Cubanálisis El Think-Tank

             ARTÍCULO ORIGINAL PARA EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

 

 

 

    Armando Navarro Vega, Córdoba, España

  

 

 

                               

                                                                                                                                                            

 

Europa, Trump, y otras mentiras del montón

 

Trump es considerado en Europa un populista paradigmático y la encarnación de lo políticamente incorrecto. Se ha atrevido a celebrar el Brexit y a poner en entredicho la viabilidad de Europa y de sus instituciones, en particular de la OTAN. Ha sido acusado de proporcionar combustible a los llamados partidos antiestablishment (el Frente Nacional Francés de Marine Le Pen, la Alternativa para Alemania de Frauke Petry, el Partido Holandés por la Libertad de Geert Wilders, la Liga Norte Italiana de Matteo Salvini y el Partido por la Libertad austríaco de Harald Vilimsky) que no disimularon su entusiasmo por su toma de posesión en una conferencia conjunta celebrada el pasado 21 de Enero en Coblenza (Alemania) y en la que convocaron a los europeos a participar en una “primavera patriótica” contra la Unión Europea.

 

El tono de las reacciones de los líderes del continente tras su toma de posesión indica una cautelosa preocupación, con la excepción de un entusiasta Nigel Farage, principal impulsor del Brexit, de Theresa May (ésta última con algunas reservas posteriores) y de un Mariano Rajoy, ajeno a su propia irrelevancia, que se ha mostrado dispuesto a ser el interlocutor de los Estados Unidos en Europa, América Latina, el Norte de África, Oriente Medio y más allá.

 

Por carácter transitivo, los que le dieron la victoria a Trump en las urnas son lo peor de la especie humana. Con matices y con mayor o menor énfasis según el medio de comunicación en cuestión, prevalece el perfil que presidió la campaña demócrata acerca de la catadura moral de sus votantes: Hillbillies contraculturales de los Apalaches, paletos autoexcluidos de la América profunda sin estudios y sin futuro, vagos, borrachos y drogadictos; fundamentalistas religiosos y antiabortistas, machistas y maltratadores, racistas y activistas del Ku Klux Klan, nacionalistas furibundos, cómplices de la violencia y del crimen afiliados a la asociación del rifle, fascistas, islamófobos, xenófobos, negros traidores a su raza, mujeres ignorantes e indignas, latinos aculturados y amnésicos que temen perder por culpa de la inmigración las migajas recibidas, cubanos instalados confortablemente en su “exilio de oro”, resentidos con los “logros” de la nueva política de Obama hacia el régimen de La Habana, y descerebrados ultraconservadores del Tea Party. Visto lo visto, ese es el retrato robot que hacen los medios de aproximadamente uno de cada dos votantes en las últimas elecciones. Al parecer la “cesta de los deplorables”, término con el que se refirió en campaña la señora Hilaria Clinton a los que no votaran por ella, es enorme.

 

¿Por qué tanta virulencia? Además de las formas del nuevo presidente (francamente mejorables) y de su inusual intención de hacer lo que prometió en campaña ¿qué es lo que disgusta o atemoriza tanto al establishment europeo? ¿Hay algo de razón en las apreciaciones de aquel sobre el funcionamiento de la Unión y de sus instituciones, en particular de la OTAN?

 

Desde la óptica de las élites gobernantes de aquí y de allá, Trump es un mercader advenedizo que se ha colado en el templo de la burocracia. Un templo celosamente custodiado por la izquierda y la derecha “moderadas”, que tras décadas de alternancia en el gobierno comparten un discurso coincidente en muchos aspectos por pragmatismo, por renuncia o incapacidad de sostener unos principios, por cálculos electoralistas, o por sometimiento a una hegemonía cultural que constituye el principal logro (y paradójicamente la mayor debilidad) de la izquierda.

 

Más allá del discurso dominante, los gobiernos europeos son conscientes (o debieran serlo) de las debilidades del proyecto que pretenden preservar de cualquier crítica. Los pilares fundacionales de la Unión, la paz y la prosperidad, están en entredicho:

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

ü      En primer lugar, el enemigo ya está dentro de Europa practicando una guerra irregular. Lo demuestran las agresiones terroristas perpetradas por ciudadanos nacidos en territorio de la Unión contra la población (lo cual se agrava con la entrada de combatientes yihadistas camuflados como refugiados políticos) y crece el peligro de la utilización de medios no convencionales como artefactos biológicos, químicos o radiológicos.

 

ü      En segundo lugar, el auge del islamismo agresivo, la conversión de Al Qaeda en el ISIS y las erráticas estrategias de respuesta aplicadas por Estados Unidos y Europa, han aumentado exponencialmente la inseguridad en el continente. La posibilidad de morir en París, en Madrid o en Estocolmo en una acción de guerra (una guerra de conquista) ya no es una abstracción.

 

Obama “el pacificador” deja tras de sí un agravamiento de todos los conflictos que heredó, más alguno que otro de cosecha propia por acción u omisión: Irak y Libia se desangran debido a la violencia sectaria agravada por la presencia del Estado Islámico, algo debilitado pero vivo; aumenta la violencia y la inestabilidad en Afganistán con el fortalecimiento de la insurgencia talibán; crece la inestabilidad política en Turquía, y se intensifica el conflicto con los grupos armados kurdos, que se extiende a Irán, Irak y Siria; se incrementa la división política y la violencia en Pakistán; continúa la guerra en Siria y su repercusión en Europa con la crisis de los refugiados; se aleja más si cabe la posibilidad  de un acuerdo que solucione el conflicto palestino israelí, gracias a la escandalosa parcialidad de la ONU  y de su Consejo de Seguridad, como denunciara recientemente la nueva embajadora norteamericana ante ese organismo, Nikki Haley, en su primera conferencia de prensa; las inmerecidas concesiones otorgadas al régimen de Teherán, lejos de apaciguar sus políticas expansionistas regionales, le han reafirmado como un destacado patrocinador del terrorismo en la zona, desde Hezbollah en Líbano y Siria hasta los hutíes en Yemen, y las células terroristas en Baréin, Irak, Arabia Saudí o Kuwait, lo que añade combustible a las guerras de Siria y Yemen por el aumento de la tensión entre Irán y Arabia Saudí.

 

ü      En tercer lugar, más allá de la posibilidad de un enfrentamiento armado con Rusia (ya algunos expertos sitúan el lugar de inicio en el llamado “Gibraltar del Báltico” o corredor de Suwalki, en la región de Kaliningrado) el verdadero peligro para Europa está en marcha desde que Putin anunció en la Conferencia de Seguridad de Múnich en 2007 que proporcionaría una “respuesta asimétrica” a la “expansión de la OTAN en Europa del Este, y los planes estadounidenses de instalar un escudo antimisiles en la región”. Dicha respuesta asimétrica se sustancia en una estrategia de erosión que incluye desde la financiación de partidos políticos radicales, hasta el empleo de espías, hackers, trolls, campañas de desinformación y difusión de fake news, campañas de difamación de líderes políticos, o medios militares irregulares (como “los hombres verdes” que patrullaban las calles en Crimea en 2014, que según la versión de Putin eran “grupos de autodefensa” integrados por residentes). El director del Centro para la Seguridad y la Investigación Estratégica de Riga, Janis Berzins, define esta estrategia en los siguientes términos: “Creo que Rusia tiene objetivos políticos que quiere lograr en Europa, y está haciendo todo lo que puede, dentro de ciertas limitaciones estratégicas. No me imagino a Rusia atacando a Francia o Alemania, eso no tiene sentido. Pero sí vemos a Rusia haciendo todo lo posible para influir en los resultados políticos, las elecciones, la gente… El objetivo final es usar la democracia contra nosotros”. La preocupación por éstas prácticas es evidente en un año de elecciones en Francia, Alemania, Holanda o la República Checa. Todos están aumentando sus protocolos de seguridad, y Holanda ha anunciado que el recuento de votos se hará manualmente en la cita electoral del próximo mes de marzo para evitar un ciberataque.

 

ü      En cuarto lugar, es una evidencia que el terrorismo islámico ha cambiado el orden mundial establecido tras la caída del Muro de Berlín y la desintegración de la URSS. Europa está condenada a entenderse con Estados Unidos, su tradicional proveedor de seguridad después de la II Guerra Mundial, porque el liderazgo le pertenece. No se trata de disminuir la dependencia de su principal aliado en esta materia, sino de desarrollar una estrategia multilateral y común fundamentada en el rescate de los valores occidentales para enfrentarse a los retos actuales, y comprometerse con ella. La alternativa probablemente sea el restablecimiento del Califato en Córdoba.

 

De todo lo anterior se desprende que la vulnerabilidad de Europa no es responsabilidad de Trump, de Putin o de Marine Le Pen. Pero más allá de análisis económicos y estrategias militares, el principal problema con el que se enfrentan los países europeos (y también los Estados Unidos) es una crisis de identidad cultural y moral. Si algunos pueden “usar la democracia” en su contra, es porque algo falla. 

 

El auge de los movimientos antiestablishment es el resultado del hartazgo de los norteamericanos y de los europeos con el discurso dominante. La izquierda occidental ha logrado la hegemonía cultural, con la aquiescencia y la colaboración de la derecha democrática, imponiendo el “progresismo” a través de la censura. La opinión que no pase por el filtro de la corrección política es rechazada y condenada como inaceptable socialmente. El progresismo más que una ideología es una panoplia de ideas que pretende presentarse como la síntesis histórica de lo mejor y más avanzado del pensamiento occidental, como la encarnación de unos nuevos valores que se suponen universales. Ello le confiere una superioridad moral inapelable, y le hace acreedor del monopolio de la verdad. Por estas mismas razones se siente absolutamente legitimado para ejercer la intolerancia e incluso la violencia en cualquiera de sus manifestaciones, adquiriendo una notable capacidad de polarización y de intimidación.

 

Las encuestas previas a las elecciones están errando sus pronósticos en muchos lugares con una sospechosa regularidad. Ello puede ser el resultado de la manipulación política fraudulenta de los datos reales como instrumento para presionar y decantar a los indecisos, o puede ser una evidencia de que los encuestados simplemente no están revelando públicamente su opción por miedo a ser tachados de xenófobos, racistas, homófobos, machistas, negacionistas del cambio climático, nacionalistas, islamófobos, sionistas, fascistas o euroescépticos, entre otras etiquetas, por no encajar dentro de los moldes establecidos por el multiculturalismo, la alianza de civilizaciones, la ideología de género, el feminismo militante, el ecologismo, el victimismo tercermundista, el anticapitalismo en sus diferentes manifestaciones y grados, el Estado de Bienestar como coartada de la élite extractiva estatista y corrupta, el europeísmo y cualquier otra insignia del “pluralismo” progresista y excluyente. Estos adjetivos actúan como “policías del pensamiento” que activan el autocontrol y la autocensura.

 

El éxito de los llamados populistas antiestablishment consiste en decir lo que mucha gente piensa y no se atreve a expresar gracias a la dictadura de lo políticamente correcto, al margen de que las opciones que ofrezcan en muchos casos sean también mercancía averiada y de la peor calidad.

 

El populismo es una práctica universal de la que no escapa ninguna opción política conocida. Es una estrategia para acceder y ejercer el poder, cuyo fundamento es la conexión emocional con las frustraciones, la alienación o las creencias sentidas y compartidas por una masa social significativa. El populismo no se asocia a una corriente ideológica específica, se puede apoyar con total naturalidad en el fascismo o en el comunismo (incluso en los dos a la vez sin sonrojarse) en la democracia, en la raza, en la alianza de las civilizaciones, en el orgullo nacional, en el género, en la paz o en la guerra, en el miedo, en la desigualdad, en el clima o en la doctrina de los padres fundadores de una nación en cuestión. Será efectivo en la medida en que las frustraciones y creencias existan o se generen, en que sean compartidas por amplias capas de la sociedad, y siempre que el populista ofrezca una posibilidad de cambio más o menos creíble y congruente con las creencias de sus seguidores.

 

La búsqueda de la verdad es un concepto que ha sido desterrado de la política. El que algo aparente ser verdad es más importante que la propia verdad. El bloguero David Roberts acuñó en el año 2010 el término “posverdad” para referirse a esta práctica. Los hechos son ignorados en la discusión, porque de lo que se trata es de imponer y de preservar un discurso, aunque ello implique desconocer, negar o inventar la realidad.

 

Si la mentira, la falsedad y el engaño presiden el quehacer político sin disimulo, la observancia de cualquier principio en esta materia queda anulada, y la posibilidad de transformar positivamente la realidad se convierte en una quimera. La capacidad de manipulación de la información por parte de las élites gobernantes, y la falta de principios éticos de los medios de comunicación afines, hacen prácticamente imposible distinguir la verdad de la mentira. La verdad es sustituida por el espectáculo, y la comunicación es pura propaganda demagógica.

 

El actual presidente norteamericano puede que no sea la primera ni la mejor opción para muchos de sus votantes y para América en general, pero al parecer el triunfo electoral se lo otorgaron Obama, la señora Clinton y Bernie Sanders. Europa bien haría en tomar nota e intentar rescatar los valores occidentales como los definiera Samuel Huntington (individualismo, liberalismo, constitucionalismo, derechos humanos, igualdad, libertad, imperio de la ley, democracia, libre mercado, separación de Iglesia y Estado) para acceder a una nueva era de progreso, y enfrentar con éxito el embate civilizatorio del Islam fanático y homicida. El que avisa no es traidor, las elecciones de este año pueden cambiar muchas cosas.