Cubanálisis El Think-Tank

             ARTÍCULO ORIGINAL PARA EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

 

 

 

    Armando Navarro Vega, Córdoba, España

  

 

 

                               

                                                                                                                                                            

 

Cataluña: algunas claves para entender el suicidio de España

 

Sin entrar en el análisis histórico de las pulsiones centrífugas que siempre han estado presentes en Cataluña, el auge del nacionalismo en los últimos 40 años es la consecuencia de la búsqueda de acuerdos o pactos de gobernabilidad de los principales partidos españoles, tanto del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) como del Partido Popular (PP), sobre la base de concesiones económicas y transferencias de competencias del estado a dicha autonomía, atendiendo a objetivos netamente partidistas, tácticos y cortoplacistas.

 

Ello ha convertido a la inmensa mayoría de los votantes españoles en rehenes de los pactos post electorales con las minorías nacionalistas e independentistas. Lo que no se ha conseguido en las urnas se obtiene en la mesa de un restaurante, a través de un edificante “diálogo” aderezado con víveres y licores finos pagados con cargo a todos los contribuyentes. A eso la élite extractiva de rentas que nos gobierna le llama “hacer política”.

 

El primer candidato a la presidencia que se vio en la necesidad imperiosa de negociar un pacto de gobernabilidad con Convergencia i Unió (y con el Partido Nacionalista Vasco) fue Felipe González en 1993, anunciando el desarrollo pleno de los estatutos de autonomía y la corresponsabilidad fiscal, cediendo un 15% del IRPF.

 

Pero fue José María Aznar quién, después de ganar las primeras elecciones por un estrecho margen, tuvo que pagar el peaje más alto a los nacionalistas (incluyendo aquella vergonzante confesión en la que aseguraba que “hablaba catalán en la intimidad”).

 

Escudándose en los “compromisos de gobierno” heredados de Felipe González, firma en abril de 1996 el Pacto del Majestic (cuyo nombre toma del hotel en el que se sella dicho acuerdo con una opulenta cena) el cual se sustanció en un nuevo sistema de financiación autonómica (cesión de la recaudación del 33% del IRPF, del 35% del IVA y del 40% de los impuestos especiales o impuestos indirectos selectivos al consumo) y la transferencia posterior de competencias en materia de tráfico, puertos, justicia, agricultura, vivienda, mediación de seguros, empleo, sanidad, educación o medio ambiente entre otros.

 

De todas las transferencias cedidas ha sido la de educación la más nociva. Ello ha posibilitado, junto con la Ley de Política Lingüística de 1998, el desarrollo de un adoctrinamiento bestial en las escuelas en el odio a España, fundamentado en un relato histórico de Cataluña rayano en el esperpento. La política lingüística y su aplicación en la enseñanza y en el comercio (a partir de la obligatoriedad de rotular los nombres de los establecimientos en catalán) ha producido una discriminación para los castellanoparlantes nunca antes conocida, y ha coartado el derecho de los padres a reclamar una enseñanza en español para sus hijos, sin excluir el catalán.

 

José Luis Rodríguez Zapatero, con su conocida declaración alegando que “el concepto de Nación es discutido y discutible”, refuerza el poder de negociación de los nacionalistas y le ofrece las herramientas necesarias a los secesionistas catalanes para llevar a cabo el actual pulso independentista.

 

Mientras los vascos obtienen en sus dos legislaturas 20 de las 27 competencias que le faltaban para completar el Estatuto de Guernica,  los nacionalistas catalanes logran la redacción y aprobación del “Estatuto de Autonomía de Cataluña de 2006” (declarado inconstitucional por el Tribunal Constitucional en 2010), mediante el cual pretenden blindar las competencias catalanas frente a cualquier posible intento de retroceso por parte de un ejecutivo español menos “generoso”, e iniciar el camino definitivo hacia la constitución de la república catalana.

 

Mariano Rajoy, pese a tener una holgada mayoría absoluta en su primera legislatura, no tomó el rábano por las hojas e incumplió minuciosamente sus compromisos electorales. En su segunda legislatura, consciente de que su investidura ha sido posible gracias al apoyo directo o indirecto (vía abstención) de los nacionalistas vascos y canarios, ha continuado con su peculiar metodología de solución de problemas: no hacer nada esperando que se resuelvan solos, o que se pudran del todo. Pues eso último es precisamente lo que ha ocurrido con Cataluña.

 

El PSOE de Pedro Sánchez impide una unión real y efectiva de los partidos constitucionalistas para aplicar los mecanismos legales previstos en la constitución, y está mucho más preocupado por las imágenes de una carga policial el día 1 de octubre (llegando a pedir la dimisión de la Vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría, a la que responsabiliza por ello) que por la sedición/rebelión protagonizada por el Govern de Cataluña.

 

El proceso soberanista catalán no es patrimonio exclusivo de la derecha o de la izquierda. Los declarados soberanistas representan una amalgama ideológica imposible de conciliar en un entorno político normal. Lo único que los une es el independentismo, cada una por sus razones particulares.

 

La izquierda reaccionaria y fascio comunista ve clara la formación de un Frente Popular para “sacar a la derecha del gobierno” en España y en Cataluña, y proclamar una República. El independentismo le está aportando los ingredientes socio-psicológicos necesarios para generar una situación revolucionaria, de ahí la adhesión a sus tesis. Y tienen razón en apreciar una oportunidad única en la debilidad del gobierno de Mariano Rajoy y en la división de los partidos llamados constitucionalistas. Cualquier acción generará una reacción revolucionaria violenta sin importar las consecuencias, incluida una confrontación civil. 

 

Por su parte la derecha independentista cree contar con un aliado controlable, con capacidad de movilización y auto investido de una superioridad moral (gracias a la hegemonía cultural de la izquierda) tras el cual se parapeta para impedir que le tilden de xenófobos, nazis y fascistas. Lo que no saben es que esa izquierda carnívora los va a devorar como un león a un corderito cuando existan las “condiciones objetivas y subjetivas”, porque la consideran parte del viejo régimen tanto como al Partido Popular, Ciudadanos, al Partido Socialista o la Monarquía.

 

No obstante, la matriz del nacionalismo catalán de las últimas décadas es de derechas. En 1978 surge Convergencia y Unión (CIU) integrada por la fusión de dos partidos de ideología catalanista: Convergencia Democrática de Cataluña (CDC) de centro derecha y liberal, y Unión Democrática de Cataluña (UDC) de orientación democristiana.

 

Bajo el liderazgo de Jordi Pujol (quien jugó un destacado papel en la construcción del régimen autonómico español) CIU gobernó ininterrumpidamente entre 1980 y 2003, incluyendo tres mayorías absolutas. En 1999 el Partido Socialista de Cataluña (PSC) obtuvo mayoría de votos pero no de diputados. 

 

CIU con Pujol al frente apoyó consecutivamente a Adolfo Suárez (Unión de Centro Democrático o UCD) en la llamada Transición, a Felipe González (PSOE) y a José María Aznar (PP), convirtiéndose en un inestimable colaborador del poder central y acreedor de un reconocimiento de parte de estos por su “contribución a la paz, el progreso, la democracia y el interés general”, pero siempre a cambio de los apoyos parlamentarios que pudiese necesitar y del fortalecimiento institucional del “hecho diferencial” catalán.

 

Las cosas comenzaron a torcerse para CIU cuando Artur Mas asumió por designación el relevo de Pujol en 2001, generando una fricción muy importante con el líder de la antigua Unió Josep Antoni Durán i Lleida. En las elecciones de 2003 una coalición de partidos conocida como “el Tripartito Catalán” e integrada por el Partido Socialista de Cataluña (PSC) Esquerra Republicana de Catalunya e Iniciativa per Catalunya Verds – Esquerra Alternativa, asume el gobierno de la Generalidad hasta 2010, año en que CIU regresa con fuerza con unos excelentes resultados electorales gracias a los disparates del Tripartito, y a pesar de las acusaciones de corrupción que éste destapó en su primera legislatura (el famoso cobro de comisiones de CIU conocido como “el problema del tres por ciento”).

 

Artur Mas inicia la deriva independentista, probablemente en un intento para desviar la atención de los casos de corrupción y ante el fracaso en la obtención de un nuevo y ventajoso pacto fiscal con Mariano Rajoy. En 2012 convoca unas elecciones anticipadas proclamando la intención de iniciar un proceso u hoja de ruta soberanista, pero registra un importante retroceso en votos y escaños, lo que se interpreta como un fracaso de su programa.

 

En 2013 Mas convoca una consulta sobre la independencia de Cataluña que tiene lugar el 9 de noviembre de 2014. Aunque fue impugnada y declarada carente de valor jurídico por el ejecutivo español, y la participación ciudadana superó escasamente el 37%, el 81% de los participantes se mostró favorable al “sí”.

 

Artur Mas propone crear en diciembre de 2014 una lista única de partidos favorables a la independencia bajo el nombre de Junts pel Sí o Juntos por el Sí. De esta forma las elecciones tendrían un carácter plebiscitario a favor de la independencia. 

 

Todo ello genera serias fricciones en el seno de CIU entre los partidos que forman la federación (CDC y UDC). Los dirigentes de Unió se oponen a traspasar la línea roja que supone vulnerar la legalidad con procesos constituyentes o declaraciones unilaterales de independencia, y este desencuentro concluye con una consulta a la militancia en junio de 2015, un ultimátum de CDC, y el anuncio posterior de que ambas formaciones no concurrirían juntas a las próximas elecciones a celebrarse el 27 de septiembre del propio año.

 

Junts pel Sí obtuvo un magnífico resultado sin llegar a la mayoría absoluta, pero gracias a los escaños de “Candidatura de Unidad Popular” conocido como CUP, un partido de extrema izquierda defensor de la independencia de Cataluña y de los llamados Países Catalanes, la suma de ambas supera la mayoría absoluta en cuanto a número de escaños, no así en términos de votos (cerca del 48% Junts pel Sí más la CUP) A pesar de ello Mas proclamó que había obtenido el mandato explícito para desarrollar el proceso de independencia. El término “Países Catalanes” incluye en su definición extensiva a Cataluña, Islas Baleares, la Comunidad Valenciana, Andorra, la Franja de Aragón o área oriental de Aragón catalanoparlante contigua a Cataluña, la ciudad italiana de Alguer en la isla de Cerdeña, el territorio histórico del Rosellón perteneciente al departamento francés de Pirineos Orientales y El Carche, un pequeño territorio perteneciente a la región de Murcia.

 

No obstante las negociaciones para proclamar la investidura fueron arduas. Mas estaba muy contaminado con los casos de corrupción de su partido, y pendiente de una inhabilitación por ser el responsable de la consulta ilegal del 9-N. Finalmente en enero de 2016 fue sustituido por Carles Puigdemont, el cual ha conducido a Cataluña y España al escenario de ruptura actual.

 

Cuesta trabajo desentrañar la madeja de partidos, organizaciones y asociaciones que están presentes o que están representados en el arco parlamentario catalán. Los nombres y los discursos en muchos casos son muy parecidos, y recuerdan las situaciones hilarantes representadas en la película “La vida de Brian”:

 

Candidatura de Unidad Popular (CUP).-  ya fue presentada anteriormente. Gracias a sus presiones (en particular de su corriente interna más beligerante) Junts pel Sí aceptó la realización del referendo en la hoja de ruta. Dentro de ella alberga dos sectores usualmente en tensión: Endavant y Poble Lliure.

 

Organizació Socialista d´Alliberament Nacional (OSAN o Endavant).-  representa la corriente más anticapitalista de la CUP. Se considera la promotora e impulsora principal del veto a Artur Mas para presidir la Generalitat.

 

Poble Lliure.- Se considera una corriente más moderada dentro de la CUP, mantuvo fuertes discrepancias con Endavant por mostrarse favorable a la investidura de Artur Mas o a la aprobación de los presupuestos presentados por Junqueras.

 

Esquerra Republicana de Cataluña (ERC).- Esta organización política de larga data (1931) se considera el principal partido catalanista en la Segunda República. Impulsor destacado del proceso soberanista, forma parte del gobierno catalán desde 2015 y  apunta potencialmente como ganadora de las siguientes elecciones. Dentro de su órbita se ubican Avancem y Moviment d´Esquerres.

 

Avancem.- Inicialmente surgió, como en otros casos, como una escisión del Partido Socialista de Cataluña (PSC) y adquirió entidad propia a partir de 2014. Su accionar se centra en enrolar a los partidos de izquierda en la causa soberanista.

 

Moviment d´Esquerres.- Es el resultado de la unión de dos partidos escindidos del PSC: Nova Esquerra Catalana y Moviment Catalunya. Como parte de la coalición Junts pel Sí tiene presencia en el Parlament (una diputada) y en varios gobiernos municipales en alianza con ERC.

 

Catalunya en Comú.- como partido tiene la misión de consolidar “una izquierda transformadora y soberanista” (aunque no independentista). Su formación fue impulsada por En Comú Podem y en su dirección cuenta con afiliados a Barcelona en Comú, Podem (Podemos) Iniciativa per Catalunya-Verds, o Esquerra Unida i Alternativa entre otros.

 

Esquerra Unida i Alternativa (EUiA).- formación federada a IU (Izquierda Unida) ha logrado forjar alianzas con Podemos en Cataluña y España. Participó en la creación de Barcelona en Comú, Catalunya Sí que es Pot (la marca de la izquierda no independentista en las elecciones de 2015) y En Comú Podem para las elecciones generales.

 

Comunistes per Catalunya.- forma parte de la estructura de EUiA y por tanto a su vez de Catalunya en Comú. Sus militantes proceden del disuelto Partido Comunista Catalán (PCC) y del Partido Socialista Unificado de Cataluña (PSUC)

 

Catalunya Sí que es Pot.- como coalición de izquierdas se presentó a las elecciones de septiembre de 2015 con el apoyo de ICV, Podem y EUiA. Las discrepancias surgidas internamente la han debilitado. Favorable al referéndum.

 

En Comú Podem.- Coalición aliada con Podemos, ha ganado las dos elecciones generales del período 2015/16. Reunió a ICV, Podem, EUiA, Equo y Barcelona en Comú, la formación de la alcaldesa de Barcelona Ada Colau. No pudo formar grupo propio en el Congreso, pero Podemos les ha posibilitado tener voz propia gracias al reparto de tiempos de las intervenciones.

 

Barcelona en Comú.- movimiento auspiciado por ICV, Podem, EUiA, Procés Constituent y Equo. Su victoria con Ada Colau al frente en Barcelona, sirvió de ejemplo para Catalunya Sí que es Pot en las elecciones al Parlament, y para En Comú Podem al Congreso, hasta la creación de Catalunya en Comú.

 

Podem.- es la agrupación catalana del partido Podemos que dirige Pablo Iglesias a nivel nacional. Se ha ido integrando con fines electorales en las llamadas “confluencias de izquierdas” (Catalunya Sí que es Pot y En Comú Podem) pero no se ha unido a Catalunya en Comú. Dentro de la formación hay una corriente crítica que se denomina Juntes Podem que si se ha integrado a esta última en contra del criterio de la dirección. Otra de las corrientes internas es Revolta Global, proveniente de la asociación estatal conocida como Izquierda Anticapitalista, que se integró a Podemos en 2014 y que constituye su ala más extremista.

 

Iniciativa per Catalunya-Verds (ICV).- formación ecologista situada muy a la izquierda, heredera del PSUC. Ha colaborado activamente con otros partidos soberanistas para la celebración del referéndum, y confluyó con Podemos en las elecciones municipales y catalanas. Es muy probable que se integre definitivamente en Catalunya en Comú, en cuya dirección ya se ubican algunos de sus principales dirigentes.

 

EQUO.- es otra formación ecologista con escasa presencia en Cataluña, aunque forma parte de todas las coaliciones de izquierda.

 

Junts pel Sí.-  es actualmente el principal grupo del Parlament con 62 escaños. Como ya se comentó, es el nombre de la candidatura soberanista que se presentó a las elecciones de septiembre de 2015. Comparten esta plataforma formaciones de izquierda como ERC y de centro derecha como el Partido Demócrata Europeo Catalán o PDECat surgido a partir de CDC, así como un nutrido grupo de independientes y figuras de otros partidos como MES o DemCat, entre otros. Junto a la CUP, es el principal sostén del gobierno independentista de Puigdemont.

 

Partit Demócrata Europeu Catalá (PDECat).- a diferencia de CIU y de CDC, se define como inequívocamente independentista. Presidido por Artur Mas y Neus Munté ha dado sus primeros pasos con dificultades internas e importantes caídas de apoyo electoral.

 

Reagrupament.- Es un partido autónomo salido de una corriente crítica de ERC que se ha ido acercando a CDC. Presentó su candidatura a la dirección del PDECat sin éxito. Apoyó la candidatura de Junts pel Sí y estuvo en la candidatura de Democracia i Llibertat en 2015.

 

Democracia i Llibertat.- es la marca electoral de CDC para presentarse, junto con Demócrates y Reagrupament a las primeras elecciones generales de diciembre de 2015 y obtuvo 8 escaños en el Congreso. CDC optó en la repetición de las elecciones de junio de 2016 por presentarse de manera independiente, y obtuvo el mismo resultado.

 

Demócrates de Catalunya (DemCat).- es una escisión proindependentista de UDC. Se integró a la candidatura de Junts pel Sí en las elecciones de diciembre de 2015.

 

Por otra parte están los llamados “partidos constitucionalistas” de ámbito nacional, que son el PSOE, el PP y Ciudadanos. Este último surge a partir de la plataforma Ciutadans de Catalunya, y se ha convertido en un partido de referencia contra el soberanismo. Ha pasado de ser un partido exclusivamente catalán a ocupar una posición destacada en la política española. Dentro de Cataluña es el principal partido de la oposición, y ha ido creciendo paralelamente con el auge del independentismo, y en proporción inversa al declive de PSOE y PP. En fechas recientes se ha definido como liberal, lo que ha supuesto algunas tensiones internas.

 

Además de esta relación de los partidos más relevantes del arco parlamentario catalán, hay una gran cantidad de entidades muy vinculadas al nacionalismo y al independentismo, que juegan un importante papel en la propagación de esta corriente:

 

Associació de Municipis per la Independència (AMI).- Agrupa a 787 municipios favorables a la separación de España. Junto a ANC y Omnium Cultural, integra el grupo de entidades más importantes que apoyan la secesión.

 

Assembla Nacional Catalana (ANC).- Es la gran entidad independentista de la sociedad civil catalana. Con unos 80,000 adheridos ha promovido las mayores movilizaciones en los últimos años. La actual presidenta del Parlament Carme Forcadell fue también Presidenta de ANC.

 

Omnium Cultural.- fundada originalmente en la etapa franquista con el objeto de promocionar la lengua y la Cultura Catalana, cuenta en la actualidad con 67,000 socios y ha participado en los últimos años de manera destacada en las grandes movilizaciones de la Diada (Día de Cataluña).

 

Col lectiu de Catalans Lliures.- Vinculada con el sector más liberal del PDECat, es una plataforma y think tank en el que se agrupan los liberales independentistas.

 

Catalunya Sí.- Vinculada a ERC, es otra plataforma política cuyo objetivo es sumar adeptos al independentismo desde la sociedad civil catalana, y promocionar para las listas de ERC a personalidades e intelectuales.

 

Por el lado contrario destacan casi en exclusiva Societat Civil Catalana (considerada como la “ANC unionista” o “anti ANC”, que desde 2014 trata de reunir y movilizar todas las sensibilidades contrarias al independentismo catalán con el apoyo de los populares, socialistas catalanes y Ciutadans) y Concordia Cívica, creada en 2017, cuya misión es luchar contra el nacionalismo excluyente.

 

El nacionalismo y el independentismo catalán son una hidra de mil cabezas. Llama la atención la gran cantidad de partidos, asociaciones o plataformas dedicadas en cuerpo y alma a producir el desgarramiento territorial de Cataluña y España, y dentro de ellas el claro y cuantitativamente significativo posicionamiento de izquierdas. En su mayoría de extrema izquierda.

 

Se asegura que aún existe una “mayoría silenciosa” de catalanes que no quiere la independencia y que tiene miedo a pronunciarse. Es cierto que “señalarse” en ese sentido tiene unas consecuencias muy negativas, porque el nacionalismo catalán es excluyente y no tolera “disidencias”. O estás a favor del “proceso”, o eres un enemigo al que hay que combatir por todos los medios. Mientras los independentistas cuentan con todo el apoyo y los recursos del gobierno de la Generalitat, los no independentistas se sienten abandonados por el gobierno español. Y añadiría, con toda la razón del mundo.

 

Pero no es menos cierto que el trabajo ideológico desarrollado durante décadas por los independentistas (con la inestimable contribución del PSOE y el PP por omisión y/o dejación de sus responsabilidades de gobierno en el interés de España) ha dado sus frutos. La reciente huelga general convocada por el gobierno catalán en apoyo al órdago soberanista ha servido para mostrar la imagen de un millón de personas, según datos de la policía autonómica, manifestándose a favor de la independencia. Quizás no sea un millón, pero no cabe duda de que participaron cientos de miles. He visto muchas caras y gestos de odio en ciudadanos de todas las edades, en particular de jóvenes, como para no sentir una auténtica preocupación. La siembra ha dado sus frutos.

 

Como diría Ortega y Gasset, el proceso de desintegración de España "avanza en riguroso orden, desde la periferia al centro”. En mi opinión, simplificando con trazos muy gruesos y algo de humor negro, se podrían concebir tres posibles escenarios generales como colofón:

 

§         En el peor escenario pierden Cataluña y España. Se produce una cruenta confrontación civil, ganan los “buenos” y se proclama la Federación de Repúblicas Socialistas Soviéticas de Cataluñistán y Españistán. Aunque parezca una broma no es del todo imposible, pero si bastante improbable por el momento.

 

§         El escenario intermedio sería una salida negociada de Cataluña a medio plazo (con un ojo puesto en País Vasco, Navarra, Baleares, Galicia, Canarias y otras comunidades) que evite la inmediata implosión de España, creando una división político administrativa (inspirada en el “federalismo” que pretende impulsar Pedro Sánchez, el Secretario General de PSOE) similar a los reinos de taifas posteriores a la disolución del califato de Córdoba, que en un largo plazo no muy lejano termine por dibujar otra nación esencialmente inviable. Aquí también pierden Cataluña y España, pero en cámara lenta. Este escenario aún es posible y bastante probable.

 

§         El escenario óptimo sería el control de la situación actual, previo consenso mayoritario y con el empleo de todos los recursos legales necesarios, y la construcción inmediatamente posterior de un nuevo marco constitucional e institucional que modifique el régimen del 78´, y que acabe con la impunidad de la que goza la partitocracia responsable en buena medida de toda esta situación. Lamentablemente este escenario es casi imposible y altamente improbable.