Cubanálisis El Think-Tank

ARTÍCULO ORIGINAL PARA EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS  

                                                      por Antonio Arencibia

                                                                                                                                                            

 

 CUBA: INCÓGNITAS EN EL 2009

 

Ha  pasado mes y medio desde las elecciones presidenciales y se puede decir que ya la mayoría de la población norteamericana ha interiorizado que a partir del 20 de enero próximo habrá un afroamericano en la Casa Blanca. Sin embargo, muchos aún se niegan a aceptar verdades que son traumáticas para los que mantienen una visión conservadora de la sociedad y del balance internacional de fuerzas.

 

Primeramente a la necesidad de admitir la doctrina del multilateralismo, y por lo tanto el fin de la hegemonía absoluta de los Estados Unidos en los asuntos mundiales. De hecho, se han perfilado otras dos superpotencias de naturaleza política y estructura organizativa muy diferentes a las vigentes en la sociedad norteamericana: China por una parte y la Unión Europea por otra.

 

Pero quizás lo más interesante es que actualmente, incluso al margen de la coordinación y acuerdo entre esas tres entidades, han despuntado otros grandes poderes de influencia más limitada, como son Rusia, Japón, la India o Brasil.

 

La inefectividad comprobada de los organismos internacionales y regionales, surgidos tras la segunda guerra mundial, ha llevado al surgimiento de otros nuevos y a la multiplicación de los contactos entre diversas agrupaciones de países.

 

En América Latina, es evidente que los problemas fundamentales se resuelven al margen de la Organización de Estados Americanos. A esto hay que añadir que el Tratado de Libre Comercio de América del Norte entre E.E.U.U., México y Canadá (NAFTA, por sus siglas en inglés), con resultados en lo referente al libre flujo de capitales y de productos, ha fracasado en lo que respecta al movimiento de trabajadores, especialmente los mexicanos.¿Sorprende acaso que los países latinoamericanos se reunan bajo la sombrilla de Brasil para conciliar políticas y defender sus intereses?

 

El Grupo de Río se formó en 1990, pero tuvo como antecedente la gestión de Colombia, México, Panamá y Venezuela, en 1983, para promover la paz en Centroamérica. La región había visto con alarma que en abril de 1982, el presidente Reagan apoyase a Gran Bretaña, como respuesta a la invasión argentina de Las Malvinas. Estados Unidos respaldaba así a su aliado en la OTAN en detrimento de sus compromisos con el hemisferio establecidos por el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca, vigente desde 1947.  

 

Por eso, ante la crisis centroamericana, se creó el grupo de Contadora y dos años después, Perú, Argentina, Brasil y Uruguay, se constituyeron en grupo de apoyo. Aunque Contadora no tuvo respaldo por parte de Estados Unidos, que se oponía a reconocer al gobierno sandinista de Nicaragua, fue base para los acuerdos de Paz de Esquipulas.

 

Todo ello explica que el grupo no está dirigido contra Estados Unidos, y que por lo tanto lo excluye deliberadamente, sino que tiene que prescindir de incluirlo porque históricamente ha hecho prevalecer su posición de gran potencia mundial en detrimento de los intereses regionales.

 

En las condiciones actuales, cuando Brasil se destaca como la primera economía de Iberoamérica y la sexta del mundo, no es de extrañar que sea el país determinante en el curso que toma el Grupo de Río, como alternativa a la OEA, agrupando a 23 países de la región, tras la reciente incorporación de Cuba.

 

Raúl Castro hace escala en Caracas

 

Mientras la prensa rusa habla de un tándem gobernante entre Dmitri Medvedev y Vladimir Putin, el símil no es apropiado en el caso del régimen de La Habana. Fidel y Raúl Castro no montan juntos una bicicleta doble, más bien se trata de esas carreras de feria pueblerina donde dos corren con una pierna amarrada. En el caso de Cuba no se sabe quien tiene más impulso, a veces parece que el viejo decrépito es el que da las grandes zancadas. Otras veces, como ahora, es Raúl el que se roba el show.

 

Nunca hubo dudas que el primer viaje del general-presidente fuera a Venezuela, aún después de que Chávez pospusiera para el 2009 la cumbre del ALBA prevista para el 14 de diciembre. Era de rigor que visitara Caracas, aunque fuera brevemente, antes de ir a Brasil a la cumbre del Grupo de Río.

 

No podía hacerle un desaire al Teniente Coronel  “bolivariano” y mucho menos en momentos críticos para ambos gobiernos. Por una parte está la caída en picada de los precios del petróleo y la consecuente disminución de las reservas venezolanas en divisas, que incluso Prensa Latina reportó un día antes del viaje de Raúl Castro. Por otro está la arriesgada jugada política de Chávez de hacer un referendum en febrero para su reelección indefinida al frente del país.

 

Antes de la visita oficial de Raúl, Ricardo Cabrisas, su elegido como interlocutor en los asuntos entre ambos gobiernos, daba los toques finales al impresionante número de 311 proyectos de cooperación conjuntos para el 2009, asesorado por los Ministros cubanos de Informática y Comunicaciones, Transporte, Industria Básica, Industria Sidero-Mecánica y Rodrigo Malmierca, nuevo titular de Colaboración e Inversiones. 

 

El sábado 13 de diciembre a las once de la mañana se bajó Raúl Castro del avión que lo condujo a Maiquetía y minutos más tarde pasaba revista a la guardia de honor en la terminal presidencial del aeropuerto “Simón Bolívar”, acompañado de Hugo Chávez y de las principales figuras de su gobierno. Con excepción de Cabrisas y Malmierca, ninguno de los demás funcionarios cubanos se incorporó a la delegación oficial.

 

De allí en adelante, siguio el programa preestablecido y las palabras rituales: visita inmediata a la estatua ecuestre del Libertador, ofrendas florales y guardia de honor en la capilla que guarda sus restos, condecoraciones, llaves de la ciudad, etc. Todas estas actividades fueron profusamente sazonadas con referencias a las visitas previas del gran ausente, Fidel Castro, la trasmisión de sus saludos, y no podía faltar el agradecimiento de Raúl a Chávez:

 

Si hemos podido dejar atrás los años más duros (...) no sólo se debe a nuestro espíritu de resistencia sino también al decisivo apoyo de la Venezuela bolivariana

 

Durante la visita de Raúl Castro, de los 311 proyectos conjuntos analizados se aprobaron solo 173 para el año próximo, aunque, -según cifras oficiales citadas por la AFP-, se incrementarán de 1.355 millones de dólares en el 2008 a un valor de 2.001 millones en el 2009. Lo más interesante es que no se desglosaron estos acuerdos excepto en lo que respecta a petróleo y a informática, que evidentemente están priorizados.

 

Sin dar cifras al respecto, se divulgó la creación de “Cuvepetrol S.A”, que impulsará la creación de empresas mixtas “para la refinación de petróleo y gas natural licuado en Cuba”. El proyecto principal será la expansión de las capacidades de las refinerías de Cienfuegos y la “Hermanos Díaz” de Santiago de Cuba.

 

Según la agencia oficial venezolana ABN, otra empresa socialista de capital mixto, denominada Guardián del Alba S.A., se encargará de fabricar programas informáticos para “resguardar la soberanía tecnológica”. La firma no estuvo a cargo del ministro venezolano de ese ramo, sino del de Energía y Petróleo, Rafael Ramírez, y de Ramiro Valdés, por la parte cubana, y hay que tener en cuenta que la empresa mixta estará ubicada en Venezuela, con PDVSA controlando el 51 por ciento de las acciones y Albet (Empresa cubana de Ingeniería y Sistemas, S.A.) con el 49 restante.

 

Este acuerdo es muy interesante pues se pondrá en funciones de inmediato, con técnicos cubanos en informática, y todo lo que eso implica en un ministerio que dirige Ramiro Valdés. El ministro de Comunicación e Información de Chávez, Jesse Chacón, ex-ministro del interior también, como Ramiro Valdés, estuvo ausente en la firma pero no en la implementación de este proyecto. Refiriendose a la reelección presidencial indefinida, dijo que el gran reto de febrero no es una enmienda, “es la vida que nos estamos jugando en febrero”. Por eso Raúl en su discurso en la clausura de la reunión de la Comisión Mixta Cuba-Venezuela le advirtió a Chávez que no puede perder el poder, señalándole:

 

Les deseamos éxito en las nuevas batallas por venir. Les recordamos que de la victoria de Venezuela depende en gran medida la victoria en América Latina y el Caribe.

 

El régimen marca un tanto en Brasil

 

El viaje de Raúl a Caracas ratificó que el régimen va a seguir dependiendo en gran medida de compromisos de ayuda mutua con el chavismo, por lo que los nuevos acuerdos económicos y la reiteración de la colaboración política no cambiaron el panorama anterior. Pero el nuevo paso, y uno de los más importantes para el gobierno de los Castro en los últimos años, fue su aceptación en Brasil como miembro del Grupo de Río. Raúl Castro asistió a dos de las cuatro cumbres que se programaron en Salvador de Bahía entre el 16 y el 17 de diciembre, la del Grupo, y la de América Latina y el Caribe, (CALC), y fue como invitado a la del Mercosur.

 

El presidente Lula da Silva puso a disposición de los invitados de países pobres de Centroamérica y el Caribe aviones de la fuerza aerea brasileña para trasladarlos a Brasil. Los mandatarios convocados y algunos vicepresidentes llegaron al balneario de Costa de Sauípe, situado a unos 80 km al noreste de Salvador de Bahía, donde se celebraron los encuentros de alto nivel. Se excusaron los presidentes de Colombia y Perú y enviaron a sus respectivos vices, pero allí se dieron cita, además del anfitrión, los demás, destacandose los mandatarios y mandatarias de Argentina, Bolivia, Chile, Venezuela, México, Ecuador y Paraguay.

 

La prensa siguió sus pasos y tomó fotos dando gran importancia a que algunos de ellos fueran a tomar baños a la playa, aprovechando el verano austral.  Raúl Castro tuvo el buen gusto de no hacerlo, pero se destacó besando a una imponente negra bahiana que lo recibió, estampándole dos besos en las mejillas, uno a nombre de Fidel y otro de él. La Kirchner, por su parte, excusó su tardanza a una de las reuniones diciendo que la culpa la tenían los que habían organizado las cumbres en un lugar que invitaba a descansar.

 

Algunos medios de prensa y televisión, especialmente en el Sur de la Florida, se burlaron del bajo nivel del recibimiento oficial a Raúl Castro a su llegada al aeropuerto internacional de Bahía, porque corrió a cargo del jefe de Protocolo de la cancillería carioca, George Monteiro Pratta. Pero pronto se puso de manifiesto  una amplia actividad diplomática mediante encuentros del general con distintos gobernantes y su desenvuelta participación en tres reuniones cumbres, especialmente en la de la incorporación de Cuba al Grupo de Río.

 

Aprobada la moción de incorporación hace un mes en la ciudad mexicana de Zacatecas, correspondió a Felipe Calderón, como presidente pro-témpore del grupo, proponer el ingreso oficial en la reunión de Salvador de Bahía. El procedimiento no fue una afrenta especial contra los cubanos anticastristas por parte del presidente de México, como se ha escrito en Miami. Fue, aunque no guste, un acuerdo aprobado mediante el consenso de los participantes en esa organización, que incluye fuertes aliados de Estados Unidos.

 

La ausencia del cónclave de los presidentes Uribe y Alan García, puede significar un gesto para no tener que aplaudir los discursos o dar la mano a Raúl Castro, pero no es más que eso, un gesto.

 

Se puede calificar de  “infame” o “vergonzosa” la aceptación del régimen en el Grupo de Río, pero más allá de las emociones lo que hay que preguntarse es: ¿Qué ha cambiado en América Latina para que esto haya sucedido? ¿Qué políticas han fracasado respecto a Cuba?

 

Es verdad que en el grupo hay varios gobiernos de izquierda o de centro-izquierda y especialmente con ellos La Habana afianza los lazos. Esto se pone de manifiesto en las visitas a Cuba, anunciadas para enero, por parte de Rafael Correa y Cristina Fernández de Kirchner.  Pero también está en turno la visita de Calderón a Cuba y de Raúl Castro a México en el 2009. Se podrá criticar esta última, y lamentar además los acuerdos de deportación de cubanos indocumentados por parte del gobierno azteca, pero sería muy hipócritas no ver detrás de ello la complacencia del gobierno norteamericano que contempla como se cierra otra vía a la inmigración incontrolada desde la Isla.

 

Contra todos los pronósticos, el viaje a Brasil no trajo dividendos económicos a La Habana, sino políticos. Por eso Raúl Castro evitó hablar de los intercambios comerciales, se limitó a decir que se va progresando y que se irá nivelando el desequilibrio de la balanza “poco a poco […] a la medida de nuestras posibilidades de país pequeño frente a Brasil”. 

 

Es que aparte de los gestos protocolares, Lula tiene que responder ante los empresarios y los votantes brasileños de cómo invierte los millones de “reales” y ya ha tenido problemas con el izquierdista Rafael Correa por la expulsión de la constructora Odebrecht de Ecuador. Mientras tanto, hace como Europa: tiene ya metido un pié en la Isla.

 

El régimen se niega a hacer concesiones

 

Tanto en Bahía como luego en Brasilia, Raúl Castro sorprendió por su atrincheramiento ideológico. Rechazó de plano las sugerencias de volver a la OEA, sin importarle las gestiones y declaraciones de su secretario general, José Miguel Insulza, en ese sentido, y dijo que esa sigla debería desaparecer.

 

Debe haberse reído cuando Evo Morales dijo que Cuba debe ser miembro de una OEA sin norteamericanos. Puede haberse sorprendido cuando su anfitrión Lula da Silva declaró que la OEA debía pedir disculpas por haber expulsado a Cuba.

 

Pero nada de eso le importa, está ahora en un grupo poderoso que pretende ser lo suficientemente fuerte en el futuro, como para poder negociar seriamente con Estados Unidos. Por eso calificó la entrada en el Grupo de Río de “acontecimiento trascendental” y dijo a Pérez Roque, y luego repitió en público:

 

¡Cuánto lamento que no sea Fidel el que esté sentado aquí!, aunque nos debe estar viendo por televisión!

 

Durante su visita oficial en Brasilia, Raul Castro hizo varias veces críticas a los países de Europa. Elogiando el nivel de relaciones alcanzado entre Brasil y Cuba, le dijo a Lula "quieren que hagamos como los políticos de la Unión Europea, que se dan la mano, se rien, pero no tienen las relaciones fraternales que nosotros tenemos”. Ni siquiera exceptuó al gobierno de los socialistas españoles de esta crítica.

 

Otro momento de similar intransigencia fue el rechazo de Raúl Castro a las declaraciones de Madeleine Albright, miembro del equipo de transición del presidente electo Obama, de que La Habana tenía que hacer gestos. Raúl Castro reveló que había recibido una carta de un ex presidente, anunciando que se aproximan cambios, pidiéndole también gestos públicos. Tras decir que los gestos tenían que ser bilaterales hizo una propuesta que a muchos les pareció insólita, el canje de los disidentes presos en Cuba desde la Primavera Negra por los cinco espías de la Red Avispa condenados en Estados Unidos.

 

Claro que esta propuesta de canje no tiene sentido si se considera, primero, que Barak Obama aún no ha tomado posesión como Presidente, y que aún si lo fuera no puede otorgar un indulto a los llamados Cinco Heroes simplemente porque lo desee. Entretanto, si fuera de interés federal, Obama solo podría tantear las posibilidades de un nuevo juicio. Además, ante las declaraciones del general de que podría mandar de inmediato a los presos con sus familias hacia Estados Unidos, habría que consultar la opinión de los presuntos canjeados y su disposición a ser desterrados de su patria.

 

Hay que suscribir lo que ha escrito al respecto Miriam Leyva en El Nuevo Herald:

 

Los 75 fueron juzgados sin garantías procesales en juicios sumarísimos, sobre la base de mentiras; sus apelaciones se respondieron inmediatamente para confirmar las sentencias y no se ha aceptado revisión de causa. Ellos alertaban sobre problemas existentes en nuestra Patria, muchos de los cuales han sido reconocidos por Raúl Castro en los últimos dos años. Por tanto, mantenerlos en prisión es aún más injusto ahora.

 

¿Qué vendrá en el 2009?

 

Pero nada de esto sorprende. Raúl administra la finca de Fidel Castro, en vísperas del cincuentenario de la que fuera Revolución Cubana. Puede decirse que ha maniobrado con suerte y habilidad, sacando de donde no hay y pidiendo a todos.

 

Con un país abatido por tres terribles huracanes ha reprimido el mercado negro y obligado a la gente a depender para todo del gobierno, movilizando a los soldados y los trabajadores en tareas de emergencia. Ha logrado controlar hasta el momento la grave situación social, y el incremento de la vigilancia y las advertencias policiales acrecienta nuestra admiración ante el coraje de un puñado de valientes que se oponen a la dictadura.

 

Raúl, de consuno con Fidel Castro, está haciendo declaraciones públicas para reducir las expectativas de muchos cubanos ante la presidencia de Barak Obama. El viejo dictador sabe bien que no se puede gobernar Estados Unidos con ideas de cambio revolucionario y que el presidente-electo tiene que ajustar las promesas electorales y llevar a cabo una política centrista para poder timonear la grave situación económica de la nación y recuperar la iniciativa política en la arena internacional.

 

De ahí el “chiste” que hizo Raúl Castro a Sean Penn comparando a Obama con el jardinero idiota de la película “Desde el jardín”. Por eso también Raúl Castro empezó a criticar los planteamientos de algunos demócratas influyentes en la futura administración, como es el caso de la Albright y del ex – presidente (tendría que ser un demócrata: Carter o Clinton) que le pidieron inutilmente “un gesto” al régimen.

 

Dice el general, que pueden esperar cincuenta años más por el fin del “bloqueo”, pero la biología dice que la tropa rebelde que tomó el poder en 1959 está llegando al término de vida útil, empezando por la del jefe de la guerrilla.

 

Ya regresó a La Habana el general-presidente y fue recibido por su subalterno Machado Ventura. Tiene mucho que conversar y regocijarse con su jefe y hermano, pero no trae nada concreto para la gente de a pié. El país nada espera de él a no ser que se decida a cumplir lo que prometiera en los dos últimos años.

 

Los próximos días deben mostrar si es verdad que en esta sesión de la Asamblea Nacional, Raúl presentará la reestructuración del gobierno. Para saber si seguirá corriendo atado a la pierna de su hermano bastan algunos días. Si Fidel Castro no aparece en público, aunque sean cinco minutos en el 50 Aniversario, Raúl va a tener que seguir cada vez más solo en la carrera.

 

En febrero se verá si Hugo Chávez se asegura la dictadura o no. Como quiera, el momento no es como para invertir en Cuba ni por parte de él, ni por la de Putin o Hu Jintao. Tampoco los tiempos son como para que los europeos y los canadienses se lancen al turismo insular.

 

La supuesta gran riqueza petrolera de la Zona Económica de Cuba en el Golfo de México, pasa a segundo plano en los proyectos de exploración y explotación hasta que se resuelva la crisis económica mundial a la que los más optimistas dan un plazo de un par de años. Que La Habana declare una moratoria en sus pagos no es sorpresa para nadie, pero ni siquiera sus aliados más estrechos, con excepción de Chávez, van a mantener operaciones si no ven intentos de pago.

 

Mientras tanto quedan Cuba y los cubanos. Los de aquí, sabiendo que hay promesas del presidente-electo de eliminar las restricciones a los viajes, se han lanzado en este fin de año a ver a sus familiares en la Isla. Quizás es una especie de despedida provisional porque los tiempos no son como antes y el desempleo en la Florida está por encima del 7 porciento. Esta situación atenta no solo contra los viajes sino contra las remesas familiares, dejando a los de allá doblemente desamparados.

 

Solo queda a Raúl Castro convencer a su hermano de que hay que empezar el 2009, vinculando en serio los resultados del trabajo con el salario en el campo y en las fábricas. A ver si un poquitico de interés material engrasa la vieja maquinaria oxidada del socialismo de estado. ¡A ver si vuelven a aparecer en las mesas cubanas, la malanga, la yuca y  -al menos en Navidad-, unas masas de puerco!