Cubanálisis El Think-Tank

ARTÍCULO ORIGINAL PARA EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

                                                      por Antonio Arencibia

                                                                                                                                                            

 

 EL VOTO UNIDO: SÍMBOLO DEL INMOVILISMO

 

El año y medio de interinatura “raulista” está coincidiendo con las “elecciones” de los diputados a la Asamblea Nacional del Poder Popular en medio de un impresionante despliegue propagandístico por parte del régimen a favor del llamado voto unido. No se trata, por supuesto, de nada nuevo, pues desde 1993, -cuando se modificó el sistema de candidaturas después del derrumbe del comunismo soviético-, Castro urgió a votar por todos los candidatos, sin diferenciar entre ellos, “como una estrategia revolucionaria”, como “mensaje que estaríamos enviando al imperialismo, a los enemigos.”

 

Pero hay que analizar por qué  la nomenklatura está reiterando el viejo mensaje de 1993 en momentos en que toda la población está esperando se oficialice el relevo del viejo dictador, especialmente después que admitiera el 17 de diciembre, que no debe aferrarse a cargos “ni mucho menos obstruir el paso a personas más jóvenes”

 

Al principio y al final: “¿Elecciones para qué?”

 

Como recordara hace unos meses en Cubanet  la periodista independiente Tania Díaz Castro:

 

 Fidel Castro, luego de la toma del poder en 1959, prometió al pueblo celebrar elecciones generales en 18 meses. Pasado ese tiempo y sin que se vieran los preparativos para el sufragio, el líder guerrillero se preguntó a sí mismo en uno de sus kilométricos discursos: ¿Elecciones para qué?

 

La frase, junto a las medidas de ilegalización de los partidos políticos que concurrieron a las elecciones generales del 3 de noviembre de 1958,  hacía público el fin del sistema democrático y oficializaba la dictadura revolucionaria, barriendo tanto la Constitución de 1940 como el Código Electoral de 1943.  Si las elecciones de 1958 fueron catalogadas como el intento de dar un barniz de gobierno "democrático" a la dictadura batistiana, Castro prescindió de cualquier barniz legal por 17 años, hasta que en 1976, tras el fracaso de la Zafra de los Diez Millones y otros disparates, fue conminado por Moscú a que aceptara una Constitución à la soviétique.

 

La confección del engendro constitucional fue encargada a Blas Roca, quien se basó en el modelo estalinista de 1936. El proyecto proclamaba en el Preámbulo que los ciudadanos cubanos se apoyaban “en la amistad fraternal y la cooperación de la Unión Soviética y otros países socialistas” y copiaba el esquema parlamentario de aprobación formal de leyes propuestas por el Partido Comunista, definido en el texto como “fuerza dirigente superior de la sociedad y del Estado”.

 

Por eso, antes de ser sometido a referéndum, fue aprobado en 1975 por el 1er.Congreso del Partido Comunista de Cuba. A partir de entonces, el líder del Partido único, envuelto en un manto seudo-legal, continuaba su dictadura ostentando todos los cargos. Al invocar el nombre de su dirigente en la Constitución, la de Cuba compartiría el triste privilegio de las de China, Corea del Norte y Vietnam, sin tener como ellas una justificación histórico-cultural para tal reminiscencia del “despotismo asiático”.

 

Para destacar la esencia de las constituciones comunistas vale la pena retomar lo que señalaba un destacado jurista chileno sobre la Constitución de 1976:

 

[…] desde el punto de vista marxista-leninista, la constitución no tiene naturaleza "constitutiva" sino "declaratoria". La constitución reconoce las relaciones del poder realmente en vigor, y los derechos y libertades en la forma en que ellos existen ahora, y no como promesas para existir en el futuro.

 

Hasta 1992 se mantuvo el sistema establecido para la elección de diputados a la Asamblea Nacional del Poder Popular, aunque según Domingo Amuchástegui, hubo algunas modificaciones en el número de aspirantes y las orientaciones del Partido a sus militantes:

 

De 1976 hasta 1992, con la adopción de una constitución aprobada -de acuerdo a cifras oficiales- mediante casi el 100 por ciento de los electores, se han venido celebrado comicios o elecciones generales cada seis años. [NOTA En realidad es cada cico años. AA] En la primera de ellas, el PCC orientó a sus militantes a votar por uno de los varios candidatos, hasta seis en total, que aparecían en los boletas con sus biografías para conocimiento de los electores. Por un lado, el número de precandidatos ha ido disminuyendo hasta reducirse a dos. En cuanto al procedimiento del PCC indicando a sus militantes por quien votar de manera directa, éste fue desestimado para las siguientes elecciones. Si bien el PCC no proponía ni lanzaba formal o públicamente los nombres de los candidatos, todos los electores o votantes en las asambleas de vecinos por circunscripción sabían que en la abrumadora mayoría de los casos los nombres surgidos como candidatos tenían el beneplácito del Partido, aunque no necesariamente fueran militantes del mismo.

 

Amuchástegui se refiere a los cambios introducidos tras el derrumbe del llamado campo socialista, que culminaron en una nueva Constitución. La Ley electoral fue reformada en 1992 y su más significativa modificación fue la elección individual de todos los propuestos como diputados que deberían recibir más del 50 % de los votos. Dice el analista que, aunque se conservaba el mecanismo de designación de candidatos, la nueva fórmula “abría una diversidad de espacios para formas de voto negativo o de castigo y en torno a éste las más diversas formas de movilización política y transmisión de mensajes y desafíos al régimen”.

 

En marzo de 1992, Carlos Aldana, entonces protegido de Raúl Castro, hablaba de la decisión del PCC de permitir cierta apertura en el nuevo sistema electoral, aunque manteniendo el unipartidismo. Según recoge la prensa de la época, el Secretario Ideológico del Partido dijo:

 

Aquellos que están en la oposición interna tendrán la oportunidad de ser elegidos, sin requisitos ideológicos.

 

Pero poco dura la alegría en casa del pobre. Aún antes la defenestración de Aldana, el gobierno mantuvo la prohibición de hacer campañas electorales; la Comisión de Candidaturas,- ahora presidida por la CTC-, seleccionaba a los nominados a nivel provincial y nacional que tenían garantizado su asiento y de la que estaban y están cuidadosamente excluidos los que no comulguen con el castrismo; y desde la primera elección en 1993 bajo las nuevas condiciones, el dictador empezó a promover el voto unido como expresión de respaldo político a su régimen. No hay que extrañar entonces que sea hoy el pueblo quien se pregunte “¿Elecciones para qué?”.

 

Campaña por el voto unido 2008.

 

Desde la última quincena de diciembre el propio Castro en nota a su “querido Randy [Alonso]”, director de la Mesa Redonda, había introducido una nota de expectación en el panorama político criollo con su declaración de que:

 

Mi deber elemental no es aferrarme a cargos, ni mucho menos obstruir el paso a personas más jóvenes, sino aportar experiencias e ideas…

 

No faltaron las especulaciones en la prensa internacional de que “ahora sí” iba a procederse al ordenamiento de la excesivamente larga provisionalidad de Raúl Castro y analistas serios apostaron al retiro del anciano Enfermo en Jefe. Pero al pasar los días y desarrollarse la última sesión de la ANPP, vino un mensaje de Castro a Alarcón con referencias “al honor” que significaba su postulación como candidato al Parlamento, lo que volvió a resucitar la incertidumbre sobre su futuro político.

 

Como hiciera tras el desastre de la Zafra del 70  cuando dijo que “el pueblo” podía disponer de su cargo, Fidel Castro, recordando sus ancestros se nos aparece ahora con el refrán gallego  “Non queiro, non queiro, métemo no sombreiro” [no lo quiero, no lo quiero, pero échamelo en el sombrero].

 

Por eso las declaraciones del general Raúl Castro de que tanto su discurso del 26 de julio en Camaguey como las palabras que estaba pronunciando ante la Asamblea Nacional estuvieron y estaban aprobadas por el Comandante, le dieron un sentido muy especial que significa su aporte de “experiencias e ideas”.

 

Por mi parte considero que Fidel Castro va a mantener todos los cargos y atributos que se ha arrogado desde 1976. Se evita así, por una parte, un proceso que “legalmente” le convertiría en un ciudadano más, lo que nunca ocurrirá mientras viva.

 

Por otra parte, no se tiene que modificar la Constitución para crearle un cargo diferente a su medida. Y por ultimo, pero no en el último lugar, se le sigue protegiendo de acusaciones ante la justicia internacional por delitos de los que está protegido por su condición de “jefe de estado”.

 

Una vez tomada la decisión por la cúpula del rumbo a seguir al respecto, se desató una desaforada campaña a favor del voto unido, que tiene como intención mayor, tratar de impedir un “voto de castigo” contra el Comandante, que revele disparidad con otros candidatos en términos numéricos.

 

De ahí que la prensa oficial ha combinado la crítica contra el sistema electoral norteamericano con la exhortación por parte de figuras políticas, intelectuales, artísticas e incluso deportivas a favor del voto por todos los candidatos propuestos.

 

Utilizando a miembros del Buró Político, a la presidenta de la Comisión Nacional Electoral, a profesores universitarios, al sonero Adalberto Álvarez y al director del equipo de béisbol campeón nacional, se repite una y otra vez, que la unidad es un factor decisivo en la victoria, y que ese tipo de voto es “la forma correcta de votar”.

 

Por su parte, el 8 de enero en otra nota a Randy Alonso, Castro, se reiteraba como partidario decidido del llamado voto unido, y decía con cinismo que su instauración “permitió evitar las tendencias a copiar lo que venía de los países del antiguo campo socialista”, como si fuese otro quien gobernara el país cuando se copiaba. Por lo tanto Granma, Trabajadores y Juventud Rebelde se dedicaron a resucitar sus discursos sobre ese tipo de voto de quince años atrás.

 

Entre ellos se han reproducido fragmentos del que pronunció el 6 de Febrero de 1993, en la CTC, en el que apelaba “al espíritu revolucionario y patriótico” de los ciudadanos para emitir el voto a favor de todos los candidatos sin dar preferencias a unos sobre otros. Para que se tenga idea de lo que implica esta exhortación, Castro reconocía que no iba dirigida a los que se oponen al régimen: 

 

…ya que éstos o no votarán, o anularán las boletas, o se pondrán a inventar cosas que de alguna manera perjudiquen. Desde luego, es claro que no votarán por los cuadros más destacados de la Revolución, no votarán por los cuadros de más historia.

 

También la prensa oficial se ha hecho eco del discurso numantino del 20 de febrero de 1993 en que el voto unido se consideraba “estrategia revolucionaria” y mensaje de “fuerza, unidad” a los enemigos que, -decía Castro-,  pretenden la “liquidación física” de la Revolución.

 

Las respuestas que no dio Alarcón

 

Un papel destacado en la promoción de esa consigna corresponde al Presidente de la Asamblea, Ricardo Alarcón de Quesada. Aprovechando el 49 aniversario de la entrada de la Caravana de la Victoria en la capital, Alarcón afirmaba, según la Agencia de Información Nacional, que uno de los principales argumentos para ejercer el voto unido el 20 de enero es la constante amenaza del Gobierno de EE.UU. contra la Isla.

 

El lector Ricardo Santos escribe a Cubanálisis sobre este tema, diciendo que en su opinión,”lo mejor que podría pasar en Cuba es que muchos dejen la boleta en blanco, o la anulen de alguna manera, para expresar su protesta por el inmovilismo de estos 17 meses sin Fidel.”

 

Comparto las razones que expresa Santos en su correo electrónico por las  que “las mal llamadas ‘elecciones’ en la Cuba del Castrismo no se pueden tomar como un instrumento para medir el estado de opinión del Pueblo Cubano”.

 

Tras el seudo debate promovido por la cúpula entre octubre y noviembre del año pasado, Raúl Castro dijo que los problemas planteados se conocían de antemano. Ahora podría decirse, que los verdaderos resultados estadísticos de los procesos electorales previos no los conoce la ciudadanía pero los más altos niveles de la nomenklatura manejan los datos precisos de ausentismo y de boletas anuladas y con mensajes antigubernamentales. 

 

Por eso no les importa lo que costó la “prueba dinámica” del domingo 13 de enero, en que se movilizaron innumerables funcionarios, miembros de mesas electorales y niños “pioneros” para verificar la organización de más de 38 mil colegios electorales en todo el país, como tampoco importará el gasto de más recursos el 20 de enero. El objetivo es lograr mediante la presión social que se cumpla la tarea asignada lo mejor posible. Los resultados favorables están previstos por la maquinaria del régimen.

 

Pero eso no quiere decir que todas las preguntas tengan respuesta como se evidenció en la larga entrevista, (casi tres horas), de Ricardo Alarcón con dos periodistas de Juventud Rebelde, que comienzan afirmando, sin decir porqué, que la “Asamblea Nacional del Poder Popular tendrá lugar en un escenario nuevo, que ha levantado las mil especulaciones en los medios políticos, periodísticos e intelectuales”.

 

Obviamente el "escenario nuevo" es un eufemismo por año y medio de ausencia del “Presidente” de sus funciones. Pero eso no se puede tocar directamente, como se dice por estos lares, “ni con una vara de veinte pies”. Las periodistas entonces hacen preguntas que van a la esencia del sistema electoral vigente, entre ellas:

 

1)      ¿Cómo un diputado que no fue propuesto de manera directa podrá representar eficazmente los intereses cotidianos del pueblo?

 

2)      ¿No implica una contradicción que haya diputados representando a territorios en los que no residen?

 

3)      ¿Qué reservas aún no exploradas tiene el Parlamento cubano en el ejercicio de la democracia socialista?

 

4)      ¿Como resolver el desgaste del delegado entre sus electores y las entidades ante la falta de respuestas y soluciones?

 

5)      ¿Cómo congenian democracia y unipartidismo en nuestro modelo?

 

6)      ¿Por qué quince años después de establecerse, es todavía trascendente el voto unido?

 

Aunque las dos primeras preguntas parecen más fuertes, si se mira detenidamente se verá que todo el cuestionario es una "pala", como decimos los cubanos cuando las cosas se preparan de antemano; es decir, son preguntas para que el entrevistado envíe su mensaje, y no olvidemos que en Cuba las preguntas las conoce el entrevistado co anterioridad al menos cuando está lidiando con órganos del patio.

 

Valiéndose de su indudable cultura y habilidad dialéctica rayana en el cinismo, y sabiendo que ningún "periodista" nacional le interrumpiría o cuestionaría una respuesta, Alarcón sortea como puede los serios planteamientos de sus entrevistadoras citando a Pericles, Rousseau, Walter Lippmann, “los Cinco Héroes”, la democracia directa, Guáimaro, Jimaguayú y los debates durante la Convención Nacional Francesa, pero al final todo lo justifica con la agresión de Estados Unidos, la “originalidad” del sistema cubano y la declaración de  que “nada es perfecto”.

 

Quienes se dejen guiar por Ricardo Alarcón llegarán a creer que el tren detenido de la Revolución, detenido hace mucho tiempo, avanza aceleradamente hacia un destino luminoso.

 

 

Fuentes

 

Fidel Castro, discurso el 20 de febrero de 1993, reproducido en primera plana del Granma, el 12 de enero de 2008.

 

Mensaje de Fidel Castro a la Mesa Redonda, Granma, diciembre 18 de 2007.

 

Tania Díaz Castro, “¿Elecciones para qué?”, Cubanet,  agosto 17 de 2007.

 

Jorge Tapia Valdés, “Cuba Constitucional”, Nueva Sociedad, Nro. 28 , Enero-Febrero 1977, pp. 87-101.

 

Domingo Amuchástegui, “Procesos electorales y élites políticas en la Cuba del tercer milenio”, Memoria, No. 194, Abril 2005.

 

Pascal Fletcher, "Cuba Vows Opening Will Come, in Time"[Cuba promete que la apertura llegará a tiempo], Miami Herald,  25 de marzo de 1992, citado en William M. Leo Grande, “El Partido Comunista de Cuba y la Política Electoral”, www.iccas.miami.edu/Research_Studies , nota 46.

 

 Ricardo Alarcón, “Decir que se ha llegado al final en el ejercicio democrático es una muestra de incultura”,Entrevista por Agnerys Rodríguez Gavilán y Alina Perera Robbio, Juventud Rebelde, enero 13 de 2008.


 

 

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