Cubanálisis El Think-Tank

ARTÍCULO ORIGINAL PARA EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

                                                 Antonio Arencibia, Miami

                                                                                                                                                            

 

                     LOS CASTRO, LA CUMBRE Y LA V INTERNACIONAL

 

Indiscutiblemente, la Cumbre del Alba en La Habana marcó la entrega definitiva del cetro revolucionario de Fidel Castro a Hugo Chávez. La espectativa creada por este último sobre una sensacional reaparición del viejo tirano en el marco de la reunión, quedó descartada. Fidel Castro solo se reunió con el heredero de sus planes de desestabilización continental,  y no con sus fieles seguidores Evo Morales o Daniel Ortega.

 

La coreografía de esta sucesión a escala hemisférica fue cuidadosamente ensayada, y se veía venir cuando Raúl Castro dijo al recibirlo, que Chávez era como “un torrente” en su actividad y que le recordaba “al Comandante en Jefe cuando joven y aún hoy cuando está escribiendo sus Reflexiones”.  

 

Castro dirigió al “querido Hugo”, una carta en la que imita al Ché, y que fue leída por el destinatario en la sesión de clausura de la Cumbre. Solo le faltaba al Comandante escribir en ella parodiando la despedida de Guevara, en vez del “yo puedo hacer lo que te está negado”, un “tu puedes hacer lo que ya yo no puedo”, pero la intención se vuelve a marcar en la despedida nada habitual de “Hasta la victoria siempre”.

 

Más allá de lo formal, la esencia del mensaje es que Castro proclamó ante la izquierda radical del hemisferio que Chávez, es un alma gemela “rebelde” y “antimperialista”. El venezolano, por su parte, reveló que Fidel Castro considera que ya “cumplió una etapa”, y que su tarea ahora “no es gobernar sino pensar y escribir”. La entrega del batón era lo principal, lo demás de la Cumbre del Alba fueron los discursos con los temas de rutina: el imperio, las bases en Colombia, Zelaya y el cambio climático.

 

A propósito de cumbres, la presencia de Ecuador solo a nivel de Canciller en la de La Habana, ha sido interpretada por analistas como una muestra de cierto deslinde de Correa de las posiciones más radicales dentro de esa liga, como antes lo demostró con su asistencia a la Iberoamericana de Portugal, que fuera boicoteada por los demás líderes albistas.
 

Pero, volviendo al tema central, la encomienda que recibe Hugo Chávez de comandar la subversión continental viene con serias advertencias. Por eso el general-presidente de la Isla utilizó una de esas frases suyas, que parecen un desliz, pero son banderillas. Dijo Raúl Castro de Chávez a la prensa, que los enemigos “le van a hacer lo mismo que nos hicieron a nosotros”. Su mentor Fidel Castro le recordaría también en este viaje que “no le perdonarán nunca su apoyo a Cuba”.

 

En ese sentido Hugo Chávez argumenta que también vale para Venezuela lo que dijo Castro en el 2005: que la Revolución no podía ser derrotada por el enemigo pero sí por los mismos cubanos, y que ese es igualmente el desafío venezolano. Pero las circunstancias históricas mundiales y regionales son diferentes a las concurrentes para que el castrismo perdurase por medio siglo. 

 

En la actualidad hay una atmósfera belicista en la región que Chávez ha ido alimentando por más de una década, primero con el apoyo a las FARC y su vieja histeria contra Uribe y ha rebasado límites con sus enormes compras de armamentos rusos y maniobras navales entre Rusia y Venezuela. Pero quizás lo más significativo es el abrazo chavista al Irán de los ayatolás, que como acaba de recordar la Secretaria de Estado norteamericana, “es el principal sustentador, promotor y exportador de terrorismo en el mundo actual”. Ahora Chávez considera amenazada su seguridad por la presencia norteamericana en bases de Colombia, lo que ocurre después que su aliado Correa cerró a Estados Unidos el acceso a la base ecuatoriana de Manta.

 

Indudablemente Hugo Chávez está consciente de que no puede seguir provocando conflictos impunemente, y está buscando protegerse. Por eso el primer día de la cumbre del Alba declaró a la agencia oficial ABN que se había abordado el tema de la defensa en vista de “las amenazas del imperio”.

 

La Agencia Bolivariana de Noticias tituló el despacho Discuten creación del Consejo de Defensa del ALBA, pero la Declaración Final de la VIII Cumbre no recoge ese tópico. La única referencia habla en términos generales del derecho de Venezuela a poner en alerta la defensa de su país “como consecuencia del despliegue militar de los Estados Unidos cerca de sus fronteras”.

 

Según algunos observadores, los líderes albistas decidieron que un órgano de defensa es demasiado visible, y que era mejor obviarlo y tomar acuerdos secretos de cómo responder en caso de una crisis en Venezuela o en otros países miembros de la liga.

 

Ahora tienen la difícil responsabilidad de encabezar un bloque enfrentado a la política norteamericana en la región. Pero la parte previa de esa tarea estratégica es respaldar con declaraciones públicas la ofensiva de descrédito iniciada por Fidel Castro contra el presidente Barak Obama en sus Reflexiones.

 

¿Qué esperan los Castro?

 

Concuerdo con quienes opinan que Raúl Castro no aspiraría al liderazgo de la izquierda continental aunque su hermano hubiese muerto. No tiene ni la edad, ni la capacidad, ni los recursos, pero tampoco le interesa. Ya tiene bastante con tratar de capear el desastre nacional heredado. Por eso le vienen bien los 264 convenios bilaterales que por valor de unos 3,000 millones de dólares se acordaron para el año 2010 en la X Comisión Intergubernamental Cuba-Venezuela.

 

Por decisión de Fidel Castro se cancela el coqueteo de Raúl Castro con Lula para las aspiraciones de Brasil respecto a la Isla. La balanza se ha inclinado hacia el proyecto chavista.

 

Por eso el general-presidente reconocía en la clausura de la firma de los acuerdos económicos que “la hermana Venezuela es hoy el primer socio comercial de Cuba”. A ese comentario Chávez añadió que “Fidel está contento. (…)Sabe más que nosotros de los convenios que se firmaron”. Cuando hablan en público solo dicen lo que se puede decir: por eso el viejo dictador escribía a Hugo Chávez “nunca te solicité nada. El apoyo tuyo a Cuba fue espontáneo”.

 

Se destacan entre los acuerdos la creación de una flota pesquera conjunta y un acápite para la compra por parte de La Habana de alimentos, ropa, materias primas y materiales de construcción venezolanos por valor de 413 millones de dólares
 

Entre La Habana y Caracas se ha fortalecido la alianza, pero los Castro saben bien que no pueden quedarse otra vez, como en 1991, “colgados de la brocha”. Por eso han dado pasos en previsión de un desplome de los suministros petroleros venezolanos.

 

Se apartan de la línea chavista al no involucrarse abiertamente con Irán. Apuestan al envío, bien remunerado, de miles y miles de profesionales y técnicos cubanos a los países del Alba, y muy especialmente a Venezuela. Tienen una vela encendida pidiendo la gracia de la llegada del turismo norteamericano, y promueven grandes inversiones con vistas a una eliminación del embargo comercial.

 

Claro que todo lo anterior se contradice con el recrudecimiento sin precedentes de la represión del régimen contra cualquier tipo de manifestación pública, no solo de oposición política, sino de opinión, de petición de derechos y  hasta de actitud.

 

También los Castro se han mantenido alejados de los últimos desvaríos de Hugo Chávez que incluyen una convocatoria a la Quinta Internacional Socialista.

 

¿Surgirá la Internacional Chavista?

 

Esa idea de Chávez fue propuesta por su Partido Socialista Unido de Venezuela, los días 20 y 21 de noviembre pasado, cuando se celebró en Caracas el Encuentro Internacional de Partidos de Izquierda. Según el recuento oficial, participaron 150 delegados de 53 organizaciones de cinco continentes: 26 de países de América Latina y el Caribe, siete de Europa, y seis de África, Asia y Oceanía.

 

Las cifras no son lo importante, aunque sí la notable ausencia de representantes del Partido Comunista de Cuba. Trascendió que en el evento hubo discrepancias por la participación de partidos como el PRI de México y el Partido Justicialista de Argentina, que no son socialistas, y otros asistentes solicitaron hacer consultas, porque el tema no estaba en la agenda previa. Esto requirió que Hugo Chávez se presentara para asumir la responsabilidad de la convocatoria y pidió a los representantes de los partidos que hicieran los contactos pertinentes para firmar la declaración.

 

El documento final o “Compromiso de Caracas” convoca la Quinta Internacional en la capital venezolana, en abril del 2010, coincidiendo con el Bicentenario del inicio de la lucha independentista en Latinoamerica.

 

Aunque el Partido Comunista de Venezuela (PCV) asevera que la declaración adoptada no contenía el término “socialista” en el llamamiento, los funcionarios del gobierno chavista y del PSUV insisten en que se constituirá en abril la Quinta Internacional Socialista.

 

La cita fue apoyada, entre otros dirigentes extranjeros, por el ministro coordinador de la Política de Ecuador, Ricardo Patillo, representante del partido Alianza País; Piedad Córdoba, senadora y directora del movimiento de izquierda dentro del Partido Liberal de Colombia; Miguel D´Escoto, representante del Frente Sandinista de Nicaragua, y el ministro de Obras Públicas y representante del Movimiento Al Socialismo (MAS) de Bolivia, Walter Delgadillo, quien expresó que contaba con la aprobación del presidente Evo Morales.

 

En ninguna nota de prensa aparece reflejada la presencia de delegados del PCC, lo que explica que, con motivo de la Cumbre del Alba en La Habana, viajara una delegación de una veintena de miembros del Partido Socialista Unido, encabezada por Freddy Bernal, integrante de la Dirección Nacional.

 

Aunque Bernal informó que el lunes 14 se efectuaría en la Isla un taller de trabajo entre de cubanos y venezolanos dedicado al tema, los órganos nacionales de la prensa oficial no han informado sobre el anunciado taller.

 

La V Internacional, que pudiera pasar a la historia como Internacional Chavista o fracasar estrepitosamente, sale a escena con bastantes problemas, y muchos de ellos son de raíz ideológica.

 

A pesar de sus esfuerzos unitarios, cada una de las cuatro internacionales previas se caracterizaron por el cisma entre sus líderes o principales tendencias. Así fue el enfrentamiento entre Bakunin y Marx, de Lenin y los bolcheviques frente a los otros Partidos Social Demócratas, y el de Trotsky contra Stalin.

 

Pero ahora se trata de empezar a unir como núcleo principal a elementos tan diversos política o éticamente como el socialismo bolivariano, (aún sin definir); su variante “alfarista” en Ecuador; el socialismo “indigenista” y plurinacional del MAS boliviano, y el sandinismo “danielista”, de tan poco prestigio.

 

Los “marxistas leninistas” de nivel intermedio de Cuba, repetidores de viejas consignas del Comandante, no saben si éste los dejará entrar en esa olla podrida. Si lo hacen, no podrán menos que reflejar allí los clichés y dogmas estalinistas del castrismo. 

 

¿Qué aportará el “justicialismo moderno” en el poder, que -como ha dicho Hugo Chávez a los Kirchner-,  “representa una victoria para Mi general Perón [que] ha seguido ganando batallas tras su desaparición física”? Pero según Chávez hay que tener en cuenta otros aportes a esa Internacional, como los del “socialismo africano” y “árabe”. No sería de extrañar que tenga cabida en la agrupación que promueve Hugo Chávez el “socialismo teocrático” de los ayatolás iraníes.  

 

Mientras tanto la Gerusía criolla, integrada por los Castro y los ancianos de mayor confianza y probada lealtad, haciendo gala de esa doble moral endémica en la Isla, juran apoyar los planes de Chávez, reciben sin preocupación de pago la inyección de dineros y suministros de Venezuela, y mueven la cabeza en desaprobación silenciosa a este tipo de  planteamientos del Teniente Coronel y sus socios albistas, sin pies ni cabeza.

 

Escuchan boquiabiertos al “gran dirigente” Evo Morales pedir en Copenhague un referendo mundial para abolir el capitalismo, y que todo lo que se gasta en las guerras se destine a impedir el cambio climático.

 

¿Por qué aplaude Castro ese tipo de sandeces? Porque entiende que hay que alentar la provocación, y además sabe que hay muchísima gente que consume demagogia barata.

 

En fin de cuentas, para lo importante ahí está él, el gran asesor de la “revolución bolivariana” a nivel del continente, el Subversivo en Jefe, (mientras pueda).

 

Queda para Raúl Castro y Ramiro Valdés garantizar el apoyo a las tareas de consolidación interna del chavismo. Mientras tanto le dicen con cariño al sobrino rico: Hugo, aquí estamos para lo que necesites, pero –no te pongas bravo- tú en tu socialismo y nosotros en el nuestro.

 

Y sucede que esperan que tal alianza dure bastante tiempo. Pero como conocen el material a veces lo dudan.