Cubanálisis El Think-Tank

ARTÍCULO ORIGINAL PARA EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

                                                      por Antonio Arencibia

                                                                                                                                                            

 

 LA ISLA Y SUS PRETENDIENTES

 

El viernes 14 de noviembre, con una cena de trabajo, dio inicio la reunión cumbre en Washington del G-20, integrado por  los grandes países industrializados y otros que antes se consideraban países emergentes y que en realidad son aspirantes a la categoría de potencias mundiales, por una u otra razón. Entre los mandatarios recibidos por el anfitrión, George W. Bush, están Nicolás Sarkozy, en su carácter de presidente rotativo de la Unión Europea y Dmitri Medvedev, que previamente se reunió en Niza con el francés. El presidente ruso antes de llegar a Estados Unidos estaba pidiendo hacer otra cumbre en cuanto esta termine, como para hacer ver la poca confianza que tiene respecto a un cónclave convocado por un presidente saliente y con tan baja popularidad como Bush.

 

Lo que expresaba abiertamente Medvedev se podía palpar en la reunión. La cumbre concluyó en dos días, en los que salieron a relucir diferencias entre Europa y Estados Unidos respecto a la profundidad de la regulación de los mercados. Muchos analistas se decepcionaron ante la falta de resultados concretos. Puede decirse que aparte del compromiso de seguir en contacto, el acuerdo más importante fue fijar la próxima reunión del G-20, el 30 de abril, cuando habrán transcurrido los primeros cien días de la presidencia de Barack Obama.

 

Tras su participación en el convite norteamericano, tanto Medvedev como el presidente de China, Hu Jintao, parten de recorrido por el hemisferio. El ruso viajará a Venezuela y a Cuba y el chino asistirá al Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC) en Perú después de visitar Costa Rica y también  Cuba. Aunque probablemente hay alguna idea en La Habana de qué regalos traen los visitantes, la cúpula gobernante sabe que los mandatarios de Rusia y de China no se han lanzado a fondo con préstamos o inversiones en la Isla en espera de una definición económica.  En esta etapa de descalabro mundial, donde la tendencia proteccionista es muy fuerte y hay que priorizar las graves consecuencias sociales internas en cada país, no hay cabida para las tesis favoritas del castrismo de otorgar o recibir “ayuda desinteresada”, que hace rato dejaron de estar vigentes en Moscú y Beijing.

 

Con relación  a la Isla, si enfocáramos las relaciones internacionales como la trama del cuento infantil de la novia y sus pretendientes, habría que modificarlo. Cuba no puede aparecer como  la bella joven a la que asedian príncipes venidos de lejanas tierras. Esta vez, la protagonista principal tiene hambre, no tiene ajuar, pero sí grandes deseos de ser feliz. No todos los pretendientes vienen con buenas intenciones y algunos ni siquiera van a visitarla, pues esperan la ocasión de no tener que tratar con los alcahuetes que la quieren vender al mejor postor. En esta versión, los aspirantes están representados por cuatro personajes simbólicos: el Tío, el Oso, el Dragón y el Viejo. Veamos la trama.

 

El Tío (Sam)

 

Quienes esperan tras el triunfo electoral de Barack Obama el día 4 un cambio sustancial en las relaciones entre los gobiernos de Cuba y Estados Unidos, el mes de Noviembre del 2008 puede terminar siendo decepcionante.

 

Es cierto que se ha abierto una “ventana de oportunidad” para el cumplimiento de las promesas electorales del presidente-electo que consisten específicamente en retrotraer las regulaciones actuales a las vigentes en el 2004 en lo relativo a las visitas de los cubanos y cubano-americanos a la Isla y sus envíos monetarios a familiares. Pero la firma de una Orden Ejecutiva en ese sentido no es algo que tenga que ocurrir de inmediato tras la toma de posesión del nuevo presidente en enero del 2009. Cuando esto ocurra, no cambiará sustancialmente lo que muchos hacían antes de la limitación de las visitas a una vez cada tres años: se viajaba a Cuba por otras vías cada vez que fuera necesario. Además, hay que tener en cuenta que la desfavorable situación económica presente, como regla está afectando principalmente a los cubanos que han llegado a Estados Unidos en las dos últimas décadas, que son generalmente obreros, empleados o propietarios de pequeños negocios  y los que supuestamente viajarían más o incrementarían las remesas a familiares en la Isla.  

 

Hay que analizar, además, que la afirmación de Obama en un debate con Hillary Clinton, de que estaba dispuesto a conversar con los enemigos de Estados Unidos, le dio combustible a los republicanos del sur de la Florida para atraer a una gran cantidad del voto de los electores de origen cubano a favor de John McCain. La campaña propagandística criticaba un supuesto diálogo incondicional que se llevaría a cabo con Raúl Castro, si resultaba ganador el candidato demócrata. Tras las elecciones ha venido la calma de las pasiones  y hoy se sabe que Obama se equivocó al dar una respuesta rápida en público a un asunto complejo, que involucraba no solo al jefe del régimen de La Habana, sino también a Hugo Chávez y al iraní Ahmadinejad. Como señalaba el periodista Andrés Oppenheimer en El Nuevo Herald, fue distinta la respuesta que le dio a esa misma pregunta el entonces aspirante demócrata, el día anterior al debate. Obama le dijo que creía en el diálogo con los adversarios de los Estados Unidos, pero “bajo ciertas condiciones”. Además de esto, está el obstáculo tradicional por parte del régimen castrista de sabotear las relaciones con un gesto agresivo, cuando se ha avizorado una disposición de diálogo por parte del gobierno norteamericano.

 

Es seguro que el futuro inquilino de la Casa Blanca mantendrá el consenso bipartidista vigente desde la promulgación por Clinton de la Ley Helms-Burton, y seguirá suspendiendo la aplicación del Título III que aparece en el texto, contra los inversionistas extranjeros en Cuba. Igualmente Obama mantendrá la política de “pies secos-pies mojados” para los que huyen de la Isla, que se estableció en mayo de 1995 por el acuerdo que resolvió la entrada en Estados Unidos de unos 30 mil cubanos capturados en el mar y enviados entonces en la Base de Guantánamo. Y viajarán a la Feria de La Habana, -como hasta ahora-,  los políticos y los  hombres de negocios norteamericanos, para vender productos agrícolas en efectivo y con pago adelantado.

 

Como mandatario de la primera superpotencia del globo, Barack Obama va a comenzar a representar los intereses del Tío Sam y tendrá que apoyar todo lo que fortalezca a los Estados Unidos. El tema Cuba tiene demasiadas espinas y poco fruto para que le dedique prioridad, aparte de lo que ha prometido que hará respecto a los viajes y los envíos monetarios. Como Obama tiene garantizados cuatro años por delante, y después de ese primer y posiblemente único paso tocará  al régimen mover ficha si quieren impulsar el camino de las buenas relaciones. La jugada de La Habana tendría que ser política, y no es posible con Castro vivo. Quedaría pospuesto, por tanto, un serio acercamiento del Tío a Cuba.

 

El Viejo (Continente)

 

Europa está representada por la España del PSOE en el diálogo que sostiene a regañadientes el Viejo Continente con los que mandan en Cuba. El gobierno de Rodríguez Zapatero se está jugando demasiado en el seno de la Unión Europea con este asunto. La firma de los acuerdos sobre derechos económicos, sociales y culturales y otro sobre derechos políticos y cívicos por parte del régimen en la ONU, en febrero pasado, fue saludada por el gobierno español como un compromiso del nuevo gobierno de Raúl Castro con los derechos humanos. Esto sirvió a Zapatero para promover y lograr en junio la anulación de las sanciones que había adoptado en el 2003 la UE contra La Habana.

 

Bajo José María Aznar y el Partido Popular se había forjado una sólida alianza con el gobierno de George W. Bush que cambió totalmente tras el triunfo socialista en las elecciones de marzo del 2004. El gobierno del PSOE encabezado por Rodríguez Zapatero retiró de inmediato el contingente español que formaba parte de la coalición ocupante de Iraq. Tras aquel gesto las relaciones nunca mejoraron y llegó el momento en que parecía que el presidente norteamericano le iba a pasar la cuenta a Zapatero, excluyendo a España de la cumbre del G-20. Finalmente, con ayuda de Sarkozy, el presidente del gobierno peninsular fue añadido a la lista de invitados y quedó constancia gráfica de la primera visita del español a la Casa Blanca y del apretón protocolar de manos entre Zapatero y Bush.

 

Dos días antes, el gobierno socialista español, a través de su Ministro de Exteriores, Miguel Angel Moratinos, había revelado la concesión de otros 125 millones de dólares a La Habana a pesar de la gran deuda de Cuba con España. El ministro declaraba que esos nuevos créditos eran para mejorar la infraestructura en la Isla y había que considerarlos como un medio para abrir allí “un proceso de reformas”.

 

No habían transcurrido 48 horas cuando aparecía un artículo de Fidel Castro en cuyo primer párrafo rechazaba directamente las declaraciones de Moratinos y otras muy parecidas del brasileño Lula da Silva, quien está presidiendo el G-20. Con el título “La reunión de Washington”, Castro planteaba:

 

Algunos de los gobiernos que nos apoyan, a juzgar por declaraciones recientes, no dejan de incluir en las mismas que lo hacen para facilitar la transición en Cuba. ¿Transición hacia donde? Hacia el capitalismo, único sistema en el que religiosamente creen.[…] [O]lvidan que, después de las vidas ofrendadas y tanto sacrificio defendiendo la soberanía y la justicia, no se le puede ofrecer a Cuba en la otra orilla el capitalismo.

 

Para que se tenga bien claro que esas palabras del viejo dictador tienen el peso de política de estado, el embajador cubano ante la sede de Naciones Unidas en Ginebra, declaraba de manera casi simultánea, que la ratificación por su gobierno de los dos acuerdos internacionales sobre derechos humanos “dependerá de la manera en que se desarrolle el examen (de la situación de Cuba) por parte del Consejo de Derechos Humanos en febrero de 2009”. Y para que no quede duda alguna de que esos documentos no son más que papel mojado para el régimen, añadía el representante castrista que “la ratificación estará surtida de reservas”.

 

Ese episodio demuestra la relación extremadamente compleja que hay entre los socialistas de España y la cúpula comunista de la Isla. El pasado mes de octubre, llegó a Madrid el canciller Pérez Roque como mensajero de alto nivel del régimen a entregar una invitación al Presidente del Gobierno de visitar Cuba en el 2009. Y lo curioso del caso es que tras la aceptación de la invitación por parte del Ministro de Exteriores de España, el invitado –Zapatero-,  hizo unas declaraciones muy ambiguas, que demuestran que no todo marcha según sus planes: “Es un proyecto que está ahí. Ya veremos si se consuma y cómo se consuma”. Es evidente que en las relaciones entre el PSOE y el PCC, a la hora del pasodoble no se sabe quien es el que lleva a la pareja.

 

De todos modos, el 23 de octubre, el Comisario Europeo de Desarrollo y Ayuda Humanitaria, Louis Michel, firmaba en  La Habana con Pérez Roque el restablecimiento de la cooperación bilateral entre Cuba y la UE dando fin oficial a las sanciones del 2003 y a continuación anunciaba el otorgamiento por parte de Europa de  32 millones de euros para labores en las zonas afectadas por los huracanes durante lo que resta del 2008 y el año 2009.  Para entender la política del Viejo Continente hay que recordar que ni siquiera las hoy suspendidas sanciones afectaron las relaciones comerciales o las inversiones europeas en la Isla. La UE ocupa el tercer lugar en el intercambio comercial con Cuba por un monto anual de 3,000 millones de dólares anuales y tiene además grandes inversiones.

 

A diferencia de Estados Unidos, Europa tiene ya un pie en la puerta de entrada de Cuba y aspira, no solo a seguir allí sino a aumentar su presencia. En la lucha por jugar un papel en el futuro de la Isla, el Viejo (Continente) ha logrado evitar las sanciones del Tío (Sam), mientras apuesta a que a la larga, surtirá efecto su política de apaciguamiento del régimen castrista.

 

El Oso (ruso)

 

En una especie de comedia de errores históricos, muchos exiliados cubanos quieren ver en el  actual interés de Rusia por Cuba lo mismo que quisiera el régimen que creyera el pueblo. Pero no es así: ni se va a reeditar la Guerra Fría por una parte, ni se va a reconectar con la Isla la tubería de armamentos, carne rusa y suministros que sirvió de soporte a Fidel Castro durante casi 40 años.

 

Si nos dejamos llevar por el tono de las declaraciones de algunos políticos, parecería que va repetirse la presencia militar del Kremlin cerca de las costas de Estados Unidos, pero se trata de los intentos de Rusia de recuperar la estatura perdida de potencia mundial. Lo que muchos dudan es que lo logre. Para el analista Parag Khanna, el gobierno ruso es un equipo formado por ex agentes de inteligencia y administradores de recursos energéticos, a los que engloba bajo el nombre de Gazprom.gov, que están tratando de evitar el dilema de caer bajo el dominio de Europa o de convertirse en un petro-estado vasallo de China.

 

De ahí las grandes apuestas del Viejo Continente y el Dragón chino por controlar al Oso ruso. Debido a que la economía rusa no es mayor que la de Francia y Europa es el principal inversionista en Rusia, es facil llegar a acuerdos de cooperación con la Unión Europea como se ha previsto para diciembre, después de la reunión de Niza entre Medvedev y Sarkozy. Por su parte, China acaba de ofrecerle a  Rusia  diferentes préstamos por $ 25,000 millones, que permitirían a Moscú más holgura en su endeudamiento con Europa. El quid de la cuestión es que el préstamo sería pagadero en petróleo e incluiría como requisito la construcción de un oleoducto desde Siberia hasta la frontera china. Las grandes debilidades de Rusia consisten en un creciente despoblamiento y en haberse convertido en un país mono-exportador, que ya está sufriendo la caída del precio del gas y el petróleo que provoca la recesión económica global. Para los geoestrategas, como Parag Khanna, el dilema de ese enorme país es que está a medio camino entre dos colosos: Europa por el Oeste y China desde el Sudeste, y que ambos aspiran a seguir avanzando sus esferas de influencia a costa de Rusia hasta encontrarse en el Caúcaso.

 

Pero volviendo al Caribe, el cortejo de Cuba (y de Venezuela) por el Oso ruso, tiene como decorado de fondo la enorme deuda de Castro, de $ 20,000 millones, con  la extinta Unión Soviética. Rusia ha cancelado las deudas de aquella época que tenían Libia, Argelia, Afganistán, Mongolia y Vietnam, generalmente a cambio de nuevos contratos con empresas rusas o grandes compras de armamentos. Cuba y Corea del Norte son los únicos países deudores que no han llegado a acuerdos. El préstamo de $335 millones al régimen de La Habana es el primer caso de ayuda rusa a un país del antiguo bloque socialista.

 

Vadim Teperman, vice director del Instituto de Latino America en Rusia, explicó al diario moscovita Kommersant que el 70% de las exportaciones a Cuba consisten en maquinarias y equipos rusos que los cubanos están acostumbrados a utilizar. También dijo que el gobierno de Raúl Castro no tiene dinero suficiente para comprar aviones Boeing, por lo que tiene que conformarse con los aviones rusos Ilyushin y Tupolev. Finalmente, para Teperman:  

 

Este tipo de cooperación es beneficiosa para Rusia y, además, Cuba es capaz de pagar cien millones de dólares anuales. Respecto a la deuda de $ 20 mil millones, ese asunto no se resolverá en un futuro cercano.

 

En cuanto a los acuerdos de tipo estratégico, en su visita reciente a Moscú, después de invitar a Medvedev a visitar Cuba, Perez Roque se apresuró en descartar ante la prensa, la posibilidad de que en la isla sean desplegados elementos de un escudo antimisiles ruso. Por lo tanto, todo se está quedando en muchos gestos y ceremonias pero nada de alineamiento sustancial.

 

Como no podia faltar, Fidel Castro condimentó la futura visita del presidente de Rusia con un artículo cínico aparentemente motivado por la inauguración de una iglesia ortodoxa rusa en La Habana Vieja. Allí habla de cosas que, de ser honesto, no debería tocar sin una explicación, como cuando califica de “traicionero” el ataque nazi a la Unión Soviética sin mencionar el pacto Ribbentrop-Molotov y el reparto de Polonia. Es verdad que Stalin acudió a la Iglesia Ortodoxa Rusa en 1941 en busca de apoyo, pero antes los bolcheviques habían cerrado todos sus templos menos unos 500 del total de 29,000 que había en Rusia. De 1917 a 1935 fueron arrestados ciento treinta mil popes y devotos, de los se calcula el 70% fueron ejecutados por orden de la GPU, antecesora de la KGB. Tras la caída del comunismo, la Iglesia Ortodoxa Rusa venera al Zar Nicolás II y su familia, asesinados también por los bolcheviques en julio de 1918.

 

La consagración de la Sacra Catedral Ortodoxa Rusa Nuestra Señora de Kazán, el 19 de octubre por Kiril Gundiaev, Metropolita de Smolensk y Kaliningrado, contó con la asistencia de Raúl Castro y otros miembros de la cúpula gobernante. Después ocurrió la entrevista del prelado con Fidel Castro, como reveló una foto divulgada por la Iglesia Rusa. Por primera vez en mucho tiempo, reaparece el deteriorado dictador, que vestido con chándal de otra marca deportiva se apoya en el sonrosado visitante quien parece haber ido a darle la unción de los enfermos.

 

El presidente de Rusia, con Eusebio Leal como cicerone, seguramente será llevado a la Catedral rusa, y quizás al Templete. Dependiendo de los acuerdos que firme con Raúl, Fidel Castro será visitado por Medvedev, ya que es una pieza importante en ese museo de curiosidades en que se ha convertido La Habana. Seguirán llegando rusos a Cuba, unos como ingenieros, otros como asesores militares y algunos pocos como turistas atraídos por la presencia de íconos en una iglesia del trópico, pero no habrá bodas con el Oso, pretendiente poco atractivo, de tierras muy lejanas, demasiado ambicioso y de carácter rudo.

 

El Dragón (chino)

 

Con similar oportunismo al que desplegó cuando escribió en Granma tras la visita del metropolita Kiril, en los ultimos años Fidel Castro se ha excedido en alabanzas con los nuevos mandarines chinos. A fines del 2006, el dictador se quiso congraciar con el presidente Hu Jintao por el año nuevo 2007, felicitándolo por una ocasión que no se celebra en China, donde las festividades de comienzo de año no ocurren hasta fines de enero o inicios de febrero.

 

Como escribí en un artículo titulado “Fábula del Dragón y el Caballo”, en  enero de 2007, entonces la Sucesión estaba a todo tren y se esperaba la materialización de una inversión china de mil millones de dólares en una nueva planta de níquel en Camaguey, que podría llevar la producción cubana total a 120,000 toneladas anuales. Un cable desde La Habana de Patricia Grogg, de la agencia IPS, se refería en aquella fecha a los planes de Hugo Chávez de integrar el hierro venezolano y el níquel chino en la Isla para la producción del acero inoxidable que requiere la enorme economía asiática. Poco después aquel proyecto niquelífero se vino abajo, como si los chinos hubiesen adivinado que la combinación Chávez-Castro era garantía de muchas promesas y poca seriedad.

 

Cuando aparezca este artículo estará a punto de iniciarse la visita oficial de dos días de Hu Jintao a Cuba, cuatro años después de su viaje del 2004 que parecía abrir una importante etapa entre ambos regímenes. Entonces se firmaron 16 acuerdos de colaboración y China se convirtió en el segundo socio comercial de Cuba, después de Venezuela, pero aunque hoy se espera la firma de nuevos acuerdos en áreas de la economía, educación y otras esferas, la situación ha cambiado sustancialmente.

 

La China del socialismo de mercado ha seguido el camino de las reformas y hoy, ante la desaceleración económica global, puede desembolsar 586 mil millones de dólares de sus enormes reservas financieras como paquete de estímulo interno destinado a la reestructuración industrial, ayuda crediticia, infraestructura rural, redes de transporte y viviendas, entre otras prioridades.

 

En Cuba, desde antes del Gustav, el Ike y Paloma, el régimen de Raúl Castro no tenía un programa muy claro. Pero la sobrevivencia de Fidel Castro y su presencia ominosa mediante artículos en Granma, constituyeron el mecanismo perfecto para disipar las pocas esperanzas de cambio que había empezado a alimentar parte de la población durante el primer año después de la Proclama Sucesoria.

 

El régimen de La Habana recibe al mandatario chino en medio de un panorama de crisis económica mundial, con diez mil millones de dólares en daños por los huracanes, la merma de los ingresos por la caída de precios de su níquel y una situación de debilidad política y económica de su aliado venezolano Hugo Chávez. Por lo tanto, por mucho tiempo el Dragón chino no va a poder recuperar los valiosos huevos depositados en el nido cubano.

 

Es que el inmovilismo castrista ha recibido un toque especial en los últimos dos años que le hacen a uno pensar que si no fuera por la represión efectiva y preventiva que ejerce el régimen, habría que calificar la actitud de Raúl Castro como de desidia ante el propio poder. El general está preso en la indecisión frente a su hermano encamado y el deslustrado socialismo de estado que se empeña en mantener: es la caricatura de la revolución que alguna vez movilizó a gran parte de la población. De contra, el golpe terrible de los tres últimos huracanes se ha convertido en un fardo demasiado pesado para los viejos guerrilleros. No se vislumbra la salida y solo se escuchan de fondo las voces estentóreas del anciano enfermo que clama contra todo y contra todos. Es como  si el viejo aforismo de Marx se cumpliera: el primer régimen de Castro que aún no ha terminado, fue una tragedia y ahora se superpone al de Raúl, que parece una farsa.

 

Así, como una farsa que parece no tener fin, se manifiesta la relación entre la Isla y sus pretendientes norteamericanos, europeos, rusos y chinos, que constituyen las  fuerzas de más peso en este complejo y duro mundo globalizado. Un mundo real con el que Cuba sueña mientras duerme con las manos atadas.