Cubanálisis El Think-Tank

             ARTÍCULO ORIGINAL PARA EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

 

 

 

     Antonio Arencibia, La Coruña, España

  

 

 

                               

                                                                                                                                                            

 

El timador del Caribe regresa a París

 

La de Raúl Castro a Francia era una visita prevista desde mayo del 2015 cuando François Hollande se anotaba el discutible tanto diplomático de acudir precipitadamente a La Habana como el primer jefe de estado europeo que llegaba tras la normalización relámpago de relaciones del régimen con la administración Obama.

 

En los meses posteriores a su viaje a Cuba, el presidente socialista galo recibió un gran respaldo mundial y de la población francesa tras los atentados terroristas de París y hoy, con amplios poderes para garantizar la seguridad de su pueblo, gobierna la quinta economía del mundo y segunda de Europa.

 

Sabe Hollande que recibir en el Palacio del Elíseo al “Jefe de Estado cubano” (son sus palabras) es un trámite menor si se le compara con la del presidente iraní, aunque bienvenidas oficiales al dictador cubano y al enviado de los ayatolás van en sentido contrario a las tradiciones democráticas de los franceses.

 

Supuestamente para Francia el núcleo duro de la visita de Raúl Castro era el tema  económico. Como advertía el diario Le Monde:

 

Desde que en 1995 Danielle Mitterrand abrazara a Fidel Castro en la escalinata del Elíseo, se había considerado embarazosa su presencia incluso en el marco de una visita no oficial. Pero como ahora prima la «diplomacia económica», el lunes primero de febrero Raúl Castro será acogido con todos los honores de una visita de Estado”. (1)

 

Y en efecto, ese día y los siguientes hubo recibimiento en el Arco de Triunfo, banderas cubanas y francesas a lo largo de la Avenida de los Campos Elíseos, coche descapotable con escolta de granaderos hasta el Obelisco, y luego más honores a la entrada del Palacio Presidencial, cena oficial con brindis y discursos, memorias de su viaje juvenil a París, y horas de risas para los franceses a costa de ese gran cómico que es el nieto y garde du corps del visitante.

 

Pero volvamos a lo serio: mientras que la visita a París del iraní Hasan Rohaní concluyó con la firma de 20 acuerdos comerciales entre los que se destaca la venta de 118 aparatos Airbus por valor de 25,000 millones de euros, ¿qué significado tiene desde el punto de vista de la  economía esta apertura con la Cuba castrista, que en el 2014 ocupaba el lugar  número 100 como compradora de productos franceses?

 

En Europa, las reverencias hechas a Rohaní, primero en Roma y luego en París, se deben a que el gobierno de Irán ya puede disponer de los más de 100,000 millones de dólares de su propiedad que han estado congelados en bancos de China, India, Japón, Corea del Sur y Turquía desde el 2012, cuando la ONU lo sancionó por desarrollar un programa nuclear.

 

Como hemos visto, el levantamiento de las sanciones auspiciado por la Casa Blanca ha abierto el grifo de los negocios de Teherán con Francia y también con el gobierno socialista italiano del primer ministro Mateo Renzi, con el que ha firmado acuerdos comerciales por 17,000 millones de dólares.

 

No es justo hacer una comparación material entre Irán y Cuba porque la balanza se vuelca completamente hacia los persas en población, injerencia militar regional,  producción, recursos naturales y capacidad financiera. A diferencia, durante casi medio siglo el régimen de los Castro ha hecho que Cuba vaya en mala fama más allá del país moroso en sus deudas: a los que han dilapidado el prestigio de ese país siempre se les ha tenido por timadores internacionales que vivían de pedir prestado y después se declaraban en bancarrota.
 

Pero gracias al impulso de Obama, que tuvo una especie de epifanía que le indicaba que debía abrir unilateralmente las relaciones con el régimen, Japón y los grandes países de Europa que forman el Club de París acordaban el pasado 12 de diciembre dar una nueva oportunidad a la dictadura y reestructurar la deuda de Cuba, condonando 2,600 millones de dólares de los intereses atrasados de una deuda que vuelve a ser de 11,100 millones de dólares.

 

En ese acuerdo el presidente de Francia, por su influencia y por ser París la sede de la asociación de acreedores, ha jugado un papel importante; y ahora, en el marco de la visita oficial, Hollande acuerda convertir parte de la deuda impagada de los Castro con Francia desde hace treinta años en un fondo bilateral de inversión en la Isla de 200 millones de euros.

 

Se equivocaba la corresponsal en París del diario El País al decir que el fondo bilateral “[e]s una cifra enorme si se tiene en cuenta que en 2014 las exportaciones de Francia a Cuba ascendieron solo a 180 millones de euros”. (2) En realidad, en ese año las exportaciones francesas fueron de 157 millones de euros, mientras que Cuba exportó solo 24 millones, por lo que es el intercambio comercial el que totalizaba algo más de 180 millones de euros; y a pesar de que Granma alardeaba de la presencia en Cuba de unas sesenta empresas francesas, las cifras oficiales del Ministerio de Exteriores de Francia muestran un volumen de intercambio prácticamente insignificante. (3)

 

Tampoco es justo hacer recaer sobre François Hollande toda la responsabilidad de que la gloriosa Francia reciba con honores a un dictador. Hay algo de tradición al respecto, como cuando, en diciembre del 2007, el hoy justamente difunto Muammar el Gaddafi plantó en París su enorme tienda de campaña con la anuencia de su anfitrión, el entonces presidente Sarkozy.

 

Y en honor a la verdad, recibir dictadores no es solo tradición francesa, pues la tienda o jaima de Gaddafi se instaló aquel diciembre en Lisboa, y luego en los jardines del Palacio del Pardo de Madrid, con permiso de Zapatero y visita particular de José María Aznar. Y el tirano de Libia no lo pudo hacer durante su visita a la ONU en el 2009, en New York, en jardines propiedad de Donald Trump, porque se lo prohibieron las autoridades de la ciudad.

 

Próximas “fechas de vencimiento”

 

Claro, la diferencia entre Gaddafi, Rohaní y el dictador cubano es la solvencia económica, que arroja cifras negativas en caso del último mencionado. Por eso los analistas nos quedamos descolocados, ya que saber por qué Hollande se ha echado en  brazos de Raúl Castro es tan difícil como conocer qué mosca le picó a Obama para romper el compromiso anticastrista del establishment norteamericano durante más de medio siglo.

 

Quizás el secreto sea la fecha de vencimiento política, que en el caso del inquilino de la Casa Blanca, tras dos períodos presidenciales, tiene el cese decretado por la Constitución dentro de pocos meses. François Hollande, por su parte, podría volver a aspirar a la presidencia de la República Francesa en las elecciones del 2017, pero hay que recordar que su triunfo sobre Nicolás Sarkozy en mayo del 2012 fue el segundo más cerrado de la Quinta República Francesa, y que su partido (Partido Socialista) obtuvo tan bajos resultados en la primera vuelta de las elecciones regionales del 2015 que para evitar un triunfo del ultraderechista Frente Nacional retiró sus candidatos en dos regiones, favoreciendo que ganaran los del partido de Sarkozy. Con esos resultados a la vista hay que dudar de un triunfo  de Hollande en las elecciones del 2017.

 

En los casos de Obama y Hollande parece que estamos ante el afán de un “legado presidencial”, especie de vicio de dirigentes de países democráticos que pretenden construir una pirámide con decisiones de la mayor importancia, y quizás lograr así un nicho destacado en la historia. No es que en un país de libertades haya que renunciar a los ideales, pues eso significaría que solo los cínicos lleguen al poder, pero la evolución de la mal llamada democracia burguesa en los últimos 50 años ha sido tan rápida y profunda que para la estabilidad de los pueblos es cada vez más conveniente un gobierno de administradores mesurados en vez de líderes “iluminados” que propugnen cambios radicales.

 

Lo de la fecha de vencimiento de Raúl Castro es algo todavía no muy claro. Ha sobrevivido casi una década tras ser nombrado Sucesor por su hermano. Heredó un desastre del que es coautor y que está en las raíces mismas de régimen totalitario impuesto a partir de 1959.

 

En diciembre del 2014 se produjo, con mediación del Vaticano, el “milagro” de la reanudación de relaciones propiciado durante 17 años por la visita a la Isla de tres Papas. Le toca a Raúl Castro mover ficha en el 2018, pues ha declarado que entonces dejará sus cargos. Tras José Miguel Gómez, Mario García Menocal, Gerardo Machado y Fulgencio Batista, se acabará al menos formalmente esa contradicción que constituye ser general-presidente, ya que contradice la advertencia martiana a Máximo Gómez de que un pueblo no se dirige como se manda un campamento.

 

Será algo formal, pues para que llegue la democracia a la Isla habrá que negociar con los que queden al frente del “militarizado capitalismo de estado”, como acertadamente llama Andrés Reynaldo al régimen neocastrista, cuyos jefes militares van a tratar de mantenerse en el poder el máximo tiempo posible.

 

Por el momento, el próximo objetivo de Raúl Castro es el VII Congreso del PCC en abril, donde el Comandante en Jefe deberá balbucear un discurso de despedida definitiva tras haber sido “electo” delegado al cónclave.

 

Pero más allá de ese simbolismo fúnebre, la gran sorpresa será la presentación del “concepto” elaborado por un grupo de gurús al servicio de la dictadura sobre lo que es ese socialismo, con mercado, pero no tanto; con palizas a los opositores y las opositoras; con pocas viandas pero sin esos peligrosos capitalistas que son los carretilleros, y también muy moderno y abierto a las inversiones extranjeras que produzcan para exportar y que paguen salarios justos solamente al régimen, que ya se encargará de darle una parte a esos seres “privilegiados” que son  los trabajadores cubanos.

 

Como los aliados caraqueños del régimen están en bancarrota; Dilma, Lula y la empresa “Odebrecht” están siendo investigados por la justicia brasileña; China le ha metido el freno a su economía y está reajustando su moneda; y Rusia va a empezar la privatización de sus empresas estatales para tratar de frenar  la profunda crisis que sufre, no se sabe qué milagro podría hacer que Cuba avance desde el punto de vista económico.

 

Quizás para propiciar la intervención divina y hacerse perdonar la abolición en Cuba de las tradiciones de Navidad, Reyes Magos y Semana Santa, los neocastristas han facilitado en La Habana un encuentro histórico entre los líderes de dos corrientes cristianas: el Papa católico Francisco y el Patriarca ortodoxo ruso Cirilo.

 

Quizás otro “milagro” como hacer próspera a Cuba sin aflojar el dogal a los cubanos sería demasiado pedir.

 

Eso sí, para que el cielo se tome su petición en serio se le recomienda encarecidamente a Raúl Castro que deje a su nieto en casa cuando vaya a recibir a tan altos prelados.

 

 

Notas

 

(1) Paulo A. Paranagua, Première visite officielle de Raul Castro en France, Le Monde, enero 30 de 2016.

(2) Lucía Abellán, Francia se pone al frente del acercamiento europeo a Cuba, El País, 2 de febrero de 2016.

(3) En el 2014 las exportaciones cubanas fueron productos agrícolas en un 94 %  por un valor de 22,5 millones de euros, y el resto que incluye equipos mecánicos (¿?) y productos químicos y de perfumería, fue por un monto de 1,6 millones. Ver: République Française, Ministère des Affaires étrangères et du Développement international, Cuba, Echanges bilatéraux, Paris, France, Juillet 2015.