Cubanálisis El Think-Tank

ARTÍCULO ORIGINAL PARA EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

  

 

 

                                Antonio Arencibia, España

                                                                                                                                                            

 

RAUL CASTRO SIN FRENOS NI MARCHA ATRÁS

 

Se llame modelo, o sistema; se le actualice, ajuste, o reforme, -no importa que los “raulistas” no se hayan puesto de acuerdo sobre la terminología-, pero la sacudida socio-económica que significa cesantear a medio millón de trabajadores es un cambio tan grande cómo la nacionalización de empresas cubanas y extranjeras en 1961, y ya está repercutiendo en Cuba en lo político.

 

Empezar con una decisión tan drástica, en terreno tan delicado, ha obligado a Raúl Castro a consultarla con su anciano hermano. Como de esas entrevistas secretas no queda nada escrito, mientras viva será el Comandante el único que pueda contar su versión de lo pactado.

 

Entre las repercusiones inmediatas está el deterioro -aún más, si cabe- de la CTC, porque el Partido Comunista le ha asignado el triste papel de dar “aseguramiento político” para lograr en la base el “consenso social” imposible a favor de la primera medida de cambios estructurales.

 

El Pronunciamiento de la central sindical única gana los titulares y la atención ciudadana y opaca la reaparición del viejo dictador y sus vaticinios de guerra e inviernos nucleares, porque hasta los más ilusos saben que éste no va a parar la guillotina laboral que se avecina.

 

Ya pasó la época de la Tarea “Álvaro Reynoso”, cuando Castro ordenó convertir en chatarra casi la mitad de los centrales azucareros del país y 60 mil trabajadores pasaron a estudiar a tiempo completo. Ahora, los bonzos sindicales castristas anuncian que ha quedado eliminada la fórmula del “estudio como fuente de empleo”.

 

Para referirse a lo que en realidad es la Gran Cesantía Estratégica, Salvador Valdés Mesa, Secretario General de la CTC, emplea términos barrocos como “redimensionamiento de las plantillas infladas”. Pero todos en Cuba saben de qué va la cosa y están erizados.

 

Para eso, el Secre asegura que el proceso se desarrollará en un “clima de franqueza, racionalidad, transparencia y justicia”. Los que conocemos las asambleas de distribución de efectos eléctricos en los centros de trabajo, nos podemos imaginar el ambiente de una reunión donde no se va a discutir un televisor, sino la comida de la familia.

 

Por eso hay temas que desgraciadamente pasan a segundo plano en la Isla, como el destino de los presos que no han sido liberados, el de los huelguistas de hambre, las agresiones contra la madre de Orlando Zapata y hasta el del papel de la Iglesia.

 

Lo que hay sobre el tapete

 

Como se ha dicho desde ambos lados del espectro político, empieza el avance hacia el mercado aunque todavía no se han organizado las prometidas Pymes, (pequeñas y medianas empresas), nacionales. No, el primer paso va contra lo que se supone sean los fundamentos mismos del socialismo: la “liberación” de cientos de miles de trabajadores cubanos de sus cadenas de asalariados del estado.

 

Es capitalismo elemental, ya que este no puede existir sin trabajo asalariado barato. Para lo cual se requiere lo que Karl Marx llamó el ejército de reserva, cuyos integrantes, por escapar de la miseria, van a aceptan duras condiciones laborales.

 

Esa “masa crítica” de cubanos desempleados, algunos calculan que será en marzo millón y medio, sumando los quinientos mil hoy en capilla ardiente a otros seiscientos mil que se calcula ya la “luchan” en la economía informal. Eso sin contar que todavía falta poner fecha al despido de otro medio millón que sobra en los sectores presupuestado y empresarial de la economía estatal.

 

Para un análisis riguroso de la envergadura del problema del empleo no se puede olvidar que Raúl Castro dio como cifra un millón trescientos mil trabajadores en exceso en las plantillas. Si ahora se habla de cesar a un millón puede ser una decisión política para no apretar demasiado la tuerca al principio del proceso.

 

La premisa del ejército de desempleados es para poder construir un modelo económico diferente al del socialismo estalinista vigente. En consecuencia lo que parece dibujarse en lontananza en Cuba es el “socialismo de mercado”: capitalismo en acción y una dictadura comunista que además de la represión política impide cualquier demanda económica de los trabajadores.

 

No va a ser igual, ni puede serlo, que el socialismo pos-Mao que introdujo Deng Xiaoping en China, ni el Đoi Moi (Renovación) de Vietnam, pero por ahí van los tiros. Lo que está en boga es que cada quien invente “su propio socialismo” y con ese nombre lo van a seguir llamando los dirigentes y cuadros del régimen castrista.

 

Después de la gigantesca “racionalización” de personal vendrá el incremento de la explotación, ya sea por el estado solo o junto a extranjeros asociados a la camarilla gobernante. Si quieren inversiones serias primero tienen que empezar a pagar las enormes deudas contraídas con el Club de París y con las once mil vírgenes.

 

Los despedidos solo podrán quedarse trabajando para Papá-estado si aceptan hacerlo básicamente en la agricultura y la construcción, y los profesionales desplazados podrían convertirse en maestros.

 

Como parte del proceso se tiene previsto que para el próximo año 250,000 cubanos sin trabajo pasen a buscarse la vida mediante el usufructo, el trabajo en cooperativas y por cuenta propia, y formas aún no definidas de arrendamiento. Los demás irían al gran bolsón de desocupados.

 

El problema es que los que aspiren a trabajar tierras en usufructo tienen que pasar una verdadera carrera de obstáculos para ganar la asignación, y luego estar dispuestos a practicar una agricultura rudimentaria como consecuencia de la falta de implementos y medios.

 

Con relación al trabajo cooperativo, el PCC ha circulado un documento que habla de autorizar cooperativas de curtidores de pieles, fabricantes de pienso, criadores de ganado, productores de miel, carpinterías, talleres de chapistería y mecánica, entre otros.

 

Según se dice también en el documento, se aplicarán elevados impuestos a las futuras Pymes, que podrán contratar a trabajadores siempre que paguen al estado un 25 por ciento de su salario.

 

Además de eso habrá una tasa impositiva sobre las ganancias que oscilará del 20 al 40 por ciento, según el tipo de servicios prestados. Con esas trabas para el sector privado, no es raro que el Partido Comunista advierta que muchos pueden quebrar antes del año, aunque solo culpe de ello a la inexperiencia de los nuevos empresarios.

 

Para entrenarlos, dice la agencia EFE, el régimen está recibiendo a cooperativistas de la Corporación Mondragón (primer grupo empresarial de ese tipo del País Vasco), y a técnicos de la Agencia Española de Cooperación Internacional, que están trabajando en unidades del sector agrícola estatal que serán “reconvertidas” en cooperativas.

 

No es la primera vez que un gobierno del PSOE asesora a los Castro; ya lo hizo en tiempos de Felipe González su ministro de economía Carlos Solchaga, y no quisieron aplicar sus recomendaciones.

 

Los más vulnerables

 

Entre los trabajadores más vulnerables, por su edad, están los que hayan trabajado ya 30 años, que recibirán un mes de compensación por cada diez años de labor, y después verán como se las arreglan.

 

Aquí no hay “paracaídas dorado” como en otros países. Solo se garantiza “el plan payama” a los dirigentes. Se prevé que por el despido se incremente el lamentable fenómeno de la mendicidad de ancianos.

 

La mendicidad, la prostitución y la delincuencia son elementos concomitantes de cualquier crisis, que en el caso de Cuba, en crisis permanente desde los años 90, prometen alcanzar cifras alarmantes en el proceso de reajuste anunciado.

 

¿Quién defenderá a los trabajadores y a los desempleados?

 

No puede ser la CTC porque cada sindicato en su sector es el encargado de controlar la marcha del proceso de “excedencia” y por lo tanto es co-responsable de las decisiones que se tomen.

 

Por eso, en cualquier momento, frente a la actuación lacayuna de los dirigentes sindicales, pueden ocurrir protestas sorpresivas como auto-defensa.

 

El clima político está cada vez más enrarecido. Ya los inmovilistas saben que hay luz verde a los cambios.

 

Las críticas en la prensa de izquierda extranjera al gobierno de Raúl Castro por parte de ultra-ortodoxos y neo socialistas tiene un precio, porque se han desmarcado de la “línea del Partido”.

 

Como el anciano dictador no se va a pronunciar ahora en contra de los cambios, las críticas también lo incluyen, cosa que sabe y no le agrada.

 

En las altas esferas de Cuba se cree, como le dijo a Carlos Alberto Montaner un funcionario del régimen, que “el Viejo es el freno”, pero por ahora lo quitó.

 

Ya el carro de los “cambios estructurales” ha empezado a avanzar con el acelerón de las cesantías por terreno peligroso y lleno de baches, y no tiene frenos ni marcha atrás.

 

Claro, en caso de un accidente serio, -(grandes protestas, graves disturbios)- puede suceder que su hermano le retire a Raúl Castro la “licencia de conducción”.