacional de Empresas Porcinas. Se utilizan desperdicios procesados como alimento básico en la ceba del cerdo, sustituyendo a un 70% del pienso comercial (trigo y cebada). Las negligencias y dilaciones en los planes de construcción de cochiqueras se mantienen. En la actualidad, las provincias del interior no logran alcanzar las 10,000 mil toneladas anuales.

 

            Las aguas residuales porcinas son un gran foco de contaminación ambiental. Las instalaciones porcinas diariamente producen alrededor de 40,000 metros cúbicos de estas aguas residuales y unas 800 toneladas de materia orgánica.

 

            La cría de cabras se reduce al centro "La Sabaneta", en Pinar del Río, de sólo 18 caballerías, y las llanuras del norte de Camagüey. El cuidado de los rebaños sigue descendiendo debido a la escasez de vaqueros y ordeñadores ante las duras condiciones de trabajo y los bajos salarios. Solo las cooperativas muestran algún resultado, circunscrito a Camagüey.

 

            Con respecto a la apicultura, pese a que se logra una buena producción en los sectores privados y cooperativos, comparadas con el sector estatal, la constante falta de bidones impide aprovechar la etapa de floración.

 

            Con respecto a la veterinaria puede apuntarse la existencia de la encefalomielitis equina; muy pocas empresas pecuarias se hallan libre de tuberculosis, y se admitido públicamente la existencia de la brucelosis, sobre todo en Las Tunas, Granma y Camagüey. Ante la falta de suficiente rodenticidas, se han generalizado peligrosamente los roedores dañinos, al punto que se estima su población en ocho ratas por cada ser humano. Los daños de los roedores son apreciables en la caña de azúcar, el cacao y los cítricos.

 

            Se ha estimado que en estos últimos años de cada 100 fallecimientos en la gestión ganadera el 30% es por “accidentes”, por encima incluso de la falta de alimentación, un 23% y las neumopatías, un 6%. El problema reside en que los accidentes enmascaran el mal manejo y la desnutrición orgánica. Un hato hambriento y carente de agua es propenso a sufrir cualquier percance. Los pisos de las vaquerías, por lo general son muy lisos y el ganado patina en la cuna "abriéndose la cadera", no tiene asistencia implicando muerte segura. Las muertes por quemaduras e insolación son frecuentes. Los barrancos, fosas y huecos no están cercados. Las perdidas de bovinos ahogados son frecuentes; estos van a lugares inadecuados y allí quedan atrapados.

 

            Las comidas frescas o la miel, de la forma que se está manejando, producen gases y el sistema interno de los bovinos no les permiten expulsarlos. Como el lote come por las noches y no hay vigilancia se hallan faltos de asistencia veterinaria y de sustancias buferantes; entonces deviene el timpanismo; el estómago aumenta su volumen, aprieta los pulmones y estos al corazón y sucumben por asfixia. No existe una verdadera campaña antiparasitaria gastrointestinal ni de inmunización para prevenir neumonías infecciosas; contra la salmonelosis, y contra la tricofitosis.

 

            Los bajos servicios zootécnicos y fitosanitarios hacen vulnerable en extremo a las plagas y enfermed­ades. Es notable como los servicios agropecuarios de agrotécnica, zootécnica, fitosanita­rios, agro-economía, solo computan entre el 3.7% y el 4.2%, reflejando la falta de atención a los cultivos y ganados.

 

            La técnica de transferencia de embriones de ganado vacuno no es dominada por el grueso de los técnicos cubanos. Los centros genéticos y de biotecnología del país, especialmente los de Camagüey y Oriente tienen atrasos técnicos. Hay un alto índice de no parto por deficiente inseminación y recogida de hembras en celo, mala atención de las gestantes; el descenso en la inseminación no tiene contraparte en la monta directa.     Así se afecta el crecimiento       de la ganadería; en especial, las provincias orientale­s: Camagüey, Las Tunas, Holguín, Granma, Santiago de Cuba y Guantánamo.

 

-V-

 

            La agriculturas, con un promedio educacional de cuarto grado de primaria, es el sector mas descalificado del país. No existen estudios pedológicos profundos de sus recursos humanos y materiales necesarios para el incremento de la producción y no se capacita la fuerza agraria y zootécnica necesaria. La pequeña propiedad campesina es demasiado pequeña y no cuenta con todo el respaldo.

 

            La agricultura cubana enfrentado la diferencia en la fertilidad de sus tierras, la lentitud de la amortizacíon financiera, su rentabilidad inferior a la esfera industri­al y de servicios, el éxodo campo‑ciudad, la disminución del fondo de tierras cultivables, y el crecimiento demográfico. La especialización de los cultivos agrícolas por granjas y unidades ha redundado negativamente en los volúmenes totales producidos y en la rentabilidad.  

 

            La mecanización del agro se perdió de los objetivos, y la "revolución verde" no ha pasado de las estaciones experimental­es. En nada se ha alterado la situación de la productividad del jornalero agrícola. El sector agropecuario no ha sido adaptado para los requerimientos de una industria procesadora que intensificase renglones como la ganadería, los vegetales, los derivados de la caña de azúcar, el procesamiento de frutas y demás. Es necesario cambiar la estrategia de “búsqueda de volúmenes” por la búsqueda de la productividad por ha. y por hombre.

 

            Con respecto a la participación agrícola en el conjunto de sectores que conforman el producto social global a precios del productor, en precios corrientes, la misma ha descendido, mostrando el retroceso de la diversificación.        La explosión demográfica que tuvo lugar en el país, especialmente en las provincias orientales, no fue igualada en inversiones per cápita de riego y drenaje, de construcciones agropecuarias, de desarrollo genético, y extensión de la bonificación. Lejos de ello, estas provincias agrícolas no logran suplir a su tradicional mercado de las provincias occidentales, ni las necesidades de la industria alimenticia, ni incluso, solventar sus propias necesidades de consumo.

 

            Encima de la merma en los volúmenes de producción, la venta en los mercados, ferias y plazas del país se muestra muy lenta.  La prolongada estancia de los productos en el campo, la dilatación del tiempo de recorrido de las mercancías al consumidor hacen que entre mermas y deterioro el consumidor adquiera menos de la ya baja producción. Asimismo, existen dificultades en los precios y los mismos no se diferencian de acuerdo a la calidad del producto. La agricultura necesita al suprimido intermediario entre el productor y la red minorista de distribución.

 

            La insuficiencia en la producción, junto al costo de las importaciones alimenticias mantienen bajo los per cápita de consumo, en una crisis endémica para el sistema, que ha sido incapaz de detener la sangría de trabajador­es del campo a las ciudades, y de las provincias orientales hacia La Habana, con una inmediata escasez de mano de obra, como en Camagüey.  Por otra parte, la dinámica de la producción bruta del sector agropecuario a precios del productor (en precios de 1981), muestra desde esa fecha hasta el año 2006 un estancamiento en el crecimiento porcentual, índices que se han hundido aún más por el retroceso en la producción ganadera y el desmantelamiento de casi el 50% de la azucarera.

 

            Pese al “perfeccionamiento empresarial” las entidades agrícolas y pecuarias no son rentables, al punto que el monto de los subsidios estatales para cubrir perdidas ronda anualmente los $1,500 millones de pesos, y el grueso de las empresas continúan planificando perdida­s. De cambiarse la actual metodología estadística y reflejarse los precios del mercado internacional, el cuadro sería más tétrico.

           

            Hasta ahora, ha sido la producción privada y cooperativa la única con resultados. Uno de los puntos deficientes es que la totalidad de los campesinos y cooperativistas no están cubiertos con seguros de las cosechas para cubrir incendios, plagas, sequías y ciclones.

 

            Para hallar la lógica del fracaso agropecuario y económico en general no se pueden independizar los aspectos económicos, sociales y políticos. La concentración en las decisiones económica, la eliminación virtual de la propiedad y el burocratismo institucional, resultan en conjunto el verdadero obstáculo y gestor de todas las deformaciones negativas.

 

            No es visible que la rama agrícola mejore su atención a las siembras ni logre incrementar, vía rendimiento, los actuales niveles. La única estrategia viable es desmontar la estructura empresarial organizando cooperativas de producción y servicios y arrendando tierras para la pequeña producción privada en la rama no cañera, facilitando créditos para la adquisición de semillas, plaguicidas, fertilizantes y abonos e implementos y maquinarias, servicios zoo-técnicos y fito-sanitarios.

 

 

NOTAS:


[1]. Jose M. Illán.  Cuba, datos sobre una economía en ruinas. Abril de 1964.  Miami. pag. 37