Cubanálisis El Think-Tank

ARTÍCULO ORIGINAL PARA EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

  

 

 

                                Antonio Arencibia, España

                                                                                                                                                            

 

NO ES VERGÜENZA AJENA

 

La función de gala del servilismo contemporáneo se inició el sábado en La Habana en el llamado Palacio de las Convenciones, cuando 500 “diputados” de la Asamblea Nacional del Poder Popular se pusieron de pie y aplaudieron hasta el cansancio al anciano barbudo que los había convocado, y que entró en el recinto con paso vacilante y ayudado por su escolta.

 

Se ha especulado hasta la saciedad en estos últimos cuatro años sobre las intrigas de palacio en el seno del régimen, cuya trama ha encerrado más giros y sorpresas que una telenovela brasileña.

 

En este capítulo se presentó a la sesión especial “parlamentaria”, el little Castro, -en guayabera-, acompañando a su hermano en camisa verde olivo, pero todos notaron que éste rechazó su vieja butaca junto al general para instalarse en una colocada a toda prisa junto a la de Alarcón, en la presidencia de la Asamblea.

 

El resto de la “comparecencia” se la pasó Raúl Castro tomando nota de todo lo que Fidel decía: era la imagen viva del secretario dócil.

 

El que presentaba al inicio del acto a Fidel Castro como “nuestro máximo líder, el compañero FIDEL”, citó también unas palabras de Evo Morales, de que éste “sigue encabezando los procesos libertarios de América Latina”.

 

Pero no repitió todas las declaraciones del presidente indígena de Bolivia quien dijo también en desaire a Raúl Castro: “Para mí (Fidel Castro) sigue siendo comandante y presidente, que perdonen los hermanos cubanos”.

 

El gran show lo vi en directo por Cubavisión, aunque el propio Castro apuntó que la CNN había transmitido la primera media hora -se ve que a los americanos les sobra el dinero-, y que se transmitía también por Telesur, (cortesía de Hugo Chávez), y presentó a un tal “Walter, destacado periodista venezolano”, quien se paró y lo saludó militarmente sin importarle el ridículo.

 

Como parte de la reactivación de los contactos entre Fidel Castro y Chávez, el anciano dictador aseguró dedicar el domingo 8 de agosto a una reunión con la delegación “bolivariana” invitada a la reunión de la Asamblea castrista.

 

Hay que ser obtuso, o quizás muy sarcástico, para describir la reaparición de Castro en público, como hace el corresponsal de El País, diciendo que “la mayoría de los cubanos (…) se fijó en que el Comandante estaba rozagante y lúcido”.

 

Le hubiese ido mejor repitiendo lo que dijo Elizardo Sánchez Santacruz al ABC, sobre la intervención del dictador en la Asamblea:

 

“…entre disparate y disparate. Por ejemplo, habló dos veces de la Unión Soviética y de los soviéticos, cuando ya ha desaparecido y tendría que haber hablado de Rusia”.

 

Por otra parte el convocante de la reunión se volvió a referir al tema de la liberación de los agentes convictos de la Red Avispa por Estados Unidos.

 

Si en el encuentro con los cuadros de la “Ujotacé” había declarado que los soltarían “mucho antes del fin del año”, esta vez dijo que “una semana es poco tiempo [para la liberación] pero para diciembre es demasiado”.

 

Conociendo la obsesión de Fidel Castro con el tema al que dedicaba gran atención desde antes de su grave dolencia, se asegura que hay serias negociaciones al respecto con el gobierno norteamericano.

 

Si no fuera así, hay que pensar en que Raúl Castro le está dando cordel a su hermano para que se siga desprestigiando al hacer vaticinios erróneos en cuestiones de importancia.

 

No sería nada nuevo en la lucha por el poder y en la recuperación por el general de un poco de prestigio ante sus “camaradas de armas” a costa de los disparates del viejo dictador.

 

Como ventaja adicional para Raúl Castro, tanto Chávez como Morales tendrían que coordinar con él y no con el hermano mayor.

 

Las ovaciones y toda la guataquería desmadrada de los delegados escogidos para hacerle preguntas al tirano, me hizo evocar al principio el regreso de Fernando VII a España en 1814, para ahogar el clima liberal que se había abierto a su nombre, en su ausencia, mientras el populacho lo saludaba al grito de !Vivan las cadenas!

 

Después me percaté de que la comparación es débil, porque ni Raúl Castro tuvo las suficientes hormonas para liberalizar el sistema en lo económico, ni aflojó las cadenas que su hermano ha encontrado bien sujetas.

 

Es que, como dice Bertrand de la Grange en Diario de Cuba, los dos sobran.

 

Pero mientras la historia no pase la página, el espectáculo de la ciega soberbia del tirano y del abyecto sometimiento de sus corifeos, da vergüenza.

 

Y no es solo vergüenza ajena.