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ARTÍCULO ORIGINAL PARA EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

  

 

 

                                Antonio Arencibia, España

                                                                                                                                                            

 

EL NEOCASTRIMO COMO “SOCIALISMO DE MERCADO” - II

 

La reunificación de Vietnam y el “socialismo real”

 

La guerra más larga de Estados Unidos y su primera derrota concluyó en marzo de 1973 con la retirada de las tropas norteamericanas de combate de Vietnam, aunque la imagen del fracaso que conoce el mundo, -la evacuación de la embajada norteamericana en Saigón-, data de abril de 1975, dos años después. Fue entonces cuando el Ejército Norvietnamita y el Vietcong organizaron el asalto final contra la capital de la República de Vietnam del Sur y un año y dos meses después se proclamaba la unión del país como República Socialista de Vietnam.

 

A pesar de la victoria del Norte, se inició una etapa todavía convulsa en la que más de medio millón de vietnamitas, los llamados boat people, (la gente de los botes), huyó de su país. Otros muchos miles, acusados de colaboración con Estados Unidos, fueron enviados a campos de reeducación. Siguiendo el patrón de Moscú se colectivizaron las tierras en el Sur y las fábricas pasaron a propiedad estatal. Ya, hacia 1978, la República Socialista estaba integrada junto a los demás aliados de la Unión Soviética en el CAME, y recibía además el apoyo político y logístico de Leonid Brezhnev para invadir Cambodia y derrocar al régimen criminal y pro-chino de Pol Pot y su camarilla.

 

De la guerra con China a la imitación de sus reformas

 

Mientras el 7 de enero de 1979 hacía su entrada el Ejército Vietnamita en Phnom Penh (Cambodia) tras quince días de invasión, en Beijing se estaba preparando la primera visita a Estados Unidos de un dirigente chino: el entonces vice primer ministro, Deng Xiaoping llegaría a Washington para firmar acuerdos con el Presidente Jimmy Carter que darían continuidad a las relaciones económicas entre ambos países.

 

En aquellos momentos estaba en el foco noticioso la ocupación de Cambodia por Vietnam, y Deng se refirió al asunto de forma alegórica, pero todos entendieron la amenaza cuando dijo “a los niños que no atienden hay que darles nalgadas”. Deng regresó a China el 4 de febrero, y a los pocos días anunció una guerra limitada contra su vecino, que se desarrolló del 17 de febrero al 16 de marzo de 1979. Las consecuencias de esa breve incursión china y de las anteriores contiendas llevaron a Vietnam al incremento de la dependencia económica y militar soviética para tratar de reconstruir el país asolado y con su economía colapsada.

 

En aquella época el expansionismo soviético en Angola, el Cuerno de África, Nicaragua y Afganistán era enfrentado por Estados Unidos de forma directa e indirecta en todos los terrenos, haciendo prácticamente insostenibles esas aventuras militares para la economía de la URSS. La muerte de Brezhnev en 1982 abrió paso a la rápida sucesión al frente del PCUS de dos Secretarios Generales que duraron alrededor de un año cada uno, hasta que en 1985 ocupó el cargo Mijail Gorbachov.

 

La aplicación de la perestroika (reestructuración) y de la glasnost (transparencia) implicaban también poner fin al expansionismo de la URSS, y por ende tenía que cesar la subvención a los regímenes que -como el castrista y el vietnamita- jugaban un papel principal como tropa de choque de los soviéticos en su confrontación contra Estados Unidos en el Tercer Mundo.

 

Ante lo que se avecinaba desde el punto de vista económico, con los cambios en la Unión Soviética, el Partido Comunista de Vietnam reaccionó de inmediato. Fue así que en 1986, mucho antes de la caída de los llamados “países socialistas” de Europa del Este, se convocó el VI Congreso del PCV y se aprobaron las reformas económicas conocidas popularmente como Doi Moi (renovación), y cuyo nombre oficial es “economía de mercado orientada al socialismo”.

 

Un año después del trascendental congreso comenzó el proceso de liberalización de la economía con la aprobación de una ley sobre inversiones extranjeras, y en septiembre de 1989 las tropas vietnamitas se retiraron de Cambodia. No fue casualidad que un mes más tarde se produjera en Washington la primera reunión del Comité Comercial Conjunto Norteamericano-Vietnamita.

 

En el año 1991, y coincidiendo con el colapso de la Unión Soviética, se empezaron también a normalizar las relaciones entre Vietnam y China, aunque todavía hoy quedan importantes asuntos económicos y territoriales sin resolver. Por esa época Estados Unidos levantaba la prohibición a sus ciudadanos de viajar a Vietnam, y al llegar diciembre de 1992 el gobierno del primer presidente Bush autorizaba a las compañías norteamericanas a abrir oficinas en Vietnam.

 

En 1993, el gobierno de Clinton retiró el veto de Estados Unidos al FMI y al World Bank para el otorgamiento de créditos a Vietnam, y poco después se inauguraron las oficinas diplomáticas respectivas en Hanoi y Washington. Para abril de ese año las inversiones extranjeras en Vietnam habían alcanzado los 3,000 millones de dólares, duplicando el volumen de 1991.

 

Entre 1986 y 1993, es decir, en solo siete años después de su VI Congreso, el gobierno comunista vietnamita había sentado las bases para que se levantara el embargo norteamericano y así impulsar un “socialismo de mercado” a semejanza del chino.

 

Tres oleadas de inversiones norteamericanas

 

Según expertos estadounidenses radicados en Vietnam, una vez levantado el embargo en 1994 se dieron los pasos para la primera oleada de inversiones que terminaría en el 2000, y que se caracterizó por el establecimiento de corporaciones productoras de bienes de consumo, como Procter & Gamble, Pepsi-Cola y Coca-Cola, para elaborar allí sus productos y venderlos también en el mercado vietnamita.

 

Una segunda ola de capitales norteamericanos llegó tras la firma del acuerdo de normalización de relaciones comerciales con Estados Unidos que implicó la reducción de impuestos a las exportaciones vietnamitas del 45 porciento al 3 por ciento al entrar en el mercado norteamericano. Es obvio que la visita del Presidente Clinton a Vietnam en noviembre del 2000 trasmitió confianza a los centros financieros mundiales.

 

Según ha declarado Herb Cochran, Director Ejecutivo de la Cámara de Comercio norteamericana en Ciudad Ho Chi Minh, en esa etapa las inversiones norteamericanas directas fueron de 2,400 millones de dólares en 74 proyectos en Vietnam, pero si se incluyen los capitales estadounidenses vía terceros países, totalizan $4,700 millones en 396 proyectos, lo que las colocaban ya en el sexto lugar entre todos los inversionistas.

 

La tercera oleada se sitúa a partir de enero del 2007, cuando Vietnam se convirtió en el país número 150 en entrar en la Organización Mundial del Comercio (en inglés WTO). Es la etapa de grandes y modernas fábricas que producen y venden no solo para el mercado vietnamita sino para el mercado mundial.

 

Debido a esa proyección, el valor de los productos exportados por Vietnam se incrementaría entre el 2001 y el 2009, de 1,050 millones a 12,000 millones de dólares, siendo el mercado norteamericano el destino principal de esas exportaciones. Aún en medio de la crisis mundial, las inversiones directas extranjeras (FDI en inglés) de Estados Unidos constituyeron en el 2009 la principal fuente financiera de Vietnam.

 

Basta como ejemplo saber que la corporación norteamericana Intel, el mayor fabricante mundial de semi conductores, inició una inversión en Vietnam de mil millones de dólares para manufacturar chips con la más avanzada tecnología. Y que cuando se inauguró esa instalación en octubre del 2010 Intel anunció que invertiría otros mil millones en una segunda planta en el país.

 

Hoy en día muchas grandes compañías norteamericanas radican en Vietnam, como una alternativa a China. Entre ellas se destacan Citigroup, Foxconn Technology, Canon Inc, American Group, Starwood Hotels & Resorts, New York & Company, Dickerson Knight Group, y AIA. Se han creado dos muy activas Cámaras de Comercio norteamericanas, una en Ciudad Ho Chi Minh, antigua Saigón, y otra en la capital, Hanoi. Esta última está presidida por Hank Tomlinson, directivo principal de la Chevron Vietnam Ltd, empresa estadounidense asociada a la estatal Petrovietnam en proyectos de extracción y transporte de gas en áreas marítimas. También son directivos de esas cámaras de comercio los más altos representantes de compañías estadounidenses como Emerson Electric,  ExxonMobil, Avon, Federal Express y ForeGolf.

 

Para dar una idea más realista de la proyección global de las reformas Doi Moi, debemos puntualizar que además de las dos norteamericanas hay siete cámaras de comercio de países europeos, y las de Canadá, Japón, India, Corea, Malasia, Hong Kong, Singapur, entre otras. A esto hay que añadir, como un dato interesante, la presencia oficialmente reconocida de la Asociación de Negocios de los Vietnamitas de Ultramar.

 

El PCV hace reajustes ante la crisis global

 

Un análisis hasta hoy de las reformas vietnamitas muestran qué difícil les resulta avanzar hacia su “socialismo de mercado” apoyándose en un fuerte sector estatal y un creciente sector privado. Pues si bien es cierto que el número de empresas del estado se ha visto reducido mediante fusiones y privatizaciones de 12,000 en 1989 a 4,000 en septiembre del 2010, éstas todavía representan un tercio de la economía vietnamita.

 

Lo peor es que el recién concluido XI Congreso del Partido Comunista de Vietnam se pronunció, -al igual que hizo el PC Chino-, por seguir favoreciendo a las empresas estatales que en su mayoría son poco competitivas.

 

Esto es un frenazo peligroso en medio de serios ajustes que impone la crisis, pues se ha reducido el flujo de capital foráneo. No en balde el nuevo líder del PCV, Nguyen Phu Trong, criticó en el congreso “la inestabilidad macro-económica, el incremento de las desigualdades, la corrupción y el derroche de recursos en las empresas estatales”.

 

Según el Ministerio de Planificación e Inversiones, las FDI decrecieron en enero de este año un 84,3 porciento, en comparación con igual mes del 2010. El pasado año declinaron las inversiones extranjeras de 256 a 173 proyectos. De acuerdo con algunos especialistas, esta caída refleja preocupación con la dirección de la economía vietnamita, que sufre de alta inflación, y la depresión y la baja cotización de la moneda nacional.

 

Los problemas que enfrenta el “socialismo de mercado vietnamita” parecen similares a los que enfrentan los chinos, pero no es así: la inflación alcanza actualmente un 12 %, frente a China con menos de la mitad, y mientras el valor de su moneda (el dong) ha caído en los mercados, los chinos mantienen la suya (el yuan) artificialmente baja, para favorecer sus exportaciones.

 

El problema que se avecina a Vietnam es la falta de liquidez si siguen bajando las inversiones extranjeras, mientras los chinos tienen enormes reservas de divisas para financiar sus proyectos. La salida sería profundizar el Doi Moi y no ralentizarlo.

 

Ironías de la historia

 

Los asesores del Congreso norteamericano parten de la base de que la estrategia diseñada por el PCV desde 1986 está plenamente vigente y consiste en: 1) priorizar el desarrollo económico mediante reformas pro mercado; 2) establecer buenas relaciones económicas y diplomáticas con sus vecinos en el Sudeste Asiático; 3) arreglar y reanudar sus relaciones con China y 4) mejorar las relaciones con Estados Unidos como contrapeso a las ambiciones chinas. (Cf. CRS, U.S.-Vietnam Relations in 2010: Current Issues and Implications for U.S. Policy by Mark E. Manyin)

 

Prácticamente cada uno de los cuatro objetivos estratégicos vietnamitas están bien adelantados. Para que se tenga una idea como marcha el número 4 en lo que respecta a las relaciones de Vietnam con Estados Unidos: en noviembre del 2010 se llevó a cabo en Japón una nueva ronda de negociaciones para la integración de cinco países en un Tratado de Libre Comercio conocido como Asociación Económica Estratégica Trans Pacífica. A esa agrupación no solo se quieren sumar Estados Unidos, Australia, Malasia y Perú, sino también Vietnam.

 

Por otra parte, la preocupación de los vietnamitas ante las ambiciones de su enorme vecino tiene que ver en primer lugar con el rearme de las fuerzas armadas de China y también con su apetito energético.

 

En el caso de Vietnam la zona de posible conflicto es el mar del Sur de China, donde hay zonas marítimas e islotes con estimados de grandes reservas de petróleo y gas natural, y que son disputadas como propias por varios países de la región. En el caso de Vietnam, han ocurrido choques navales con China por el control de las Islas Spratly, además de disputas por áreas en la frontera terrestre.

 

Por eso no debe sorprender que Vietnam haya comprado en Rusia seis submarinos y 12 aviones de combate con un valor de más de 2,700 millones de dólares, ni que en agosto pasado el portaviones nuclear USS George Washington llegase a aguas vietnamitas en conmemoración de quince años de relaciones normales entre los dos países.

 

A pesar de 20 años de guerra con Estados Unidos, que costó millones de vidas de civiles y militares en ambos bandos vietnamitas, y que pagaron las fuerzas norteamericanas con más de 58,000 muertos y 300,000 heridos en combate, el antiguo enemigo, situado a trece mil kilómetros de distancia, se ha convertido en un aliado estratégico fundamental de Vietnam, no solo para frenar a China, su vecino comunista, sino para el desarrollo de fuertes lazos económicos mutuamente convenientes.

 

Esas son las ironías de la historia.

 

(Continuará)