Cubanálisis El Think-Tank

ARTÍCULO ORIGINAL PARA EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

  

 

 

                                Antonio Arencibia, España

                                                                                                                                                            

 

EL SONIDO Y LA FURIA

 

Cada mañana el mundo se sigue desayunando con las “revelaciones” de Wikileaks. Para el común de los mortales se trata de chismes interesantes porque salen de los archivos secretos del Departamento de Estado norteamericano y versan sobre informaciones y opiniones de diplomáticos o estadistas sobre asuntos importantes. Por ser de vieja data, su utilidad práctica y el daño que causan es menor que el sensacionalismo de que vean la luz pública de forma masiva e ilegal.

 

Al principio se alzaron pocas voces a favor del activista de Internet, Julian Assange, responsable de su divulgación y envuelto en serias acusaciones, por ahora solo con la justicia sueca, que solo los ingenuos no relacionan con la tremenda filtración de secretos. Claro, que no podía faltar la voz de el Opinante en Jefe, Fidel Castro, que se inclinó a favor de Assange por razones que se evidencian en este párrafo de una de sus Reflexiones:

 

“No se conocen, incluso, las motivaciones que lo condujeron al contundente golpe que propinó al imperio. Solo se sabe que moralmente lo ha puesto de rodillas”.

 

Hasta aquí parecería que todo va a pedir de boca para La Habana y que, -como dice Castro- recae

 

“sobre el gobierno derechista sueco y la mafia guerrerista de la OTAN (…) la responsabilidad de que se pueda conocer o no la verdad sobre la cínica política de Estados Unidos y sus aliados”.

 

¿Entonces, como se entiende la acusación del viejo tirano de que el material distribuido por Assange a las grandes empresas mediáticas, puedan ser utilizado por algunas de ellas “para atacar a los países más revolucionarios”?

 

Ni el grupo PRISA, propietario del periódico EL PAÍS, ni Der Spiegel, acusados por Castro de mercenarios, reaccionarios y pro fascistas, han inventado los cables que reproducen, y si son incómodos para el dictador es porque revelan aspectos de la política castrista que el régimen ocultaba celosamente.

 

Con relación a los secretos ajenos, el Comandante sí que está muy interesado, y como plantea que “el Gobierno de Estados Unidos entregó armas nucleares al régimen del apartheid, que los racistas estuvieron a punto de usar contra las tropas cubanas y angolanas”, urge a su delegación que asiste en Sudáfrica al XVII Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes que exijan se investigue el paradero de esas armas atómicas.

 

Para ello no le importa colocar en una posición incómoda a su amigo Nelson Mandela, que es a quien correspondería abordar ese tema delicado. Pero ese es un detalle que no le incomoda, pues quiere dárselas ahora de paladín de la justicia y de la paz, como si el mundo no supiera de su acuerdo secreto con Jruschov para instalar armas atómicas en Cuba dirigidas contra Estados Unidos

 

Claro, Castro es muy selectivo en lo que exige, pues no todo lo que está oculto le conviene que se revele. Habría que preguntarle, por ejemplo, sobre la confesión de Raúl Castro a Moratinos en Octubre del 2009 de querer “establecer un canal secreto de comunicaciones con la Casa Blanca” (cable Confidencial 240644 divulgado por Wikileaks). ¿Es esa también una invención de EL PAÍS o de Der Spiegel?

 

Otros medios no denunciados por Fidel Castro publican y comentan los cables de marras. Así, Amelia Hill escribe en el británico Guardian sobre temas de salud pública en Cuba, e incluso en el New York Times, (que siempre ha llevado más cómoda a la dictadura que sus colegas europeos), el periodista Mark Lander publica un artículo, donde repite lo que le dijo Raúl Castro a Moratinos sobre un canal de comunicaciones con Estados Unidos.

 

Por supuesto que tampoco le convienen a Castro las opiniones del consejero comercial de China en La Habana, vertidas en el ya famoso desayuno de trabajo en la Oficina de Intereses de Estados Unidos. Según el cable 248021 de la SINA:

 

Cualquier discusión acerca de reformas tipo chino, fundamentalmente las referidas a la inversión extranjera, son difíciles, ´un dolor de cabeza´, dice el chino”.

 

Obviamente, en este caso y todos los demás, es el representante de la R.P. China y no los funcionarios norteamericanos ni la prensa que publica la información quienes deberían ser el objeto de crítica de Castro por “atacar a los países más revolucionarios”.

 

Pero “el chino” se salva de las iras del anciano déspota precisamente por ser quien es, el enviado de quienes van a invertir 6,000 millones de dólares, respaldados por petróleo venezolano, en la refinación de petróleo y producción de gas en Cienfuegos.

 

Mientras el mundo avanza hacia la segunda década del siglo XXI tratando de salir de la crisis económica y continuar el desarrollo acelerado de la humanidad, Castro -metafóricamente- “embadurna cuartillas” y “vocifera” con rabia contra sus enemigos eternos: Estados Unidos y sus aliados.

 

Como en los versos de Shakespeare en Macbeth, su visión de la vida simula

 

un cuento contado por un idiota, lleno de sonido y de furia, que no significa nada”.

 

Pero, no se confundan, el tirano no tiene nada de idiota, todo lo contrario: lo que pretende con sus manipulaciones es idiotizar a los que le leen o escuchan.

 

Pero, para bien y para mal, a los cubanos se les viene encima una vida diferente, preparada hasta hace poco en secreto por los neocastristas, donde se prevé que muy pronto el 17% de la población en edad laboral trabaje “bajo fórmulas no estatales”, y según los cálculos de la nueva tecnocracia ascienda al 23% para el 2015.

 

Es para esa especie de ataque nuclear nacional que se tienen que preparar los criollos. Se inicia en pocos días con un golpe masivo de medio millón de desempleados, lo que en cualquier país del mundo supondría gigantescas protestas. Luego vendrá, para los supervivientes, la gran aventura de ganarse el pan trabajando asociado o por cuenta propia, enfrentando altos impuestos, e insumos a precios no subsidiados, porque Papá-Estado necesita realizar su acumulación originaria mediante el incremento de la explotación.

 

Pero sobre eso nada puede hablar o escribir Fidel Castro, pues sus sucesores y cómplices de toda la vida siguen desmontando el irracional e improductivo sistema que él erigió mientras pudo, sin mencionarlo como responsable porque ese es el precio de su silencio.

 

Y lo paga Raúl Castro en su discurso en la Asamblea Nacional mintiendo abiertamente cuando dice:

 

Fidel con su genialidad iba abriendo brechas y señalaba el camino y los demás no supimos asegurar y consolidar el avance en pos de esos objetivos”.

 

Eso, y el titular de Juventud Rebelde “El Socialismo es la única garantía para seguir siendo libres e independientes”, es otro cuento para idiotizar a incautos.

 

La verdad está en otras palabras del general-presidente que hay que leer entre líneas:

 

O rectificamos o […] nos hundimos” y “…no ignoramos las experiencias de otros y aprendemos de ellas, incluyendo las positivas de los capitalistas”.

 

Hay respecto a esos cambios dos posiciones extremas: la de quienes de antemano condenan al fracaso este viraje hacia el neocastrismo, y la de quienes ven en el acceso paulatino de los cubanos al mercado la supervivencia de la dictadura.

 

Pero la gran incógnita, es decir, el catalizador de la situación en cualquier sentido, será la actitud de la población, y especialmente de la juventud cubana. ¿La domesticará el incremento del consumo, o se escuchará en las calles el sonido de su voz y la furia de sus protestas?

 

Para cerrar con Shakespeare:

 

!That is the question!