Cubanálisis El Think-Tank

             ARTÍCULO ORIGINAL PARA EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

 

 

 

     Antonio Arencibia, La Coruña, España

  

 

 

                               

                                                                                                                                                            

 

¡QUE VIENE EL NEO CHAVISMO!

 

El objetivo de este trabajo es dar elementos suficientes al posible lector cubano para que profundice en el análisis de la presente crisis del chavismo, que por su repercusión estratégica está ocupando un lugar preponderante en la agenda del neocastrismo, restándole atención incluso al proyecto de cambios económicos. Para comenzar: una breve retrospectiva.

 

Tras la debacle guevarista en Bolivia, Fidel Castro se desentendería de la idea de un pequeño foco guerrillero como camino al triunfo revolucionario. Entonces, apoyó una nueva opción que intentaba Salvador Allende en Chile: hacer en América Latina lo que habían logrado en Europa Luis Napoleón Bonaparte y Adolfo Hitler; establecer un régimen anti-democrático mediante sufragio universal. La experiencia inédita de llegar al socialismo en elecciones terminó cuando los generales golpistas chilenos bombardearon La Moneda. Apenas dos años después, Fidel Castro retomaría la acción violenta desplegando sus ejércitos en África como vía más efectiva para la conquista o la consolidación en el poder de sus aliados de Angola y Etiopía. Con el triunfo del Frente Sandinista de 1979 vuelve la idea de una guerrilla fortalecida con entrenamiento y armamento durante muchos años en Cuba, que contaba excepcionalmente con el apoyo de gobiernos democráticos en la región. Pero fracasa el intento de consolidarse y alcanzar un triunfo similar en El Salvador y otros países centroamericanos, porque el gobierno del FSLN tuvo que enfrentarse a la guerra civil llevada a cabo por “la contra” financiada y armada por el gobierno de Ronald Reagan.

 

El encontronazo que fue el derribo del Muro de Berlín, debió despertar al Comandante del sueño de un totalitarismo milenario. Incluso los sandinistas, pierden el poder en las elecciones de 1990. Pero como un enfermo incurable se encerró -por casi una década- en el mecanismo de defensa que Freud definiera como “negación”. Como no podía aceptar ni un solo ápice de responsabilidad en su propio rol en el debilitamiento del sistema soviético, Castro no autorizó el análisis crítico de aquel derrumbe ni siquiera en las más altas esferas del Partido y del Ejército. La sociedad cubana se adentró en una burbuja de depauperación creciente llamada Período Especial, de duración y alcance ilimitados. Mientras el mundo saludaba el inicio del poscomunismo, los cubanos leían el martes 13 de junio de 1989 una nota de Granma sobre la detención del general Arnaldo Ochoa y se apiñaron frente a sus televisores para ver fragmentos escogidos del juicio de la llamada Causa # 1 que culminó con los fusilamientos de Ochoa, el coronel Antonio la Guardia, el mayor Amado Padrón y el capitán Jorge Valdés, por alta traición y lesiones graves al "prestigio de la Revolución y su credibilidad internacional".

 

Ahora bien, en algún momento de aquella etapa tan amarga para Castro, se produjo un viraje táctico que todavía no se ha precisado si surgió del propio dictador cubano o fue un proyecto que le presentaron sus hombres de confianza. El objetivo sería Venezuela, y el medio era fabricar un líder populista que llegase al poder por vía electoral. Se seleccionó para ello al ex Teniente Coronel golpista Hugo Chávez Frías, que fue lanzado, respaldado y asesorado desde La Habana. Chávez. Desde su asunción a la presidencia en febrero de 1999, se convirtió en el salvavidas del castrismo, empleando la riqueza petrolera venezolana para subsidiarlo. A medida que se consolidaba en el poder en Caracas, esos recursos le permitieron extender o fortalecer el modelo caudillista-populista filocastrista en Ecuador, Bolivia y Nicaragua a lo largo de trece años.

 

Crisis del chavismo y sus opciones

 

Pero en la actualidad, aquel avance de la izquierda rabiosamente antinorteamericana del continente, encabezada por el dúo Castro-Chávez, ha entrado en una segunda coyuntura crítica tras la retirada forzosa del Comandante por una grave dolencia en julio del 2006. Casi seis años después, se le ha detectado un cáncer al caudillo venezolano cuando empieza la contienda previa a las elecciones presidenciales en las que aspira a un tercer mandato.

 

La primera, y quizás más seria diferencia entre las dos situaciones políticas es la falta, no solo de un sucesor designado con suficiente antelación, sino que la lucha de fracciones dentro del chavismo puede cobrar un sesgo peligroso. Pero hay una fuerza superior que está trazando las pautas en caso de que se requiera el relevo en la jefatura del chavismo. Es la cúpula castrista en coordinación con la de la Fuerza Armada de Venezuela, pero están muy presionados, porque no hay garantías de que la salud de Chávez los acompañe en el proceso de designación del sucesor más adecuado.

 

Desde el inicio de la enfermedad, Chávez ha llevado a cabo 10 viajes fuera de Venezuela. De los 140 días transcurridos en este año, han sido 5 los viajes a Cuba computando 59 días de ausencia, un 42 por ciento del total, a lo que hay que añadir que la estancia en su país se ha caracterizado por muchas menos apariciones públicas que las usuales. No en balde el gobernador Wilmar Castro, su jefe de campaña declaraba a fines de Abril:

 

El presidente tiene cáncer. No es cualquier cosa y cualquier conflicto se puede desatar.

 

Mientras que Chávez sigue al frente en todas las encuestas sobre las elecciones presidenciales, los datos obtenidos respecto a tres posibles sucesores los colocan en el siguiente orden: el vicepresidente Elías Jaua en primer lugar, seguido del canciller Nicolás Maduro y en último lugar el ex militar y Presidente de la Asamblea Nacional (AN), Diosdado Cabello. Pero, según los chequeos de opinión, todos ellos serían derrotados si contienden frente al candidato opositor Henrique Capriles.

 

De esos tres dirigentes, Diosdado Cabello sería el preferido del Alto Mando militar chavista como candidato sustituto de Hugo Chávez, ya que participó junto a este en el fallido golpe de estado de febrero de 1992, y durante la intentona anti-chavista del 2002 coordinó estrechamente con La Habana el rescate de Chávez por un comando élite, de su prisión en la isla de La Orchilla.

 

En escena Aponte Aponte y Makled

 

Pero Cabello tiene otra dificultad, aparte de su baja popularidad entre los encuestados, como posible sucesor La más seria piedra en el camino del hoy Presidente de la Asamblea Nacional son las acusaciones en su contra que -se dice-, ha hecho el ex magistrado del Tribunal Supremo de Justicia, (TSJ), Eladio Aponte Aponte.

 

Este alto dignatario fue destituido en marzo pasado, precisamente por la AN, bajo acusaciones de que había suministrado credenciales de miembro del Poder Judicial a Walid Makled, venezolano de origen sirio extraditado desde Colombia bajo acusación de ser un importante “capo” del narcotráfico. Ahora Makled acaba de reconocer ante jueces venezolanos que Aponte le entregó una credencial, pero quien se la firmó fue el Gral. Jorge Luis García Carneiro, que fungía en el año 2004 como ministro de Defensa. Sin decir sus nombres, Makled planteó también que en su avión particular viajaron varios magistrados del TSJ y ministros de confianza del presidente Hugo Chávez, y que todos tenían conocimiento de sus negocios.

 

Aponte ha entrado en Estados Unidos procedente de Costa Rica, y se encuentra actualmente cooperando con la Agencia Antinarcóticos (DEA) y el Departamento de Justicia norteamericanos. Según fuentes confidenciales de El Nuevo Herald, acusó a Diosdado Cabello, al ministro de Defensa Henry Rangel Silva, y al general del Ejército Clíver Alcalá, de cooperar con el narcotráfico. La novedad estriba en que los dos últimos ya aparecían en una lista elaborada por la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) del Departamento del Tesoro por sus presuntos vínculos con el narcotráfico y organizaciones terroristas. De comprobarse la denuncia de Cabello por Aponte pesaría demasiado en su selección como Sucesor de Chávez.

 

Una acusación de ese tipo pondría en marcha un proceso en Estados Unidos de gravísimas repercusiones políticas. Si bien no estamos en los tiempos en los que por causas similares Castro hizo fusilar a Ochoa y otros oficiales, ni en aquellos en los que George Bush padre autorizó al general Colin Powell a invadir Panamá y capturar al dictador Manuel Noriega, es indiscutible que un posible presidente venezolano acusado de narcotráfico constituiría una afrenta para la comunidad internacional, y terminaría siendo un obstáculo para la estabilidad de un gobierno neo-chavista si lo encabeza Diosdado Cabello.

 

Es por ello que los analistas están considerando como el más serio candidato a sucesor al canciller Nicolás Maduro. Su cercanía a Chávez y su permanencia a su lado en las ocasiones de sus operaciones y tratamientos en Cuba hacen a Maduro conocedor no solo del secreto de estado de la salud del mandatario, sino de los debates de las cúpulas castrista y chavista en torno a los posibles escenarios políticos que se derivan de ello. Su labor como canciller le ha dado proyección internacional y tiene lo que se conoce como name recognition, solo superado en Venezuela por el hoy enfermo mandatario. Además, y esto es muy importante, se le atribuye una relación muy estrecha con los Castro, que supliría su origen civil, aunque cualquier presidente que suceda a Hugo Chávez deberá tener muy en cuenta el enorme poder de la élite militar “bolivariana”.

 

Se agudiza el fraccionalismo en el PSUV

 

La historia del fraccionalismo en las filas chavistas comenzó desde los orígenes mismos, y ha continuado en cada una de las etapas que aunque hoy teóricamente culmina en un partido que une a todos sus seguidores, las lealtades han sido a Chávez como líder, pero manteniendo las que se tienen entre sí los correligionarios de las viejas agrupaciones que hoy confluyen en esa institución artificial llamada Partido Socialista Unido de Venezuela.

 

La imposición por el PSUV de la disciplina partidaria a altas figuras del régimen chavista ha sido resultado generalmente de disputas entre líderes procedentes de diversas filas y ha culminado incluso en graves sanciones. Por ejemplo entre los que han perdido la militancia está Luis Felipe Acosta Carléz, gobernador del Estado Carabobo hasta el 2008, quien ha sido acusado de facilitar a Walid Makled instalaciones en Puerto Cabello para actividades de narcotráfico, pero no ha sido sancionado por la justicia. Hay que tener en cuenta que Acosta Carléz, no era un simple militante, ya que fue también General de Brigada de la Guardia Nacional y miembro del Movimiento V República antes de entrar en el PSUV, y su hermano Felipe Antonio, -muerto durante el “Caracazo”- era uno de los tres militares que junto a Hugo Chávez fundaron en 1982 el Movimiento Bolivariano Revolucionario 200, el núcleo primario del PSUV y del régimen actual en Venezuela.

 

Otro que acaba de ser sancionado con la separación del Partido de Chávez es el gobernador del Estado Monagas, José Gregorio Briceño, por haber acusado públicamente a Diosdado Cabello de querer despojarlo de esa gobernación. Hay que apuntar que Chávez tuvo que respaldar mediante su cuenta de Twitter la medida de separación de Briceño y no lo hizo en comparecencia pública a pesar de ser una decisión importante, lo que demuestra sus dificultades crecientes para ejercer el gobierno y controlar su partido.

 

Un caso similar al de Briceño sucedió en el 2008 con la separación del PSUV del gobernador del Estado Lara, Henry Falcón, que ha terminado formando un “Frente Progresista” con otras figuras que también se han desgajado de la línea chavista, como el gobernador indígena del Estado Amazonas, Liborio Guarulla, y varios diputados de la Asamblea Nacional que se declaran actualmente de “centro-izquierda”.

 

Por una parte, la falta de una ideología socialista coherente en el chavismo contribuye al surgimiento de frentes y grupos diversos en la izquierda venezolana. Además, las sanciones dentro del PSUV demuestran la corrupción, el oportunismo y la lucha de fracciones en el seno de los fundadores del chavismo histórico y el generalato “bolivariano”, que se acrecienta en estos momentos de crisis de gobernabilidad y es un factor de inestabilidad latente para el régimen, ya sea si obtiene Chávez la presidencia o si un sucesor la alcanza.

 

¿Espera un milagro la oposición?

 

El candidato único de la oposición, Henrique Capriles, gobernador del Estado Miranda, fue seleccionado en febrero en unas primarias abiertas en las que derrotó a su más cercano competidor por casi un millón de votos de los tres millones emitidos. Con un gran impulso inicial, está llevando a cabo un gran trabajo mediante su sitio de Internet y los medios sociales, como alternativa al control del gobierno de los principales medios de difusión masiva.

 

Pero la expectativa nacional ante la salud de Chávez, -quien desde mediados de abril solo ha sido visto en público un par de veces- , parece dominar la campaña política de la oposición en la que la baza principal sería esperar una grave recaída o muerte del mandatario. Por eso están apareciendo en la prensa de oposición de Venezuela algunas críticas sobre el modo en que se está proyectando Capriles, por ejemplo, su táctica de visita a los electores “casa por casa”, -esfuerzo solo de valor simbólico- , o su búsqueda de participación para los oposicionistas en las Misiones de tipo social en barrios pobres, que siempre ha monopolizado el chavismo.

 

Desde posiciones anti-chavistas, Alberto Franceschi ha señalado que “competir con ofertas de clientela garantiza el fracaso, porque el gobierno tiene un millón de veces más recursos que nosotros”. Quizás la razón de tales iniciativas se encuentra en la autodefinición del propio Capriles como “de centro-izquierda”. Por eso ha coincidido con Chávez en el rechazo a las sanciones norteamericanas a PDVSA por negociar con el régimen de Teherán, y ha declarado, caso de ser electo, su compromiso de mantener los proyectos de beneficio social establecidos por el chavismo.

 

El régimen de La Habana, que ayudó a parir el chavismo y no ha dejado de tutelarlo, ha intervenido de forma decisiva en la crisis “bolivariana”, porque es cuestión de supervivencia. Fidel Castro, en un artículo del 27 de abril pasado, tocaba los principales puntos para resolverla condimentándolos con mentiras convenientes. Primero se refirió a la salud de Chávez “afectado por una inesperada enfermedad”. A continuación inventa que “el Gobierno de Estados Unidos haya decidido en tales circunstancias promover el derrocamiento del Gobierno bolivariano” y advierte a Obama que si eso ocurre habrá “un baño de sangre en Venezuela”. Finalmente, y después de reuniones secretas en Cuba con la cúpula chavista militar y política para acordar un sucesor, dice que es una calumnia plantear que “existe una desesperada lucha por la toma del mando del gobierno revolucionario si el Presidente no logra superar su enfermedad”.

 

Fidel Castro ha resumido tanto el problema como las soluciones que le convienen: 1) gravedad de Chávez, que incluye posibilidad de su muerte; 2) los chavistas aspirantes tienen que aceptar al Sucesor que se acuerde, y 3) advierte que se tomarán cualquier tipo de medidas para impedir el triunfo electoral de la oposición, que considera también “derrocamiento” pues “la oligarquía jamás podría gobernar de nuevo ese país”.

 

¿Democracia en Venezuela?

 

Desde hace bastante tiempo hay un debate en Venezuela y en el exilio venezolano en torno al margen de democracia que queda en el país. El sábado 19 de mayo el destacado intelectual chileno Fernando Mires se refería también al tema en su artículo “Democracias Rotas”:

 

El ex golpista Chávez, siguiendo el plan diseñado por Castro, hizo su puesta en escena como representante de una tercera vía entre capitalismo y socialismo. Pero lentamente, sobre todo después de los sucesos de abril de 2002, ha tenido lugar un largo pero muy radical desmontaje de la estructura política de la nación. Hoy, de la democracia venezolana sólo quedan las elecciones, cuyos procedimientos están controlados por el gobierno.

 

Si bien Mires acierta en lo del desmontaje radical de la estructura política de la nación, se queda corto cuando habla solo de control gubernamental de las elecciones. Desde hace mucho tiempo los chavistas tienen un plan para impedir la función primordial de esos comicios. Las elecciones bajo el chavismo, con Chávez o sin él, han sido y están llamadas a ser un ritual vacío para que se perpetúe el partido del gobierno. En Venezuela se ha exacerbado el ambiente represivo en torno al candidato opositor, que ha sido insultado de forma soez y calumniado reiteradamente por Chávez y el canciller Maduro. De ahí que cualquier idea de un proceso electoral medianamente justo esté viciada de origen y llama a engaño.

 

Las acusaciones más absurdas y las intimidaciones son parte de un ataque propagandístico de corte fascista orquestado para desprestigiar no solo a Capriles sino a cualquier dirigente oposicionista. Incluso pende sobre el principal candidato contra Chávez la amenaza de asesinato, que el gobierno falsamente anuncia como parte de un “plan imperialista” para desestabilizar a Venezuela.

 

En esas condiciones, -y lo avanzan las encuestas favorables al Comandante-Presidente por más de 10 puntos-, parece que ni siquiera la muerte de Chávez podría dar la victoria a Capriles. ¿Puede acaso obviarse el derroche de recursos, la terminación de obras, los incrementos salariales como parte de la campaña del oficialismo? No hay milagro que valga para la oposición. Sueñan los que piensan que Capriles puede derrotar a Chávez en cualquiera de sus tres formas: vivo, muerto o resucitado.

 

Todas las variantes ya están concebidas, incluso deben estar designados quienes irían junto al féretro del mandatario si se dieran los más grandes funerales de estado que pueda conocer Venezuela. Por supuesto, los líderes del ALBA arroparían al sustituto, como gran doliente y continuador de la obra chavista, y las multitudes manipuladas por más de una década marcharán a las urnas con luto y devoción a apoyar al ungido.

 

La más alta representación del neocastrismo no podría estar ausente en ese acontecimiento y se dará un abrazo con el que entonces tenga el control del vital suministro petrolero, al son del nuevo lema: ¡Viva por siempre Chávez! ¡Que viva el neo-chavismo!