Cubanálisis El Think-Tank

ARTÍCULO ORIGINAL PARA EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

                                                      Antonio Arencibia

                                                                                                                                                            

 

LA OBSESIÓN AFRICANA DE FIDEL CASTRO 

 

Desde su actual puesto (de mando) sanitario, el Comandante escribió en Granma el 30 de septiembre acerca de un filme de guerra del ICAIC que recuerda el 25 aniversario de la batalla de Cangamba en la provincia de Moxico, Angola. Por un extraño capricho de su director, Rogelio París, se le cambió el nombre a ese pueblo por el de Kangamba, que corresponde a un punto geográfico de Zambia y a otro de la República Democrática del Congo, lejanos ambos del lugar de los hechos que se conmemoran.

 

Para el 14 de octubre aparecían otras tres Reflexiones que con el pretexto de lo acontecido en Cangamba, reflejaban diferencias de Fidel Castro con los soviéticos sobre estrategias políticas y militares durante su intervención en Angola.

 

Para entender mejor lo que hay tras este nuevo intento del viejo dictador por reescribir la historia, es necesario refrescar la época en que ocurrieron los combates del 2 al 14 de agosto de 1983, y el papel jugado por las FAPLA angolanas, las FAR cubanas, la UNITA y las fuerzas de defensa de África del Sur (SADF).

 

La Segunda Guerra Fría y el freno al expansionismo soviético

 

La retirada de fuerzas sudafricanas de Angola en 1976, que puso fin a la Operación Savannah, no se debió a una derrota militar, aunque su avance en profundidad hacia Luanda fue detenido por el choque con tropas cubanas en Cuanza Sur; sino que a estos enfrentamientos se le sumó la presión internacional contra Pretoria, que generaron las resoluciones condenatorias de la OUA (Organización de Unidad Africana) y del Consejo de Seguridad de la ONU.

 

De esa forma cesó el conflicto militar que el presidente angolano Agostinho Neto había bautizado como “Segunda Guerra de Liberación”. Parecía que el MPLA (Movimiento Popular de Liberación de Angola) había alcanzado la victoria sobre las fuerzas rivales de UNITA (Unión para la Independencia Total de Angola) (foto izquierda: Jonas Savimbi, líder de UNITA) y las del FNLA (Frente Nacional de Liberación de Angola), de Holden Roberto (foto derecha).

 

 

Neto entonces  viajó a las celebraciones del 26 de Julio en Cuba, y después de su regreso a Luanda su partido adoptó oficialmente el marxismo-leninismo como doctrina. Pero esta radicalización, -resultado directo de la participación de Cuba y la Unión Soviética en la guerra-, agudizó los conflictos internos y exacerbó la dinámica política en los países del área, por lo que no pudo  cumplirse el plan original de retirar a las tropas cubanas, que  debieron permanecer quince años más en Angola.

 

La política expansionista de la URSS impulsada por Leonid Brezhnev estaba entonces en su apogeo. Además de asegurarle el poder a sus aliados del MPLA, había conducido a la intervención de la URSS en Afganistán, precedida un año antes por la cubano-soviética en Etiopía.

 

Esta situación llevó al senado norteamericano a oponerse a la ratificación del tratado SALT II, de limitación de armas  estratégicas, que el presidente James Carter acababa de firmar con Leonid Brezhnev en Viena. No pueden dejarse de tener en cuenta otros acontecimientos importantes ocurridos después de 1976, como el triunfo Sandinista en Nicaragua y el establecimiento de la República Islámica en Irán, ambos en 1979, que van a fortalecer directa o indirectamente las posiciones del  comunismo internacional.

 

Pero a partir de la toma de posesión de Ronald Reagan como 40º Presidente de los Estados Unidos el 20 de enero de 1981, va a producirse un cambio total en la situación. La administración republicana de Reagan, contando con el apoyo decidido del gobierno británico encabezado por Margaret Thatcher, pondría fin a la política de détente con la URSS, y confrontaría el expansionismo soviético mediante la ayuda abierta y encubierta a los movimientos de resistencia anticomunistas en los países del Tercer Mundo. Así se entregaron grandes cantidades de armamentos a los mujahedines en Afganistán, y se abasteció militarmente a los “Contras” en Nicaragua y a la UNITA, mientras se alentaba al gobierno de minoría blanca de Sudáfrica a intervenir nuevamente en Angola.

 

 

La estrategia político-militar de los contendientes a partir de 1981

 

En los albores de esta “Segunda Guerra Fría”, las SADF lanzaron la Operación Protea en agosto de 1981, durante la cual unos 5,000 soldados sudafricanos, apoyados por tanques y blindados atacaron las bases de los guerrilleros namibios de la SWAPO (South Western African People Organization) en la provincia de Cunene (Angola) y establecieron su presencia militar en esta región angolana.

 

Esta nueva intervención sudafricana favoreció el incremento de las acciones de UNITA en el centro y este de Angola, en una guerra fraticida que duraría más de veinte años (ver mapas). Las fuerzas de Jonas Savimbi, abastecidas con el armamento soviético capturado en las bases de la SWAPO, y con el botín de guerra de sus incursiones contra las FAPLA, redoblaron las acciones combativas utilizando todos los recursos de la insurgencia.

 

A partir de 1983 UNITA comenzó a atacar en mayor o menor escala las guarniciones FAPLA en las provincias angolanas de Cuando-Cubango y Moxico; saboteó presas y estaciones eléctricas; cortó el paso del importante ferrocarril de Benguela; organizó el secuestro de técnicos extranjeros y sus familiares, y llegó a derribar dos aviones Boeing 737, uno civil y otro militar, causando grandes bajas. En su ofensiva UNITA llegó hasta la provincia de Cuanza Norte, donde amenazó la presa Cambambe que abastece de agua y electricidad a la capital del país.

 

Por su parte, la estrategia de La Habana y Moscú consistía en mantener a las tropas cubanas de la llamada Agrupación de Tropas del Sur (ATS) en una línea defensiva que comenzaba en Namibe en el oeste y cuyas guarniciones principales eran Lubango, Jamba, Cuchi y Menongue. Cuito Cuanavale, situado a unos 170 kms de Menongue, estaba defendido por una brigada FAPLA y contaba con unos pocos asesores cubanos y soviéticos. Además de Cuito, el resto de la provincia de Cuando Cubango y el sur de la de Moxico estaban defendidos por las FAPLA, cuya tarea principal era enfrentarse a UNITA con el asesoramiento de cubanos y soviéticos.

 

El sitio de Cangamba

 

La población de Cangamba está situada al suroeste de la provincia de Moxico, muy lejos en 1983 de las más cercanas guarniciones cubanas, situadas en Cuito-Cuanavale al sur y en Luena, al norte.

 

Había allí entonces un campamento de “lucha contra bandidos” integrado por cerca de 600 hombres de la Brigada 32 de las FAPLA, asesorados por unos cincuenta instructores cubanos.

 

En el mes de noviembre de 1982 la UNITA había capturado la población de Lumbala-N´Guimbo, relativamente cerca de Cangamba, y en julio de 1983 se detectaron en la zona grandes movimientos de las fuerzas de Savimbi que llevaron a cabo esporádicos ataques.

 

No obstante el mando cubano-soviético no tomó ni medidas de evacuación ni el envío de refuerzos. Así se dieron las condiciones para la más sangrienta confrontación de esta etapa, cuando alrededor de 3,000 combatientes de UNITA  iniciaron el 1º de agosto de 1983 el sitio de Cangamba.

 

Según escribe Fidel Castro, los atacantes disponían “de cincuenta a sesenta piezas de artillería y morteros, siete instalaciones antiaéreas múltiples de 14,5 milímetros, las conocidas cuatrobocas, y de cohetes antiaéreos portátiles”. Con esos elementos de guerra se inició un cañoneo de tres días contra las tropas cubano-angolanas que defendían el campamento con siete morteros, cinco cañones B-10, cuatro lanza-cohetes GRAD-1P y una patrulla móvil con tres lanzacohetes portátiles soviéticos RPG7.

 

La Misión Militar Cubana en Luanda respondió a los pedidos de ayuda de los defensores de Cangamba con el envío de columnas blindadas de refuerzos desde Huambo y Menongue, que demorarían una semana en poder cubrir unos 300 kilómetros, debido a los malos caminos y la lentitud de avance en territorio con fuerzas enemigas.

 

Antes que el cañoneo de UNITA cerrara definitivamente la pista, aterrizaron en Cangamba varios helicópteros transportando a unos treinta cubanos de la Compañía de Destino Especial y un grupo de combatientes namibios de la SWAPO, contando los defensores a partir de entonces con 84 oficiales y soldados cubanos, al mando del hoy Coronel (R) Fidencio González Peraza.

 

La aviación cubana fue concentrada en Menongue y desde allí nueve pilotos de MIG-21 llevaron a cabo 239 misiones de reconocimiento, avituallamiento y principalmente de ataque a las fuerzas sitiadoras. Por esa razón, UNITA evitó los ataques frontales e inició el avance desde  trincheras hacia las posiciones FAPLA-Cuba.

 

El mensaje del Comandante  

 

Cuando llegó a La Habana la noticia del ataque contra la 32 brigada FAPLA y sus asesores cubanos, Fidel Castro decide el regreso inmediato a Angola del Jefe de la Misión Militar Cubana, el hoy General de Cuerpo de Ejército y Viceministro Primero de las FAR Leopoldo Cintra Frías, que había viajado a Cuba, y le imparte la orden de rescatar a toda costa aquellas fuerzas. A continuación ordena el transporte hacia Angola por vía aérea de la Brigada de Desembarco y Asalto.

 

Durante más de una semana Castro, siempre dirigiendo desde lejos,  establece su puesto de mando en la Plaza de la Revolución, en la misma oficina de Raúl Castro en el cuarto piso del MINFAR, desde donde sigue el curso de los acontecimientos.

 

El 8 de agosto, los defensores de Cangamba reciben por radio la lectura de un mensaje que ha redactado el día anterior, donde dice a los cubanos y a la 32 brigada FAPLA:

 

“[…] Hemos adoptado todas las medidas para apoyar las tropas sitiadas. El envío de refuerzos cubanos por helicópteros a ese punto es prueba de nuestra determinación de librar y ganar esa batalla junto a los angolanos.

 

Poderosas columnas blindadas  avanzan ya rápidamente en dirección a Cangamba.

 

Todo depende ahora de la capacidad de ustedes para resistir el mínimo de tiempo indispensable para que sus tropas lleguen a su objetivo.

 

Si el enemigo toma Cangamba no tendrá piedad con los heridos y prisioneros.

[…]

Nuestras tropas llegarán rápido, en tres o cuatro días, pero si la distancia, los obstáculos naturales y la acción del enemigo, las retrasan el doble o el triple de tiempo, o aun más, hay que resistir, porque llegarán allí a cualquier precio […]”.

 

Con alguna demora, el 10 de agosto, llegan las columnas de refuerzo a Cangamba apoyadas por los MIGs, y emplean los lanzacohetes múltiples BM-21 contra las tropas de UNITA, causándoles grandes bajas y daños materiales. Según se dice en las “reflexiones” de Fidel Castro, en el campamento FAPLA de Cangamba habrían  muerto 78 soldados, 18 de ellos cubanos, y 204 combatientes resultaron heridos, 27 de ellos cubanos. Otras versiones, sin embargo, señalan un mayor número de bajas cubanas.

 

Según escribió posteriormente Jorge Risquet en la Revista Tricontinental, murieron más de mil combatientes de UNITA principalmente debido a los ataques de la aviación cubana.                                                                                   

 

Castro ordenó la evacuación de los cubanos, y posteriormente de las FAPLA, sin tener en cuenta, consultar ni coordinar con el mando soviético en Angola, que seguía apostando a la ofensiva profunda en la provincia de Moxico y el este de la de Cuando Cubango.

 

Enseguida se produjo la evacuación de los militares cubanos, y después la de las tropas FAPLA. Los asesores sudafricanos de UNITA pidieron de inmediato a la SAAF, (fuerza aérea sudafricana) el bombardeo de Cangamba, para impedir su futura refortificación. El 12 de agosto queda reducido a escombros lo que quedaba en pie del campamento militar.

 

Castro culpa de graves errores al general Kurochkin

 

Fidel Castro cita en sus “Reflexiones” varios párrafos de un libro de Jorge Martín Blandino sobre Cangamba, que abordan las discrepancias en Angola entre los jefes de la Misión Militar cubana y el Jefe de la Misión Militar soviética, coronel-general Konstantín Kurochkin.

 

El choque se produjo debido a la decisión de Castro “de evacuar a los internacionalistas de Cangamba, la propuesta de hacer lo mismo de inmediato con los combatientes de las FAPLA y detener la operación en marcha en la provincia de Moxico”. José Eduardo dos Santos, (que ha asumido la presidencia tras la muerte de Neto), recibe al embajador cubano quien le entrega un mensaje oficial de Castro con esas propuestas y decisiones.

 

Según el libro citado, “el presidente expresa su acuerdo con Fidel”, pero el general Kurochkin expresa oposición a detener la operación en Moxico, porque “están creadas las condiciones para explotar el éxito, por ejemplo, con la introducción en combate de más fuerzas, incluida la brigada de desembarco y asalto que acaba de llegar de Cuba”.

 

La reunión se caldea y dos Santos la da por terminada tras la réplica del Jefe de Estado Mayor de la Misión cubana, de que ha habido muchas dificultades con los suministros de armamentos soviéticos y que ha sido necesario traerlos desde Cuba.

 

Fidel Castro, sin consultar con Moscú,  no solo decide la evacuación de los cubanos de Cangamba, sino que al  detener las actividades de las tropas cubanas en la zona estaba obligando de facto al mando de las FAPLA a decidir dejar sus tropas desguarnecidas en territorio amenazado por el enemigo o  evacuarlas.

 

Como el general Leopoldo “Polo” Cintras tenía que cumplir órdenes de su Comandante en Jefe, hasta la salida de Kurochkin de Angola en 1985 se produjeron choques constantes entre los jefes de las misiones cubana y soviética con quejas mutuas a las instancias superiores.

 

Castro reconoce que Kurochkin tenía influencia en el mando militar del Ejército soviético, lo que es obvio por haber llegado a ser Primer Vice-Jefe de las Tropas Paracaidistas, pero no le perdona que tras el derrumbe de la URSS hiciera “declaraciones oportunistas calumniando a Cuba”. Sería interesante conocerlas, ya que Castro no aclara en qué consistieron.

 

También Castro le achaca a Konstantin Kurochkin el costo de “muchas vidas angolanas” producto de sus estrategias erráticas, y dice que tras su regreso a Angola en 1987 con mayor jerarquía militar, continuó desarrollando absurdas ofensivas en el remoto sureste de Angola. En la forma que lo cuenta tal parece que en aquellos combates solamente caían los combatientes angolanos, pero que las tropas cubanas eran inmunes a los eventuales errores del soviético.

 

Según el Comandante, la última de las ofensivas desastrosas del general Kurochkin “dio lugar, sin embargo, a la batalla de Cuito Cuanavale, que marcó el principio del fin del apartheid, cuando las unidades angolanas, inútilmente golpeadas, retrocedían y el ejército de Sudáfrica chocó con la brigada de tanques, los BM-21 y las fuerzas cubanas enviadas a defender la antigua base aérea de la OTAN''.

 

Aquí hay, entre estos dos momentos, un salto histórico y nuevos escenarios que Castro ignora convenientemente de acuerdo a sus intereses. Entre Cangamba y Cuito Cuanavale, además de cientos de kilómetros, hay una distancia de varios años.

 

En los momentos de Cuito Cuanavale, la Misión Militar cubana la dirigía el general Arnaldo Ochoa, a quien el mando soviético en Angola no se le podía imponer con la misma facilidad que a “Polo”, pues estaban lidiando con el jefe de las tropas cubano-etíopes, con mando por encima de 26 generales cubanos y del “campo socialista”, incluyendo altos oficiales soviéticos. Ochoa había demostrado sus grandes cualidades militares al derrotar a las tropas de Somalia en el Ogaden, en marzo de 1978.

 

 

La obsesión de Castro por su papel en la historia

 

Aunque se aparta de la batalla de Cangamba, Fidel Castro aprovecha la última “Reflexión” sobre el tema para hacer crecer el mito de Cuito Cuanavale y su “triunfo africano”, como si fuera el liberador de Namibia y el verdugo del apartheid.

 

Ahora, “revela” con dramatismo la amenaza del empleo de armas nucleares suministradas a Sur África por la administración Reagan, contra las tropas cubanas y angolanas, y dice que dio la orden de desplegarlas convenientemente “para enfrentar un eventual ataque de ese tipo”.

 

Jamás sabremos lo que pensaba en lo más profundo de sí mismo el general Arnaldo Ochoa, entonces Jefe de la Misión Militar cubana,  de esas suposiciones y delirios de su jefe, pero parece que el general Polo Cintras Frías quedó tan impresionado que cuando estuvo en Pinar del Río quince años después, tras el paso del huracán “Gustav” le informó a Castro que la región parecía haber sufrido un golpe nuclear, aunque él nunca haya visto uno real.

 

No se pretende negar en forma alguna con el desarrollo de este trabajo de precisiones y esclarecimiento de la historia el valor y la abnegación de miles y miles de cubanos, oficiales en activo, trabajadores, campesinos, intelectuales y estudiantes pertenecientes a la reserva de las FAR llamados al servicio activo, y jóvenes que fueron a Angola en cumplimiento del Servicio Militar Obligatorio.

 

Hay muchas cosas pendientes de esclarecer en todas estas historias, pero es evidente la manipulación por parte del régimen cuando se quiere hacer creer que estos hombres luchadores internacionalistas, situados en trincheras a miles de kilómetros de su país y sus familias, estaban dispuestos a entregar su vida alegremente en un país de cultura ajena, envuelto en una guerra civil sangrienta.

 

Hay quienes consideran que cuando Fidel Castro escribe sobre aquel pasado, y presenta la intervención en Angola como algo glorioso, trata de engañar a las nuevas generaciones que solo han conocido la Cuba miserable del socialismo sin la subvención soviética.

 

Cuando los internacionalistas de Angola y Etiopía son equiparados a los mambises, la conmemoración de sus acciones militares puede ser aprovechada por el aparato político del régimen, tanto en charlas en las escuelas del país como encabezando movilizaciones agrícolas o reparación de instalaciones estatales.

 

El ego del dictador es tan gigantesco que no puede resistir escribir para el futuro, y de paso asegurar que “su” versión quede registrada en archivos oficiales.

 

Su mensaje a los soldados cubanos en Cangamba fue manuscrito y no dictado a un secretario, para ser leído por radio a la tropa sitiada. Lo hizo como si todavía estuviera en una choza en la Sierra Maestra, imaginando un mañana heroico.

 

Ese mensaje manuscrito que no podían ver los destinatarios, se redactó (por supuesto), para ser exhibido en el Museo de la Revolución.

 

La historia verdadera cuenta que dos meses y medio después de la batalla de Cangamba allá en la lejana Angola, las fuerzas militares de Estados Unidos invadieron la pueqeña isla caribeña de Granada, mucho más cercana a Cuba, para proteger a miles de estudiantes norteamericanos en medio del caos y falta de garantías de una camarilla “revolucionaria” que se asesinaba entre sí por ambiciones de poder, aplastando con su abrumadora superioridad tecnológica y militar a cientos de soldados y cooperantes civiles cubanos que estaban construyendo un aeródromo con fines militares y no tenían ningún interés en combatir a los “invasores yanquis” en defensa de algo que ni se sabía lo que era.

 

Por su inutilidad para la causa del castrismo, la supuesta resistencia heroica del Coronel Pedro Tortoló, comparado por Fidel Castro con el general Antonio Maceo, y los supuestos “últimos héroes” que se inmolaron, según la ridícula noticia de la televisión oficial cubana, en la pista en construcción del aeropuerto envueltos en la bandera cubana, se borró para siempre de los folletos de propaganda.

 

Así, el futuro revelará nuevas falacias de las que está construido y se pretende seguir cimentando el mito del “invencible Comandante en Jefe y sus victorias”.