Cubanálisis El Think-Tank

ARTÍCULO ORIGINAL PARA EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

  

 

 

                                Antonio Arencibia, Miami

                                                                                                                                                            

 

LULA, CASTRO Y “LA VACA QUE TOSE”

 

Por su rechazo a reunirse con los disidentes cubanos y al comparar la muerte por huelga de hambre de Orlando Zapata Tamayo con las protestas de los delincuentes comunes en Brasil, Luis Ignacio Lula da Silva ha logrado convertirse en poco tiempo, -como se dice en francés-, en la bête noire  (la bestia negra), de las personas honradas que luchan por una Cuba libre.

 

No es de extrañar que a un demócrata convencido como el peruano Mario Vargas Llosa se le retuerzan las tripas al ver la foto del presidente brasileño abrazando a Fidel y Raúl Castro. El asesinato político del opositor encarcelado durante la Primavera Negra de hace siete años, ha estremecido incluso lo que se creían indestructibles alianzas políticas con el régimen de La Habana.

 

De hecho, llevado por las circunstancias, hasta el presidente del gobierno español, el socialista José Luis Rodríguez Zapatero, ha tenido que abandonar su posición apaciguadora en el seno de la Unión Europea, que encabezaba el canciller Miguel Ángel Moratinos. Ahora el PSOE se ha alineado junto al Partido Popular en la aprobación de una enérgica condena a la tiranía castrista en el Parlamento Europeo, por la muerte “evitable y cruel”, de Orlando Zapata Tamayo.

 

Oscar Espinosa Chepe ha señalado que la muerte de Orlando Zapata marca “un antes y un después no solo para la disidencia, también para el Gobierno”, en la lucha política en Cuba. A esto hay que añadir que ese suceso ha  producido también un cambio cualitativo en la percepción que tienen grandes sectores de la población en el mundo sobre la esencia de un gobierno dictatorial que dura ya medio siglo.

 

No obstante, a pesar de la anterior afirmación, hay que darle la razón a Vargas Llosa cuando excluye a América Latina de ese repudio generalizado contra el nepo-despotismo de los hermanos Castro. Hasta el momento, solamente el presidente de Costa Rica, Oscar Arias, ha emitido unas declaraciones de condena donde dice que la muerte de Zapata no logró “mover la compasión de un régimen que se vanagloria de su solidaridad, pero que solo [la] aplica a sus simpatizantes”.

 

Durante su visita oficial a Cuba, Lula se mostró parco en declaraciones a la prensa sobre el deceso de Orlando Zapata, y solo repitió las hipócritas palabras de Raúl Castro de “lamentamos esa muerte”. Pero -quizás pensó- que a sus anfitriones y amigos del régimen les gustaría que dijese algo más sobre el tema, por lo que de regreso a Brasil, y  para congraciarse con ellos, se le ocurrió plantear lo siguiente:

 

¡Imagínese si todos los bandidos que están presos en Sao Paulo iniciasen una huelga de hambre pidiendo la libertad!

¿Cómo puede comparar Luis Ignacio Lula a un preso político con un delincuente común? Por lo pronto, esas declaraciones desataron el repudio generalizado en Brasil.

 

Revuelo en Brasil

 

El senador socialdemócrata Eduardo Azeredo, presidente de la comisión de Relaciones Exteriores del Senado, al recordar que Lula fue preso político y que estuvo en huelga de hambre durante la dictadura, apuntó diplomáticamente que “el presidente está siendo incoherente con su pasado”.

 

Por su parte, Ophir Cavalcante, presidente nacional de la Asociación de Abogados de Brasil, calificó la declaración de Lula de “comparación disparatada, pues intenta banalizar un recurso extremo que es, al mismo tiempo, un símbolo de resistencia frente a un régimen autoritario que no admite oposición”.

El diputado del Partido Popular Socialista, Raul Jungmann, ya presentó ante el Palacio Presidencial de Brasil, (Planalto), la carta de los opositores cubanos que pedía a Lula interceder a favor de la libertad de los presos políticos de la Isla y que el mandatario brasileño dijo en Cuba no haber recibido oficialmente.

El parlamentario dijo a la prensa en esta ocasión, que tanto Lula como la ministra Dilma Rousseff, candidata a la presidencia del partido gobernante, fueron presos políticos, por lo que rechazaba los últimos comentarios del presidente ya que “no se pueden comparar prisioneros de conciencia con secuestradores, asesinos y violadores”.

Pero el asunto llegó, nada menos, que al propio partido de gobierno, por boca del senador Eduardo Suplicy, uno de los fundadores, con Lula, del Partido dos Trabalhadores (PT) en 1980. Suplicy, quien es actualmente líder del PT en el Senado, utilizó esa tribuna para repudiar la posición del presidente respecto a Cuba.

Dijo el senador que el “respeto” que tiene Lula por los hermanos Castro no debería impedirle recordarles algunos valores básicos como el respeto a los derechos humanos y la valoración de las libertades democráticas.


Claro, de inmediato salieron en defensa de Lula sus más cercanos colaboradores, como por ejemplo, el canciller Celso Amorim, que siguiendo la política del avestruz trasladó la responsabilidad de todo lo que pasa en Cuba a los Estados Unidos al plantear:
 

Si a alguien le interesa que ocurra una evolución política en Cuba, tengo una receta rápida: pongan fin al embargo.

Luego llegó el turno al inefable Marco Aurelio García, asesor especial del presidente Lula para relaciones internacionales.  García, también vice-presidente del PT y uno de los impulsores del Foro de Sao Paulo, no en balde es apodado el Maquiavelo Brasileño.

Sobre la inadmisible comparación que hizo su jefe, dijo a la prensa  que “fue un comentario lateral del presidente y no refleja la posición de Brasil ni de Lula sobre los Derechos Humanos”. Pero a continuación trató de justificar la actitud del Ejecutivo, señalando que el gobierno de Brasil “no se relaciona con disidentes, ni en Cuba ni en otros países” y que tomar partido por estos “sería una decisión inadecuada y contraproducente”.

Pero la máxima expresión de apoyo a Lula, vino de la ministra Dilma Rousseff, ex guerrillera urbana, designada por él como candidata del PT a la presidencia en las elecciones de octubre de este año.

 

En una entrevista con la prensa durante su visita a la Feria de la ciudad de Aracatuba le preguntaron sobre las declaraciones del presidente en torno a los derechos humanos en Cuba. La respuesta fue fulminante y al mismo tiempo cómica para los hispano-hablantes. Dijo la ministra y candidata presidencial:

 

             Ustedes no me van a sacar aquí una crítica al presidente ni aunque la vaca tosa.

 

La expresión en portugués “cuando la vaca tosa”, igual al dicho en inglés de “cuando los cerdos vuelen” equivale a la nuestra de “cuando la rana críe pelo”. En resumen, significa algo imposible.

 

El verdadero Lula

 

Es totalmente imposible que Dilma critique a Lula. Y así todo queda bien claro al final. Lo cual es importante, porque nos permite cerciorarnos de cual es el verdadero Lula.

 

Cuando Luis Inazio da Silva se presentó por cuarta vez en el 2002 como candidato presidencial, contrató al publicista Duda Mendonca, para que le construyera una imagen que tuviera impacto político y le garantizara la victoria.

 

Sus asesores de entonces le refrescaron la figura pública al viejo líder sindical radical, vistiendo a Lula de traje y corbata, presentándolo como esposo y padre de familia, serio pero afectuoso. El golpe de efecto se completó con una alianza donde el industrial millonario José Alencar, del Partido Liberal, fue designado candidato vice-presidencial.

 

Aunque en enero del 2001 Lula había sido el principal impulsor del Foro Social Mundial de la izquierda en Porto Alegre, Brasil, eliminó de su programa político durante la campaña presidencial todas las referencias al socialismo, y prometió respetar como presidente los acuerdos de Brasil con el Fondo Monetario Internacional. Esas contorsiones le dieron el triunfo en octubre del 2002.

 

Se dijo entonces que se había producido la evolución ideológica de un líder obrero, que había escogido el pragmatismo político en aras del desarrollo de su país.

Ahora, casi a la salida del cargo, Luiz Inacio da Silva puede volver a asumir la imagen radical original que muestra sus colores verdaderos. Como visitará Teherán en mayo, ya lo hizo a La Habana en marzo, y se ha entrevistado cinco veces con Hu Jintao, el presidente de Brasil tendrá en su currículo haber estrechado la mano a los autócratas de los tres países donde hay más periodistas en prisión: Irán, China y Cuba.

Lula recibió en Brasilia a Mahmud Ahmadinejad a fines de año pasado, después que éste se declaró ganador en las fraudulentas elecciones de Irán. Recientemente, se ha opuesto a sumar a Brasil a la política norteamericana de sanciones internacionales contra el régimen de los ayatolás, y dice que Teherán tiene “derecho” al “uso pacífico de la energía nuclear”.

Según un informe del 2009 de Human Rights Watch, Brasil está utilizando su voto en la ONU  para proteger a países como Corea del Norte, la República Democrática del Congo y Sri Lanka, que “tienen un record terrible en derechos humanos”.

En la recta final de su mandato Lula se mueve entre los líderes mundiales con cierto atrevimiento. Se ha dicho que aspiraría a ser Secretario General de la ONU, lo cual no parece tener posibilidades, pero como sus amigos no lo van a abandonar, ya ha sido propuesto por Chávez como presidente de la liga de naciones latinoamericanas y caribeñas que se acordó crear en  Cancún.

Lula se acaba de despedir de quien ha sido su amigo de muchos años, Fidel Castro. Ambos promovieron el Foro de la izquierda en Sao Paulo, y muchas otras jugadas políticas en el continente, y si bien Castro no ha aceptado jugar la carta capitalista que le propuso Lula hace tiempo, y no está de acuerdo en desarrollar el etanol en Cuba o los cultivos transgénicos, tampoco ha rechazado los préstamos y las inversiones en el puerto de Mariel, ni la instalación de una fábrica brasileña de lubricantes en la Isla.

Si es imposible que Dilma Rousseff critique a su mentor, Lula,  también lo es que Lula critique a Fidel Castro. Son aliados, y todos los que se les oponen son sus enemigos jurados. No importan los muertos ajenos, los líderes de la izquierda radical están obligados a cerrar los ojos ante los crímenes de sus aliados.

Pero afortunadamente, no hay que esperar por lo imposible: el sacrificio de los opositores en Cuba está haciendo que el mundo despierte y denuncie la represión aunque las vacas no tosan, las ranas no críen pelos, o la izquierda radical abandone su ceguera por conveniencia.