Cubanálisis El Think-Tank

             ARTÍCULO ORIGINAL PARA EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

 

 

 

     Antonio Arencibia, La Coruña, España

  

 

 

                               

                                                                                                                                                            

 

IRONÍAS DE LA HISTORIA EN MADRID, PEKÍN Y LA HABANA

 

Los cubanos (de todos los países desunidos) miramos, unos con rabia, otros con la boca abierta de estupefacción, y muchos con infundadas esperanzas, como se restablecen relaciones diplomáticas entre Washington y La Habana, y simultáneamente pareciera que cada día muere un exiliado y nace un emigrado económico.

 

Una tarea muy fácil sería ridiculizar el escrito que publicó en “Granma” el día de su cumpleaños el patético anciano en chándal de Punto Cero, en un intento para opacar la presencia de John Kerry en la reinauguración de la embajada norteamericana. Su exigencia de compensación económica es risible, y mucho más su alarde de supuestos derechos de los cubanos “a la salud, la educación, el trabajo, la alimentación, la seguridad, la cultura, la ciencia, y al bienestar”.

 

Claro que Fidel Castro no puede incluir entre los derechos ciudadanos el disfrute de la libertad en sus manifestaciones esenciales de asociación, de reunión, de opinión, de huelga y de protesta pacífica. Derechos que no tienen cabida en los proyectos de renovación capitalista de sus sucesores tras la catástrofe socialista, buscando la perpetuación del clan gobernante de militares y sus lacayos criollos.

 

Pero el Comandante ya no cuenta, solo hace cuentos. En mi opinión, en estos dimes y diretes hace falta entender cómo actúa la Casa Blanca en momentos coyunturales. Creo que para refrescar la memoria hay que revisitar dos ejemplos similares de realpolitik “a la americana”, tan serios como el que nos ocupa, y que ocurrieron entre 1959 y el presente ante los ojos de muchos de los que hoy peinamos canas.

 

Del primero pronto van a transcurrir 56 años. Fue el 21 de diciembre de 1959, cuando el presidente Dwight Eisenhower visitaba la España franquista. La presencia en Madrid y el abrazo con Franco de este verdadero general-presidente, trajo el repudio de la izquierda internacional y fue presentado, con razón, como un paso a favor de la consolidación de aquella dictadura, cuyos patrocinadores, la Alemania Nazi, y la Italia Fascista, “Ike” había combatido encarnizadamente como comandante supremo de las tropas de los países Aliados en Europa occidental durante la II Guerra Mundial. Fue una ironía de la historia.

 

Como recordaba en “El País” el historiador y periodista británico Nigel Townson al conmemorarse el cincuentenario de aquella visita:

 

“La expresión radiante -tan raramente radiante- de Franco mientras se exhibía en aquel coche descapotable por las calles de Madrid al lado del líder del “mundo libre”, y el afectuoso abrazo que este último le dio durante la despedida en la base aérea de Torrejón, fueron la prueba definitiva de que el dictador español había conseguido reemplazar el amenazador aislamiento de su régimen tras la Segunda Guerra Mundial por la integración dentro del sistema diplomático, militar e incluso económico de Occidente”. (1)

 

Pero en 1946, cuando empezaba la posguerra, la actitud de Estados Unidos con el gobierno franquista había sido muy agresiva, y se acordó por la Asamblea General de Naciones Unidas su boicot diplomático durante cuatro años. En 1948, aunque el Congreso norteamericano había incluido a España en el Plan Marshall, el presidente Harry Truman vetó su participación, pero la Guerra Fría entró en las consideraciones estratégicas de Washington y Franco sabía jugar la carta de su anticomunismo.

 

Así, en 1950, cuando empezaba la Guerra de Corea, se puso fin al boicot diplomático de España, y entre ese año y el siguiente el régimen franquista normalizó relaciones con Irlanda, Grecia, Bélgica, Holanda, Reino Unido, Suecia, Noruega, Italia, Francia, Alemania Federal y Estados Unidos. Nueve años después ocurría la visita de “Ike” a Madrid. Fue para Franco un gran espaldarazo, y le permitió mantener su dictadura quince años más.

 

Solo seis meses después del viaje a España, Eisenhower iría a Taiwán y se entrevistaría con Chiang Kai-shek, otro generalísimo. ¡Qué ironía que su entonces vicepresidente, Richard Nixon, se entrevistara con Mao Zedong doce años después, y que como parte del acercamiento de Estados Unidos con China comunista, esta reemplazaría a Taiwán en Naciones Unidas y ocuparía su puesto como miembro permanente del Consejo de Seguridad! No en balde Mao le dijo con sorna a Nixon al recibirlo en Pekín el 21 de febrero de 1972: “Nuestro viejo amigo, el generalísimo Chiang Kai-shek, no aprueba esto” (2).

 

Era la primera visita a la República Popular China de un presidente de Estados Unidos, y el viraje estratégico se basaba en el viejo adagio sobre el enemigo de mi enemigo. Los chinos y los soviéticos habían llevado su enfrentamiento ideológico a todos los planos, y el movimiento comunista se había dividido.

 

Este acercamiento tendría repercusiones insospechadas; porque la muerte de Mao en 1976 llevó a la lucha por el poder entre facciones del Partido Comunista, hasta que en el XI Congreso de 1978 tomó las riendas Deng Xiaoping. Entonces empezó el programa de reformas económicas de mercado llamado “Socialismo con características chinas”, que casi 40 años después están a punto de convertir a China en la primera economía mundial, aunque el coste en vidas y contaminación ambiental es el precio que sigue pagando por su ritmo acelerado de crecimiento (3).

 

Claro, que para que sirvan estos ejemplos al caso de Cuba hay que ajustar varios elementos. La España de Franco era una pieza suelta del viejo rompecabezas europeo de la II Guerra Mundial, que mediante un proceso de reajuste que duró entre 10 y 15 años fue rediseñada para encajar en el nuevo escenario de la Guerra Fría que se desarrollaba mayormente en el viejo continente.

 

La China de Mao, país enorme y superpoblado, sobre el que Estados Unidos no tenía ambiciones territoriales, podía convertirse en un aliado objetivo si se le daba el aliciente de apoyarla en su enfrentamiento con la Unión Soviética. Esa cooperación se llevó a cabo de inmediato en África, donde el maoísmo tuvo bastante éxito organizando a sus seguidores para enfrentar a los movimientos de liberación respaldados por los soviéticos.

 

En el caso de Cuba el primer problema es la cercanía a Estados Unidos, y la normalización en el mismo vecindario hace que se multipliquen las áreas problemáticas a medida que crece el intercambio de visitantes, servicios y mercancías. El otro asunto es el de la duración de los dictadores respectivos: Franco, se mantuvo en el poder hasta su muerte, 15 años después del viaje de Eisenhower, mientras que Mao tuvo un relativamente rápido deceso que ocurrió 4 años después del de Nixon. 

 

Pero si Obama no va rápido a La Habana, puede que no encuentre a ningún Castro que lo reciba. Lo que en realidad sería un alivio y un ahorro de tiempo, porque como se vio en los casos de España y China, las relaciones con Estados Unidos marcharon mucho mejor con los sucesores del Caudillo y los del Gran Timonel, y en Cuba no debería ser diferente.

 

El problema principal está en el modelo de capitalismo que quieran desarrollar los sucesores en una Cuba hipotéticamente “sin Castros”. El ejemplo de los 15 años de buenas relaciones de Franco con Estados Unidos y el resto de los países occidentales es prueba palpable de que el turismo extranjero masivo, la entrada de autos de alta gama, o la visita de celebridades, hace más evidente la percepción de las desigualdades, pero las dictaduras no las van a resolver por las buenas.

 

La “normalización” del franquismo y la ausencia de un fuerte movimiento opositor al régimen mostró al español pobre que el camino que le quedaba era irse de su país, a trabajar en Francia, Suiza o Alemania, y de forma similar ha funcionado ese camino para los cubanos desde hace ya veinte años, tras el compromiso del gobierno de Clinton de otorgar 20 mil visas de emigrantes anuales. En ambos casos ha funcionado la emigración económica como una válvula de escape a favor de las dictaduras en España y en Cuba.

 

En otro sentido, los gobiernos ahora considerados “normales” pueden cooperar en la desactivación de crisis internacionales fomentadas por países aliados. Eso es obvio en el caso de China y la agresiva Corea del Norte, y parece que igual actitud espera de los Castro, con relación a Venezuela, el Secretario de Estado, John Kerry. Según dijo en entrevista con CNN en Español, el gobierno norteamericano tiene esperanzas de que el régimen cubano actúe como mediador con el gobierno venezolano de Nicolás Maduro para mejorar las relaciones entre Washington y Caracas, y recorra un camino similar al que está siguiendo el régimen de La Habana (4).

 

El problema es que el favorito de los Castro como sucesor de Chávez parece dispuesto a  convertir a Venezuela en un polvorín regional con tal de mantenerse en el poder, y que una derrota del chavismo tendría repercusiones “anti-bolivarianas” en Bolivia y Ecuador.

 

Por eso en julio pasado Maduro apeló al viejo nacionalismo y reclamó a Guyana como venezolanos unos territorios en el Esequibo muy ricos en petróleo. Y ahora, el pasado viernes 21 de agosto suspendía por sesenta días las garantías constitucionales en cinco municipios del Estado de Táchira, y cerraba provisionalmente la frontera con Colombia, como respuesta a supuestos ataques por parte de contrabandistas o paramilitares colombianos en una población venezolana de la zona. Ese estado de excepción, que es prorrogable, debería terminar cuando queden solo 46 días para las elecciones generales del 6 de diciembre en Venezuela (5).

 

Pero como demuestran los diálogos entre el gobierno colombiano y las FARC, que se mantienen en La Habana desde hace tres años, propiciados por el régimen cubano, cuando el mediador no tiene verdadero interés en una solución definitiva se alargan los plazos y no hay avances.

 

Es, por lo tanto, también una ironía que John Kerry espere una intervención seria y constructiva del régimen neocastrista en Venezuela a favor del entendimiento con Estados Unidos, cuando debería saber que por su naturaleza los Castro no solo necesitan sino que promueven los conflictos.

 

Pero como también son grandes oportunistas, y estamos a escasos 30 días de las misas campales del Papa Francisco en La Habana y Holguín, no dudo que en ocasión de la visita papal habrá declaraciones públicas de los dirigentes del régimen exaltando la lucha por la paz, el entendimiento entre las naciones y el respeto a las creencias.

 

Si Kerry se cree el anuncio, que se siente a esperar el producto.

 

NOTAS

 

(1) Nigel Townson, Cuando Eisenhower visitó a Franco, El País, diciembre 21, 2009.

(2) Richard M. Nixon, The Memoirs of Richard Nixon, New York: Warner Books, 1978, p. 1060.

(3) "Compuestos venenosos en Tianjín superan lo permitido", Redacción Internacional, Granma 17 de agosto de 2015.

(4) John Kerry, Secretary of State, interview with Andres Oppenheimer of CNN Espanol. U.S. Department of State, August 12, 2015.

(5) Ewald Scharfenberg y Javier Lafuente, Venezuela declara estado de excepción en la frontera con Colombia, El País, 22 de agosto de 2015.