Cubanálisis El Think-Tank

ARTÍCULO ORIGINAL PARA EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

  

                                                      por Antonio Arencibia

 

LA VOZ IMPRESCINDIBLE DE AMÉRICO MARTÍN

 

Los cubanos nos enfrentamos al déja vu en Venezuela:  mientras se va desdibujando Castro de nuestro futuro como nación, resurgen sus caóticos proyectos en el hemisferio con otro caudillo de muchas menos luces. Afortunadamente al enfrentar el desafío chavista, nos preceden los mas prestigiosos políticos e intelectuales de la Venezuela democrática, y entre ellos, en primera fila, se encuentra el maestro Américo Martín.

 

La participación de Américo Martín en el debate sobre el socialismo fue anunciada en su artículo “El Napoleón de nuestro tiempo”, (El Nuevo Herald, 05/05/07), donde se enfrentaba a Heinz Dieterich Steffan, --uno de los más exagerados aduladores de Hugo Chávez--,  citando una frase de las famosas catilinarias de Cicerón, “¡Oh tiempo, oh, costumbres!”. Parecería, por el calibre de su crítica, que el destacado político venezolano está matando gorriones a cañonazos, pero no es así por lo significativo de la coyuntura histórica en que nos encontramos en América Latina.

 

Es que en el continente, Chávez,  está tratando de sumar a las masas más preteridas a sus inviables proyectos de ingeniería social e integración económica, contando con la complicidad o el interés de lidercillos de la región, y la bendición del casi impotente Condotiero en Jefe. Además, el propulsor del “Socialismo del Siglo XXI”, ha declarado su alianza con los enemigos y rivales de los Estados Unidos y la complementa destinando enormes recursos para la compra de todo tipo de armamentos.

 

 

“El regreso de Napoleón”

 

Con el título provisional de “El regreso de Napoleón”, Américo Martín  hizo llegar a Cubanálisis su último libro que, -con la anuencia del autor-, fue publicado parcialmente en abril y mayo en una serie titulada “La Falacia del Socialismo del Siglo XXI”. De esa forma el destacado político venezolano continúa  prestigiando estas paginas, en las que ya se han publicado otros trabajos suyos como: "La sucesión de Fidel: una herida abierta"; “Nacionalización y Socialismo” y  “Dictadura del proletariado”.

 

Su nuevo libro, comienza con una cita de Mariano Picón Salas sobre otro dictador venezolano:

 

“Un poco de sociología de segunda mano anda revuelto con adulaciones rastreras en páginas que pagó e inspiró la dictadura de Gómez”.

 

A partir de ahí, en la primera parte del libro, Américo Martín le pasa cuenta a ocho años de chavismo y se mofa con elegante ironía de los que consideran al Teniente Coronel golpista una especie de Bonaparte contemporáneo. Pero, aunque el autor satiriza a los que “se lanzan sin freno por la autopista del ditirambo”, la esencia del libro,-como fuera anunciado-, es la crítica de la propuesta socialista que pretende Chávez para Venezuela en el marco de la llamada Revolución Bolivariana.

 

Para el Dr. Américo Martín es algo sorprendente que tras ocho años de preparar el camino para su proyecto, el contenido del socialismo chavista sea un conjunto “de ideas confusas” que lo relacionan  “con programas asistencialistas o con supuestas formas de participación popular”.Como el mandatario venezolano no es precisamente fuerte en análisis teóricos, Martín centra el debate en los planteamientos de Dieterich y  del estrecho colaborador de Chávez, Haiman El Troudi, en torno a lo que califica de “la peliaguda cuestión del mercado”.

 

De forma concisa y sin caer en trampas dialécticas, son evaluadas las experiencias históricas del socialismo y el mercado a partir de la Nueva Política Económica en la URSS y las reformas de Liberman en época de Nikita Kruschev. Luego pasa revista a  la que llama “nueva N.E.P. fidelista”, lanzada a regañadientes durante el Período Especial y abortada por Castro cuando pudo contar con la enorme ayuda de Chávez  y numerosos créditos chinos. Los ejemplos finales abordados por  Américo Martín en este recorrido analítico, son el socialismo de mercado en Yugoslavia y el desarrollo de las reformas de Deng Xiaoping, que han conducido a la privatización masiva de las empresas estatales chinas. La proclamación de los dirigentes comunistas chinos actuales de la economía social de mercado, hace exclamar al autor de El regreso de Napoleón: “¡Ni la democracia cristiana lo diría con tanto entusiasmo!”

 

Teniendo en cuenta que socialismo y mercado son términos excluyentes y habiendo confesado Dieterich que el mercado nacional es inviable en el socialismo venezolano y considerando El Troudi que solo es un elemento de transición que morirá,  plantea Américo Martín la contradicción de estos teóricos con la practica del gobierno de Chávez:

 

¿Cómo se orientará la confundida base del movimiento bolivariano cuando oye el anuncio con pífanos de la formación de la Confederación de Empresarios Bolivarianos Socialistas? Dieterich, El Troudi y otros tratando de hacernos entender que el mercado no tiene futuro en el socialismo bolivariano, y el gobierno va y les hace la trastada de financiar una nueva burguesía cuya vida es precisamente el mercado. La diferencia es que los nuevos burgueses son algo atorrantes: abominan de la competencia. Con la ayuda política del gobierno revolucionario se disponen a monopolizar el mercado. ¡Qué difícil es ser revolucionario en semejante olla de brujas!

 

En la segunda parte del libro, el autor comienza desmontando la teoría de la economía equivalente inventada por Dieterich a partir de los trabajos de Arno Peters en sus tres principios: el del valor objetivo, el de  la equivalencia y el de la planificación democrática. Mas allá de lo inaplicable de las abstracciones matemáticas de esa teoría del valor equivalente, el Dr.Dieterich Steffan ha reconocido que el modelo socialista para Venezuela debe tener en cuenta el alto nivel consumista del ciudadano de ese país, para lo que tiene que  echar a un lado los aspectos morales de “predicarle a la gente siempre que tiene que ser como el Che y no consumir”[i].

 

Su colega en la exégesis del chavismo, Haiman El Troudi, por su parte, insiste en la ética socialista como el “gran remedio” en la transición hacia la nueva sociedad y suscribe la utopía del “Hombre Nuevo” propuesta por Che Guevara. Pero quien lleva esta posición a las últimas consecuencias es el Teniente Coronel ( R ) y ex Vice Ministro de Relaciones Exteriores, William Izarra, que postula la necesidad de desatar en cada revolucionario las potencialidades creativas del socialismo utilizando una supuesta “energía morfogenética”, capaz de hacerlo “acceder a nuevos estadios de la civilización humana”. Vale la pena, realmente, leer la brillante refutación de tales disparates por parte de Américo Martín.

 

En la tercera parte Américo Martín se refiere al proyecto de cadenas de transmisión que van desde el partido unido socialista de Hugo Chávez, hasta el poder comunal, pasando por la conversión de los sindicatos en instrumentos del estado bolivariano. Con la coartada de que “lo principal es la unidad de la revolución”, el mandatario ha declarado implícitamente que la autonomía sindical es una consigna contrarrevolucionaria, y requiere el sometimiento de los sindicatos al Partido Socialista Unido de Venezuela. .

 

Evolución política

 

Hay que hacer un recuento histórico de las condiciones que insertaron a Américo Martín en la vanguardia política venezolana desde su juventud. Para ello hay que tener en cuenta, en primer lugar,  la intervención de Castro en la política interna de Venezuela  que se remonta a su visita a Caracas en enero de 1959 con motivo del primer aniversario del derrocamiento de Pérez Jiménez. En las acciones que dieron el empuje final  a la caída de esa dictadura militar se destacó el Frente Universitario, organizado por el estudiante Américo Martín.

 

Tras la visita de Castro, los jóvenes más radicales del partido Acción Democrática,  desencantados con la actuación de su candidato electo a la presidencia, Rómulo Betancourt, se fueron desvinculando de esa organización política hasta ser expulsados de la misma. En el caso de Américo Martín de solo 22 años, la separación fue por escribir un artículo sobre el APRA peruano. Entonces los expulsados crearon el MIR, (Movimiento de Izquierda Revolucionaria,), que coincidía con la estrategia castrista de la lucha armada revolucionaria contra los poderes establecidos.

 

Como ha señalado el escritor venezolano Alberto Garrido, desde muy temprano Castro y Che Guevara tenían puestos los ojos en Venezuela:

 

El estrecho vínculo que se generó entre Pedro Duno y Ernesto "Che" Guevara cuando ambos se encontraron en Argelia trajo como consecuencia la propuesta de Guevara de seguir su lucha en Venezuela. Duno formaba parte del Frente Guerrillero Simón Bolívar. Pero el sector ortodoxo del comité central del Partido Comunista de Venezuela se opuso a la incorporación de Guevara a la lucha armada venezolana. Transcurría el año 1963.[ii]

 

Poco antes, en 1962, el presidente Betancourt había ilegalizado al MIR y al Partido Comunista de Venezuela, por lo que cada partido, influido por la dirigencia cubana, inicia la organización de guerrillas en el país. Como parte de los preparativos viajan a Cuba a partir de entonces diferentes grupos de militantes de izquierda venezolanos y del PCV para su entrenamiento militar. Recordando su encuentro con Castro en 1965, confiesa años más tarde, Américo Martín a su compatriota Casto Ocando:

 

``Fidel Castro se había enamorado de mí, en el mejor sentido de la expresión. Me llevaba para todas partes, incluso hicimos prácticas de tiro juntos. Tenía muchas esperanzas puestas en mí''.[iii]

 

En “Alabados sean nuestros señores: una educación política”, publicada en español en 1999, Régis Debray, recuerda una experiencia similar en La Habana, durante su primer encuentro con Castro en1965. Tras una larguísima espera, el caudillo llegó y empezó a pasearse por la habitación “como una fiera enjaulada”, y con un torrente de palabras lo convocó a formar parte de una lucha heroica, como confidente, como alguien “indispensable para el curso adecuado de las cosas, como alguien en quien el gobernante iba a ser capaz de depender finalmente”. A cambio de esto Fidel Castro solo le pedía a Debray que pasara un curso acelerado en el arte de la guerra y luego lo envió en un recorrido por varios países de América Latina para evaluar el terreno de la lucha armada.[iv]

 

Mientras tanto, en Venezuela, al pasar Américo Martín a la jefatura del MIR,  se incorpora a la lucha guerrillera como comandante del Frente del Bachiller, en las montañas de Miranda. La Habana daba gran importancia a ese frente y al que encabezaba Douglas Bravo en las sierras de Falcón, en el occidente venezolano, en el marco de la ofensiva guerrillera continental. Dan fe de esa consideración el discurso de Fidel Castro el 13 de marzo de 1967, y el saludo patentizado por el Che Guevara a ambos jefes de guerrillas, en su Mensaje a la Tricontinental publicado en mayo de ese mismo año.

 

También demuestra el interés de Castro por Venezuela el envío de experimentados militares cubanos a combatir en Miranda y Falcón, como la expedición de 1966 del venezolano Luben Petkoff y Arnaldo Ochoa junto a otros catorce cubanos para sumarse a las filas de Douglas Bravo; y la del Comandante guerrillero Héctor Pérez Marcano, del MIR quien partiera de Santiago de Cuba en una expedición cubano-venezolana que debía desembarcar en el llamado Cocal de los Muertos, en las costas del estado Miranda, el  8 de mayo de 1967. Esta  última, estaba integrada por cuatro venezolanos y cuatro cubanos: Ulises Rosales del Toro, Raúl Menéndez Tomassevich, Silvio García Planas y el médico Harley Borges. La expedición terminó de forma trágica cuando Antonio Briones Montoto, que dirigía la lancha cubana con hombres rana de apoyo a los ocho designados, pensó que había una emergencia y dio la orden de desembarcar. Arrastrada hasta Machurucuto por la corriente, se ahoga un cubano del grupo de apoyo,  muere en combate o es fusilado Briones y se suicida otro cubano tomado prisionero. El grupo de los ocho, armados con fusiles AK-47 y dotados de relojes submarinos Rolex, con uno extra enviado por Castro para Américo Martín, perseguidos por tierra y aire y sin víveres, van a tardar “cien días en dar con la guerrilla, que acosada por los cazadores se había refugiado en el Parque Nacional Guatopo”.[v]

 

Paralelamente, en la sierra, Américo Martín, agobiado por la lechmaniasis, enfermedad producida por las picadas de los jejenes, debe salir de la guerrilla para curarse en el extranjero. Es arrestado bajo falsa identidad en Cartagena, Colombia, al tratar de viajar en el barco “Satrústegui”, y pasa a prisión en Venezuela.

 

La muerte de Ernesto Guevara en Bolivia, en octubre de 1967, marca el inicio del fin de lo que se había considerado por Regis Debray como la larga marcha del castrismo en América Latina.

 

En 1968, las discrepancias con sus aliados, que han sido una constante en todas las aventuras internacionalistas de Fidel Castro, se van a repetir entre los guerrilleros venezolanos y los cubanos. Al año siguiente, se retiran los cubanos de la guerrilla y la lucha armada decae, profundizándose el  debate en el seno del MIR sobre su efectividad. Esto conduce a la división de ese partido en varias tendencias, destacándose la de Domingo Alberto Rangel, que se pacifica, renuncia a la oposición armada, y va a participar en las elecciones.

 

Por su parte, Américo Martín, indultado junto a otros líderes políticos por el presidente Rafael Caldera, será electo diputado por el MIR. Más tarde será candidato a la Presidencia de la República. Al profundizar en el análisis de la traumática experiencia política de la izquierda venezolana, Américo continúa desligándose de viejas concepciones marxistas. Funda la  agrupación política Nueva Alternativa, pero insatisfecho con los continuos debates en su seno, se separa de ésta y se declara independiente.

 

Su pluma fecunda ha producido importantes obras, desde “Marcuse y Venezuela”, hasta “América y Fidel Castro”, pasando por “Los Peces Gordos”, que fuera lectura predilecta de Hugo Chávez en sus años de joven oficial, hasta los más actuales títulos, entre los que se destacan “El Estado soy Yo”, “El Socialismo no es una Religión” y “Las Raíces del Autoritarismo en América”. Al regresar a la legalidad, retoma los estudios y se gradúa de abogado, especializándose en Derecho Administrativo.

 

Proyección anti-totalitaria

 

En “América y Fidel Castro”, publicada en el 2001, Martín acuña una caracterización indeleble del caudillo que le inspirara en su juventud, calificándolo de “bronco Pizarro armado con el arcabuz del leninismo’’[vi]. En su libro “La Pesada Planta del Paquidermo” acuña el concepto de caudillos de tercera generación, la de Chávez y Evo Morales, (ahora aumentada con Correa y Ortega),  que a pesar de utilizar “la palanca petrolera” de Venezuela, como política no tiene futuro, solo presente.[vii]

 

Preocupado por el futuro del continente escribe La Sucesión de Castro, una Herida Abierta en cuyo Epílogo, donde cita la frase de Heine “Es una amarga quimera querer introducir demasiado pronto el porvenir en el presente”, escribe once importantes tesis:  sobre la Revolución Cubana, la transición democrática en la Isla, la concepción bipartidista en Estados Unidos de una estrategia económica de la transición, del papel de las FAR en una Cuba post Fidel, de las posibilidades de reformas por parte de Raúl Castro y de la importancia de la relación Castro-Chávez.

 

Estas verdaderas reflexiones son de enorme importancia para el futuro tanto de Cuba como de Venezuela y explican por qué preocupa más al castrista argentino Atilio Borón, la influencia y efectividad de los planteamientos de Américo Martín y de otros políticos ex-marxistas, que la de los políticos de derecha.[viii]

 

Aunque unos pocos antiguos guerrilleros se han incorporado en Venezuela al carro aparentemente triunfal del chavismo, numerosos dirigentes de la lucha armada como Martín, Teodoro Petkof, Gabriel Puerta Aponte, Ángela Sago, Pompeyo Márquez y muchos otros, se han opuesto y siguen combatiendo decididamente los designios de Hugo Chávez.

 

Ya sea desde las filas de la Coordinadora Democrática, en la Mesa de Diálogo de la Oposición con el gobierno para el Referendo Revocatorio, o escribiendo incisivos artículos y libros sobre los procesos políticos en marcha, Américo Martín es una voz imprescindible en la ardua lucha por alcanzar la democracia y la prosperidad en nuestro continente.

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 NOTAS:

[i] Eduardo Riveros Quiroz. “Entrevista con Heinz Dieterich, el máximo teórico del Socialismo del siglo XXI”, Venezuela Analítica, 12 de febrero de 2007.

[ii] Alberto Garrido, “El eje revolucionario Chávez-Castro”, Especial para El Universal, Venezuela, 27 de junio de 2004.

[iii] Casto Ocando,  “Américo Martín: Un venezolano con buen ojo para la historia”,  El Nuevo Herald.

[iv] James Miller, “Clowns with Kalashnikovs”, The Nation, May 28, 2007.

[v] Antonio Sánchez García, “Machurucuto la primera aventura de Castro en Venezuela”,  El Nacional, Caracas, domingo, 6 de mayo de 2007 

[vi] Carlos Alberto Montaner, “Chávez, Castro y Américo Martín”, Firmas Press, junio de 2001.

[vii] Américo Martín, “Venezuela en el cráter”, cubanalisis,  8-ene-2007

[viii]  Irina Morán entrevista a Atilio Borón en Córdoba, Argentina, junio 22 de 2007, Rebelión.