Cubanálisis El Think-Tank

             ARTÍCULO ORIGINAL PARA EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

 

 

 

     Antonio Arencibia, La Coruña, España

  

 

 

                               

                                                                                                                                                            

 

Pérdidas y ganancias: la jugada de la Iglesia en Cuba

 

Hay que empezar por decir que las visitas de Juan Pablo II y de Benedicto XVI son, para muchos, dos eventos tan inusuales que un periodista extranjero ha dicho de Cuba:

 

Se trata de un país de paradojas en el que un Papa excomulga al presidente y otros dos Papas lo visitan como si nada hubiera pasado”.

 

Pero eso no basta para explicarlos, y mucho menos cuando es vox populi considerar al primero de los Pontífices visitantes como uno de los responsables del derrumbe del comunismo en Europa del Este.

 

¿Por qué entonces el Papa Wojtyla viajó a Cuba en 1998 y convirtió en política del Papado las relaciones con el castrismo? ¿Fue esto algo realmente nuevo? En realidad no. Juan Pablo II seguía la estrategia que inició Pablo VI en 1966 y 1967, de contactos a alto nivel entre el Vaticano y la Unión Soviética, cuando recibió al canciller soviético Andrei Gromyko y al presidente de la URSS Nicolai Podgorni

 

Esa política, llamada ostpolitik, (acercamiento a los regímenes comunistas), la aplicó Karol Wojtyla durante sus casi 27 años de Pontificado, y recogió como fruto un mejor desempeño para las funciones de la Iglesia en Rumania, Hungría y Polonia, desde antes de la caída del Muro de Berlín. Y tras el derrumbe de los regímenes comunistas en Europa pudo constatar que el catolicismo también se fortalecía en Albania, Montenegro y Ucrania.

 

En 1989 y 1990 muchos apostaban a que el castrismo se derrumbaría de un momento a otro, igual que sus “hermanos del campo socialista”, pero la Iglesia Romana, con sabiduría de siglos y paciencia solo comparable a la de los chinos, no creía que el régimen estuviera en sus momentos finales, y jugó a ganar espacios en Cuba a mediano o a largo plazo. Por eso el Papa polaco siguió aplicando el “acercamiento” cuando recibió a Castro en el Vaticano en 1996 y aceptó su invitación personal de viajar a la Isla.

 

Ese objetivo de ganar espacios se ha cumplido, pues en los 14 años transcurridos entre aquella y esta visita de un segundo Papa a Cuba el número de religiosos en la Isla se ha duplicado, y según opina el corresponsal internacional del National Catholic Register, de Estados Unidos:

 

El jugar un rol conciliador le ha propiciado al Vaticano tres ventajas [en Cuba]. La Iglesia ha ganado espacio operacional y físico para expandir su presencia en la Isla. Segundo, [el cardenal] Ortega ha arbitrado conflictos, con lo que cumple la misión de la Iglesia (…) lo que le da un papel que es reconocido tanto en el país como en el exterior. Y finalmente, y quizás de mayor importancia, al proyectarse a largo plazo, el Vaticano está sentando bases que ayudan a facilitar una transición post-Castro no violenta.

 

Pérdidas y ganancias de la Iglesia Romana

 

La visita de Benedicto XVI a la Isla ocurre en momentos en que la Iglesia Católica Romana ha visto el éxodo de su feligresía hacia otras denominaciones cristianas, como los evangélicos, y en todas partes hay escasez de sacerdotes. Hoy en día numerosas mujeres consideran la Iglesia un bastión de la desigualdad, por su oposición doctrinal a la contracepción y la no aceptación del sacerdocio femenino. También encuentra gran rechazo la oposición católica al uso de preservativos (condones) en momentos de gran difusión del SIDA, que afecta especialmente a la India y a numerosos países de África.

 

El celibato obligatorio a los religiosos se ve por muchos como un absurdo, y otros lo consideran causa, incluso, del abuso sexual a menores. Como consecuencia de maniobras para tratar de ocultar tan repugnante delito, la jerarquía eclesiástica se ha visto muy desprestigiada, especialmente en Estados Unidos, e incluso en un país tan católico como Irlanda.

 

Por otra parte en Europa, en medio de la crisis, la Santa Sede siente crujir el piso de sus viejos privilegios económicos, y ahora por primera vez en Italia, otro país de fuertes raíces católicas, tiene que pagar contribuciones por sus propiedades no destinadas al culto. En España ya muchos plantean gravar algunas propiedades de la Iglesia, para que el peso de los duros recortes presupuestarios que tiene que hacer el gobierno de Rajoy no recaiga solo en los menos favorecidos.

 

El Papa actual ha viajado principalmente por Europa, y en América solo había visitado Brasil, considerado el país con mayor número de católicos en el mundo, y Estados Unidos. El viaje a México y a Cuba ha sido el primero a países americanos de lengua española en siete años de Pontificado.

 

En México, tras 11 años de gobierno del conservador Partido Acción Nacional, la Iglesia ha recogido algunos frutos al empezar a transformarse el estado laico que surgió de la Revolución Mexicana. Antes de la llegada de Benedicto XVI, la Cámara de Diputados había aprobado la modificación del artículo 24 de la Constitución, que autorizaba los actos religiosos solamente en los templos, otorgando ahora a los ciudadanos

 

el derecho de practicar individual o colectivamente, tanto en público como en privado, las ceremonias, devociones o actos del culto respectivo”.

 

Por eso, antes y después de la visita, hay un debate entre los mexicanos por el temor a que se llegue a sustituir la educación cívica por instrucción religiosa en las escuelas públicas, y a que la Iglesia establezca poderosos medios de comunicación para lograr esos propósitos.

 

Mientras eso ocurre en el clima democrático azteca, el régimen de La Habana, -sin necesidad de debates-, ya ha autorizado lo que hasta que lo apruebe el Senado todavía no es ley en México. Raúl Castro ha dado el visto bueno a que la Iglesia Católica lleve a cabo actividades religiosas públicas en torno a los santuarios, y a que organizara una excepcional procesión que recorrió toda Cuba preparando el ambiente para una exitosa visita del Papa alemán al santuario de El Cobre.

 

Eso deja las puertas abiertas a la Iglesia Católica para impulsar en la Isla el proyecto mundial de “una nueva evangelización” propuesto por el ahora Beato Karol Wojtyla.

 

Lo que va de Wojtyla a Ratzinger

 

A la Sucesión raulista, que aspira al máximo de control social para transmitir el poder a perpetuidad al Partido Comunista, no le afecta la evangelización católica, porque no atenta contra ese poder. Como se basa en un evangelio de paz, el catolicismo reforzaría en Cuba valores que han entrado en crisis tras medio siglo de tiranía.

 

No robarás, no matarás, no mentirás, serán inculcados al pueblo, pero solamente un iluso esperaría que en los púlpitos se fustiguen la corrupción y el latrocinio de los funcionarios del régimen y su responsabilidad por reprimir disidentes o dejar morir a presos políticos y comunes.

 

Pero es que hay muchas diferencias entre la Cuba de 1998 y la de estos días de marzo de 2012. Entonces todavía muchos cubanos creíamos en el “ya vienen llegando” de Willy Chirino: criterio que -como sabemos- no compartía la Santa Sede. El Papa polaco era una figura todavía vigorosa, con verdadero prestigio mundial: el propio Comandante asistía a sus misas y se eclipsaba habilidoso a un segundo plano. En cada misa de campaña de Juan Pablo II hasta los más incrédulos percibían una atmósfera de esperanza.

 

Hoy, un anciano y enfermizo Papa alemán, el de más edad en ese cargo en el último siglo, llega a un país donde solo se le conoce de nombre por la machacona propaganda, un visitante más de los centenares que han pasado por Cuba. No tiene la personalidad de Wojtyla, se trata de un Pontífice pusilánime que en este “remake” de visita papal estará acompañado por Raúl Castro, el mediocre jefe de la gerontocracia sucesoria.

 

No nos dejemos engañar por la participación más o menos multitudinaria del pueblo: la esperanza que llega es para la Iglesia. Los cubanos van a aprender que para ellos lo que “viene llegando” es más de lo mismo, pero ahora con estampitas, agua bendita y procesiones.

 

Préstamos, regalos, declaraciones solemnes y revelaciones anteceden y ocurren en esta segunda visita de un Papa a Cuba. Se trata de la exposición de un atril de madera y concha usado por un capellán de Cristóbal Colón; la devolución de un cocodrilo sacado de contrabando de la Isla; la inesperada referencia en la prensa oficial al escapulario de Antonio Maceo con la imagen de la Caridad; la solicitud del embajador del régimen a la Iglesia de México del acta de matrimonio de Martí con Carmen Zayas Bazán, y la esperada declaración solemne de Félix Varela como Venerable de la Iglesia Católica.

 

Pero ese simbolismo tardío se estrella contra verdades históricas como son el fervor masónico de Martí y la separación definitiva de su esposa por la causa patriótica, el sincretismo religioso de Maceo y de los miles de combatientes negros por la independencia, y el olvido bicentenario de la Iglesia del rol patriótico de Varela.

 

Desde antes del castrismo la Iglesia en Cuba había perdido tanto, que le hacen más daño que favor la tardía declaración del Paisaje Cultural de El Cobre como Monumento Nacional, y las hipócritas afirmaciones de la prensa oficial de que

 

las necesidades espirituales [son] … ingrediente intrínseco de la identidad cubana”.

 

Esto no basta para cambiar la situación en que se encuentra el catolicismo cubano por la deserción de feligreses tras casi medio siglo de represión y coacción ideológica. Esa decadencia católica ha coincidido con el auge del protestantismo y de las religiones afro-cubanas desde la década de 1990, lo que complica su proyecto de “nueva evangelización” en Cuba.

 

Las libertades para la Iglesia

 

Aunque es sabido que en toda confrontación política se necesita un enemigo claramente identificado, no se deben confundir ejecutores con autores. Por eso, aunque el Washington Post diga otra cosa, el cardenal Jaime Ortega no es “un socio de facto de Raúl Castro”, sino a quien le toca aplicar la política de la Santa Sede.

 

Cuando el Papa Ratzinger regrese a Roma, la línea consensuada en las altas esferas del Vaticano se seguirá implementando por el Cardenal Jaime Ortega en coordinación con el arzobispo Giovanni Becciu, antiguo Nuncio en Cuba, y ahora Secretario de Asuntos Generales en la cancillería papal, y la supervisión de Tarcisio Bertone, cardenal Secretario de Estado.

 

Bertone, que es el segundo hombre, y Becciu, que es el número tres de la Santa Sede, son los jefes de Ortega y responsables de lo que se podría llamar “el Plan Cuba” de la Iglesia Romana. Su relación con los asuntos cubanos es obvia: solo recordemos que el Canciller del Vaticano fue el primer visitante extranjero de alto nivel que recibió Raúl Castro como “Presidente” en febrero del 2008.

 

No es de extrañar entonces que Bertone haya declarado a la prensa que el régimen no intentará explotar la visita de Benedicto XVI con fines políticos y que esta

 

ayudará en el proceso para desarrollar una democracia”.

 

La realidad está en otras palabras suyas que se refieren a cómo la visita de Ratzinger ha de abrir para la Iglesia nuevos espacios de presencia y actividad. Eso significa, como muy bien sabe Bertone, disfrutar de una situación de privilegio religioso en la Isla, concedida por los que detentan el poder sin cortapisas, pero que no tiene que ver con verdaderos avances democráticos.

 

No mentía el Papa cuando decía a la prensa en su largo viaje en avión hacia México, “es obvio que la Iglesia está siempre al lado de la libertad: la libertad de conciencia, libertad de religión”, pero omitía otras libertades esenciales para toda la población, ya sean creyentes o no, como son las de opinión, de asociación política, y derechos de huelga y de manifestación pacífica.

 

El paso fugaz del Papa Benedicto por Cuba

 

Ni siquiera vale la pena repetir las declaraciones papales de que

 

la ideología marxista, tal y como fue concebida, ya no responde a la realidad”.

 

Preguntado al respecto el canciller del régimen Bruno Rodríguez Parrilla, no tuvo otra opción que afirmar con descaro que “respetamos todas las opiniones, consideramos útil el intercambio de ideas”. Pero el Sr. Rodríguez Parrilla sabe que solo un idiota defendería el viejo modelo económico, y que la palabra “actualización” es un eufemismo necesario para mantener la hoja de parra de que “Fidel tuvo siempre la razón”, mientras se desmonta el socialismo caduco y se instaura el de mercado.

 

Lo demás, todo está previsto. Por ejemplo que en la Plaza Antonio Maceo de Santiago de Cuba, mientras Benedicto XVI ore en un momento de la misa, que el lector anuncie al pueblo asistente que su intención será pedir a Dios por los

 

“gobernantes y por todos los que tienen responsabilidad en la conducción de la sociedad, para que busquen el bien con todos y para todos”.

 

También el programa de visita anuncia que el Pontífice rezará

 

“para que todos los cubanos, dondequiera se encuentren, se reconozcan hermanos por encima de cualquier diferencia y, desde la diversidad, busquen siempre el bien de la sociedad y de la patria en el diálogo y la comprensión”.

 

Bellas palabras, sin duda, que expresarán anhelos justos y fe en la acción divina, pero con pocas perspectivas prácticas.

 

Quisiera equivocarme, pero no espero nada más de este Papa débil y sin carisma. Solo declaraciones de ese tipo, que no pongan en peligro el proyecto de arrimar la brasa castrista a la sardina de los intereses de la Iglesia Romana. Es decir, ninguna condena contundente a las amenazas, golpizas y detenciones de los que disienten del régimen de forma pacífica. Ningún encuentro con opositores.

 

¿Qué todavía es temprano? ¿Qué entre lunes y miércoles hay dos homilías del Pontífice y muchas oportunidades para una crítica pública al régimen por sus abusos?

 

Lo dudo. En la historia, la Iglesia nunca ha favorecido revoluciones, sino contrarrevoluciones. Y no es otra cosa lo que organiza el neocastrismo para exprimir de los trabajadores cubanos sin derechos el capital que saque al país de la ruina. Ratzinger ha llegado solo para un trámite protocolar y no puede dejar una seria huella de su paso por la Isla.

 

Dentro de demasiado tiempo, cuando llegue el mañana democrático, otro cardenal cubano y quien ocupe entonces la Silla de San Pedro, ya buscarán excusas y acomodo para mantener los privilegios obtenidos ahora en Cuba.