Cubanálisis El Think-Tank

ARTÍCULO ORIGINAL PARA EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

  

                                                          por Antonio Arencibia

PROPUESTAS DE REFORMAS DE UN “SUPERREVOLUCIONARIO” CARIBEÑO

 

Transcurría un año de gobierno interino en Cuba y entre la variopinta izquierda del continente se había desatado una especie de competencia de opiniones sobre el futuro del régimen, cuando empezaron a llegar advertencias desde La Habana. Primero fue el ataque directo por parte de personajes de segunda fila contra el llamado teórico del socialismo del siglo XXI, Heinz Dieterich. Más tarde el propio Comandante en Receso, escribiría “Los superrevolucionarios”, que todo el mundo consideró iba dirigido especialmente contra el profesor norteamericano Jaime Petras por sus críticas a muchas decisiones económicas de la dictadura. Pero la advertencia de Fidel Castro contra quienes aconsejaban “veneno puro” a su Revolución, iba dirigidas (además de Petras), a todo aquel que se atreviese a pronunciarse contra los principios inconmovibles del inmovilismo criollo. Los que pequen así contra el régimen son catalogados por Castro de inteligencias en venta en el mercado “imperialista”.

 

Las criticas de izquierda de Narciso Isa Conde

 

Esto lleva a Cubanálisis a reproducir algunos de los escritos sobre Cuba de un importante líder comunista del Caribe, el dominicano Narciso Isa Conde, cuyos planteamientos críticos se han recogido en la publicación digital Kaos en la Red, y que no se han reflejado lo suficiente en los medios. El pasado 27 de agosto hice referencia al titulado, “El discurso de Raúl en Camaguey y las perspectivas del socialismo en Cuba”, escribiendo lo siguiente:

 

“Desde el ámbito del Caribe, el ex dirigente comunista dominicano Narciso Isa Conde, hoy miembro de la Presidencia de la Coordinadora Continental Bolivariana (CCB), se lanza al ruedo con un análisis del discurso de Raúl Castro el 26 de Julio. No puede entenderse más que como crítica, cuando el dominicano dice que “mucho ha tardado la vanguardia del proceso cubano” en analizar las causas de los fracasos del socialismo en la Unión Soviética y los países de Europa del Este.

 

Pero la revelación del articulo es que siendo todavía Isa Conde, Secretario General del Partido Comunista Dominicano, dice le escribió una carta a Fidel trasladándole algunas de sus inquietudes respecto al “proceso cubano y su relación con lo acontecido en Europa del Este” Y añade que junto a los secretarios generales de los partidos comunistas de El Salvador, Honduras, Argentina y Costa Rica, se reunió en Cuba con Fidel y Raúl Castro, y otros altos dirigentes comunistas cubanos, para exponerles su opinión de que la crisis del llamado socialismo real era de carácter estructural. Isa Conde también confiesa que después de aquella reunión cambiaron sus relaciones con el PCC, lo que le ha costado  “no pocos sinsabores, tensiones, disgustos y exclusiones”. Admite que si bien Raúl ha planteado “cambiar todo lo que debe ser cambiado” no ha precisado”lo que hay que cambiar ni señalar el cómo hacerlo”.

 

Finaliza su artículo Narciso Isa poniendo la fecha Agosto 20 de 2007, y escribiendo a continuación: “Aniversario de la infame intervención de la URSS en Checoslovaquia”.

 

¿A quién si no a Fidel Castro, defensor de la infamia a nombre del socialismo, va dirigido ese dardo?” (Ver: Antonio Arencibia, “Raulismo vs. fidelismo: las luchas por el poder en Cuba”, Cubanálisis, Agosto 27/07)

 

Como comprobará el lector, Isa Conde comenzaba ese trabajo diciendo que la “Revolución Cubana” es imposible de derribar, pero como el propio Castro reconoció que eso era posible, en su discurso de noviembre de 2005, en la Universidad de la Habana, se trata de una reverencia retórica. Al entrar verdaderamente en materia, el dominicano recuerda que el VI y último Congreso del Partido Comunista de Cuba, realizado en octubre de 1997, no incluyó en su agenda el tema de la “reversibilidad, la posibilidad de restauración capitalista e imposición imperialista, en procesos de de tránsito al socialismo”, como se demostró con el “derrumbe del denominado socialismo real euro-oriental, a final de los ´80 y principio de los ´90 del siglo pasado”. Luego añadía que “el peligro de la reversibilidad del proceso sigue pendiente y podría tornarse más agudo y complejo en caso de permitirse que todo siga mas o menos igual hasta que se consumen los efectos deslegitimadores de la pérdida del liderazgo histórico y/o hasta esperar que la crisis estructural en desarrollo logre afectar sensiblemente las posibilidades de auto-superación y renovación socialista” Es decir, que si todo sigue igual tras la muerte de Fidel Castro y la de Raúl va a llegarse al punto en que sea irrecuperable el proyecto socialista.

 

Refiriéndose al discurso de Castro en la Universidad de La Habana, en 2005 y al de Raúl Castro el 26 de julio de 2007 dice más adelante que  “las recetas ofrecidas –ya escuchada muchas veces a lo largo de las últimas décadas- aunque tienen valor en sí mismas, se limitan a plantear la necesidad de más trabajo organizado, más exigencia, más rigor, más orden y más disciplina en todo lo relativo a la producción y a los servicios.”

 

Isa Conde resume sus inquietudes con una serie de preguntas incómodas para los comunistas cubanos:

 

“¿Son la corrupción, la ineficiencia, el salario precario, la indisciplina, la dependencia alimentaría, la baja producción y productividad, el crecimiento de las importaciones de alimentos….efectos o causas de una determinada crisis? ¿Qué se entiende por cambios estructurales y cambios de conceptos? […]¿Cuál papel del Estado es el que hay que preservar? ¿Qué se entiende por propiedad socialista? […]¿A cuál socialismo no se renuncia?”

 

Antes de continuar, hay que plantear que la biografía política de Narciso Isa demuestra que se trata de alguien verdaderamente comprometido con el triunfo del comunismo. Nació el 28 de noviembre de 1942 en la República Dominicana. Participó en su adolescencia en la lucha contra  Trujillo y a favor de la autonomía universitaria. Cursó estudios de medicina hasta el quinto curso y fue dirigente de la Federación de Estudiantes Dominicanos, hasta ser expulsado de la universidad estatal. Ingresó en 1962 en el Partido Comunista Dominicano, (PCD), llegando a desempeñar el cargo de Secretario General durante un largo periodo. Participó en la Revolución de Abril de 1965 como representante del PCD en el Comando Político coordinado por el Coronel Francisco Caamaño Deñó, y por ello apareció su nombre en una lista de 54 agentes comunistas que el gobierno de Estados Unidos denunció estaban infiltrados en el movimiento constitucionalista.

 

Esa fue una de las razones que esgrimió el Presidente Lyndon B. Johnson, para ordenar el desembarco de 42,000 marines en Santo Domingo. Sufrió cárcel, persecución y exilio durante el régimen de Joaquín Balaguer. En el período 1996-2006 formó parte de la Coordinación General de la Fuerza de la Revolución (FR) cuando el Partido Comunista Dominicano se integró con otras tres organizaciones para dar paso a esa nueva entidad. En la actualidad es miembro de la Presidencia Colectiva de la Coordinadora Continental Bolivariana (CCB) y del proyecto por una Nueva Izquierda en la República Dominicana.

 

 

Criterios anticaudillistas de Isa Conde

 

El artículo de Isa Conde que acabamos de resumir, fue publicado el 24 de agosto pasado y cinco días después aparecía en Kaos en la Red, el titulado  “Liderazgos, Cargos, Revolución y Reelección”, donde decía querer “reflexionar fundamentalmente sobre los problemas históricos y actuales que pueden deformar los procesos revolucionarios”.

 

Ese trabajo comienza con un breve análisis del papel de la personalidad en la historia, donde al estilo de los manuales de la Academia de Ciencias de la URSS adorna la personalidad del líder con una cantidad de cualidades que lo hacen un ser superior y casi perfecto. Pero a continuación, el Sr. Isa Conde  hace una serie de aseveraciones sobre el líder que jamás se han cumplido en la historia del socialismo en el poder como son que:

 

“Se puede ser líder de una organización x sin ser su presidente (a) o secretario (a) general. Se puede ser líder de un pueblo sin ser su Jefe de Estado. Se puede ser líder o lidereza ejerciendo o no esos cargos.”

 

Por eso su argumentación  se desvanece cuando quiere sacar conclusiones de lo que cree que es un ejemplo válido:

 

“Fidel no es presidente y sigue siendo el líder. Raúl es presidente y no por ello sustituye el liderazgo de Fidel. ¿Por qué no haber hecho eso antes de la enfermedad de Fidel en relación a esa y otras funciones, con esa y otras fórmulas? ¿Cuál es el temor?”

 

Hay que responderle que el temor de los altos dirigentes cubanos es tomar partido equivocado, pues nada está  resuelto definitivamente mientras viva el caudillo. Parecería que el autor, no sabe que en Cuba está sucediendo algo similar a las intrigas palaciegas que han acompañado históricamente la sucesión de un Papa o un monarca moribundo, y que no tienen nada que ver con la democracia en ninguna de sus manifestaciones. Olvida que el principio de que ninguna clase en el poder lo abandona, se hace más difícil de vencer cuando se pretende que un autócrata ceda el suyo. Por eso son vacíos  sus consejos para ayudar a crear en Cuba, -como dice-, una “nueva democracia socialista”:

 

“… creo también firmemente que a la nueva democracia que procuramos crear y al tránsito al verdadero socialismo que nos proponemos desarrollar, le conviene mucho no atar eternamente los liderazgos a los cargos públicos ni a lo cargos partidarios.

 

Le conviene muchísimo no fundir permanentemente el liderazgo nacional con la presidencia de la república”.

 

No sabemos cuanto le habrá costado esa sugerencia a Isa Conde en sus relaciones con el Tte. Coronel Chávez Frías, especialmente cuando plantea en su artículo que las “reelecciones indefinidas [y] sucesivas” son fuente de caudillismo y anti-democracia, chocando así con los propósitos del mandatario venezolano que ha impulsado una reforma constitucional que le inviste de poderes quasi absolutos. Aunque al final justifica la reelección indefinida de Chávez como “una necesidad temporal’, el paso de caudillo a ciudadano es muy raro. Entre las mayores sorpresas de la historia están las renuncias de George Washington y José de San Martín a las tentaciones de la dictadura.

 

Un planteamiento de ese tipo se convierte en impertinente cuando se roza al régimen castrista. Ahí, Isa Conde chocó con la muralla de una mal entendida soberanía por parte de sus viejos camaradas cubanos, -que por otra parte-, enarbolando el “internacionalismo” han intervenido por décadas en otros países y partidos, por vías que van desde la guerrilla hasta la subvención o los discursos injerencistas de Castro. Por eso con este artículo llegó a un punto en el que va a tener que reconsiderar sus opiniones, o como dicen los militares, ajustar el tiro.

 

Un silencio de dos meses

 

 A partir de la publicación en Granma, el 4 de septiembre, de la diatriba de Castro titulada “Los superrevolucionarios”, Narciso Isa Conde publicará durante casi dos meses 17 artículos, 13 de los cuales están centrados en la política dominicana. Ninguno de los demás se refiere al tema cubano.

 

Esto no quiere decir que desde el 28 de noviembre de 2006, cuando publicó por primera vez en Kaos en la Red, el dominicano no haya escrito sobre los asuntos de su país. En realidad, hasta el 24 de agosto de los 56 escritos publicados, veinte de ellos estaban dedicados a criticar al gobierno que preside Leonel Fernández, aunque otros siete estaban dedicados a la situación en Venezuela y varios más a los debates teóricos de la izquierda latinoamericana.

 

Pero en este último período no solo se dedicó a acusar al Dr. Fernández de posar como falso izquierdista, sino que desarrolló una campaña contra la “reunión de las izquierdas” a que ha convocado el mandatario dominicano, en la que se destaca la carta abierta al presidente de Brasil, Ignacio “Lula” da Silva, en que le solicita reconsidere su participación en la cita de noviembre, convocada por el presidente Fernández en República Dominicana.

 

En otro artículo “Pueblo pobre y militares pobres”,  Isa Conde hace un llamado a la unidad de ambos contra la  oligarquía civil y la militar dominicanas para repetir en el país, “lo que se hizo y se esta haciendo en la Venezuela de Chávez y de la revolución bolivariana”.

 

Pero lo más significativo es su organización de una protesta ante la sede del gobierno dominicano, en  “piquete relámpago’ en el que dio lectura a una proclama atacando al presidente y a la alta dirección del partido de gobierno como “neoliberales, privatizadores, partidarios del ALCA y los TLCs, de las imposiciones del FMI y el Banco Mundial.”.

 

Críticas con cautela

 

No hay que ser demasiado suspicaz para interpretar que la actividad política reciente de Isa Conde, muy centrada en su país, y siguiendo la línea de inspiración chavista para América Latina, le da cierta autoridad moral para abordar la problemática del socialismo en América Latina y en Cuba.

 

Por eso retorna el 24 de octubre con un artículo mucho más cauteloso que los anteriores, “Cuba: hacia un viraje esperanzador”, que también reproducimos en este numero. Ahora el Sr. Narciso Isa se cubre de posibles reproches al plantear que el debate actual en torno a cambios estructurales en la Isla, está “propuesto por Fidel y Raúl”, cuando todo mundo sabe que la simple existencia del primero es un freno a cualquier análisis crítico de la situación del país.

 

Isa Conde cita una revisión que hiciera al libro “Cuba: La Reestructuración de la Economía”(Editorial Ciencias Sociales, La Habana, 1995) escrito por Julio Carranza, Luís Gutiérrez Urdaneta y Pedro Monreal González, investigadores del Centro de Estudios de América, (CEA), que hacían propuestas económicas para resolver la dualidad que presentaba el llamado Período Especial. Ocultando el duro destino del CEA, disuelto por orden de Raúl Castro, y los avatares de los autores del estudio, el dirigente izquierdista dominicano aprovecha para decir su verdad. Teniendo en cuenta que el objetivo del libro revisado era la esfera productiva, Isa Conde apunta que:  

 

“Las estructuras que hicieron crisis en el Este europeo no fueron sólo las económicas. El proceso de fusión del partido con el Estado, la hegemonía en la política exterior de los intereses de Estado, los efectos negativos de esos fenómenos sobre la conciencia popular, la manipulación desde el Estado y desde el partido de las organizaciones sociales, la burocratización y la corrupción burocrática, la ausencia de control social y ciudadano y la negación de aspectos básicos de la democracia participativa, la doble moral en la cultura de género y la prolongación del machismo más allá de las formales y reales expresiones de discriminación contra la mujer, el peso de la concepción adulto-céntrica, el sedimento cultural racista por encima de la superación del racismo institucional... tiene expresiones significativas en el sistema político-estatal cubano y en sus relaciones con la sociedad civil, constituyéndose en trabas al proceso de socialización del poder y a la reproducción y ampliación del poder del pueblo.”

 

Reitera ahora lo dicho anteriormente en “El discurso de Raúl en Camagüey y las perspectivas del socialismo en Cuba”, que “puntos de vistas similares, expuestos de diferentes formas en diferentes momentos y escenarios –previamente tratados con mucha franqueza a nivel bilateral- crearon tensiones y problemas de relación con algunos(as) compañeros(as) del área internacional del Partido Comunista de Cuba (PCC) que afectaron los lazos de cooperación”. Es como si quisiera hacernos creer que Fidel y Raúl eran ajenos a las dificultades que tuvo en el Comité Central.

 

Volviendo al centro del debate, Isa Conde plantea que se pueden propiciar en Cuba “ciertas fórmulas de empresa mixta”,  pero que no deben constituir lo principal. Considera que “[l]o dominante debería ser ingeniársela para convertir en social con buen nivel de eficiencia todo lo que es hoy estatal e ineficiente; así como cambiar formas de gestión en la gran propiedad y en los servicios públicos y forma de relacionarse con la sociedad, procurando erradicar las formas burocráticas-centralizadas, a darle participación a los colectivos laborales y a la sociedad toda, y a introducir en ciertas áreas pasos progresivos hacia los intercambios equivalentes.” El lector debe advertir que esto último se basa en las tesis del “nuevo socialismo”, que propugna Heinz Dieterich Stefan y que son rechazadas por la nomenklatura criolla.

 

La fórmula de Isa Conde se basa en un cambio de esencia del trabajador cubano; que deje de considerarse asalariado y pase a pensar como propietario colectivo. ¿Cómo salir de esa “enajenación típica del capitalismo” si se mantiene tras casi cincuenta años de socialismo? Narciso Isa no muestra camino claro y repite la vieja apelación a la “conciencia” y el regreso a la búsqueda del “hombre nuevo”. Pero esa entelequia se ha extraviado por los  camino del totalitarismo cubano. 

 

Es necesario terminar aquí esta nota para no robarle más a los lectores el placer de descubrir por si mismos lo que opina actualmente el representante de un sector importante de la izquierda, muy vinculado en el pasado a los planes del castrismo en el continente.

 

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Liderazgos, Cargos, Revolución y Reelección

 

Narciso Isa Conde (Para Kaos en la Red), Agosto 29, 2007

 

El paso de lo espontáneo a lo conducido, a lo organizado y a lo dirigido, trae consigo los liderazgos sociales, políticos, culturales, artísticos, religiosos, deportivos…

 

En los fenómeno de masas el paso de la inconciente a lo conciente, casi siempre se ve acompañado de la creación de líderes y liderezas en sus respectivos conglomerados.

 

Las grandes corrientes teóricas, político-teóricas o simplemente políticas o político –sociales, están acompañadas de grandes liderazgos.

 

Pasa así con las revoluciones.

 

Pasa con las contrarrevoluciones.

 

Con los procesos de reformas y contrarreformas.

 

Pensamiento y acción, palabras y hechos, son inseparables de esas dinámicas de formación de liderazgos, porque con ellos(as) se impacta la subjetividad, la conciencia, los sentimientos, los deseos y anhelos colectivos.

 

Las personalidades en la historia.

 

Ambos vertientes, pensamiento y acción –mutuamente influenciables entre sí- cuentan en el caso de los grandes combates de clase y del compromiso por la liberación de los pueblos con actores (as), con protagonistas, más o menos destacados, más o menos sobresalientes.

 

Sobresalientes por su valor y firmeza a la hora de actuar.

 

Por su capacidad para escoger el momento oportuno de la acción.

 

Por su sintonía con el sentir de la colectividad donde actúan.

 

Por su talento.

 

Por sus conocimientos apropiados.

 

Por su verbo.

 

Por su atractivo personal.

 

Por su “carisma”.

 

Por su sinceridad.

 

Por su bondad.

 

Por su capacidad para educar o formar.

 

Por su intuición para acertar o predecir, o por su genialidad para ver lo que otros (as) no logran captar.

 

Por su agudo olfato clasista

 

Por la confluencia de todos, una parte o algunos de estos atributos.

 

Esto toca de lleno el tema de lo individual y lo colectivo, de la personalidad en los procesos y en la historia, en los acontecimientos sociales, políticos y culturales que mueven comunidades, sectores y/o multitudes.

 

Esos acontecimientos estimulan esas personalidades y contribuyen en forma decisiva a crear esos liderazgos, muy sólidos cuando interpretan los anhelos de cambios de las clases y sectores explotados, oprimidos, excluidos.

 

Los líderes no nacen.

 

Lo líderes se hacen en esa relación dinámica entre lo individual y lo social, lo personal y lo colectivo; siempre compelida su gestación por la necesidad de acciones, de ideas, de conciencia, de movilización y organización.

 

Liderazgos, cargos y funciones institucionales.

 

Esas necesidades y esos momentos no solo colocan al frente de corrientes teóricas-políticas, movimientos sociales, fuerzas políticas y militares, procesos culturales… a esas personalidades, sino que muchas veces la catapultan al ejercicio de funciones en partidos, organizaciones populares, entidades de la sociedad civil, instituciones civiles y militares del Estado y organismos nacionales e internacionales.

 

Y es común que ese salto de lo informal a lo formal, de lo general a lo institucional, tenga grados y jerarquías en función de la fuerza y el nivel del cada liderazgo.

 

Así los(as) llamados liderazgos “naturales” en diversos campos de actividad, pasan a ser secretarios(as) generales, presidentes(as), primeros(as) ministros(as), jefes(as), coordinadores(as)… de tal o cual entidad política, Estado, gobiernos- administraciones, organización social o cultural.

 

La principalía en liderazgo es traslada a la principalía del cargo o de la función institucional.

 

Así los liderazgos de los procesos emancipatorios tienen toda la posibilidad de ocupar las más altas posiciones de Estado, de partidos, de gobierno y de frentes nacionales.

 

La función institucional, organizativa, y/o directiva-ejecutiva, el cargo en sí, generalmente existe antes de crearse el liderazgo; y el liderazgo es generalmente independientemente del cargo (aunque a veces se le crea el cargo al liderazgo). Y esta realidad determina que no se sea líder o lidereza por el cargo que se ocupa o la función que se desempeña, sino por la autoridad, el prestigio y la influencia previamente conquistadas.

 

Ambas cosas se puede hacer coincidir por conveniencia, necesidad temporal, situaciones y exigencias específicas. Y se pueden alimentar o debilitar mutuamente.

 

Hay veces que al liderazgo se le hace coincidir con varios cargos y funciones relevantes, incluso de naturaleza diferente: estatal, gubernamental, político- partidista, social… Y eso trae consigo otro problema: la centralización y concentración, a veces extrema, de funciones y la superposición de variados y diferenciados roles institucionales y no institucionales.

 

Tales superposiciones temporalmente pueden ser o no ser necesarias, convenientes o inconvenientes, aunque a la larga perjudican y restan democracia.

 

El liderazgo es algo muy auténtico, imposible de reemplazar o de obviar mecánicamente. El desempeño de cargos no, porque tiene mucha flexibilidad aprovechable. Y su asunción depende de necesidades y situaciones bien concretas.

 

El cargo y la función pueden tener diferentes actores(as), que a su vez pueden ser o no ser líderes; esto es, sus incumbentes pueden o no tener liderazgos, pero si ser personas aptas para desempeñarlos al margen de tener o no sus condiciones especiales para liderear grandes masas y pueblos.

 

El ejercicio de cargos públicos o institucionales y el ejercicio del liderazgo social o político tienen características distintas, muchas veces bien diferenciadas. Además hay muy buenos(as) dirigentes(as) y buenos(as) funcionarios(as) que no son líderes o liderezas.

 

Los roles de los Estados, gobiernos y ciertas instituciones oficiales o para-oficiales son diferentes entre sí y diferentes a los de los partidos y movimientos políticos. Tambien los papeles de estos dos últimos, aunque más relacionados, son distintos entre sí, como tambien los roles de los movimientos culturales y el de los órganos de base del poder popular: consejos comunales, consejos de trabajadores(as) y de estudiantes y profesionales.

 

Desconocer esas diferencias y características funcionales, suplantar roles, superponer innecesariamente y prolongadamente sus dinámicas…tarde o temprano crea graves problemas y serios males.

 

Perpetuar líderes en cargos y funciones, tiene riesgos y puede generar deformaciones evitables, aunque en los mejores casos su brillantez y genialidad presione en esa dirección. Y aunque reelegirlos por determinados periodos pueda ser una necesidad política, dados otros factores imperiosos.

 

Sin embargo, no superponer por tiempo indefinido cargos y liderazgos…no concentrar los liderazgos en cargos y en entidades con roles diferentes…no reelegirlos(as), seleccionarlos(as) o nombrarlos(as) de manera indefinida para esas funciones…no va de por si en contra del liderazgo, no lo afecta ni lo erosiona. Y si puede favorecer las grandes virtudes derivadas de la separación de poderes en el Estado, el gobierno, en la sociedad civil y en las esferas de lo político y lo social; como tambien contribuir a las enormes ventajas de la dirección colectiva y de la descentralización de la toma de posiciones.

 

El liderazgo va más allá del cargo.

 

Se puede ser líder de una organización x sin ser su presidente (a) o secretario (a) general.

Se puede ser líder de un pueblo sin ser su Jefe de Estado.

 

Se puede ser líder o lidereza ejerciendo o no esos cargos.

 

El liderazgo ni lo hace ni lo deshace el cargo en sí; esto es, la jerarquía institucional en sí no es condición obligada del liderazgo. El liderazgo, desde el cargo o fuera del cargo, depende de una autoridad bien ganada en x proceso, de la conducta que se adopte, de las cualidades que se desplieguen antes, durante o después del mismo.

 

Ambas cosas pueden asumirse a discreción y a conveniencia del colectivo, una vez la comunidad o el pueblo se hayan convertidos en poder.

 

La reelección, los grandes liderazgos y las funciones de Estado.

 

Las grandes revoluciones políticas y sociales generalmente tienen grandes líderes o liderezas.

 

Ellos, ellas, por lo que han significado y significan dentro de esos acontecimientos históricos para las clases y sectores explotado y excluidos (as), tienen un profundo calado, son muy queridos(as) y respetados(as) y son, en consecuencia, sumamente necesarios(as). Y mientras más se profundiza el cambio social, político y cultural, enfrentado a poderosísimas fuerzas enemigas, y más consecuentes son con los anhelos de la sociedad, más necesarios(as) se tornan y más se entiende la necesidad de su permanencia en cargo relevantes.

 

Es formidable contar en tales procesos con líderes brillantes, audaces, visionarios(as).

A ellos, a ellas, hay que preservarlos, ayudarlos, acompañarlos (as) y respaldarlos (as) desinteresadamente.

 

Sin embargo no creo- a la luz de la experiencia histórica- que sea beneficioso para ellos(as), para los pueblos y los procesos que lideran, cargarlos de funciones, asignarles roles diferentes y superpuestos, y auspiciar que se reelijan de por vida en la más altas funciones de Estado; a veces, por demás, acompañadas de las más altas funciones del partido o del movimiento político.

 

Y esto es todavía más improcedente cuando no existen mecanismos para revocarlos al margen de las elecciones ordinarias y cuando las competencias electorales pueden ser vulnerables a métodos antidemocráticos.

 

Pienso que no es malo, sino bueno, que un líder pueda ser hoy presidente de la república y mañana primer ministro.

 

Hoy presidentes y mañana solo secretario general o dirigente del partido.

 

Hoy alto funcionario del Estado o del gobierno central y mañana no.

 

Hoy principal funcionario del partido y mañana no.

 

Si es líder de verdad siempre lo será, sobretodo si no comete errores graves que lo hagan perder su influencia bien ganada.

 

Ellos, ellas- independientemente de las funciones temporales que ejerzan (partidistas, sociales o gubernamentales…)- tienen la virtud de influir y de crear hegemonías. Y pueden hacerlo en función de otras personas, de otros (as) candidatos cuando presentan condiciones para lograrlo.

 

Ellos y ellas pueden ser mejores si se rotan en las funciones y contribuyen a la creación de reales direcciones colectivas, a pesar de su enorme e indiscutida gravitación política y social.

 

Reelecciones indefinidas, sucesivas y otros riesgos mayores.

 

Las reelecciones sucesivas e indefinidas no son las únicas fuentes del caudillismo y de la anti-democracia, pero pueden favorecer tendencias negativas; además dar la apariencia de lo imprescindible y de crear resistencia, voluntaria o no, a la rotación en las funciones públicas más importantes y a la participación colectiva en las decisiones.

 

La fusión del partido con el Estado es todavía peor, independientemente de que coexista o no con la reelección presidencial indefinida o las reelecciones sucesivas en otras funciones públicas.

 

El estatismo burocrático integral (político, económico, ideológico, comunicacional…) por igual es altamente perjudicial, puesto que genera un alto grado de uniformización de los medios de comunicación; un alto grado de censura y autocensura que afecta sensiblemente la libre discusión, el debate democrático y la auto-superación del proceso.

Y esto sin ponerme ahora a analizar la gran perversidad encubierta de la llamada democracia representativa, porque en este trabajo me he propuesto reflexionar fundamentalmente sobre los problemas históricos y actuales que pueden deformar los procesos revolucionarios; sin entrar en el examen y la denuncia del carácter antidemocrático de la hegemonía de las oligarquías capitalistas y del gran capital transnacional, del despotismo neoliberal y la dictadura mediática, con o sin pluralismo partidocrático.

 

Pienso-sin obviar ese combate decisivo contra el despotismo capitalista- que la luz de lo acontecido debemos extraer tambien las experiencias negativas de lo que ha significado sustituir la esclavitud respecto al gran capital, a sus instituciones y medios, por la absoluta subordinación a un Súper- Estado propietario de todo y controlador de todo, supuestamente actuando- y en algunos casos realmente o medianamente- en representación de la mayoría de la sociedad.

 

No soy de los que sataniza la reelección ni de los que exalta e idealiza la no reelección como panacea de democracia, no soy ni reeleccionista ni anti-reelecciones por principio. Creo que las respostulaciones y las reelecciones deben de ser ponderadas en función de situaciones y periodos específicos, de necesidades o impertinencias concretas.

 

Pero creo también firmemente que a la nueva democracia que procuramos crear y al tránsito al verdadero socialismo que nos proponemos desarrollar, le conviene mucho no atar eternamente los liderazgos a los cargos públicos ni a lo cargos partidarios.

 

Le conviene muchísimo no fundir permanentemente el liderazgo nacional con la presidencia de la república.

 

Y esto le ayuda muchísimo tanto en cuanto a imagen como en cuanto a contenido.

 

Le conviene sobremanera, además, no fundir Estado y partido, ni crear partido desde el Estado o con los métodos del Estado.¡ Le ayuda mucho crearlo y desarrollarlo independientemente de los intereses y las dinámicas específicas de Estados y Gobiernos!

Le conviene remozar y separar constantemente las funciones sin dejar de fortalecer el liderazgo nacional y los liderazgos locales o sectoriales o nacionales.

 

Le conviene la diversificación de los medios de comunicación (sean gubernamentales, estatales, partidistas, de movimientos sociales, de fuerzas independientes de Estado, Gobierno, partidos, movimientos culturales, minorías...).

 

Le conviene una prensa diversa de calidad, abierta y crítica, porque ella facilita las mejores condiciones para el crecimiento, la diversificación y el relevo o reemplazo individual y/o colectivo de los liderazgos creados existentes.

 

Un ejemplo reciente proyectable

 

Los cargos y las funciones no hacen los líderes ni la concentración de poderes son consustanciales a ellos(as).

 

Y si desean un ejemplo reciente, muy aleccionador por cierto, veamos lo que ha pasado recientemente en Cuba.

 

Fidel no es presidente y sigue siendo el líder.

 

Raúl es presidente y no por ello sustituye el liderazgo de Fidel.

 

¿Por qué no haber hecho eso antes de la enfermedad de Fidel en relación a esa y otras funciones, con esa y otras fórmulas?

 

¿Cuál es el temor?

 

¿Por qué no aprender de las malas y de las buenas experiencias?

 

¿Por qué no pensar seriamente estos problemas y debatir con franqueza esta cosa cara a otros procesos de cambios en marcha en nuestra América?

 

Es hora ya de pensar en voz alta éstas y otras cuestiones importantes.

Es hora de enterrar definitivamente la autocensura.

 

 “La verdad –decía Lénin- es siempre es revolucionaria”

 

La reelección en Venezuela

 

El caso de Venezuela presenta particularidades a tener bien en cuenta.

 

En Venezuela el gobierno de Chávez vivió inicialmente un periodo crucial de aguda confrontación con las derechas y con EEUU, de alta inestabilidad. Más que gobernar resistía y peleaba gallardamente la permanencia y continuidad del proceso.

 

La consolidación, aun con aguda y perdurable confrontación, tardo bastante; hasta el punto que solo recientemente el presidente Chávez ha comenzado a gobernar, después de someterse muchas pruebas de popularidad y capacidad confrontativa.

 

En Venezuela existen elecciones democráticas no adulterables sustancialmente desde el gobierno. Pocos sistemas electorales en el mundo son tan libres y tan invulnerables al fraude.

 

Pero además en Venezuela existe la figura constitucional del referéndum revocatorio.

 

En ese país incluso consagrar constitucionalmente la reelección indefinida y sucesiva no es sinónimo ni garantía de su imposición por factores ventajosos de poder.

 

La consagración constitucional de tal posibilidad parece estar sobretodo motivada por la necesidad de asegurar la sucesiva derrota electoral de las derechas e impedir en próximas coyunturas electorales la victoria contrarrevolucionaria desde el gran poder competitivo del liderazgo del comandante Chávez.

 

Esto así porque al parecer existe la inseguridad o el temor de que si no es con Chávez candidato, no se gana o es mucho más difícil ganar. Y perder la presidencia del país en trance de revolución es perder demasiado.

 

Esta es sin duda una razón fuerte, porque el proceso de cambios debe de estar por encima del factor que analizamos a pesar de toda su validez.

 

De ser así esta debe considerarse como una de las debilidades del proceso que amerita ser pensada y superada, buscando a futuro próximo soluciones que eliminen o minimicen el riesgo.

 

De todas maneras es muy importante no convertir la necesidad temporal en ley del proceso, más cuando a todo proceso revolucionario desatado le conviene no depender permanentemente del gran liderazgo individual que lo ha encarnado.

 

Mas allá de lo requerimiento tácticos, realmente necesarios e imposible de ignorar, está la necesidad estratégica de procurar su constante auto-superación, su fortalecimiento institucional, su posibilidad de reciclamiento mas allá del liderazgo de histórico-original.

 

Y esto precisa crear conciencia y condiciones para superar en el menor tiempo posible la obligada dependencia de la candidatura presidencial con perspectivas de victoria al liderazgo principal y a los déficit en cuanto a capacidad de conquista de hegemonía en el seno del pueblo otras candidaturas confluyentes con el liderazgo de la revolución.

 

Esto nos remite al tema de la vanguardia, al tema del poder popular y muy especialmente al tema de las transformaciones estructurales socializantes capaces de erosionarle totalmente las bases internas de sustentación a la burguesía dependiente y al capital transnacional en la sociedad venezolana y de terminar de quitarle el respaldo electoral que le queda a sus instrumentos políticos en sectores populares y en una parte de las capas medias.

 

No se trata, claro está, del camino más fácil; pero si posiblemente del más fructífero y el de mayor calidad para el proceso.

 

Avanzar sin rigidez

 

El tema es agudo y complejo, pero toca la madre de un problema real no debidamente solucionado desde las izquierdas y desde las revoluciones populares.

 

No me anima dar recetas inconmovibles al respecto, mucho menos entrar en la lógica hipócrita de las alternancias sustentadas por las derechas seudo-liberales y liberales.

 

Planteo el problema- mis inquietudes, consideraciones y sugerencias- sin formular esquemas rígidos, aunque si previsores, respecto a las re-postulaciones y reelecciones en el contexto de una nueva democracia revolucionaria (a sus tiempos, pertinencias, restricciones, oportunidades y circunstancias).

 

Si soy categórico en cuanto a la necesidad de superar por vía revolucionaria la falsa democracia representativa capitalista y a la necesidad de proponer una alternativa que supere radicalmente la fracasada fórmula del estatismo-burocrático con fusión partido- Estado-movimientos sociales y sin autogestión popular, control social y democracia participativa, directa e integral(económica, social, intercultural, de género..).

 

El tránsito al socialismo debe ofertar mucho más democracia y libertad en todos los órdenes y en todas las vertientes de la vida en sociedad que todas las experiencias históricas del liberalismo capitalista; y, por tanto, debe ser totalmente ajeno y adverso a todas las variantes que tiendan a subordinar a la sociedad y sus movimientos populares al Estado y siempre procurar el máximo de libertad, emulación y felicidad.

 

28 de agosto 2006, Santo Domingo, RD.

 

 

En el debate propuesto por Fidel y Raúl:

Cuba: Hacia un viraje esperanzador

 

Por Narciso Isa Conde

Kaos en la Red, Octubre 24 de 2007.

 

América se ha reafirmado como el continente de la esperanza.

 

La Patria Grande es escenario de una ola de cambios trascendentes hacia la nueva democracia, la nueva independencia, y el nuevo socialismo; mientras Cuba revolucionaria, primer país en re-independizarse hace ya 48 años, apunta hacia un nuevo viraje esperanzador.

 

Nuevo cuadro continental

 

Lo que acontece en la Venezuela de Chávez, en la Bolivia de Evo Morales, en Ecuador de Correa y más allá de esas fronteras…, son señales inequívocas de la nueva oleada de cambios.

 

En Venezuela está en marcha un proceso hacia una revolución democrática de orientación socialista.

 

En Bolivia y Ecuador –con ritmos, trabas y límites diferentes - los procesos apuntan con esa misma direccionalidad.

 

En Nicaragua, la vuelta al gobierno del Frente Sandinista de Liberación Nacional (después de 16 años de predominio de la contrarreforma y la contrarrevolución), indica la fuerza del anhelo popular nicaragüense a favor de la retoma de los cambios estructurales y de la justicia social.

 

Con todos los límites de las opciones electorales receptoras, las victorias del PT en Brasil y del Frente Amplio en Uruguay (contra las derechas “mondas y lirondas”), rebelan la pujanza de la ola de cambios en la base de esas sociedades.

 

En Perú y en México, estuvo a punto de producirse el desplazamiento de la derecha tradicional a nivel institucional.

 

Los avances de las fuerzas partidarias de las reformas avanzadas son significativos en Paraguay.

 

En Guatemala, la polarización entre la derecha pro-fascista y las fuerzas de centro y centro-izquierda, es también un hecho significativo.

 

En el FMLN de El Salvador -consolidado como fuerza de revolución democrática y del nuevo socialismo- está situado en el primer lugar de la simpatía, con perspectiva de victoria electoral en el 2009.

 

En Argentina, el torrente de fuerza liderado por Kischner –frustrada la posibilidad de ruptura revolucionaria en medio de la pasada crisis de gobernabilidad y consolidada la recomposición de un proyecto burgués diferenciado de la perversa versión menemista de recolonización neoliberal -apunta hacia una continuidad cada vez más impregnada de desarrollismo nacional e inclinada a la alianza con el llamado “eje del mal” (Chávez, Evo, Correa…)

 

En Chile, el influjo de la oleada solo ha servido para ayudar a cerrarle el paso a la derecha dura pinochetista y a la nueva derecha, garantizando la hegemonía de la llamada “Concertación Democrática” y del cada vez más moderado (en cierta medida neo-liberalizado) Partido Socialista.

 

En Colombia, la profundización de la crisis del partidismo tradicional, del modelo neoliberal y del relevo uribista para-narco-político, coinciden con un crecimiento de las fuerzas alternativas civiles y políticos-militares. La nueva situación creada alrededor de la mediación de Chávez en el conflicto armado, y especialmente en el tema de canje de prisioneros, solo es explicable por los cambios positivos registrados en al correlación de fuerza en ese país; impactado además por todo el contexto regional ya descrito.

El capitalismo neoliberal enfrenta definitivamente graves dificultades en este continente.

 

Actualidad del proyecto de nuevo socialismo

 

Los mecanismos imperialistas y oligárquicos evidencian una creciente debilidad para mantener su hegemonía y darle continuidad a su dominio en nuestra América.

El consenso para una salida pos-neoliberal gana cada vez mas espacio en diferentes escenarios nacionales y en todo el continente.

 

El camino de las reformas alternativas, pugnando por convertirse en revoluciones democráticas, populares y antiimperialistas de orientación socialista, conquista cada vez más terreno político, más corazones y más conciencia.

 

Está en auge el movimiento transformador.

 

Y el auge anti-neoliberal -dado los contenidos antiimperialistas y anticapitalistas que se expresan en su dinámica ascendente contra el orden decadente- revitaliza la propuesta estratégica socialista, reverdece y renueva sus esencias transformadoras y re-sitúa en un alto nivel la recreación de ese sueño necesario.

 

Eso es lo que explica toda la efervescencia teórica-política alrededor de la propuesta de un socialismo distinto al que hizo crisis y colapsó en el siglo XX.

 

Explica la intensa búsqueda de los nuevos contenidos y nuevas formas capaces de superar lo que se derrumbó y se desprestigió: los esfuerzos prácticos y teóricos alrededor de la necesidad de un nuevo socialismo, de un socialismo a tono con las experiencias y requerimientos de las realidades, experiencias y exigencias del siglo XXI; de un socialismo con fuertes raíces caribeñas –latinoamericanos e indo-americanos. ¡De un tránsito en democracia participativa hacia esa meta superior¡

 

La depresión fue vencida.

 

La desmoralización también.

 

Las resistencias y rebeldías sociales frente al capitalismo endurecido y el imperialismo voraz y prepotente, combinadas con la constante y progresiva creación de propuestas alternativas, con la recreación del pensamiento antiimperialista y socialista y con las nuevas ofensivas político-sociales de las fuerzas del campo popular, progresista y de izquierda, ha generado una nueva oportunidad que, además, concurre con el éxito de la resistencia heroica de Cuba y el inicio de su nueva impronta renovadora.

 

Cuba revolucionaria  perduró contra viento y marea

 

A todo lo largo de los años grises de la contrarrevolución conservadora y pro-neoliberal, de la hegemonía abrumadora del anti-socialismo y de la prepotencia imperialista, Cuba revolucionaria desplegó una resistencia ejemplar hasta empalmar con esta nueva y provisora situación, jugando un papel estelar en el proceso de conformación y desarrollo del bienvenido “eje del mal”.

 

En medio de los desastrosos efectos del derrumbe del “socialismo real” europeo y del casi-totalitario dominio capitalista neoliberal, la revolución cubana se propuso sobrevivir como fenómeno político y lo logró; preservando así al conjunto de los movimientos revolucionarios y progresistas del continente y del mundo, de lo que hubiera sido un revés de dimensiones mayores, una especie de golpe casi-mortal.

 

Lo hizo desplegando una firmeza sin par, un espíritu de sacrificio espartano y de una gran habilidad en cuanto a instrumentar readecuaciones que posibilitaran su sobre-vivencia, sin entrar al campo de los cambios estructurales llamados a superar sustancialmente el modelo estatista heredado de su inserción en el CAME y de su alianza estratégica con la URSS.

 

Su dirección política optó, por una fórmula, que sin desmontar gran parte de esas estructuras económicas, sociales y políticas establecidas, facilitaran crear un área dólar, incentivar inversiones extranjeras (sobre todo en turismo), e instrumentar mercados que le permitieran contrarrestar la asfixia económica.

 

Optó, por una relativa dualidad económica y por niveles limitados de liberalización del trabajo por cuenta propia, de los mercados agropecuarios y del régimen de inversión y monetario.

 

Inquietudes dentro del periodo especial

 

Esa opción provocó no pocas inquietudes tan pronto arrancó y se desplegó.

 

Recuerdo el libro “Cuba: La Reestructuración de la Economía (Editorial Ciencias Sociales, La Habana, 1995) escrito por Julio Carranza, Luís Gutiérrez Urdaneta y Pedro Monreal González, todos investigadores del Centro de Estudio de América (CEA) que entonces dirigía nuestro camarada y amigo Luís Suárez Salazar.

 

En esa ocasión me tocó hacer un trabajo sobre su contenido y expresé, entre otras cosas, lo siguiente:

 

“Me pongo de acuerdo con Carranza, Gutiérrez y Monreal en que para corregir a plenitud y en profundidad los defectos estructurales de la economía es necesario algo muy superior a una reforma parcial o simples cambios en los métodos de planificación y administración. Implica mucho más que el conjunto de medidas adoptadas, que si bien una parte de ellas apunta en dirección a los cambios necesarios, al no estar enmarcados dentro de un programa sistémico y un definido proyecto de tránsito a un socialismo alternativo, superador a plenitud del curso anterior, ha dado lugar a una economía dual (la parte de la economía estatal-planificada y la parte de las sociedades anónimas con mercado, ambas con sistemas financieros, contables, planes y legislaciones diferentes y poco relacionadas), lo que provoca serias distorsiones y desequilibrios.”

 

“Concuerdo en que van en los años del llamado “período especial” no ha sido precisado un proyecto global e integral de transformaciones, ni definidas las metas más allá de la emergencia y de algunos objetivos generales loables (preservación de logros en salud y educación, distribución equitativa de una oferta precaria, etc.), sin que esto desmerite la hazaña de haber sobrevivido con evidentes posibilidades de sostener la independencia, la dignidad, el espíritu de equidad social y la determinación de salvar el curso socialista de la revolución cubana.”

“Recuperar la viabilidad económica de un pequeño país, pobre y bloqueado como Cuba, precisa de una reestructuración profunda que implica redefinir las bases de su acumulación, inserción en el mundo y transformación de su sistema económico.”

 

“Eso no puede lograrse, si no se quiere correr el riesgo de un cataclismo social y político, desmontando todo lo positivo que ha acumulado: dignificación, independencia, vocación por la equidad social, gratuidad de la educación y la salud, rol distribuidor del ingreso y las riquezas del Estado, alta protección social.”

 

“Por eso, más allá del desconocimiento de factores nacionales y de su esencia ideológica contrarrevolucionaria, las variantes que del exterior propugnan por instaurar el reinado del mercado y de la propiedad privada capitalista en Cuba entrañan mucha perversidad.”

 

 “De ahí la importancia de la propuesta alternativa de esto jóvenes economistas cubanos sobre la necesidad de producir cambios significativos en las estructuras básicas del sistema económico sin enajenar la esencia socialista del tránsito en marcha, más bien potenciándolo a través de “nuevas estructuras y nuevas formas de socialismo”.

 

“Esto reviste más importancia después de haberse constatado que la propiedad estatal no es, de por sí, propiedad social y de valorar que la transición estatista-burocrática demostró ya su inviabilidad por razones estructurales.”

 

“La búsqueda de mayores niveles de desarrollo, de eficiencia y de recursos, plantea como necesidad el establecimiento en Cuba de diversas formas de propiedad, gestión y participación popular.”

 

“Esto no equivale a hacer concesiones. Tal criterio se asienta en una sobreestimación del estatismo y en una incorrecta identificación de éste con el socialismo.”

 “La transición al socialismo ajustada a la necesidad de emplear todas las posibilidades de acumulación y creatividad se relacionan en este tipo de países con un proyecto que preserve la preeminencia de la propiedad social para garantizar la conducción del desarrollo socioeconómico en función de los intereses nacionales, y sostener el gasto social necesario que permita niveles de vida decorosos al conjunto de la población, y que dentro de ese contexto articule la incorporación de formas de propiedad privada... dentro de los límites que se establezcan para controlar el desarrollo(Incluido en el libro: “¿Cuál Democracia?, ¿Cuál Socialismo?”, Colección Referencia, Editora El Tapial, Abril 2006, Caracas Venezuela, Págs. 211,212 y 213)

 

Y más adelante refiriéndome al déficit político del enfoque de los autores de esa importante obra, agregué:

 

Como el libro comentado se limita al tema de la reestructuración de la economía cubana dentro del marco de un proyecto socialista viable, no puede considerarse un defecto del mismo que no aborde otras vertientes de ese proyecto, y que salvo formulaciones muy puntuales no trate lo concerniente a las transformaciones en el sistema político, los cambios en la esfera social y cultural, el surgimiento de nuevos sujetos y los requerimientos de una reestructuración más integral.”

 

“Esa comprensión, sin embargo, no debe obviar el tratamiento de esos temas a la hora de enfocar la nueva alternativa socialista, no sólo en el plano económico, sino también en las demás vertientes del todo nacional.”

 

 “Las estructuras que hicieron crisis en el Este europeo no fueron sólo las económicas.”

    “El proceso de fusión del partido con el Estado, la hegemonía en la política exterior de los intereses de Estado, los efectos negativos de esos fenómenos sobre la conciencia popular, la manipulación desde el Estado y desde el partido de las organizaciones sociales, la burocratización y la corrupción burocrática, la ausencia de control social y ciudadano y la negación de aspectos básicos de la democracia participativa, la doble moral en la cultura de género y la prolongación del machismo más allá de las formales y reales expresiones de discriminación contra la mujer, el peso de la concepción adulto-céntrica, el sedimento cultural racista por encima de la superación del racismo institucional... tiene expresiones significativas en el sistema político-estatal cubano y en sus relaciones con la sociedad civil, constituyéndose en trabas al proceso de socialización del poder y a la reproducción y ampliación del poder del pueblo.”

 

“Nuevos fenómenos que afectan el viejo rol de los sindicatos y nuevos sujetos y autores derivados del ya iniciado proceso de superación del estatismo-burocrático y de la transición hacia una articulación de diversas formas de propiedad, se suman y amplían el reto creativo.”

 

 “La diversidad social obliga a mayor democracia partidaria y más énfasis en la hegemonía entendida como autoridad e influencia bien ganada y no como sistema de órdenes verticales.”

 

 “La reestructuración debe ser integral, incluyendo el propósito de hacer más socialistas, profundamente democrático, el sistema político, el Estado y la sociedad civil.”

 

 “No se trata de concederle espacio a la contrarrevolución y a la injerencia imperial sino que, al estar tan vinculado el proyecto socialista a la autodeterminación y al ser tan amplio y diverso el conjunto de fuerzas sociales que pueden ser sujetos de ese tipo de transición socialista, se precisa rearticular de otra forma la relación partido-Estado, organizaciones y movimientos sociales; pensando la presencia de la vanguardia política como componente conductor de un amplio y diverso movimiento político social, que a su vez controla, influye y presiona sobre las instituciones estatales y expresa un internacionalismo solidario independiente y superior al de la política exterior del Estado.”(Obra citada Págs. 214, 215 y 216)

 

Avanzado el despliegue del “periodo especial” en el curso de año 1999 volví a hacer referencia al proceso cubano a propósito de la primera edición de mi libro “Rearmando la Utopía.- Del neoliberalismo global al nuevo socialismo” 

 

En el primer capítulo de esa obra, el cual dedique a analizar las causas y efectos del derrumbe del “socialismo real”, incluí algunas páginas destinadas a examinar el impacto de ese fenómeno en Cuba.

 

“La Revolución Cubana siguió altivamente de pie”, fue el subtitulo del texto en el que exprese las siguientes valoraciones e ideas:

 

“Después del derrumbe la revolución cubana ha vivido el período más crucial de su historia.”

 

“Nunca antes se combinaron tantos factores adversos.”

 

“El criminal bloqueo económico de los EE.UU. no sólo no cesó, sino que se intensificó a pesar de que, en los hechos, pueblos y naciones latinoamericanas le han abierto brechas al cerco político y económico inicial, por encima de los dictados de Washington.”

 

“De la Enmienda Mack al Acta de Exportación y a la Ley Torricelli, se afectó en un 16% más el comercio de Cuba con el exterior, porque esa ley implica drásticas sanciones a las empresas subsidiarias, a las empresas de terceros países y a las navieras que toquen puertos cubanos.”

 

“Al derrumbe de los modelos estatistas burocratizados del Este europeo le siguió la quiebra del modelo soviético.”

 

“Estos factores, operando en forma simultánea, debilitaron extraordinariamente las relaciones económicas de Cuba con el mundo, agravaron los problemas de suministro y obligaron a un período con mucho más restricciones de todos los órdenes.”

 

 “A esa situación, el gobierno revolucionario cubano le respondió con las medidas correspondientes a ese período especial en tiempos de paz y con otras transformaciones económicas y políticas.”

 

 “Los efectos de esas medidas, aunque ha resultado positivo dentro de una política para sobrevivir dentro de una relación bastante equitativa para una gran parte de la población, resultaron limitadas para contrarrestar el impacto negativo de los cambios mundiales y del bloqueo reforzado por los Estados Unidos a través de la ley Torricelli.”

 

“Algunas de ellas, además (como la expansión del turismo y de las áreas dólar de los servicios), están acompañadas de un costo social y político no despreciable, aunque conscientemente asumido.”

 

“Por otra parte, el burocratismo, la corrupción burocrática, las limitadas áreas de privilegios, la economía subterránea, la negligencia en la gestión estatal, la superposición entre la gestión del partido y del Estado, el abultamiento de las nóminas en áreas no productivas, el paternalismo estatal... sin llegar a las magnitudes de Europa del Este y de la URSS, habían alcanzado en Cuba niveles significativos y echaron raíces difíciles de erradicar dentro de un modelo marcadamente estatista que, por suerte, dada la alta sensibilidad social de sus dirigentes, ha tenido la virtud de superar con creces el papel distribuidor de riquezas e ingresos ejercido por otros parecidos, y permitió alcanzar conquistas sociales realmente trascendentales e impresionantes.”

 

“Las dificultades para superar los fuertes componentes de estatismo burocrático presente en la realidad cubana han determinado su coexistencia con el área dólar de la economía, creando una dualidad generadora de nuevas distorsiones que de ninguna manera le restan valor al esfuerzo para sobrevivir convertido en otra hazaña de la única revolución de orientación socialista que perdura en el hemisferio occidental.”

 

“Ese gran éxito en materia de sobrevivir, sin embargo, no anula los efectos negativos que todavía perduran como resultado de la continuidad de una parte de las estructuras estatistas, en cierta medida burocratizadas, y de las concepciones y formas de gestión económica y política copiadas del modelo soviético e insertadas en un proceso que, pese a haber defendido intensamente su originalidad, fue parcialmente afectado por su articulación económica dependiente y por el peso material e ideológico de la URSS antes de que esa gran potencia exhibiera su profunda crisis.”

 

“Si algo hay que reflexionar sobre los dramáticos acontecimientos este-europeos en Cuba es la necesidad de analizarlos a profundidad y explicar las causas de esa crisis estructural y del derrumbe efectuado en la URSS, extrayendo las lecciones que se derivan para Cuba revolucionaria.”

 

“En el caso cubano y en el de los demás procesos de tránsito al socialismo resulta además imprescindible superar todo lo semejante a esos modelos fracasados que influyeron en sus crisis, con claras conciencia de que fueron y son, en comparación con un auténtico desarrollo socialista, valores anti-socialistas, deformaciones del proyecto original.”

 

“Tan trascendental reflexión y los correctivos que de ella pueden derivarse naturalmente deberán tomar en cuenta las peculiaridades del proceso cubano, su proximidad a Estados Unidos, las características de su exilio contrarrevolucionario, la fase de sobre-vivencia que le imponen los cambios mundiales y la necesidad de mantener la unidad de acción de su pueblo.”

 

“Esto implica asimilar también la lección soviética en cuanto a la errática conducción y evidente traición de Gorbachov en los momentos en que la necesidad de la renovación y de la democratización tocaron las puertas de la URSS y sobre todo en cuanto al proceso degenerativo que sufrió la Perestroika, dando paso a una tortuosa liberalización pro-capitalista y a una vergonzosa subordinación a EE.UU. y a las demás potencias imperialistas.”

 

 “Si arriesgado es mantener indefinidamente las estructuras que fueron trasplantadas del modelo soviético, más lo sería aún copiar la Perestroika y acceder a un proceso de liberalización como el que demandan Estados Unidos, el exilio contrarrevolucionario y las derechas latinoamericana, caribeña y mundial. Esto último equivaldría a la muerte de la revolución cubana.”

 

“En el caso cubano, volver a América Latina  no debe entenderse como reproducir el sistema político y las estructuras sociales capitalistas que predominan en nuestros países, estremecidos por la peor crisis de sus historias, sino recuperar toda la originalidad de la revolución y ponerla en dirección al proceso de conformación de la gran patria bolivariana dentro de una clara orientación socialista que no puede ser, sin que con ello se dejen pendientes viejos riesgos, la eternización de un estatismo burocrático reñido con la esencia del socialismo.”

 

“Los cambios que, al entender de muchos revolucionarios socialistas, Cuba necesita, no tienen nada que ver con las reformas capitalistas ni con una liberalización política de tipo capitalista.”

 

 “Cuba necesita firmeza en el camino socialista y voluntad de resistir las nuevas presiones y las dificultades que plantea la adversa correlación de fuerzas a escala mundial; necesita ingenio y flexibilidad para buscar alternativas en materia de rearticulación internacional y para derrotar el bloqueo. Y esto evidentemente le sobra.”

 

“Cuba necesita identificar a mayor profundidad todo lo negativo trasplantado del modelo burocrático soviético y asumir su superación progresiva con la voluntad política que debe derivarse de entenderlo como fuente de problemas internos, potenciados por la escasez y las enormes dificultades provocadas por las adversidades externas.”

 

 “Eso implica profundizar el proceso de rectificación e impulsar el esfuerzo hacia un modelo de tránsito al socialismo netamente cubano y esencialmente capaz -aún dentro de la apertura y la inversión extranjera y ciertas formas de propiedad mixta, privada e individual- de garantizar el predominio de la propiedad social y de la propiedad pública socialmente controlada y democráticamente gestionada, así como un proceso de mayor socialización del poder y participación popular.”

 

 “Cuba necesita mantenerse vigilante para evitar que los cambios necesarios dentro de un espíritu de superación firmemente antiimperialista y socialista, no sean desviados por tortuosos senderos transitados por la fracasada Perestroika soviética. Esto obliga a actuar con prudencia y precisión, y mantener la firmeza que en ese orden le ha caracterizado.”

 

“Cuba necesita diversificar más las formas de propiedad y de distribución, crear mercados donde ellos concurran, cambiar las formas de gestión en sectores estatales, convertir en social parte de la propiedad pública, liberar en mayor escala las fuerzas productivas dentro de una orientación predominantemente socialista.”

 

“Cuba necesita ampliar y profundizar progresivamente la participación popular dentro de una institucionalidad democrática que norme papeles diferenciados del partido, del Estado y de las organizaciones sociales, que garantice la estabilidad posterior a la vigencia del liderazgo histórico sobre bases democrático-participativas.”

 

 “Esto último guarda una estrecha relación con la necesidad de convertir en criterio colectivo la validez del régimen de excepción dentro de la condición de fortaleza sitiada, procurando que las restricciones imprescindibles en materia de libertades ciudadanas sean consideradas temporales y no inmutables.”

 

“Cuba necesita, además, de una gran solidaridad revolucionaria, antiimperialista, caribeña, latinoamericana, tercermundista y mundial que defienda sus logros, que contrarreste la primera fase de  guerra sin balas  desatada por Estados Unidos, que frustre los planes de agresión armada (con disposición a pelear en su defensa), que la auxilie desde el punto de vista material, que derrote definitivamente el bloqueo, que la defienda como patrimonio del proceso liberador de los pueblos oprimidos y la aliente a superar las limitaciones y las deformaciones acumuladas en su accidentado y difícil tránsito revolucionario. Ese aporte todavía es muy insuficiente de nuestra parte.”

 

“Los fundamentos de esa solidaridad están dados en las grandes contribuciones de Cuba a la nueva independencia latinoamericana, caribeña y africana. En esa dirección es significativo como Latinoamérica y el Caribe rechazan con palabras y con hechos el bloqueo económico y el hostigamiento político, valorando a Cuba Revolucionaria como un símbolo de la nueva independencia y como muchos pueblos de África sienten como suya esta revolución caribeña.”

 

 “Combinando todo esto, la revolución cubana puede vencer las adversidades de esta fase crucial, perdurar y avanzar.”

 

“No es cierto, como dicen enemigos y renegados, que la revolución cubana está fatal e inminentemente condenada a sucumbir.”

 

“Si a su heroica resistencia se le agrega cada vez más capacidad de innovación, su continuidad será constantemente reafirmada y renovada.”(Rearmando la Utopía, Segunda Edición, Editora Tropical, Santo Domingo, abril 2000, pags.46, 47, 48, 49, 50, 51 y 52)

 

Estos y otros puntos de vistas similares, expuestos de diferentes formas en diferentes momentos y escenarios –previamente tratados con mucha franqueza a nivel bilateral- crearon tensiones y problemas de relación con algunos(as) compañeros(as) del área internacional del Partido Comunista de Cuba (PCC) que afectaron los lazos de cooperación.

 

No por ello desistí de pensar, analizar, hablar escribir y debatir estos temas; por demás cruciales para los(as) revolucionarios (as) que nos sentimos parte de ese proceso y que además hemos decidido desde hace tiempo optar por “pensar con cabeza propia” y intentar el camino de la “creación heroica”.

 

Tampoco he dejado de reconocer el valor y el talento desplegado por la dirección de la revolución cubana en el contexto de la fórmula y del modelo escogido para resistir frente a una situación internacional tan difícil y compleja.

 

Más allá de las diversas apreciaciones sobre esta cuestión, sus resultados indeseados y problemas colaterales, está el hecho incontrovertible de la hazaña de haber sobrevivido como revolución y como proceso antiimperialista hasta el día de hoy. Y sobre todo hasta empalmar felizmente con un proceso continental mucho más favorable y promisorio y con un cuadro internacional mas ventajoso.

 

El curso emprendido por al revolución cubana después de aquella gran derrota del denominado campo socialista europeo, pudo ser mejor o peor; pero lo cierto es que el haber perdurado, el no haber colapsado, el no permitir que la derrumbaran, es una hecho que quedará inscrito con letras de oro en la historia de la humanidad.

 

Ese es un mérito indiscutible de la dirección histórica de la revolución cubana y en especial de Fidel. Un mérito singularmente valioso y trascendente.

 

Un Debate para el Cambio

 

Pero además de ese gran mérito, Fidel primero y Raúl inmediatamente después, han tenido un mérito adicional de mucho alcance: advertir la posibilidad del retroceso, reconociendo el riesgo de la reversibilidad de la revolución, llamando a debatir sin cortapisas ni tabúes las causas internas de ese riesgo y la forma de evitarlo.

 

Pienso que tal llamado implica conciencia sobre el agotamiento del modelo vigente desde hace décadas, y específicamente de su variante impuesta después del decretado “periodo especial”; agotamiento al que se agrega todo lo que se deriva de la enfermedad de Fidel para el papel de su inmenso liderazgo.

 

Hace algunos años podía discutirse el plazo de utilidad de ese modelo, la oportunidad o no de reemplazarlo en tal o cual situación. Pero ya está mucho más claro que los cambios estructurales no se deben posponer. El punto de crisis es alto y necesita de la acción revolucionaria que rompa el estancamiento y produzca las transformaciones necesarias.

 

La apertura del debate en el partido, en lo comités de defensa, en los sindicatos en los centros de trabajo y de estudio, en las organizaciones sociales… ha ido un paso audaz en dirección a buscar el nuevo consenso revolucionario-socialista, que permita superar la crisis estructural y salir de un estancamiento que se torna cada vez mas peligroso.

 

En la medida de mi posibilidad he dado seguimiento a lo que está escribiendo sobre ese debate y en verdad me parece que su contenido es ciertamente promisorio.

 

Es alta la participación y alto nivel de la discusión.

 

Las expresiones abiertamente contra-revolucionarias no tienen eco, mucho menos fuerza y legitimidad. La conciencia patriótica, antiimperialista anticapitalista y pro-socialista, acompañada de un profundo desprecio por la mafia cubano-americana de Miami, es muy grande y arrincona a la derecha pro-imperialista. Este es otro mérito del trabajo político-educativo desarrollado por la dirección histórica en casi medio siglo de revolución.

 

Por otra parte, las posiciones en defensa del estatismo y el burocratismo están a la defensiva.

 

Su resistencia es pasiva y camuflajeada con el desinterés por del debate y la promoción del pesimismo.

 

Las críticas al modelo vigente, las expresiones por los cambios estructurales, las críticas a los múltiples problemas, deficiencias y limitaciones acumuladas, apuntan en dirección a la profundización del tránsito al socialismo, a la revitalización y renovación de la revolución; a la superación del burocratismo, del estatismo, de la corrupción, los privilegios y  las trabas a la participación y los obstáculos al debate.

 

La diversidad aparece dentro de una orientación definidamente socialista y revolucionaria.

 

Las ideas para hacer más social lo estatal y mas participativo el poder político, apuntan en las mejores direcciones: hacia variadas formas de propiedad social y de gestión democrática (autogestión empresarial, autogestión social, cooperativas, otras formas asociativas, control obrero y popular, combinación de la propiedad publica o estatal con la autogestión…).

 

Proliferan los reclamos de descentralización de la discusión, del fin del “ordeno y mando”, de la superación de la doble moneda, del cese de la discriminación de los nacionales en el acceso determinado de áreas de consumo; de políticas públicas para lograr la autosuficiencia alimentaría, mejoramiento del transporte y otros servicios básicos.

 

Un espíritu altamente constructivo colma las reuniones y nutre la efervescencia de inquietudes, críticas y sugerencias bien intencionadas.

 

El optimismo va venciendo paso a paso el escepticismo en sentido general, sin que todavía haya logrado cambiar sustancialmente el retraimiento de una parte importante de las nuevas generaciones. Generar confianza en la juventud, estimular sus energías transformadoras parece ser uno de los grandes desafíos pendientes de resolver.

 

La participación es mayor en las generaciones intermedias, las que maduraron militando en el proceso en las épocas de mayor entusiasmo revolucionario.

 

La inercia pesa, pero está seriamente compelida a ceder por la fuerza del espíritu de cambio dentro de la revolución y nunca fuera de ella.

 

Del modelo existente al nuevo socialismo

 

La coyuntura continental ayuda mucho. El entronque de todo esto con el debate venezolano y latino-caribeño sobre la recreación del proyecto socialista es una especie de bendición, que se agrega de las cooperaciones complementarias y a las reactivaciones económicas en el contexto de Petrocaribe, el ALBA y múltiples acuerdos positivos con Venezuela, anunciadores de una fructífera integración bilateral y multilateral.

 

En todas partes hay cosas importantes por definir, pero el espíritu de búsqueda –y sobre todo de búsqueda dentro de una orientación socialista y revolucionaria- ayuda muchísimo, reanima, dinamiza, enciende los motores de la nueva democracia y del nuevo socialismo.

 

Aparecen diferencias más o menos importantes sobre como socializar lo estatal y respecto al espacio que podría tener la privatización dentro del predominio de lo social.

Esto toca especialmente a la agropecuaria y otros a renglones productivos y  de servicio.

 

En este aspecto no deja de aparecer la tentación del “camino chino” y/o “vietnamita”, con sus riesgos de una parcial restauración capitalista sui generis.

 

Este punto del debate es muy importante y ojala tomé un vuelo más alto.

 

En general pienso que para los procesos de tránsito al socialismo es acertada la idea de la combinación de diferentes formas de propiedad y de gestión, con predominio progresivo de lo social y con avances hacia una la economía de equivalencia.

 

Desde capitalismo dependiente y neoliberal predominante en nuestra América, lo que se trata es de pasar del predominio de lo privado al predominio de lo social, y de la economía de mercado a la economía de equivalencia a través de un proceso complejo, largo, intenso…, en el que habrán de coexistir formas diversas de propiedad privada capitalista e individual con formas diversas de socialización, hasta alcanzar la socialización plena.

 

Esto implica desprivatizar áreas privatizadas y convertirlas en social después de descapitalizarla; implica definir dentro de la economía de escala el espacio que se le concede a la empresa privada en sus diferentes dimensiones y roles; requiere precisar el rol de la inversión extranjera y su regulación, así como las características del Estado, el mercado y otros tipos de intercambios.

 

Por igual este tema toca lo relativo a un tránsito que conlleve participación popular, gestión, cogestión social y control ciudadano del poder político: nueva democracia, democracia participativa y directa, democracia de género, democracia integral.

 

Cuba es un caso inverso al de los países del continente sometidos todavía a la dominación capitalista neoliberal.

 

En Cuba se expropió a una gran parte de los propietarios privados hace ya bastante tiempo y está en un estadio superior para esa transición socialista.

 

EL problema es que en ese proceso predominó finalmente la concepción estatista.

 

El Estado es dueño y administrador, los trabajadores, los productores son asalariados del Estado y no tienen que ver con la gestión de una gran parte de lo medios de producción y distribución.

 

Ese modelo ha dado fuerte señales de agotamiento, pero es un objetivamente un punto de partida importantísimo para avanzar hacia un nuevo socialismo con mayor facilidad que en el resto del continente.

 

En Cuba ya no hay que expropiar y/o nacionalizar la economía, ni los servicios sociales, ni política, ni los instrumentos ideológicos, ni la naturaleza y sus recursos ni lo servicios.

En Cuba no hay que desprivatizar para socializar, sino sencillamente convertir en social lo que hoy es estatal y superar todo lo extraño al socialismo, por al vía de la transferencia de la propiedad a los trabajadores, por la vía de la autogestión y cogestión, por la vía de la revolución cultural, por la vía del control social y ciudadano, de la profundización de la lucha contra lo que sigue pesando del patriarcado y del adulto-centrismo.

 

Tampoco se trata de privatizar parte sustancial de lo público para un tránsito con economía significativamente mixta.

 

Puede ser conveniente, para activar áreas de pequeñas economías y servicios, ciertas concesiones a favor de pequeñas y medianos productores y operadores de servicios; pero pienso que no se trata de privatizar en escala grande o significativa.

 

Pueden ser necesarias ciertas fórmulas de empresa mixta, pero igual eso no tiene que ser lo dominante.

 

Lo dominante debería ser ingeniársela para convertir en social con buen nivel de eficiencia todo lo que es hoy estatal e ineficiente; así como cambiar formas de gestión en la gran propiedad y en los servicios públicos y forma de relacionarse con la sociedad, procurando erradicar las formas burocráticas-centralizadas, a darle participación a los colectivos laborales y a la sociedad toda, y a introducir en ciertas áreas pasos progresivos hacia los intercambios equivalentes.

 

Y esa misma lógica debe tocar las instituciones del Estado, la relación partido-Estado, movimientos sociales, los vínculos con la naturaleza en pro de las futuras generaciones, las relaciones de género y los vínculos generacionales; de manera que queden abiertas, sin posibilidades de cierre las compuertas por donde fluya la creatividad y la democracia participativa e integral, capaz de cerrarle toda posibilidad de expansión a la contrarrevolución imperial que esta vez –en vista del contenido revolucionario de las propuestas de cambios y de la imposibilidad de desviarla hacia la derecha y hacia el pro-capitalismo- parece apostar al estancamiento en procura de que el proceso se torne inmanejable desde posiciones revolucionarias

 

En Cuba no parece tener la menor posibilidad de imponerse una Perestroika pro-capitalista o una Glasnot pro-EU y destructiva de su memoria histórica, y por eso las agencias de la desinformación gringas no hablan de lo que acontece allí alrededor de estos debates. Sus ideólogos parecen asumir una actitud diferente a la que adoptaron en el caso de la URSS y Europa del Este, donde aparentaron estar con las reformas necesarias pero apostando siempre, con posibilidades reales de lograrlo, a desviarlas por los caminos del liberalismo pro-capitalista.

 

Su receta para Cuba es descarada: la “transición” pura y simple hacia la “democracia representativa” con “libre empresa” y gobierno pro-estadounidense. Y esa no hay cubano(a) con sentido de patria que se la trague.

 

Porque ella es equivalente a una la detestable recolonización, a una vergonzosa anexión política, económica y cultural; la cual, por demás, no pasa sin guerra civil e invasión imperialista.

 

Octubre 20, Santo Domingo RD, 2007.

 

 

El discurso de Raúl en Camagüey y las perspectivas del socialismo en Cuba

 

Narciso Isa Conde (Para Kaos en la Red) Agosto 24 de 2007 

 

No tengo la menor duda: derrumbar la Revolución Cubana desde Miami y Washington, sin borrar la isla del mapa, sin exterminar a ese pueblo, es misión imposible.

 

Su dirección histórica, sus cuadros políticos y militares, su militancia revolucionaria, su pueblo, han acumulado demasiado valor, demasiada dignidad, demasiada voluntad de ser independiente, de construir su propio destino.

 

La legitimidad de su actual liderazgo nacional es muy extensa y muy profunda, con un inmenso poder de convocatoria nacional e internacional para cualquier despliegue de heroísmo necesario.

 

La educación y el entrenamiento de sus fuerzas militares y del pueblo llano en la concepción (de inspiración vietnamita) de la “guerra de todo el pueblo”- expresión de la más profunda democracia en materia de defensa y seguridad nacional- hace impensable la toma militar de la isla de Cuba por ejércitos imperiales sin destruir totalmente esa sociedad y devastar su geografía.

 

Raúl Castro tiene toda la razón del mundo cuando hizo suyo el pasado 26 de julio en Camaguey el optimismo de Fidel en ese plano: por la vía de la fuerza los imperialistas jamás podrían deshacerse de la “pesadilla” que para ellos representa el proceso revolucionario cubano, el primero en abrir la ruta de la segunda independencia de nuestra América.

 

El riesgo es otro.

 

El problema actual de la Revolución Cubana y de su proceso de orientación socialista es otro y tiene relación con lo dicho por Fidel en la Universidad de La Habana en aquel impactante discurso del 5 de noviembre de 2005, advirtiendo sobre lo riesgos de “reversibilidad” de ese proceso por causas internas; esto es, a consecuencia de “errores” cometidos por sus propio actores (as), entre los que destacó la corrupción.

 

La revolución –según el propio Fidel- no puede ser derrotada desde fuera, pero si desde adentro. Y esto, dicho desde tan alta autoridad política y moral, volvió a motivar serias inquietudes y reflexiones sobre el futuro de la revolución cubana en una fase en que su liderazgo histórico, fuente fundamental de la legitimidad y de la relación democrática entre dirigentes y pueblo, está en fase de declinación físico-biológica por razones de su avanzada edad.

 

La reversibilidad, la posibilidad de restauración capitalista e imposición imperialista, en procesos de de tránsito al socialismo –donde ya había sido reemplazado el liderazgo histórico y entró en crisis su modelo burocrático- ya fue confirmada por la vida en ocasión del derrumbe del denominado socialismo real euro-oriental, a final de los ´80 y principio de los ´90 del siglo pasado.

 

Independientemente de que no son realidades ni paralelas ni idénticas, mucho ha tardado la vanguardia del proceso cubano en examinar a fondo las causas de aquellos fracasos para sacar conclusiones consensuadas a través de procesos de discusión que involucren a todo la sociedad.

 

El VI Congreso del Partido Comunista de Cuba (PCC), realizado en octubre de 1997 –el último realizado hasta la fecha- no incluyó en su agenda tan importante tema, a pesar de las implicaciones teórico- políticas, no solo económicas, de la quiebra de los modelos y las estructuras creadas en el curso de la transición al socialismo en la URSS y en los demás países de Europa Oriental.

 

No incluyó ese debate ni en relación directa a esos procesos en particular, ni tampoco en cuanto al impacto negativo de ellos contra la originalidad de la Revolución Cubana.

 

Esto último, claro está, con su debida matización, dado que no se trataba de situaciones iguales ni procesos idénticos. Pues la Revolución Cubana, además de contar con un liderazgo legitimador de alta sensibilidad social y vocación libertaria, siempre estuvo cruzada por el choque entre su originalidad y los efectos de la copiadora pro-soviética, por el peso del dogma y la resistencia de la herejía revolucionaria, por la dinámica entre la burocratización y el peso de su creativo estilo guerrillero.

 

De todas maneras el modelo estatista- burocrático logró echar fuertes raíces en Cuba y por eso es posible detectar elementos estructurales comunes entre esos procesos, aunque tambien es válido subrayar que pese a eso en el caso cubano se han expresado menores grados de corrupción y privilegios, al tiempo que ha tenido lugar un mayor y más justo poder distribuidor de ingresos de su Estado junto a conquistas sociales superiores a las logradas en los países de Europa Oriental, así como más libertades en el plano artístico-cultural y mayor creatividad en muchos aspectos.

 

De todas maneras entonces –y ahora más aun- era pertinente entrar en ese análisis y proceder a los cambios preventivos.

 

Por eso, antes de ese V Congreso, algunos años después de haber participado junto a otros cinco secretarios generales de Partidos Comunistas de América Latina y el Caribe (Schafik Handal-El Salvador, Rigoberto Padilla-Honduras, Patricio Echegaray-Argentina, Humberto Vargas Carbonel-Costa Rica y quien esto escribe por el PCD de República Dominicana) en el examen de las causas del cataclismo político del “socialismo real” europeo, me atreví a escribirle una carta a Fidel trasladándole algunas de mis inquietudes en relación con el proceso cubano y su relación con lo acontecido en Europa del Este.

 

Ya antes, inmediatamente después de esos encuentros latino-caribeños, en una extensa reunión que sostuvimos colectivamente esos cinco secretarios generales con Fidel, Raúl, Carlos Rafael Rodríguez, Carlos Lage, Manuel Piñeiro, Carlos Aldana, Leonel Soto, Luís Suárez Salazar y otros dirigentes e intelectuales cubanos, habíamos insistido en el carácter estructural de esa crisis y en la necesidad de examinar sus causas más allá de sus efectos, así como en la necesidadde renovar e enriquecer el proceso cubano.

 

No voy aquí a restarle en lo más mínimo valor a la determinación fundamental de resistencia expresada entonces por Fidel y lo demás dirigentes de la Revolución Cubana.

 

Hay que de nuevo reconocer la hazaña que implica haber resistido y sobrevivido como revolución desde aquellos días hasta la fecha, hasta empalmar incluso con la nueva oleada de cambios que tienen lugar hoy en nuestra América y muy especialmente con el nuevo proceso hacia la revolución que se escenifica en Venezuela, donde se insiste en el tránsito hacia un nuevo socialismo a tono con las experiencias y los cambios registrados al iniciarse este siglo XXI.

 

Pero hay que decir también –y ahora con más presión y razón que antes- que el peligro de la reversibilidad del proceso sigue pendiente y podría tornarse más agudo y complejo en caso de permitirse que todo siga mas o menos igual hasta que se consumen los efectos deslegitimadores de la pérdida del liderazgo histórico y/o hasta esperar que la crisis estructural en desarrollo logre afectar sensiblemente las posibilidades de auto-superación y renovación socialista.

 

Rebrotan las inquietudes.

 

Es esto lo que explica que dentro de la calma y estabilidad del proceso –hecho significativo aun después del relativo relevo de Fidel por Raúl- estén presente al interior de la revolución, en sus cuadros sus dirigentes y en sus intelectuales orgánicos, tantas inquietudes, reflexiones e ideas transformadoras.

 

El bloqueo de EEUU ciertamente- como dice Raúl- hace infinitos daños: afecta sensiblemente el transporte, la alimentación y la salud del pueblo. Pero no ha tenido, ni tendrá, capacidad para acabar con la revolución.

 

Ni siquiera logró hacerlo cuando a él se sumaron los devastadores efectos económicos del colapso de la URSS y los países del Este europeo, pese a representar la eliminación vertiginosa de más del 80% del comercio exterior de Cuba.

 

El periodo especial no concluye todavía, pero se va superando progresivamente.

 

El peligro es otro y sobre el se viene reflexionando ahora con más atención e intensidad: es interno, es un problema estructural. Es el conjunto de males crónicos que genera el modelo de tránsito al socialismo todavía vigente en Cuba, fuertemente –aunque no totalmente- influido en determinadas vertientes por la modalidad que predominó en la URSS y los países del llamado socialismo real.

 

El ajuste de cuenta no se ha hecho ni respecto a lo que pasó por allá, ni tampoco en cuanto a los factores transplantado desde esos modelos fracasados a la Cuba revolucionaria. Esto a pesar de que el tema ha ido profundamente debatido en América Latina, el Caribe y el mundo, y pese que existen numerosos volúmenes dando cuenta de las causas profundas del colapso de esos modelos estatistas-burocráticos.

 

Los límites de los cambios en el periodo especial.

 

A raíz y después de la desintegración de la URSS y del “campo socialista” europeo, la dirección de la revolución cubana se centró en dar una respuesta que garantizara la sobre vivencia económica y militar del proceso, sin introducirle cambios estructurales al modelo vigente.

 

En ese orden el modelo hegemónico coexistió con una apertura dirigida a captar divisas, con reformas parciales, facilidades a la inversión extranjeras, cambios en métodos de planificación y administración, reapertura de los mercados campesinos y del “cuenta- propismo”… que si bien apuntaron en dirección a cambios necesarios, no tenían posibilidades de superar el modelo.

 

Esas reformas, al no estar enmarcados dentro de un definido modelo alternativo al estatismo dominante, ha dado lugar a una “economía dual” (la parte estatal-planificada burocráticamente convive con la parte de las sociedades anónimas con mercado), lo que a su vez provoca serias distorsiones y desequilibrios sociales; todo esto en el contexto de un sistema político rígido y de una institucionalidad altamente burocratizada (fusión partido-estado-organizaciones sociales, anquilosamiento parcial de los órganos de poder popular, dogmatización creciente en detrimento del marxismo creador).

 

Esto hace recurrente- en un proceso que conserva capacidad de denuncia, formas de expresión de las inconformidades y fuertes nostalgias respecto a su originalidad inicial, así como determinados líderes y cuadros no dogmatizados- las reacciones críticas y autocríticas frente a los males acumulados y la admisión de serios problemas inexplicablemente no superados.

 

Fidel en el referido discurso de la Universidad de La Habana habló con amargura y dramatismo de la corrupción.

 

Raúl en el discurso de Camaguey reitera esa denuncia, admite la absoluta insuficiencia del salario que reciben los (as) trabajadores (as) y los fenómenos de corrupción e indisciplina laboral que esto genera; habla con crudeza de la ineficiencia y la irresponsabilidad de funcionarios y dirigentes, describe la dependencia alimentaria y el consiguiente crecimiento de las importaciones en renglones que pueden producirse en Cuba, y critica acremente las grandes deficiencias productivas de la economía de ese hermano país.

 

De nuevo: respuestas insuficientes.

 

Sin embargo, las recetas ofrecidas –ya escuchada muchas veces a lo largo de las últimas décadas- aunque tienen valor en sí mismas, se limitan a plantear la necesidad de más trabajo organizado, más exigencia, más rigor, más orden y más disciplina en todo lo relativo a la producción y a los servicios.

 

Insistió en la eficacia, la responsabilidad, la sensibilidad y la valentía política para superar éstos y otros problemas, lo que sin dejar de tener valor, no va al meollo del asunto.

 

Exhortó al “sentido crítico y creador, sin esquematismo ni anquilosamiento” y planteó la necesidad de “cambios estructurales y conceptos”, pero sin definir su contenido y su alcance.

 

Citó a Fidel en aquello de “cambiar todo lo que debe ser cambiado”, pero sin precisar lo que hay que cambiar ni señalar el cómo hacerlo.

 

Es claro que los problemas son tan evidentes y golpeantes como para señalarlos sin rodeos y es claro tambien que tales palabras muestran un grado significativo de honesta preocupación y de conciencia de la necesidad de no dilatar los cambios.

 

Vale mucho dentro de todo esto su llamado a pensar, a reflexionar, a debatir… Y eso ciertamente ya comienza a hacerse sentir en ciertas áreas de la sociedad cubana.

 

Vale más aun su afirmación de que no está presente en las fuerzas fundamentales de la revolución y de la sociedad cubana la actitud de renuncia a construir el socialismo.

 

Y esa determinación lo lleva, al momento de pensar en un nuevo régimen para la inversión extranjera, a insistir en la preservación del papel del Estado y de la propiedad socialista y a exaltar la extraordinaria fuerza potencial del poder popular.

 

Interrogantes incómodas.

 

Pero todo esto a su vez nos incita a formular y a responder ciertas interrogantes incómodas.

 

¿Son la corrupción, la ineficiencia, el salario precario, la indisciplina, la dependencia alimentaría, la baja producción y productividad, el crecimiento de las importaciones de alimentos….efectos o causas de una determinada crisis?

 

¿Qué se entiende por cambios estructurales y cambios de conceptos?

 

¿Qué eficacia puede tener dentro del actual contexto cubano el llamado al rigor, al orden, a la disciplina, al control, a la responsabilidad y a la eficiencia?

 

¿Cuál papel del Estado es el que hay que preservar?

 

¿Qué se entiende por propiedad socialista?

 

¿Cómo desplegar la extraordinaria fuerza del poder popular?

 

¿A cuál socialismo no se renuncia?

 

Causas y efectos.

 

La corrupción, la ineficiencia, la perdurabilidad de salarios cada vez más precarios, la búsqueda de ingresos extras por otras vías, la indisciplina, la baja producción y productividad, la limitada producción de alimentos y la necesidad de grandes importaciones, la burocratización de los procesos productivos, de una parte de los servicios públicos y del funcionamiento institucional, son efectos y no causas estructurales de la crisis de un determinado modo de producción, distribución y gestión económica y política.

 

Esas causas hay que buscarla en la estatización en gran escala de la propiedad de los medios de producción, distribución y recursos nacionales, sin cogestión ni autogestión empresarial y social, en el predominio de la propiedad estatal centralmente y antidemocráticamente administrada sobre la propiedad social…

 

En el proceso de burocratización de la gestión pública y el desarrollo de los privilegios burocráticos, en la dogmatización ideológica funcional a ese sistema, en la progresiva y creciente fusión del partido de vanguardia con el Estado y de ambos con las organizaciones sociales y los órganos de poder popular, en la superposición de funciones políticas, estatales y sociales…

 

En la atrofia de las funciones de la sociedad civil, en la separación de los productores de la propiedad y el control de los medios de producción-distribución, y la continuidad de la explotación del trabajo asalariado, con la diferencia respecto al capitalismo clásico de que el poder sobre el excedente lo tienen los funcionarios públicos y no la burguesía privada.

Es la típica crisis de estructuras y modelos de transición que algunos tratadistas han denominado “socialismo de Estado” (aunque de socialismo no tenga mucho) y otros “estatismo burocrático”.

 

La propiedad socialista es la propiedad colectiva de los(as) trabajadores(as) controlada por la sociedad.

 

Es la cooperativa socialista.

 

Es la empresa agraria o urbana de carácter asociativo.

 

Es la propiedad pública autogestionada y/o cogestionada por los (as) trabajadores (as).

 

Es equivalente a la propiedad colectiva en todas sus modalidades, es la propiedad de los medios socialmente apropiada y controlada.

 

El tránsito al socialismo está llamado a avanzar hacia el predominio de la propiedad social en sus diversas formas, sobre la propiedad capitalista; a socializar la economía y los órganos de poder en dirección a abolir el Estado.

 

Hablar de nuevos cambios estructurales de orientación socialista en una sociedad como la cubana, donde se expropiaron a favor del Estado una gran parte de los medios de producción, distribución y de las riquezas naturales, equivale a convertir progresivamente en social la propiedad estatal (vía empresas cooperativas, asociativas, colectivas, autogestionadas y cogestionadas…).

 

Equivale a reducir el peso del Estado a favor de la sociedad, a separar las funciones y roles del partido, del Estado y de las organizaciones sociales en pro de la mayor democratización, del control social de las instituciones públicas, de la democracia participativa y la democracia directa.

 

Equivale, sin debilitar las funciones de la defensa nacional frente a la agresión imperial –y potenciado a un más la participación popular en esa defensa- a trazar las pautas y normas que conduzcan a la reducción paulatina del poder coercitivo interno del Estado y que favorezcan las perspectivas de sus extinción.

 

Equivale a pensar el tránsito al socialismo, que esta lejos de ser el socialismo mismo, como un proceso continental y mundial; comprobada la imposibilidad histórica de construir el socialismo en un solo país o un grupo X de países.

 

Es así, solo así, como podrá desplegarse la extraordinaria fuerza del poder popular, potenciado a su vez el proyecto histórico del no poder, de la sociedad plenamente libre.

 

Qué negar y qué afirmar.

 

De ahí la importancia del preguntarnos:

 

¿A qué herencia renunciamos?

 

¿A cuál transición denominada impropiamente socialismo?

 

¿A la modalidad estatista que se llamó socialista en el siglo XX y que realmente fracasó

por la falta de socialismo en el camino hacia él?

 

¿A cuál socialismo renunciamos? ¿A cuál nos aferramos?

 

¿Al llamado “socialismo de Estado”?

 

¿O a aquel que rescate los valores del socialismo científico y de sus fundadores para enriquecerlos sin cesar en función de las experiencias vividas y los cambios acaecidos?

 

¿Al estatismo reformado en el sentido capitalista, abierto a la transnacionalización y coexistente con el gran capital privado, bautizado como “socialismo de mercado”? ¿A la vía China o pro-China actual?

 

Esos son los dilemas de la Cuba actual, descartada categóricamente por perversa y destructiva la vía Washington.-Miami; o sea, la brusca imposición de la contrarrevolución capitalista-imperialista, equivalente a la anexión de la isla.

 

Pienso que hay que renunciar progresivamente, con mucha determinación, pero también con mucha prudencia y talento, al estatismo heredado de los desvíos y deformaciones de las revoluciones pro-socialistas del siglo XX.

 

Pienso que hay que hacerlo y no precisamente para convertir lo estatal en privado, ni para hacer coexistir lo estatal con una gran inyección de capitalismo privado transnacional y nacional, sino para socializarlo progresivamente por la vía de la autogestión, la cogestión, la cooperativización y la colectivización de la propiedad pública.

 

Pienso que hay que hacerlo sin recurrir a la colectivización forzada de la pequeña y mediana propiedad existente, más bien facilitando su incursión en ciertas áreas donde impera absurdamente la propiedad estatal e induciéndola a formas cooperativas y empresas asociativas autogestionadas; facilitando su usufructo para iniciativas particulares productivas y de servicios sujetas a regulaciones y estímulos asociativos.

 

Vía inversa en la misma dirección.

 

Esta sería una vía inversa, pero en la misma dirección, a la que necesita el resto de nuestra América para transitar al socialismo que, entre otras cosas, en eso casos equivale a la conversión de la gran propiedad privada dominante en propiedad social.

 

Este sería el camino de la socialización progresiva de lo público-estatal y de todos los factores de poder.

 

La socialización progresiva equivale no solo a socialización de la propiedad y de la economía, equivale también a un tránsito integral (incluida su transformación en una economía de equivalencias y no de mercado), a una transformación multi-direccional que entraña socializar y democratizar procesualmente el sistema político, las instituciones, las relaciones hombre-mujer y jóvenes-adultos, la vida familiar, los vínculos interculturales, la relación Estado-sociedad, los vínculos seres humanos y medio ambiente. Todo esto repito, en dirección a la extinción o desaparición del Estado.

 

Cuba tiene mucho terreno ganado en diferentes direcciones de las mencionadas. Pero ciertamente necesita definir tanto la esencia de los cambios que exige la crisis estructural del modelo vigente, como las características de su opción de reemplazo y las nuevas tareas de la revolución cultural conducente a completar todas las liberaciones.

 

No creo –y lo digo con un cierto sobresalto en el corazón- que la tentación en favor de la denominada “vía China”, amén de las enormes diferencias (incluidas las relaciones históricas con EU), conduzca a la socialización, sino a un híbrido de estatismo y capitalismo privado donde el capitalismo tendría todas las de ganar; acompañado además de un sistema político bastante rígido.

 

La heroica resistencia de la revolución cubana, su grandiosa hazaña de sobrevivir al derrumbe de la URSS, le ha brindado la promisoria oportunidad de empalmar con la ola de cambios que tiene lugar en nuestra América; el histórico “chance” de encontrarse con el inédito proceso venezolano que, pese a todos sus límites y herencias negativas, ha actualizado la posibilidad de nuevas revoluciones en el continente y en el mundo, y ha puesto a la orden del día el debate sobre al renovación del socialismo, sobre un socialismo diferente al denominado socialismo real del siglo XX.

 

En verdad es una oportunidad de oro para ajustar cuenta con todo lo que hay que cambiar sin tener que adoptar rutas pro-capitalistas. Una gran ocasión para recuperar y reincorporar los valores más positivos de la propuesta socialista original, para recrear el proyecto de transición, para actuar a favor de un proyecto socialista de largo aliento y de valiosas cualidades, para incorporar a Cuba y situarla a la vanguardia de la renovación revolucionaria y del proyecto socialista a tono con los requisitos del siglo XXI, para pensar e impulsar el tránsito al socialismo en términos continentales y mundiales.

 

El Costo de la herejía.

 

Se que estas ideas son muy controversiales. Lo han sido en Cuba desde hace tiempo, aunque a mi entender nunca como ahora. Como también nunca antes este debate había tenido tanta pertinencia y tanta urgencia.

 

Ha vivido y sufrido reacciones cargadas de intolerancia respecto a planteamientos parecidos o del mismo corte conceptual, los cuales he venido haciendo desde hace bastante tiempo, no solo respecto al proceso cubano sino sobre toda esta problemática.

 

En cuanto a las relaciones con el Partido Comunista de Cuba, con su Área o Departamento América, con su Sección de Relaciones Internacionales –sobre todo después de la muerte del inolvidable compañero y amigo Manuel Piñeiro (Comandante Barbarroja)- esto me ha costado no pocos sinsabores, tensiones, disgustos y exclusiones.

 

No han faltado quienes desde la pequeñez de su alma han llegado hasta a la descalificación de quienes así pensamos, aunque nunca he sentido que tales reacciones hayan estado avaladas por los(as) dirigentes históricos de ese proceso, con quienes siempre he tenido una relación de respecto, solidaridad y cariño.

 

A veces esas instancias cargadas de mucha intolerancia respecto a la inevitable diversidad revolucionaria y de absurdas lealtades respecto a ciertos dogmas, me han criticado el hecho de plantear en determinados eventos de las izquierdas, y públicamente, estas ideas; siempre con mucha altura, y siempre como componente obligado de un debate abierto no por voluntad propia, sino por el peso de los acontecimientos y el impacto inevitable de las más variadas opiniones.

 

Siempre lo he hecho desde una irrenunciable postura de defensa y solidaridad sin límites hacia esa revolución pionera de la alborada continental; a la cual, por demás, le debo en parte mi compromiso revolucionario inicial y a la cual me ligan sentimientos muy profundos y preciados.

 

Por ella- lo he dicho y lo he demostrado- estoy dispuesto a hacer todos los sacrificios humanamente posibles; salvo uno: renunciar al esfuerzo de contribuir a rearmar la utopía a que siempre he aspirado, renunciar a ideas que podrían ayudar a recuperar, enriquecer y renovar el sueño emancipador que nos motiva a combatir y a reemplazar al capitalismo, renunciar a ser más socialista y más revolucionario, renunciar a revitalizar el ideal socialista que tanto ha maltratado y estropeado la burocracia y el dogma. ¡A eso no!

 

Estoy sí siempre dispuesto a renunciar a las malas herencias, pero no a la búsqueda de la verdad y la bondad dentro del proceso liberador de la humanidad, a es no, de ninguna manera.

 

Estoy incondicionalmente presto a sacrificar cualquier comodidad mental o material para enfrentar a los enemigos de cualesquiera de las variantes revolucionarias y socialistas, pero jamás aceptaré renegar de la herencia crítica, de la vocación hereje de seres tan admirados por mí como Marx, Engels, Lénin, Trosky, Gramsci, Mariátegui, Rosa Luxemburgo, Ernesto Guevara, Camilo Torres, Carlos Fonseca Amador, Monseñor Romero, Schafik Handal, Orlando Martínez, Kiva Maidanik…

 

¡A ESO NO! ¡NUNCA JAMÁS!

 

Reclamar respeto a esta actitud irrenunciable para mí, no es en mi opinión nada exagerado.

 

Pero de todo modo es válido en este aspecto, sobre todo en mi caso, precisar más aun mi actitud frente a toda intolerancia: allá aquellos(as) que insistan en la misión imposible de taponar por vía administrativa un debate vital o de intentar marginar opiniones contestatarias de estructuras y conceptos en crisis.

 

Ciertamente esos(as) camaradas no motivan en mí la menor animadversión, simplemente lástima y vergüenza ajena.

 

20 de Agosto 2007, Santo Domingo, RD.

 

Aniversario de la infame intervención de la URSS en Checoslovaquia

 

 

Nota de Cubanálisis: Todos los textos destacados en letra más oscura son del autor.