Cubanálisis El Think-Tank

             ARTÍCULO ORIGINAL PARA EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

 

 

 

     Antonio Arencibia, La Coruña, España

  

 

 

                               

                                                                                                                                                            

 

Europa se prepara para la Era Trump

 

En Europa y el resto del planeta, los políticos y los analistas no solo se preocupaban hasta qué punto pondría en práctica Donald Trump sus inquietantes declaraciones durante la campaña electoral, sino si tenía claro quienes le van a acompañar en su gabinete. Las dudas se empezaron a disipar con los nombramientos el pasado viernes de políticos y militares de línea dura para dirigir la CIA, el Departamento de Justicia, y asesorarle en seguridad nacional.

 

Quizás nos encandilamos demasiado pronto con las palabras melosas del presidente electo en su reunión con Obama en la Casa Blanca. Está haciendo una transición distinta a la tradicional, desde la Torre de su nombre en Manhattan, sin coordinar ni informar al Departamento de Estado de sus encuentros y conversaciones con líderes mundiales, porque él y el presidente saliente son antípodas ideológicas. Son señales de que la Era Trump empezó antes de enero.

 

Auge y decadencia de la Unión Europea

 

Antes de seguir hay que explicar brevemente al lector de América Latina que la Unión Europea se formó por seis países fundadores: Bélgica, Francia, Alemania, Italia, Luxemburgo y Países Bajos. A ellos se sumaron paulatinamente otros del occidente europeo, pero tras la caída del muro de Berlín se inició la rápida incorporación en poco más de un año de once países que habían formado parte del bloque comunista. A partir de entonces, y con 28 países miembros, la Unión se convirtió prácticamente en sinónimo de Europa.

 

Pero las desigualdades económicas entre el viejo núcleo de la Unión y muchos de los nuevos miembros dieron lugar a serios problemas migratorios, especialmente por el desperdigamiento de cientos de miles de habitantes de los países más pobres por naciones más prósperas. De ahí han salido los numerosos rumanos y personas de etnia gitana en ciudades y pueblos que malviven o se dedican a la mendicidad en el occidente europeo.

 

Otra consecuencia no prevista del acceso a la U.E. de esos estados post-soviéticos fue la contradicción entre sus sentimientos nacionalistas recuperados y los controles que impone la Unión, como organización supranacional, a sus miembros. Pasado un breve  tiempo tras su integración se han producido resistencias a algunos acuerdos de la UE. Un ejemplo de desobediencia fue la decisión del gobierno de Hungría de impedir el paso de inmigrantes indocumentados por su territorio rumbo a otros países vecinos.

 

Ahora, los 28 se van a reducir tras el Brexit (salida de Gran Bretaña de la Unión Europea) y se hace fuerte el euroescepticismo en varios países integrantes de la Unión. Sin dudas, los líderes populistas que alientan esa tendencia han ganado protagonismo tras la salida del Reino Unido de la U.E. y el triunfo de Donald Trump en las elecciones de Estados Unidos. Un editorial del diario español El Mundo alerta sobre posibles cambios políticos en el continente:

 

Los próximos meses son decisivos para Europa [por] una sucesión de citas electorales en un clima de gran incertidumbre. En Italia, el primer ministro Renzi se lo juega casi todo en diciembre en el referéndum sobre la reforma constitucional. Los populistas del Movimiento 5 estrellas de Beppe Grillo y la xenófoba Liga Norte, contrarios a la reforma, pretenden sumar a todos los indignados con el sistema en una gran demostración de fuerza. El mismo día, el líder del mayor partido ultraderechista austriaco podría convertirse en presidente de la República. Poco después, en Holanda todo apunta a que la formación xenófoba de Wilders se consolidará como primera fuerza. En Francia, Marine Le Pen disputará seguro la segunda ronda presidencial. Y en Alemania los partidos de inspiración neonazi avanzarán aún más en las legislativas. [1].

 

La Unión Europea empieza a hacer cambios

 

Pero como las elecciones en Italia, Austria y Holanda no se pueden detener y la transición en Washington está en marcha, el núcleo duro de los dirigentes de  la Unión Europea se está preparando para capear la tormenta perfecta que se ha venido cerniendo sobre el viejo continente en los últimos tiempos.

 

La amenaza externa principal hasta hoy es la de la Rusia de Putin, que tras la anexión de Crimea sigue  interviniendo en el este de Ucrania y apunta con su poderoso ejército y su flota del norte a los países del Báltico integrados desde el 2004 a la Unión y al sistema del euro. De ponerse en práctica las declaraciones de Trump advirtiendo de la retirada de fondos norteamericanos para las fuerzas de la OTAN en Europa, se debilitaría el principal valladar militar del continente frente a Rusia [2].

 

Por eso menos de una semana después de las elecciones en Estados Unidos se celebraba en Bruselas una reunión conjunta de los ministros de Exteriores y Defensa de la U.E. para aprobar el fortalecimiento militar. Terminado el encuentro la jefa de la diplomacia europea, Federica Mogherini, quiso quitar hierro a la premura de la decisión y declaraba a la prensa que “empezamos este proceso mucho antes de las elecciones estadounidenses”; pero a nadie se escapó que desde el 2010 la política de austeridad de la Unión Europea  había impedido un incremento de los gastos para la defensa, y por eso las críticas de Trump tenían base [3].

 

Al día siguiente de la reunión de defensa hubo otra de la Comisión Europea, en la que su presidente, Jean-Claude Juncker, propuso a los países miembros la aprobación de un estímulo a la economía de 50,000 millones de euros [4]. De esa forma, la UE empieza a abandonar la austeridad y los recortes presupuestarios que han provocado en los últimos años frecuentes protestas entre los trabajadores y las clases medias de los países de la Unión. Este cambio bastante tardío trata de frenar el auge de los anti-sistema europeos de derecha e izquierda del que advertía el editorial de El Mundo.

 

La canciller de Alemania, Ángela Merkel, fue quien primero se pronunció sobre la victoria de Trump. Sus breves declaraciones, que después fueron repetidas por la premier británica Theresa May,  aseguraba al presidente electo que la colaboración estrecha con Estados Unidos “es y seguirá siendo una piedra angular de la política exterior alemana”, pero insistía en su oposición a la limitación del libre comercio en favor del proteccionismo. Tras doce años como canciller de Alemania, país imprescindible para la estabilidad de la Unión Europea, es muy probable que Merkel se presente para un cuarto mandato en las elecciones federales del 2017.

 

Europa se despide de Obama y espera a Trump

 

La visita de Obama a Berlín en estos días ha dado pie para que un montón de comentaristas europeos le suban la parada a la consigna del New York Times de que la líder alemana es “la última defensora del Occidente liberal”, y se ha llegado a decir que el presidente saliente de Estados Unidos  le está entregando a la Sra. Merkel la antorcha de “líder del mundo libre”.

 

Se olvidan los que suscriben esto de que Alemania tiene limitaciones de índole militar, igual que Japón, desde el fin de la Segunda Guerra Mundial. Sin armamento nuclear Alemania no puede ser líder mundial. Por otra parte la Alemania reunificada tras la caída del Muro es clave para el desarrollo del continente, ha llegado a ser la “locomotora económica de Europa” y es uno de los pilares del proyecto comunitario. Pero, además, en su territorio hay desplegados 33,000 miembros de las fuerzas armadas estadounidenses y allí radica la mayor base en el extranjero de su Fuerza Aérea. Por todo ello hay que presumir que Trump y Merkel están llamados a entenderse en lo esencial, ya que Estados Unidos se juega mucho si Alemania, y con ella Europa, se desestabilizan.

 

Por ahora, Ángela Merkel disfruta de unos laureles anticipados, y decidió convertir la visita de despedida de Obama en una especie de mini cumbre a la que invitó a François Hollande, Theresa May, el premier italiano  Matteo Renzi, y el español Mariano Rajoy, que volvió investido en su cargo tras 315 días gobernando en funciones. Allí hubo todo lo esperado: sonrisas, palabras muy medidas, reafirmación de principios y frases tranquilizadoras de Obama. También hubo ratificación de las sanciones contra Moscú por la Sra. Merkel y los otros líderes europeos y un llamamiento a Rusia e Irán para cesar su apoyo al régimen de Bashar Al-Asad. [5]. No es gran cosa como regalo de despedida, ya que la verdadera ratificación de esos acuerdos no dependen ya de quien se va de la Casa Blanca en un par de meses.

 

A mismo tiempo que ocurría la reunión de Berlín, Donald Trump se reunía en Nueva York con Shinzo Abe, primer ministro de Japón. Seguramente Abe le preguntó a su anfitrión si mantendrá o no el proyecto de Obama de un tratado “Transpacífico”, si Tokio tendrá que pagar por todos los gastos de las 85 bases e instalaciones militares japonesas de EEUU y si se mantiene el planteamiento de Trump de que “Japón debería pensar en adquirir armas nucleares” [6].

 

Por ahora muy pocos sabrán lo que se habló, aunque al terminar la entrevista Abe dijo, como dicta el protocolo, que se sentía “confiado” y que el encuentro de hora y media había sido “realmente cordial”. Queda todo envuelto en silencio pero el planteamiento de Trump sobre el rearme nuclear de Japón, caso de ser puesto en marcha,  puede tomarse por China y otros países vecinos como una amenaza directa, y de paso abriría la puerta a que Alemania tuviera el mismo “derecho”, lo que sería rechazado inmediatamente por Rusia. Ojalá nunca se abra esa Caja de Pandora, porque llevaría a una nueva carrera armamentista.

 

Por el momento hay muchísimas dudas y pocas aclaraciones. Por eso tememos estar viviendo en el chiste de que cuando Estados Unidos tiene catarro el mundo coge neumonía. Es verdad que si el nuevo presidente americano pone en práctica una pequeña parte de lo que prometió en campaña ocurrirán grandes cambios en el panorama mundial.

 

Afortunadamente, y a pesar de las críticas a veces exageradas, esos cambios no los propone ni un zar ruso ni un líder nazi, sino un presidente legalmente electo en la más poderosa república de todos los tiempos, donde rige el imperio de la ley y existen mecanismos para garantizar las libertades ciudadanas y el libre debate.

 

Un consejo: no hagamos predicciones antes de tiempo, y preparémonos para sorpresas, porque la Era Trump ha comenzado.

 

Notas

 

[1] Editorial, Urge un rearme ideológico en la UE contra el avance populista, El Mundo, 15 de  noviembre del 2016

[2] Hay una segunda amenaza militar para Europa que se origina fuera, aunque cerca, de sus fronteras. Es la guerra en Siria y la lucha contra el Estado Islámico que repercute en África del Norte en incluso en el Sahel occidental. Sus consecuencias son gravísimas y desestabilizadoras por la llegada de miles y miles de refugiados que huyen de la guerra y proceden del Medio Oriente, y otros miles de subsaharianos que tratan de escapar de la miseria. Es una gran catástrofe tanto desde el punto de vista humanitario como de su costo material.

[3] Unión Europea aprueba proyecto para reforzar su capacidad de defensa, AFP, 14 de noviembre de 2016.

 [4] Claudi Pérez, Bruselas rediseña la política económica y pide un estímulo de 50.000 millones, El País, 16 de noviembre del 2016.

[5] Melissa Eddy and Gardiner Harris, Obama and E.U. Leaders Agree to Keep Sanctions on Russia, The New York Times, Nov 19, 2016.

[6] Carl Hulse and Helene Cooper, Donald Trump and Japan’s Leader to Meet, With Plenty to Sort Out, The New York Times, Nov 17, 2016.