Cubanálisis El Think-Tank

ARTÍCULO ORIGINAL PARA EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

                                          Américo Martín, Venezuela

DICTADURA DEL PROLETARIADO

 

Leo en réplica de Etanislao González a Emeterio Gómez, que el socialismo del siglo XXI no postula la dictadura del proletariado. Para rebatir el dicho de Gómez, González va al argumento de autoridad: “lo dice el presidente Chávez”. Cito ahora líbremente a Marx: a los hombres no hay que juzgarlos por lo que crean ser sino por lo que son. Valga la  observación metodológica para Etanislao, quien pareciera atribuir cualidad apodíctica a las palabras presidenciales. Como ese fue un recurso habitual en las polémicas del socialismo siglo XX, le aconsejo al viejo amigo que no lo incorpore al siglo XXI.

 

No discrepo de Chávez y González sino de Emeterio. No es verdad que en el proyecto bolivariano, donde conviven opiniones y metodologías excluyentes, sea posible divisar la dictadura del proletariado. La ley habilitante y decisiones del mismo tenor tienden más bien a la dictadura clásica con  propensión totalitaria. Al ceder en forma tan amplia sus competencias, los diputados envilecen su oficio, que será recordado como una mala palabra, más después de derretirse de amor por el Leviatán que los arrollará, como al resto del país. Pero esto es más Ceresole que Lenin. Un caudillo como no se veía desde Juan Vicente Gómez. ¿Quién se atreve a discrepar? Los zarandeados partidos que hacían gargarismos con la pluralidad revolucionaria, se someten cabizbajos, uno tras otro, al dictum presidencial. Sus votos –ahora lo saben-  “son de Chávez”. Si no entran al redil, caerá sobre ellos el gran argumento ideológico: quedaran fuera del gobierno. Personalidades como Aristóbulo y José Vicente son echados y ahora en esferas gubernamentales se escarnece al líder del PPT, antes ensalzado. Práctica ésta típica de viejo-nuevo cuño, como lo padecieron Aldana, Ochoa, Robaina y los jimaguas La Guardia.  

 

Emeterio no tiene razón. La dictadura en ciernes es personal, no de clase, grupo o partido. En el socialismo real el proletariado jamás ejerció dictadura alguna en los términos concebidos por Marx. Muy pronto los teóricos y líderes proféticos se desentendieron de quimeras y optaron por dejar el mando en el partido y después en el caucus de la organización. Eso sí, sin dejar de cumplimentar al proletariado. En su nombre, unos delirantes plantaron la bota claveteada descrita por Jack London, sobre el cráneo de millones.

 

Los primeros visionarios que, desde las entrañas del socialismo lo descubrieron, fueron Rosa Luxemburg y Lev Trotsky. Criticando tempranamente a Lenin, Trotsky lo acusó de ser un Robespierre. “Maximilien Lenin”, lo llamó. El partido de Lenin “sustituye” a la clase obrera, el comité central “sustituye” al partido y Maximilien Lenin al comité central.

 

Stalin no era muy notorio. Con astucia, el terrible georgiano se alió con Bujarin, amado por el partido,  para aplastar a Trotsky, Zinoviev y Kamenev, logrado lo cual asesinó a su inocente aliado. Tuvo tiempo Bujarin de reunirse subrepticiamente con sus antiguos perseguidos. No hay tal dictadura del proletariado –le soltó a Bronstein- sino del secretariado. Y añadió: Stalin es Genghis Kan , es la bota de London que triturará nuestros cráneos. Stalin era duro pero pasaba por un buen y leal comunista. Ni él mismo podía imaginar a qué extremos de ferocidad llegaría, en nombre del socialismo.

 

El poder tiende a expandirse y si nadie lo detiene se hará absoluto. El modelo de totalitarismo lo describe George Orwell en 1984, su espeluznante novela. Por eso, la democracia crea  contrapesos que impidan el monopolio del poder. Y quienes tengan conciencia del peligro, saben lo importante que es limitar las competencias del ejecutivo. El oportunismo pragmático, que todo lo justifica, puede ser criminal.

 

Cuando Chávez impone un tour de force para vencer disidencias externas e internas. Cuando los órganos autónomos del poder se rinden, y  los socialistas del régimen se entregan, el peligro será general, más allá de ideologías. Si en lugar de aplaudir el delirio presidencial, sus compañeros le recordaran que no es el caudillo de Ceresole, gobernando desde su caballo, prestarían un gran servicio. Porque ni en la URSS, ni en el este de Europa, ni en China de Mao, ni en Cambodia de Pol Pot, ni en Corea del Norte, ni en Cuba y, si se llega allá, ni en Venezuela, manda o mandó el proletariado.

 

No hay tal. Tienen razón Etanislao y Chávez, no la tiene Emeterio. Una sola voluntad dispone, una verdad revelada que debe sacralizarse con gigantografías y loas perpetuas.