Cubanálisis El Think-Tank

             ARTÍCULO ORIGINAL PARA EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

 

 

 

     Antonio Arencibia, La Coruña, España

  

 

 

                               

                                                                                                                                                            

 

EL NEOCASTRISMO EN LOS NO ALineados Y SU COMPROMISO CON IRÁN

 

Cuando los Países del Movimiento No Alineados (MNA) finalicen la Cumbre de fines de agosto en Teherán, la asunción a la Presidencia del representante de la teocracia iraní va a marcar el inicio de un trienio de conflictos en el seno de esa organización. Desde su fundación en 1961 en Belgrado, por Tito, Nehru, Nasser, Nkrumah y Sukarno, líderes de países en vías de desarrollo, los NOAL emprendieron el distanciamiento de la hasta entonces casi obligada afiliación a uno de los bandos enfrentados en la Guerra Fría.

 

Aquel rumbo novedoso le reportó inversiones y concesiones económicas por parte de ambos bloques a algunas de aquellas naciones emergentes. Un momento difícil para el Movimiento fue en 1979, cuando la Presidencia recayó por primera vez en el régimen de La Habana, que trató de inclinar a la organización a favor de la URSS y sus satélites. Pero el fin del llamado campo socialista europeo significó un viraje para el MNA que se encontró en un mundo donde nuevas estrategias geopolíticas dieron lugar a alianzas, rivalidades y prioridades sorprendentes.

 

En aquel marco, en septiembre del 2006, la segunda cumbre de los NOAL en La Habana estableció una Presidencia muy diferente a la que aspiraba lograr Fidel Castro. Debido a la grave enfermedad de su hermano, Raúl Castro tuvo que ocuparse de la estabilidad del país y el control del gobierno durante los tres años de mandato, delegando el día a día de la política internacional y la coordinación del movimiento en subalternos de poca confianza y lealtad a su persona, como el defenestrado canciller Felipe Pérez Roque.

 

Por eso y por falta de estatura política para poder manipular el movimiento, el general-presidente al cumplirse su término en el 2009, entregó el cargo -sin pena ni gloria- a Hosni Mubarak, en la XV Cumbre celebrada en la ciudad egipcia de Sharm el-Sheij. Hay que recordar que la falta de protagonismo de Raúl Castro en el MNA había sido suplida extraoficialmente por Hugo Chávez, ya fuera personalmente o mediante su Ministro de Exteriores, Nicolás Maduro, llevando a todos los foros internacionales su mensaje antinorteamericano, calcado del discurso típico del Fidel Castro de otros tiempos.

 

Pero la nueva presidencia rotativa del movimiento no corrió mejor suerte. Mubarak había perdido prestigio ante los países árabes por su actitud durante la Guerra de Gaza entre Israel y Hamas. En el 2011, el segundo acontecimiento de la Primavera Árabe trajo su derrocamiento, y tras casi tres décadas de dictadura militar, fue sentenciado a cadena perpetua y morir en prisión. A fines de junio del 2012, Mohammed Morsi, líder de la opositora Hermandad Musulmana, fue electo como 5to. Presidente de Egipto.

 

El presidente Morsi, cuyo partido es aliado de Hamas, -fuerza que controla la Franja de Gaza-, ha tenido que enfrentar su primera crisis en la zona, tras la muerte de 16 soldados egipcios por militantes palestinos en la Península del Sinaí. Aunque un editorial del New York Times alaba al nuevo presidente egipcio, porque “despachó tropas para asegurar la frontera, se movió para imponer su control sobre la jefatura de seguridad y evitó chocar con Israel”, la apreciación de fuentes israelíes es diferente. Estas apuntan que Morsi aprovechó el ataque para librarse de altos militares de tendencia pro-occidental, como el retirado general Jefe de Inteligencia, el destituido general Jefe de la Policía Militar, y reemplazó al Jefe de la Guardia Republicana por un militar adicto a la gobernante Hermandad Musulmana.

 

En ese ejemplo se observa la interacción de dos problemas esenciales no resueltos, que afectan a todos los países de la región y que dividen a muchos países integrantes del MNA: por un lado el derecho de Palestina a un estado independiente y por otro, el reconocimiento del Estado de Israel. El sectarismo religioso que complica la solución de esos problemas se simboliza en el acto previsto en Teherán en el que Morsi, líder sunita de Egipto, debe entregar su responsabilidad en los No Alineados a Mahmud Ahmadineyad, Presidente de la República Islámica de Irán, y obediente servidor de los ayatolás chiítas.

 

Irán, sus aliados regionales y sus enemigos

 

Para comprender la trascendencia que para los NOAL tendrá la etapa de la presidencia rotativa de Irán hay que puntualizar algunas cuestiones.

 

En primer lugar, hay que decir que el sistema político de la República Islámica de Irán es una teocracia, porque la constitución establecida en 1979 tras el derrocamiento de la dinastía Pahlevi otorga la máxima autoridad al Líder Supremo, que es un ayatolá, el mayor rango religioso en la corriente islámica del chiísmo, la religión oficial del país. Este es a su vez el Jefe de Estado y comandante general de las fuerzas armadas, y puede destituir al presidente de la república, ya que solamente responde ante la Asamblea de Expertos, conformada por 86 clérigos electos. Tras la muerte del Gran Ayatolá, Ruhollah Jomeini en 1989, la Asamblea de Expertos escogió al Ayatolá Alí Jamenei como Líder Supremo de Irán.

 

Mahmud Ahmadineyad, que ocupa la presidencia desde el 2005 y fue reelecto en el 2009, solo es la segunda autoridad del país. En estos años ha ganado grandes titulares noticiosos por los llamados a la destrucción de Israel, la negación del holocausto, y su obsesión con una conspiración judía mundial. A pesar de que ha hecho declaraciones reiteradas sobre el programa nuclear iraní, Ahmadineyad no lo controla, sino preside el Consejo Supremo de Seguridad Nacional, órgano que acuerda la política nuclear e informa de su marcha a la primera autoridad, el Ayatolá Jamenei.

 

Por muchas razones, el Irán de los ayatolás ha establecido alianza con Siria. Hafez al Assad, como antes su padre, han basado su dictadura “socialista árabe” siria en el apoyo de la minoría alauí (a la que pertenecen), afín al chiísmo, lo que suscitó el rechazo de la mayoría sunita del país. En 1976, la Hermandad Musulmana, de confesión sunita, inició la rebelión armada que fue aplastada en 1982 por el régimen sirio (Assad padre) mediante el empleo de artillería contra los sublevados, causando miles de civiles muertos en la llamada Masacre de la ciudad de Hama.

 

Si en 1991 Hafez al Assad sumó a Siria a la coalición de 34 países encabezada por EE.UU. que derrotó a su antiguo colega “socialista árabe” de Irak en la I Guerra del Golfo, las cosas cambiaron tras su muerte. Su hijo Bashir encabezó la oposición árabe contra la invasión de Irak del 2003 que derrocó a Saddam. Entre las motivaciones de tan sorprendente cambio estaban, por una parte, aumentar su protagonismo internacional para consolidarse en el poder, y por otra, el temor a que su turno llegara después del de su vecino de Bagdad.

 

Tras el asesinato por los servicios secretos sirios del ex primer Ministro del Líbano, Rafik Hariri, el gobierno de George W Bush sometió a fuerte presión al régimen sirio, que tuvo que retirar los efectivos militares estacionados en el Líbano por casi treinta años. Como respuesta, Bashir al Assad fortaleció su alianza con Irán, que por su parte redobló el financiamiento y armamento de la milicia chiíta libanesa Hezbolá para mantener presión sobre Israel.

 

En este análisis no puede ignorarse que la posición regional de Irán se ha visto fortalecida por el derrocamiento del régimen del sunita Saddam Hussein y el establecimiento de un gobierno controlado por la mayoría chiíta en Irak.

 

Si bien es cierto que la rebelión popular en Siria iniciada en enero del 2011 hay que ubicarla en el marco de la llamada Primavera Árabe, que se extendió primero por Túnez, Egipto y Libia, tiene rasgos que la asemejan a lo que ocurrió en Irak, donde una minoría religiosa oprimía a una mayoría de otra denominación. Como ya se ha visto, la solución que conviene a Bashar al Assad es aplastar la rebelión en Alepo con aviación y artillería para superar el record criminal que su padre estableció con la masacre de Hama.

 

La diferencia con Irak es que tras el derrocamiento y ajusticiamiento en Libia de Muammar el Gadafi hay gran reticencia a una intervención militar abierta por parte de la OTAN. Mientras tanto, y para tratar de emparejar la inferioridad en armamento de los rebeldes sirios, fuentes occidentales informan que Turquía ya les está empezando a entregar lanza cohetes antiaéreos Stingers.

 

No se puede dejar fuera del panorama la posición de países árabes de confesión sunita, que apoyan las acciones y protestas de sus correligionarios en Siria e Irak, entre los cuales hay algunos que financian los ataques a sus rivales religiosos. Los regímenes iraní y sirio han declarado que países sunitas de la región, como Qatar, Arabia Saudita y Turquía, arman a los rebeldes sirios, y los medios bajo control de Teherán y Damasco los han acusado de enviar allí a los terroristas de Al Qaeda. En contrapartida, tanto Hezbolá como la Fuerza Quds -tropa élite de la Guardia Revolucionaria de Irán-, han estado entrenando y asesorando a las tropas leales a Bashir al Assad para aplastar la sublevación popular en Siria.

 

Pero en esta maraña de alianzas y rivalidades religiosas y políticas hay un elemento étnico que no se puede dejar de tener en cuenta, y es que los habitantes de Irán y Turquía, los dos países más fuertes de la zona, a diferencia de la mayoría de los países de África Norte y el Medio Oriente, no son árabes, y por lo tanto no son de la estirpe del Profeta Mahoma.

 

Ante ese panorama, ¿quién se atrevería a esperar buenos resultados de la Presidencia iraní en el Movimiento de Países No Alineados? Pues parece que el régimen de La Habana, - siguiendo esta vez el camino iniciado en América Latina por el de Caracas-, va a estrechar lazos con Irán en momentos de inestabilidad y confrontación creciente en el norte de África y el Medio Oriente.

 

El neocastrismo y sus amistades deshonrosas

 

En la política internacional actual, la actitud en la cuestión Siria es clave para valorar a los gobiernos. Tras el veto chino y ruso en el Consejo de Seguridad de la ONU a una declaración condenando al régimen de al-Assad por el bombardeo contra la insurgencia y la población civil, la Asamblea General analizó una propuesta de Arabia Saudita, y como resultado una aplastante mayoría de países miembros de Naciones Unidas pidió “a todas las partes” que se comprometieran a poner fin a la violencia en Siria.

 

Pero ni siquiera eso fue aceptado por un grupo de países, como la Bielorusia de Alexander Lukashenko, -el único dictador de Europa-; la Bolivia plurinacional de Evo Morales; la China de Hu Hintao; la Corea del Norte de la dinastía Kim; el Irán de los ayatolás; la dictadura militar de Birmania; la Nicaragua de Daniel Ortega, la Rusia de Vladimir Putin, la Siria de los criminales al-Assad, la Venezuela del golpista Hugo Chávez; el Zimbabwe del sátrapa Robert Mugabe, y la Cuba del neocastrismo.

 

Para que se tenga una idea del aislamiento en Naciones Unidas de esa minoría en contra, hasta Ecuador y Vietnam prefirieron abstenerse de votar. Como ejemplo de la impudicia de esas amistades deshonrosas, Chávez ha hecho entrega de la réplica de la espada de Bolívar a Mugabe, a al-Assad y a Ahmadineyad.

 

Como parte de su compromiso con Irán y con Siria, el régimen militar de La Habana se ha involucrado de manera destacada en una serie de actividades que giran en torno a la agenda de la XVI Cumbre del MNA en Teherán, empleando a su Ministro de Relaciones Exteriores Bruno Rodríguez, y a los principales funcionarios de la cancillería de la Isla, en viajes y reuniones por la región.

 

Una de las misiones del canciller Rodríguez en Jordania fracasó cuando el gobierno de Tel Aviv prohibió que volasen a la ciudad de Ramallah los cancilleres de Cuba, Malasia, Indonesia y Bangladesh, por ser países que no tienen relaciones diplomáticas con Israel. La reunión en Cisjordania que iba a preparar la declaración que en cada cumbre de los NOAL reclama el derecho a un estado independiente palestino fue cancelada por la Autoridad Palestina, aunque estaban autorizados a entrar allí los otros ocho representantes del MNA que mantienen relaciones con el estado judío.

 

Aunque Egipto, Malasia e Indonesia protestaron por esa medida israelí, La Habana no hizo una declaración oficial al respecto. El Granma criticó el hecho, pero no le dio relevancia al tema, hablando en general de “delegados de Cuba, Malasia, Indonesia y Bangladesh”, por lo que la población no se enteró de que a quien le habían dado con la puerta en las narices era al Ministro de Relaciones Exteriores del régimen, Bruno Rodríguez Parrilla. Claro, muchos cubanos de la Isla ignoran también que durante la guerra del Yom Kippur contra Israel, Fidel Castro mandó una brigada de tanques a las Alturas de Golán a apoyar a los sirios, y que eso nunca lo van a olvidar los dirigentes judíos.

 

Para contrarrestar las reuniones del llamado grupo de Amigos de Siria, que encabeza Estados Unidos y que integran 80 países que apoyan a los rebeldes que se enfrentan al régimen de Bashir al-Assad. Irán ha convocado su propio cónclave sobre Siria. A Teherán asistieron solo unos treinta países, pero incluso Rusia y China, los más importantes aliados de Irán, lo hicieron mediante sus representantes diplomáticos en el país. Entre los que no podían faltar se encontraban los embajadores de Cuba, Venezuela, Nicaragua y Ecuador, junto a sus amigotes de Bielorusia y Zimbabwe, todos dispuestos a seguir haciéndole el juego a los ayatolás iraníes.

 

Si bien es cierto que llamó la atención que en enero del 2007, cuando Mahmud Ahmadineyad visitó a Chávez y a otros países de la región aliados de Caracas en el ALBA, no llegara a La Habana, algo cambió tras la recuperación parcial de la salud de Fidel Castro. Poco después su hermano y sucesor recibía a una delegación iraní portadora de créditos por valor de 200 millones de euros. Y en septiembre del mismo año, coincidiendo con el sexto aniversario del 11 de septiembre, Fidel Castro se hacía eco en Granma de las mismas teorías conspirativas que esgrime Hugo Chávez, y con las que los enemigos de Estados Unidos acusan a las autoridades de ese país de una autoagresión terrorista con oscuros propósitos. Escribió entonces el Comandante que “posiblemente nunca se conozca lo que verdaderamente ocurrió” y que “fuimos engañados al igual que los habitantes del resto del planeta”.

 

Luego siguieron contactos a nivel ministerial, académico y estudiantil con Irán, y finalmente, en enero de este año se subsanaba la omisión del viaje del 2007 con el recibimiento de Raúl Castro a Ahmadineyad en el Palacio de la Revolución. Para no ser menos que Chávez, el general Castro ordenó a la Universidad de la Habana que nombrara al visitante iraní Doctor Honoris Causa en Ciencias Políticas. En fin, que se ha regresado al ambiente de complicidad del viaje de Castro a Teherán en mayo del 2001, cuando el barbudo de la Sierra dijo al barbudo Líder Supremo que “Irán y Cuba, cooperando entre sí, pueden poner a Estados Unidos de rodillas”.

 

¿Un MNA diferente o desintegrado?

 

Un mes después de finalizada la segunda cumbre del MNA en La Habana, uno de los más influyentes asesores de Ahmadineyad en política exterior, Hassan Abbasi declaró:

 

Fidel Castro, que se encuentra ahora hospitalizado, pertenece a la generación anterior de líderes revolucionarios, y la nueva generación, con personas como Chávez y Morales, son sus hijos. De la misma manera, los musulmanes han visto la cristalización de su revolución en la persona de Seyyed Hasan Nasrallah, (el líder de Hezbolá) en Líbano.

 

Y continuó diciendo:

 

No hace mucho el Movimiento de los No Alineados defendió con toda su fuerza desde Cuba la postura de Irán, pero el período del MNA ya ha tocado a su fin y se debe formar uno nuevo, ya que algunos de los miembros de dicho movimiento confluyen con el imperialismo norteamericano.

 

Hay que preguntarse entonces, qué le depara el futuro a los NOAL si ahora Irán va a aplicar al movimiento la idea de eliminar de su seno a los que “confluyen con el imperialismo norteamericano”, como preconizaba Abbasi hace seis años.

 

Por otra parte hay que tomar en cuenta que la próxima cumbre del MNA está prevista que se celebre en el 2015 en Venezuela. Como no hay certeza absoluta ni de los resultados electorales de las presidenciales venezolanas ni de la remisión del cáncer de Hugo Chávez, vamos a imaginarnos el peor escenario posible: que sea reelecto y que esté en condiciones de ejecutar sus proyectos. En ese caso hay que recordar que volvería con más impulso a la escena internacional el irresponsable que en Teherán retó a las Fuerzas de Defensa de Israel a que en vez de atacar al Líbano se enfrentasen a soldados venezolanos. Se trataría de que desde ya, el representante de la Venezuela chavista ocupará un lugar en la llamada Troika de los No Alineados, junto al de Irán y el de Egipto, involucrado en los temas que afectan a los 120 países miembros del Movimiento.

 

¿Apoyaría Chávez una “renovación” revolucionaria de los No Alineados? ¿Tomará solo en cuenta los puntos de vista de los chiíes, desconociendo los criterios sunitas? ¿Es posible la supervivencia de un Movimiento de tan conflictiva heterogeneidad?

 

Hugo Chávez fue “ungido” como líder continental por Fidel Castro en el 2006, y ha logrado que los neocastristas acepten la peligrosa alianza con Irán, de grado o por necesidad del subsidio petrolero. Queda por ver hasta donde los puede conducir esa alianza si empeora la violencia en Siria o si se llega a producir una acción contra Irán por parte de Israel debido a los planes nucleares de Teherán.

 

En estos momentos, el neocastrismo le está ofreciendo al pueblo de Cuba la peor de las alianzas: un Irán arrogante y fanático que aspira a potencia regional y nuclear.