Cubanálisis El Think-Tank

             ARTÍCULO ORIGINAL PARA EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

 

 

 

    Armando Navarro Vega, Córdoba, España

  

 

 

                               

                                                                                                                                                            

 

Cubanálisis-El Think-Tank continúa reproduciendo parte del libro de Armando Navarro Vega "Cuba, el socialismo y sus éxodos", publicado por Palilibro en 2013. Armando Navarro presentará su libro durante el Primer Festival de Arte y Literatura Independiente de Miami, el 14 de Diciembre a las 2:45 PM, en el Miami Hispanic Cultural Arts Center, que está localizado en el 111 SW 5th Avenue, Miami, FL 33130

 

De la sovietización a la supervivencia  - I I

LOS CORSARIOS DEL CARIBE

 

El gobierno cubano ya había comenzado a anticiparse mucho antes a esta eventualidad, a partir de la constitución de sociedades con capital cubano radicadas en el extranjero que operaban bajo diferentes fachadas, y el 15 de febrero de 1982 se establecieron, mediante el Decreto Ley 50, las regulaciones para facilitar las inversiones en territorio nacional a partir de la asociación económica entre entidades cubanas y extranjeras.

 

Una comisión designada por el Consejo de Ministros se encargaría de estudiar y aprobar, caso por caso, las asociaciones que operarían dentro del territorio nacional. Este Decreto Ley requirió del desarrollo posterior de otras regulaciones jurídicas complementarias, y su implantación no comenzó a materializarse realmente hasta principios de los 90, como se verá más adelante.

 

En cualquier caso, la búsqueda de dólares, so pretexto de “burlar el bloqueo norteamericano”, se convirtió en otro frente guerrillero que comprometió paulatinamente a los órganos de inteligencia en todo un conjunto de actividades y operaciones comerciales clandestinas de lo más variopintas y heterodoxas, algunas de ellas con interacciones inevitables con las redes de tráfico de drogas, de armas y de personas, aunque solo sea por el hecho de compartir un mismo espacio físico.

 

Destacados combatientes y asesores militares comprometidos con la lucha de liberación del Tercer Mundo se convirtieron en corsarios dedicados a buscar divisas hasta debajo de las piedras. [1] Introdujeron clandestinamente en los Estados Unidos puros y langostas cubanas; contrabandearon marfil y diamantes, así como maderas preciosas procedentes de la Selva de Mayombe, cortadas por leñadores cubanos en condiciones extremas en la provincia angolana de Cabinda. [2]

 

Vendieron efectos electrodomésticos y ropa en el Congo, en Guinea-Bissau o en Zambia, mercancía toda comprada en Panamá a precios de saldo por la corporación Cimex, la misma que actuaba como central de compras y que surtía a las Tiendas INTUR desde 1979 en los hoteles en Cuba. También traficaron con caballos y gallos de pelea en Panamá y México, sin pasar por controles de ningún tipo.

 

En 1984 se produce otro expolio gestionado también por la corporación Cimex. Se abrió “La Casa del Oro” con el objeto de comprar oro, plata, joyas, cuadros, esculturas y antigüedades a los cubanos residentes en la isla.

 

El negocio consistió en tasar todos estos objetos y metales preciosos muy por debajo del valor de mercado, y canjearlos por unos bonos equivalentes a dólares (aún faltaban años para que se despenalizara la tenencia de divisas) con los cuales los cubanos podían adquirir en las Tiendas INTUR equipos electrodomésticos o ropas a unos precios varias veces superior al coste soportado por Cimex, y gravados además con altos impuestos. [3]

 

Hasta coches de las marcas Lada y Polski se llegaron a trasegar en este “intercambio desigual de oro por baratijas”. La gente rebautizó esta oficina con el nombre de “La Casa de Hernán Cortés”, en alusión al conquistador español que inició el lucrativo canje de espejos y cuentas de colores por pepitas de oro con los aborígenes americanos. No estaba muy desencaminado el apelativo, porque muchas de las obras de arte, muebles y antigüedades fueron a parar a España, facturados por debajo de su precio real para burlar el pago de los derechos de aduana.

 

Ni siquiera el Cementerio de Colón, la enorme y suntuosa necrópolis de La Habana, se libró de la voracidad de los corsarios. Con verdadera nocturnidad saquearon tumbas y mausoleos, de los que sustrajeron obras de arte de famosos escultores italianos que irían a parar a las más reputadas casas de subasta a nivel internacional. Tampoco corrió mejor suerte la pinacoteca del Museo de Bellas Artes.

 

Gracias a la Causa Nº 1 de 1989 sabríamos después que muchas de estas actividades estaban coordinadas, gestionadas y dirigidas por altos oficiales del MININT, y reconocidas oficialmente como el Departamento MC (“Moneda Convertible”) al frente del cual estaba el Coronel de la Dirección General de Inteligencia Antonio “Tony” de la Guardia Font, cuyo jefe directo era un viceministro, el General Germán Barreiro Caramés (“Luis”).

 

La existencia de este Departamento (creado por orden de Fidel Castro y cuyo antecedente directo fue el Departamento Z de Cimex) no era un secreto, e incluso la oficina de Tony de la Guardia compartía vecindario con el embajador de Canadá, en el barrio Siboney.

 

Cimex, aprovechando la larga experiencia y capacidad de su personal para realizar operaciones clandestinas, competía de manera desleal en el mercado internacional con las empresas cubanas que oficialmente poseían el monopolio de la exportación legal de productos como el tabaco o el azúcar entre otros, “obviando ciertas formalidades burocráticas que no hacían más que entorpecer las operaciones de compra-venta”, con el conocimiento y el beneplácito de la más alta dirección del país.

 

El MININT autorizó a un grupo selecto de oficiales a crear y establecer sociedades mercantiles en el extranjero, cuyas actividades se expandieron con gran celeridad y se elevaron rápidamente a más de un centenar de firmas dispersas por todo el mundo, supervisadas por el entonces ministro José Abrantes Fernández a través del holding ACEMEX, siglas de Actividad de Empresas en el Exterior. El ejemplo cunde en otros ministerios como el de las FAR (Fuerzas Armadas Revolucionarias) el MINCEX (Comercio Exterior) o el SIME (Industrias Siderúrgico-Mecánicas).

 

El entusiasmo de la “guerrilla mercantil” comenzó a desbordar los límites de la prudencia más elemental, ya que los de la legalidad internacional habían sido sobradamente traspasados: [4]

 

·         La firma textil Contex falsificó pantalones vaqueros con la marca Lois, fabricados con telas importadas de Argentina y Uruguay.

 

·         El Departamento MC le vendió al Instituto Nacional del Turismo veleros robados en el extranjero, que luego se alquilaban a los turistas.

 

·         En una fábrica situada en la calle 20 de Mayo, en la barriada del Cerro, se instalaron máquinas importadas de los Estados Unidos con el objeto de falsificar cigarrillos Winston con tabaco rubio de Pinar del Río, y tabaco negro comprado en Europa.

 

·         En la fábrica de ron de Santa Cruz del Norte se falsificó el champagne “Moët et Chandón” con la complicidad de tres hombres de negocio extranjeros, Jean-Claude Remaury, Jean-Pierre Vaghi y Charley Delmare. Las botellas procedían de Saint-Gobain, la materia prima de los viñedos de Touraine, y las etiquetas se imprimieron en África del Sur. La producción se exportó a través de Panamá por la firma de capital mixto Taina Shipping Company. Una caja en mal estado detectada en Hamburgo destapó el fraude, y Remaury y Delmare fueron finalmente juzgados y condenados en París.

 

No todos los “negocios” de los órganos de inteligencia serían tan light, como se verá más adelante.

 

·         La antiperestroika

 

Por último, la crisis económica y política del Campo Socialista y de la URSS impulsa definitivamente a Fidel Castro a emprender sus propias “reformas”, encaminadas a desmontar el SDPE y a apartarse del peligroso camino emprendido por la Perestroika y la Glasnost.

 

Haciendo gala de su maestría en el contorsionismo político, Castro pasa a “la oposición” y denuncia repetidamente desde principios de los 80´ la existencia de errores políticos, ideológicos y económicos en la aplicación del SDPE, de los cuales culpa directamente a los funcionarios de la Administración Central del Estado, a los dirigentes intermedios, a los trabajadores, y a cualquiera que se ponga a tiro. He aquí un resumen de sus principales críticas:

 

·         En lo político-ideológico.- el debilitamiento de la conciencia revolucionaria y del papel rector del Partido, fundamentalmente en el ámbito empresarial, como consecuencia de la descentralización económica defendida por determinados dirigentes. Todo ello agravado por la influencia perniciosa de los cambios que venían sucediendo en la Unión Soviética, que introducían la creencia de que la construcción del socialismo se garantizaba a través de mecanismos económicos.

 

·         En lo económico.-  la sustitución de los resortes de movilización social tradicionales por los estímulos materiales, que generan el afán de lucro y la corrupción; la incapacidad de los estímulos económicos para garantizar la calidad de lo producido o para retribuir de manera eficaz y eficiente a la fuerza de trabajo; la existencia de un excedente monetario en manos de la población como consecuencia de unos salarios no respaldados por la producción, que mantienen una presión inflacionaria sobre el Mercado Paralelo y el Mercado Libre Campesino; la aparición de una “clase” privilegiada integrada por trabajadores por cuenta propia y pequeños propietarios que amenazan con reintroducir relaciones capitalistas de producción felizmente eliminadas a partir de la 2ª Ofensiva Revolucionaria.

 

La “Rectificación de Errores y Tendencias Negativas” discurrió por los siguientes derroteros:

 

·         Se crearon estructuras de dirección paralelas a los organismos oficiales, lo que representó de facto la desactivación de la institucionalización socialista iniciada en 1975/76:

 

o       El denominado “Grupo Central”, actuando bajo las órdenes directas del Comandante (y pasando por encima del organismo competente, la Junta Central de Planificación) trazó las directrices económicas para el quinquenio 1986/90.

 

o       Surgió el “Grupo de Coordinación y Apoyo del Comandante”, integrado por cuadros de dirección jóvenes y de la máxima confianza del dictador, dirigido por José “Pepín” Naranjo Morales (este último, una especie de híbrido entre ayuda de cámara y bufón de Fidel Castro)

 

Sus miembros participaban, sin que se supiese muy bien por qué, en reuniones al más alto nivel, emitían opiniones, pedían cuentas a cualquier funcionario de cualquier institución o ministerio, “bajaban orientaciones” en las que todo el mundo reconocía la voluntad del Comandante, y solamente le rendían cuentas a este.

 

o       En 1986 se creó la Comisión Nacional del Sistema de Dirección de la Economía, también al margen de la JUCEPLAN, con el objetivo de estudiar y proponer los cambios en el sistema.

  

·         Se reforzó la centralización en detrimento de la autogestión empresarial, sobre todo en lo tocante a la fijación y al cumplimiento de las cifras directivas, de las políticas salariales, de asignación de recursos y de precios.

 

·         El 19 de mayo de 1986 se produjo el cierre del Mercado Libre Campesino. El Mercado Paralelo estatal pretendió ocupar su lugar con muy poca fortuna, y también desaparecería luego de una penosa agonía fruto del desabastecimiento el 17 de diciembre de 1990, día consagrado a un San Lázaro con muletas venerado por cientos de miles de cubanos con el nombre de Babalú Ayé.

 

·         En julio de 1986 el gobierno suspendió el pago de la deuda externa en divisas convertibles, como consecuencia del desequilibrio insostenible del saldo comercial y de la balanza de pagos.

 

·         Se desató una ofensiva contra el trabajo por cuenta propia, el cual se redujo a niveles mínimos. A los vendedores ambulantes se les llamó despectivamente “merolicos” (un término extraído de una telenovela mexicana, “Gotita de Gente”, muy popular en aquellos años).

 

·         Se prohibió la construcción de viviendas con medios propios, se suspendió la venta de materiales, y el Estado recuperó el control absoluto sobre los bienes inmuebles a partir de la Ley General de la Vivienda de 1988, luego de la relajación que supuso la anterior norma de 1984.

 

·         Se produjo una ofensiva ideológica encaminada a rescatar el “pensamiento económico de Ernesto Che Guevara”, afincado en el papel de la moral comunista en la desaparición del interés individual en el ser humano.

 

Se volvió a hablar, como en los años 60, del Financiamiento Presupuestario como vía para eliminar la anarquía heredada de la antigua sociedad subdesarrollada y neocolonial; del trabajo voluntario, del avance hacia formas de conciencia y de producción comunistas, de las cuales quedarían desterradas categorías propias del capitalismo como la mercancía, la ley del valor, las relaciones monetario mercantiles, el dinero o la banca. Un discurso que representó un evidente retroceso hacia posiciones que fueron criticadas por el propio Fidel Castro en 1970, y que sin embargo pretendió rescatar y revitalizar cuando se sintió amenazado por el final del socialismo real, 20 años después:

 

Algunas ideas del Che en cierto momento fueron mal interpretadas, e incluso mal aplicadas. Ciertamente nunca se intentó llevarlas seriamente a la práctica, y en determinado momento se fueron imponiendo ideas que eran diametralmente opuestas al pensamiento económico del Che”. [5]

 

El economista Carlos Tablada Pérez escribió un libro sobre dicho “pensamiento”, que fue premiado por la Casa de las Américas, y del que se reprodujeron decenas de miles de ejemplares, y al que se refirió el Comandante en la intervención anteriormente citada.

 

·         El Presidente de JUCEPLAN, Humberto Pérez González, sería destituido en junio de 1985 después de analizar públicamente los obstáculos y mecanismos opuestos a la descentralización (responsabilidad directa del Comandante) que impidieron la plena implantación y el despliegue del SDPE. Un tiempo después fue sometido a una investigación y expulsado del Comité Central del PCC. No sería el único ni el último de los responsables de la economía del régimen, cuyo cabeza rodaría en el fragor de las batallas ideológicas libradas por el Comandante.

 

·         En diciembre de 1986, bajo la consigna “ahora si vamos a construir el socialismo” lanzada por Fidel Castro en vísperas del Año 29 de la Revolución, [6] se dieron a conocer una serie de medidas de austeridad y de mejora de la eficiencia en la gestión, entre las que cabe mencionar las siguientes:

 

o       Aumento de los precios de productos y servicios (verdaderamente sensibles en el caso del transporte).

 

o       Disminución y/o sustitución de las importaciones, sobre todo de productos provenientes del área capitalista (generalmente bienes intermedios) y en particular de bienes de consumo, ya de por si escasos.

 

o       Ahorro de combustible (disminución de las asignaciones de gasolina a los coches privados y estatales, de keroseno y de gas licuado, del consumo eléctrico en la industria y en los hogares, y aumento de las reservas de crudo).

 

o       Modificación de los criterios y prioridades del proceso inversionista, dirigido a aumentar las exportaciones y los productos exportables, y a la sustitución de importaciones.

 

o       Disminución de la distribución y venta de productos textiles, de la cuota de racionamiento y de las dietas médicas de leche y de carne; sustitución de la última comida del día en los Círculos Infantiles por una “merienda fuerte”; eliminación de gratuidades en los comedores obreros y estudiantiles, y de la distribución de efectos electrodomésticos a través de los sindicatos, entre otras medidas restrictivas del consumo de la población.

 

·         A principios de 1987 se inició el proceso de reducción de plantillas en empresas y organismos. Decenas de miles de trabajadores, declarados “interruptos”, fueron enviados a sus casas cobrando el 70% de sus salarios.

 

En los meses siguientes muchos de ellos renunciaron “voluntariamente” a las prestaciones recibidas, y comenzaron a reubicarse en otras actividades, fundamentalmente en la construcción, ya fuera en las Microbrigadas o en los Contingentes. [7]

 

Según la lógica totalitaria del Comandante en Jefe, el Estado podía disponer libremente de cualquier persona para que trabajase en cualquier actividad. Por ello una economista, un ingeniero mecánico, una filóloga, un tornero fresador o un cocinero que “sobrara” en su centro de trabajo, podía convertirse de la noche a la mañana en albañil, renunciando además indefinidamente al ejercicio de su profesión. Así opinaba al respecto: [8]

 

“Estamos avanzando rápidamente en todo eso, y con estas fuerzas que se han ido creando, este movimiento de masas de las Microbrigadas, que demuestra lo que puede hacer un país socialista, porque simplemente estamos utilizando a compañeros que en un centro de trabajo, con un poquito de racionalidad, sobran; o con un poquito de trabajo de los que queden allí… Nuestro problema es tener todos los materiales para lo que estamos haciendo, porque fuerza (de trabajo) tenemos toda la que nos da la gana, sin un centavo más en salario, porque si la fábrica tiene 100 y puede hacer su plan con 90, manda 10... tenemos toda esa fuerza, pero no solo para construir viviendas, sino para construir todos los círculos (guarderías) que nos hagan falta, las escuelas que nos hagan falta, las instalaciones médicas, instalaciones deportivas, instalaciones comerciales; todo lo que nos haga falta… En esta capital estoy seguro de que donde hay ocho (trabajadores) se puede sacar uno, dondequiera que hay ocho. Se podrían sacar 100,000, porque hay 800,000 trabajadores en la capital…”.

 

El pueblo no tiene rostro, es una masa informe, amalgamada. Los compañeros no son ciudadanos de derecho, se deben por entero, en cuerpo y alma, a la construcción del socialismo. Esa es su misión, su metaobjetivo, su razón de ser. Son números, piezas de las que se dispone libremente para realizar cualquier tarea, en cualquier condición, más allá de cualquier Constitución (aunque esta sea socialista) y más allá de todo derecho civil o laboral.

 

Es “la movilización permanente” con la que soñaba Che Guevara para “perpetuar en la vida cotidiana la actitud heroica de la guerrilla”, consagrada por éste como una tarea fundamental desde el punto de vista ideológico.

 

Así ha de trabajar el aspirante a Hombre Nuevo, rescatado de las garras de los tecnócratas del SDPE por el Proceso de Rectificación de Errores y Tendencias Negativas, según destaca el Comandante en el mismo discurso:

   

“Muchas veces microbrigadistas que allá trabajan cinco o seis horas, aquí trabajan 10; hay contingentes movilizados por el Partido y la Juventud que están trabajando 14. Pero cosa todavía más impresionante que yo me he encontrado: un contingente de 200 trabajadores… trabaja 14 horas, y allí mismo unos trabajadores me dijeron que querían hacer un edificio de Microbrigada. Les digo: "¿Pero a qué hora, si ustedes terminan a las 10:00 de la noche?" "Después de las 10:00" —me dice un obrero. Unos hombres que trabajan 14 horas y piden hacer una Microbrigada para hacer viviendas… trabajan hasta las 2:00 de la mañana; están durmiendo 4 ó 5 horas. Yo nunca en mi vida había visto eso, se los digo, ni me había podido imaginar semejante cosa, y demuestra lo que la gente es capaz de hacer bien dirigida… Con ese espíritu tenemos todos los hombres y mujeres que necesitemos para hacer lo que nos dé la gana, para avanzar a un ritmo tremendo. Eso no se lo encuentra usted en ningún país; no se encuentran eso, se los puedo asegurar.”

 

Comandante, por supuesto que eso no se lo encuentra nadie en ningún sitio, salvo quizás en Corea del Norte.

 

El endurecimiento del discurso ideológico opuesto a cualquier atisbo de reforma o de “transparencia” a lo Gorbachov, constituye el contenido esencial del Proceso de Rectificación de Errores y Tendencias Negativas.

 

Desde la anterior perspectiva, los cambios organizativos en el sistema solo deben contribuir a dar forma y a desarrollar dicho contenido. Cualquiera que se oponga a la “rectificación” o que defienda el SDPE, es portador de una peligrosa desviación ideológica que le convierte en cómplice del imperialismo y en su quinta columna. Es la línea de pensamiento presente en todas las intervenciones [9] de Fidel Castro durante esos años:

 

“Hay quienes, tal vez instintivamente, se percataban de que los errores o las tendencias negativas irían debilitando la conciencia revolucionaria de nuestro pueblo, irían debilitando la Revolución; hay quienes se imaginaban que los errores y las tendencias negativas abrirían paso a tendencias y a posibilidades pequeño burguesas, a las posibilidades del antisocialismo y el anticomunismo; incluso, a las posibilidades de la reacción y la contrarrevolución, puesto que si hay algunos que se creen revolucionarios y no lo son, también hay quienes son reaccionarios y no lo saben, los que en ocasiones actúan por simple instinto.

 

Hay algunos gusanillos que se imaginan que este proceso de crítica enérgica y de autocrítica, significa la hora de intervenir en nombre de ideas burguesas o liberales, o es la hora de intervenir en nombre de sueños pequeño burgueses, o es la hora de que la gusanera, la reacción y la contrarrevolución participen en nuestro debate.

 

Por eso es muy bueno aclarar que este debate, que esta crítica y esta autocrítica solo pueden ser de revolucionarios y desde posiciones revolucionarias (Aplausos); de marxista-leninistas y desde posiciones marxista-leninistas; de socialistas y de comunistas, desde posiciones socialistas y comunistas, y que aquí la reacción, la contrarrevolución, el espíritu pequeño burgués no tienen nada que hacer y nada en qué participar”.

 

Es la respuesta de la máxima dirección a la evidente simpatía popular con la que estaban siendo recibidas las noticias acerca de los cambios en el Campo Socialista.

 

Las publicaciones soviéticas Novedades de Moscú, Tiempos Nuevos, Sputnik o hasta el “Pravda” internacional que nadie compraba jamás, salvo quizás para embalar objetos frágiles, forrar libretas y libros escolares o como “papel higiénico”, ahora duraban escasos minutos en los quioscos de prensa. La gente hacía cola desde temprano en la mañana el día en que salían a la venta para adquirirlas, e incluso llegaron a ser objeto de reventa.

 

En el ámbito de las Ciencias Sociales y de la Economía en particular llegaban ideas frescas, liberadoras dadas las condiciones. Ideas y pronunciamientos que por primera vez se compartían y debatían públicamente.

 

En los artículos de opinión procedentes del Campo Socialista se criticaba al estalinismo existente sin eufemismos, y se analizaba el concepto de “libertad”. [10] Se hablaba sin tapujos ni medias tintas de la necesidad de realizar cambios en el sistema político, como requisito para realizar transformaciones económicas eficaces y eficientes.

 

Los autores soviéticos ponían en solfa la centralización de las decisiones en manos de la dirección política, la hipertrofia del “aparato”, la estatización de la vida social, la asfixiante regulación de todas las actividades y ámbitos de la sociedad; el freno a la iniciativa que representaba la planificación minuciosa y el control que, por excesivo, generaba descontrol.

 

Se denunciaba la existencia inevitable de una economía paralela para satisfacer las necesidades jamás satisfechas por la distribución socialista.

 

Se acusaba al socialismo real de imponer una única forma de ser y de existir individual y colectiva, de crear una imagen falseada de la realidad que como contrapartida generaba indiferencia, descreimiento, alienación, engaño y ocultamiento.

 

Nada que no supiésemos, pero que ahora veíamos escrito por primera vez, negro sobre blanco, en una publicación socialista. Se estaba hablando libremente de estas cosas hasta en la Unión Soviética, y por supuesto muchos deseaban poder hacer lo mismo en Cuba.

 

Por aquellos años se creó un grupo de trabajo en la Facultad de Economía de la Universidad de la Habana, que elaboró un breve documento con algunas ideas para el debate acerca del perfeccionamiento del modelo de desarrollo económico y social del país, y en el que tuve una pequeñísima participación cuasi testimonial, junto a otros muchos profesores. No se trataba, ni de lejos, de nada transgresor ni osado, sino de algo muy en la línea del SDPE.

  

La respuesta a aquella iniciativa nos llegó a través de la Vicerrectoría del Área de Ciencias Económicas. Según se nos informó en un claustro, la más alta dirección del Estado, el Gobierno y el Partido (¿quién será, será?) nos agradecía la contribución realizada, y nos hacía llegar al propio tiempo una solicitud y una sugerencia:

 

·         En el primer caso, que le concediéramos un “voto de confianza” a esa “alta dirección” para ocuparse de los problemas generales de la economía y la sociedad.

 

·         En el segundo, que nos centráramos en el diagnóstico y la solución de los problemas “de base” en las empresas y organismos, donde había muchas cosas que resolver, y en donde podía resultar más útil nuestra colaboración.

 

Por supuesto, tomamos buena nota en ambos casos.

 

·         La guerra permanente

 

En otro orden de cosas, en momentos en que Cuba se desangraba en la guerra de Angola, y en que Fidel Castro abogaba decididamente por la derrota militar del enemigo sin paliativos como única solución aceptable al conflicto, Gorbachov proponía el desarme nuclear multilateral, “poner fin a la carrera armamentista, reducir el número de las armas” (incluso de las convencionales) como “premisas indispensables para resolver otros problemas más urgentes, como la necesidad de encontrar nuevas fuentes de energía, la lucha contra el atraso económico, el hambre y las enfermedades”. Resumiendo en una frase: “impulsar el desarme para el desarrollo”. [11]

Fidel Castro avanzaba en la dirección contraria, contraponiendo como argumento que “la supervivencia y la paz tienen un sentido diferente para unos países y para otros; hay dos supervivencias y hay dos paces: la supervivencia de los ricos y la supervivencia de los pobres, la paz de los ricos y la paz de los pobres… es casi seguro que la forma de concebir la paz el imperio es paz entre los poderosos, paz con la Unión Soviética y guerra con los pequeños países socialistas, revolucionarios, progresistas o, simplemente, independientes del Tercer Mundo…” [12]

 

El sagrado deber internacionalista (o sea, la subversión y la intervención a sangre y fuego en decenas de países para imponer el totalitarismo) y el fantasma de una invasión yankee a Cuba, son agitados por el Comandante con más fuerza que nunca.

 

Él no podía permitirse el lujo de perder el enemigo. La coexistencia pacífica era una seria amenaza porque, precisamente en esos momentos, ponía en jaque la materialización de su sueño imperial en el cono sur africano.

 

En este contexto, las “actividades para la defensa” adquirieron en Cuba una enorme relevancia. La reserva de las FAR estaba mucho más activa, pero también más comprometida con las misiones internacionalistas. En cambio las Milicias de Tropas Territoriales (MTT) y las Brigadas de Producción y Defensa [13] serían las encargadas de librar “la guerra de todo el pueblo”, y estarían enfrascadas en multitud de movilizaciones y de ejercicios.

 

En la capital, el campo de tiro de la Habana del Este o el centro de entrenamiento de “Colinas de Villarreal” despliegan una actividad febril. Los parques de la ciudad reciben los domingos a cientos de milicianos que, desde las primeras horas y hasta el mediodía, practican “los procedimientos de infantería sin armas para el desplazamiento de las pequeñas unidades sobre el terreno”. En otras palabras, marchan. También reciben, entre bostezos mañaneros, clases de táctica y estrategia para librar la guerra en un escenario urbano. Cada miliciano dedica a estas prácticas un domingo al mes.

 

Se construyen túneles, refugios y fortificaciones subterráneas en toda la ciudad, con el trabajo de miles de hombres y mujeres que adquieren “compromisos de participación voluntaria” individuales y colectivos. Algunos cambian sus centros de trabajo por los túneles durante uno o dos años, en jornadas de 10 a 12 horas diarias, más trabajos voluntarios los fines de semana.

 

Cada trabajador aporta “un día de haber” (el salario correspondiente a un día de trabajo al año) para contribuir al financiamiento de las MTT. Esta contribución también es “voluntaria”.

 

Fidel Castro explica así las razones que “obligan” a asumir tantos sacrificios, en el discurso citado anteriormente:

 

No podemos ignorar las realidades, y no creo que pueda perdonarse jamás nuestro pueblo, ni podría dejar de pagar un altísimo y fatal precio, si algún día se olvidara de esta realidad. Y no es que seamos pesimistas, somos simplemente realistas; no es que estemos contra la paz y la distensión; no es que estemos contra la coexistencia pacífica entre distintos sistemas políticos y económico-sociales, es que somos y tenemos que ser sencillamente realistas, y el realismo nos indica que mientras exista el imperio y mientras exista un pueblo digno en esta isla, un pueblo revolucionario en esta isla, habrá peligros para nuestra patria, a no ser que un día nos rebajemos tanto o seamos tan indignos como para renunciar a nuestra independencia, a nuestra libertad, a nuestros más sagrados y hermosos derechos” (APLAUSOS Y EXCLAMACIONES DE: "¡No!", Y DE: "¡Fidel, Fidel!", Y DE: "¡Fidel, seguro, a los yankis dales duro!").

 

El barco de la revolución hace aguas. La Perestroika y la Glasnost generan ilusión y esperanza en todos los estratos de la sociedad cubana, y le restan legitimidad al viejo y gastado discurso de siempre.

 

Las dudas, el desengaño o el cansancio también anidan en las filas de los revolucionarios convencidos, incluidos los miembros de la élite guerrillera de la Sierra Maestra, o la más alta dirección de las Fuerzas Armadas y el Ministerio del Interior. La crítica, abierta o solapada, comienza a apuntar en la dirección correcta.

 

Pero Fidel Castro está dispuesto a demostrar una firmeza ejemplarizante. Nadie debe creer que puede enfrentarle (no ya “de obra”, ni siquiera “de pensamiento”) sin sufrir las más graves consecuencias.

 

Nada ni nadie puede poner en peligro su revolución, hecha a la medida de sí mismo. Nadie puede cuestionar sus ideas, y mucho menos desobedecer una orden. Ese es el germen de la traición, y la traición se paga con la vida.

 

·         El Caso Ochoa

 

Todos nos quedamos atónitos cuando el miércoles 14 de junio de 1989, el diario Granma anunció la detención (ocurrida dos días antes) del General Arnaldo Ochoa Sánchez, Héroe de la República de Cuba y firme candidato a ocupar la jefatura del Ejército Occidental. Se informa como causas de la detención “graves hechos de corrupción, y manejos deshonestos de recursos económicos”.

 

Los acontecimientos se precipitan. El día 26 es sometido a un Tribunal de Honor y despojado de sus condecoraciones. Es degradado, expulsado del ejército y acusado de alta traición, con la recomendación de su expulsión del Partido Comunista de Cuba y del Comité Central, así como de la Asamblea Nacional del Poder Popular, de la cual era diputado.

 

El 30 de Junio comparece ante un Tribunal Militar Especial junto a otros trece oficiales del MININT y del MINFAR en lo que se conoce como la “causa número 1/1989”, acusados entre otros delitos de tráfico de drogas.

 

El 7 de Julio se dicta su sentencia de muerte por fusilamiento junto con otros tres oficiales de alta graduación: Antonio (Tony) de la Guardia Font, Amado Padrón Trujillo y Jorge Martínez Valdés. El resto de los encausados, entre los que se encuentra el General Patricio de la Guardia Font, hermano de Tony, es condenado a penas de prisión que llegan a alcanzar los 25 y 30 años.

 

El 8 de Julio, la Sala de Asuntos Militares del Tribunal Superior deniega la apelación. Al día siguiente las sentencias son ratificadas por el Consejo de Estado, y en la medianoche del 13 de Julio de 1989 se ejecutan las cuatro sentencias.

 

Tiempo record: escasamente un mes entre la detención y la ejecución.

 

¿Quiénes eran los principales protagonistas de este drama, y por qué tuvo lugar? ¿Por qué “la revolución” se dio tanta prisa en devorar a algunos de sus mejores hijos?

 

Ochoa era el más conocido y brillante de los generales cubanos, poseedor de un extenso e impresionante curriculum:

 

§         Veterano de la Sierra Maestra.

 

§         Graduado en las academias militares Frunze y Vorochilov de Moscú.

 

§         Combatiente en Argelia, compañero de Che Guevara en Zaire, y asesor sobre el terreno de la guerrilla en Venezuela en los años 60´.

 

§         Comandante de las tropas cubanas en Angola en 1975/76, servicios que se reconocen otorgándole el grado de General de División.

 

§         En 1977 fue el jefe de operaciones de todas las fuerzas, incluidos los asesores internacionales, que combatían en Etiopía al ejército de Somalia. Su dramática y sorpresiva travesía con una brigada de tanques por el paso montañoso de Kara-Marda, y la exitosa campaña del Ogaden, se estudian aún en las escuelas militares de todo el mundo.

 

§         Entre 1983 y 1986 actuó como consejero militar en Nicaragua, y recibió en 1984 la condecoración de Héroe de la República de Cuba.

 

§         Regresó a Angola en 1987 como jefe de la Misión Militar Cubana, dirigió la batalla de Cuito Cuanavale y el avance exitoso de las tropas hacia el sur, que finalmente obligó a las fuerzas en conflicto a sentarse a negociar la paz.

 

Por su parte, el Coronel Tony de la Guardia y su hermano gemelo, el General Patricio de la Guardia, proceden de la aristocracia cubana. En 1959 ambos eran deportistas, estudiantes universitarios y estaban ávidos de aventuras, según afirman los que le conocieron.

 

Su encuentro personal con Fidel Castro ocurre a principios de la revolución en unas regatas en la playa de Varadero, y rápidamente se convierten en sus soldados más aguerridos e incondicionales, merecedores de su más absoluta confianza.

 

En 1963 figuran entre los fundadores de las Tropas Especiales del Ministerio del Interior, los “boinas verdes” cubanos.

 

Tony de la Guardia ejecuta decenas de misiones clandestinas en prácticamente todo el mundo, y se convierte en una leyenda. Se comenta que estaba en Nueva York, en plena Crisis de los Misiles en Octubre de 1962, para volar el puente de Brooklyn y el edificio de las Naciones Unidas en caso de verificarse un ataque a Cuba.

 

Cuando se produce el triunfo de la Unidad Popular en Chile, los hermanos de la Guardia asumen la responsabilidad de garantizar la seguridad personal de Salvador Allende. También se asegura que Patricio (otros dicen que Tony) es testigo presencial, en el Palacio de la Moneda, del suicidio del presidente.

 

Tony es el encargado de la logística del frente sur en Nicaragua a finales de los 70´, y Patricio participará con Ochoa en la batalla de Cuito Cuanavale, y dirigirá el avance hacia el sur de las Tropas Especiales junto con el entonces Coronel Álvaro López Miera.

 

¿Qué pueden haber hecho estos hombres para merecer la muerte?

 

Las primeras informaciones son confusas. Se sabe que el día anterior al anuncio de la detención de Ochoa también ha sido destituido de sus cargos por “mala conducta” el entonces Ministro de Transportes Diocles Torralba, destacado dirigente, combatiente de la Sierra Maestra y ex ministro de la industria azucarera, que ostenta el grado de General.

 

Ya hacía algún tiempo que se comentaba en la calle su gusto por la buena vida y sus líos de faldas. También se decía que éste poseía un elevadísimo cociente de inteligencia (no sé si con la intención de establecer una “odiosa” comparación con otros miembros de la alta dirigencia del país).

 

La noche del 14 de junio se transmite en directo por los canales de la Televisión Cubana la comparecencia de Raúl Castro Ruz en el Acto Central por el XXVIII Aniversario del Ejército Occidental, desde la Sala Universal de la FAR en la Plaza de la Revolución. La efeméride, como es natural, carece absolutamente del más mínimo interés o importancia.

 

No hay manera de poner en claro lo que está pasando. Raúl Castro cantinflea sin cesar con su desagradable y engolada voz, improvisa, se pierde, dice incoherencias, a veces es amenazante y otras enigmático. Intenta ser simpático y resulta patético. [14] Habla confusamente acerca de la exigencia en el cumplimiento de las órdenes dadas.

 

Reclama para Fidel Castro la condición de “símbolo viviente”. Tilda a Ochoa de indisciplinado y bromista, le recrimina por “ocuparse en Angola de otras cosas”, dándole todo el crédito por la dirección de la guerra al General Leopoldo Cintras Frías, que se encuentra en la tribuna, y al que menciona con el sobrenombre de Polito en medio de los aplausos de los oficiales allí presentes.

 

Se pone a sí mismo de ejemplo de la libertad de expresión que hay en Cuba por el espectáculo que está ofreciendo, pero al propio tiempo dice “que no siempre hay que decir la verdad, o al menos toda la verdad”. Que ya se sabrá lo que pasa con Ochoa; “que no sabe si con respecto a Diocles ocurrirá lo mismo, si se sabrá o no se sabrá”.

 

Dice que, sin renunciar a nada de lo que ha dicho esa noche, la versión oficial de sus palabras será la que publique el periódico Granma al día siguiente, que para eso es “el órgano oficial” del Partido. Y así ocurrió. Se publicó lo que llevaba escrito, no lo que dijo.

 

Fue un discurso penoso, vergonzoso y hasta humillante para los asistentes. Recuerdo un momento en que se refiere a Fidel Castro como “papá, nuestro papá”, e insta al auditorio a repetirlo, como si fueran parvulitos. Es también un insulto a la inteligencia de los millones de televidentes que intentamos seguir infructuosamente el hilo lógico de aquella deposición.

 

Pero de lo que no cabía duda es que había comenzado la purga más importante y significativa de toda la historia de la revolución cubana. Recuerdo que cuando concluyó la transmisión, salí de la casa y encendí un cigarro. La noche era cálida, pero un escalofrío me recorrió el espinazo ¿Por qué se estaba aireando todo aquello? ¿Quiénes eran los principales destinatarios de aquel mensaje? ¿Qué era aquello tan grave que estaba ocurriendo y que ignorábamos? ¿Cómo afectaría todo ello al futuro de nuestras vidas?

 

·         Los guerrilleros de la coca

 

Durante el juicio, el cargo más importante que pesa sobre los acusados es el de tráfico de drogas, del cual el fiscal Juan Escalona Reguera hace un evidente esfuerzo por desvincular a la más alta dirección del país.

 

El reconocimiento internacional por parte del gobierno cubano de la participación de algunos de sus mejores soldados en el tráfico de drogas nunca se hubiese producido si la DEA (Drug Enforcement Administration), la agencia norteamericana dedicada a la lucha contra el contrabando y el consumo de drogas en los Estados Unidos, no hubiese acumulado una enorme cantidad de pruebas y evidencias al respecto.

 

Los primeros indicios que tienen los norteamericanos acerca de la participación cubana en el tráfico de drogas, según Fogel y Rosenthal, datan de 1963. [15] Pero la primera vez que una investigación culmina con una acusación es en el llamado “caso Jaime Guillot-Lara”, nombre de un colombiano procesado en Miami en 1982 junto a otras 17 personas por tráfico de drogas vía Cuba.

 

Todo se precipita con el hundimiento del carguero Karina y el abordaje de un segundo barco, el Monarca, por unidades de la Marina colombiana en noviembre de 1981, en un lapso de tiempo de apenas unos diez días. Ambos transportaban decenas de toneladas de armas.

 

Las pesquisas conducen hasta Guillot Lara (propietario del Karina) quien una vez detenido en México confiesa que las armas iban destinadas a la guerrilla colombiana del M-19, y que la operación era en pago por el derecho de paso otorgado por las autoridades cubanas a dos barcos cargados de marihuana.

 

Numerosos testigos, a lo largo del tiempo, van aportando datos acerca de la vinculación del tráfico de drogas, las guerrillas latinoamericanas, y el gobierno de Cuba. Este se defiende cuestionando la credibilidad de los mismos, por tratarse usualmente de traficantes en busca de reducir sus condenas, o de funcionarios cubanos o de terceros países que solicitan asilo en los Estados Unidos, versión que divulga también la prensa norteamericana que le hace el juego al régimen.

 

Pero paso a paso se va armando el rompecabezas, a partir de las incontables evidencias que aparecen por aquí o por allá:

 

§         Protección de barcos cargados de drogas por parte de guardacostas cubanos.

 

§         Acuerdos entre oficiales cubanos y la red de Guillot Lara.

 

§         Negociaciones entre narcotraficantes colombianos en Bogotá con el embajador cubano Fernando Ravelo, quien les ofrece servicios de reparación y abastecimiento a sus embarcaciones en puertos cubanos, y escolta hasta las inmediaciones de los cayos de la Florida.

 

§         Acuerdo de colaboración y apoyo mutuo entre el cártel de Medellín, el M-19 y otros grupos, auspiciado también por Ravelo.

 

§         Contactos y negociaciones con y/o a través de René Rodríguez Cruz, presidente del ICAP (Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos).

 

§         Pago con cocaína del entrenamiento en Cuba de la guerrilla colombiana y salvadoreña, que es introducida después en los Estados Unidos por agentes cubanos infiltrados.

 

§         Escalas en Cuba de aviones cargados de drogas, a cambio de mercancías.

 

§         Las aventuras y desventuras de Robert Vesco, conocido estafador y fugitivo de la justicia norteamericana residente en Cuba, que actúa de enlace en operaciones de contrabando, en particular con el jefe del cártel de Medellín, Pablo Escobar.

 

§         Lavado de dinero en Cayo Largo del Sur, el famoso destino turístico cubano inaugurado en febrero de 1982, por una módica comisión del 10%. Robert Vesco, bajo la atenta mirada de Tony de la Guardia, estudia crear en el cayo un paraíso fiscal.

 

§         Utilización del espacio aéreo cubano por aviones cargados de cocaína procedente de Colombia con destino a las Bermudas, dotados oportunamente por las autoridades de la isla con un código especial para su identificación.

 

No todas las denuncias y evidencias proceden de delincuentes o de tránsfugas. El ex cónsul general de Panamá en Nueva York, José Blandón, afirma que participó en Cuba en junio de 1984 en una reunión entre Manuel Antonio Noriega y Fidel Castro, en la que este último intercedió a favor del cártel de Medellín, a propósito de una acción de las Fuerzas Armadas panameñas contra un laboratorio clandestino propiedad de la organización criminal, en la selva del Darién, por el cual el cártel ya había “pagado las tasas correspondientes”. A partir de entonces Nicaragua aumentó su papel en la producción y traslado de la droga. [16]

   

Las autoridades de aeronáutica civil de la Florida dan cuenta de un denso tráfico de  vuelos ilegales rumbo a La Habana. Juan Benemelis hace referencia en su citado libro a algunas de las operaciones de narcotráfico que fueron reconocidas oficialmente durante la Causa 1/1989:

 

En abril de 1987, 400 kilos de coca fueron descargados de un avión por Varadero, almacenadas en una mansión de Villa Tortuga y luego reembarcadas a una embarcación. A fines de 1987 un avión aterrizó en Varadero con 500 kilos de coca, y realizó la transferencia de la carga en tres embarcaciones que se dirigieron a Estados Unidos. En febrero de 1989 fueron lanzadas por un avión 500 kilos de coca a 14 millas del faro Cruz del Padre; el avión aterrizó en Varadero para reabastecerse de combustible mientras dos embarcaciones rápidas atendían la operación de recogida y trasbordo en Punta Hicacos. En marzo de 1989 unos 400 kilos de coca fueron lanzadas por un avión a veinte millas de la Bahía de Cádiz. En abril de 1989 arribó una embarcación con un cargamento de coca en las aguas territoriales del norte de Cuba; luego de recibir reparación en la marina de Barlovento, se dirigió a Varadero donde realizó el trasbordo de la carga en un pequeño islote”.

 

En 1988, una banda de traficantes que opera desde los Estados Unidos es infiltrada por agentes de la DEA, que obtienen grabaciones ocultas de audio y video donde los incautos delincuentes explican con todo lujo de detalles las facilidades otorgadas en Cuba para el tránsito marítimo y aéreo de la cocaína. Entre ellos destacan Reinaldo Ruiz y su hijo Rubén, tío y primo respectivamente del Capitán del Ministerio del Interior cubano Miguel Ruiz Poo, uno de los encausados junto con Tony de la Guardia y Ochoa.

Ruiz Poo fue contactado por sus parientes en Panamá gracias a su labor en Interconsulting, una firma operada también por el MININT, cuya actividad comercial consistía fundamentalmente en “gestionar” visados de tránsito para los cubanos que querían salir de la isla, previo pago de miles de dólares por parte de los familiares residentes en los Estados Unidos, sin dudas un lucrativo negocio para los funcionarios panameños y para el gobierno cubano. Creo recordar que las oficinas de esta firma en La Habana estaban situadas a la entrada del barrio de Miramar.

 

Reinaldo Ruiz comenta que la primera vez que voló desde Colombia a Varadero en abril de 1987 con 500 kilos de cocaína, la droga fue descargada por militares cubanos, transportada a un muelle y cargada en un barco que luego fue escoltado hasta el límite de las aguas territoriales, en su travesía hacia los Estados Unidos. Un mes más tarde realizó otra operación similar, y relata como su avioneta fue escoltada por un avión de combate cubano hasta que aterrizó en el aeropuerto de Varadero.

        

Las grabaciones ocultas proporcionan muchísima información acerca de la vigilancia del Estrecho de la Florida por las tropas guardafronteras cubanas, de la protección ofrecida a los traficantes por la Fuerza Aérea y las unidades guardacostas, de la cantidad de operaciones realizadas (hasta cuatro quincenales), de los aterrizajes en las bases militares cubanas, del “bombardeo” de la droga en bolsas impermeables fosforescentes que son recogidas por lanchas rápidas que se dirigen de inmediato a los Estados Unidos.

Los “lancheros”, en su mayoría cubanos residentes en Miami, comentan en las grabaciones que tienen permiso para entrar y moverse dentro de Cuba. Muchos son autorizados a visitar a sus familiares, e incluso a sacarlos clandestinamente del país rumbo a los Estados Unidos.

  

La conexión cubana se da a conocer públicamente por primera vez en el año 1982, y las autoridades norteamericanas que investigan e instruyen el caso acusan formalmente, entre otros, al Jefe de la Marina de Guerra Revolucionaria, Vicealmirante Aldo Santamaría Cuadrado, al que fuera embajador de Cuba en Colombia, Fernando Ravelo, y al presidente del ICAP, René Rodríguez Cruz.

 

·         Un ritual de sacrificio por el Comandante

 

¿Por qué estas personas no fueron encausadas o siquiera mencionadas en la Causa Nº 1 de 1989, y en cambio si lo fueron el General Arnaldo Ochoa Sánchez y los hermanos de la Guardia?

 

¿Es posible organizar en Cuba un multimillonario negocio de tráfico de drogas que es un secreto a voces en los bares de Miami y de Key West, en el que están involucrados de una u otra manera los gobiernos de Panamá y Nicaragua, el cártel más poderoso del mundo, el ejército cubano, la aviación militar y civil, la marina de guerra, las tropas guardafronteras, las tropas especiales, el servicio exterior, la Dirección General de Inteligencia, la cúpula del Ministerio del Interior y hasta el hermanísimo Raúl, sin que ello sea del conocimiento y la aprobación del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, Primer Secretario del Comité Central del Partido Comunista de Cuba, y Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros? En cualquier otro país ello pudiera ser cierto, pero en Cuba no.

 

El que conozca cómo funciona el poder en Cuba sabe que ello no es siquiera metafísicamente posible. Un ególatra como Fidel Castro, obsesionado por la traición y por su seguridad personal, por el control y el dominio de la información hasta el más mínimo detalle; un dictador totalitario que ha diseñado y erigido una estructura en la que solo él y un reducidísimo número de elegidos conoce lo que ocurre en el país, con ojos y oídos en todas partes; un “Padrino” que convierte una derrota de la selección nacional de baseball en un problema personal; un ser omnipresente que lo mismo dirige una zafra azucarera o una guerra en África, que decide cuánta azúcar ha de añadirse a los helados, o qué proporción de carne y aditivos debe contener una hamburguesa, no puede ignorar algo así. Con estos antecedentes, creer en la inocencia del Comandante es un genuino acto de fe.

 

La Causa Nº 1 de 1989 y su complemento, la Causa nº 2 del propio año contra el ministro José Abrantes y la cúpula del Ministerio del Interior, tienen dos objetivos fundamentales.

 

En primer lugar eliminar cualquier rastro que conduzca a inculpar en la conexión cubana al que, con un 100% de probabilidades, es su autor intelectual y su máximo nivel de decisión: Fidel Castro.

 

En segundo lugar (lo que contesta la pregunta de por qué son estos los encausados y no otros) eliminar a un grupo de oficiales de rango superior, inteligentes, preparados, fogueados en el combate durante treinta largos años, respetados y admirados por todos los oficiales, clases y soldados, cuyas hazañas se conocen (y reconocen) dentro y fuera de Cuba, pero que han cometido el fatal error de comenzar a pensar con criterio propio, de criticar de manera más o menos evidente (y conocida por la contrainteligencia) las decisiones tomadas por Fidel y Raúl, y que pueden convertirse en una amenaza real para el Comandante en Jefe.

 

El desmembramiento a ojos vista del Campo Socialista y hasta “quizás” de la Unión Soviética, acontecimientos que los cubanos observan con mucha atención y con evidente esperanza, no dan lugar al más mínimo descuido, al menor desliz, al menor síntoma de debilidad.

        

Ochoa en particular exhibe demasiados éxitos, reconocidos además por todos los generales cubanos. Tiene demasiada ascendencia en la oficialidad y en la tropa, que le admira y respeta.

 

Son conocidas en las altas esferas castrenses sus discrepancias con Fidel Castro durante la campaña de Angola, y sus más recientes desencuentros con Raúl (a quién llega a retar ante otros oficiales superiores “para resolver como hombres el problema”), y todo ello termina pasándole una terrible factura:

 

La nueva ventaja militar posibilitaba el enfrentamiento exitoso con los sudafricanos, poder taponar la frontera con Namibia, amenazar todo el flanco de las fuerzas contrarias desestabilizando el poderoso cerco de UNITA y Sudáfrica sobre Cuito Cuanavale, y lanzarse luego a la destrucción de la UNITA. Sólo que ello se había logrado en medio de un choque violento durante meses con Fidel y Raúl Castro, cuyas consecuencias no se resolverían hasta un año después en medio de un Tribunal Militar, que condenaría a muerte al general Ochoa.” [17]

 

En opinión de Ochoa, de los soviéticos, del mando de la UNITA, del gobierno angoleño y de los norteamericanos, nadie podía ganar la guerra del todo en la nueva situación táctica y estratégica creada por el General cubano. Dicho en buen criollo, Ochoa “trancó el dominó”.

 

El presidente de Angola, José Eduardo dos Santos, aceptaba la propuesta norteamericana de vincular la independencia de Namibia al desmantelamiento de las tropas cubanas en un plazo de dos años, y estaba dispuesto a dialogar (de hecho lo hizo a espaldas del gobierno cubano) con la UNITA, cuyo apoyo popular no era menor que el del MPLA. [18]

 

Todos veían la necesidad, la oportunidad y la utilidad final de la negociación para todas las partes. Todos menos Fidel Castro.

 

Solo el Comandante exigía la derrota militar incondicional de la UNITA y la invasión de Namibia, a cualquier precio y a cualquier coste. Solo Fidel Castro se oponía al papel mediador de los Estados Unidos en una solución que desembocaría en la salida de los cubanos, como muestra a las claras en este otro fragmento de su discurso del 5 de diciembre de 1988:

 

Luego Estados Unidos podía matar tres pájaros de un tiro; una mayor distancia del apartheid para mejorar sus relaciones con África, un esfuerzo por la aplicación de la Resolución 435 de Naciones Unidas y, por último, eso que tanto les quita el sueño: la retirada de las tropas cubanas de Angola. Son los objetivos que Estados Unidos ha perseguido: mejorar su imagen internacional, mejorar su imagen ante los pueblos de África, lograr algún avance que les permita una posición más cómoda ante la opinión internacional y la retirada de las tropas cubanas de Angola”.

 

Por tanto el Comandante se vio obligado a aceptar, según sus propias palabras, que los Estados Unidos lograran sus objetivos, y a negociar una paz indeseable para él, que para colmo era consecuencia en la práctica del incumplimiento reiterado de sus órdenes militares desde La Habana. Había sido desafiado de la peor manera posible, con una victoria ajena y universalmente conocida en “su guerra”. Eso evidentemente era imperdonable.

 

Ochoa, Tony, Patricio y Diocles Torralba, además de ser compañeros de armas, poseían fuertes vínculos de amistad. Incluso María Elena Torralba, la hija de Diocles, era la esposa de Tony.

 

Los cuatro oficiales fueron objeto de un seguimiento durante meses por parte de la contrainteligencia militar. Sus teléfonos fueron intervenidos y en sus casas se colocó técnica de escucha, lo que permitió conocer sus verdaderas opiniones acerca de las carencias que sufría la población, de la corrupción que todo lo contaminaba e invadía, de la necesidad de una apertura económica, y también lo que pensaban acerca de los métodos de dirección del Comandante. Pero aún así seguían siendo leales a la revolución, aunque solo fuera por el hecho de que sus biografías eran inseparables del proceso revolucionario cubano.

 

Hace poco especulaba con un amigo acerca de la posibilidad de que estos oficiales estuviesen conspirando, y creo sinceramente que no. Admito que, quizás, porque aún no había llegado la hora. No obstante, también pienso que colectivamente eran una potente bomba de tiempo, con poder de convocatoria y movilización real en las Fuerzas Armadas y el Ministerio del Interior.

 

Si bien la vinculación directa de Tony de la Guardia con el tráfico de drogas queda suficientemente probada (no así el lucro personal derivado de estas actividades, cuya ausencia es algo sumamente extraño en un narcotraficante), en el caso de Ochoa las evidencias presentadas resultan débiles, y no trascienden mucho más allá de contactos y negociaciones de su ayudante el Capitán Jorge Martínez Valdés con Pablo Escobar para la posible instalación de un laboratorio para fabricar cocaína en Angola. Este último al parecer estuvo interesado en comprar al ejército cubano lanzacohetes tierra-aire.

Pero de cualquier manera el delito probado de narcotráfico, de acuerdo con las leyes cubanas, no hubiese supuesto una condena superior a los quince años de privación de libertad según el articulista Miguel Fernández-Díaz: [19]

 

El Consejo de Estado se reunió el 9 de julio de 1989 para examinar la alternativa de aplicar la sentencia de muerte o conmutarla por 30 años de prisión. Carlos Rafael Rodríguez (se refiere a un viejo comunista que ocupaba entonces el cargo de Vicepresidente del Consejo de Ministros) ratificó la tesis de que "los méritos anteriores de Ochoa no pueden ser considerados como atenuantes, sino que constituyen agravantes", y adelantó la opinión (reiterada por Castro) de "que todos los comprometidos en el narcotráfico podían haber sido condenados a la pena de muerte"… nacía la clave del fusilamiento: "Ochoa no sólo traicionó a la Revolución", sino que puso en riesgo su "fuerza moral", porque las autoridades estadounidenses "estaban formando un expediente [y] esperaban algún indicio que les permitiera incluir a Fidel Castro".

 

El castigo del general habría sido de 7 a 15 años de cárcel si hubiera jugado sólo con la cadena del narcotráfico… Según Castro, Ochoa "pudo salvarse en la primera conversación que tuvo con Raúl [29 de mayo de 1989] la segunda vez que habla con Raúl [2 de junio] o el día que Raúl habla con él para informarle el arresto" [12 de junio] si hubiera dicho "que había una pandilla traficando con drogas". Mas no cooperó "absolutamente en nada". Si "no hubiera tenido que descubrirse cada cosa que hizo, entonces se hubiera podido (…) preservarle la vida"…

 

En definitiva, como concluye Fernández-Díaz, Ochoa oficialmente fue condenado a muerte no por el delito cometido, “sino por la actitud asumida” y por “poner en peligro los pilares de la seguridad del Estado, exponiéndolo a una provocación de consecuencias catastróficas para su prestigio, su autoridad y su moral.” Aquí se trasluce claramente la simbiosis entre el Estado y el Comandante, haciendo honor a la famosa sentencia L'État c'est moi atribuida a Luis XIV de Francia, el “Rey Sol”, ejemplo palmario de absolutismo.

 

Ochoa y el resto de los condenados a muerte fueron fusilados para salvaguardar la honra de la revolución y del Máximo Traficante, en contra de las propias leyes revolucionarias. Pero en el fondo Fidel Castro estaba saldando una cuenta personal con Ochoa, y eliminando cualquier peligro potencial que provocara su propio derrocamiento.

El último acto de esta tragedia clásica se escenificó escasamente un mes después de la ejecución de la sentencia del llamado Caso Ochoa, con el desarrollo de un segundo proceso, la Causa 2/89 del Tribunal Militar Especial, esta vez contra la cúpula del Ministerio del Interior.

 

Los cargos presentados fueron “abuso en el cargo, negligencia en el servicio, uso indebido de recursos financieros y materiales, cohecho, portación y tenencia ilegal de armas, y apropiación indebida [20] contra los acusados General de División José Abrantes Fernández, el General de División Pascual Martínez Gil, el Teniente Coronel Oscar Carreño Gómez, el Teniente Coronel Manuel Gil Castellanos, el Teniente Coronel Rolando Castañeda Izquierdo, el General de Brigada Roberto González Caso, y un civil, Héctor Carbonell Méndez.

 

Este proceso provocaría también la destitución con posterioridad de decenas de oficiales del Ministerio del Interior, además de algunas sonadas deserciones, y garantizaría que todas las instituciones armadas del país estuviesen finalmente bajo el control de los hombres de la más absoluta confianza de Raúl Castro.

 

Abrantes, un hombre vinculado desde su juventud al Partido Socialista Popular, dedicado por entero desde el principio de la revolución a velar por la seguridad personal del Comandante, un soldado que vivió por y para su jefe, moriría en prisión con unos espléndidos y saludables 57 años de edad el 21 de enero de 1991, oficialmente víctima de un ataque cardíaco, llevándose consigo un enorme tesoro de información.

 

(continuará)

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[1] El libro titulado “Fin de Siglo en La Habana”, escrito por Jean-Françoise Fogel y Bertrand Rosenthal (Anaya & Mario Muchnik, 1995) presenta un recuento muy completo y pormenorizado acerca de la participación de los órganos de inteligencia cubanos en estas actividades. He aquí algunos ejemplos extraídos del mismo.   

[2] Conocí en el predio de tránsito “4 de Febrero”, un campamento situado en las afueras de Luanda, a unos cooperantes del INDAF (Instituto Nacional de Desarrollo Agropecuario y Forestal) que me relataron dichas condiciones. Según ellos, llevaban torniquetes preparados en brazos y piernas para aplicarlos de inmediato si se producía la mordedura de una serpiente venenosa. Cómo serían las condiciones, que si un cooperante decidía no regresar a Angola luego de tomar sus vacaciones al concluir su primer año de estancia (usualmente iban por dos años) le otorgaban de igual forma el “cumplimiento de misión”.  

[3] Mi padre obtuvo un televisor a color de 17 pulgadas y un reproductor de video, a cambio de un reloj de mesa del siglo XIX con unas figuras labradas en bronce, heredado de mi abuelo. Él era totalmente consciente del despojo, pero esos equipos le hicieron la vida un poco más grata en sus últimos años.

[4] Fogel, J.-F. y Rosenthal, B.- Op. Cit. páginas 52-53

[5] Discurso pronunciado por Fidel Castro en el Acto Central por el XX Aniversario de la Caída en Combate del Comandante Ernesto Che Guevara, efectuado en la Ciudad de Pinar del Río, el 8 de Octubre de 1987. Versiones taquigráficas del Consejo de Estado.

[6] Mucha gente se preguntó indignada qué habían estado haciendo entonces en los últimos 28 años.

[7] Agrupación de trabajadores con un “alto nivel de conciencia comunista” que se dedicaban fundamentalmente a la construcción de carreteras e infraestructuras, como acueductos o represas (pantanos) Trabajaban organizados en brigadas (usualmente “abanderadas” por el Comandante) sin horarios, y “albergados” en el sitio de trabajo. En compensación recibían “atención al hombre” en forma de salarios superiores a la media, buena comida, alojamientos con aire acondicionado, y el mejor equipamiento productivo. El primer contingente se creó el 1 de octubre de 1987 y se denominó “Blas Roca Calderío” en recuerdo de un viejo comunista y dirigente sindical fallecido en abril del propio año. También serían utilizados como “brigadas de respuesta rápida” para ejercer la represión en calidad de “pueblo enardecido”, como ocurrió durante el llamado “maleconazo”, unas manifestaciones en contra del gobierno que tuvieron lugar el 5 de agosto de 1994.      

[8] Discurso pronunciado por Fidel Castro en el acto de reconocimiento a la Delegación Cubana que participó en los X Juegos Panamericanos, Sala Universal de las FAR, 16 de septiembre de 1987

[9] Discurso pronunciado en la clausura de la Asamblea Provincial del Partido de Ciudad Habana, efectuada en el Palacio de las Convenciones, el 29 de noviembre de 1987.

[10] Recuerdo en particular un artículo sobre este tema, y otro que creo se titulaba “Stalin entre nosotros” o algo parecido, publicados en la Revista Ciencias Sociales de la Academia de Ciencias de la URSS. Me gustaría volverlos a leer ahora, para comprobar la opinión que me merecen después de tantos años.

[11] Declaración de Mijaíl Gorbachov sobre política exterior, de 15 de enero de 1986. Tomado de Mijaíl Gorbachov (Op. Cit.) página 177.

[12] Discurso de Fidel Castro en el acto en conmemoración del XXXII aniversario del desembarco del "Granma" y de la fundación de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, y la proclamación de Ciudad de la Habana Lista para la Defensa en la Primera Etapa, en la Plaza de la Revolución, el 5 de diciembre de 1988, "Año 30 de la Revolución".

[13] Brigadas organizadas por centros de trabajo o por el lugar de residencia, integradas por personas que por diversas razones (edad muy avanzada, problemas de salud, por tener bajo su cuidado a enfermos, dependientes o a hijos pequeños) no pertenecen a las MTT o a la reserva de las FAR. Se encargan mayormente de tareas de producción, de servicios de retaguardia y vigilancia. 

[14] Ver el film “8A-Ochoa”, de una hora y veintitrés minutos de duración, dirigido por Orlando Jiménez Leal. En una mezcla de dramatizaciones con segmentos reales muy bien escogidos de la intervención de Raúl Castro y del juicio (que fue televisado en diferido) presenta un magnífico resumen del caso.  

[15] El lector puede encontrar un extenso y pormenorizado relato de los vínculos entre Cuba, el narcotráfico y la guerrilla latinoamericana en Fogel, J.-F. y Rosenthal, B.- “Fin de Siglo en La Habana” páginas 63-77, y también en Benemelis, Juan.- “Las Guerras Secretas de Fidel Castro”, Páginas 203-235. La versión oficial la podrá encontrar en “Narcotráfico: Vindicación de Cuba”, Editora Política, La Habana, 1989.

[16]Según declaraciones del convicto narcotraficante Lehder, tras la disputa de mayo de 1984 entre el Cartel y Noriega sobre el laboratorio de Darién, Cuba instruyó a Piñeiro de hacer los arreglos necesarios para que él, Escobar y otros miembros del Cartel moviesen sus bases hacia Nicaragua. Y, añadió Lehder, los cubanos estaban a cargo de la operación de la cocaína en Nicaragua y los nicaragüenses no movían un dedo si no se lo decían (los cubanos)". Benemelis, Juan, Op. Cit.

[17] Benemelis, Juan.- Las Guerras Secretas de Fidel Castro. Op. Cit., página 167.

[18] Los cubanos que pasamos por Angola lo sabemos bien. El predio (edificio) de los cooperantes en Huambo, segunda ciudad del país, era en la práctica un cuartel sitiado que sufría algún ataque prácticamente a diario, para el cual se estableció un perímetro de seguridad y un fuerte sistema de defensa a partir de la explosión de una potente bomba el 18 de abril de 1984, que provocó oficialmente ocho muertos y decenas de heridos, muchos de ellos obreros de la construcción. El amable panadero que te saludaba cortésmente de día, se convertía de noche en un combatiente de la UNITA. Los profesores universitarios cubanos asistían a clase en dicha localidad en vehículos precedidos por barre-minas, y entraban con armas al aula mientras un compañero, también armado, hacía guardia en los pasillos. En esos momentos yo estaba en Luanda, y hasta allí se hacía sentir la presencia de la UNITA. Después del atentado de Huambo se desaconsejaba, entre otras medidas de seguridad personal, visitar la cercana playa de los Coqueiros o el Museu Nacional da Escravatura (Museo de la Esclavitud) a escasos 25 kilómetros de la capital, o incluso frecuentar el apacible barrio de Miramar con su cine al aire libre. Los cooperantes hacíamos turnos de guardia las 24 horas del día en los predios donde residíamos con fusiles AKM, pertrechados con dos cargadores de treinta proyectiles cada uno. En la ciudad había toque de queda desde las 22:00 hasta las 05:00 horas.

[19] Fernández-Díaz, Miguel “El General, la droga y el derecho” Publicación digital Cubaencuentro, 14 de julio de 2004.

[20] Transcripción de la acusación del Fiscal. Existen varios sitios en Internet que alojan el vídeo completo o por partes del juicio seguido contra Abrantes. Basta con teclear en la barra de búsqueda la frase “juicio de Abrantes” y escoger la opción deseada.