Cubanálisis El Think-Tank

             ARTÍCULO ORIGINAL PARA EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

 

 

 

    Armando Navarro Vega, Córdoba, España

  

 

 

                               

                                                                                                                                                            

 

El síndrome de indefensión adquirida y la banalización del mal:

causas y manifestaciones ( I I I y FINAL)

 

Los alimentos normados usualmente se distribuían en diferentes establecimientos (la carnicería, la pescadería, la bodega, el “puesto de viandas”, la panadería, el “punto de leche”) y a veces al mismo tiempo, con lo cual la gente desarrolló el don de la ubicuidad para “marcar” a la vez en varias colas, o se entrenó para salir en zafarrancho de sus casas a cualquier hora al escuchar un grito similar a este:

 

-“¡Fidelinaaa, corre que llegaron las papas… dice Manolo el del puesto que el envío no viene completo, así que ya tu saaabeee…!”

 

Cubano que viviste en Cuba en los años 60´ y 70´ ¿Cuántas veces te lavaste los dientes con bicarbonato, o con aquel líquido rosa de sabor indescriptible que a veces vendían en las farmacias?

 

¿Recuerdas la fórmula del desodorante casero? Yo si:

 

Ingredientes

 

  • Dos cucharadas de ralladura de Jabón Nácar (nombre del jabón de baño o jabón “de olor” normado).
  • Una cucharadita de Bicarbonato.
  • Alcohol.
  • Un tubito plástico de desodorante industrial.

 

Modo de preparación: Mezclar la ralladura de jabón con el bicarbonato dentro del tubito plástico, y añadir alcohol hasta completar la capacidad del recipiente. Poner el tubito al Baño María hasta que rompa el hervor, retirarlo del fuego y esperar a que se enfríe. Congelarlo para que se solidifique, y conservarlo luego para su uso en el frigorífico.

 

Precaución: No usar con tu mejor camisa o blusa, porque decolora la ropa irremediablemente. Evitar en lo posible el sudor, porque produce un espumarajo espectacular.

 

¿Comiste Bistec Empanizado de Toronja? ¿Recuerdas cómo se preparaba?:

 

Ingredientes

 

  • Una toronja o pomelo.
  • Uno o dos dientes de ajo, según disponibilidad.
  • Limón.
  • Pan rallado.
  • Un huevo.
  • Aceite o manteca (lo mínimo indispensable, que la media libra de la cuota, unos 229 gramos, te tiene que durar todo el mes y “más allá” si hay retraso)

 

Modo de preparación: Se le retira cuidadosamente la cáscara a la toronja, se corta a la mitad, se extrae la pulpa o endocarpo y el zumo, el cual se bebe preferiblemente frío. A la parte blanca intermedia o mesocarpo se le da unos cortes para poder extenderla sobre un plato, se lava con agua y se pone en adobo con el limón y el ajo, añadiendo sal al gusto. Una o dos horas después se empaniza con el huevo y el pan rallado, y se fríe hasta que se dore. Una toronja da para dos raciones frugales, y si la comes con arroz y frijoles te proporciona una sensación de consuelo de lo más reconfortante.

 

Precaución: El zumo de la toronja abre el apetito.

 

Podría citar también las recetas de Picadillo o “carne picada” sin carne (de Gofio o de cáscara de plátano) entre otras exquisiteces, pero no quiero abrumar al lector.

 

Dime, paisano ¿Recogiste colillas en la calle en el año 1971 para liar cigarrillos (los llamados “Tupamaros”) en tu maquinita casera con la picadura extraída de ellas, con el papel y el pegamento que apareciera?

 

Vecino, ¿recuerdas que los cigarrillos (antes de que los pusieran “por la libreta” o multiplicaran por ocho su precio si los comprabas “por la libre”) se distribuían los martes en los municipios de Centro Habana y Habana Vieja, y los jueves en el Municipio Plaza (o viceversa) y lo tuviste en cuenta para organizar la “recolección” de las colillas?

 

¿Tuviste la sagacidad de apreciar la predisposición psicológica de los fumadores de tirar las colillas más grandes en las paradas de autobuses los días de reparto?

 

¿Compraste en el mercado negro alguna vez esa mezcla de tabaco, polvo y tierra que le decían “barredura” y que era precisamente los restos barridos que quedaban en las mesas (y sus alrededores) de los torcedores de puros en las fábricas?

 

¿Empleaste alguna vez la publicación en “papel Biblia” policromado que se llamaba “Cartas de España”, que regalaban en el Consulado español situado en la calle Cárcel esquina Zulueta (creo que la embajada aún estaba entonces en Oficios Nº 108), para la fabricación de unos cigarrillos que además de fumarlos podías leerlos?

 

¿Eres consciente de que estuvimos casi un cuarto de siglo sin poder comprar un mueble en una tienda (las tiendas en divisas habilitadas para los técnicos extranjeros, los diplomáticos o “la Comunidad” no cuentan, allí no podías entrar con tu dinero) hasta que aparecieron aquellos juegos de sala nicaragüenses con un sofá, dos butacas y una mesilla, todo de mimbre, o los sillones de madera de la misma nacionalidad, o los cuatro artículos que producían las “empresas locales del Poder Popular”?       

 

¿Y qué me dices, cubano, de las colas en los consolidados [1] para reparar cualquier cosa, desde un reloj hasta una plancha, de los meses de desesperante espera para volver a ver tu televisor, de la falta de garantía en las reparaciones o el “canibalismo de piezas” al que te exponías, o de las explicaciones “acongojantes” del compañerito administrador de la Unidad H-21 de la Empresa Consolidada XXX del tipo: “hay causas objetivas y subjetivas que generan cuellos de botella”, o “hay que ser conscientes, compañeras y compañeros, de las dificultades por las que atraviesa el país”?

Habanero ¿Te acuerdas cuando indicabas las direcciones como los nicaragüenses después del terremoto de 1972 que destruyó la ciudad de Managua?:

 

-Si, te explico, un poco más adelante de donde estaban las “Lámparas Quesada” siguiendo por Infanta.

 

-¿Te acuerdas donde estaba el Teatro Campoamor? Pues justo al doblar.

 

-Mira, del número no me acuerdo, pero es el edificio que está en los altos de donde estaban “Los Tres Hermanos”, la tienda de muebles y antigüedades. –Oye, pues no caigo.

 

-A ver, ¿te acuerdas de la Panadería “El Diorama”, donde hacían aquellos panecitos riquísimos que les decían “Polaquitos”? Pues justo el edificio de enfrente, el nuevo… el del año cincuenta y pico.

 

-Mi primo vive en el primer tramo de San Lázaro, donde estaba la “Casa Suárez”… ¡Que helados! ¿eh?... ¿Y qué me dices de los pastelitos de guayaba, de las “señoritas” y de los éclair de chocolate? Ahhh, la “Casa Suárez”… 

 

La ansiedad que sienten los cubanos por la comida cuando viajan al extranjero ya es antológica. Es mejor comprarnos una casa que invitarnos a comer. Después de vivir casi 20 años fuera de Cuba, aún me quedan algunos rezagos importantes:

 

  • No estoy dispuesto a dejar de comer carne de res compulsivamente aunque el médico me asegure que estoy perdiendo años de vida. Bastante más perdí ya en los “círculos políticos”, y sin el placer que acompaña a un Chuletón de Ávila;

 

  • Mi despensa y mi frigorífico jamás pueden estar vacíos, porque ello me produce un tremendo desasosiego;

 

  • Beber una taza de café o comer pan, preferentemente de barra, se ha convertido en un símbolo de mi gozoso albedrío que siempre celebro cuando hago lo uno o lo otro, con una especie de plegaria de agradecimiento.   

 

El racionamiento dejó a los cubanos totalmente a merced del Estado para satisfacer cualquier necesidad; generó una dependencia absoluta, y por ende facilitó el ejercicio del poder absoluto. En estas condiciones el Estado asumió un papel paternalista de proveedor/protector, mientras la población quedó sumida en una suerte de infantilismo económico y civil.

 

El mercado desapareció y ocupó su lugar una red de distribución. El acto de compra y venta se convirtió en entrega y recepción, previa asignación normalizada; se estableció una economía de guerra que convirtió al país en un cuartel, y al aparato productivo en los servicios de retaguardia encargados del avituallamiento y la logística.

 

El racionamiento generó también una red de corrupción galopante y generalizada, de la que nadie se puede sustraer. El poder del dinero es sustituido por el poder de los “contactos” y por el acceso directo a los recursos.

 

En cierta ocasión el administrador de un bar me dijo: - Gracias a las “Normas” sé cuánto puedo robar. Los porcentajes estimados de “Mermas, Faltantes y Deterioros” se cumplen escrupulosamente como una constante. La realidad se ajusta como un guante a los resultados estadísticos esperados y a los márgenes preestablecidos.

 

El fervor revolucionario posibilita que una empresa pueda planificar un volumen de producción superior a su capacidad potencial… y sobrecumplir el plan. El carnicero vende carne a sobreprecio, pero ninguno de los consumidores censados y adscritos a su “unidad de distribución” se queda sin la cuota, ni la empresa pecuaria o el matadero incumplen sus respectivos planes de producción. Es la cuadratura del círculo, el milagro de los panes y los peces, “lo real maravilloso” del socialismo tropical.

 

Cuando el individuo deja de ser ciudadano para convertirse en “pueblo”, pierde todos sus derechos. El Estado paternalista exige al máximo pero otorga discrecionalmente, premia y castiga con ejemplar dureza la infidelidad, y no permite jamás que una necesidad llegue a convertirse en una demanda en el sentido económico o político, porque ello constituye el germen respectivamente de un mercado o de un sujeto de derecho. Por tanto, el Estado se asegura de que esa necesidad no rebase nunca el rango de una petición sin exigencias.     

 

Abraham Maslow[2] establece una “Jerarquía de Necesidades” para explicar la motivación humana, que representa como una pirámide con cinco niveles ascendentes desde la base (necesidades básicas, de seguridad y protección, de afiliación y afecto, de estima, y de autorrealización). Según Maslow, las necesidades más altas demandan nuestra atención en la medida en que las inferiores han sido satisfechas.

 

Desde esa perspectiva, la escasez organizada actúa como una fuerza que empuja hacia abajo y retiene al individuo en la base de la pirámide, permanentemente enfrascado en la “lucha” por la satisfacción de sus necesidades básicas de alimentación, vivienda, agua, ropa o transporte.

 

Cuando el Estado finge salvarnos del hambre a través del racionamiento, pretende erigirse también en proveedor de seguridad y protección, y gracias a la machacona propaganda que dibuja un panorama desolador más allá del horizonte, así lo percibe un porcentaje relativamente importante de la población. Y de paso, cimenta el miedo al cambio.

 

  • Apoyo internacional al régimen, y ausencia de reconocimiento y apoyo a la disidencia interna y externa.

 

Nadie escuchaba. Ese es el título del documental de 117 minutos producido en el año 1987 por Néstor Almendros y Jorge Ulla, en el que se recogen los testimonios de un grupo de presos políticos cubanos acerca de los tratos crueles, inhumanos y degradantes a los que fueron sometidos durante largos años de prisión, y que refleja plenamente la situación de abandono al que han estado sometidos internacionalmente los disidentes cubanos durante décadas.

 

La invisibilidad de las atrocidades del régimen y el desconocimiento de todo lo que ocurría en la isla, condenó al más absoluto aislamiento a la disidencia dentro y fuera de Cuba, y representó la guinda para el desarrollo del Síndrome de Indefensión Adquirida o Desesperanza Inducida, gracias a la complicidad de los partidos comunistas de las democracias liberales, de la inmensa mayoría de la izquierda occidental (al menos en un principio) y de la prensa afín en particular; a la irreverente fascinación erótica de la intelectualidad diletante con el joven Cristo de la Sierra Maestra, y a la asimilación directa y muy extendida de cualquier oposición a la revolución con la CIA y con el gobierno norteamericano (sin duda el mayor logro propagandístico de la dictadura).

 

Es cierto que desde agencias federales de los Estados Unidos y/o con conocimiento de ellas se han ideado, mal planificado y peor ejecutado acciones militares, sabotajes y atentados contra Fidel Castro. También es cierto que prácticamente las únicas condenas internacionales al régimen por la violación de los derechos humanos (violados sistemática y “constitucionalmente”) las ha promovido el Gobierno de ese país, con “poco éxito de público y de crítica”. Pero la denuncia de una política injerencista estadounidense (no así de la subversión castrista, tolerada y aplaudida por los denunciantes de la anterior) o el antinorteamericanismo en sus diferentes grados y manifestaciones, no justifican la connivencia con la dictadura.

 

No se puede justificar a Fidel Castro con Batista, con Duvalier o con Somoza, de la misma forma que no se puede justificar a Pinochet con Fidel Castro o con Pol Pot, ni a Hitler con Stalin o viceversa. Las dictaduras son injustificables, vengan de donde vengan y sean del signo que sean, porque son aberrantes y contrarias a la esencia del ser humano. Pero lamentablemente la hipocresía y la mentira prevalecen sobre los valores y la verdad.

 

La represión en Cuba no distingue entre “derechas” e “izquierdas”. Muchos de los cubanos que no simpatizan con el régimen o que han sido represaliados por aquel, se sienten, definen y expresan como personas de izquierda. Republicanos españoles “aplatanados” tras muchos años de vivir en la isla, socialistas, anarquistas, y comunistas (de los de antes, de los de verdad) fueron a parar a las cárceles cubanas. Por eso se sorprenden desagradablemente y se decepcionan cuando no encuentran comprensión y apoyo en aquellos que supuestamente defienden sus propios principios.   

 

También es cierto que en la actualidad cerca de dos millones de cubanos y sus descendientes residen en los Estados Unidos. Que de ellos un altísimo porcentaje han logrado rehacer sus vidas allí y que en general están muy agradecidos por ello. Muchos cayeron en el error de pensar que podían confiar en el apoyo de los Estados Unidos para derrotar a Castro. Si por algo se ha caracterizado siempre la política de esa nación es por su gran pragmatismo y por la fidelidad a sus propios intereses. Cuba ha sido una pieza más en los escenarios geoestratégicos a lo largo del tiempo, ciertamente molesta en muchas ocasiones, y alguna que otra vez decisiva en su contra al menos en el corto plazo.

 

El fracaso antológico de Girón reveló hasta que punto el gobierno norteamericano y las agencias de inteligencia ignoraron a la resistencia interna, que en aquel momento podía contar con la participación directa o el apoyo de decenas de miles de personas y que, contrariamente a lo que proclama en la actualidad algún experto del gobierno cubano, podía haber marcado una diferencia cualitativa importante en el desarrollo de los acontecimientos, si hubiese estado al tanto de la operación. La crisis de los misiles de Octubre de 1962 selló definitivamente el pacto con la Unión Soviética que libró a la dictadura hasta hoy día de una invasión.

 

Para Barack Hussein Obama, nacido el 4 de Agosto de 1961, el “problema de Cuba” ya es historia antigua, y un incómodo motivo de discordia con los senadores y congresistas cubanoamericanos del Partido Republicano, al margen de sus simpatías más o menos evidentes con la “izquierda mítica”.

 

Yo no fui realmente consciente de hasta qué punto estábamos completamente solos, hasta llegar a España. Al principio cuando hablaba sobre Cuba y la gente me devolvía la versión oficial, creía que su simpatía por la dictadura era una cuestión de desconocimiento y de falta de información, e intentaba hacerles ver la realidad.

 

Pero poco a poco me fui convenciendo de que las personas que apoyan al régimen creen lo que quieren creer, que mucha gente de izquierda (en principio honesta) necesita continuar alimentando el mito después del derrumbe de la Unión Soviética y de Europa Oriental, y que la extrema izquierda jamás va a condenar al régimen porque es esencialmente totalitaria y represiva, y porque intentaría reproducir e imponer el mismo modelo de sociedad si alguna vez llegara al poder.                

 

Conclusión

 

En resumen, cualquier cubano (independientemente de que estuviese a favor o en contra del régimen) ya se encontraba de facto en una situación de indefensión y sometimiento total en el año 1962.

 

Esos primeros años bastaron para convertir a los cubanos en súbditos obedientes del régimen, demostrando la validez de la “parábola de la rana hervida”[3] para describir los efectos de los procesos que transcurren de manera gradual. Si Fidel Castro se hubiese expresado y/o actuado en 1959 como en 1962, su mandato no hubiese durado una semana.   

 

Las consecuencias prácticas sobre cada persona en cuanto a sufrir las carencias y la pérdida de la individualidad eran las mismas, pero la diferencia entre creer y no creer en el proceso revolucionario era (y es) muy significativa.

 

A pesar de los pesares, vivir en una dictadura totalitaria y estar de acuerdo con ella seguramente tiene su compensación emocional y ética, porque la existencia misma adquiere un sentido de misión, y lleva a los creyentes a decir cosas como “el fruto de este esfuerzo lo recogerán las generaciones venideras”, “esta revolución es más grande que nosotros mismos” o “gracias, Fidel”. 

 

En el año 1962 muchos ya estaban desengañados, otros comenzaban a percatarse del engaño, pero muchos también estaban dispuestos a dar la vida por la revolución. Como diría Sergio, el personaje protagónico de “Memorias del subdesarrollo”, había demasiada oscuridad en sus mentes para ser culpables, mientras que otros en cambio sabían demasiado como para ser inocentes.

 

Según la doctrina oficial, no ser revolucionario implica ser contrarrevolucionario, y eso es muy grave porque las opciones que se tienen a partir de esa definición pasan por el “insilio”, al cual no puede aspirar cualquiera en virtud de variables tales como la edad, el sexo, el estado de salud, las responsabilidades y/o las cargas familiares; la prisión o la muerte si se llega a desplegar una oposición activa; la marginación educacional o laboral y la limitación o inhabilitación para ejercer una actividad intelectual, técnica, profesional o artística por disentir de la verdad oficial; la fuga, en el sentido lato del término, porque viajar al extranjero o emigrar está vetado salvo en las condiciones descritas con anterioridad, o (por último) la “integración simulada en el proceso”, respondiendo con el engaño a otro engaño.    

 

Desde entonces, la pertenencia o “integración” al entramado de organizaciones políticas y de masas, la incorporación a las “tareas de la defensa”, y la demostración del mayor grado de pureza ideológica posible (medida en términos de “intransigencia revolucionaria”, o de renuncia a todas las aspiraciones individuales siempre que colisionen con los “intereses colectivos” definidos por el régimen) constituyen una condición necesaria para aspirar a una vida “normal”, a una educación universitaria, a desarrollar un trabajo profesional en cualquier campo o actividad humana, o para viajar al extranjero en misión de estudio o trabajo.

 

Toda solicitud de ingreso para trabajar o estudiar irá precedida de los famosos cuéntame tu vida (unos voluminosos cuestionarios cuyas preguntas se irían “actualizando” a lo largo del tiempo) donde hay que señalar:

 

  • Extracción o procedencia social del solicitante, una especie de genealogía o pedigree para establecer la ascendencia socioeconómica del demandante y clasificarlo en dos clases sociales antagónicas e irreconciliables según el marxismo: proletariado o burguesía. Clasificar en el segundo grupo constituye un pecado original que habrá que purgar de por vida.

 

  • Integración revolucionaria de los familiares directos (padres, cónyuges, hijos o hermanos).

 

  • Parentesco y grado de relación con familiares residentes en el extranjero, así como la fecha y los motivos por los que abandonaron el país.

 

  • Parentesco y grado de relación con familiares juzgados y condenados por los tribunales revolucionarios, señalando la fecha y el motivo de la sanción.

 

  • Integración propia en todo el repertorio posible de organizaciones.

 

  • Centros de estudio o trabajo precedentes (en particular los anteriores a la revolución, en su caso)

 

  • Posibles vinculaciones con la dictadura de Batista o participación en las elecciones de 1958 (un intento tardío de Fulgencio Batista de detener el triunfo revolucionario, considerado como un acto de “traición” de aquellos que participaron en los comicios)
  • Creencias religiosas profesadas, indicando si es o no practicante.

 

  • Integración a las actividades de la defensa (reserva de las FAR, milicias, defensa civil, etc.)

 

  • Participación en misiones internacionalistas y en las llamadas “tareas de choque”, por ejemplo, en el “Cordón de la Habana” a finales de los 60´, la donación de sangre por el terremoto de Tashkent (capital de la entonces República Socialista Soviética de Uzbekistán) en 1966, en las Actividades de Preparación para la Defensa a partir de los años 1991 ó 1992 construyendo túneles y refugios antiaéreos, etc.

 

  • Participación en los “trabajos voluntarios”, en particular en las Zafras del Pueblo (cortes de caña por períodos prolongados) o en las “Escuelas al Campo”.

 

En muchas ocasiones también se incluyen preguntas de desarrollo en las que se debe opinar sobre temas de actualidad. Además, toda esa información es verificada en el CDR del lugar de residencia de la persona, y en los centros de estudio y trabajo anteriores.

 

Si la solicitud es para trabajar en algún organismo de la Administración Central del Estado, en la llamada esfera ideológica, en alguna actividad que requiera contactos con el extranjero, o para ingresar al PCC o a la UJC, el organismo que está procesando al solicitante pide además un DNI, un informe de la Dirección Nacional de Identificación (lugar donde se archiva y controla la información significativa de cada persona, que según tengo entendido sigue ubicada en la calle Morro entre Colón y Trocadero) que se envía directamente al organismo sin que el interesado tenga conocimiento de su contenido.

 

Solo los aspirantes a militantes tienen acceso a esa información, una vez que culmina el “proceso de crecimiento” e integran las filas del PCC o la UJC. Todo ello quedará registrado y sometido a evaluaciones periódicas en el Expediente Laboral del trabajador, en el Expediente Acumulativo del estudiante o en el expediente del militante.

 

El juego de la simulación, una vez que se opta por él, no es demasiado complicado pero demanda una gran cantidad de energía emocional y mental, al menos para los que no tienen un encefalograma plano.

 

Desde el punto de vista práctico se trata mas o menos de participar en una guardia mensual en el CDR y en el centro de estudio o trabajo; en alguna actividad de la defensa un domingo; en una REM (Reunión de Estudios Militares) en un CEM (un Centro de Entrenamiento Militar) quizás una o dos veces al año; en un trabajo voluntario un fin de semana o por un período mayor (generalmente en la agricultura); en alguna reunión o círculo de estudio del CDR o del sindicato, o en algún desfile o concentración. Los militantes tienen el plus de sus actividades y reuniones específicas. Lo peor fue, en su momento, la participación en las “misiones internacionalistas”.

 

Basta con leer el Granma, Órgano Oficial del Partido Comunista de Cuba (en particular los editoriales anónimos escritos por el Comandante, o más recientemente sus “reflexiones”), con escuchar Radio Reloj por las mañanas o con ver el Noticiero Nacional de Televisión, para conocer y poder reproducir la versión oficial acerca de la realidad nacional e internacional. Por eso cuando se hacen en Cuba entrevistas a pie de calle hay generalmente una “unidad de estilo” en el discurso.

 

No hay que creerse la versión oficial, solamente repetirla cuando sea necesario demostrar que uno está bien informado, lo que constituye además un deber de todo revolucionario.

 

Tampoco es necesario mostrar un gran entusiasmo, eso queda reservado generalmente a los exaltados y a los que están purgando algún pecado, o quieren alcanzar o recuperar un estatus perdido. Lo demás pasa por recordar constantemente un viejo refrán: “Eres dueño de lo que callas y esclavo de lo que dices”.

 

Con el tiempo el juego se va perfeccionando y la gente se da cuenta que no hay que participar siempre en todo. Puedes excusar tu asistencia a la reunión del CDR con una actividad del sindicato, o no asistir a un trabajo voluntario por “coincidir” con una actividad de las Milicias de Tropas Territoriales, a la que tampoco vas cuando de verdad tienes que hacerlo porque te enfermas oportunamente, presentando si fuera necesaria una justificación médica (nada difícil de conseguir) Un certificado médico de padecer una enfermedad crónica te puede librar para siempre de trabajar en la agricultura, o de las milicias, o de participar en una misión internacionalista.

 

El régimen también participa en el juego de la simulación. La integración en las organizaciones revolucionarias no garantiza que la gente piense y sienta como un revolucionario arquetípico, pero lo relevante no es la pureza ideológica, sino la obediencia.

 

La ideología se adapta a la situación, y los principios se modifican cuando es necesario en el más puro estilo “Groucho-marxista”. La obediencia, en cambio, es la médula espinal del totalitarismo.

 

La simulación es la evidencia del sometimiento y la aceptación de las reglas del juego impuestas por el régimen, y eso es lo que verdaderamente importa, en la medida en que es el mejor indicador de la eficacia y la eficiencia del aparato de control y represión. El individuo simula que cree, y el régimen aparenta que se lo cree. Ya habrá tiempo y ocasión de pasar todos los filtros necesarios cuando la situación lo requiera.

 

La simulación indica que el “policía interior” está implantado y haciendo su trabajo exitosamente, conduciendo a cada simulador hacia la Plaza de la Revolución el 1 de Mayo o a la Marcha del Pueblo Combatiente, impidiendo que manifieste públicamente su opinión o su descontento, haciéndole decir lo contrario de lo que piensa hasta en su propia casa. La perfección se alcanza cuando el individuo se derrota a sí mismo y termina amando al Líder Máximo.[4]

 

La simulación es destructiva para el individuo y para la sociedad. La necesidad de formar parte de una comunidad se convierte en una farsa, la autoestima se lesiona gravemente cuando se convive con la mentira y con el miedo, y la autorrealización es una quimera en tales condiciones.

 

La frustración permanente da paso a la depresión o al cinismo, y la alienación autoinducida es la respuesta del individuo ante una realidad alienante. Otra respuesta es la somatización de la ansiedad y el estrés en todas las posibles patologías que puedan tener entre sus causas dichos factores, en particular las enfermedades cardiovasculares.

     

Socialmente la simulación se acepta como un requisito para la supervivencia. Nadie escapa a ella, ni siquiera los creyentes más devotos. ¿Quién no ha comprado una libra de malanga o un pollo en el mercado negro para darle de comer a un hijo o a una madre enferma? ¿Quién no ha “conseguido” “pugilateado” “resuelto” o “luchado” una bombilla o una librita de arroz, unos plátanos, un “puñaíto” de café o de cemento, unos litros de gasolina, unos zapatos para el niño, y más recientemente una medicina o un poquito de sal? ¿Quién no ha sustraído un recurso de su centro de trabajo, una hoja de papel, una tuerca o un caramelo? ¿Quién no ha aplaudido públicamente una iniciativa del régimen, que después ha criticado en la más estricta intimidad?

 

En la medida en que la simulación se extiende, y en que una masa social cada vez mayor y significativa la practica, el mal se banaliza. La mentira se disculpa, el robo se comprende.

 

La banalización del mal comienza la primera vez que se oculta la opinión propia sin concederle demasiada importancia al hecho, y alcanza su cota más alta cuando se asiste impávido al linchamiento público de alguien que solo quiere irse de su país para salvar a su familia o salvarse a sí mismo. Si además se participa activamente en ello, ya eso tiene otro nombre.

 

El problema de Cuba no se resuelve solo con la afluencia de capital, con el derecho a la propiedad privada de cada cubano, ni con unas elecciones libres, aunque estos elementos serían una evidencia empírica de que el cambio real ya está en marcha.

 

Cuba necesita una revolución espiritual, una regeneración de orden moral como requisito previo para iniciar el camino de la verdadera libertad: la liberación individual de las estructuras mentales impuestas por el castrismo.

 

NOTAS:

[1] Las “empresas consolidadas” o consolidados eran estructuras verticales enormes que usualmente abarcaban toda una rama de actividad, ya sea en la producción o en los servicios. Por ejemplo, para reparar unos zapatos las personas los llevaban al  antiguo retablo del zapatero remendón del barrio, reconvertido en un “establecimiento” (identificado usualmente con un número) de la Empresa Consolidada de Reparación de Calzados (el nombre es ficticio) que agrupaba a todos los zapateros remendones de la provincia o del país.

[2]  Maslow, Abraham.- “Una Teoría sobre la Motivación Humana”. Es probablemente la teoría clásica más conocida sobre la motivación, que como cualquier otra tiene sus seguidores y detractores, citada prácticamente en todos los libros que traten los temas de la participación en el trabajo, el desarrollo organizacional o la gestión de los recursos humanos. 

[3] Si se introduce una rana en un recipiente con agua hirviendo, esta intentará salir de inmediato. Pero si se le coloca en el mismo recipiente con agua a temperatura ambiente permanecerá tranquila. Al calentar el agua progresivamente mediante una fuente de calor, la rana al principio estará a gusto, y más allá de cierta temperatura se aturdirá y entrará en un estado de sopor que le impedirá escapar de una muerte segura, cocida en el agua hirviendo. Peter Senge utiliza esta parábola como ejemplo para describir la existencia en las organizaciones de procesos lentos y graduales, en su libro titulado “La Quinta Disciplina” Editorial Granica, 1993.   

[4] “Contempló el enorme rostro. Le había costado cuarenta años saber qué clase de sonrisa era aquella oculta bajo el bigote negro. ¡Qué cruel e inútil incomprensión! ¡Qué tozudez la suya exiliándose a sí mismo de aquel corazón amante! Dos lágrimas, perfumadas de ginebra, le resbalaron por las mejillas. Pero ya todo estaba arreglado, todo alcanzaba la perfección, la lucha había terminado. Se había vencido a sí mismo definitivamente. Amaba al Gran Hermano”. Último párrafo de “1984”, de George Orwell.