Cubanálisis El Think-Tank

             ARTÍCULO ORIGINAL PARA EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

 

 

 

     Antonio Arencibia, La Coruña, España

  

 

 

                               

                                                                                                                                                            

 

VII Congreso del PCC: la falsa importancia del partido “inmortal”

 

En Europa vivimos de forma muy directa las repercusiones de las alianzas militares contradictorias para acabar con el Estado Islámico (Daesh), los cientos de miles de refugiados que quedan abandonados ante el cierre de fronteras dentro de la Unión Europea (UE), y el enorme despliegue de fuerzas de seguridad y el ejército para enfrentar el terrorismo yihadista en países de este continente. Pero esos temas solo tienen interés informativo en Cuba, donde el régimen dictatorial está priorizando redefinir su ineficiente modelo para poderse insertar al país en el mercado global a niveles mínimamente aceptables.

 

Para la élite gobernante en la Isla son más cercanos y directos los problemas de sus aliados continentales, como los resultados de las elecciones del 6 de diciembre a la Asamblea Nacional de Venezuela, que -a pesar de trampas para favorecer a Nicolás Maduro- van a complicar aún más la gobernabilidad de ese país.

 

En noviembre, Argentina dio la primera señal de que está cambiando la correlación de fuerzas en América Latina, hasta ahora favorable a la izquierda. El nuevo presidente, Mauricio Macri, tiene como tarea interna pasar definitivamente la página Kirchner, y además quiere poner coto a los desmanes del energúmeno de Caracas, excluyéndolo de Mercosur (1). Y aunque Dilma Rousseff se opone con firmeza a esa exclusión, ella tiene sus propios problemas, y son de una envergadura tal que pueden conducir a la parálisis de Brasil, ya que la Cámara de Diputados ha aceptado dar los primeros pasos para someter a la presidenta a juicio político (impeachment) por adulteración de las cuentas públicas de la nación.

 

El vetusto generalato criollo, además de preocuparse por sus aliados, tiene que dedicar tiempo a encarrilar un problema que puede enturbiarle sus nuevas relaciones con la administración Obama y que afecta su imagen regional. Se trata del nuevo éxodo que ha dejado atrapados en América Central a miles de cubanos, en otro episodio de la histórica despoblación del país provocada por el castrismo, y cuyo primer corolario ha sido la restricción de viajes personales al extranjero a los trabajadores de la salud.

 

Siendo este y otros temas sociales, económicos y políticos tan importantes para el pueblo de Cuba, cabría preguntarse ¿qué podrá ofrecer de nuevo a los cubanos el VII Congreso del Partido Comunista que se iniciará dentro de cuatro meses? Aunque parezca a muchos lectores un tema obvio, repetitivo y hasta risible, ya han empezado a surgir indicaciones de que ese congreso será diferente de los cónclaves comunistas previos.

 

Función del PCC durante la Sucesión “raulista”

 

En el 2006, con la famosa proclama sucesoria, se inició el apagón de Fidel Castro, figura absoluta durante más de medio siglo de tiranía, creador del Partido Comunista de Cuba y la vez dictador del mismo. En ese momento parecía ponerse a prueba la reiterada declaración de Castro “los hombres mueren, el Partido es inmortal”. Los hechos demostrarían que ni con Fidel Castro ni con su hermano esa institución dejaría de ser un instrumento servil del líder de turno.

 

En diciembre del 2006 las altas esferas del régimen temían aún el desenlace fatal de la dolencia del tirano, y por eso en el aniversario del Desembarco del Granma, el General de Ejército se subía a un jeep junto a los tres Comandantes de la Revolución para crear la ilusión, -como escribimos en estas mismas páginas de Cubanalisis-, de que sobrevivía una especie de "Comandante en Jefe colectivo".

 

En ausencia de Fidel Castro se debía respetar su Proclama, para lo cual -con la mediación de Juan Almeida- se superaron viejas diferencias entre Raúl Castro y Ramiro Valdés. El pacto se hizo público y efectivo cuando el Sucesor designado fue saludado como “cancerbero de la Revolución” por quien fue en dos ocasiones jefe de la infame policía política.

 

Como el trance de salud no fue fatal para el Castro mayor, su supervivencia fue saludada por los plumíferos del régimen como la del gran caiguarán, el árbol maderable más duro de la Isla. Con el tiempo y tras breves reapariciones y múltiples escritos desacertados, Fidel Castro ha entrado  en el reino vegetal: hoy en día ya casi es paisaje.

 

Una vez pactada la jerarquía entre los históricos no hubo revueltas palaciegas, sino una silenciosa purga de los “jóvenes talibanes” que habían sido aupados por el Líder Máximo y que, equivocadamente, pensaban que les tocaba la batuta. Se les defenestró y se oficializó la asunción del hermano menor como “mínimo líder” al frente del caos heredado.

 

¿Qué papel jugó en todo esto el “inmortal” Partido? Nada de sesiones del Comité Central: los cambios y los acuerdos fueron cocinados en cónclaves de combatientes del Segundo Frente Oriental o en reuniones de los militares históricos miembros del Buró Político, hasta que se creó un club selecto de decisiones: el Comité Ejecutivo de ese Buró Político.

 

En ese proceso los vacíos en puestos claves del Partido y el Gobierno se rellenaron con tecnócratas y burócratas procedentes de las Fuerzas Armadas, y comenzó una transición gatopardesca a la criolla.

 

Hubo sorpresas, pues Raúl Castro tuvo que empezar por desechar planes y proyectos incosteables que habían proliferado según la voluntad de su hermano. Como muy bien ha resumido Eugenio Yáñez, se tuvieron que “eliminar todas las campañas sin sentido de tiempos del Comandante, como la batalla de ideas, las microbrigadas, las escuelas en el campo, los “trabajadores sociales”, y la revolución energética, entre otras” (2). Como era de esperar, igual que se aceptaron todas esas absurdas campañas y decisiones, tampoco hubo debate en el PCC cuando se erradicaron.

 

Para el 2011, en el VI Congreso del PCC, la cúpula gobernante hizo aprobar unos Lineamientos Económicos y Sociales que, más allá de su aburrida y barroca redacción, y de ser muy conservadores y contradictorios, se apuntaron hacia lo novedoso en comparación con el asfixiante estatismo de todas las actividades económicas bajo Fidel Castro.

 

Volviendo al citado trabajo de Yáñez, se propició “el trabajo por cuenta propia y el consiguiente surgimiento de un grupo de trabajadores, que en estos momentos rondarían el medio millón, que no resultan empleados del gobierno; la entrega en usufructo a particulares de tierras estatales que el gobierno simplemente no está en condiciones de cultivar; el desprenderse del sector de servicios a la población administrado por el gobierno, que durante toda su existencia “revolucionaria” se había caracterizado por ineficiencia, pérdidas, robos y maltrato a los clientes, y entregarlo en usufructo a cooperativas de trabajadores” (2).     

 

Extraños pasos hacia del VII Congreso

 

En los próximos días deben concluir todas las Asambleas Provinciales del PCC. Hasta el momento solo faltan la nueva provincia de Mayabeque y Ciudad de La Habana. En todas las asambleas concluidas, excepto la celebrada el viernes 4 de diciembre en la provincia Granma, se han ratificado a los Primeros Secretarios Provinciales del Partido, en señal de aprobación de su gestión por los dúos del Buró Político y/o el Secretariado que las presidieron.

  

En el congreso anterior, su documento principal, (el “Proyecto de  Lineamientos de la Política Económica y Social del Partido”), se hizo público seis meses antes y fue debatido no solo por las asambleas provinciales del PCC, sino también por las llamadas organizaciones de masas y muchos centros laborales y de estudios.

 

Pero para el VII Congreso no hay un documento base general, y tampoco las provincias están analizando el cumplimiento de los Lineamientos y la marcha de la “actualización del modelo”, sino solamente los logros y las deficiencias puntuales de sus empresas económicas y de servicios.

 

Los reportajes en la prensa oficial de esas reuniones provinciales están llenos de muy serias críticas sobre la gestión económica; basta leer algunos titulares de esos reportajes para comprobarlo. El del PCC en Matanzas fue “Elevar la eficacia del Partido en el sector de la producción de alimentos”; en Cienfuegos “Explotar todas las reservas agroindustriales”; en Sancti Spíritus “Hay que actuar como militantes”; en Camagüey “Rescatar la dignidad ganadera de los camagüeyanos” y en Granma “Dejar a un lado las justificaciones para abrirle camino a la eficiencia económica”.

 

Llama la atención que a pesar de las deficiencias recogidas en la marcha de la economía en todas las provincias, se haya ratificado en su casi totalidad a los primeros secretarios de las direcciones partidistas provinciales.

 

Un proyecto secreto conceptual y de cambios jurídicos

 

Como norma los congresos partidistas tienen como base previa un documento, o una plataforma programática, a la que se le da seguimiento. Como para el de abril del 2016 no se ha seguido ese procedimiento con los Lineamientos, había que buscar una razón.

 

La primera pista al respecto me llegó tras la lectura en Cubanálisis del artículo de Arnaldo Ramos Lauzurique, titulado Raúl Castro se quiere “conceptualizar” (3). Este periodista independiente, miembro de la Red Cubana de Comunicadores Comunitarios, apunta en su trabajo que en la clausura el pasado mes de julio de sesión de la ANPP, Raúl Castro dijo -según resumen del diario oficial Granma- “que entre las actividades llevadas a cabo ha estado la elaboración de la conceptualización teórica del socialismo en Cuba -lo cual nunca se ha hecho en el transcurso de la Revolución-, y sobre las líneas y sectores estratégicos que centrarán el desarrollo económico y social del país hasta 2030, lo que se analizará en el VII Congreso del Partido” (4).

 

En igual sentido ha escrito un trabajo en Diario de Cuba, Osmar Laffita Rojas, donde plantea que desde julio del 2013, hace más de dos años, el llamado “zar de la economía”, Marino Murillo Jorge, habló de la conceptualización teórica, y que en aquella ocasión había “explicado a los diputados de la Asamblea Nacional, no a la prensa oficial, que la susodicha conceptualización descansa en los Lineamientos” (5).

 

Vemos que en secreto hace por lo menos un par de años se está elaborando un proyecto para teorizar o conceptualizar el modelo de socialismo neocastrista. Como se acerca el VII Congreso, parece ser que el régimen ha autorizado a opinar al respecto a uno de sus hombres de confianza. Ese papel ha recaído en Darío Machado Rodríguez, actualmente profesor destacado del Instituto Internacional de Periodismo “José Martí”, quien fuera en 1996 el nuevo director del Centro de Estudios de América (CEA), como parte de la represión ordenada por Fidel Castro y diseñada por Raúl Castro contra los miembros de aquella institución que habían osado discrepar de las decisiones del régimen.

 

Machado Rodríguez acaba de escribir para el sitio oficial Cubadebate un largo artículo titulado “Acerca de la democracia, la Constitución y el poder de cara al VII Congreso del PCC”, donde no habla de la elaboración del documento teórico, sino de lo que se desprende del mismo desde el punto de vista jurídico, y ratifica que hay todo un proceso de análisis de cambios que se están haciendo en secreto. Dice Machado que las medidas de corte económico que están aplicándose en Cuba reclaman que “más temprano que tarde se introduzcan cambios en la Constitución de la República” y que “[e]s conocido que en ello se está trabajando, aunque no hay detalles respecto a la metodología que se está siguiendo al respecto ni sobre cuáles instituciones y personas están participando” (6).

 

Este viejo apparatchik no miente cuando dice que “no hay detalles”, pero no podría escribir donde escribe, ni decir algunas de las cuestiones que luego veremos, sin tener luz verde y alguna información de los ingredientes principales de lo que se está cocinando en el penthouse del PCC. Por eso saluda el trabajo de esos teóricos sin nombre y de paso advierte que es  muy importante que eviten adoptar “marcos referenciales que permitan un desarrollo descontrolado de las relaciones mercantiles”, con lo que “terminaría afectándose el sentido socialista de la construcción social”.

 

Por supuesto, el profesor Machado ataca -como es su obligación- al pluripartidismo, y destaca la importancia de que en el mundo no solo se derrote al neoliberalismo, sino que se evite regresar al liberalismo. Afirma que la separación de funciones del Partido y del Estado en modo alguno puede verse como absoluta. Reconoce, -y quizás teme que ocurra en el futuro en Cuba- que las diferencias sociales, en particular las clasistas, son consustanciales al sistema mercantil capitalista, pero no aclara por qué China es socialista si tiene miles de millonarios.

 

Lo que sí me ha sorprendido de este trabajo es que su autor tiene permiso de dar su opinión (o dar la de sus jefes) pues propone algunas cuestiones novedosas:

 

(a) que el Estado debe reconocer la diversidad de opiniones debido a la multiplicidad de intereses y la necesidad de que se hagan públicas;

(b) que la reforma constitucional debe incluir una ley de prensa que garantice la expresión del pluralismo político;

(c) que esa reforma requiere de un amplio y exhaustivo proceso de debate social y debe aprobarse mediante referendo;

(d) que hay criterios respecto al funcionamiento del Poder Popular, ejemplificado por menor participación en los procesos electorales, y por los votantes que dejan la boleta en blanco o la anulan;

(e) que hay que reconocer que el propio Poder Popular en su funcionamiento ha perdido también presencia política y fuerza representativa real entre la ciudadanía;

(f) que experiencias como la vietnamita o la venezolana han resultado ser importantes y válidas en sus respectivas realidades y que sea oportuno y beneficioso conocerlas y estudiarlas, pero no deben ser adoptadas como lo que hay que hacer en Cuba;

(g) que está en desacuerdo con quienes proponen que el Presidente de la República sea elegido por el voto directo del pueblo y no por la ANPP devenida colegio electoral; y

(h) que rechaza la idea de cambiar el nombre del PCC para recuperar el de “Partido Unido de la Revolución Socialista” que tenía anteriormente. (6)

 

El trabajo de Machado Rodríguez termina con una exhortación para que los militantes del Partido Comunista de Cuba lleven a cabo “un análisis profundo y desprejuiciado de la experiencia del centralismo democrático, de sus métodos”, examinen “sus conceptos de la democracia, [para] cambiar en función de las nuevas realidades, prescindir en los órganos y organismos de todo aquel que no esté en capacidad ya de desaprender el ordeno y mando, el verticalismo, el ejercicio desmedido de la autoridad y de quien no quiera aprender y practicar la democracia consciente y responsable. Para generar democracia lo primero es pensar y actuar democráticamente” (6).

 

Si no se supiera historia este último párrafo podría hacernos pensar, pero sabemos que el autor no ignora que el PCC surgió de un ejército guerrillero, que la autocracia ejercida por Fidel Castro y continuada después por métodos de ordeno y mando solo genera servilismo -ya sea cierto o fingido- o rebelión. Y aquí va una modesta opinión: que la premisa para actuar democráticamente, es liberarse del opresor y no esperar su permiso para ser un “demócrata vigilado”.

 

Cambios con el PCC de comparsa

 

A estas alturas es evidente que las comisiones designadas por las altas instancias del régimen para elaborar un complejo proyecto ideológico, de estructuración socioeconómica, y de normativas jurídicas, no han terminado a tiempo para presentar al menos parte de su trabajo antes del VII Congreso del PCC. En el mejor de los casos, los delegados conocerán el resumen de algunas propuestas en el curso del evento de abril y habrá que esperar al 2018, fecha planteada por Raúl Castro para el fin de su mandato, para conocer su redacción final.

 

Algunos colegas consultados divergen en su opinión sobre lo que sucederá en los dos años que separan el congreso del 2016 del evento del 2018.  Hay quien considera que se adelantará el VIII Congreso del PCC para poder aprobar los cambios en la dirección del Partido y el Estado, y otros piensan que esto puede hacerse en una Conferencia del PCC. En mi opinión se necesita un Congreso Extraordinario para conocer y aprobar el proyecto de documentos, y luego un par de años más, hasta el 2020, para el referendo de aprobación de las modificaciones constitucionales.

 

En cuanto a la “conceptualización” de ese socialismo neo-castrista, dudo mucho que se parezca siquiera a la Doi moi (Renovación) vietnamita. Las medidas de restricción de salida al exterior a los profesionales de la salud, y la absurda tarea de incorporar a los cuentapropistas a los sindicatos, indican la decisión del régimen de seguir persistiendo en frenar las libertades individuales y el desarrollo del mercado.

 

El pasado mes de noviembre, en la Filmoteca de Barcelona, y en el marco de la Muestra de Cine Independiente Cubano, el escritor cubano Iván de la Nuez dio una interesante charla. Dijo el autor de La Balsa Perpetua y el Comunista Manifiesto, que durante la Guerra Fría solo se concebían dos tipos de sociedad, el totalitarismo y la economía de Estado, y su contrario, la democracia y la economía de mercado. Pero, -añadía-, 25 años después de la caída del Muro de Berlín, “lo que se ha impuesto en buena parte del Este de Europa, en los emiratos árabes, en Rusia y en China, es un inesperado tercer modelo a base de mercado y totalitarismo”(7).

 

No reprocho al escritor cubano que no incluya en este tercer modelo a América Latina, solo aclaro que el 3 de diciembre fue aprobada la reelección presidencial indefinida por el Congreso de Ecuador, y como ese cambio sustancial ya está vigente en Venezuela y Nicaragua, y se prepara en Bolivia, hay cuatro países del ALBA que se acercan a la autocracia, aunque no les vaya a todos muy bien en la asignatura “economía de mercado”.

 

En ese sentido, y dado el proceso en curso, creo que, al contrario, en Cuba la autocracia tiene fecha de vencimiento, y que solo faltan para marcar el cambio un retiro y unos funerales. Terminado el largo periplo de los Castro, se allanará uno de los grandes obstáculos para empezar a derogar la Helms-Burton, y en la Isla seguirá un estricto control, pero no se puede construir la figura de un nuevo dictador.

 

Me atrevo a anunciar, una “dictablanda” de transición a cargo de la élite de los militares, tecnócratas y burócratas, todos muy respetuosos de los intereses inversionistas extranjeros.

 

El partido “inmortal” seguirá allí, pero cada vez se parecerá más a su creador, el casi desaparecido “Caiguarán en Jefe”: será solo paisaje.

   

NOTAS

 

(1) César G. Calero, Mauricio Macri, frente al reto de pasar la página K en Argentina, El Mundo, 23 de noviembre del 2015.

(2) Eugenio Yañez, Cuba: parálisis al borde del abismo, Cubanalisis, 7 de septiembre del 2015.

(3) Arnaldo Ramos Lauzurique, Raúl Castro se quiere “conceptualizar”, Cubanalisis, 30 de noviembre del 2015.

(4) Raúl Castro Ruz, No hay nada imposible para un pueblo como este, Juventud Rebelde, 15 de julio del 2015.

(5) Osmar Laffita Rojas, Los secretos mejor guardados, Diario de Cuba, 3 de diciembre del  2015.

(6) Darío Machado Rodríguez, Acerca de la democracia, la Constitución y el poder de cara al VII Congreso del PCC, Cubadebate, 2 diciembre del 2015.

(7) Ignacio Vidal-Folch, Nueve apellidos catalanes, El Mundo, noviembre 28 de 2015.