Cubanálisis El Think-Tank

             ARTÍCULO ORIGINAL PARA EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

 

 

 

     Antonio Arencibia, La Coruña, España

  

 

 

                               

                                                                                                                                                            

 

NO ALINEADOS: UNA CUMBRE SOBRE UN POLVORÍN

 

Aunque los medios de información la habían silenciado hasta la pasada semana, tenía demasiado simbolismo negativo una Cumbre del Movimiento de Países No Alineados en Teherán, para que no saltase al primer plano. De repente, los gobiernos de Estados Unidos e Israel, y la prensa occidental, despertaron y criticaron la asistencia del presidente de Egipto, e incluso la del Secretario General de la ONU, a la cita de los ayatolás.

 

Desde la reunión de La Habana en el 2006 Washington no se había pronunciado en contra de la presencia de altos dirigentes a una cita de los NOAL. Pero incluso así, hay gran diferencia: cuando ocurrió la XIV cumbre, la grave enfermedad de Fidel Castro lo obligaba a desplazarse del primer plano de la política, mientras que ahora, en la XVI, el Líder Supremo de Irán se alza sobre el Medio Oriente como un fanático que alienta el fuego en un polvorín.

 

Sin necesidad de hacer la historia del colonialismo se pueden señalar dos errores estratégicos que están en la base de la crisis que azota la región hace muchas décadas: el derrocamiento de Mossadeg en Irán por la CIA en 1953, y la guerra de Suez, donde fuerzas anglo-británicas e israelíes tuvieron que renunciar a sus intentos de reconquistar el Canal nacionalizado por Nasser en 1956.

 

Como consecuencia de aquellas acciones, en Siria e Irak los nasseristas erigieron dictaduras socialistas laicas, que frenaron a las fuerzas confesionales islámicas más extremistas; pero la represión del Shah triunfante propició la revolución chiíta en Irán en 1979 y el régimen teocrático actual.

 

Ya sabemos lo que sucedió tras los ataques del 11 de septiembre, y de nada valió que Colin Powell advirtiera a George W Bush las consecuencias desestabilizadoras para la región del derrocamiento de Saddam Hussein.

 

La llegada de Obama a la Casa Blanca no cambió aquella realidad, y obligó a los demócratas a seguir aplicando la política de cambio de régimen en Irak y Afganistán, mediante el establecimiento de democracias “a la occidental”, a nombre de las mayorías oprimidas. Ese proceso desencadenó rebeliones contra regímenes, otrora aliados de Occidente, en lo que se ha llamado la “primavera árabe” de Túnez, Egipto y Libia, que ha resultado en el triunfo político de los islamistas y, particularmente, de los egipcios de la Hermandad Musulmana.

 

Los problemas más álgidos en el Oriente Medio en estos momentos son un Irán que pretende ser nuclear, y la guerra civil en Siria. Éstos a su vez se entrelazan con dos conflictos no solucionados: la preservación del estado de Israel, y el reconocimiento de un estado palestino independiente.

 

Las posiciones a favor o en contra de cualquiera de esos temas en la Cumbre de los No Alineados de Teherán no tuvo más importancia que la propagandística. Como son asuntos tan complejos, los verdaderos cambios se manejan en secreto en las principales cancillerías y en conversaciones bilaterales o grupales de los gobiernos de la zona. Por ello es tan importante la posición que acaba de asumir el nuevo gobierno de la Hermandad Musulmana en Egipto.

 

La guerra civil en Siria

 

La crisis siria hay que analizarla a la luz de otros acontecimientos ocurridos recientemente en la región. Recién escribí que “tras el derrocamiento y ajusticiamiento en Libia de Muammar el Gadafi hay gran reticencia a una intervención militar abierta por parte de la OTAN”. A esto hay que sumarle la observación de que la triunfante oposición libia dista mucho de estar unida.

 

De igual manera, los rebeldes del Ejército Sirio Libre van por su lado, mientras que el Consejo Nacional Sirio sigue en el exilio. Como los vetos de Rusia y China en el Consejo de Seguridad han bloqueado la opción militar, parece que se ha abierto un nuevo camino con la propuesta del gobierno de Egipto de que un grupo de países del área, incluyendo a Irán, inicien negociaciones con todas las partes implicadas en el conflicto sirio.

 

Esa proposición se lanzó en la Cumbre Extraordinaria de la Organización de Cooperación Islámica (OIC) celebrada en La Meca a mediados de agosto, donde asistió Mahmud Ahmadineyad. Allí el presidente egipcio Mohamed Morsi declaró su intención de trabajar en conjunto con Arabia Saudita, Irán y Turquía para buscar una salida a la situación en Siria.

 

Hasta entonces se había considerado -acertadamente- que Irán formaba parte del problema, pero no de la solución; por eso llamó tanto la atención de que se le integrase a las negociaciones. Sin embargo, en Egipto no hubo sorpresa, pues el diario cairota al-Ahram ya había dado a conocer una declaración de los Hermanos Musulmanes, donde decían que:

 

La Hermandad Musulmana ha tratado de combatir el sectarismo, echar a un lado el conflicto chiíta-sunita y crear un frente unido musulmán - incluso si este incluye a Irán.

 

Pero esto no significaba que los gobiernos de mayoría sunita de Egipto, Turquía y Arabia Saudita suavizaran su posición respecto al dictador sirio. En vísperas de la reunión de La Meca los países de la OIC expulsaron a Siria de la organización, y en su primera comparecencia en la Cumbre de los NOAL de Teherán, Morsi dijo que consideraba una “obligación moral” apoyar la rebelión popular contra el “régimen opresivo” de Bashar al Assad.

 

Esta toma de posición del presidente egipcio motivó la retirada del plenario de la delegación oficial de Damasco. Teherán tiene que estar muy conciente de su aislamiento en el tema sirio, ya que a pesar de sus esfuerzos no logró incluir ninguna mención de apoyo a al-Assad en la Declaración Final de la Cumbre del NOAL.

 

Volviendo al tema de las negociaciones, hay que plantear que para que funcione la propuesta egipcia del grupo de cuatro países que buscaría una tregua en la guerra civil siria, se hubiera requerido también la presencia de un alto cargo del gobierno turco en Teherán. Pero como ese país no es miembro del Movimiento NOAL -pertenece a la OTAN desde antes de la fundación de los No Alineados-, solo enviaron al Ministro de Cooperación, aunque se había cursado una invitación especial al gobierno de Ankara.

 

Independientemente de las reticencias turcas, la posición de Irán es muy difícil, porque hasta ahora ninguno de los otros integrantes del grupo habían querido una solución política en Siria, sino el derrocamiento de al Assad. Por eso, para buscar un balance, se rumora que está en discusión una contrapropuesta de Teherán que incrementaría a seis miembros el equipo negociador, con la incorporación de Argelia y de Irak, países más cercanos a las posiciones de Irán.

 

Según afirma una analista del think-tank británico International Institute for Strategic Studies (IISS), el régimen iraní considera que aún en el caso de que Siria se pierda, se repetiría el escenario de Libia y no habrá pronto un gobierno estable, y que las divisiones sectarias en aquel país, si cae al-Assad, dejarán un escenario fragmentado, en el que Irán “podrá seguir ejerciendo influencia y a través del que podrá seguir enviando armas y dinero a Hezbollah”.

 

Y las grandes potencias no pueden estar ajenas a lo que se está cocinando. En la entrevista del Secretario General de la ONU, Ban Ki-moon, con el Líder Supremo de Irán, al margen de la Cumbre de Teherán, estaba también Jeff Feltman, Subsecretario General de Asuntos Políticos de Naciones Unidas.

 

La cuestión es -según reporta el Christian Science Monitor-, que el Sr. Feltman fue hasta marzo de este año Secretario de Estado Adjunto de Estados Unidos a cargo de la política en el Medio Oriente, y que esta fue la primera ocasión en décadas que el Ayatolá Jamenei se reunía con un diplomático norteamericano, aunque esta vez representando a la ONU.

 

También Rusia tuvo sus contactos de alto nivel, pues asistió como observador a la Cumbre un enviado especial del presidente Putin, que se entrevistó con el presidente del parlamento iraní.

 

La mejor forma de intuir el curso de las negociaciones secretas sobre el Medio Oriente es esperar por las declaraciones del presidente de Egipto y las de sus anfitriones durante la visita que hará Morsi a Washington a inicios de Septiembre, y estar atentos a la reacción iraní.

 

Irán, Israel y la proliferación nuclear

 

Además de Siria, el otro gran problema que tiene Irán es el de desarrollar capacidades nucleares. En ese sentido, de nada han servido las palabras del Líder Supremo, Alí Jamenei, al inaugurar el segmento de jefes de estado de la Cumbre de Teherán diciendo de que “Irán no buscará jamás tener el arma atómica”.

 

El día anterior Ban Ki-moon le había pedido al ayatolá “cumplir plenamente las resoluciones del Consejo de Seguridad y cooperar a fondo con la Agencia Internacional de la Energía Atómica” (OIEA), para demostrar el carácter civil de su programa nuclear.

 

Un informe de la OIEA publicado el jueves 27 de agosto se quejaba de que los iraníes no permitían a sus inspectores visitar la base de Parchín, donde se sospecha que se está desarrollando una variante militar del programa nuclear, y señalaba que se han duplicado las centrifugadoras para enriquecer uranio en el complejo subterráneo de Fordó. Los especialistas de ese organismo internacional calculan que, desde el 2010, Irán ha producido unos 190 kilogramos de uranio altamente enriquecido.

 

La cuestión de la proliferación de las armas atómicas y el control sobre el uso pacífico de la energía nuclear es muy complejo, teniendo en cuenta que el número de países con arsenales nucleares se ha mantenido a pesar del fin de la guerra fría. Además de los miembros permanentes del Consejo de Seguridad, Estados Unidos, Rusia, Francia, Gran Bretaña y China, tienen esas armas, India, Pakistán, Corea del Norte e Israel.

 

Pero igualmente, hay 39 países, sin contar los anteriores, que tienen o planean tener plantas nucleares, entre los que se encuentra Irán. Por eso, esta Cumbre de los NOAL apoyó el derecho de Teherán al uso pacífico de la energía atómica, pero los dirigentes y la prensa iraní mienten cuando dicen que cooperan con el Organismo Internacional de la Energía Atómica.

 

Las declaraciones de Ahmadineyad y el Líder Supremo, de que Israel debe ser barrido del mapa, y la firma de acuerdos “tecnológicos” con Corea del Norte, que según Estados Unidos les está proporcionando misiles avanzados de largo alcance, son elementos más que suficientes para comprender el uso que daría Irán a sus capacidades nucleares.

 

Por eso, está a la orden del día un ataque contra las instalaciones nucleares iraníes por parte de Israel, que repetiría así lo que ya hizo en 1981 y en 2007 contra las de Saddam Hussein en Irak y las de Bashar al Assad en Siria.

 

En estos momentos lo que tienen detenido el golpe son las elecciones norteamericanas de noviembre, y podría demorarse más incluso si Obama ganase la reelección. Es más, algunos analistas plantean que si Romney resultara vencedor, no podría llevarse a cabo la acción militar hasta después de enero del 2013, tras su hipotética toma de posesión.

 

Según esos expertos, el presidente republicano necesitaría emplear parte de sus primeros cien días de gobierno para familiarizarse con la operación y aprobar su alcance, además de organizar el apoyo diplomático con otros aliados de Israel. Pero lo único que podría disuadir a norteamericanos e israelíes de emplear medios militares a medio plazo, sería un acatamiento por parte de Irán de los controles de la OIEA, lo que parece muy improbable.

 

Teherán: una Cumbre “de pocos amigos”

 

En la cumbre de Teherán estuvieron representados unos 110 de los 120 países que integran el Movimiento NOAL, y aunque los iraníes afirmaron que al segmento de alto nivel asistían unos 45 dignatarios de más alto rango, lo cierto es que entre ellos solo había 29 jefes de estado o gobierno.

 

Según reporteros allí destacados, los invitados más selectos llegaron a una ciudad de ocho millones de habitantes, medio vacía gracias a una semana extra de vacaciones para los trabajadores de la capital iraníes. Las oficinas gubernamentales, las escuelas y los bancos estaban cerrados, miles de indigentes fueron sacados de la ciudad, y más de cien mil agentes de policía, de la seguridad y de las milicias islámicas fueron movilizados desde antes del inicio de la Cumbre.

 

El diario francés Le Monde informaba que los miembros de la prensa iraní habían sido “instruidos” por el Ministerio de Guía y Cultura Islámica de lo que debían destacar y lo que no podían abordar de manera alguna. Un decreto de ese organismo, que se filtró en Internet, estipulaba que la prensa no podía publicar “declaraciones y alegaciones de personalidades iraníes o extranjeras, sobre falta de libertad o violación de derechos humanos en Irán”; y tampoco escribir sobre posibles “muertes, robos o peligro de terremotos” en Teherán.

 

La inauguración de la última etapa de la reunión corrió a cargo del Líder Supremo, ayatolá Alí Jamenei, quien con injustificado optimismo proclamaba: “Nos hemos reunido aquí hoy para inyectar nueva vida y estímulo al Movimiento No-Alineado”. Y el cierre fue la aprobación de la llamada Declaración de Teherán, de nada menos que 688 párrafos, donde se recogen condenas y aprobaciones sobre los más diversos asuntos de todas partes del mundo. Así, se denuncian las sanciones impuestas por Estados Unidos o sus aliados contra Irán, Cuba, Corea del Norte, Siria y Zimbabwe.

 

También se solicita el reconocimiento del estado Palestino en Naciones Unidas y la no intervención militar extranjera en Siria. Respecto a la región Latinoamericana y Caribeña, se dio apoyo a la soberanía argentina sobre las Islas Malvinas, se condenó la destitución constitucional del presidente Lugo en Paraguay, y se respaldó a Ecuador por conceder asilo político a Julián Assange en su embajada en Londres.

 

Como todos esos temas eran promovidos por los países del ALBA, llamó poderosamente la atención la ausencia de sus dirigentes en la XVI Cumbre del NOAL. Fue un gran contraste con la participación que tuvieron en las actividades preparatorias, a las que habían enviado a sus mejores cuadros. Desde mayo, los enviados de Cuba. Venezuela, Nicaragua y Ecuador participaron en Egipto de las reuniones del Buró de Coordinación de los NOAL.

 

En otro artículo ya me había referido a la planeada asistencia del canciller Bruno Rodríguez a una reunión con funcionarios de la Autoridad Palestina con vistas a la Cumbre, que fue frustrada por decisión israelita, puesto que La Habana no tiene relaciones diplomáticas con Tel Aviv. En fin de cuentas, de poco valieron los repetidos viajes de Ahmadineyad a los países de la Alianza Bolivariana y los créditos y acuerdos económicos firmados con ellos, porque sus grandes amigos de Bolivia, Ecuador y Nicaragua, le dieron de lado a la invitación de los ayatolás, en la que se esperaba al menos a Evo Morales.

 

La ausencia de Raúl Castro no se notó, pues el dictador-sucesor es renuente a los viajes al extranjero, y está más perdido de la actualidad cubana que su deteriorado hermano, que es resucitado a diario por la prensa oficial. Claro, el jueves 27 de agosto reaparecía en el Granma recibiendo al Ministro de Desarrollo del Brasil, porque éste le traía un crédito de 200 millones de dólares de parte del gobierno de Dilma Rousseff.

 

Por parte de Hugo Chávez, (el principal promotor de los designios iraníes en América Latina), la ausencia era “justificada”, teniendo en cuenta el mortífero incendio de la refinería de Amuay y las elecciones presidenciales de octubre. Esos asuntos llevaron a Chávez, muy a su pesar, a perderse el momento en el que se convocó para dentro de tres años la Cumbre de los No Alineados en Caracas, evento lejano que hay que ver si -salud mediante- podrá presidir.

 

A la larga, por una u otra razón, o sin excusarse, todos los jefes de estado latinoamericanos amigos de Irán se quedaron en casa, y fue un gran contraste que la figura de mayor rango del ALBA en Teherán fuera el opaco vicepresidente del régimen de La Habana, José Ramón Machado Ventura, un anciano incluso con mucho menos carisma que su amigo y jefe, Raúl Castro.

 

La falta de representaciones de alto nivel, no solo de la Alianza Bolivariana, sino del resto de los 26 países de América Latina y el Caribe que integran el Movimiento, obligó a Machado a intervenir dos veces en la Cumbre: una a nombre del régimen neocastrista, y otra en representación de los países de la región. Sus discursos, por llamarles de alguna manera, no se apartaron un ápice de los viejos alegatos con los que Fidel Castro ha estado culpando desde hace sesenta años a Estados Unidos y sus aliados de todos los males planetarios.

 

Es obvio que las amistades latinoamericanas de Ahmadineyad le hicieron un desaire, porque a fin de cuentas no es lo mismo quedarse haciendo demagogia y antiimperialismo barato en el patio y el barrio planetario, que estar haciendo declaraciones en aquel lejano polvorín que han querido incendiar los ayatolás.

 

Pero no es que estén en desacuerdo con Irán, ni mucho menos: después de todo, los gobernantes de los países del ALBA ya han entrado en la pequeña pero infame lista negra de los más retrógrados del planeta, al votar en la Asamblea General en contra de la condena al régimen de al-Assad en Siria, aprobada por la mayoría de los miembros de la Naciones Unidas.